Capitulo 9

La bola compresora de pokémon liberó a una figura durmiente rosada. Tenía una cara plácida, hasta que sus ojos se entreabrieron. Veía que estaba en un lugar nuevo, aunque no le extrañaba, no solía salir fuera de la bola. Se levantó y bostezó, luego se estiró como si no hubiera Tyranitar para enfrentarse. Miró al pokémon tipo roca siniestro vacilante, seguro de sí mismo. Eso le provocaba una risa estrepitosa.

-¡Ja, ja, ja, ja! ¿Has hecho aparecer a un Slowpoke, un Slowpoke lentorro?
-Las apariencias engañan, y te lo voy a demostrar. ¡Akiro!- Le llamó para adelantar su lento despertar. -Ahí delante tienes a un peligroso Tyranitar. Su entrenador se ha burlado de ti por parecer lento.- Tras decir esto, la mirada de Akirosoku pasó de ser somnolienta a chispeante. Su especie es lenta, pero este es un caso a parte. Y no tolera que se le ponga ese apodo.

El demonio vestido de negro ordenó a Tyranitar que utilizara híperrayo. Esperaba que el rayo diera de lleno, pero, al dispersarse el polvo que se levantó debido al impacto, solo encontró un cráter y rocas.

-¿¡Qué!?- Exclamó el gran jefe. Estaba detrás del monstruo de fuerza colosal, preparándole una buena ducha. Expulsó agua a presión por su boca, provocando que este se quedara dolido por la espalda. El rayo de agua, a parte de que le dolía, hizo que su furia acrecentara tras el segundo golpe, que lo golpeaba sin compasión mientras recuperaba energías. Intentó clavar sus garras, que se cubrieron de sombras fantasmales, y nuevamente, su ataque de golpearlo fue frustrado. En un abrir y cerrar de ojos, el aparentemente lento lo esquivó por la izquierda.

Todos los espectadores se quedaron atónitos ante la velocidad de Akirosoku. Suponiendo que su especie es lenta por naturaleza, este se salía de lo natural. Los rangers que fueron acorralados pensaron lo peor. Pensaron que le drogaba, atentando contra su salud.

Ajeno a las suspicacias de maltrato, la batalla seguía. Tyranitar parecía al borde de la perdición, hasta que su amo se le ocurrió una manera de pararle los pies. Mandó a que moviera la tierra, y así hizo. El movimiento de tipo tierra, bien conocido como terremoto, era un ataque potente, que hacía que el objetivo se inmovilizara e irremediablemente tenga que sucumbir al próximo ataque, a parte de que abría una grieta en la tierra y, dependiendo del terreno, haga que se desprenda unas cuantas rocas o árboles.

Aprovechó que había perdido el equilibrio y se había caído para azotarle su poderoso hiperrayo. En cuanto Akirosoku se había levantado, ya era tarde.

Después de que el rayo de luz se desvaneciera, yacía rendido el Slowpoke, sin sentir nada, pero sin poder moverse. Puede que para una persona o un pokémon débil el ataque resultara mortal, pero uno bien entrenado podía soportarlo sin problema alguno, aunque le incapacitara para luchar.

-Vaya, hombre...- Fue un chasco para ella que, cuando estaba a punto de tumbarlo, consiguiera debilitar al Slowpoke antes. Lo regresó a su pokéball. Ariadna y Helio esperaron que ese rayo de esperanza que vino repentinamente hiciera efecto en su infortunio, pero solo iluminó sus horribles métodos para llegar a alcanzar sus objetivos.

Después de guardar su pokéball, cuando Tyranitar se acercó a ella, dispuesto a derramar su sangre. Por poco evitaba del todo su ataque, pero una uña se le clavó en su brazo, haciendo que le saliera un fino pero largo río rojo. Gimió de dolor y Lol, escuchando ese sonoro gemido, fue a acudir en su ayuda como madre provisional que es, dejando un paso de soldados caídos torpemente por la intrusión del Lombre. Kyumbreon, viendo que el kappa le abandonaba en plena batalla, la persiguió, intentando que siga luchando con él.

El resto de zarpazos los pudo evitar. Su espalda se apoyaba en una roca maciza, y, enfrente suyo, el Tyranitar. Sus ojos estaban llorosos por el dolor que se centraba ahora en la grieta de la carne del brazo, tapado ahora por su mano izquierda. Helio no toleraba más que no hiciera nada más que escapar y atacar al godzilla, y le gritó lo que tenía que hacer.

