Capítulo XVIII
El joven rostro de Kili había adquirido color y poco a poco se fueron abriendo sus ojos para distinguir el techo de una oscura y abovedada cámara.
Volteó confuso y lo que vio fue una cama improvisada colocada no muy lejos de la suya donde dormía la hobbit, Belladonna.
-¿Qué pasó?- reaccionaba lentamente, aclarando su visión y su mente. Pero no se podía mover, tenía todo un brazo y una pierna totalmente inmóviles y le dolía el cuerpo.
-Muchacho, bienvenido al mundo- le dijo una voz y el muchacho volteó hacia su izquierda.
Oin estaba allí a la luz de unas antorchas y no muy lejos estaba Bombur sentado observándolo con curiosidad.
-Estás muy herido, no te muevas mucho- le decía Oin- Tu pierna y brazo estaban… Bueno. Pero te recuperarás-
-¿Qué le pasa a Belladonna? ¿Por qué está en esa cama?-
-Ella también resultó herida, y aunque tiene menos fracturas que tú el humo de los incendios de Smaug la enfermaron- le explicaba Oin quien fue a echarle un vistazo a la hobbit- Esperamos que despierte al menos pronto. No debería estar así pero- el Enano le tocó la frente- está fresca, respira mejor… Debería despertar, pero bueno. Hay que dejar que la naturaleza obre-
-¿Qué pasó con Smaug, dónde están todos?- Kili quiso pararse pero ni modo, cayó abatido por el dolor -¿Cuánto tiempo estuve inconsciente?-
-Han pasado no sé, como unos tres días. Por Mahal que ya el tiempo ni existe aquí abajo, no sabemos- resoplaba Oin muy cansado.
-Lo que sí sabemos, Kili...- intervino Bombur- Es que la bestia ha muerto, amigo. ¡Muerto!-
Kili no pudo reaccionar ante la noticia como hubiera querido, estaba demasiado inmóvil y adolorido.
-Pero, pero…- gruñó al fin.
-Pero nada, estamos aquí sitiados. La Montaña Solitaria está rodeada de un ejército de Hombres y Elfos que vienen a reclamar parte de nuestro tesoro- Oin fue donde Belladonna y se sentó a su lado, en el piso, por supuesto- Tenemos un enorme problema ahora. Ya han armado campamentos y todo allá afuera-
-¡No! No podemos permitir eso- se enfureció Kili- ¿Qué dice mi tío?-
-Ya te podrás imaginar la preocupación que tiene encima, pero saber de ti lo alegrará- el viejo Enano llamó a Bombur y le indicó que anunciara a los otros que Kili estaba consciente y que trajera un poco más de agua fresca. El aludido obedeció –Al menos algunos de los Hombres de Bardo nos han ayudado a traer comida y agua, y ya este lugar está más habitable que antes y el humo se ha ido-
-Belladonna tiene que ponerse bien, tiene que comer algo- Kili quiso pararse otra vez e ir donde estaba ella –Vamos-
-Sí, y tú también- Oin se inclinó sobre la hobbit y empezó a sacudirla por un brazo suavidad –Bella, despierta- la llamaba tratando de despertarla –Bella, Bella- Luego fue a buscar un pedazo de tela húmedo y agua para refrescar a la hobbit.
Thorin y los otros Enanos no tardaron en llegar a la cámara de los heridos, y ven a Kili despierto y sereno sobre su cama y Thorin respira profundamente.
-Kili- susurró con voz temblorosa.
-Tío…- dijo Kili cohibido. No era muy emocional con su tío, tal vez porque éste no le daba muchas oportunidades de serlo. Su educación había sido muy formal y rígida, sobre todo con el asunto emocional, que no era propio de los guerreros. Pero en ese aspecto Kili no podía acatar las enseñanzas de su raza.
El rey Enano fue a arrodillarse junto a su cama y le tomó la mano al muchacho.
-Kili, está bien. Te recuperarás-
Kili estaba sorprendido de aquello, y se avergonzaba de haber caído ante Smaug.
-Lo siento, yo no pude, tío, Smaug…- murmuraba excusándose.
-Nadie hubiera podido contra Smaug, Kili, no tienes nada de qué avergonzarte. Luchaste como todo un guerrero, me lo contaron tu hermano y Dwalin- le dijo Thorin con una expresión de orgullo –Eres un digno hijo de la raza de Durin-
Kili se sintió inmensamente feliz y Fili también se le acercó, y Thorin junto a ellos dos sonrió agradecido por tener esa familia, aunque faltaran su padre perdido, su hermana Dís y… su amada Belladonna .
-Pero ahora tenemos problemas mayores- volvió a la realidad y el rey Enano se levantó para hablar seriamente con sus compañeros –Nos quieren invadir, mucho me temo, y nosotros somos trece y…- miró hacia Belladonna y sintió una punzada de dolor y no pudo continuar.
