Capitulo 8

Los emplumados gorriones cantaban la recién llegada mañana. Aquellos cánticos diurnos se oían por las calles, cerca de los árboles que les proporcionaba protección ante los cálidos rayos de sol. Febrero estaba a mitad de su curso, y los días ya empezaban a notarse más largos.

Serían las ocho y media de la mañana cuando la cabeza arropada se levantara con el pelo castaño oscuro revolucionado por la electricidad estática. Su mano izquierda cogió el reloj de pulsera que la acompañaba en su incierta travesía, que en esos momentos reposaba en el prisma de madera. Vista la hora, volvió a cerrar los ojos para volver a dormir.

No obstante, la puerta se abrió, dando paso a la luz que recibía el recinto desde la cúpula, haciendo contraluz con la joven chica pecosa de dos coletas. Gionna se apresuró en refugiarse de la luz girando la cabeza contra la almohada. Mientras, sus acompañantes también abrían sus persianas de visión.

-¡Lo siento, pensaba que estabas despierta...!-Gritó y luego bajó el tono.-Ay, no, si había venido para despertarte. ¡Venga, a levantarse!
-Argh, mami, Kyu, o quien seas, es fin de semana, jo... petas.- Por poco, la palabreja malsonante salía con todo su esplendor. Estuvo a tiempo para suavizarla.
-Lo siento, por mí te dejaría dormir más, pero son normas del recinto. Todos los que residen tienen que levantarse a esta hora. ¡Incluidos los invitados! Al no ser que el invitado esté en estado de shock tras el incendio de su casa... Claro que es solo un ejemplo. ¡Pero este no es tu caso!
-¡Oh, niña ingrata, cállate y deja que el regalo de la deidad de la luna menguante dormite en paz!- Se quejaba con su potente voz el Umbreon. Google seguía durmiendo como un tronco pese las voces.
-Vale, vale, ya os dejo dormir... Aunque como no os levantéis ahora, el Dodrio de Julio vendrá a picotearos.
-¡Rumores!

Y dicho esto, cayó en sueño otra vez, al igual que su entrenadora. Ana se retiró dejando la puerta abierta y pasados quince minutos, un hidra con cuerpo de avestruz entró como una fiera famélica, picoteando a aquellos que dormitaban ilegalmente. La chica intentaba protegerse de los picotazos con las sábanas, Kyumbreon intentaba aguantar los picos que no dejaba de golpear su piel, y en cuanto a Google, este salió pitando de la habitación. A él los picotazos le dolían mucho. Finalmente, Gionna se cansó de envolverse de la falsa sensación de protección que daba las telas y salió de ellas golpeando a dedos juntos uno de los largos cuellos del avestruz.

Kyumbreon, en cambio, no tenía suficiente ira y pausadamente salió de la habitación. Ella fue la última en salir. Durmió con la ropa que llevaba ayer, pues no previó que tuviera que dormir en ese lugar. Pensaba cambiarse, mas la mirada de las tres cabezas la miraban con ojos acusadores, esperando a que saliera del cuarto. Se llevó consigo su mochila, no sin antes ponerse sus gafas y su compra en la ropa, por si a caso no pudiera volver. Julio se comió lo que tenía de desayuno, tan solo le faltaba el café, y Ana miraba al trío de amigos con una pícara sonrisa. En cuanto a Plusle, los esperaba con ansia, y al ver que llegaron al piso, corrió por la barra y saltó hacia Gionna, con la esperanza de que pudiera agarrarse a alguna parte se su cuerpo y darle como pudiera un abrazo, pero, a cambio de su temeridad, se estrelló con el suelo. No le ocurrió nada serio, y se levantó energéticamente, casi brincando.

-Vaya, sí que te ha sentado bien la baya, pequeñuela. ¿Qué hay para desayunar?- Preguntaba, para probar el primer bocado del día.
-Para los que se levantan tarde, nada.- Decía el tirano de Julio. Gionna discrepaba de la ausencia de papeo matinal, manifestando su ignorancia ante la existencia de las normas del recinto. En cuanto parecía que la discusión se terminó, con Julio triunfante, este, al intentar dar un sorbo a su café, el chacal, a una velocidad endemoniada, birló el vaso con su boca, sin que ninguna gota se le escapara.
-¿Pero qué estás haciendo...?- Miraba a Kyumbreon enfadado.
-¿No hay desayuno? No hay café.- Alzó la cabeza con el vaso para gastar el café, bebiéndolo como pudo, mojando el suelo de la bebida. -Que rico.
-Argh, eres irritante. ¿Puedo pediros otro favor?

