Capitulo 14
Un curso de agua constante acariciaba sus pies, aliviándolos un poco. Todos estos días no estuvo mucho sentada, y necesitaba algo que ayudara a soportar el quejido de las extremidades inferiores.
Añoraba a su familia, y dejaba caer las lágrimas que no pudieron salir para confundirse con el agua, darles un poco de sal a los peces que habitaban el río. Sollozaba, para reconfortarse. Kyumbreon no soportaba aquellos llantos desconsolados, pero no podía hacer nada para que parara. Lol no sabía como consolarla, lo único que se le ocurría era poner una de sus manos en el hombro libre intentando decirle que algún día podrá volver a ver a su familia, que el equipo Aqua tendrá que dejar algún día de adoctrinar a la gente joven de su pueblo, de dejarlos de modelar para que fueran sus depredadores.
Pero no tenía el don de la palabra, y su traductor no le apetecía traducirla. Aún así, ella seguía llorando ignorando el gesto de apoyo. Mientras, Helio venía sujetando una fiambrera con la comida que se dejó ella, acompañado de la pareja de animadores conejiles. Plusle, que antes estaba triste, se alegró de verla, rebosó de júbilo y corrió a por ella. Helio grito a Plusle que esperara, pero tuvo que correr él también. Kyumbreon, con sus finos oídos, escuchó su respiración, acelerada por el empleo de energía, cargando un salto para abrazarla. Tomó las prisas que llevaban el grupo de Helio como una amenaza, y avisó de que estaban llegando a ellos.
-Para de llorar, los siervos de quien renegaste van a por nosotros.
-¿Por qué no me dejarán en paz...?- Tardó en reaccionar, tenía que limpiarse las lágrimas y ponerse los zapatos, y en cuanto empezó, Plusle ya se lanzó a por ella con cariño. El movimiento brusco asustó a Gionna, haciendo que mirara a su rostro feliz. Su mirada, llena de tristeza, mojada por el rocío que producían sus ojos, convirtió esa felicidad en duda. Luego llegó Helio, cansado, y con su llegada, enfocó su vista a él.
-Tú...- Pronunció en voz baja, sin decir su nombre, sin mostrar signo de alegría alguno, con su cara apenando a todo el personal. No se esperaba encontrar así a Gionna, es más, no pensaba que estaba en el río mojándose los pies y llorando.
-Me dijo Alejandro que te encontrara y que vayamos juntos a Villaestío.- Dijo fríamente. -Y su madre me encargó que te diera las croquetas que dejastes.
-En estos momentos tiene una odiosa crisis emocional. No es recomendable que la molestes con las sandeces que manda tu jefe.
-¿Qué le pasa?- Preguntó curioso, pero Kyumbreon se negó a explicarle, ni ella pronunció palabra. -Bueno, está bien, si queréis seguir así por mí perfecto. Iré a buscar a Selena pues. Adiós.
Se encaminaba hacia la cueva, dejando a Plusle desesperada. O quedarse con ella o ir con él. Mas no le hizo falta. La triste quedó mirando el agua fluyente pensativa, y al fin dijo más de una palabra desde que se fue.
-Selena... Es la chica que desapareció, ¿me equivoco?
-No. ¿Por qué lo preguntas?- Confirmado de nuevo que ella era solo un mero remplazo, sacó los pies del agua, se puso sus calcetines blancos y bambas rojas y pequeñas sin importarle la sensación que le diera las gotas de agua que quedaron en los pies y se levantó. Al fin supo qué hacer para que la dejaran en paz.
-Voy contigo.
-¡Pero señora mía! Si más fácil y menos peligroso sería huir a un barco. ¿Para qué hubiéramos recogido el equipaje, pues?- Era inaudito y contradictorio lo que iba a hacer. Renegó de obedecer al hombre de pelo hierba, pero ahora iba a hacer lo que él le mandó.
-Ya lo sé, pero quién sabe lo que podrían hacer para que no nos marchemos. Espérame aquí, voy a dejar el equipaje.- Cogió la maleta verde desde el mango para arrastrarlo, y también se puso su bandolera para transportarla, y la bolsa con la ropa en la mano izquierda. Antes de entrar en el pueblo, encontró la roca espacial de tamaño medio que cayó hace unos momentos. Inspeccionó un momento el meteorito, y, al ver que tenía un pequeño fragmento de ese, lo cogió.