-No podemos permitir esto- exclamó Dwalin -¿Cómo van a venir ahora a pretender quitarnos el tesoro de Thrór?-
-Es verdad- refunfuñaba Balin dando vueltas por toda la cámara que ya estaba limpia de escombros y piedras –No es justo. Pero, nada podemos hacer-
-Oh, sí podemos hacer, negarnos y no ceder- intervino Fili enérgicamente –A ver cómo hacen para sacarnos de aquí. Podemos vivir bajo la tierra por muchos años-
Thorin se quedó pensativo un rato, luego apoyó lo dicho por Fili.
-No cederemos. Nos quedaremos aquí, y si quieren guerra se la daremos. Ahí tenemos las armaduras y lanzas de nuestros ancestros, así que las vestiremos y los enfrentaremos hasta la muerte- sentenció con severidad y ojos centellantes.
-¿Oin?- me oí pronunciar con una voz que no reconocía. Abrí los ojos y respiré profundamente. Ya mis pulmones no ardían.
-¡Bella!- alguien exclamó y en medio de una visión borrosa distinguí una figura que se me acercaba. La vista se me aclaró y reconocí a Glóin.
-¿Glóin?- balbuceé y moví un poco la cabeza. Glóin corrió a buscar una copa con agua y se acercó a mí otra vez -Toma, debes tener sed, toma, bebe-
Con dificultad me levanté y era como si despertara de un sueño vivificante y reparador. Observé todo a mi alrededor y recordé todo lo que había pasado. Estaba en Erebor aunque ahora todo se veía claro, limpio y seguro.
Estaba en la cámara donde me había desmayado, pero acompañada por Kili en otra cama y Oin y Glóin. Tomé agua en una copa de oro puro y estaba fresca. Bebí como nunca.
-Qué felicidad, los enfermos resucitan- cantó el viejo Oin.
-¿Cuánto tiempo ha pasado?- pregunté tanteando mi pie vendado e inmóvil, que ya no me dolía -¿Qué ha pasado? ¿Cómo está Kili?-
-Ha pasado mucho ¡Ah! Pero lo importante es que ya estás mejor y Kili también- me ayudaban a sostenerme los dos Enanos.
Entonces recordé lo último que había oído en mi estado febril, lo que me había dicho Thorin y mi corazón dio un vuelco. No fue un sueño, fue la realidad.
-¡La bestia ha muerto! Y estamos todos vivos- me anunciaron con una sonrisa- Sin embargo las cosas no están del todo bien. Pero eso no importa ahorita ¿Cómo te sientes?-
-Bien, de hecho- me senté y creía que podía pararme también, pero con la ayuda de algo –Pero ¿Qué me pasó?-
-Creo que te desmayaste a causa del humo que inhalaste y la debilidad, y lo del pie que no fue fácil, además del influjo maligno del fuego de Smaug- opinaba Oin –Pero al menos eso ya pasó. ¿Ves lo fuerte que eres?-
-Puedo parame, si me dan algo. La verdad no soporto más estar acostada-
-Toma, esto te servirá- Glóin me dio una pieza de metal que me serviría de apoyo y los dos me ayudaron a parame. Tenía muy ligera ropa, y estaba muy sucia así que quise limpiarme un poco.
-Por Ilúvatar que parezco una miserable. Me quiero asear un poco y este pelo ¡Cómo ha crecido!- exclamé notando por primera vez desde que salí de La Comarca que lo tenía largo, y ahora me caía sobre los hombros -¿Cómo está Kili?-
-Bueno, él está más delicado… debe quedarse en cama por todas esas fracturas. Pero si lograra hacer los medicamentos que conozco sanaría más rápido- decía Oin con frustración.
-Y ¿Donde está… él?- dije con emoción contenida, todavía un poco ida de la realidad.
-Él… ¿Quién?- Oin preguntó tontamente y Glóin le dio un codazo –Ah, sí, él. Pues bueno, hay muchos problemas aquí, Bella, y todos estamos trabajando muchísimo… Supongo que anda por allí con Fili, o afuera hablando con los Hombres…-
-¿Los Hombres? ¿Qué Hombres?-
-Oh, es una larga historia. Pero esta mañana estuvo aquí con Kili- contaba Glóin –Bueno, creo que necesitas tiempo para ti ¿Estás bien con ese pie?-
-Estoy de maravilla, y mi pie completamente inmóvil y muy bien entablillado y casi no me duele- solté demostrando una fortaleza que yo no conocía antes.
Nuevamente Thorin con Fili, Dwalin, Bofur y Bifur había salido a hablar con los invasores después de haber estado en la cámara de los enfermos.
Y nuevamente el rey Enano rechaza la propuesta de Bardo y Thranduil de compartir el tesoro de Erebor con ellos. Entonces Thranduil orgulloso declara la guerra a Thorin Escudo de Roble y sus Enanos.
