Capítulo XXI

A primera hora de ese día y en las laderas de la Montaña Solitaria, los campamentos de los Hombres y de los Elfos tenían una vida agitada. Esperaban impacientes el tiempo pautado para que Thorin Escudo de Roble decidiera entregar el tesoro, como habían acordado durante el último encuentro.

Los ejércitos no se esperaban la llegada ese día de extranjeros inesperados.

Un hombre a caballo venía galopando como el viento, directo a la tienda del rey Thranduil. Y no descansó hasta haber llegado ante la presencia del mismo Elfo.

Los Elfos se encontraban organizando armas y caballería para mantener la guardia ese día, cuando el hombre llega extenuado y salta del caballo trayendo un mensaje urgente para el rey.

-Viene un ejército por el norte, su majestad- dijo el hombre casi sin respiración –¡Ya están aquí!-

-¿Un ejército, humano?- Thranduil no se inmutó -¡Orcos!-

-No señor, no son Orcos, son Enanos- informó el hombre.

Thranduil enseguida hizo llegar la alarma a Bardo y sus hombres. Se acercaba un ejército de Enanos que no esperaban, y no tenían idea de quién era. Todos en los campamentos empezaron a correr de un lado a otro.


Pero otra sorpresa más les esperaba a Thranduil y Bardo. Esperaban el ejército de Enanos por el norte pero por el sur tres personas llegaron aparte y cubiertos por el misterio.

-¿Qué? ¿Quién está allí?- bramó Thranduil montado sobre su alce blanco listo para la batalla, y Bardo estaba al frente junto sus hombres también listos para la batalla, pero ambos vieron llegar a otra gente por la retaguardia. Y ya esa gente estaba allí a unos pasos de ellos -¿QUIÉN VIVE?- gritó sorprendido el orgulloso Elfo.

-Thranduil hijo de Oropher- dijo una conocida voz y el Elfo se quedó de piedra aguzando la vista para ver la figuras misteriosas que se había colado entre su ejército -¿Te acuerdas de nosotros?-

El rey Elfo, Bardo y toda su guardia encararon a los tres recién llegados y distinguieron un hombre alto con una sombrero puntiagudo montado sobre el caballo más hermoso de toda la Tierra Media, el gran Sombragrís. Y aquel mago venía acompañado por dos personajes que más perplejos los dejaron: dos Enanos, uno muy desgastado y anciano y otro que se les antojó pensar que era una mujer.


Gandalf el Gris había llegado a Erebor al fin, acompañado por las personas más soprendentes.

-Thranduil hijo de Oropher. Supongo que te acordarás de Thráin Rey Bajo la Montaña y su hija Dís, que han regresado a su reino- sonrió Gandalf con mucha tranquilidad.

¿El curso de la guerra cambiaba con eso? Thranduil no lo creía así.

-Thráin hijo de Thrór… qué sorpresa- balbuceó el Elfo como si viera a una fantasma.

-Muchos años estuve en Dol Guldur, no sé si podré ser Rey Bajo la Montaña otra vez pero me han dicho que mi hijo Thorin han logrado retomar el reino. Él es el nuevo Rey Bajo la Montaña- dijo Thráin muy cansado y avejentado. El Enano estaba vivo gracias a Gandalf nada más.

-Así es, oh rey Elfo- apoyó Dís con solemnidad.

-Eso no redime el hecho de que parte del tesoro es nuestro- discutía Thranduil y su ejército partiría a las puertas de Erebor, tal como había acordado con Thorin si no se rendía antes.

-Causarás una guerra innecesaria, Thranduil- le dijo Gandalf –Pero bueno, hablemos con el Rey Bajo la Montaña ¡Vamos! Que Dáin ya llega-

El rey Elfo no respondió a aquello pero el mago agregó:

-Déjame hablar a mí primero, oh sabio rey, luego veremos qué nos dicen los Enanos de Erebor-

Gandalf y Sombragrís tomaron la delantera y empezaron a subir por el sendero nuevamente habilitado hacia las puertas del reino Enano. Y atrás el rey Elfo y Bardo se alinearon junto con sus soldados de vanguardia, detrás del mago y el Señor de los Caballos.


Un caballo blanco que resplandecía bajo el sol se veía desde lo lejos y los Enanos distinguieron la llegada de extraños visitantes que no eran ni gente de Bardo ni gente de Thranduil. Thorin y sus Enanos estaban frente a la Puerta Principal a la expectativa y cuando Thranduil y Bardo llegaron al reino, se sorprendieron mucho de verlo vestido con ropas reales pero ninguna armadura, como imaginaban.

