Capitulo 19
Humedad. Eso es lo que se sentía. Aire que estuvo herméticamente cerrado durante siglos. Aguas que permanecieron ocultas también en el tiempo... Azulejos azules adornaban la sala, y dos colmillos se retorcían al cada lado de otra entrada que se hallaba enfrente suyo. Desde ahí, se sentía el aire circular. ¿Cómo era posible que una ráfaga de viento estuviera en el subsuelo, se preguntaron los dos?
-Noto una corriente de aire frío...
-Ídem. Y eso que estamos bajo tierra. ¿Quizá haya una salida al exterior ahí delante?- Supuso Gionna.
-¡Solo hay una forma de averiguarlo!- Helio se apresuró en ver lo que había más allá del cuarto. Solo había un largo camino rodeado de vacío y dos grandes pozas de agua por los costados. Al final había un agujero que dejaba entrar algo de luz. El aire aún se sentía en frente de la cara de Helio, por lo que procedía desde aquella abertura.
Iba derecho hacia la luz, pero al acto de pisar para dar un paso, emergió del agua una serpiente marina de seis metros y medio color azul. Helio escuchó el bramar del líquido de la vida que venía desde su lado derecho y vio al dragón preparar un chorro a presión para tirar a Helio al gran hueco. Logró escapar a tiempo del ataque del Gyarados, pero otro emergió por el otro costado y, con la misma agresividad que el anterior, golpeó a Helio con el primer chorro. A parte de empaparlo, lo precipitó al vacío.
Se había quedado con sus pokémon. Ella estaba sola por no querer seguir al impulsivo de su compañero. Estaba más interesada en ver la zona en la que estaba. La pared tenía un color azul esmaltado, igual que el suelo. Kyumbreon también inspeccionaba el lugar. Las edificaciones creadas por la humanidad no es que le interesara mucho, pero sus ojos vieron de enseguida una inscripción en el pedestal que reposaba uno de los colmillos. Se acercó a leer la escritura. Para él eran bobadas, pero pensó que su entrenadora tal vez le interesara.
-Pare de admirar el azul de las paredes, mi señora. Hallé algo que le pueda resultar más cautivador.
-¿Qué has encontrado?
-Vos venga.
Hizo lo que le dijo. Gionna fue donde estaba Kyumbreon, cerca del colmillo. Miró por el suelo y por el techo, pero no parecía que hubiera algo diferente.
-¿Pero se puede saber qué has visto que te llamó tanto la atención? Yo no veo nada.
-Más cegata que un topo eres... Está a la altura de tus rodillas.
Volvió a mirar al suelo y por los alrededores de nuevo, solo viendo sus pies y el suelo cuadriculado, sin aún ver lo que su Umbreon le quería enseñar.
-¡En el pedestal, cerebro de mosquito!- Su voz tronó en la cabeza de su entrenadora, congelándole la sangre. Aún sin recuperarse del susto, se agachó a ver qué había visto. Letras ya conocidas talladas en la piedra es lo que avistó. No era una lengua arcaica, es más, era la suya, por lo que se podía leer, pero le costaba interpretar ese texto. Le era críptico.
De pronto, Helio, dolorido por la caída, subía las escaleras que habían. Minun hacía esfuerzos por andar, para no hacerle más daño de lo necesario.
-¿Qué estás haciendo?- Preguntó al verla agachada enfrente del pedestal. Gionna volvió a sobresaltarse. Todavía estaba tensa. Giró un poco la cabeza, y vio por el rabillo del ojo su cuerpo doblado goteando por todos los sitios.
-¿¡Pero qué te pasó, que estás tan mojado!? Y vas como un viejo jorobado... ¿Estás bien?
-No, no lo estoy. Me ha atacado un Gyarados con un chorro de agua. Y tú... Repito, ¿qué estás haciendo?
-Oh... Kyumbreon encontró un escrito en este bloque de piedra. Lo estaba mirando. ¿Quieres leerlo o te lo leo yo?
-Mejor me lo lees tú. No estoy para agacharme... Ay.
-Bien...- Respiró hondo para leerlo con ímpetu. -"Aspirante que quiere dominar a los elementos, escucha el llanto perdido en el océano, dos dragones marinos aguardan para que apacigües su tristeza. Evade a las serpientes y sus ataques hasta llegar a su cámara, hasta que puedas calmarlos y darles otra perspectiva". ¿No te parece de lo más críptico?
