Capitulo 11
Un día más dio comienzo, La penumbra de la sombra de los árboles no dejaba ver la luz en toda su esplendor. Eso no importaba para el cazador de leyendas, lo importante era encontrar aquella grácil criatura que documentaba aquel libro. Pasado el claro por donde había una casita como para pájaros, entró en plena oscuridad. Bajó por un barranco, y siguió buscando, pero no obstante, ya pasadas unas horas, desistió.
Pero ahora el problema era encontrar el camino de regreso, cosa que no encontró. Tuvo que pedir socorro a sus hermanos. "Estamos muy ocupados", fue su respuesta. No tuvo más remedio que acudir a su propio enemigo.
La operadora de la base de Villavera recibió el mensaje que le dejó, y se lo comunicó a Alejandro. Se puso nostálgico. Hubo otra vez por la que recibió la demanda de alguien que se perdió en el mismo bosque. ¿Y quién fue la que sacó al viejo cascarrabias de aquel laberinto? Selena.
Era su mejor ranger, por encima de Helio. Era una chica que se esforzaba mucho, se entrenaba a diario, y jamás se rendía. Recordó que, cuando se enfrentó a Aina, estaba a punto de perder, y no capturó a ningún pokémon apropiado para enfrentarse al Camerupt de ella. Casi perdía, pero insistió, y logró salvarse y al voluminoso camello.
Ahora está en paradero desconocido, en algún lugar de la selva, creía él. Todo y que encontró un reemplazo, pero según quien atestiguaba sus acciones, no era lo mismo, no utilizaba el capturador... Nada. Igual, insistía. Estaba seguro de que alguna vez tenía que utilizarlo.
-Helio, ¿puedes ir arriba a darle un encargo a...? Vaya, hombre, mira que no preguntarle su nombre...
-¿Qué encargo?- Preguntó.
-Que vaya al Bosque Lila; alguien se ha perdido.
-¿Pero por qué no me mandas a mí...?- Se quejó. Últimamente no le daba mucho trabajo, al menos cuando está Gionna disponible. Se preguntó cual era la causa de esa preferencia.
Eso hizo que tuviera celos de ella, y fue a darle el trabajo. Se esperaba encontrarse de nuevo jugando al póker con su Umbreon. No. Estaban en el suelo, como de costumbre, también Lol y Plusle.
No tenían carta alguna en la mano, si no unos pequeños coloridos barriles de plástico, que agitaban y hacía un castañeo característico. El pequeño dado iba para el tablero. La Lombre sonrió. Un cuatro le tocó, y su plana ficha verde se sació a costa de la azul de Kyumbreon, y ese banquete energizante le hizo que avanzara otras veinte casillas.
-Todo depende de la fortuna. Y por eso detesto este juego. Otro de regreso al inicio, argh.
-Y mientras, el ejército rojo ardiente avanza impasible hacia la cima. Oigh, que poético.- Gionna tenía sus dos fichas muy cerca entre sí, a no muchas casillas de la meta. La otra mitad estaba ya establecida ahí. Plusle fue la que primero se dio cuenta de que estaba ahí, y le saludó con alegría.
-Esto... Dice mi jefe que vayas al bosque. Alguien se ha perdido.
Gionna cruzó los brazos. Esta vez no estaba dispuesta a hacer lo que él le mandara.
-¿No podría haberte mandado a ti?
-No, no pudo.- Contestó también en desacuerdo con la decisión de Alejandro. El tono suyo era suficiente para expresar su descontento.
Kyumbreon propuso lo más sensato, solo para que el juego siguiera.
-Por ese tono desganado que has emitido, yo te digo, ¿por qué no te rebelas y vas a libre albedrío?- Dicho esto, Helio le hizo caso e interpuso sus ganas de hacer algo menos peligroso que entrometerse con el equipo Go-Rock e, ignorando las preguntas de Alejandro, se fue para el bosque. Aunque no se fue sin antes decir:
-Alejandro, estoy harto de que me sustituyas por una chica que no le da la gana ayudar a los pokémon que sufren. Y ahora si me disculpas...
Salió en dirección al bosque, mas Alejandro no iría a permitir que le desobedecieran así como así. Subió lo más rápido que pudo hacia el segundo piso, y antes de que fuera a montarse encima de su grulla feroz, abrió la cúpula con el ordenador que había más a la derecha.
La puerta de la habitación de Gionna, anteriormente de Selena, estaba ya abierta. Con solo asomar un poco su cuello, pudo agarrar a Gionna desde la torera y levantarla del suelo, para hacer que cumpliera con ese deber impuesto. Lol se enfadó que se la llevara de esta manera, y fue a por ella, no sin coger antes su mochila.
