Capítulo VIII

Cuando salimos de la guarida de las arañas percibí la llegada de unos nuevos seres. No los conocía pero enseguida insistí a los Enanos que se ocultaran, que se ocultaran entre los cadáveres y restos babosos que las arañas tenían por todo el lugar. Todos ellos y nuestros bultos fueron cubiertos por telarañas, sin embargo, inquietos, no dejábamos de preocuparnos por otra cosa: ¿Dónde estaba Thorin?.

-Son los Elfos del Bosque Negro- informaba Balin que conocía de eso muy bien -Mucho me temo que ellos deben haber capturado a Thorin-

-¿Serán malos?- Kili estaba muy consternado, y nada sabía él tampoco de Elfos.

-No lo sé... nuestras razas han luchado entre sí desde tiempos inmemorables y los Elfos no olvidan lo de Doriath y Thingol...- resoplaba el anciano Enano -Mucho me temo que Thorin pague las consecuencias-

Sentí un profundo dolor y allí supe que aquel Enano me importaba y me importaba más de lo que debía. Nunca había sentido algo así por alguien, nunca había pensado tanto en un hobbit. Pero Thorin no era un hobbit, era un Enano y ese Enano había llegado a mi vida como una jugarreta del destino.

Ya era hora de reconocer que me estaba enamorando por primera vez... y estaba perpleja por eso.

-Yo iré a buscarlo- susurré -Ustedes no pueden, ustedes son muchos y si esos Elfos son tan hábiles como dicen las leyendas, no podrán escapar ¡Deben esconderse!- insistí.

-Pero… ¡Maese Bolsón ¿Qué dice?!- el gordo Bombur estaba adolorido por la caída y los golpes, extrañado de aquella actitud mía.

-Ella tiene razón, ¿No vieron cómo escapó de las arañas? Es pequeña y ágil. Los Elfos no la verán- opinaba Bofur emocionado -Yo creo que sí puedes, Bella. Además, con esa espada que ha matado arañas ¿Vas a temerle a Elfos?-

-Es "Aguijón"- le conté a Bofur sobre el nombre que había pensado para mi espada, y me sentí llena de valor -Encontraré ese reino y buscaré a Thorin. Yo puedo- le rogué a los Enanos que confiaran en mí y obedecieran- ¡Ocúltense! No dejen que los Elfos los encuentren que yo necesito que regresen a su reino y así poder encontrar a Thorin-

Los Enanos gruñeron pues no querían ponerme en semejante peligro, pero la vida de Thorin dependía de eso, así que no había opciones.

Y así fue como yo, Belladonna Bolsón, una pequeña y frágil hobbit, emprendió una arriesgada acción impulsada por el más puro amor.

Oculta observé llegar a un grupo de sorprendentes criaturas, como nunca las había visto de hermosas y perfectas, y estaban como rodeadas de un hálito místico, y poseían asombrosa agilidad. Fueron momentos de terribles angustias y creí que mis nervios me traicionarían, que saldría gritando de allí y que aquellos Elfos que registraban el bosque...nos descubrirían. No lo soportaba más.

No sé cuánto tiempo estuve allí, no sé cuánto tiempo había pasado desde que perdimos a Thorin, tal vez dos o tres días. Aquellos Elfos no se cansaban nunca, hasta que al fin…

Entonces empecé a seguirlos, a los Elfos esos, se iban de un lado a otro, pero los seguí, todo el día y de nuevo la horrible oscuridad llegaba al bosque. No tendría más oportunidades. Pero finalmente a lo lejos divisé unas luces.


-¿Bella?- susurró Thorin incrédulo a la puerta que lo aprisionaba -Esto es imposible ¿Quién eres, demonio?-

-Escucha, no hay tiempo. He logrado llegar hasta aquí sin que me vean, pero no tenemos tiempo. Voy a sacarte-

-¿Pero cómo?- el rey Enano no se engañó más, era su hobbit que estaba en verdad allí.

-Solamente vi una salida cuando entré a los calabozos y es por donde sacan unos barriles que caen al río... es la única opción para salir ocultos, Thorin, lo único. Rápido, debo abrir esto- empecé a golpear casi llorosa aquel candado oxidado con una barra que había robado cuando llegué, pero veía que sería imposible romper así el candado...

No tenía tiempo, aunque Thorin estaba encerrado en un agujero profundo y olvidado y los guardias jamás se acercarían por allí, la horrible angustia de no tener tiempo me estaba haciendo llorar. Entonces CRAK, un golpe seco y el viejo candado se abrió ante mis incrédulos ojos.

Al abrir la puerta mis ojos que veían en la oscuridad total encontraron a un Thorin sin ropa, famélico, ojeroso y con horribles heridas de golpes en su rostro y pecho. Me horroricé al verlo así tan desvalido y mis lágrimas querían fluir al fin, pero no tenía tiempo. Lo ayudé a parase con todas mis fuerzas y lo único que pude hacer por él es llevarlo a donde los barriles aquellos, con las esperanza de que el barril pudiera salir por el agujero y caer al río fuera del reino.

-Yo te ayudaré Thorin, no te abandonaré- le dije- Estos barriles salen por allá y caen a un río. Yo me quedaré afuera y guiaré el barril por el río y saldremos por la primera orilla que encuentre-

Él me obedeció sin pensar si era un buen plan o no, entró con dificultad al barril y lo tapé. Y así sin pensarlo más, los dos nos lanzamos a lo incierto y al peligro.

La noche nos ayudó, metido Thorin en un barril y conmigo encima caímos río abajo por un torrente de agua, de tal manera que creí que no sobreviviríamos. Estaba sobre ese barril y el agua golpeaba fuertemente contra nosotros y se metía adentro del barril ahogando a Thorin.