-¿¡Por qué no intentas capturarlo!? ¡¿Es que a caso no eres ranger, no amas a los pokémon y no quieres el bien para ellos?!- Gionna bajó la cabeza, intentando borrarse esas palabras. Sí quería el bien de todo ser vivo, pero parecía que no se enteraba de que su oficio era otro. Además, no estaba en condiciones en arriesgarse. Tenía protección contra quemaduras con el guante, pero estaba aún empapada, y no sabía nada sobre las propiedades que tenía el agua por el que se estaba bañando, por lo que igual se electrocutaría.

-¿Quieres decir tus últimas palabras, maldita entrometida?- Decía su enemigo. El pavor a los límites inexplicados la amordazó.
-Yo tengo un dictamen en caso de que logres de cometer tal acto.- Lol y Kyumbreon cruzaron la frontera justo a tiempo. -Si tú la matas, yo te mataré a ti, ya me que habrás hurtado una parte importante de esta familia. Después de que tu mueras, Lunetah te castigará con la misma condena que Prometeo por toda la eternidad.- Giró ante la criatura parlante de habla siniestra. No parecía importarle, confiaba mucho en su guitarra controladora.

Desenfundó su instrumento y empezado a tocar, Tyranitar cargaba su rayo. Las notas que sonaban eran muy fuertes, y en cuanto paró de tocar, soltó el rayo de energía. Por instinto de vida, ella se tiró al suelo, y, en vez de golpearla a ella, hizo añicos a la roca que estaba detrás suyo y todas que habían detrás de la entrada que tapaba.

De las rocas, gravilla saltó y polvo empezó a levantarse. Se hizo una cortina que desapareció rápido, mostrando la entrada recién abierta. Pensaba hacerse la muerta, pero tenía que mantener la herida limpia, por lo que no se quedó mucho rato. Emplear la fuerza de los brazos para levantarse le era doloroso, pero tenía que hacerlo.
-Has tenido suerte.- Dijo Kyumbreon, tras ver que ella evitó el ataque, aunque él lo ignoraba por completo.

Ariadna y Helio se decantaron por explorar, pese a la situación que estaban ahora, y entraron. Ordenó de nuevo a Tyranitar que preparara otro de sus famosos hiperrayos, pero este, simplemente, no pudo. Kyumbreon sintió curiosidad por ver lo que había en el siguiente cuarto, así que fue, también Lol, compartían la misma ansia de saber. Toda la marabunta los persiguió, e irremediablemente, ella también tuvo que entrar.

Se encontraron de nuevo en un callejón sin salida. El camino estaba cortado por un precipicio que solo se podía cruzar con un pokémon que maneje las lianas, y afortunadamente tenían a Tangela. Solo había una pega, y era la condición que estaba. Tenían que pedirle un último esfuerzo. Primero pasó a Helio, luego a Ariadna, y finalmente a Gionna. Plusle y Minun lo cruzó a través de las piernas de Helio, del cual, le extrañó que ambas piernas estuvieran ocupadas. Lol y Kyumbreon se quedaron. Ellos tenían otro método de transporte.

-Bueno, al menos tenemos dos pokémon por los que capturar. Pobrecitos...- Se reía uno.
-Ja. En unos momentos no nos veréis. Vendrá un rayo rojo y nos absorberá.- No tomaron en serio a la voz que se escuchaba, dando por hecho que era una esperanza suya. Gionna rebuscó en los dos bolsillos que tenía y las bolas que sacó los absorbieron. Los dos rangers se quedaron una vez más atónitos tras ver que los metía y los sacaba a su antojo. Tras meterlos, inmediatamente los sacó al exterior, en el lado por donde estaban los fugitivos. De nuevo, Kyumbreon cantó satíricamente hacia el grupo.

-Ah, pobres de vosotros, malandrines desastrosos, que desfortuna la de ser humano vano que no puede cruzar el abismo sin ayuda...
-Kyu, por favor...- Intentaba no poner su mano ensuciada de sangre en la frente. Tenía suficiente en el brazo. Lol se horrorizó al ver su herida, y quería tratarla, pero no alcanzaba. Aún Tyranitar no recuperó fuerzas, y la gran tropa se retiraba por el momento.

Gionna pudo descansar, sentándose y utilizando la pared como respaldo. Lol le quitó la mochila y buscó tijeras para cortar el vendaje que también sacó, y empezó a ejercer de enfermera, limpiando la herida con su agua y con algodón. Entonces fue cuando Helio cogió a Plusle para ver si sus ojos no le engañaban.

