Capítulo XVII
El hambre, el agotamiento y las heridas hacían estragos en los Enanos sitiados en La Montaña Solitaria. Las horas pasaban como días.
Kili y Belladonna permanecieron inconscientes por casi dos días mientras Smaug revoloteaba por los alrededores aterrorizándolos. La Puerta Principal era una amenaza pues por allí podía entrar el monstruo y destruirlos de una buena vez. Pero algo había distraído el juego sádico de la bestia, algo que ocurría más allá de las laderas. Nada sabían del mundo de afuera más que lo que Bofur, Fili y Ori en su vigilancia podían ver.
La situación adentro se había puesto tensa, Thorin no toleraba tener a Belladonna y a Kili allí tirados en el piso inconscientes al cuidado de Oin, sin saber de verdad cómo estaba su salud y sin saber qué respuesta le iba a dar ella a su propuesta. Al parecer una enfermedad los agobiaba ahora. Era un castigo. Atormentado se iba a recorrer Erebor por horas y horas recordando el pasado y ensombreciéndose completamente sin el consuelo de tenerla a ella allí para escucharlo.
Los otros Enanos por su lado hacían otras cosas, el trabajo era su pasión por lo tanto no tardaron en empezar a limpiar y arreglar el reino así fuera paso por paso. Recuperaron las armaduras, escudos y las armas de sus antepasados y las limpiaron para ellos usarlas algún día.
Pasaron dos días así, pero no más. Algo ocurría en las afueras de la montaña y de Smaug no supieron más, se había ido pero eso no les daba ningún alivio.
Pronto sabrían lo que estaba pasando, cuando al despuntar el sol del tercer día del sitio un cuervo llegó a donde ellos estaban, trayendo un mensaje y el sonido de unas trompetas en la lejanía.
-Soy Roäc, hijo de Carc ¡Oh Gloriosos Khazâd de tiempos antiguos!. He venido a traerles la noticia de que la gran bestia, Smaug el Magnífico, ha muerto- dijo el cuervo ante los Enanos en la Puerta.
-¡Muerto!- gritó Nori.
-Muerto- repetían Bofur y Fili perplejos.
-Sí, y que al zorzal que lo vio caer nunca se le caigan las plumas. Vio a los Hombres de Esgaroth acabar con él. Bardo el Arquero ha matado al dragón- cantaba Roäc agitando sus alas –Glorioso sea ese día-
-¡Muerto Smaug!- saltaron los tres –Muerto, el gusano ha muerto-
-Pero he de decirle algo a Thorin Escudo de Roble, el tesoro es todo suyo, pero la noticia de la muerte de Smaug ya llegó a todos los reinos aledaños y han venido para acá ambicionando encontrar el valioso oro-
Fueron ésas las palabras del cuervo.
Ori y Nori corrieron a llevar la impactante noticia a las entrañas de las cavernas.
-Sí, así es hermanos. Smaug ha muerto- jadeaba Nori de la emoción.
-"¡Bajo la montaña tenebrosa y alta
El rey ha regresado al palacio!
¡El gusano terrible ha caído y ha muerto
Y así una vez y otra caerá el adversario"-
Cantaban los Enanos la legendaria canción por los cavernosos recintos.
-Pero cuidado, el cuervo nos advirtió algo…Creemos que hay gente afuera- informaba Nori -¿Dónde está Thorin? Debemos llevarle un mensaje-
-Se perdió otra vez- meneaba la cabeza Dwalin- Algo le pasa desde que Oin diagnosticó que Belladonna estaba enferma. Es que no puede estar en paz. Cuando creíamos que todo se arreglaba… pasan estas cosas ya ves-
-Ve a buscarlo, Dwalin. Creo que anda ya sabes dónde, en los aposentos de su abuelo- le dijo Balin.
El Enano fue a buscar a Thorin rápidamente mientras la confusión, y a la vez los cantos, imperaban en todo Erebor.
-¡Nunca!- rugió el rey Enano al enterarse del mensaje de Roäc- No permitiré que oportunistas vengan a adueñarse de nuestro tesoro-
Tal como dijo Balin, Thorin Escudo de Roble se encontraba en los aposentos de Thrór, ahora en ruinas, pero el Enano se esforzaba por arreglar todo de nuevo. Y la preciosa Piedra del Arca había sido guardada allí en su antiguo cofre de plata.
