Capitulo 18

Elena tenía razón. La sierra no tenía perdón alguno. Pese a llevar ropa de abrigo, tenía frío, incluso más que en el pueblo. Spyrox hasta se llevó la manta de Elena, a mojarlo con la nieve. Esperaba entrar pronto en la base de marras y hacerles cantar sin que se dieran cuenta. Mientras sus pies crujían en el agua congelada, pensaba en cómo iría a encontrar un uniforme del equipo Go-rock. ¿Localizaría a uno de sus superiores y demandaría un falso ingreso a la banda? ¿Cómo, siendo lo más odiado por todo el colectivo? No les cuadraría nada. Solo había una opción restante, y esa era recurrir a la fuerza. O al menos, aparentar que va a lesionar.

Estaba de suerte. Nada más estar de camino hacia los picos y se encuentra a un recluta dando puntapiés a un plácido Snorlax en plena hibernación. Andaba solo, sin ningún pokémon al lado. Claro, la mayoría de los pokémon que habitan estarán en sus cuevas, nidos o madrigueras, durmiendo o resguardándose del frío. Estaba muy enfadado. Le cortaba el paso.
-¡Despierta, despierta! Maldito saco de grasa, ¿¡Por qué no te despiertas!?- Ya le daba una idea qué tipo de gente constituía el grupo. Le susurró al oído de Spyrox lo que tenía que hacer, y de enseguida se puso a la labor, quitándose de enseguida la manta. Con una sonrisa traviesa, toqueteó con una de sus garras la espalda del recluta. Se giró y, el Grovyle, como si se tratara de un degollador en serie, se lanzó a por su víctima y acercó las hojas de su brazo izquierdo, afiladas y duras, hacia su cuello. Brillaban como si fueran unas cuchillas verdes. El recluta se desmayó, y se unió a Snorlax en su sueño. Spyrox bajó su brazo y se enrojeció.
-Ups...-Dijo Emily. Pensó que quizá fuera demasiada emoción, para el pobre hombre. Aunque ya le valía. Ahora tocaba la parte más difícil; quitarle la ropa. Le dejó con la mayor parte del cuerpo descubierto al gélido aire. Lo único que le dejó fueron los calzones. Spyrox se reía de él con locura. Incluso se le escapaban las lágrimas de la risa. Ya con la ropa entre brazos, la guardó en la mochila con el equipo de escalada y ambas se subieron a la masa durmiente para pasar al otro lado.

La persecución seguía su curso. Aina corría desesperada por perder a Plusle de vista, pero pese a sus esfuerzos, no veía que se distanciaba de ella. Pero ella al menos mantenía un ritmo constante. Gionna, quién seguía al colérico conejo, le costaba horrores acercarse. Le dolían los costados, los pies y le faltaba el aire. Tenía que reducir su velocidad cada dos por tres para recuperar el aliento. Al menos a Aina le impulsaba la adrenalina, aunque se le presenten varios obstáculos; pokémon salvajes, caminos sin salida que tengan que treparse, rocas, telarañas, arbustos...

Gionna quería desistir, pero no podía. Pronto, Helio, con Soel forzado también a correr, le dieron alcance.

-Em... ¿Estás intentando pillar a Plusle? Porque no lo parece.- Resaltó Helio su lentitud.
-Cállate...- Contestó malhumorada y exhausta. Al toparse con la elevación, ya estaba al borde de su paciencia y no le importó ensuciarse el uniforme para reposar. -Aaaaay, Pelozuli, ves a tú a por Plusle. Yo... ya estoy muerta.- Ordenaba mientras jadeaba.
-¿Tan cansada estás?- Preguntaba sin creerse que tenía que descansar. Claro que, si perdía a Plusle, se las cargaría todas. Pero no podía dejar a su eterno rival campar a sus anchas. Y tenía que soltarle... No había opción.
-Vale. Pero vigila que este gallito no vuelva a la playa.
-Descuida...- Y, dada la palabra, Helio trepó con mucha más energía que Aina, mientras que Gionna miraba vigilante a Soel. Lilligant ansiaba de regresar a la playa, igual que su amo. Claro que, si la persecución iba a durar, se tendrá que finalizar el día sin acabar de confirmar nada, y quería acabar lo antes posible, para que le concedieran la libertad de una vez por todas. Tenía que mandar a alguien a que acabara la tarea, y pese a desconfiar de la eficiencia de su compañero de trabajo, le pidió ir a ver las zonas restantes de la selva. Eso le supuso la libertad para Soel.