-Pues no. Viendo lo que hay ahí fuera...
-Jum... ¿Crees que hay dos dragones esperando a alguien? ¿En serio?
-Viendo que hay serpientes... Psé, no me extrañaría.
-Un momento... ¿No era esto un templo de culto a Entei? ¿Entonces qué pintan aquí serpientes y dragones?- Preguntaba al revisar mentalmente sus teorías.
-La verdad, no tengo ni idea... ¡Pero quiero verlos!
De pronto, el dolor de espalda de Helio pareció desaparecer. Se puso rígido, y, decidido, volvió a la gruta. Por esa impulsiva reacción, un hilo de aire escapó de los labios de Gionna. Minun intentaba seguirle, pero ya se esforzó lo suficiente. Nada más ver su cuerpo magullado tocó la fibra sensible de Gionna y lo puso entre sus brazos. Esta vez ella también iría. A parte de querer ver a los dragones, tenía que procurar que Helio no se volviera a caer.
-¿Vos va también a ver las bestias?
-No, Kyu... Voy a vigilar que no se haga más daño. Y tendrás que ayudarme.
-¿Y si me niego?- Se mostraba reacio a prestar ayuda a otros humanos que no era ella. Su entrenadora no estaba para chantajear. Además, ¿de qué le podría amenazar? Él era muy capaz de hacer lo que él se propusiera, y si él se proponía de evitar la condena por desobediencia, lo haría. Tenía que justificar que era por ella y no por él.
-Es que ahora que me hice más amiga de él no quiero que de otra caída se casque la crisma.
-Tus argumentos son inválidos.
-Vale, está bien, pues no me ayudes.
-Solo me mantendré cerca de ti.
-Bien.
Quedó conforme, aunque no llegó a lo que quería. Cruzó la línea divisoria imaginaria entre la zona segura y la peligrosa, y de lejos vio a Helio evadiendo los chorros de los furiosos guardianes del agua. Logró ponerse a salvo, manteniendo distancias. Ya podía estar tranquila.
Pensaba retirarse tras ver que andar por estos lares no era seguro, pero Helio hizo señas para que viniera. Ella retrocedió un paso y negaba rotundamente con la cabeza, mas él quería que viniera al ipso-facto. Lo indicó con el dedo índice señalando repetidas veces el suelo. Caminó con desgana, mientras quejas mentales anulaban su capacidad de atención.
La primera serpiente volvió a sacar con violencia su alargado cuerpo para que la intrusa sienta su frío chorro de agua. El atento Umbreon se percató de ello, y ordenó a su entrenadora que se detuviera. Con el escudo que creaba con sus capacidades psíquicas, pudo bloquear el paso del agua. Pero eso no significa que no le llegara a ella parte del agua que se desvió por la acción de protección, no obstante, solo la empapó. El agua tuvo un efecto alcalino en su temperamento.
-¡¿Pero qué demonios...?! ¡Kyu! ¿¡De dónde puñetas ha salido el agua!?
-De un Gyarados que emergió de una poza, anulada su fuerza por mis dotes de protección. Y le dije que no siguiera.- Informaba a la vez que hacía al reptil acuático retorcerse de dolor apretando su cuerpo con su mente. De enseguida sucumbió a su poder, y se hundió sin consciencia en las mismas profundidades de donde procedía. Altivo, Kyumbreon tomó su propio rumbo, y en cuanto avanzó, él se giró e indicó lo que tenía que hacer.
-Trate de no adelantarse. Si no será vos quien vaya al otro mundo.- Siguió andando mientras su entrenadora mantenía distancias para asegurarse de que no se volviera a empapar. En el camino, otro Gyarados apareció, y cayó igual que el anterior. Pero luego fueron dos los que emergieron. Se esperaba que solo uno saliera y tan solo se pudo proteger de uno de los chorros. El otro lo recibió por la espalda, haciendo que se estampe con su propio escudo. En el acto de choque, la protección desvaneció y Kyumbreon, resentido, trataba de ponerse en pie.
Los reptiles azules, alargados y sin extremidades, preparaban otro hidrobomba para el guardaespaldas de Gionna. Pudo esquivar el de la derecha, pero el izquierdo lo golpeó. Por poco se precipita al vacío.
