Capitulo 15

A las lejanías de la pequeña región de Floresta, en un edificio grande cuyo techo era una gran pila de hojas, había una reunión importante. Acudían los mejores rangers que habían, los más avezados del lugar, de estos lares. La convocatoria dio comienzo, iniciada por la anciana que presidía el edificio y toda la organización; Edna.

-Supongo que sabréis por qué os he convocado aquí, pero por si a caso, os repetiré el cometido de esta reunión. Estamos aquí para debatir la situación del equipo Go-Rock. Parece que la banda han llevado ventaja a nuestros aliados de Floresta. Según un informe enviado por Alejandro, los superiores del equipo Go-Rock han mejorado sus supercapturadores. Estas mejoras que han añadido hacen que los pokémon que hayan atrapado sean imposibles de capturar con los capturadores estándar. Además, su pupila más avezada, Selena, desapareció mientras buscaba su base.

Entre la gente de oficio, una de los mejores rangers, cuya compañía era un gecko de larga hoja, dio una sonrisa pícara. Le resultaba muy molesto oírla cada vez que entraba a ver si tenía que hacer alguna misión de importancia. Escuchó muchas de sus hazañas, alabanzas sobre lo rápido que se elevaba de rango. Era más leña al fuego de la envidia. Y ahora, a la que con las palabras le cogió manía, acabó humillada en el cabo del lobo.

-Vista la situación actual por la que está sufriendo Floresta, hemos decidido que haremos una intervención. Uno de vosotros irá a Hiberna para encontrar su base de operaciones, y, una vez encontrada, nos infiltraremos a su base para echar abajo sus planes antes de que sea demasiado tarde. ¿Algún voluntario para ir?

Era la oportunidad de la top ranger de flequillo azul y brillante tomar el trabajo y sentirse todavía más orgullosa de su labor. Alzó la mano energéticamente.

-Sabía serías la primera en levantar la mano, Emily. ¿Alguien más quiere ir?
-¡No, no hace falta que os ofrezcáis por mí! Si ya me las arreglo sola...
-¿Seguro?- Toda la gente consideró que era un riesgo muy grande. Tenían miedo de que desaparecieran al igual que Selena. Nadie más se ofreció.

-Bien... Eso es todo. Vuelvan a patrullar. Informaré a Elena que llegarás ahora. Haz que me sienta orgullosa de ti una vez más.

Cuando Emily bajaba al campo junto a Grovyle, Edna volvió a llamarle la atención.

-Ah, una cosa más... Ten mucho cuidado.- Esas palabras de preocupación le dio una idea del peligro al que se exponía. Edna era como una madre para todos la que la conocían, todos eran como sus hijos. Si alguien pereciera mientras estaba en una misión, se deprimiría.
-Tranquila, lo tendré.- Dijo para tranquilizarla.

Al fin, bajando un piso, salió al exterior. En su búsqueda de transporte, utilizó su capturador superior, más potente que el estándar y de más fácil manejo.

Era un aparato un poco pesado. La primera vez que se alzaba costaba mantenerlo arriba, pero quién se acostumbraba a ese peso en el brazo, lo levantaba rápido. Encontró un Starraptor veloz, ideal para viajar de región en región. Eran aves con mucho aguante, pudiendo transportar una persona a largos recorridos a velocidad constante.

Con solo un botón, el disco salió de su ranura, dirigido desde sus dedos índice y corazón. El capturador no tardó nada en sacar la línea, y, como resultado de la sorpresa de la gran lavandera, la captura fue muy rápida. Starraptor no tardó de estar disponible a su servicio. Igual ocurrió con el otro Starraptor, capturado para su Grovyle. Ambas subieron en las aves dirección este para llegar a la sierra de la pequeña región.

A la vez que ambas surcaban los cielos, Helio y Gionna salían de la cueva, después de pasar un mal trago. La bola era inmensa, cargada de mucha energía psicoeléctrica, les hubiera matado de enseguida las neuronas junto a todo el sistema que componía la anatomía humana, y, sin embargo, el ataque que se dirigía impasible hacia ellos, no les llegó a tocar. Helio preguntó si ella sabía algo de lo ocurrido, pues, visto estos hechos y los anteriores, pese a las circunstancias, seguía viva.

-Lo cierto es que... No tengo ni idea.
-... No me lo creo. Debes de ser bruja o algo. Aún me acuerdo de que cruzaste el vacío flotando sobre él después de que David capturara a Registeel.- Se mostraba escéptico ante su ignorancia. Visto que no podía creerse que no supiera nada, confesó la verdad completa.