-Ahora mismo, señorita.- Decía con tono sarcástico. "Oh no, no lo harás.", fue el primer pensamiento que irrumpió en su cabeza al ver su socarrona sonrisa. A veces no sabía cuando alguien hablaba con ironía, pero en este caso se le hacía muy obvio.

Pasado poco tiempo, mientras el aire refrescaba su cuerpo, sonó el capturador que aún lo tenía sujeto. Miró la pantalla para ver lo que le pasaba al aparato. No le pasaba nada, simplemente, Helio estaba llamándola. Abrió conversación con un botón y activó el altavoz, para no tener que acercarse el aparato en la oreja.

-¿Qué quieres?- Preguntó sin entusiasmo alguno.
-¡Sube, ya! ¡Tienes que ver esto!
-¿Cómocomocomo? ¿Qué suba a dónde?
-¡Tú simplemente sube arriba del todo! Te espero en la entrada en la reliquia.
-¿Pero qué reliquia? ¿Qué dices? ¿Hola? ¿Holaaaa?

La línea se cortó. Estaba confundida. No le había indicado ningún camino, solo que fuera para arriba, y no sabía donde diantres estaba la "reliquia" que él decía. ¿Estaría nada más disponerse a subir la pared natural? Se dispuso a finalizar el reposo y trepar.

Observó por un momento y guardó el capturador para tener ambas manos libres. Se agarró por las zarzas con las que podía sujetarse y fue poco a poco apoyando también los pies en los huecos que había, mientras temblaba como una hoja. Justo cuando parecía que se iba a acabar el trepar, la tierra enmudecida por las lluvias del día anterior le resbaló en las manos y provocó que perdiera agarre y cayera. Gritó asustada mientras iba bajando hasta el punto de partida. Quizá se le rompiera la espalda, o peor, la crisma. Pero no recibió el impacto. Ni siquiera estaba en el suelo.

Se quedó flotando en el aire, completamente quieta, como si el tiempo se le hubiera detenido. Suponiendo que Kyumbreon le abandonó por llevarle la contraria, la única causante de que estuviera a salvo cualquiera de sus huesos es Latias... Pero ella la hubiera agarrado, y no sentía que algo la sujetaba. Una voz ajena a la suya resonó desde su cabeza hasta los tímpanos. Una voz muy familiar.

-Cuán siento dejarla sola con esos viles reptiles. No volveré a defender fanáticamente la gracia de Lunetah.

Gionna giró su mirada detrás suyo al escuchar su voz. Estaba ahí, con los ojos brillantes, anulando la gravedad sobre ella con su psíquico. Antes de que pudiera preguntar nada, Kyumbreon volvió a hablar.

-¿Pretendías subir? Mis disculpas...- Después, le ahorró otro intento de llegar arriba del todo, asentándola al borde de la subida escarpada.
-¿No dijiste que hoy me dejabas de lado?- Preguntó extrañada al ver que había acudido en su ayuda.
-Cierta ente que no me creía que existía me ha convencido.
-¿Cierta ente que...? ¡Ah! Creo que ya sé a quién te refieres.- Comprendió sus palabras. Eran tan claras como el agua. Pero no acababa de creer que Latias hubiera tenido una charla con él. A oídos suyos, le era una excusa, o una burla.

-Espera... ¿No lo dirás porque sentiste remordimientos y no quieres admitirlo?
-¿A caso yo te mentí alguna vez?- Redirigió la pregunta. Apartaron ese tema y acordaron que Kyumbreon tendría que permanecer en su pokéball hasta nuevo aviso. Siguió adelante, tranquilamente, pero no tardó en toparse con otra gran pared con lianas y zarzas colgando. Además, un par de Gligars planeaban cerca de ese obstáculo, vigilantes. Por la altura, no quiso sacar a Kyumbreon. Pensó que quizá sería demasiado.

Pese al susto anterior y su inseguridad, volvió a subirse para llegar al punto más alto de la peña selvática. Nada más subirse un poco, uno de los recelosos escorpiones voladores trató de expulsarla de su territorio, embistiéndola. Se apuró en subir más, evadiendo el ataque de Gligar. Por poco este se estrella contra el suelo. El otro no le tomó tanta importancia y la dejó subir en paz.

Tardó lo suyo, pero logró llegar al final. En cuanto podía estar segura de que no podía caerse, miró abajo. No podía creerse que hubiera llegado tan alto sin recurrir a ninguno de sus pokémon. Acababa de demostrarse que tenía una gran fuerza de voluntad cuando ella lo quería. Esta vez se había superado. Pero no había tiempo para ponerse laureles en la cabeza. Tenía que encontrar la mencionada reliquia y reunirse con Helio. No tardó en saber que estaba a sus espaldas.