-Enano, no te conviene tener esa actitud- decía el poderoso Elfo de cabellos dorados, muy por encima de Thorin sobre aquel alce misterioso- Tienes heridos allá dentro, y ustedes son muy pocos-
-Habla claro, Elfo ¿Qué quieres decir? ¿Por qué has venido a mis puertas con ese ejército?-
-Porque sabía que ibas a ser un testarudo, poco digno de tu linaje-
-Testarudo soy que estoy aquí para cumplir con la misión que me encomendó mi padre, benditas sean sus barbas, y proteger el tesoro de mi abuelo y que le pertenece a mi gente nada más. Ya veo- razonaba el Enano, pero ni Thranduil ni Bardo comprendían, condenaban a Thorin Escudo de Roble de arrogante y codicioso, cuando en realidad tenía todo el derecho de rechazar la propuesta.
-Tu padre está muerto y no le cumpliste, Enano- dijo Thranduil seco como una roca, inmisericorde –Ahora tienes allí dentro a gente herida ¿No es así? Gente débil como esa hobbit-
-¿Qué quieres decir…?- reventaba en rabia el corazón del rey Enano cada vez que el Elfo se metía con Belladonna.
-Que están en una situación mísera, y ella podría morir… si mi ejército entra a ese antro- sentenció Thranduil. Eran claras amenazas que ponían a Thorin entre la espada y la pared ante las intensiones del rey Elfo, porque había venido a acabar con ellos, con o sin tesoro. Eso entendía él.
Bardo no estaba del todo de acuerdo con Thranduil pero nada había logrado con las discusiones que había tenido con él.
Si no salían ellos a batallar entrarían a la fuerza al reino y la vida de Belladonna correría grave peligro.
Parecía que todo lo que necesitaba mi cuerpo era unos días de sueño profundo para reparar todo el cansancio y todas las heridas que había acumulado de mi aventura. Me sentía bien, y con muchas ganas de quitarme la enfermedad y el desgaste del viaje y la lucha contra el dragón de encima.
Tal vez lo que en realidad me animaba era lo que Thorin me había dicho cuando me componían el pie.
Estaba en ropa interior mientras Oin me buscaba ropa limpia, por lo tanto era la primera vez en mucho tiempo que me sentía tan descubierta. Los Enanos usaban una camisilla muy ligera y fina con unos cortos pantaloncillos como ropa interior y eso era lo que tenía encima, nada más. No me importaba lo inadecuada que era esa camisilla para una mujer, me arreglaba el cabello mientras Glóin hablaba interminablemente todo los conflictos entre Enanos y Elfos que conocía. De repente alguien más llegó a la cámara y yo volteé creyendo que era Oin con mi ropa… pero no ¡Era Thorin!.
Fue cuando me di cuenta entonces que yo era totalmente diferente a ellos, que era una mujer. Durante todo el viaje nada más lo recordaba pues la ropa me ocultaba todo, pero ahora lo vivía. Thorin se quedó mudo cuando me vio, y nunca lo había visto con aquella mirada y aquella expresión, no disimuló en ningún momento que sus ojos estaban fijos en mi cuerpo.
No me sentí avergonzada ni de cerca, qué extraño, aquello me gustó, el hechizo que el sólo verme causo en él. No había experimentado algo así antes. No me oculté, no me volteé y él no quitó sus ojos de mí, y quise sonreír sorprendida de mi actitud. Cuando Glóin se da cuenta de lo que pasaba y al fin llegaba Oin con la ropa.
-¡Cúbrase, maese Bolsón!- dijo Glóin alegremente y me puso una sábana encima carraspeando.
-Está ropa está recién lavada- agregaba el otro Enano.
-Ehh bueno- reacciona Thorin al fin sacudiendo las botas, había venido con un peso enorme en su alma y el corazón le saltó al entrar en la cámara de los heridos –Yo… he venido pues para decirles que debemos… - se suponía que iba a anunciar el inicio de una batalla, traída sobre sus hombros las amenazas de Thranduil, pero en ese momento lo olvidaba y esa compostura orgullosa y seria que adquiría por coquetería ante la hobbit volvió a él–a ver cómo están, pues vengo de afuera y… hay asuntos muy graves que me acongojan, pero no importa . Estás levantada, Bella, qué bueno- nuevamente la mira a ella, y esa vez a los ojos- ¿Cómo te sientes? ¿Estás bien?-
-Me estoy recuperando- sonreí –Y… recuerdo bien todo lo que me dijiste, Thorin- tomé aire emocionada, y no me iba a callar, ya había pasado dos días o más callada- Desde mis sueños tengo algo muy importante que decirte-
El rey Enano se hinchó y parecía más alto, si algo había pasado con los Hombres y los Elfos, si había una amenaza sobre ellos, sentía que podía con eso, que podía vencer.
-Acepto- dije muy sonrojada pero totalmente decidida y Glón, Oin y Kili giraron todos a ver a Thorin.