Emitía un poco de calor, un calor que no llegaba a quemar, algo que le venía bien para combatir contra el frío, al menos en la espalda, porque no podía llevar consigo si no lo metía en la mochila. Quitó la mochila a Lol, que siempre la seguía para probar si le daba calor, y lo hacía, por poco tiempo, hasta que llegó a la base. Subió a su habitación y se llevó la ropa que compró, un estuche, una caja de colores y una libreta para dibujar extraídas de su bandolera, todo en la misma bolsa lo llevó. No estaba Alejandro, afortunadamente para él. No quería verle la cara. Metió antes a Honchpato en su pokéball, para que el viaje no fuera tan pesado.
Se reunieron de nuevo con Helio, y se fueron dirección Otonia. El chico de pelo azul oscuro no paraba de preguntarle que le había pasado, la razón por la que lloraba, y no paró hasta que Kyumbreon le amenazó.
En la entrada, el ser venido del espacio miraba su alrededor, hasta que vio desde una lejanía que ellos dos y estos cuatro se acercaban. Le señalaban, se preguntaban que era. Por primera vez, Gionna no sabía que especie se le presentaba. Pero no dejó que la incertidumbre le cortara el paso.
La presencia de humanos, al extraterrestre le molestaba, y se puso en postura agresiva. Preparaba por segunda vez un ataque y un cambio afilado de forma. Ella tragó saliva, no le gustaba lo que estaba creando el hostil forastero. Ya se preparaba para esquivar el ataque, pero era lenta de reflejos y le iba a dar de lleno si no fuera porque Kyumbreon se puso en medio.
Era una bola surgida de energía psíquica, y debido al elemento que manejaba, no le hizo nada. Sacudió todo su cuerpo vacilante como perro quitándose el agua. Fue un alivio para ella, había visto un ingreso a un hospital y horas de agonizante sufrimiento al canto. Visto que esa hostil criatura insistía en atacar, Kyumbreon consideró que lo mejor sería defenderse, o quitarlo de su vista.
-Apártate, querida, este insecto gigante no parece que quiera dejarnos pasar por las buenas.- Ella se volvió para atrás, también arrastrando a Helio para atrás a unos cuantos metros.
Kyumbreon cargó su onda oscura, confiando en que el golpe fuera rápido y mortal, pero entonces, de nuevo, aquel guarda cambió de nuevo. Esta vez ganó más masa corporal mientras se enrollaba sobre sí mismo y ponía sus tentáculos en cruz, un aspecto robusto adquirió. Sus látigos eran ahora tiras duras que le servían de bloqueo físico, y para ataques especiales como este, creaba una esfera protectora que lo cubría totalmente.
El pulso umbrío no tuvo nada que hacer contra la dura burbuja. Kyumbreon no se acababa de tragar que este ser saliera totalmente ileso de su mortífera onda. Cambió de nuevo de forma, esta vez ganó delgadez, y los tentáculos, a parte de ser ahora mucho más delgados no iban de par en par. Solo uno por cada lado. Era ahora mucho más liviano, sin esa armadura naranja que dejaba al descubierto su parte azabache. Lo único que tenía cubierto era la cabeza con un casco y en el comienzo de las piernas, un aro amplio.
Al cambiar de forma, Kyumbreon vaciló y preparaba otro pulso umbrío, mas el avispado alienígena desapareció de sus ojos. Fue un movimiento muy veloz. No llegó ni al segundo cuando se convirtió en un corto destello negro anaranjado que se alzaba al cielo. Helio no cabía de su asombro ante las múltiples técnicas que empleaba aquel ser polimorfo, también por las formas que adquiría.
Kyumbreon buscaba por los alrededores, no pudo determinar exactamente para dónde se había ido. Gionna estuvo algo preocupada por ese guarda del espacio, y por casualidad, que quería ver las nubes circular, lo vio. Estaba a poca altura, y se preparaba para lanzarse.