-Eso dicen- explicaba Dwalin – Mucho me temo. Y ya están aquí…ellos-
-Es nuestro oro, y más ahora que yo voy a levantar el reino otra vez, que tengo tantos planes ¡No tienen derecho alguno!- se paseaba inquieto por todo el cuarto, molesto por tal atrevimiento. La muerte de Smaug le había dado una enorme alegría pero la idea de tener a gente oportunista allí lo arruinaba todo y había envenenado el alma debilitada del jefe de los Enanos.
-Debemos dialogar con ellos- opinaba Dwalin y con razón. Thorin a pesar de su ofuscamiento, trataba de razonar.
-Eso creo.. .ehh ¿Cómo siguen Kili y Belladonna?- preguntó preocupado.
Dwalin negó con la cabeza apesadumbrado.
Thorin frustrado dio una patada a una roca que encontró en el piso pues la preocupación le oprimía el pecho y ahora se presentaba eso… un ejército de gente a puertas de su reino. Era el peor momento, necesitaba que sus seres queridos ("su esposa y su hijo" le repetía la mente) estuvieran bien para él afrontar aquella difícil situación pero no era así.
Dos ejércitos se acercaban a la Montaña Solitaria liderados por un majestuoso Elfo montado sobre un alce blanco. Era el rey Thranduil que venía a Erebor y no estaba solo, venía con Hombres, un ejército de Hombres encabezados por Bardo el Arquero.
Los cascos y las lanzas brillaban a la luz del sol matinal y esos reflejos se vislumbraban desde la entrada del reino Enano. Era todo un mar de armaduras y caballos engalanados para la guerra.
Tardaron unas horas para subir y llegar a las puertas de Erebor donde esperaba Thorin y cinco de sus Enanos más fuertes, con sus armas y escudos preparados. Los Elfos y los Hombres traían sus estandartes y todo parecía muy pacífico.
-Saludos, Thorin, hijo de Thráin, hijo de Thrór- saluda Bardo muy sorprendido- Están vivos, Enanos de Erebor ¡Grandes noticias!-
-Sí, estamos vivos, veo que eso los sorprende mucho ¿Y dónde está Smaug?-
-Muerto y pudriéndose en medio de Esgaroth, la ciudad que destruyó- habló Bardo.
Thorin no dejaba de lanzarle miradas a Thranduil que indiferente observaba todo el lugar.
-Lo ven, hemos llegado y hemos vencido. Aquí está de nuevo el Rey Bajo la Montaña, y las profecías se han cumplido- el Enano se alzó majestuoso ante todos ellos.
-Bardo, heredero de Girion, ha matado a la bestia, Thorin, hemos venido a reclamar la parte del tesoro que corresponde a Valle y al Bosque Negro- habló Thranduil al fin, ignorando lo último dicho por el Enano.
-El tesoro es sólo de los Khazâd- el hecho de que hubiera sido Thranduil el que planteó el reclamo cegó a Thorin de ira- Y sólo nosotros hemos venido a luchar por este reino, nadie más. Los demás lo que hicieron fue entorpecer nuestra misión. Ahora no quieran venir a aprovecharse- soltó una clara indirecta a Thranduil.
-Thorin- Bardo intercedió- Parte del tesoro de mi gente, la gente de Valle, que Smaug nos arrebató está allí también. Eso nos corresponde a nosotros y más si soy yo el que mató al dragón-
-¿Qué es lo que quieren aquí con este ejército? Porque para pedir parte del tesoro sólo necesitan a una persona- respondía Thorin suspicaz y la maldición de Smaug se adueñaba de él otra vez ante la indignación que sufría, poco a poco- Ah sí, claro. Vinieron para adueñarse del tesoro creyendo que estaba muerto, porque todos creía que Smaug acabaría con nosotros-
Parado firmemente frente a los inmensos caballos y altos hombres, Thorin no retrocedió y no cedió en nada.