Sólo pude volver a pensar cuando el río fue piadoso con nosotros y al fin nos arrojó a un remanso que acercaba a una pálida y serena orilla.


El escape del reino Elfo sin que ellos vieran nada fue una hazaña increíble que no pude identificar sino cuando ya estábamos en esa orilla y yo respiré otra vez. Temblando incontrolablemente y congelada por el frío de la noche abrí el barril para poder salvar a Thorin y no sabía si estaba vivo o ahogado. El Enano salió para alivio de mi alma y vomitó agua, me apuré a asistirlo aunque yo estaba casi tan ahogada como él. El agua había lavado toda su sangre, y su pecho relucía limpio, pero los golpes habían dejado moretones y su rostro estaba cortado.

Cayó boca arriba respirando con dificultad y yo me le acerqué y revisé sus golpes y heridas.

-Belladonna, Belladonna- repetía Thorin con dificultad pero estaba más inconsciente que consciente. Corrí a buscar algunas hierbas tanto para hacer una fogata (Que yo no hacía con nada de facilidad) como para curar a Thorin. Conocía de hierbas curativas y nunca pensé que eso lo iba a necesitar, las Athelas, y me di cuenta que habíamos salido del Bosque Negro, por lo tanto pude encontrar las hierbas.

Me costó un mundo encender la fogata, pero lo hice, de ver a los Enanos hacerlo, la forma en que frotaban sus manos y las rocas...

-Bella... yo, yo- balbuceaba Thorin atormentado por sus emociones.

-Tranquilo, te pondrás bien. Solamente necesitas descansar. Creo que estaremos a salvo un rato antes de que los Elfos se den cuenta de la fuga. Salimos del Bosque Negro… pero mucho me temo que debo volver-

Él me miraba con ojos ojerosos y cansados y entonces su mano buscó la mía y se aferró a ella y cerró los ojos.

Yo no podría dormir, debía vigilar, así que me quedé muerta de frío al lado de Thorin, meditando tantas cosas que me estaban pasando. No tenía nada para cubrir su torso desnudo y tal vez no deseaba hacerlo... me resultaba tan hermoso. Aplicaba el jugo de las hierbas sobre sus heridas, frotaba su torso y él dormía tranquilamente, con una paz de que parecía no conocer.

Pero no podíamos quedarnos allí ¿Y ahora qué iba a hacer esta hobbit?

-Debes recuperarte, Thorin, tengo que buscar a los otros Enanos que esperan en el Bosque Negro- le susurraba dulcemente porque no sabía si él podía oírme.

Al fin el sol salía como una bendición y el Enano despertaba de un sueño profundo y reparador.

-Bella... no… no vayas tú sola- dijo al verme -Nunca había dormido así... yo- buscaba palabras con las cuales abrirse, solamente en ese momento de vulnerabilidad total él podría abrirse- Gracias, en verdad-

-Está bien, pero quédate tú aquí, yo tengo que buscar a los otros Enanos y la guarida de las arañas está lejos-

-¿Arañas?- Se dio cuenta de que apenas tenía un mojado pantalón puesto como ropa y se vio muy incómodo por eso. Se avergonzó de su inexperiencia y de su timidez, así que debía luchar contra eso.

-Es una larga historia- yo disimulé que notaba eso.


-Pequeña hobbit ¿Qué hiciste?- Thorin gruñó con una sonrisa y tomando una actitud relajada para proteger su vulnerabilidad. Ya no parecía tan apenado por estar sin ropa ante una mujer, pero la verdad era que no sabía comportarse ante tal situación.

Por eso los comentarios que le salían eran tontos y su actitud para con ella igual de tonta.


Y yo no sé por qué Thorin tenía esa habilidad para molestarme tanto con cualquier comentario. A veces parecía tan tímido, tan cohibido y apesumbrado, y otras veces era un atrevido.

-Te salvé a ti y salvé a tus Enanos, cabeza dura. Quédate aquí- le insistí para que no se parara- Vamos, no estás tan mal, no exageres-

-No, voy contigo porque prefiero que nos atrapen a todos juntos que otra vez nos lleven por separado: pero, ayúdame- Thorin puso su pesado brazo sobre mi hombro y algo me decía que se hacía el débil para que yo lo sujetara.

Lo ayudé e inevitablemente tenía que abrazarlo, apretando ese fuerte cuerpo descubierto contra mí. Era todo un malvado seductor, incluso estando herido el Enano no dejaba de ser atrevido y seductor para mí.

-Estoy segura que saldremos pronto saldremos de esto, si seguimos todo lo que nos dijo Gandalf, de no perder el sendero-

-¡Ah ese Gandalf!- despotricó el Enano enojado por el abandono del mago ante lo más difícil del camino.

-No lo juzgues, no sabemos qué motivos tiene-

-¡Yo sólo veo que todos estuvimos a punto de morir!-

Buen punto, no dije nada. Parecía un sueño que aún estuviera viva.

Caminamos libres de altercados hasta donde había dejado a los otros Enanos y Thorin pareció disfrutar el estar recostado de mí.

-Eres muy buena, Belladonna, muy buena en esto. No imagino cómo pudiste guiarte tan bien para encontrarnos-

-Bueno, instintos- me incomodizaban ya tantos alabos de un rey.

Afortunadamente encontramos al resto de la compañía y sin perder más tiempo salimos de allí inmediatamente, temiendo la llegada de más arañas o Elfos.


Y así transcurrió mi aventura por el Bosque Negro, había logrado el cruce con éxito yo, solamente yo.

Un nuevo camino se abría ante nosotros, y era el camino a Esgaroth, ciudad de los Hombres, y la Montaña Solitaria imponente y tenebrosa ya adornaba nuestro horizonte.