Capitulo 17
-¡Aerodactyl! ¡Baja ahora mismo!- Ordenó la violinista al dinosaurio volador. Sin rechistar, descendió de los cielos para para esperar el siguiente mandato; atacar. Intentó romperle algún hueso con un golpe rápido a la chica de pelo desmadrado, pero esta por poco lo recibe. Logró esquivarlo, tirándose al suelo.
Pensó que era una pesada, pero inofensiva. Y ahora veía que tenía un Aerodactyl en su posesión. ¿Cómo era posible, se preguntaba? Sin pronunciar palabra, obtuvo la respuesta que buscaba en boca de Aina.
-Yo pensaba que podía reclutarte de alguna forma. Aunque para ello tenía que ganarme tu confianza... Pero eres imposible, tía. No te gusta nada. ¡Y has insultado a mi Alexander Strigas! ¡Te mereces que te meta en el calabozo, pelma!
-¿Cómo? ¿Reclutarme en dónde?- Preguntó a la loca.
Desde lo alto de una palmera, los ojos rojos de Kyumbreon observaban el encuentro. Pensaba; "Sabía que era cierto, que esta chica no era de fiar. Yo lo pude saber antes que tú, y en cuanto comuniqué mis suspicacias, me ignoraste. Ahora perecerás con tu ingenuidad, pues no te ayudaré, ya lo acordamos ayer. Adiós." Después de tener este diálogo imaginario con su entrenadora, le habló una voz dulce e infantil detrás suyo.
-¿Por qué vas a dejarla morir después de que hiciera tanto por ti?- Se puso en guardia. Aquella voz parecía proceder de la nada. Ningún otro ser estaba cerca de él, a ojos suyos.
-¿Quién eres? ¿Dónde estás? ¡Sal de tu escondite!
-Como tú quieras.
De repente, una figura blanca con coraza roja en el pecho apareció a sus espaldas. Carecía de alas, lo más parecido era dos extensiones casi planas en el lomo cubierto por una envoltura roja que ni siquiera aleteaban, y aún así, flotaba en el aire. Dado a la poca capacidad de mover la cara, no pudo expresar sorpresa. Tampoco pudo pronunciar palabra alguna, pues lo que se presentó era un mito personificado. Era aquel dragón que salvó a Gionna de una multitud sectaria sedienta de sangre. Aunque sorprendido, sonó sereno a oídos del dragón eón.
-Así que vos sois la que salvó a mi señora renegada de los piratas azules.
-Eres muy perspicaz. También soy la que la salvó de morir aplastada. Oh, y del ataque de ese pokémon psíquico. Creo haber oído que te niegas a protegerla...
-Grrrr... Me molesta que me lean la mente. ¿Y a caso ese no es tu deber?
-Lo es, lo es... Pero eso solo cuando la situación es muy crítica. Solo quería pedirte que...
-¿Baje y la ayude? Dijo que aquellos demonios no tenían que morir, pero los pecadores tienen que morir pronto. Cuestionarme también es pecado.
-Oh, oh, oh... Veo cierto fascismo por aquí. ¿En serio crees que por no opinar igual que tú tiene que ser triturada por tu amado Lunetah? Sinceramente, ese papel es más de demonio que de ángel.
-¿¡Pero cómo...!?
-Las preguntas para luego. Seguro que al acabar este combate te convencerás. Y no intentes hacerme nada, no creo que en una palmera puedas moverte sin caerte.
No tuvo otra opción que gruñir y quedarse quieto, mirando como empezaba la desesperada lucha por la supervivencia. Solo Lol, que aún no se recuperó del todo, podía hacerle frente. Intentó ganar tiempo, sacando primero a Honchpato.
-No me hagas reír. ¿En serio crees que con una paloma asquerosa vas a poder librarte?- No contestó. Solo se limitó a ordenar que intentara golpearlo con todo su arsenal y que evadiera todos los ataques. Pero no llegó a hacerle ni un rasguño. Duró muy poco; Aerodactyl levantó la tierra y mandó a las rocas que golpearan al palomo. Cayó de enseguida al recibir el ataque.
Esperaba a que Honchpato esquivara sus ataques, pero no fue así. Descendió tan rápido como se alzó. Devolvió a su paloma a su correspondiente bola, y sacó a Google. La rana croó al salir, tranquilo. Aina insistía en que lo dejara, que no tenía nada que ganar, pero Gionna no estaba dispuesta a dejar que hiciera que le antojara con ella. Ordenó a que atacara a la ente prehistórica, y este se dirigió a por él, duplicándose. "Este resistirá más", pensó la entrenadora.
