Capítulo XIX

-Bella…- Thorin abrió muchos los ojos que eran como un mar profundo de salvaje oleaje, pues era mucho lo que sentía en momento tan importante de su vida –Qué mal momento, muy mal momento…- lamentó sacudiendo la cabeza de todas esas ensoñaciones y apartó la mirada de mí.

-Sí, ya veo que lo es- estuve de acuerdo, pero igual quería aceptar su propuesta. Mi corazón era como un caballo salvaje.

-Esto es lo más importante de mi vida- dijo manteniendo en vilo a todos los presentes- Pero no creo que tú estés muy al tanto de la realidad. Yo creí que al fin había cumplido con mi destino y que al fin podía pensar en otra cosa para mi vida pero no, aquí estamos otra vez: Han venido a mis puertas para recordarme lo que soy-

Quise acercarme a él y consolarlo pero mi pie me mantuvo inútil. Él evitaba mi mirada pero nuevamente da un giro:

-Soy un asesino. Pero parece que todo el mundo se olvida de eso- soltó de repente con rabia infinita que nacía de sus entrañas. Se odiaba a sí mismo por todo lo que había hecho- Yo no soy ningún galán romántico, Bella, no sé amar como tú misma me dijiste. Tenías razón con lo que me dijiste el Día de Durin. Soy un Khazâd y los Khazâd no somos esos príncipes enamorados ¡Soy un asesino!-

Los Enanos presentes menearon las barbas pero no podían contradecir a Thorin que decía una gran verdad, aunque a Kili le hubiera gustado contradecirlo en eso último que dijo. Kili era un romántico, es sólo que no se atrevía a decir nada al respecto porque lo avergonzaba.

-Entonces… me pregunto si aceptarías casarte conmigo si yo estuviera aquí con la cabeza de Thranduil colgando de mi mano-

-Thorin… no seas tan duro contigo mismo- me horroricé con aquello.

-¿Aceptarías casarte conmigo si estuviera aquí bañado en sangre de pies a cabeza? Después de haber matado a cientos como lo he hecho tantas veces en el pasado? ¿Sabes a cuántos he matado sin piedad?- Thorin parecía poseído por la maldición del oro otra vez, pero no, me engañaba, era el verdadero Thorin el que me hablaba- Porque eso es lo que voy a hacer allá afuera ahora, voy a salir y los voy a matar a todos, y le sacaré el corazón a ese Bardo y lo tendré en mi mano regodeándome con la sangre-

-¡Thorin!- exclamé y retrocedí aterrorizada –Yo sé lo que eres, yo sé lo que has hecho, y aún así te amo- confesé –Además tú te olvidas que yo tampoco soy una princesa, coqueta, hermosa o delicada. Me llamaban ratón, nunca preciosa hobbit, sino ratón, varonil como un niño. Y soy una asesina también, maté a tres arañas gigantes y mataré en una batalla también- me hinché orgullosa y hubiera querido tener mi pequeña espada "Aguijón" allí conmigo.

El rey Enano gruñó sin argumentos contra eso, y los demás bajaban la cabeza ante una realidad de la que antes se enorgullecían, pero ya no tanto.

-Bella…- mis palabras habían aplacado notoriamente el fuego del ímpetu de Thorin- ¿Cómo puedes verme si yo sólo sé matar? No sé amar, y parece que muchos se crean una imagen de mí al respecto que nada tiene que ver con esta naturaleza. De mis ciento noventa y cinco años, la mitad me la he pasado matando, Orcos, Elfos, lo que sea, y la otra mitad luchando contra las adversidades. Y esos muchachos, que tú dices que yo he sido un buen padre, también son unos asesinos porque yo los enseñé-

Fili y Kili permanecían callados, y con eso confirmaban las palabras del rey.

-Yo eso lo entiendo ¿Qué no lo ves? Yo sé eso, y entiendo sus vidas y no la juzgo ni intento cambiarla, y lo acepto. Y juzgo por lo que veo, y en este viaje yo sólo he visto de ti gentileza y nobleza-

-Pero nos han truncado todo…-soltó con ojos llorosos, desesperado –Ahora moriremos, porque la vida nos negó el llegar aquí y construir una vida nueva- Pero cuando lleguen Dáin y sus ejércitos saldremos allá afuera y los mataremos-

-Así sea, sí, por Mahal, los mataremos- exclamó Fili, y Glóin, Oin, Bofur, todos allí clamaron guerra con orgullo.