-¡Kyumbreon, protégete!- No cuestionó su vista. Iba a crearse el escudo, pero no le dio tiempo a reaccionar; el delgado señor de la velocidad se precipitó cual rayo, golpeando duramente a Kyumbreon, una y otra vez, levantándolo al aire, sin dejar que cayera al suelo.
Al cesar de atacar, al fin tocó tierra, bruscamente. Aún podía levantarse, pero le costaba horrores. Sus patas estaban contusionadas, todo su cuerpo estaba magullado. Visto que aún estaba consciente, el ser negro anaranjado volvió a cambiar de forma, a su puntiaguda forma, listo para rematarlo. Bajó a tierra y alzó los tentáculos izquierdos, que ganaron aún más grosor para atestarle un golpe brutal. Gionna estaba desesperada por encontrar una solución, y, pese a sus nervios, encontró una solución.
-¡Plusle, usa chispa!- La receptora no entendió la orden. -¡Onda trueno, ataque rápido, impactrueno, lo que sea, pero paralizare ya!
En cuanto dijo paralizar, lo entendió. Corrió hacia el agresor de Kyumbreon mientras ella sacaba nerviosa su capturador. Soltó finos rayos azules que pararon a tiempo el ataque. Después de soltar su energía, se retiró exhausta.
Mientras volvía al lado de Gionna, ella inició la captura, dejando previamente la bolsa al suelo y, pese a las dificultades que tenía al hacer círculos debido a las sacudidas que daba involuntariamente y Kyumbreon, que estaba en medio, logró que el aparato le indicara que es suficiente. Pero no fue así. Una película parecida a una membrana se desveló a poco rato que la luz tocara su cuerpo, repeliendo y partiendo a chispas el círculo.
-¿Qué?- Exclamó con duda tenuamente. Ni siquiera con el pokémon del superior más despiadado con el que se había enfrentado en estos días le había ocurrido lo que le acababa de pasar. Helio ya se lo esperaba, no confiaba en que pudiera capturarle. No parecía mostrar amor por los pokémon como él y su compañera, le parecía más bien que tenía miedo a ese extraño, que le odiaba por herir a su Umbreon.
El pokémon se sintió raro en cuanto la línea de captura rozó su protección, por lo que se retiró y dejó a Kyumbreon en paz. Gionna corrió hacia su consejero, al igual que Lol, para socorrerle y aliviarle los golpes con su propia agua. Kyumbreon denegó su bien intencionada ayuda con una amenaza.
-¿Estás bien, Kyu?
-Tch. ¿Tú qué crees? ¿A caso aparento gozar ahora de buena salud?- Le contestó irritado por su inesperada derrota contra el monstruo que atacó, del cual huyó por una lucecita que no le llegó a tocar.
-Bueno, descansa un rato, luego si te recuperas te saco, ¿sí?
No tenía más opción. El modo más fácil de seguir viajando con ella pese a las contusiones era que le metieran en la pelota de parte roja semitransparente del que detestaba estar. Redujo el tamaño de la pelota después de que el rayo rojo lo redujera a él y en el bolsillo del pantalón lo metió. Helio seguía pensando que transportar pokémon en pokéballs eran ataduras impuestas por el ego humano para su placer y diversión. Pero ni ella ni Kyumbreon tenían remedio alguno para ahorrarle el trabajo a la bola. Por el momento él estaba incapacitado para mantenerse en pie y caminar, y para Gionna llevar a Kyumbreon en brazos era un lastre que le resultaba muy costoso llevar, a parte de que le preocupaba hacerle más sufrimiento del que padecía en ese momento.
Continuó su camino, sin esperar a Helio, sin dar orden alguna, olvidándose de él gracias al estado del chacal. Helio fue corriendo hacia ella, suplicando que le espere. A la vez que ellos entraran, el gran cazador de leyendas David también entraba en la cueva por lo que sería para ellos la salida. Se dirigía como sus hermanos al mismo destino, pero él optó por la vía terrestre. A parte, ansiaba llevarse una vida de sus peores enemigos consigo.