-No compartiré mi tesoro con ustedes, mucho menos con este Elfo-
-Te comportas como todo un rey, Enano. Ya veo...- torció el gesto Thranduil con un tono sardónico que hirió al Enano.
Pero una cosa había aprendido Thorin durante el viaje, y era a controlar esos demonios y más si eran infringidos por el oro y la codicia, o las provocaciones. Se decía que no se dejaría dominar.
-Sí, es verdad, estoy aprendiendo. Aquí estamos construyendo nuestro reino, y con buenas nuevas, habrá rey y reina- soltó aquello con la ingenuidad de su inexperiencia con el amor.
-¿Una reina?- alzó una ceja Thranduil con algo de envidia -¿Pero quién es tal afortunada en tu corazón, Enano? No he visto nunca a una mujer Khazâd-
-Será una hobbit- sonrió orgulloso- Lo ven es un reino nuevo para una vida nueva-
Una sonrisa cruzó el rostro de Thranduil y no era nada agradable.
-Por Ilúvatar que estos Enanos han hecho un desastre en este lugar… una hobbit de reina, sin duda muy majestuso para los Khazâd, Thorin Escudo de Roble. Harán una parejita... preciosa- musitó el rey Elfo riendo y dejando a Thorin perplejo, pues no se esperaba aquello- Bueno, la pareja va con tu atuendo-
-¿QUÉ QUIERES DECIR?- bramó el Enano ofendido. Tal vez se había controlado antes, pero ahora el Elfo se metía con Belladonna y eso no lo toleraba–Retráctate, estás tratando de ofender a la señorita Belladonna Bolsón-
-"Reina Belladonna Bolsón"… tiene mucho estilo- se burló Thranduil de cada palabra de Thorin. Bardo a todas ésas se había quedado callado pues no se atrevía a discutir con el rey Elfo un asunto tan delicado- Yo no he visto casi nada de los hobbits, pero, bueno, supongo que al menos será algo más "bonita" que una Enana y no tendrá barba, porque la verdad …Nunca entenderé el sentido de la belleza de los Enanos ¡Ah! Por supuesto, también irá acorde a tu tamañito-
-¡CÁLLATE!- enfurecido el Enano sacó su espada e iba a cometer una imprudencia, pero Dwalin y Glóin lo detuvieron. Eran claras las provocaciones de Thranduil pero para Thorin era demasiado que soportar así que no podía razonar –La belleza, Elfo, de mi Belladonna no es ni de lejos esa nauseabunda idea de belleza que tienen los Elfos-
-Basta- intervino prudentemente Bardo a favor de Thorin, sabiendo lo mucho que lo había herido el rey Elfo con sus impertinencias- Esperaremos tu respuesta, Thorin hijo de Thráin, Rey Bajo la Montaña. Sé justo y sabio en tus meditaciones ante nuestra propuesta-
Enardecidos los Enanos dejaron a los emisarios aquellos con la palabra en la boca. Llevaron a Thorin adentro para que se calmara y pensara con la cabeza fría. Había que sopesar las ventajas y desventajas del negocio propuesto por Thranduil y Bardo, olvidando las provocaciones de los Elfos.
Con un puertazo el rey Enano se encerró en la habitación de su abuelo dejando a los demás en vilo en medio de una discusión. Solo un mensaje claro dejó a sus herederos antes de eso, buscar la ayuda de un cuervo para mandar a llamar a Dáin de las Colinas de Hierro. Que Dáin viniera a la Montaña Solitaria con su ejército. Eso clamaba Thorin.
Había estado en realidad muy emocionado arreglando los aposentos para su nueva vida, ilusionado con que Belladonna se casaría con él. Pero ella había caído enferma y ahora esos intrusos estaban a puertas de su reino sitiándolos con todo un ejército y provocando los vientos de guerra que él no buscaba.
Otra vez era arrastrado a la guerra, ahora que él ya deseaba casarse, que como varón había despertado como un volcán y tenía deseos cada vez más intensos por su amada. No quería volver a caer en lo mismo, lo que más pensaba era en su matrimonio con Belladonna y en traerla a esa cama y hacerla suya. Pero había llegado una gente maldita a arruinarle todo, y el Enano invadido por los deseos de amar y la ira contra todos, no lo soportaba.