Google era muy arisco cuando se trata de batallar contra pokémon salvajes. Era pacífico, tranquilo, y no le gustaba luchar, siempre se negaba a herir a una desprevenida criatura, al no ser que se muestre hostil y tenga que defenderse. Y ese era el momento para usar sus dotes de batalla. En cuanto Aerodactyl quiso usar un ataque aéreo para tumbar al Toxicroak de un golpe, Google lo evadió usando doble equipo. Eso desconcertó al depredador de piel de roca, y, tratando de golpear a una de las copias se estrelló con vuelo torpe al suelo. Google saltó encima suyo y aprovechó su caída para inyectarle un poco de veneno con su puya nociva. A causa de su duro pellejo, es muy difícil que unas gotas de ruibarxina circulen por la sangre del reptil volador.
La rana pensó que sumando sus puñetazos con el brusco declive que se dio el pterodáctilo sería suficiente para incapacitarlo. Así pues, usó demolición, atestando puño tras otro en su dorso. En cuanto terminó, se impulsó hacia atrás y lo miró vigilante.
Las contusiones, fruto de los golpes despiadados de Google, le provocaba un moderado dolor que le limitaba un poco, pero aupó vuelo de nuevo. Esta vez, el golpe sería certero. Google volvió a usar la misma táctica, pero Aerodactyl se abalanzó sin demora a por el anfibio, hiriéndolo más que su enemigo.
-No fastidies que eso era un golpe aéreo...- Se llevó una decepción. Confió en que Google pudiera soportar más, pero se debilitó nada más recibir el choque. Aina se reía de su desdicha.
-¡Oh, venga ya! ¿Por qué te empeñas en derrotar a Aerodactyl? Ríndete, estúpida ranger. No tienes nada que hacer.
Estaba muy equivocada. Aún le quedaba una salida. Sacó a Lol, de la que ignoraba aún del bando que estaba su supuesta amiga. Miró que tenía por delante a Aerodactyl, y ver a Aina delante, maliciosamente divertida, le desconcertó.
-De modo que esas tenemos...- Chasqueó los dedos y ordenó a Aerodactyl que atacara. Gionna, apurada por la pasividad de su Lombre ordenaba que expulsara agua de su boca para impedir que atacara.
-¡Lol, usa hidrobomba, vamos!- Reaccionó tarde. El golpe alado de Aerodactyl la debilitó. Lástima que se enterara tarde de que iba a por ella. Mientras regresaba a Lol a su pokéball, Aina se reía aún más fuerte.
-Perdió. Era de esperar. Ahora que sea lo que Lunetah quiera.- Dijo Kyumbreon.
-Vaya... ¿No sientes remordimientos? ¿Ni un poco?- Preguntó luego Latias, que le parecía raro la apatía que mostraba en sus palabras.
-Lo único que puedo sentir es odio e ira.- Respondió el felino.- No siento ni pena, ni remordimientos que tú nombraste. Me es indiferente lo que pase.
Latias se encontraba con un ser exánime. Con un ser totalmente abstenido de sentimientos agradables. No obstante, Latias tenía que hacer que Kyumbreon se enfrentara a Aina y su secuaz involuntario. Reflexionó un rato para hallar el método de comprometerlo moralmente y dar la cara. No tardó en encontrar el argumento que lo lanzaría.
-Kyumbreon... Sé que en el pasado, tu fuiste un conejillo de indias. Eras perfecto para que te hagan ingerir de todo. Y en un momento dado, cuando era de noche, ¡puf! Evolucionaste y destruiste el edificio entero, a parte de llevarte unas cuantas vidas por delante. Por ello mismo, los supervivientes llamaron a las autoridades locales y fueron a por ti. Y sé también que cuando Gionna te encontró, herido por las balas de los policías, te llevó al centro pokémon y te dieron tratamiento.
-Ya lo sé. Si no fuera por ella, no hubiera vivido para contarlo.
-Eh, y eso no es todo. En cuanto se enteró de lo tuyo, ni siquiera intentó hacerte daño. Es más, comprendió la razón por la que matabas tanto, y lo mal que estabas.- Estas palabras refrescaron la memoria de Kyumbreon e hizo replantearse su postura.