Kyumbreon y Plusle hicieron lo mismo. Salieron del recinto y empezaron a ir, guiados por las suposiciones de Kyumbreon, a su persecución. Fearow iba bastante rápido para tener a una persona sujetada con el pico. No tardó en alcanzar a Helio, que estaba a mitad del camino. Este, para impedir que llegara al bosque, lo agarró también de la misma prenda, con las patas.
Intentaba escapar de sus garras, pero sus esfuerzos fueron inútiles. La gran ave avanzó hasta la entrada a la parte espesa del bosque y soltó a Gionna, haciendo que su trasero se estampara contra el suelo.
-Oye... Esa persona te necesita, y no puedo dejarte que te escaquees y mandes a Helio a que lo haga.
-¿Y tenía que necesitarme a mí? ¿A una extranjera que no conoce el bosque?- Al fin lo dijo. Al fin expresó una buena razón para que no le mandaran a ella. Pero Alejandro quería que ella llevara al chico perdido a la abundante luz del día del exterior.
-En cuanto a ti, Helio, vas a estar haciendo una semana entera las mismas misiones que Eustaquio.
-¿Quieres decir... "Barrer la casa de mi madre", "Cambiar las bombillas", "Encerar el suelo", "Fregar los platos"...?- Alejandro asintió con su cabeza. Él se negaba, prefería arriesgar su vida por unos cuantos pokémon que no hacer tareas domésticas.
La ave se alzó hacia el cielo azul y se encaminó de regreso a la base. El grupo de pokémon, liderado por Plusle, conocedor del camino, lo supieron cuando la sombra del pokémon volador se puso encima de ellos. No tardaron en encontrarla, estaba aún sentada en la hierba, refunfuñando.
-Fue una jugada muy sucia la suya. ¿Vas a entrar?- Ella ya lo tenía claro. No pensaba entrar en ese bosque. No le gustaba perderse por el camino. No obstante, algo le hizo cambiar de opinión. Un pájaro del color del carbón los miraba, y a ella los pájaros pequeños, hasta los más repelentes, le chiflaban.
El cuervo se adentró en el bosque, y esta lo persiguió, sin importarle las anteriores experiencias que tuvo en meterse en bosques similares. Paró al llegar a un claro, donde el sol ya podía iluminar. La pequeña casa no pasó desapercibida, y como siempre, la chica suelta en voz alta, una vez más, sus conocimientos.
-Vaya... Parece que esta monada con alas nos ha llevado hasta un santuario. Y luego dicen que son pájaros de mal agüero. Y si aquí hay un santuario, es que aquí se avistó antes un Celebi. Seguro que esos santuarios los construían para que Celebi les de un buen tiempo...
-¿Quién te ha preguntado sobre estos conocimientos? ¿Por qué tienes que presumir de tanto saber?- Kyumbreon no le gustaba que hablara sola, ni que vaya de erudita por ahí. Gionna la respondió con tono sarcástico
-Perdona, su serenidad, por saber tanto. Aunque... Eh, ¿y ahora qué hacemos? Persiguiendo a ese Murkrow nos metido en este bosquejo...
-¿Me lo preguntas a mí, a un mero vasallo? Es tu decisión, intentar volver o explorar en este lugar donde los árboles abundan.
-Hum... Ya que estamos... Y que seguro que volverá a arrastrarnos por aquí, nos adentramos.- Dictó su decisión y se adentraron.
Mientras seguían caminando, unas campanillas vegetales grandes y con vida merodeaban la zona. Al ver que pasaron, estos intentaban ir a por ellos y tragárselos para luego escupirlos y expulsarlos de su territorio. En su interior, jugos gástricos se formarían y dañarían la piel, así que era preferible que no les alcanzara.
Después de escapar de los territoriales Weepinbell y de que Lol hinchara a uno de agua con Hidrobomba, se encontraron, debajo del barranco, al perdido.
-¡Al fin! ¿Podrías bajar e indicarme el camino, por favor?
-Tengo una propuesta mejor. ¿Qué tal si te subo desde aquí?
-Con tal de que me saques, vale.
Dado el permiso para subirlo, ella tendió su mano sana hacia el. La finura que tenía en sus dedos le cautivó. Nunca se fijó en esas articulaciones, lo finas que pudieran ser. Y ese tono era tan cercano al blanco...
Se quedó embobado contemplando su extremidad, y ella se impacientaba.
-¡Vamos, cógela de una vez!- Y lo hizo. Ella no tenía la fuerza suficiente como para ayudar a todo un cuerpo humano, ni sujetando los dos brazos.
Lol la ayudó, sujetándola de la cadera y ayudando a que pudiera empujarle hacia arriba. Pero los ojos rojos que lo miraban antes y aquella ricura que dio a conocer la posible presencia de un Celebi quería jugar a un juego. Un juego que trataba sobre perderse, y el iba a empezarlo. Cosquilleó las axilas de Lol con sus alas, y de la risa, soltó tan rápido a Gionna que provocó una reacción en cadena.