-Vaya, en cuanto Eustaquio dijo que estabas en la base no me lo creí... Realmente eras tú, Plusle. ¿Qué te ocurrió?
-Hum... ¿Conoces a este Plusle?- Preguntó Gionna intrigada. Pensaba que era un mero pokémon callejero, pero no pensó que fuera perdido. Pero no se acordaba de la pequeña charla que tuvo su superior y su compañero.
-Claro. Es de mi compañera Selena.
-Selena, Selena, Selena... Creo que ya oí ese nombre en boca de ese alegre... Ugh.- No quería insultar a nadie, pero la única forma de referirse a Eustaquio era con adjetivos como "gordo", "obeso", "rechoncho"... Dejó que lo llamara "alegre" a secas. -Aún así, pensaba que era de la calle.

-Se crió ahí, pero corresponde a Selena. Lo que me extraña es que no esté con ella...- Mientras mantenían la charla, Kyumbreon fue más a fondo, y con una gran puerta se encontró. Era un par de losas rectangulares, enmarcadas con otras piedras de la misma forma. Las rocas geométrica estaba inscrita en un lenguaje rúnico, antiguo, en una lengua muerta. Le pareció que era de suma importancia, así que volvió y le contó a Gionna su hallazgo.

-¿Una puerta rúnica?
-¡El cuarto del pokémon legendario!- Exclamó Ariadna. -¡Acabamos de encontrar al pokémon legendario!
-No esperaba que realmente pudiera presenciar a un pokémon legendario... ¡Qué emoción!- No cabía de su gozo. Siempre quiso presenciar alguna leyenda mítica, sea cual fuera. Gionna, en cambio, cuya herida le hacía pensar de manera negativa, se mostró escéptica, y le era más probable que no hubiera nada.

No dudaron en ir a ver. Gionna, con desgana, también iba a curiosear, mas Lol aún no acabó de vendar su herida. En cuanto terminó, pudo levantarse y ver como la puerta se abría delante de ellos. Helio estaba ansioso de ver qué criatura mística les aguardaba, y su amigo Minun se dejaba contagiar por esa emoción. Al abrirse, se mostró una figura blindada de metal, de largos brazos flexibles.
-Vaya, me esperaba algo más, pero esto tampoco está mal.- Dijo Ariadna.
-¡Un legendario es un legendario, Ariadna! ¡No menosprecies a una creación superior de Arceus!- Decía Helio ofendido por esas necias palabras.
-Defiendes tus ideas como un crío.- Le contestaba. Gionna rectificó ese conocimiento erróneo que se ha dicho popularmente.
-Es erróneo pensar que Arceus lo hizo todo él solo. Solo Arceus hizo lo elemental para que la tierra y toda su vida surgiera. Registeel fue hecho por otro ser colosal llamado Regigigas, que lo consiguió moldeando magma. Bueno, o eso dicen los textos antiguos (Que, por cierto, lo sé por un documental de la tele), porque no puedo entender cómo obtuvo el material y soportar su alta temperatura en sus manos...
-Hombre, siendo legendario tendría que soportar hasta el frío más extremo.- Argumentó Helio.
-Buh, no te creas que son todopoderosos. Aunque sí, podría tener insensibilidad térmica.- Admitió que podía ser posible.

Helio quiso verlo más de cerca, así que se adentró más. -¡Eh, quieto, podría atacarnos!- No hizo caso al aviso, y se acercó demasiado. Las luces del pokémon de tipo acero se encendieron de un rojo carmesí y se levantó. Chirrió y esperó quieto a que se moviera.

Verlo en acción le emocionó aún más, y fue tan fuerte esa pasión que hizo que se desmayara. Minun lo agitaba para reanimarlo, y Registeel puso su mano debajo de la inscripción braile luminiscente, extrañado por la reacción del intruso. Gionna quedó un rato en silencio, asustada.

-Lol, airéalo un poco.
-¿Pero con qué piensas darle aire fresco, si no tienes abanico?- El único abanico que tenía estaba en la bandolera, y estaba tirando hacia el oeste de la cueva y cruzar parte del bosque. Igual, Lol no pensaba coger de su mochila un abanico, si no agitarle los brazos arriba y abajo para crear lo que podía de aire.
-Le va a arañar...- Dijo Kyumbreon.