-¿Y después de que hiciera tanto por ti vas a dejar que hagan lo que quiera con ella? A lo mejor va a tener que pasar lo mismo que tú, quién sabe.
-... Quizá erre al ir en su contra. Quizá Lunetah no quiera realmente su alma, siendo tan buena conmigo.
-¡Ea! ¿Pues a qué esperas? ¡Baja de ahí ahora mismo!- Ordenada feliz el legendario psíquico. Kyumbreon no iba a reprochar, concordaba con sus ideas, pero no actuó.
-Espera... Creo que no es necesaria mi intervención.
-¡Muajajajajajaja! ¡Se acabó! ¡Vas a venir conmigo! ¡Aerodactyl, agárrala!
Sin quejas, el pterodáctilo preparaba sus patas para cogerla de sus hombros. Ella resignó la idea de evitar quedarse en un frío y oscuro lugar encerrado, y se quedaba inmóvil esperando a sentir la piel fría del dinosaurio. Pero inesperadamente, una ráfaga de pétalos azotó a Aerodactyl. Perpleja, Aina miró los alrededores, y avistó a Dressela, grácil y con confianza, dirigiendo el tornado floral.
-¡Muy bien, Dressela, acaba con él!- Exclamaba también seguro de si mismo su entrenador. Helio discrepaba del medio que utilizaba para dejar a Aina sin nadie que la defendiera.
-Tío... ¿Tú para qué tienes el capturador? ¿Para hacer bonito?- Dijo para iniciar otra disputa, pero el arrebato de felicidad de Gionna previó otra lucha verbal.
-No podríais llegar en mejor momento. Ese Aerodactyl casi me agarra.
-Ya lo veía, ya. Si es que tengo una vista...- Decía altivo Soel. Demasiado orgullo hizo que los dos no se dieran cuenta de que Aerodactyl aún no estaba acabado y preparaba otro golpe aéreo. Después de que demostrara una vez más su carácter, Helio se percató de lo que iba a hacer.
-¡Eh, tú, cuidado!- Avisaba inútilmente su compañero, y en cuanto el ranger en bañador se quiso dar cuenta, Aerodactyl golpeó duramente a Dressela. El golpe la mandó por los aires y la tiró al suelo. Fue un golpe bajo, y afortunadamente para el Lilligant no le hizo un daño muy severo.
-Será cerdo el bicho este...
-¡Cerdo tú, que has aparecido sin avisar!- Aina estaba mosqueada. Pensó que ya empezaría a llevar la rata a su caja, pero la inoportuna aparición de ambos personajes la alejaba de su objetivo. A parte de que Dressela mostraba una resistencia digna de mencionar.
-¡Me ha atacado por la espalda! ¿Cómo quieres no sea un cerdo?- Su Lilligant asentía con sus hojas posteriores posadas en la cintura.- ¡Lilligant, usa somnífero! -Y esparció de nuevo la nube de fino polen del sopor.
Aerodactyl no supo evitar aspirar las partículas y se desplomó en un sueño profundo. Aina se enfadaba con Soel cada vez más. El muy osado había retrasado sus planes con su compañera de trabajo. Aunque, fuera de lo que haya hecho, le parecía muy guapo.
-Eres más cerdo de lo que pensaba. ¿Qué haces tú aquí, guapetón?
-Su trabajo, ¿qué va a hacer?- Contestó Helio sin tener su permiso.
-¿Quién eres tú para contestar mis preguntas? Solo quiero una batalla, nada más. ¡Dressela, usa Danza Aleteo y cuando llegues al máximo usa danza pétalo!
Todo y que en las órdenes de Soel no entraba usar drenadoras, antes de prepararse para atestar un gran golpe, expulsó de su flor su semilla parasitaria. Las zarzas punzantes le quitaban la vida al reptil de pellejo pedregoso que, a pesar de que le estaban quitando poco a poco la sangre, seguía dormido cual lirón. Helio no quería pensar cómo va a acabar el inocente pterodáctilo, y suplicó a Gionna que hiciera algo, que aprovechara para capturar a Aerodactyl. Pero no había ganas de usarlo. En cuanto ya estaba preparada, volvió a danzar y lanzar los pétalos al monstruo volador durmiente, tres veces hasta cansarse, para asegurarse de que no pudiera atacar. Soel sonreía orgulloso de sus habilidades como entrenador. Pensaba que con golpes tan fuertemente atestados no lograría levantarse. No andaba equivocado, Aerodactyl despertó de su letargo dolorido, tanto que despertarse por completo se le hacía imposible.