Anda acompañado de esta vez de un microraptor, una mezcla extraña entre reptil y ave cuyas plumas estaban coloreadas de vivos amarillos, verdes y azules, manos que acompañaban las alas, cuerpo desplumado rojo, que en tiempos de antaño fue un depredador infalible cuando le apetecía algo de carne en su menú. A la mitad de la mitad del camino, se encontró con el curioso pero hostil extranjero en su usual forma, mirando la cabeza de un Digglet con ojos extrañados.
No creía lo que veía. En una de las revistas de divulgación científica que tanto ojeaba su padre, había una sección dedicada a un extraño pokémon dotado de la habilidad de levitar por el aire hallado en la urbe de Auckland, coincidiendo su aparición con la caída de un pequeño meteorito a las afueras. La criatura de una de las fotografías era idéntica a la forma que él presentaba. Era una criatura que la desconcertada comunidad científica tuvo el honor de llamarlo "Deoxys", por sus tentáculos que les recordaron a la doble hélice del ADN mientras se transformaban en brazos.
Leyó que poco se pudo saber de ese pokémon, puesto que era muy recio ante cualquier presencia. Siempre que se intentaba atrapar, desataba su propia furia con energía sacada de su orbe, y a veces originaba algún ingreso en el hospital que no acababa bien. Pensaba ir a por él, pero también avistó a los mismos que intentaron impedir que capturara a Registeel. Por una parte, verlos de nuevo vivos le fastidiaba, pero por otra, parecía que la suerte le acompañaba. Hoy tenía mucha, muchísima sed de sangre.
Asimismo Gionna vio a Deoxys, que hizo que se detuviera en seco. Estaba empezando a ser un muro que impedía llegar a su libertad, y ese muro móvil tenía que derribarlo, dejarlo incapacitado para moverse para que parara de obstaculizar su travesía. Sacó la pokéball de Honchpato de su mochila, y en proceso de liberar al ave por segunda vez en el día, Helio le agarró de la muñeca para que no la lanzara.
-¡Detente! ¿Qué vas a hacer con ese pobre pokémon encerrado?- El grito de Helio hizo que Deoxys se percatara de su presencia. Estuvo observándolos, por si volvían a intentar algo con él.
-¡Jo, pues despejar el camino! ¿Qué quieres que haga?
-¿Es que siempre tienes que recurrir a la violencia o qué?
-He empleado vuestro método, ¡y no ha funcionado!
-Claro, ¡porque no sentías nada bueno!
-... Tú... ¿Quién eres para decir lo que siento?- Preguntó molesta por su especulación sobre sus entrañas.
-La única razón por la que no puedes capturar un pokémon es transmitiéndole sentimientos negativos. Si capturas a un pokémon con odio o con miedo, no lo alivias, sino lo hieres.
Era totalmente ilógico para ella la explicación de su funcionamiento. Las máquinas, aparatos electrónicos, según ella, no podían captar algo tan subjetivo como son los sentimientos, por lo que era incoherente que el capturador haga un lazo de empatía.
-¿Qué tontería es esa? Las máquinas no sienten, y menos pueden saber lo que tú sientes, ya que no saben lo que es, por lo que no pueden transmitir lo que tu sientes.
Escuchada la discusión entre los supervivientes de la cólera de su Tyranitar, David aplaudía a la conclusión de Gionna. Deoxys giró de nuevo su mirada, hacia el muchacho de cuernos de gomina.
-Bravo, ¡bravísimo, señorita! Parece que no eres igual que todos esos panolis de tu calaña. Y mira que pensaba matarte ahora mismo...- La primera frase le dijo todo. Se anticipó a la pregunta que le iba a hacer, respondiéndola sin que la pudiera mencionar.
-No es mi calaña. Y tampoco seré de la tuya, si es eso lo que pretendes.
-Oh... Que lástima. Hubieras sido un buen miembro... Pero no me dejas opción.
Desenfundó su guitarra mientras ordenaba a Archeops que atacara, y, de paso, trató de capturar a Deoxys, sacando su peonza de los colores de la oscuridad. Al empezar oír la estridente melodía de su guitarra, bruscamente ella se libró de las zarpas de Helio, tirándolo al suelo para que ella pudiera esquivar el accelerado ataque aéreo de Archeops, agachándose y a la vez metiendo de nuevo la pokéball de Honchpato en la mochila, y sacando la de Akirosoku. Todo y que no le hubiera hecho falta el intento de protegerse; Lol se interpuso en la dirección del ataque, recibiendo el golpe de lleno, protegiéndola.