Yo meneaba la cabeza decepcionada, todo había cambiado en un abrir y cerrar de ojos, y por un momento yo creí vivir un tonto romance. No, esa tontería ya no más, la vida real era eso, lucha, y lucharía. Mi ilusión se ensombreció y nada podía hacer para cambiarlo.

Estaba viendo la realidad de los Enanos y de mi Thorin, pero no me echaba para atrás, no dejaba de amarlo así fuera él una bestia sanguinaria. Sabía que lo era y aún así veía lo hermoso en él y me había enamorado.

Entonces Thorin se me acercó y yo retrocedí, pero no tenía razones.

-No, no temas- dijo sereno, pero con los ojos brillantes todavía- No temas, pequeña hobbit. Tú sabes que estas manos llenas de muerte jamás te harían daño, nunca. Tú si que has sabido ser para mí- y me tomó de las manos con una gentileza asombrosa- No permitiré que te pase nada. Estarás protegida aquí y si tengo que morir moriré antes de que entren a la montaña a hacerte daño. Yo no puede creer que me aceptes tal como soy, eso es lo que pasa- confesaba, pues todo había sido consecuencias de la situación que había caído encima de nosotros.

-Yo te veo, Thorin- le repetí mis mismas palabras.

-Entonces lucharé, lucharé para regresar a ti y cumplir con mi propuesta. Es lo que más deseo en esta vida- dijo con una profunda pena marcada en su rostro hermoso, pues no había muchas esperanzas- Eres mía, Bella, y te tomaré- agregó con el ímpetu en la piel.


Pasarían algunos días antes de tener a Dáin y sus ejércitos en la Montaña Solitaria. Fueros días de angustia y Los Enanos trabajaban sin parar y preparaban sus armas para la guerra.

Yo deseaba ir con ellos, batallar, pero estaba inválida al igual que Kili que se retorcía de frustración en su cama. Yo me ocupaba de él, pues de mi Thorin no supe más, se había encerrado para no verme más en los aposentos de Thrór.

Había mucha preocupación en el ambiente y los Enanos murmuraban , murmuraban mucho de Thorin. De resto me concentraba en ayudar en algo en los trabajos, construyendo un reino que ya creía mío, porque estaba segura de una cosa, de que el rey Enano me tomaría por esposa si no pasaba una desgracia mayor. Me tomaría, como decía él a su estilo, sea para bien o para mal.

Hasta que una tarde, me sorprende Bofur con el anuncio de que Thorin solicitaba mi presencia en sus aposentos.

-¿Qué querrá conmigo?- me negaba a acceder a su inesperada petición.

-Vé, Bella. Él te necesita- me aconsejaba Bofur- Tú eres la única que puede hablar con él de ciertas cosas, hacerle entrar en razón. Thorin te escucha, aunque ande ladrando todo el tiempo, él te escucha- me guiñó el ojo el Enano con su picardía habitual -¿Sabías que allá en Ered Luin, Dís le metía sus buenas jaladas de oreja?-

Yo sonreí sin poder evitarlo.

-Thorin habla mucho, se ganó de hecho el sobrenombre de "Asesino de Elfos" shhh, casi nadie sabe eso, pero ahora lo sabes tú. Está muy orgulloso de esa fama… Pero no te dijo nada de eso porque no se glorifica ante ti de tal fama ¿Ves lo que significa? Tú haces que él se abra un poco más y salga de la coraza que tiene encima. Creo que con tus consejos podremos llegar a una solución menos devastadora-

-¿Qué puedo hacer yo ante esta guerra, Bofur?- lamenté con inmenso cansancio- La guerra no es mi especialidad. No debo inmiscuirme-

-Precisamente, de eso tienes que hablar con él. Muchos tememos que Thorin no está bien. Por favor, debe haber otra salida a esto. Habla con él-

Dijo el Enano y yo accedí a ir a las cámaras de Thrór, con la ayuda de Bofur pues por mí sola yo no podía moverme mucho.