Pero Aina no aceptaba su derrota. Sacó su violín y tocó una estridente melodía que quemaba los oídos de Aerodactyl. Le hacía levantar, lo contrario que le decía su instinto. El esfuerzo físico involuntario, junto a las heridas, hacía que sufriera todavía más. Aina rozaba la línea divisoria entre cordura y locura.
-¡Aún no he terminado, cerdo guapo en bañador! ¡Pienso hacer picadillo a tu flor!
-¿En serio...?- Empezaba a pensar que Aina era tonta de remate, y una ilusa. -Ay, Dressela, usa sonmífero otra vez.
La bella dama florar trató otra vez dormir al obligado atacante, mas Aerodactyl no se permitió otra siesta. Creó una ráfaga de aire que disipó la nube verde, y se lanzó con golpe aéreo. Para Dressela fue un golpe crítico, aunque no devastador. Aina se reía con locamente mientras su pokémon rugía dolorido. Era tanto el dolor que a Aerodactyl hasta se le escapaba las lágrimas.
Daba mucha lástima verlo atacar con todos los cortes y las zarzas pinchándole. Helio no podía aguantar más, pero él no podía hacer nada. Minun estaba débil con el anterior ataque, pero igualmente su capturador no podría liberarlo de las zarpas de Aina. Gionna también le daba pena. Era la primera vez que veía a un pokémon sufrir de verdad. En los anteriores encuentros, o estaban coléricos o bien disfrutaban luchando. Pero este caso era diferente.
El cántico del violín no le dejaba rebelarse contra su propietaria. Todos sus pokémon estaban débiles, uno brillaba por su ausencia, y Plusle era una inexperta que solo sabía paralizar, por lo que no podría acabar con su vida, ni tratar de destruir su violín. No tenía otra opción. Todo y que Helio se adelantó a la acción con ruegos, ella se puso el guante de goma y agarró el capturador determinante. Lo encendió y soltó la peonza en dirección a Aerodactyl. Con tan solo hacer un círculo, el dinosaurio volador dejó al Lilligant en paz y se centró en el capturador.
Rompió la línea con un mordisco, y la descarga podría haberle causado otras quemaduras y alguna que otra parálisis, pero la mano estaba protegida por la sucia goma aislante. Otro arrebato de felicidad le vino una vez verificada la eficacia del guante. Ya no le podían hacer nada mientras manejaba el capturador.
-No hace falta que luches más. Ya has agotado suficiente a Aerodactyl.- Dijo a Soel para prevenir más daños.
-¿Quién eres tú para darme órdenes?- Contestó con desdén. -Es mi combate.
-Mira, chico... Entiendo que te guste batallar y eso... Pero no me fío de ti.
Dejó a Soel confuso con estas palabras, ni ella sabía lo que había dicho, pero no le importó. Volvió a proceder con la captura. Intentaba esquivar los ataques de Aerodactyl, pero era muy rápido, y el capturador se resentía con cada golpe. Si se queda obsoleto, no tendría nada que hacer. Echó la mirada al suelo, viendo a Plusle por encima. Chispeaba con ganas de descargar su energía. ¿Cómo no se le había ocurrido antes? Mas mientras miraba a su casual compañera, Aerodactyl se acercaba peligrosamente a ella, con intención de golpearla y luego agarrarla en cuanto salga volando por los aires.
Lo avistó a pocos metros de ella volando a baja altura, y no tardó en señalar con el dedo al pterodáctilo y ordenar a viva voz que paralizara a Aerodactyl. El conejo se apresuró, y de un brinco se puso encima de Aerodactyl en pleno vuelo. Soltó las chispas y, de la parálisis, cayó al suelo. Casi le chafa los pies, como si no les bastara las largas caminatas de estos días.
Después de retroceder unos pasos, acabó con la captura, sanándolo por completo. Plusle se bajó, y miró a Aina con rencor. Quería hacerla daño, vengarse por separarla de Selena. Aina iba a empezar a delirar con las palabras, mostrar frustración por su derrota, pero la actitud colérica de Plusle no le dejó pronunciar palabra. Se dirigía a ella aún echando chispas velozmente. Recibió el golpe, propinándole un buen calambre por todo el cuerpo.
