Como ya había mencionado, desde la llegada de los Enanos al Bosque Negro no hay influencias de las películas en el fic. Sin embargo aquí añado a Bardo y algunas cosas que vi en el tráiler de La Desolación de Smaug. Pero nada más.
Capítulo XI
-Thorin, hijo de Thráin ¿Podemos hablar?- era Bardo, que se presentaba allí ante Balin y Thorin.
-Podríamos, si supiera quién es usted- el aludido no sentía ninguna simpatía por los humanos tampoco y menos aquel que desde que llegaron se la había pasado con la mirada fija en Belladonna Bolsón.
-Soy Bardo, heredero de Girion- se irguió ante ellos el hombre y Balin y Thorin soltaron una exclamación.
-Entonces, Bardo ¿Se uniría usted a nuestra misión?- Thorin se alzó pretendiendo con eso ser más alto, pero tan sólo le llegaba a la cintura al esbelto Hombre de Lago.
-Hum- Bardo meneó la cabeza -Es una locura, mucho me temo, esa arriesgada empresa, Thorin Escudo de Roble- dijo.
Thorin y Balin intercambiaron miradas.
-Lo sabemos, pero todos los signos se presentaron y ha llegado el momento, después de tantas décadas, de que nuestro pueblo regrese a casa- alegó Thorin.
Bardo suspira meditando aquello.
-No está usted interesado en recobrar su ciudad, ya veo- sentenció Thorin decepcionado ante el silencio del hombre. No había encontrado a nadie que lo apoyara más que aquellos doce Enanos y su querida y noble hobbit- Es extraño que una hobbit tenga más honor que usted-
Bardo se paseó por la habitación como si fuera suya. Eso molestó a los Enanos.
-Ustedes han traído a esa pequeña que nada tiene que ver con su asunto para entregársela al dragón- fue lo que dijo Bardo.
El corazón de Thorin se encendió ante una verdad que no quería aceptar.
-Eso no es así. El dragón está dormido, ella debe entrar porque es la única que puede hacer eso sin ser notada por Smaug, y dar fe de qué es lo que ocurre allí dentro. Smaug no la verá- intervenía Balin en defensa de Thorin pues sabía lo mucho que le había perturbado eso- No conoce a la hobbit-
-Está bien, pero supongamos que la pobre hobbit se salve ¿Qué harán ustedes entonces?- continuó Bardo implacable con su cuestionario.
-Sólo somos trece Enanos y una hobbit los únicos que hemos tenido el valor, el honor y la decisión de hacer esto. Porque ya ves que nadie más- lo enfrentó Thorin.
-Thorin…- Balin intercedió.
-Me preocupa la vida de la hobbit, que es inocente en medio de ustedes y Smaug-
-¿Y por qué tanto interés en ella?- al fin Thorin denotaba sus celos.
-¿Y por qué no habría de interesarme? ¿Por qué es una simple hobbit?- Bardo proseguía con sangre fría.
-¿Qué quieres decir con eso, Bardo de Valle?- la voz de Thorin se alzó sobre la de él. Era pequeño pero su voz y su presencia opacaron al hombre.
Bardo reflexionó pues no esperaba tal reacción del rey Enano. Algo había con él y la hobbit y eso no se lo esperaba. Debía medir sus palabras.
-Escuchen, no quiero entorpecer su misión, sólo pienso que van a despertar a Smaug, si es que existe, y eso nos va a destruir a todos-
-Smaug es muy real, mi señor- dijo Balin con un escalofrío- La misión de Belladonna en realidad es rescatar la Piedra del Arca, valioso tesoro de nuestro pueblo, luego ya veremos. Como dijo Thorin, hacemos lo que podemos, nosotros trece. No podemos hacer más-
Bardo los estudió con la mirada.
-Si no vamos nosotros, otros lo harán- denunció Thorin- ¿No es así, humano?-
-Si lo dices por Thranduil pues no eres tonto Thorin Escudo de Roble- lo apoyó el aludido.
Bardo era muy sabio y muy noble, al fin demostraba que su interés era desinteresado. Los ánimos de los Enanos se calmaron ante tal nobleza.