Esta vez ella se negó, reclamando el desayuno No tuvo más remedio que hacer una excepción con ella, puesto que lo que le pasaba le preocupaba bastante. Normalmente su pupila era implacable en acabar con los bellacos de la zona, solo tardaba media hora. La mandó por la noche, y la mañana se alzó y aún no regresó. Accedió de nuevo a ayudarle, dado el desayuno.

-Te lo agradezco de veras. No te enfrentes contra el equipo Go-Rock si no quieres, solo te pido que la busques.

-Buh, tranquilo, no creo que ni se den cuenta de que he entrado.- Y en seco se fue hacia la cueva, no sin antes dejar la bolsa de la ropa en una de las sillas. Fuera, alimentó al resto de sus acompañantes con las bayas que compró el día anterior. Mientras, se encontró en el suelo un guante que le serviría de barrera contra las descargas eléctricas. Estaba sucio, pero no le importaba, con tal de que su preciada mano no sufriera más.

Regresó a todos que no fueran Kyumbreon o Lol, y dio al fin paso decidido hacia la entrada cavernosa. Nada más entrar se avistó varios de la misma calaña, ninguno que fuera normal circulaba por la cueva. Con dificultades avanzaba, evadiendo la vista de los bellacos. Finalmente, dio un paso en falso y un dedo acusador la señalaba, suficiente para que recibieran el mensaje que quería transmitir.

Viendo que salir de la cueva no le iría a servir, giró hacia una entrada que conducía a la parte húmeda de la cueva. Siguiendo el camino más largo, se adentró más, apresurada por quitarse de en medio a la estampida de furiosos bandidos. Siguió hasta entrar en una zona más oscura con el musgo reinando en las paredes, y, finalmente, consiguió que desapareciera ante sus ojos, entrando lo más rápido que pudo en una habitación sin salida alguna. Dentro, tres bolas de acero unidas por su propio magnetismo reposaba su peso en el suelo. Abrió sus tres ojos, algo molestos por su intrusión.
-Hum... Vaya... Parece que hemos molestado a ese Magneton.- Gionna sabía lo que podría significar ese suceso. Podría hacer que fueran electrocutados, sin embargo, visto que no eran una amenaza, volvió con sus dulces sueños.

Asomó la cabeza por el hueco de la pared para ver si pasaron de largo. Visto que el peligro ya pasó, siguieron explorando la cueva, hasta toparse con una zona plagada de murciélagos ciegos. Ahí pararon en seco, puesto que en anteriores travesías, los Zubat resultaron una gran dificultad para caminar en cuevas. Un paso y miles de ellos se abalanzaban hacia el humanoide explorador, o bien hacían ondas de sonido que alteraba el funcionamiento del cerebro.

-¿Y ahora qué? Como estos cegatos se den cuenta de que estamos aquí nos va a chupar la sangre.
-Exagerada...- La impaciencia de Kyumbreon por llevarse alguna alma le podía y cantaba sin letra concreta, justamente para que se dirigieran a por él con sus colmillos drenadores. A escasos centímetros de la forma oscura de Eevee, este levantó una ola psíquica que dejaron a los Zubats moribundos en el suelo de su propio territorio.
-Solucionado. Estos Zubats ya no nos estorbarán más.- Gionna llevó su palma al frente, por su innecesaria crueldad. En cuanto al pokémon ánimo se quedó traumatizado. Luego, siguió. Entraron en otra cueva que había por delante, y ahí hacía palmadas con sus manazas un luchador de sumo contra la pared. Estaba tan centrado en su entrenamiento que no se dio cuenta de que habían intrusos. Bajó por las escaleras creadas por los obreros Machop y esta vez, dos Hariyama se enfrentaban a empujones, compitiendo por el más fuerte.