-¡Kyum!- Gritó preocupada por su salud. Todos estaban incapacitados para salir de sus pokéballs, y Kyumbreon recibió dos constantes palizas acuáticas por parte de los habitantes de la zona. Sabía que él tenía más aguante de lo que parecía, pero verle agredido le ponía los nervios en punta; si él se debilitaba ya ninguno más podría defenderla. Los dragones, confiados, se dispusieron a "rematarlo" a la par, otra vez de la misma forma que lo golpearon. Pero los caños no llegaron a él.
El blanco de color negro los detuvo en el aire, e hizo regresar los chorros a los mismos agresores con mayor potencia en toda la cara. Acto seguido, cargó su pulso umbrío para después azotarles de tal manera que caigan inertes bajo el agua. La onda oscura hasta abrió una fisura en el vientre de ambos, liberando el fluido escarlata de sus cuerpos, formando una mancha envolvente en el líquido transparente.
Tan solo ver por poco tiempo la hemoglobina salir de aquellos cuerpos territoriales hizo que Gionna sintiera que el cuello y sus manos flaqueaban. Trató de no ver más a las serpientes desplomarse, pero aún le quedaba el recuerdo.
-Cuán lamento que tenga que presenciar sus muertes... ¡Pero mira que golpearme por la espalda! Se lo merecían.- Justificaba sus actos con su ego. -Además... te he despejado el camino. Te hice un favor.
-No sé yo, pero el método que has empleado es un poco bestia...- Decía con voz temblorosa, intentando reprimirse el llanto producido por el miedo.
-Aparta el acto que acabo de hacer de tu mente. Tu amigo de pelo azulado se está impacientando.
Era cierto. Helio quería reunirse con ella, pese sabiendo que el lugar estaba plagado de Gyarados. Zarandeó la cabeza y siguió adelante, intentando relajarse. En cuanto se reunió con Helio, que acababa de echar un vistazo a la cámara que había al final de la gruta. Este parecía crispado por la agresividad de Kyumbreon.
-Chica, ¿pero por qué dejaste que matara a unos inocentes Gyarados que solo trataban de expulsarnos de su territorio? No hacían nada malo...
-Daba igual, tenían que caer para que pudiera pasar con seguridad. Mi señora no tiene sus cualidades físicas, señor de pelo azulado. Y creo que se lo ha comentado a vos.
-¿¡Y qué!? Podría haberlo intentado.
-¿Y acabar perdida en el vacío? No nos conviene. Y a usted menos, llevando a tu Minun entre brazos.
Se quedó mudo. Vio que Minun reposaba en los brazos de la entrenadora. Ya le extrañaba que no notara su peso en su hombro. Pero esto era un tema a parte. El fin no justificaba los medios.
-¡Pero has matado!
-Por favor Helio... Kyu es así. Actúa por su propia cuenta aunque no me parezca bien. Y dejemos el tema, por favor. ¿Por qué tanta prisa, a ver?
-¡Oh, sí! He visto algo interesante.
-¿Dragones?- Preguntó su compañera.
-No. Es otra cosa... Está cruzando por esta puerta. ¡Sígueme!
Y ambos se adentraron a la cámara por donde supuestamente Helio vio algo interesante. Era una cámara cerrada, con una pequeña fisura que le daba iluminación, pero era muy pequeña para que el aire pasara y retumbara en la sala anegada. No había nada salvo una gota de piedra que reposaba sobre un pequeño altar. Tanta prisa y mojarse para llegar a otra sala con otra escultura. Y los dragones que mencionaban los escritos grabados brillaban por su ausencia.
-Bueno... Otra sala sin nada. Y aún no se ha resuelto el misterio del aire circundante... Genial.- Se quejaba Gionna mientras miraba sus pies blindados por las bambas.
-¿Cómo que no hay nada? ¡Deja de mirar el suelo y mira en frente, hombre!
-¿Y a eso lo llamas algo? Mis más sinceros respetos, mas yo solo veo un trozo de piedra.- Objetaba Kyumbreon sobre la relevancia de la escultura.
-Tú... ¡Tú no entiendes el arte, Umbreon! Esto... ¡Esto podría ser un objeto de culto o algo!
-Poco me importa a mí las reverencias a sus dioses de ficción. Es algo que como a pokémon no me incumbe.
-Eh...
