Capitulo 21

Los estruendos producidos por Salamance cesaron con su ida. La entrenadora, acurrucada, quería saber si realmente el peligro pasó. No se encontró a Salamance, pero sí con un Helio preocupado. Le tendió la mano para ayudarla a levantarse, pero esta prefirió erguirse por su cuenta. Debido a la contusión, los pies y el terror que aún permanecía dentro, volvió a caerse al suelo.

-Oh, vamos... Cógeme la mano.- Nuevamente rechazaba su ayuda, y esta vez pudo ponerse en pie.

No decía palabra; solo su rostro y sus gestos decía como estaba en ese momento. Se paró a la salida de la cámara y se puso cabizbaja.

-¿Te... pasa algo?- Preguntó al fin. Solo obtuvo un susurro incomprensible como respuesta y un sollozo. -Pero Gionna, dime qué te pasa...

-No te hablará, por más que insistas. En este estado mental es más taciturna que los grillos por la mañana.

No sabía lo que era taciturna, así que no supo lo que quería decir. Igualmente, intentaba apoyarla, sea como sea, recordándole que ya pasó. Pero el trauma ya se incrustó en su memoria cual mejillón en la roca. Solo podía apartar esos recuerdos dejándolos que pasen, ignorándolos, pero no podía si Helio estaba constantemente tratando de cambiarle los ánimos.

Al salir del laberinto de obstáculos, llegaron otra vez a la estatua de Entei. En el camino a él, dos fuegos fatuos, una morada y otra azul, ondulaban vigorosamente. A Helio le fascinó este fenómeno, pero Gionna no estaba para nada. Y aún quedaban dos cámaras por visitar... Dos cámaras que aún albergaban bestias difíciles enfurecidas por la influencia de una orbe.

No tuvo más remedio.

-Gionna... Mejor que te esperes al lado de Entei.

-¿Qué...?- Estaba distraída.

-No, es que no puedo dejar que me acompañes. Estás pálida, y fuiste golpeada...

-¿Y? Eso no significa que no esté bien.

-Es que no está en condiciones de nada. Tanto su psique como su físico están en un estado deplorable. Sus pasos son lentos y torpes, y su mente está nublada por sus fobias derivadas del pasado. Le sugiero que haga caso al humano que te acompaña.

Tenían razón. No pudo levantarse, no lograba pensar con claridad, y el golpe aún le hacía mella en su caminar. No tuvo más opción que reposar al fin. Se apoyó en la estatua y se sentó.

-¿Pero estás seguro de que quieres seguir solo? ¿Y si es peor que el anterior? ¿Te dejo a uno de mis pokémon?- Insistía en prestarle ayuda, pero este rehusaba.

-No creo que me haga falta. Minun ya se ha recuperado. Ala, me voy ya, no vaya a ser que te escaquees.- Y sin poder decir ni adiós, se quedó ahí, sentada. Temía por la vida de Helio, después de ver a ese terrorífico Salamance atacando sin cesar con rayos y seísmos, pero pensar más en esa bestia no le ayudaba. Tenía que despejarse y dejar que el tiempo sane sus heridas.

Un eco lejano se oía desde la distancia. Eran varios zapatos, con suelas que resonaban al avanzar. Cada vez, por cada tres segundos, sonaban más fuerte. Desde lejos pudo apreciar, a pesar de las manchas de sus salinas lágrimas en los cristales de sus gafas, cuatro figuras que se miraban entre sí, no muy atentas a su dirección. El peinado que llevaba uno de ellos era inconfundible.

Venían directos, no sabía a qué, pero importante era que no la vieran en su mal estado. Gateando para evitar sentir el morado, se escondió en la parte trasera del Entei de piedra. Kyumbreon también vio a los viles sujetos de la lejanía, e hizo lo mismo. Plusle era la única que no se dio cuenta de lo que estaba viniendo, y Kyumbreon le ordenó exclusivamente a Plusle, sin que nadie más lo escuchara, que se esconda. En cuanto cesaron los chasquidos de sus duras suelas, pudo deducir que estaban cerca, justo en frente. Afinó los sentidos para asegurarse de que no tenían constancia de su presencia.

-¡Jo, jo, tío! Esos dos palurdos ya han superado dos pruebas.

¿Pruebas?

-¡Juas! Dos más y podremos echarlos a los leones.

¿Qué leones, qué pruebas?

-Entonces repasemos el plan. Provocaremos al "dragón ígneo" y le capturamos un poco para tocarles la fibra sensible. Y, entonces, cuando lo capturen...