-Mañana partiremos a nuestro destino final. Prepararemos todo hoy- sentenció Thorin- Ya está dicho, no hay vuelta atrás-
Bardo lo miró con gravedad pero asintió. No estaba muy al tanto de las intenciones del gobernador con el asunto de los Enanos, pero sospechaba que algo tramaba pues el gobernador era muy ambicioso:
-Bien, vayan. Pero tengan mucho cuidado y si Belladonna no está segura no la obliguen-
-¡No lo haremos!- aclaró Thorin- Jamás la obligaría a algo-
-Bien, nos veremos antes de su viaje. Espero los Hombres del Lago los ayuden en todo, pero no confío en el gobernador… tengan cuidado Enanos de Erebor. Hay muchos intereses alrededor de ese tesoro-
Las palabras de Bardo alarmaron a Thorin y a Balin. Cuando el hombre se fue y cerró la puerta Thorin musitó:
-¿Crees que en verdad estamos haciendo mal, Balin?- y el Enano se dirigió a la ventana para ver la Montaña Solitaria –En hacer que Belladonna…-
-Hum, hum- gruñía Balin –Me preocupa todo, absolutamente todo-
Thorin bajó la mirada con pesar dejándose caer sobre la cama mientras Balin se quedaba parado junto a la puerta sin saber cómo aliviarlo. Después de lo último que dijo Bardo, definitivamente lo único que le interesaba a Thorin era Belladonna.
-Nunca debimos dejar que Belladonna se nos uniera ¡Nunca! Nunca nunca- repetía obsesivamente.
-La hicimos feliz, Thorin- dijo Balin- Ella no se sentía parte de los hobbits en cambio mira lo que es ahora, valiente y capaz de todo, y es parte de nosotros. Yo creo- el Enano sonó muy soñador- Que cuando recuperemos nuestro reino ella se quedará con nosotros y tomará como esposo a un Enano- dijo con doble sentido tratando de hacer reaccionar a Thorin –Por eso Gandalf planeó esto- agregó sugestivamente.
-¿Un Enano?- Thorin no pudo disimular el sobresalto pues su corazón había dado un vuelco violento. Balin no podía saberlo, lo que él sentía. Ningún rey Enano podía tomar como esposa a otra raza ¿Qué decía Balin? Lo atormentaba.
-Bofur- aclaró Balin alzando una ceja y miró de reojo la reacción de Thorin- ¿Por qué no? Se llevan muy bien, él ha sido muy atento con ella. Hacen buena pareja ¿Por qué no podría un Enano casarse con una hobbit?-
Thorin se paró como un resorte de la cama y el corazón le palpitaba frenético. ¿Por qué decía Balin esas cosas? Bofur casarse con Belladonna, Nunca… Pero la horrible realidad lo golpeaba:
-Claro… él puede. Él no es un rey- susurró amargo y sombrío.
Balin esperaba que eso al fin obrara algo en Thorin, que se aclararan sus emociones y reconociera lo que sentía, y que diera la iniciativa si amaba a Belladonna, como debía ser. Continuó con sus insinuaciones con lo de Bofur:
-Si Bofur quiere estoy seguro de que le hablará de sus sentimientos, y la conquistará. En fin, estamos en horas oscuras, y hay que prepararse para nuestro regreso a Erebor. Pero después de toda oscuridad viene la luz, mi amigo-
Como un león enjaulado Thorin se paseaba por la casa mientras los demás empacaban y preparaban todo para el viaje final esa última tarde en Esgaroth. Los Hombres del Lago ayudaban en todo. Pero para Thorin ya no era eso tan importante.
Increíble, él más fuerte que ningún Enano, que no le temía ni a los peores orcos de Melkor, estaba ahí debilitado por el amor, sin saber cómo entrarle a esa mujer antes de que llegara otro, tal como le había dicho Balin. Mientras él estaba muriéndose de timidez y de la estupidez, Bofur se ganaba a su hobbit. Incluso Bardo era más conquistador que él.
Pero ¿Como fallarle a su padre? Su padre perdido en Dol Guldur y él allí sin saber nada. Sin saber nada de Gandalf que por ningún lado se aparecía para ayudarlos. Estaba entre la espada y la pared. Entre el amor y el deber.
Él era el responsable de todo, por eso Bofur podía darse el lujo de conquistar a Belladonna. Eso era lo que pasaba, y entregar a la hobbit al dragón le negaba la posibilidad de rendirse ante el amor.
Esa noche ninguno durmió, ni la hobbit ni el rey Enano. Thorin no olvidaba las palabras de Balin, que pesaban sobre él junto con todo lo demás: la herencia de su padre, el compromiso con su pueblo, la venganza contra Smaug, la amenaza de los Elfos.
Y Belladonna, ella sentía su final cerca pero no daría marcha atrás, ella haría que los Enanos recuperan su reino. Los Hombres del Lago los llevarían a La Montaña Solitaria, ya el destino estaba allí en sus puertas.