No había indicio alguno de que Ariadna estuviera aquí. Contrariamente a el anterior, estos se dieron cuenta de que había otras vidas a parte de las suyas. Los Hariyama se escandalizaron al ver el traje rojo de Gionna y empezaron a perseguirles. Hasta aún saliendo de su gimnasio particular, seguían con su pesecución.

-Y pensar que esos manazas gordos eran tranquilos.- Injuriaba la fisonomía de los luchadores de sumo Kyumbreon, que los odiaba a muerte por tener ventaja sobre él.
-¡Y es que lo son, pero no sé que les pasa a estos! Deben de tener la rabia o algo...- Se basaba en documentales vistos ocasionalmente y los libros que se leía en los hostales cuando se aburría. Y ahora esos conocimientos adquiridos se contradecían. No paraban de pisotear tierra con fuerza para darles caza, y para lanzarse al ataque tendrían que detenerse, que algo arriesgado, ya que podrían acercarse demasiado y con sus palmas romperles la espalda.

Tenían que hacer una obra evasiva para que los dejaran en paz, y no parecía ser posible realizarla. No sin mojarse. Kyumbreon, cuya mente no se atascaba tanto al correr, propuso tirarse por los ríos de la cueva, pues los pokémon terrestres prefieren quedarse en tierra que no mojarse, al no ser que sea semiacuático. Ella no le apetecía mojarse en este momento, pero era de urgencia parar, le volvían a doler endemoniadamente sus pies.

Siguió a Kyumbreon, que aceleró hacia el río oeste y se dio un chapuzón, sin sumergirse mucho, puesto que no era muy hondo. Lol se tiró con alegría, Plusle se puso encima de la cabeza de Lol y, la última, que comprobaba la temperatura del agua para confirmarse si entraría o no. No tuvo tiempo de pensarse nada. Lol agarró su mano y la metió en la fría agua. En realidad, más que para apresurarla, lo hizo porque los Hariyama iban a darle una buena torta en su espalda. Consiguió salvar su columna vertebral a tiempo. Gionna chapoteó el agua para coger calor, puesto que para su friolera piel, eso era agua helada. Kyumbreon emergió su cabeza para dar un cántico de burla.

-Que miedo la fría agua os da, y nosotros con gozo nadando mirándoos como los luchadores con cobardía que no desafían a la serenísima agua.- Recitaba musicalmente.
-Kyu, no los provoques, por favor...- Poco le apetecía volver a correr. Luego, se dirigió hacia Lol. -En cuanto a ti, mi compañera de la infancia, no tenías que haberme metido tan de golpe.- Esta chapoteaba en forma de protesta, y, para más acción, mostró lo que la iban a hacer, golpeándola en la espalda con su brazo. Ella no captó lo que quiso decirle.
-¿¡Pero por qué me pegas!? ¿Qué parte de lo que te he dicho te hizo ofender?- Por una falsa suposición, la hizo sentir culpable. Y en esos momentos es cuando Kyumbreon le traducía lo que quería decir.

-Te ha salvado de morfinas y porquerías en una cama.- Aclaraba la acción de Lol con eso. Al principio, no entendió su retorcido mensaje, indirecto y sin decir la palabra "hospital", pero no le hizo falta preguntar lo que quería decir. Le agradeció a Lol por lo que hizo y le dio un abrazo. Preguntó Kyumbreon a Gionna si seguían con su travesía.
-No. Descansemos y nademos un poco, ya que estamos metidos.- Todo y que le desagradaba sentir su piel mojada y el frío que le entra gracias a ello, nadar era un placer que ella solo lo disfrutaba en verano. Además, el agua que entraba en las bambas le refrescaban los pies, lo que le aliviaba el dolor.
-Descansar y nadar... Dos acciones contradictorias, que curioso.- Este permaneció inmóvil en el agua, manteniéndose flotando. Mientras, ella nadaba y jugaba con el agua como si fuera la primera vez. Las gotas que se ponían en sus gafas le molestaba la vista, pero no importaba. Estuvo así, hasta que Kyumbreon le avisó.

-Viene gente... Será mejor que aguantemos un poco la respiración.- Gionna detenió su intercambio de gases. -¡Pero dentro del agua, diantre!- Y se sumergió. Pulsle hizo lo mismo, apartándose del camino de la gente, que parecía recto. Todos se fueron para el norte, menos Lol, que le bastaba con tan solo hundir su cabeza en el agua, pues su camuflaje natural era perfecto.