De nuevo, los argumentos de Kyumbreon dejaron mudo al ranger. Ajenos a los acontecimientos, dos parientes de los caballitos de mar abrían sus ojos de un largo letargo de espera. Las aguas se agitaban mientras los dos dragones se disponían a sacar la cabeza. Sus figuras, aunque deformadas por el velo acuático, se podían apreciar, pero solo Kyumbreon se percataba de que algo estaba sucediendo. Parecía que sus voces cebaban su ira, y eso es lo que hacía que notara que dos entes desconocidas y poderosas iban a hacer acto de presencia.
-Por cierto... En cuanto entraste, ¿pensaste que eran fanfarronerías las inscripciones?
-Pues, la verdad, sí. ¿Por qué?
-Noto que estos dragones están bajo el agua. Y están a punto de emerger.
-¿Qué?- Levantó la vista la chica. Esta vez quería estar alerta para ver que clase de ser se le presentaba.
Todos se pusieron en guardia. Hasta Plusle. Impulsados por sus colas, los dos a unísono saltaron, dejando que una columna de agua se levantara mientras estos intercambiaban posiciones. Los visitantes se asustaron, y a la vez se maravillaron al ver la elegancia de los seres acuáticos. Cuando se zambulleron, Helio exclamó el nombre de la especie que eran.
-¡Kingdras!- El agua se levantó al recibir de nuevo su peso. Dos olas fueron creadas, y Kyumbreon solo pudo proteger a su entrenadora, pero Helio recibió la segunda ola de lleno. Le entró agua por todo orificio que tenía, y eso causó que después tosiera violentamente.
-¡Son hostiles! Habrá que salir de aquí antes de que nos vuelva a atacar. ¡Vamos, Helio!- Corrió con nervio para volver por donde había entrado, pero de repente, una losa cayó por la salida, dejando a todos atrapados. La caída hizo que Gionna soltara una palabra malsonante y pensara que habían entrado en una cámara trampa. Mientras, Helio ya sabía lo que tenía que hacer. Cogió el capturador y alargó la antena.
-Parecen molestos por nuestra presencia, no entiendo por qué. Pero... Voy a hacerles comprender que no estamos aquí para hacerles daño.
-¿Con eso vas a dialogar? ¿Cómo te puedes creer tal falacia?- Objetó Kyumbreon. No se creía que él pensara que con el capturador hacía amigos.
-¿Quieres que te capture a ti primero para que lo entiendas?- Contestó con ironía.
-Tentador, pues sabría qué es lo que les causa a los atrapados, pero no, gracias.- También respondió con desdén.
-Bien...- En cuanto uno de los dos Kingdra sacó la cabeza para disparar su tinta, Helio sacó la peonza del aparato e hizo círculos. El dragón marino no reaccionó por la sorpresa, pero su pareja acudió a su ayuda, emergiendo violentamente, rompiendo la línea. El otro se sumergió y su compañero provocó otra ola. Helio estaba preparado para recibir otro impacto, pero el gato, aunque desganado, lo protegió. Por un momento creyó que iba a caer inconsciente con los pulmones anegados.
-Vaya, que irónico, me llamas tonto por creer que capturando pokémon transmito sentimientos y me proteges.
-Sigue mal pensando y será la última vez que te ayude.
-Vale, vale, ya no te hablo.
Dejó a Kyumbreon de lado y esperó hasta que uno de los dos dragones saliera otra vez. Este no tardó en atacar la línea en cuanto la vio con un chorro de tinta, mas Helio hizo un rápido movimiento para que no le diera. Por poco consigue capturarle, pues en este mismo instante, antes de que completara el círculo definitivo, volvió a esconderse en el agua. El otro asomó la cabeza detrás de Helio, dispuesto a atacarlo a traición, y de nuevo Kyumbreon, por instinto y por costumbre, le cubrió las espaldas.
Uso protección de nuevo, y luego levantó al Kingra con psíquico hasta sacarlo del agua. Lo estrujaba, dispuesto a asesinar al trotón de mar, pero Plusle, que no quería más muertes innecesarias, golpeó con ataque rápido al siniestro felino, haciendo que perdiera concentración en su objetivo y lo soltara. Este giró la mirada, enrojecida por la ira hasta tener al conejo en el punto de mira.
-Tú, pequeño roedor... ¿Por qué has defendido la vida del agresor antes que la de tu acompañante? ¿A caso eres consciente del error que acabas de cometer?- Preguntaba retóricamente, con un tono que simulaba una siniestra calma. Quería agredirla, descuartizarla, ¡matarla! Se acercaba intimidante al conejo, y este retrocedía con miedo, a punto de llorar. En cuanto el llanto estalló, Kyumbreon se detuvo, pero para nada se compadecía.