La luz entraba en toda su totalidad; las palmeras que mantenían en la penumbra con sus anchas hojas lucían con su ausencia. Solo algo de vegetación por el fondo y una gran construcción antigua enfrente suyo. En la cumbre del bloque ancestral, Helio hizo señas con la mano y llamó su atención con la voz. Al menos solo tenía que utilizar sus desgastados pies para llegar.

-Ya era hora.- Dijo con tono neutro, nada más verla de cerca. Plusle estaba al lado suyo, aún ansiosa de descargar energías sobre Aina, y Minun reposaba en su hombro. Aún estaba débil, pero se encontraba mejor.
-Lo siento, chico, no tengo tu agilidad. ¿Qué quieres que mire?- La expresión seria de Helio cambió a una de alegría y entusiasmo. Intentó reprimir su emoción, pero no pudo.
-Pues... Verás... ¡Tú sígueme!- Se adentró sin demora al agujero de la reliquia.

Dentro había lo que parecía un complejo mecánico partido en dos, que daba paso a unas escaleras que bajaban hasta el subsuelo. Helio bajó sin temer a caerse por la falta de luz. Gionna no se atrevió a seguirle. De enseguida, Helio se percató de su ausencia.

-¡Vamos! ¡No te quedes ahí parada, mujer!- Dijo descaradamente.
-¿A caso quieres que me mate? Ni loca voy a bajar sin iluminación.- La carencia que tenía ese lugar le recordó que volvía a tener a Kyumbreon de lado. Lo sacó de su madriguera artificial, y este agitó su cabeza, ondeando el pelo que tenía debajo de sus orejas.
-¿Me requiere para algo, mi señora?- Preguntaba con cortesía el felino.
-Pues sí. ¿Podrías iluminar el camino con tus marcas? Es que, con tanta oscuridad no creo que logre bajar ilesa.- Kyumbreon se sintió ofendido. Pensó que tenía que hacer algo más, como matar a todo que se cruzara en medio. No, solo tenía que caminar, nada más. Refunfuñó para sus adentros y encendió las marcas de su piel.

Solucionado el problema de la poca visibilidad, los dos bajaron hasta encontrarse con un espacio subterráneo con baldosas de piedra colocados sobre el suelo. Y eso no es todo; el bloque estaba construido en un manantial natural, al parecer. Había aguas a montón. Eso para Gionna también era sorprendente, sin duda. Más teniendo en cuenta que para la gente de antaño debería de ser un esfuerzo monumental hacer hueco en la tierra para alzar este... ¿templo? Posiblemente sería eso. ¿Pero, a qué ente le dedicaría este templo? De todas maneras, el esfuerzo que había empeñado para reunirse con Helio había valido la pena. Este lugar no figuraba en el panfleto turístico que se cogió en la agencia de viajes. Acababa de pisar un lugar que parecía ser desconocido para la gran mayoría de la gente.

-Dios, ¿¡quién iba a imaginarse que hubiera algo así debajo de la jungla!? ¡Es asombroso! ¿No te parece?
-¿Eh?- Estaba distraída, especulando como había sido creado y preguntándose si el agua era salubre. Helio se enfadó por su aparente falta de emoción.
-¿¡Cómo puedes estar así estando en un lugar por donde seguramente nadie ha pisado en siglos!? ¡Que poca vergüenza tienes! - Intentó decirle que estaba imaginando como se lo hacían, que no estaba por él, pero Helio no dejó pronunciar palabra.
-No, no me lo digas, te he molestado, ¿no? ¡Pues perdona que quiera enseñarte esto, pensaba que te ilusionarías! Pero no, veo que solo te gusta holgazanear como el cazurro de Soel.
-Que boca mas grande y que oídos más pequeños. No la dejas hablar.- Defendió Kyumbreon a su entrenadora.
-Es que es cierto.
-No.- Negó ella. -Estaba pensando cómo podrían haber construido este lugar.- Helio al fin se quedó mudo. Se tragó sus propias palabras.

Sus propios actos de arrogancia le hicieron sentir mal con él mismo. ¿Dónde estaba el Helio que escuchaba a los ciudadanos con problemas, el Helio comprensivo, el que ayudaba? Desde luego, con ella estaba siendo la persona que no quería ser.