Kyumbreon tenía que irse más lejos, debido a las marcas amarillas de su piel, que por la inexistente visión nocturna humana de su salvadora tenía que resplandecer entre la oscuridad que, aún con luces blancas que aclaraban un poco el lugar, perpetuaba.

La que Gionna buscaba se apoyó en el espagueti azul andante, y ese alargó sus fideos para agarrarse al clavo de madera que había, y otro que hizo lo mismo. Huían de aquella panda con los que daba caza, ahora que ellos eran la presa. Por delante les perseguía una gran bestia de dos metros que provocaba que la tierra diera un salto repentino. El agua se agitaba por cada paso que daba, pasos prestos haciendo caminar al dinosaurio.

Pese a ser de cuerpo similar a la roca, cruzó el río colérico, haciendo que el agua se tambalee y que Lol pierda un poco el equilibrio, pero lo recuperó de enseguida. Luego un sujeto jóven de diecisiete años de pelo casi igual que el anterior jefe encontrado, vestido con un abrigo negro con pelos lilas en la cubierta y con dos grandes cuernos de pelo rectos en la cabeza, los seguía, corriendo. Se detuvo un rato por el agua, y visto la planta aparentemente flotante, cruzó la serpiente fluyente saltando encima de la cabeza de Lol. Lo mismo hicieron sus vasallos. De tanta pisada dolorosa, giró hacia el lado contrario que vigilaba en el momento anterior y emergió sus ojos furiosa, haciendo burbujas con la boca.

Gionna salió rápido en cuanto pasó la estampida, recuperando aire para reanudar el trabajo de los pulmones. Kyumbreon también volvió a respirar aire, al igual que Plusle.

-Eso no era gente... Eran elefantes alocados...- No se podía creer que lo que había visto antes era gente corriendo. Los temblores le dejaban perplejo.
-Parecía un terremoto.- También ella notó aquellos temblores. -Y no creo que sea casualidad que viniera tras ver a esa gente...
-Pues claro que no es casualidad... Era muy obvio que era ellos.
-Si un montón de gente hiciera tanto jaleo tras correr, las cámaras que grabaran un montón de gente corriendo temblarían.
-¿Te crees que pensé que el terremoto lo provocó la gente?- Falso. Lo había pensado en un principio. Su salvadora salió del agua.

-¿Se te han aliviado ya tus pies?- Pregutaba.
-No, pero la curiosidad me vence.- Le respondió. Todos salieron del agua y se fueron hacia la entrada que había. Por poco, la curiosa se estampa los morros con el suelo. La entrada estaba mal hecha, más arriba de lo que tendría que estar, igual que quien la seguían. Un rugido fue escuchado, dando un susto a la entrenadora.

Se giró hacia la procedencia de ese estruendo salvaje, y lo que avistó no le gusto para nada. Había un buen grupo de pokémon, cada uno, un par o tres acompañando a cada roquero. Y a parte, la altura del dinosaurio resaltaba entre toda la plebe. Voces de batalla se oían al fondo. Dos voces le resultaban algo familiares, y una era totalmente nueva.

-Os acorralé. No podéis escapar, malditos.
Dos rangers estaban en un buen aprieto. Sus capturadores estaban al límite, y tenían que abortar la operación. Pero ellos fueron a su caza. No se conformaban con su retirada, supondría su regreso. Era preferible aprisionarlos o matarlos, depende del humor del jefe que estaba al cargo. Mandó a Tyranitar a que los ejecutara con sus rayos de destrucción.

El hiperrayo golpeó a un Digglet que salía a tierra para descansar, dejándolo muerto. Pero no a los apurados. El acompañante de la buscada cultivaba sus emociones para sacar valor de su interior. Era hora de evitar un trágico destino adelantado.