El golpe, recibido en el estómago, hizo que se le escapara algún fluido salival. Yació inconsciente en el suelo por el golpe recibido, y la pareja de animadores intentaron reanimarla con Refuerzo inútilmente. Gionna se asustó al ver a su compañera tirada al suelo, sin levantarse. Archeops miró a ambos, que se levantaban. Helio se enfadó con ella por tumbarle por sorpresa.
-¿¡Tenías que tirarme al suelo para que soltara!?
-¿Y tú enfadarte conmigo ahora? Por si no te has dado cuenta... Oh, oh, vuelve a tirarte.
Se percató de que el monstruo volador iba a utilizar de nuevo Acróbata, y visto que no le hacía caso, lo embistió hacia el suelo antes de que fuera demasiado tarde. Archeops se tambaleaba en su torpe vuelo, costándole detenerse. Helio se quejó del dolor que le causó la embestida y la caída.
-Ya me lo agradecerás, ya...- Volvió a levantarse, Helio, en cambio, no quiso, por si tendría que volver a caerse. Gionna sacó a su Slowpoke, sacado como siempre cuando estaba echándose la siesta. Después de un bostezo, se levantó medio dormido. El ser volador se reiría si no fuera porque le está controlando una guitarra. Intentó de nuevo atacar con el mismo ataque a Acróbata a la misma persona, pero, pensando que el ataque iba dirigido al durmiente corredor, este lo detuvo en seco con su mente de enseguida. Sus ojos se iluminaron de un tono rosado, deteniendo a Archeops en el aire.
Después lo soltó, haciendo que sin remedio se cayera al suelo. Ver que tardaba en levantarse, reanudó la siesta, hasta que, lleno de ira, Archeops rugió sediento de venganza. Para él fue un quejido de dolor, y confió en que no se levantara para golpearle.
-Akiro... Levántate...- Ordenaba nerviosa, pero su Slowpoke quería volver a sus plácidos sueños. Corrió velozmente, yendo a por él con sus garras. El ataque le pilló por sorpresa, desgarró su carne, pero Akirosoku no notó la fisura que creó en su propio cuerpo, por lo que no impidió que atacara con fuerza, rodeándose de agua y dar un rápido golpe, no obstante, Archeops, más veloz y avispado que Akirosoku, lo esquivó.
Mientras la batalla de velocidad proseguía, David le estaba costando capturar a Deoxys. No parecía que los círculos que hacía le hiciera efecto alguno, no lo ralentizaba, ni lo aquietaba como todos los que capturó. Cambiaba constantemente de forma, a la vez que sus virtudes. Finalmente, por un descuido suyo, regresando a su forma original, sucumbió al poder de la peonza. Intentó huir, pero fue inútil. Ya estaba a su merced. Y, ya que acabó de capturar, ansioso por ver sus cadáveres, se encontró con un Helio harto de ver golpes y luchas, a una Gionna pensante y a Archeops entreteniéndose con el raro Slowpoke.
Creyó que Archeops acabaría pronto por la herida de Akirosoku, pero no quería dejarse golpear por sus garras y sus fauces. Finalmente, Gionna se hartó de ver como esquivaba Archeops sus aqua jets, y, dudando de que tuviera suficiente capacidad mental para hacer dos ataques a la vez, dio la orden de detenerlo con confusión, mantener el ataque y utilizar a la vez su ataque característico. No retenió por mucho tiempo a Archeops, pero le quitó los segundos necesarios para que el golpe fuera certero.
El agua, para la piel de Archeops, era como un ácido que lo corroía, por lo que el golpe lo dejó débil, no lo suficiente para que no pudiera mantenerse en pie.
-¡Jo, jo, jo! ¿Te crees que te basta con eso para tumbar a mi dinosaurio?- Reía vacilante su dueño, pensando que Archeops era invencible. Gionna también dio una sonrisa cuando mostró signos de ignorancia sobre su pokémon.