Ariadna se acordó de las preguntas que tenía para ella, pero sus enemigos regresaban, esta vez, con Ivysaurs que les ayudaría a cruzar. Era un número considerablemente menor, debido a que no habían para todos, pero no dejaban de ser peligrosos. Aún no alcanzaron a verlos, pero aún tenían a Tyranitar de su parte, y sus pasos se hacían notar. Se metieron en el cuarto de Registeel para que no les viera, también el Tangela y otro que había ahí, asustados por los temblores.

Helio recobró la conciencia tras sentir el suelo moverse. Se levantó alarmado y se alejó de Registeel. Por un momento, paró, cuando ellos cruzaban la frontera vacía. Y luego, tras cruzar, volvió a temblar. Los buscaban, y de enseguida, los encontró con su primer objetivo.

-¡Pero bueno, qué tenemos aquí! ¡Que bonita reunión familiar!
-David, ¿pero cómo has podido entrar?- Preguntó Helio.
-¿No es obvio? Fui a por pokémon que tenga... Eh, ¿cómo lo llamáis vosotros? ¿Movimiento de campo?
-Es látigo cepa, inepto.- Respondía con tono irritado Gionna.
-No, no, es "transbordar".- Daba otro nombre a la misma acción Ariadna.
-¿Qué? Yo pensaba que se llamaba "liana de nivel 1".- Otro que apodaba las tiras vegetales.
-Llamadlo como queráis.- Trató de detener la discusión Kyumbreon. Y se detuvo.

-¡Que le den a los nombres! ¿Sabéis qué? Primero mis hombres os tapará la salida por atrás...- Los reclutas del equipo Go-Rock rodeaban por la parte trasera a los rangers y la pseudoranger. -Luego Tyranitar os intentará destripar, ¡y mientras, yo capturaré a este legendario!- David se puso delante de Registeel y volvió a coger la guitarra. Pulsó un botón y una pequeña compuerta dejó salir una peonza de la misma forma que tenían los rangers, de diferente color. Era de un siniestro negro, con la cúpula del medio y los adornos carmesí, y la luz, roja.

Rodeó a Registeel mientras tocaba una melodía malsonante, y el pokémon legendario de acero invocaba del techo bolas de hierro que descendían y rodaban hacia la línea. Como si se tratase de un espectro, las bolas lo único que hicieron era atravesar la línea. Mientras, Tyranitar los atacaba sin cesar, con sus garras.

Helio y Ariadna, antes de ingresar a la unión, entrenaron su cuerpo para ganar agilidad y poder esquivar los ataques de los pokémon furiosos. Gionna no. Era torpe en el deporte, y también lo era en la defensiva. Pero contaba con la barrera verde que le proporcionaba Kyumbreon. Pero no podía mantenerlo para siempre. Llegó hasta en una ocasión, quebrarla y herirlo en la cara. No fue nada que se saliera de rasguño. No obstante, la herida le volvió más fiero, y empezó a atacarle, sin meditarlo.

Expandió una onda de oscuridad en el suelo, que le dolió a Tyranitar. Aunque tampoco el daño era serio para él, puesto que tiene resistencia natural ante las sombras. Su oponente tenía más recursos para dañarle, por lo que estaba en clara ventaja. Entonces, Lol, para que nadie saliera leso, intervino en el enfrentamiento, escupiendo una semilla que se convertiría en una planta parásita. La semilla se implantó en el cuerpo de Tyranitar, y de enseguida, raíces espinosas se clavaron y empezaron a drenarle la vida. De la sangre absorbida, unos frutos crecían. Tyranitar poco a poco iba debilitándose. No obstante, Kyumbreon se enojó.

-¿Por qué te interpones entre nuestro enfrentamiento? ¿No ves, a caso, que esto es un asunto entre el señor dinosaurio y yo?- "¡Venga ya, hombre, si tú con lo único que sabes hacer daño es con pulso umbrío y psíquico! Y ninguno de los dos ataques son efectivos..." Contestó Lol en su incomprensible idioma a oído humano. Él ya lo sabía, pero a cualquier coste quería derrotarlo.

Cada vez que trataba de atacar a Tyranitar, Lol se lo impedía, apartándolo. Llegó un momento en que se lo dejó en sus manos. Realmente, Lol no lo hacía por él, si no por Gionna. Quería hacer pagar por herir a su protegida. Tyranitar disparó un hiperrayo, y ella lo contrarrestó con su propio hidrobomba. Ambas energías chocaron violentamente, dando lugar a una pequeña explosión que creó un espeso vapor, aunque no lo suficiente como para nublar la vista de todos. Tyranitar empezaba a ponerse nervioso. Estaba indefenso ante cualquier ataque por la energía empleada en su potente ofensiva. No podía ni esquivar.