-Bueno, lo cierto es que tengo una idea de lo que ha pasado, pero no sé si me tomarás en serio.
-Em... Explicame.
-Creo que me ha rescatado un Latias.
-¿Qué?
-Lo qué has oído. Un Latias me ha agarró de los brazos y me ayudó a cruzar. Y creo que esta vez también seguí viva por ella.
-Y... ¿Se puede saber por qué piensas que fue un Latias?

No se lo acababa de creer. Se hubiera tragado que había capturado un pokémon tipo psíquico para utilizar sus poderes y salvarse. Parecía que era lo más coherente con los hechos, pues no vio nada que la sujetara.

-Cuando era pequeña, al salir del colegio, me acorralaron unos pirados por ser la única alumna que no se dejó inculcar su ideología. Tenía a Lol al lado, pero eran demasiados, no pudo detenerlos a todos. Y entonces, cuando me creía ya muerta, apareció Latias del cielo y... Me alejó de esos fanáticos. Sé que es difícil de creer...
-No, es imposible de creer. ¿Cómo que eras la única que no se dejó inculcar? ¿¡Y cómo te puede aparecer un Latias del cielo!?
-Bah, olvida lo que he dicho.- Ya estaba bastante nerviosa como para discutir con Helio otra vez. Habían llegado a la ciudad, y ahora no sabía por dónde ir.

-Bueno, ¿y ahora por dónde, Pelozuli?- Le dijo que tenían que dirigirse ahora al puerto, y esta se asustó. Odiaba ir en barco. Después de la última vez, que no pudo dormir por culpa de su estómago, no quería volver a pisar sus pies en el suelo del transporte marino. Protestó, para no volver a tener que volver a ensuciar el fondo marino, aunque fuera en vano y por nada.

-No vamos a ir en barco. Iremos en Lapras.- Respondió. Le pareció mejor. Puede que le fuera más incómodo, pero al menos podía ver el horizonte y no marearse. Fueron al puerto, Gionna metió a Akirosoku en su pokéball, que parecía somnoliento y no quisiera caminar más. No obstante, se encontraron con dos reclutas que miraban al Lapras con ojos maliciosos. Más bien era uno más experimentado que lo miraba con ambición, el otro, parecía más sereno.

Al principiante le acompañaba un pequeño soldado de cuchillas afiladas, con cara de pocos amigos.

-Je, je, je... Voy a capturar a ese bonito Lapras. Mira y aprende.- Este encendió la contraparte de los instrumentos divinos de las rangers, y sacó la peonza. Lapras se puso de los nervios al verse rodeado por el rastro rojo de la peonza. Su dueño, un marinero, se enfadó con él.

-¡Eh! ¿Qué estás haciendo con mi Lapras?
-Ah, la pasma... ¡Eh, novato, ahuyéntalo, lo que sea, pero que no me estorbe!
-Pero...
-¡Nada de peros, tío! ¿No ves que estoy en plena captura?
-Vale, vale... ¡Pawniard, ataca!- El soldado, fiel desde que el joven era niño, corrió con sus cuchillas en cruz, dirigiéndose al hombre de agua salada. Este corrió despavorido, mientras Lapras se enfurecía y echaba rayos helados al rayo de luz.

Pero era inútil; cada vez que lo golpeaba desaparecía y volvía a la carga, y cada vuelta que daba el disco del súpercapturador lo enfurecía aún más.

Helio no dudó en ir directamente hacia el recluta y tocarle con el índice el hombro. Este, al girarse, de la sorpresa retrocedió hasta caerse al agua. Lapras estaba fuera de razón, y tenía que calmarlo.

Mientras, Gionna se ocupó del Pawniard que ahuyentaba al marinero con sus cuchillas. Mandó a Plusle para que lo obligara a dejar al inocente marinero en paz. Esta le persiguió como loca, mientras preparaba sus chispas paralizantes. Los lanzó y paralizó al percutor del honrado trabajador. El ataque lo detuvo, y Plusle se confió en que no se movería más, pero rápidamente Pawniard se recuperó de la parálisis. La ofensiva se lo tomó muy en serio, y la atacó con sus cuchillas, relucientes de metálico material.

El golpe le dio de lleno, abriéndole una pequeña herida en la pata delantera, todo y que el ataque no fuera efectivo. Plusle lloró por el dolor, y Gionna quedó con la mano en la cabeza, vista la reacción del pokémon ánimo positivo, considerando que no sabía valerse por si sola.

Pawniard se asustó con el llanto de Plusle, y se sintió culpable por hacerla llorar. Quería darle palmas en la espalda, o la cura falsa que le hacían a los niños pequeños cuando se hacían daño. ¿Pero qué podía hacer con esas armas que no podía desempuñar?