El chico de pelo pálido se tumbó sin intención de espalda, y, como se agarraba tanto a sus brazos y al perder apoyo, perdió el equilibrio y ¡pam! Se cayó. Menos mal que el cuerpo del buscador desorientado le amortiguó la caída.
El chico se enrojeció. La situación era algo incómoda, le dolía, como si se hubiera partido la columna, pero de alguna manera, le gustaba. Pero a ella, aunque fuera accidental, le era embarazoso. Había cerrado los ojos para no ver como se estampaba al suelo, y se encontró con esa imagen medio encantada de él. Se levantó sin demora para liquidar esa desagradable sensación de asco hacia el tacto.
Plusle, Lol y Kyumbreon asomaron sus cabezas para ver si había algún herido. El pequeño roedor miró al perdido, como diciendo "¿Qué haces tú aquí, desgraciado?". Lol se sintió culpable, aunque no haya sido decisión suya soltarla.
-¿Estáis bien?
-Pefectamente.- Contestó él.
-¡Ni en sueños! Te ha caído una persona encima, ¿cómo vas a estar bien?- Rectificó.
-Yo ya estaba dolida desde un principio...- Efectivamente. Fearow no tuvo ningún cuidado al dejarla al suelo. La soltó de repente, y eso hizo que no pudiera sentarse un buen rato.
A la forma oscura de Eevee no le importó mucho, más le importaba que Lol los soltara.
-Te escuché que reías, y luego soltaste, ¿te has acordado de algún chiste?
Parecía mosqueado, y Lol se sintió peor. Lo que realmente importaba ahora es que ahora todos estaban perdidos, porque los más pesados estaban abajo. Se tiraron, sin remedio alternativo.
-Bueno, al menos te sabes el camino de vuelta, ¿no...?- Preguntaba temeroso.
-¡No!
-Genial... Bueno, al menos dime como te llamas.
-Esto... ¿Para qué tengo que darte mi nombre? Si cuando salgamos no nos vamos a volver a ver.
-Quien sabe... A lo mejor nos quedamos aquí para siempre.
-¡No si yo, elegido de Lunetah, os saca de aquí! Venga, vamos.- Ya supo lo que el chico quería en este momento. Y no le gustaba nada.
-Por cierto, me llamo Alberto...- Para cuando se dio cuenta, ella ya seguía a Kyumbreon. Después de un suspiro, siguió al grupo que se adentraba aún más.
Las grandes golondrinas del bosque volaban encima suyo para obtener su comida como si fueran aves rapaces. Los armiños de fuego también rastreaban alguna que otra presa para saciarse. Y las arañas tejían sus trampas, todo sea para su supervivencia.
Era un lugar tanto tétrico como hostil. Estaban dando vueltas circulares por el bosque. El travieso Murkrow, aburrido de verlos caminar, se presentó ante ellos. Gionna le aludió y Alberto recordó la mención de un demonio negro que provocaba la pérdida de los osados que se adentraban.
Este empezó a reírse de ellos. "¡Yo me puedo orientar solito, y vosotros no!" era su cántico. Una mofa que era. Alberto fue provocado, e intentó pegarlo. Falló, el cuervo esquivó volando y soltando sus risas. Lo maldecía y le tiró una piedra del suelo, que de nuevo no consiguió dañarle. Gritaba para que volviera y pudiera estrangularle, un esfuerzo de voz irrazonable.
En cuanto giró su mirada hacia sus escoltas, chica y Umbreon miraban avergonzados por esa actitud. Al ver a Gionna con la cara tapada con su mano, este se enrojeció, también de vergüenza.
-Mira que intentar atacar a un ágil pájaro de mal agüero...
-Que es muy mono...- Añadió su entrenadora.
-Eh... ¿Seguimos buscando la salida?- Propuso para apartar ese tema. Siguieron caminando y andando hasta caer el sol.
Empezaba a hacer mucho frío, y todos ellos estaban cansados. Hicieron un descanso en un rincón del bosque. Cogieron ramas que se cayeron para hacer una hoguera con las chispas de Plusle. Kyumbreon fue a la cacería de aves, y Lol, a recolectar frutos que crecían. Alberto quería tocar el bajo, pero no lo hizo debido al riesgo de que conozca su método de captura y levantar sospechas.
Estuvieron un buen rato esperando, y Alberto quería iniciar una conversación, pero no se le ocurría nada. Mientras, ella miraba los puntos blancos brillantes del cielo. No solía tener la oportunidad de verlas, y aprovechaba.
-Son bonitas... ¿Eh?- Tenía que decir algo. Ella no le hizo caso alguno. Estaba muy entretenida pensando lo grandioso que era el más allá del planeta y de lo insignificante que era todos los seres... Y de lo grandes que parecen.