Lol disparó de nuevo el potente chorro a presión. Le dio en la panza, su punto débil. Soltó un aullido de dolor estremecedor, lo que hizo que Helio le diera valor para también entrometerse, sin embargo, su capturador estaba obsoleto. Ariadna tenía las mismas ganas de parar ese combate, y, a diferencia suya, aún podía utilizar el cachivache, al límite de sus energías. Aprovechando que Tyranitar tenía que reposar, golpeó por segunda vez al mismo sitio. No pudo aguantarlo más. Cayó su pesado cuerpo en el suelo, sufriendo por sus órganos internos. Parecía derrotado.

-Vaya manera de quitarnos a Tyranitar de en medio.- Se quejaba Helio. No pensaba que era la mejor manera de hacerlo parar.
-Podrías haberme dejado a que lo capture.- Decía Ariadna a Gionna.
-A mí no me mires... que no le dije yo a Lol que lo atacara, fue su propia decisión.- Olvidándose de que había un legendario en peligro, se entretenían discutiendo.

Tyranitar no se iba dejar ganar por un par de chorros, y empeñó todo su esfuerzo en levantarse. Rugió con fuerza, y se lanzó a por Lol con sus garras, abriendo heridas nuevas. Lol cogió un fruto de la planta parásita y se la comió. La fruta aceleró la cicatrización de las heridas que le hizo Tyranitar. Ambos volvieron a combatir, con garras y con puños. Lol los protegía, mas Helio sentía pena por él. No tenía la culpa de que actuase así. Empezaba a sollozar, llevado por la impotencia por no poder hacer nada por el lacayo de David. Dijo basta bien alto, como si eso iría a funcionar.

-Por favor... No le hagas más daño... Él... él... él... él no es responsable de sus actos... ¡Déjale!
-Ha marcado su destino. Atacar al elegido, eso es un pecado que se castiga con la muerte absoluta, y no parece arrepentirse. Que lástima, eso le salvaría.- Llevado por el ego decía cruelmente Kyumbreon, poco acostumbrado a recibir los golpes de otros pokémon. Enojada por aquellas palabras, Gionna saltó en su contra por su frialdad.

-Por el amor de Dios, Kyu, ¿cómo puedes decir esto ante una situación como la de ahora?
-¿Osas cuestionar mis palabras?- Ella siempre estaba en desacuerdo con las palabras que decía su Umbreon cuando se trataba de su deidad, junto a la religión que el mismo se ha creado. Parecía un profeta enloquecido por el odio hacia la humanidad y las atrocidades que algunos hacen, y él mismo decía que a los pokémon había que ayudarlos a acabar con su sufrimiento, he aquí otra razón por la que mata sin compasión a algunos pokémon salvajes. Y no pensaba que acelerar lo inevitable era una buena manera de lograr su objetivo.

Antes que se empezara una discusión entre el Umbreon y la humana, Ariadna sintió pena por Helio, e hizo una rápida intervención con su capturador, apartando a ambos pokémon, sin rodearlos.

-¡Ya está bien, Lombre, para ya! Ya me encargo yo de él.- Lol se negaba a dejar de luchar. Aún no había acabado con él. Además, ¿quién era ella para hacerla detener? Gionna también consideró que con las drenadoras y los anteriores golpes eran más que suficientes. Ordenó a que parara, y con desgana lo hizo.

Ariadna ya procedió con la captura, pero no paraba de atacar. Al menos, evitó que le rompiera el disco. Necesitaba la ayuda de un pokémon tipo agua, y estaba a su lado, pero se mostraba recia ante ella. Tuvo que pedir a Gionna que le diga que meta un poco de agua en el núcleo de agua, con por favor, no obstante, se negó. Kyumbreon le hacía de intérprete. Visto por qué lo hizo, le explicó razonadamente las razones por la que tendría que hacerlo. Liberarlo de ese peso que lleva como servidumbre, que vuelva de donde haya venido, que no les vuelva a molestar... Entonces accedió a colaborar con Ariadna.

Con el capturador, Ariadna hizo que la semiesfera de la peonza se abriera, pudiendo Lol introducir su agua pura. Se cerró con la unión de hidrógeno y oxígeno, y los colores de la peonza cambiaron. Ariadna hizo que se quedara en el suelo, y mientras rotaba sin moverse lateralmente, una burbuja se formaba.