-Tú espérate...- Archeops volvió a usar garra dragón con sus uñas velozmente desde tierra. Confiado en que no le alcanzaría, Akirosoku se quedó quieto a la espera de que las garras estuvieran a pocos centímetros de él, pero no pudo esquivarlos.
Al contrario que el anterior ataque, este no le hizo nada a Akirosoku. Pasó de hacer que brotara sangre en la carne a hacer solo una rasgada en la piel del hipopótamo veloz.
-¿Pero qué co...?- No llegó a acabar la frase. El golpe que dio era aún más débil que el anterior, y no comprendía por qué. Sin embargo, ella sí lo sabía.
-Archeops es un pokémon muy fuerte, ciertamente... Pero cuando está medianamente herido, este empieza a reducir su ataque para ahorrar energías. Lo llamamos "flaqueza"... Es una de las peores habilidades, junto a "ausente" e "inicio lento". Y ahora... ¡Congélalo, Akiro!
Akirosoku abrió su boca, dejando escapar una corriente de aire muy frío y fuerte. El reptil volador se helaba, le rasgaba su piel dura y atrofiaba los músculos de las alas. Estaba haciendo sufrir al Archeops más de lo que se merecía. Suplicó a Gionna que parara de atacarle, pero ella se negó. Temía que esta vez no pudiera, recordando la captura fallida de Ariadna. Pero, no obstante, recordó la deducción que hizo Helio. "Quizá este caso no fuera diferente", pensó.
Aprovechando que Archeops estaba inmovilizado por el frío para capturarlo con el aparato. Los círculos de su disco capturador sí llegaron a tocar a Archeops, que inútilmente intentaba huir sin saber que lo curaría. Ella estaba en lo cierto. El aparato que sujetaba ella no era nada corriente. En cuanto nadie pudo contra el Tyranitar de David, ella pudo contra el Archeops de la misma persona. Lo único que no podía calmar era al bravo alienígena.
Todos no se creyeron lo que acababa de pasar. Al final lo que dijo su hermano Emilio era cierto. Realmente, había alguien capaz de hacerles frente. Dejando a Archeops atónito de lo que había pasado, ella vio a Deoxys al lado del demonio. Quedó con la boca abierta. Pudo controlar al único que no pudo hacerle frente.
-Tú... tú... has podido con mi Archeops. Pero no importa, Archeops no tiene comparación con lo que acabo de atrapar.- Rió maléficamente, enloquecido. -Con este pokémon... ¡Pondré fin a vuestras vidas! ¡Dales todo lo que tienes, Deoxys!
Su nuevo y poderoso vasallo no tuvo más remedio que preparar un potente psicoataque, una bola infalible por su tamaño.
-Oh, no, ¿otra vez intentas matarnos?
-Pero esta vez con un ataque directo... De aquí no salimos vivos.- Dijo lo obvio desesperanzada, infeliz, por acabar su vida de la peor manera que podía ocurrir. Deoxys soltó la bola, directo contra el dúo de humanos y reanimadores, rendidos por emplear infructuosamente sus esfuerzos para recuperar la consciencia de Lol.
Cerró sus ojos y levantó su brazo para protegerse inútilmente del ataque que la mataría. Pero antes de que llegaran a ellos, una figura transparente, invisible, el ángel de la guarda de Gionna volvió a protegerla de un fatídico destino. Creó una barrera que impidió que la bola hiciera su cometido. La bola desapareció después del destello producido por el choque.
David reía victorioso, tras el destello, y, pasada la luz, dispuesto a contemplar los cadáveres que había creado, se llevó un disgusto en cuanto vio que esas miserables cucarachas seguían vivas, y ella abrió los ojos, preguntándose si seguía viva.
-Hay que ver. Sois peores que las ratas, no se os puede matar con nada. ¡Bah, a la porra, me piro!- Y se metió dirección a las profundidades de la cueva. Gionna metió a Lol en su pokéball, sacada de su mochila. Se preguntó que había pasado. ¿Por qué no estaba en el otro mundo? Pero no dejó que eso la parara en su camino hacia Villaestío. Ordenó a todos la que la acompañaban a que siguieran caminando, alterada por todo lo ocurrido.