-Je. Ilusa. ¿Te crees que tus llantos van a hacer sentir pena por ti? No puedo apenarme. No la siento.
Repentinamente, Helio saltó en su defensa, al oír que Plusle gimoteaba sin consuelo.
-Eh, eh, ¡eh! ¡Te estás pasando de la ralla! ¡Déjala en paz!
-Yo quería facilitarte las cosas... Pero ella no me dejó. Tendrá que correr la misma suerte que esos Gyarados...
-¿¡Intentabas matar a un Kingdra!?- Otra vez sacó sus conclusiones de la nada, pero esta vez eran acertadas. -¿No te basta con dos muertes, eh?
-Es mi obligación... Oh. Mejor que te cuides las espaldas...
-¿Qué?
El mismo Kingdra volvió a sacar la cabeza y disparó la tinta a presión en la espalda de Helio. El golpe reanimó de nuevo el dolor de lumbago. No quedó incapacitado, pero sí aturdido. Lo dejó en tal posición que dejó a primera vista a Gionna intentando desesperadamente encontrar un mecanismo que de algún modo pudiera levantar la losa, sin resultado. En cuanto a Minun, estaba sentado en el suelo con las orejas caídas, siguiendo con su descanso. Necesitaba su ayuda. Gritó dolorido y desesperado su nombre y esta se giró. No tardó en acercarse a él.
-Oh, madre, ¿¡qué te ha pasado!? ¿¡Estás bien!?- Lo ayudó a levantarse, tendiéndole la mano.
-El Kingdra me ha dado en la espalda... Argh.- Decía mientras trataba de levantarse. -Tienes que ayudarme a capturarlos. Entre que tu Umbreon intenta matarlos y los dos se ayudan mutuamente...
-Hum... Veré que puedo hacer.- Accedió a prestar su ayuda. Pero necesitaba a Kyumbreon. Este siguió metiendo miedo a Plusle, y se disponía a ejecutarla. Su entrenadora le interrumpió.
-Kyu, hazme el favor de dejar a Plusle...
-Por favor, mi señora, no me haga repetir lo que acaba de hacer...
Era el colmo. Cada noche, cada día, si no estaba en su pokéball, Kyumbreon salía para matar. En ocasiones, se notaba que la fauna salvaje de la zona por donde estaba había descendido en número. Y si no era por la noche, tenía que ser en combate. ¿Cuántas veces tuvo que ver a un pequeño principiante llorar por la pérdida de su ratón de campo por culpa de su "misión"? Y ahora este se disponía a matar por no dejar acabar con una vida que no tenía por qué morir. El momento requería estar atento por si los Kingdra salían para herirles. Pero tenía que ocuparse ya de aquel peso que cargaba. No podía aguantarlo más.
-Si es que interrumpió tu ataque psíquico en un Kingdra, entonces sus razones me son comprensibles. Te pido... No, te ordeno que no mates a ningún pokémon más. He llegado al límite de mi paciencia.
-¿¡Qué!? ¡Pero esto es injusto! ¡Tengo que matar para Lunetah!
-Lo siento... Entiendo que tus creencias te exigen que mates al mayor número de pokémon posibles para que tu dios se alimente con sus almas... Pero sabes que a mí me remuerde la conciencia. A veces pienso que soy yo la que mata por dejarte a ti suelto la mayor parte del tiempo...- Una lágrima se escapó, y cayó al suelo mojado, uniéndose con las demás partículas de agua.
Por primera vez Kyumbreon fue capaz de sentir su dolor. Era raro. Tantas veces que la vio llorar y tan solo le asqueaba. Le era indiferente. Y ahora, ¿por qué le afectaba? ¿Quizá porque él era el causante de este sufrimiento? Igual, ahora que le lo sabía, verla triste por ello le hacía sentir mal. Quiso remediarlo.
-Si tan mal te siente que mate a otros pokémon... Me detendré.
-¿De veras?
-Todo sea para que vos no me provoque náuseas.- Decía para ocultar su empatía. Gionna levantó las gafas para quitarse la cascada que se estaba formando en sus ojos.
-Pero bueno, tenemos a dos Kingdras que nos atacan y yo llorando como una tonta... Cúbreme las espaldas, Kyu, que voy a sacar el cacharro.