-Lo siento... Es que, como te veo siempre tan seria y siempre... Utilizas a los pokémon para hacer daño a otros pokémon pues... Ya ves lo que pasa.- Se disculpó. Luego Gionna alegó por qué utilizaba a sus pokémon.
-Oye, si mando a mis compañeros a luchar no es para hacer daño al contrario, es para defenderme. No tengo el físico para protegerme de ninguna agresión, y dependo de ellos para sobrevivir. A parte, si eso lo dices porque no utilizo el cacharro que utilizáis, eso es porque me niego a utilizar algo que tenga que emplear algún esfuerzo físico. Además... Vosotros también utilizáis otros pokémon para ayudaros con la captura, ¿no?
-Sí... pero solo mandamos que suelten lo que tengan, y luego los soltamos. ¡Pero tú los obligas!
-Eso tampoco es cierto. Yo nunca he capturado ningún pokémon porque me ha venido en gana. Si ellos están conmigo, es porque han querido y decidido estar junto a mí. No todos los pokémon quieren quedarse en su hábitat, Pelozuli. Y, además, si mis pokémon no quieren luchar no tengo problema en que no lo hagan. Kyumbreon siempre está dispuesto a tumbar a cualquiera.

Dio a entender que no era el monstruo que pensaba que era. Aunque aún no se acababa de creer que fuera tan buena. Pero no le importó, quería su perdón, ya.
-Bueno, es igual, ¿aceptas mis disculpas?
-¡Venga!- Helio quedó aliviado. Ese tono de alegría le decía que no le dio importancia alguna. Al ver que empezaban a congeniar, pensó que tenía que decirle su nombre. -No te dije mi nombre, ¿verdad?
-No.
-Vale. Pues permíteme presentarme: mi nombre es Gionna Asecas. ¿Y tu eras...?
-Helio.
-Vale, mucho gusto, Helio. ¿Te parece si miramos más a fondo este lugar? Tengo curiosidad...
-¡Eso es precisamente lo que quería proponerte desde un principio!

Y ambos se pusieron manos a la obra. Se adentraron más en el lugar, y vieron que habían varios cuartos por donde entrar. Pero sobre todo, se fijaron en una estatua. Un león con un grillete sin cadena en cada pata y de melena lisa, con una especie de nube en el lomo rugía inmóvil, sellado en piedra. Como no, Helio se quedó pasmado con esa estatua, y a Gionna le hizo pensar aún más. El lugar no era idóneo para hacer un lugar de culto a este felino mitológico. Al no ser que el agua haya surgido después, cosa que dudaba.

Mientras hacían sus teorías sobre la estatua, detrás de ella se ocultaba la arpía del violín. Iba escuchando a sus dos peores enemigo a ver si soltaban algo importante o personal, pero al ver que solo eran teorías que discutían sobre la gente del pasado se le pasaba miles de veces el mismo adjetivo. Empollones todos. Si no fuera por Plusle, no tendría que esconderse y soportar esa verborrea hipotética.

En cuanto se dispusieron a ver las otras cámaras que habían, Aina salió de su escondite. Andaban tan contentos los dos... Eso le daba envidia. Hacía tiempo que ella no socializaba con nadie ajeno a su familia y el equipo Go-Rock. Tenía que vengarse, y, para ello, necesitaba trazar un plan con sus hermanos.

Sacó el móvil y vio que no tenía cobertura al estar bajo tierra. Tenía que subir, algo difícil en estos momentos. Pero lo consiguió, a duras penas. Llegada a la salida, buscó el número de su hermano David y lo llamó. No tardó en contestar.

-¿Diga melón?- Preguntó tranquilo. Estaba entreteniéndose tocando algunos acordes con la guitarra.
-David, soy Aina.
-¡Anda, hermanita! ¿Qué te pica, tronca?
-¿Que qué me pica? ¡La moral, tío! He fracasado en mi intento de llevarme a la fea esa y encima se está ligando al otro tontaina.
-Anda, tú... Y quieres que vengamos todos y les demos una paliza juntos, ¿no?
-¡Síiii! ¡Que bien me conoces, hermanucho!- Dijo ansiando su llegada. -Estoy en un edificio feo de la selva, si eso.
-¿En un edificio feo...?- Preguntó intrigado. Y tan pronto que se preguntó lo que podría ser, supo a qué se refería. Eso le recordó a una de las múltiples leyendas existentes de la región. A raíz de ese recordatorio, le surgió una idea vil, algo que le permitiría utilizar la motivación común de los rangers para fastidiar, no solo a la isla, si no a la reputación de esos dos.

-Jo, jo, jo, jo, jo... Creo que ya sé como jugársela a ese par de tortolitos.