Mientras, Helio iniciaba la captura al Lapras enfurecido. Este también golpeaba a la luz fieramente con todo lo que podía sacar de la boca, pero Helio no dejaba que el agua y el hielo dañara su capturador, pero tampoco Lapras se dejaba llevar. Tenía que dejarlo quieto, mandando a Minun que lo paralizara.

Dio un salto hacia la cabeza del nervioso Nessie, dándole una descarga eléctrica. Así pudo capturarlo y calmarlo, a parte de curarle la parálisis que le ha provocado su compañero. Ahora Lapras estaba alegre y sereno como siempre lo estaba. Pawniard todavía se disculpaba a Plusle por hacerle daño, y Gionna estaba sin hacer nada, mirando al noble soldado. No parecía ser capturado por esos malditos aparatos que los privaba de ser ellos mismos. Tuvo piedad de la rasgada Plusle.

El iniciado decidió retirarse de esta calaña, no era lo que él quería. Llamó a Pawniard y se marchó del puerto. Ella cogió a Plusle y miró la herida. No era muy profunda, era una pequeña abertura de carne. Comprobó si Lapras se calmó, y sereno estaba. Helio subió al caparazón de Lapras y apresuró a Gionna a que también subiera. Surcaron los mares hacia la isla selvática de Villaestío.

El clima, junto al peso que sujetaba el murciélago azul de gran boca dificultaba el vuelo. No era una vía de transporte muy rápida como lo era el perdido Archeops, pero, por tal de evitar a sus enemigos, lo que fuera.

Deoxys se había hecho invisible, por lo que nadie lo vería y se asustaría. Santa paciencia la que tenía que tener. Al menos, estaba cerca de su destino. Una roca que se alzaba en el hermano del pico más alto de la sierra, coronada por una enorme roca hueca.

Pulsó un botón, y la roca se levantó mostrando un ascensor. Bajó, desactivó los sistemas de seguridad y fue bajando, hasta reunirse con sus hermanos. Tardó mucho, y el jefe no quería que los ayudaría más.

-Llegas tarde, hermanote.- Se quejó Emilio. -El viejo ya quiere descansar.
-¡Ja! Si tu supieras lo que me he encontrado por el camino...
-¿Qué, qué, qué, qué encontraste?
-Otro legendario. Pero muy fuerte. Oh, y también me encontré a ese par de cretinos que los creí muertos. Y esos dos siguen aún vivos, ¡malditas cucarachas!
-¿Y por eso tardaste tanto?- Bostezaba a la vez que preguntaba su hermana Aina.
-Sí, a parte de que la pelma esa con gafas me capturó a mi Archeops...
-¿¡Cómo!? ¿¡Ha podido contigo!? Ti-tío, es increíble.

Alberto, que estaba dando lustre a su bajo se quedó embobado cuando la mencionaron. Quedó mirando el techo, imaginando alguna aventura romántica con ella.

-Chica con gafas... ¿Y pelo oscuro y desastroso?- Estaba interesada por ella desde que la vio en la tienda. Le era muy desagradable, e imposible de simpatizar. Y ahora, problemática era para sus hermanos. Le gustaría verla sufrir como a la prisionera azul, padeciendo la falta de alimento y bebiba, pasando frío por las noches, dejarla incapaz para que parase los pies sus planes de ser los nuevos guardas de la gente.

-¿Por qué lo preguntas, eh, hermanita?- Preguntó David.
-La quiero en el calabozo. ¡Quiero que sepa lo que les pasa a quien insulta a Alexander Strigas!
-¿¡Tú has hablado con ella!? ¡Estás loca!- Pese a que se hablaba del amor de su vida, Alberto estaba aislado de las noticias que corrían. David no estaba de acuerdo, quería acabar rápido.
-¡Ah, no! No quiero más personas en el calabozo.
-¡Jo, David, pero tú te has divertido capturando legendarios!
-¡Sí, capturando, pero no matando!

-Hum... ¿Si te traigo el cadáver del novio de esa ranger, me dejarás encerrar a esa sosa?- Trataba de negociar con él. Este accedió, al menos le traería un trofeo para él. No sabía por dónde estarían ellos, podrían irse en cualquier pero tenía ganas de volver a Villaestío, a dorar su piel bajo el sol. A parte, había una criatura que le chiflaría tener como acompañante, debido a su tierna y cautivadora apariencia, de rosado color. Salió al exterior, llevándose al Aerodactyl de Emilio consigo para llegar al paraíso estival.