-¿Hola?- Intentaba captar su atención. Nada. Tuvo que levantarse y taparle la vista.
-Eh, te estoy hablando.
-¿Eh?
-Te he preguntado si las estrellas son bonitas.
-Sí, sí...- Estaba medio dormida, y poco le apetecía responder sus preguntas.
Se sentó a su lado, preguntándole por sus gustos, y esta le respondía, con desgana. No tardó de pasar de darle información. Llegaron sus dos amigos, con la cena. Kyumbreon vio a los dos juntos y amenazó con matarle si no se alejaba de ella, pero Lol le pegó una colleja. Era un encargo que dejó su madre permitirle que socializara con otra gente, y ahora lo estaba haciendo, aunque su entrenadora no ponía de su parte.
Gionna, Lol y también Plusle se conformaron con comer los frutos que trajo su Lombre, en cuanto a los dos restantes comieron los Swellows cazados, pelados y asados, mientras la parte vegetariana miraban asqueadas como comían la carne.
Finalizada la cena, Gionna se acostó en el duro suelo. Pese al cansancio, le costó dormir. Miraba con envidia a Lol, que estaba en las mismas condiciones y dormitaba cual marmota. Alberto no la molestaba más, vio desde que se negó a responderle cual era su película favorita el sueño que tenía. Al fin, logró conciliar el sueño y estarse quieta.
...
Estaba en el pico de una montaña. Una montaña muy alta, que estaba entre nubes tormentosas. Rayos y centellas caían al suelo, rugiendo cuales fieras hambrientas. Los vientos soplaban muy fuerte, más bien la embestían intentando hacerla caer.
El pico más bien era un pedestal, que no permitía moverse mucho. Pensaba tirarse para aterrizar en un lugar más sereno, pero de pronto, un enorme dragón de una tonalidad verdosa muy cercana al negro, robusto y musculoso, de grandiosas alas y más alto que la misma montaña emergió de la tierra.
Esta atemorizante bestia rugió a los cielos y después dirigió su mirada hacia ella, que no encontraba modo de escapar de él. Abrió su boca para comerla, agarrándola con varias lenguas de su boca. En cuanto la ha agarrado, se trasladó al mundo real, abriendo moderadamente los ojos.
Quería moverse para volver a acomodarse, y no pudo. Tenía un lastre que le agarraba como las lenguas bífidas de la bestia de sus pesadillas, que le daba más calor de lo necesario. Oía una respiración profunda inmerso en un sueño de dulzura, de objetivos cumplidos. Giró hacia el lado de donde provenía esos ruidos estremecedores. Era Alberto estrujándola cual oso de peluche. Intentó no gritar, en vez de eso, localizó una de sus manos y le dio un bocado de cocodrilo.
Le despertó, dolido por ese mordisco, soltándola a la vez. La abertura sangrante, provocada por las húmedas incisivas y caninas le dolía, al igual que los morados y las marcas que dejó sus muelas.
-Ay, ay, ay... ¿Pero por qué me has hecho esto?- Decía entre dientes, para asimilar con más facilidad el dolor que le causa.
-¡Hombre! Mira que estar sujeto a mí de esa manera mientras dormías... ¿¡A caso tú duermes con peluches y te lo has dejado y-y-y tenías que remplazarme por ese peluche!?
-Lo-lo siento, lo hice sin darme cuenta...- En parte, era cierto. En un momento dado, el subconsciente le hizo jugar esta mala pasada mientras empezaba a sumergirse en su mundo. Aunque ya se dio cuenta antes, y le agradaba tenerla como su animal blando personal.
Gionna no se lo acababa de creer. Había aprendido que la gente podía mentir, y en este caso podría hacerlo perfectamente.
-Con que era sin darte cuenta... Pues... Bueno, sea queriendo o no, procuraré que no vuelva a pasar. ¡Kyu! ¿Estás aquí?
Kyumbreon estaba regresando de otra cacería, esta vez, por gusto. Tardó medio minuto más de lo esperado en llegar.
-Perdóneme, estaba enseñando a dos Ariados que con mi poderío no se juega. ¿Le urge algo?
-Hazme el favor de vigilar a este laposo, si no te importa.
-¿Laposo? ¡No me diga que...!
Gionna asintió con la cabeza para confirmar sus perspicaces suspicacias.
-Grrrr... Lo haré con mucho gusto. Duerma tranquila, pondré ojo avizor para que no se le vuelva a acercar.
-De veras te lo agradezco, Kyu. Argh, ahora me va a costar volver a dormirme...- Se quejaba.
Ella pudo dormir en paz, Alberto, en cambio, todo lo contrario; los ojos redondos e inexpresivos de Kyumbreon le miraban vigilantes para que no volviera a abrazarla en sueños.
Y así, la noche pasó hasta el nuevo surgir del gran astro...