-¿Por qué? ¿Por qué siempre tenéis que obligar a los pokémon hacer lo que vosotros queráis en contra de su voluntad? ¿¡A caso no los hacéis bastante daño con tan solo ansiarlos!?
-Que rollazo tío, cállate ya.- Mientras hacía el gesto de bostezar, el gran Godzilla preparaba otro rayo.
-Pero si justo empezó a hablar ahora...- Musitaba Gionna. Helio, agotado de la agonía de Tyranitar, mandó a su pequeño Minun a paralizar sus músculos con sus rayos.
Corrió hacia él, y soltó la descarga eléctrica que tenía acumulada. Pudo mantener quieto a Tyranitar, y procedió con su captura. Casi lo logró, si no fuera porque recuperó la movilidad rápido. Aplastó el disco de captura con su pie, fragmentándolo en mil pedazos, junto a sus esperanzas de que nada grave pasara.

-Se... acabó.- Bajó su cabeza, decepcionado consigo mismo, por no poder curar a ese Tyranitar. El desagradable amo del temible reptil prehistórico se rió con malicia. Ariadna quería hacer algo, pero carecía de medios para capturarlo. Aún tenía a Tangela, que no pudo liberar y cuya ayuda le resultaría útil, pero estaba exhausto.

-Este humano no está bien... Se supone que la parca soy yo.
-Bueno, la cuestión es que va a matar. Y no pienso dejarle que cometa este enorme pecado...- Lol se hizo ilusiones. Estaba rabiosa por aquellos pies que le habían pisado, y estaba afilando sus garras. No obstante, Gionna decidió que la reservaría por si su primer guerrero cayera. Sacó una de las pokéball de la mochila. Entendió cuales eran sus órdenes solo con este gesto. Cruzó sus brazos protestando en voz baja.

-¡Qué poca ética tenéis! ¿A caso os gusta a vosotros que os maten?- Así, a voz viva, llamó la atención de los delincuentes. Se giraron para ver quién era. Eran los mismos que la perseguían. Debido a la interrupción, su superior también echó una ojeada la procedencia de la voz.
-¡Pero qué sorpresa! Tenemos aquí otra ranger que quiere morir por los pokémon del bosque. Que conmovedor.- Se burlaba ella. Los dos apurados se sintieron ofendidos.
-Oh, no, no daría tanto por ellos...
-Ya que yo los mataría de todas formas.- Añadió su Umbreon en tono sarcástico.
-¡Kyu!- Riñó. -Aún así, no te pienses que voy a dejar que te lleves la alma de... ¿Dos personas de edad temprana? Es que no sé que edad tienen, si tienen más o los mismos tacos que los míos... Ni tampoco sé si han llegado a la mayoría de edad, ¡es que son tan altos...!- Deliraba.
-Me aburres, tía. Acabad con su aparatito, que estoy cansado.- Y mandaron a su tropa de criaturas al acecho del supuesto capturador.

Kyumbreon y Lol se encargaban de ellos, y ella, negándose a luchar contra ellos, junto con Plusle, que quería ver a su mejor amigo por el momento, pasó entre los huecos que veía entre la gente, por estrechos que sean, por lo bajos que estén. Tenían las manos ocupadas para empujarla hacia afuera de la barrera. Llegó antes que dijera nada a su Tyranitar. Plusle fue corriendo a abrazar a Minun, del cual, Helio no se dio cuenta, siendo espectador de lo que sería después un fiero combate.

-¡Ja! El reto era para ti, no para tus seguidores.- Deliraba de nuevo, no especificó que lo estaba desafiando a un típico combate pokémon. -Sé hombre y asume tus propias responsabilidades.

Hablaba muy alto. Tenía el orgullo subido a más no poder, resaltándose en sus cuerdas vocales. Kyumbreon la había oído mientras batallaba con todas las criaturas que le mandaban.
-¡¿Quién es el provocador ahora, eh, eh?!- Hacía referencia a la riña anterior. Le fastidiaba que hiciera lo mismo ahora.
-Tch... Muy bien, cabezota, te mataré a ti también. Aunque mejor... Intenta capturar a este Tyranitar, si es que puedes.- También su locura aumentaba. "Bien, veamos si es tan buena como dice mi jefe", dijo Helio, desconfiando de esta repentina salvadora. Mas, se llevó una decepción.

-Lo siento mucho, pero el aparatito del que te refieres no lo vas a ver.- Apretó el botón de su pokéball y lo lanzó al aire. Se abrió, para expulsar a la criatura que tenía dentro...