-¡Rata asquerosa!- Exclamó tras sentir la electricidad recorrer por todo su cuerpo. Por poco la paralizaba. Iba a capturarle utilizando su violín, pero para su sorpresa, la electricidad había logrado estropear el supercapturador. Plusle quedaba abajo, gruñendo cual perro, aún rebosante de energía. El instinto, o, mejor dicho, el miedo hizo que corriera adentrándose en la selva suplicando clemencia, con Plusle rabiosa persiguiéndola.
-¡Pero bueno, Plusle! ¡Vuelve aquí!- Ordenaba sin resultado, mientras la perseguía corriendo, intentando alcanzarla. Ambos varones y Lilligant se quedaron pasmados viendo como los tres correcaminos desaparecían en la oscuridad.
-Parece que mi trabajo ya ha terminado. ¡Al fin, podré buscar chicos majos!- En cuanto iba a retirarse, junto con Dressela dando saltitos de fingida alegría, Helio le agarró del brazo, aún mosqueado.
-¿A dónde te crees que vas, guaperas?
-Oh... ¿No hemos acabado?- Preguntaba con tono irónico. -Estoy en bañador, ni muerto sigo estando en la selva así.
Helio no tenía ganas de discutir. Arrastró a Soel a las profundidades, igual que Gionna y la arpía de Aina.
El sol aún estaba vigente, aclareciendo el cielo, pero el aire se iba enfriando a medida que se acercaba su destino. Emily se frotó los brazos con las manos para darse un poco de calor. Spyrox tampoco le sentaba bien el frío, como planta que es. En tierra firme, cubierta de nieve, una mujer abrigada de pies a cabeza, de pelo lila y mirada igual de gélida que el clima, pero de piel tersa y suave esperaba a la top ranger. Miraba arriba del todo, esperando su llegada.
Los dos Starraptors pusieron sus pies en la escarcha, y en cuanto se liberaron del peso de sus pasajeras, volvieron a Almia. Ambas tiritaban de frío.
-Te esperaba, Emily. Por favor, entra en la base.- Su voz era suave y cálida, algo que contradecía con su aspecto.
En las mesas que habían distribuidas, en una silla se asentaba un hombre moreno y robusto que lucía de grandes y fuertes músculos. Esperaba pacientemente a que su jefa entrara con la chica. Aunque la base de Hiberna tenía calefacción no bastó para que volviera a entrar en calor.
-¿Tienes frío, Emily? Aguarda, te traeré una chaqueta y una manta para tu Grovyle.
-Gr-gr-gr-gra-cias.- Tartamudeaba por los temblores que le causaba la baja temperatura del exterior. Se sentó enfrente del hombre, que abrió los ojos y gruñó sin causa alguna. La mirada fija del ranger local le daba un poco de miedo. Al menos, Elena no tardó en regresar con una fina chaqueta de lana y un pequeño manto hecho del mismo tejido. No tardaron en abrigarse. Elena se sentó junto a los dos rangers y Grovyle.
-¿Quieres una taza de chocolate caliente?
-No, gracias.
-Mejor, así acabamos pronto. La Sierra Oscura es un lugar que no tiene perdón, más en esta época. Tendrás que prepararte bien. Chris te dará ropa adecuada y un equipo de escalada, por si lo requieres.- Tras decir aquellas palabras, el hombre musculoso, sin decir nada, se levantó y fue a por las cosas que necesitaba.
-¿Te puedo pedir un favor, Emily?
-Claro... ¿Qué es lo que quieres?
-Que regreses sana y salva con sus planes. Me preocupa lo que tienen esta gentuza en mente.
-¿Por?
-Verás... Antes de que la unión tuviera constancia del equipo Go-Rock, los lugareños ya avistaron a algunos integrantes del grupo. Uno estaba pateando a un Seedot, otros dos se metieron con un ranger novato... Yo ya sabía de que iba esa gente. Pero algo me dice que lo suyo es más que odio hacia los rangers y codicia. Por favor... Sácame de esa incertidumbre, Emily.
-Puede contar con ello.- Decía confiada. Chris volvía con las pesadas ropas de abrigo y la mochila con todo lo necesario para sobrevivir y trepar por las montañas.
-Gracias... Ahora ponte la ropa y ves en paz.
Tras darle las ropas, fue al vestuario que había en la base, cambió de atuendo y abandonó el calor que le daba la calefacción de las instalaciones. Partió en busca de la base del enemigo y del modo de entrar desapercibida...