-Como vos deseéis...- Kyumbreon se limitó a ponerse en guardia. Helio se alegraba de poder contar con ella, al fin. Después de que Gionna se pusiera manos a la obra, la cabeza del Kingdra se presentó ante la mirada de Helio, y este volvió a trazar círculos con la antena del capturador, y a la vez con la peonza. Este volvió a esconderse y volvió a salir con un gran brinco.
Trató de capturarlo mientras estaba en el aire, pero la línea tocó el cuerpo y se deshizo. En cuanto iba a tocar el agua, Kyumbreon lo detuvo con psíquico, sin hacerle daño. Gionna logró sacar el capturador de la mochila y ella, aprovechando que estaba flotando inmóvil, inició su propia captura. Sin embargo, solo pudo hacer una vuelta; este no podía moverse, pero sí sacar chorros de agua y tinta. No se acordó que se quitó el guante para escalar los peñascos de la selva, y por no tener puesto el guante, la electricidad que regresó volvió a quemarle la mano, también el capturador se quejó. Aún estaba dañado por los mordiscos del Aerodactyl de Aina, y el golpe hizo que estuviera más cerca de su límite. Luego atacó a Kyumbreon para librarse de aquellas ataduras creadas por él mismo. En cuanto recibió la tinta, incapacitado para desviar o bloquear el ataque, volvió a las profundidades. Mientras la chica refunfuñaba, rebuscaba de nuevo en la mochila el andrajoso guante.
Entonces, los dos a la vez aparecieron ante Helio para propinarle otro golpe. Con creces esquivaba los rayos acuosos, pero este, mientras evadía los chorros de tinta, con agilidad y destreza los rodeaba con la peonza. En cuanto se sumergieron, dejó a el instrumento técnico girando sobre su mismo eje encima del manto transparente. Luego los dos fueron a crear una gran ola al costado por donde estaba Gionna. Eso permitió a Helio acabar de capturar a uno por completo. Con el otro ya no podía.
-¡Bien!- Exclamó. -¡Pude capturar a uno! Gionna, encárgate del otro.
-Oh, perfecto...- Justo a tiempo. Pudo ponerse el guante antes que los dos acabaran de entrar al agua. Como siempre, Kyumbreon los protegió de la columna de agua bloqueándole el paso con su escudo. El acompañante del otro Kingdra ya no atacaba más, calmado por el capturador de Helio. Ahora era su turno.
El dragón salió amenazante mostrando su vientre, esta vez sin salto ante Gionna, como si la retara.
-Obstruye la trompa, Kyu. No vaya a ser que vuelva a dañar el aparato.
-Pero si estoy con el orificio no podré detenerle con la musculatura.
-Ostras, es verdad. ¡Pues Plusle, paralízale!- Plusle, una vez oída la orden, se dispuso de enseguida a descargar la electricidad de su cuerpo para que el dragón no pudiera moverse. Iba a caerse debajo del agua, mas Kyumbreon lo impidió.
-Ni falta que hacía centrarse en bloquearle el paso del agua... Ni falta que hacía ponerse ese sucio guante callejero.
-Si me hubiera acordado antes de que tenía a un pokémon capaz de paralizar, hubiera sido más directa.- Decía mientras acababa de calmar al caballo marino. Al acabar la captura, este se mantuvo fuera del agua, como si esperara algo. Helio por primera vez se fijó en como manejaba los hilos, como combinaba las capacidades de sus pokémon para que pudiera capturarlos fácilmente. Le exaltó, y no tardó en elogiarla a su manera.
-Menudo manejo que tienes con las pokeayudas, chica. Ahora sé por qué Alejandro quiso tenerte en la unión...
-Bah, lo adquirí con años de experiencia.- Respondió ese cumplido con humildad, todo y que le molestó el último comentario.
El Kingdra que fue capturado por Helio se colocó al otro lado mientras los dos tenían ese pequeño diálogo, mirando a su acompañante. Como si lo tuvieran acordado desde un principio, los dos cargaron sus disparos acuáticos. Los dos únicos humanos que estaban en la sala se pusieron en guardia, pensando que aún no se habían relajado. Pero estos dirigieron los tiros a la escultura de piedra, rompiéndolo. Después de reducir el trozo de piedra tallada en gravilla, se retiraron, al fin dejándoles en paz...