Creció bastante rápido, hasta la altura de Tyranitar. Este se dio cuenta tarde, y la burbuja, impulsada por el mismo movimiento brusco de la antena de Ariadna, lo atrapó. Ahora era su oportunidad. Ariadna lo rodeó rápido. Ahora en vez de luz, era agua la que soltaba el disco capturador de azul. Pudo finalizar la captura con éxito, el aro lo comprimió, curó sus heridas, reventó la burbuja y las lianas punzantes se marchitaron. No obstante, la luz que lo envolvía tardaba en desvanecerse.

-¿Qué está pasando? Esto no es normal...- Decía Ariadna, asustada ante la tardanza del final. Kyumbreon se acordó de Registeel, y miró cómo le iba a quien les perseguía. Él ya acabó, pero esperaba que su siervo acabara con ellos. En su rostro, una sonrisa malévola se dibujó en su cara. En este momento, presintió que algo no iría para nada bien. Y andaba en lo cierto. La captura, en teoría, finalizó con éxito, sin embargo, por una extraña razón, Tyranitar seguía enfurecido con sed de sangre al mandato de David. Helio entró en desesperanza. No podía creer lo que veía en sus ojos.

-Esto... No... Ya es inútil... Estamos muertos.

David inició una risa que parecía del mismo demonio. Tenía a un legendario a sus manos, y al fin, pudo ver que su mejora era efectiva.

-Pobrecitos... Que penita me dais, que no habéis podido liberar a este Tyranitar... ¡Al fin, el fallo nuestro ha sido corregido! ¡Ya somos invencibles!- Y seguía riéndose.
-¿Mejoras? No lo entiendo...- Desconcertada, decía Gionna.
-Ni lo ententarás. ¡Porque vas a morir sepultada aquí! ¡Tyranitar, haz que la codicia llegue a los cielos...! Digo al techo.- Y así hizo. Tyranitar levantó su cola y la hizo estrellar al suelo, provocando un continuo seísmo. -Y ahora me piro, no vaya a ser que corra la misma suerte que vosotros. ¡Adiós!- Y huyó corriendo despavoridamente, con sus reclutas. El seísmo provocaba que las rocas se desprendieran. Apurados, capturaron a los refugiados Tangelas y abandonaron el cuarto. Menos Gionna, que buscaba una cosa.

-Menuda demencia la tuya, ¿a caso quieres llevarte alguna piedra de este lugar cuando puedes cascarte la testa con una piedra que cae?- Se quejaba Kyumbreon.
-Una reliquia, Kyu, un objeto que Registeel protegía.- Aunque la pregunta no era lo que buscaba, se lo dijo. Y finalmente lo encontró.

Parecía una lengüeta de flauta dulce, de acero inoxidable, grabado con letras uwonicas. Guardó ese extraño tesoro y retornó a sus compañeros a sus respectivas bolas y corrió como un rayo con la tabla entre sus brazos a la salida.

Helio y Ariadna lo estaban cruzando en cuanto salió. Ellos llegaron al otro lado, y al llegar a la parte cortada, empezó a temer de nuevo a la parca.
-¡Tranquila, Tangela te ayudará a cruzar! Anda, Tangela, ves.- Ordenaba Ariadna con cariño, y este obedecía con agrado. Sin embargo, un pedrusco aplastó el poste de madera, por lo que el rescate se volvió inoperable. Gionna estaba aún más asustada. Las rocas caían, sin dejar otra opción que salvar a sus compañeros y despedirse, pero los desprendimientos no daban respiro alguno ni para meter las manos en el bolsillo.

Caía una roca en su cabeza de buen tamaño, que podría partirla en dos. Mas, al principio del

aparente final, cuando todo empezó a parecer perdido, se sintió agarrada desde los brazos. Se levantaban solos, y todo su cuerpo empezaba a levantarse del suelo, y a una velocidad de vértigo, cruzó desde el aire sin que su cuerpo tenga que actuar. Sus pies se apoyaban de nuevo en el suelo delicadamente una vez pasada la frontera.

Helio, Ariadna, Plusle y Minun no entendían el milagro. Parecía como si una criatura mística invisible la cogiera y la salvara. Pero no era tiempo para dejarse impresionar y pensar qué fue lo que le salvó de una muerte inminente. Salieron rápido por la salida más cercana para que las piedras no acabaran con su vida...