Pero los Enanos de Erebor tenían esa vez otro objetivo que llamaba aún más su atención: no podían distinguir quienes más venían con los Elfos y los Hombres, allá junto con Thranduil y Bardo. Thorin se quedó esperando pacientemente pero aguzaba la vista lleno de sospechas y con los latidos del corazón más acelerados.

-Es Gandalf- murmuró al fin atónito a sus compañeros –Gandalf ha regresado-

-Pero ¿Quién viene con él?- dijo Balin inquieto a su lado. Los Enanos no podían creer lo que veían.

Thorin miraba atentamente hacia la multitud de recién llegados, pero no pronunciaba palabras.

-¡Salve, Thorin Rey Bajo la Montaña! He venido con el despuntar del nuevo día trayendo muy buenas nuevas- cantó el mago con una sonrisa.

Paralizado el rey Enano no respondió a ese saludo pues sus ojos estaban clavados en los dos ponys que flanqueaban a Sombragris, dos ponys que traían a dos Enanos sobre sus grupas.

Gandalf hizo silencio ante la sorpresa de los Enanos, y los otros dos se quedaron atrás sin acercarse todavía.

-¿Quiénes son…?- balbuceó al fin.

-Thorin, primero que nada debemos aclarar esta situación. Dáin ha llegado y aquí están Thranduil y Bardo…- le dijo el mago antes de distraer todo del asunto que tenían allí encima.

El rey Enano se sacudió de la cabeza las ensoñaciones que lo habían embargado pues era obvio que los Enanos que venían con Gandalf eran seguramente Dáin y algún capitán de las Colinas de Hierro, así que se enfocó en la situación con los invasores.

-Dime, Thorin Escudo de Roble- intervino Thranduil acercándose a los Enanos, intimidante por su tamaño y majestuosidad.

-Perdón, pero así me llaman los Enanos. Los Elfos me conocen como "El asesino del Elfos" así que así es como debes llamarme de ahora en adelante, Thranduil-

Ante esto Thranduil sólo asintió con fastidio y luego Bardo prosiguió.

-Thorin, no venimos aquí en son de guerra aunque hayas creído lo contrario. En verdad nosotros reclamamos lo que es justo-

Los Enanos no dijeron nada.

-Veo que…- añadía Bardo a propósito de que Thorin no llevaba puesta ninguna armadura de guerra- aún no se deciden ¿O me equivoco?-

Siguió el silencio entre los Enanos. Thorin empezó a pasearse por toda la entrada que ya estaba reparada y con las puertas de nuevo colocadas cerrando el paso hacia adentro.

Los ejércitos expectantes entraban en nerviosismo mientras unas trompetas anunciaban la llegada de los Enanos de las Colinas de Hierro. Thranduil, Bardo y Gandalf exigieron la respuesta de Thorin.

Poco a poco fueron apareciendo en las laderas los Enanos de Dáin montados en ponys armados con lanzas y escudos, pero los hombres de Bardo o los Elfos de Thranduil no hicieron movimiento alguno. Daín se acercaba, pero se quedó parado y a la espera montado sobre un enorme pony negro y con sus Enanos armados con cotas de mithril, escudos enormes colgados a sus espaldas, fuertes azadones en una mano y espadas cortas en la otra, todos formados detrás de él.

-Bien- al fin habló Thorin- He decidido que no habrá ninguna guerra aquí-

Aquello levantó murmullos entre todos, especialmente Gandalf reaccionó, y los dos Enanos que estaban detrás de él igual.

-Accedo a que sea repartido el tesoro equitativamente. Mis Enanos vigilarán muy bien eso. Si aceptan la repartición del tesoro así pues accedo a su petición-

Thranduil se quedó perplejo, Bardo sonrió y Gandalf aprobó orgulloso las palabras del rey Enano que había vencido la enfermedad del dragón y la codicia del oro.

-Thorin, Rey Bajo la Montaña, aún no has reconocido a quienes vienen conmigo ¿No?- el mago se acercó a las Puertas Principales después de que el barullo se calmó, y lo mismo hicieron los Enanos que lo acompañaban.

La inquietud se apoderó de todos los compañeros de Thorin a medida que los extraños visitantes se acercaban, sobretodo Thorin empezó a temblar pues ya su corazón le decía lo que todavía no le decían sus ojos. Perplejo había identificado a su hermana Dís allí presente, y ella venía con un anciano que aún no identificaba quién era.

-Thorin- ella lo saludó y luego le hizo un gesto para que saludara a su acompañante. Thorin no reaccionaba, estudiaba al anciano Enano negándose a reconocerlo.