-¡Les restregamos por la cara toda la culpa! Les acusaremos de querer causar el caos en la isla.

-E iremos a por el legendario. Así matamos a dos pájaros de un tiro; tenemos a un legendario más para nuestro golpe final y nos quitamos de encima a dos rangers molestos. Sea por despido, por suicidio, por yo que sé.

-Jo, jo, ¡el mejor plan de la historia!

-Sí, sí... ¡Ala, venga, vamos! Podrían acabar ya con la tercera prueba...

El sonido de los tacones alejarse no tranquilizó a Gionna. Lo había oído todo, y no le gustaba nada. Todo y que algunas cosas quedaron fuera de su compresión, las intenciones que tenían le eran bien claras. Esto le sirvió de motivación para dejarse de fobias e ir a por Helio, pero el golpe aún le resentía. Kyumbreon, como era de costumbre en estas situaciones de gravedad que estaban por llegar, tomó su papel de consejero una vez más.

-Una temeridad es ir a por tu amigo. Mejor espere hasta su regreso y le cuenta lo ocurrido cuando llegue.

-¡Pero Kyu, si no lo encuentro ahora...! Eh... ¿Qué iba a decir...?- Aún estaba ofuscada. Las palabras que quería soltar se le escapaban, pero regresaban como una luz intermitente. -¡Ah, sí, hará algo, no sé el qué...! Eh... Una prueba de esas, creo yo...

-Me pregunto por qué se apoya en algo incierto. ¿Sabe vos a ciencia cierta lo que se referían con pruebas?

-No, pero, leñe, dijeron dos pruebas... Y... hemos capturado dos dragones...- Al fin, con su razón, pudo recordar lo que era. -¡Sí, por eso decía! ¡Esas pruebas eran la captura de los dragones! Pero, entonces, ¿por qué decían que "causaríamos" el caos...? No tiene sentido.

-Vuestro razonamiento parece válido, pero me decanto por no tomarlo como veraz, visto que andas precipitada. Lo que sí que tengo certeza es que si vos sacrificáis vuestro reposo en orden de impedir que capture a uno más, será en vano. No tengo la menor duda de que se negará a creerte. Recuerde; aún estamos aquí por su empeño en librar a todos los reptiles de las espinas del sufrimiento que habitan en este arcaico lugar.

No tuvo más opción que darle la razón. Aún seguía emperrado por liberar a todos ellos, y podría ser que por este empeño y por estar ella herida, él podría directamente no pasar. Esperaba que él viniera después de avanzar con su cometido con tal de saber cómo estaba.

El viento azotaba duramente al chico de pelo azul. Esa anormal corriente aérea no tenía piedad con el intruso. Trataba de no caerse al vacío, pero, poco a poco, sus fuerzas menguaban. Las piernas flaqueaban tratando de ir contracorriente, al igual que las pequeñas patas delanteras de Minun, que intentaban no separarse del hombro de Helio. Finalmente, en la entrada, el aire ya no soplaba como lo hacía por atrás.

Entró en la cámara. A diferencia que toda la zona recientemente atravesada, cuyo camino era de un color ocre amarillo claro, el suelo era de jade. Era como si después de recorrer el sepulcro hubiera llegado al depósito de las riquezas del faraón. Un abismo había en frente, y rayos solares entraban desde arriba, como la cámara del rey de la destrucción. La escultura, sin embargo, era plana y tenía grabadas tres espirales que pretendían simular al viento. El estruendo producido por la losa pétrea caer ya no sorprendía a Helio. Ni siquiera los temblores.

De aquel espacio vacío, una larga figura se alzaba con velocidad. El vuelo levantó una fuerte ráfaga que desordenó aún más el cabello del ranger. Nada más tomar altura, con un grácil batir de alas, se plantaba la gran libélula de sangre fría; Flygon.

Helio no demoró en en sacar el capturador y soltar la peonza. El flygon esquivó los círculos a la velocidad de las mismas rachas que causaba. Su presuroso vuelo impedía a Helio poder rodear al dragón. Siempre se escapaba al estar a punto de encerrarlo en un círculo de luz. En un momento dado, este reposó por un breve momento. Parecía que solo era cuestión de dejar que se agote él solo. No podía estar más equivocado; solo una vuelta por su alrededor y el dragón batió sus geométricas alas, agitando fuertemente el viento. La peonza salió por los aires, igual que Helio. Además de ser abatido por las corrientes vaporosas, recibió una descarga eléctrica en sus dedos de parte de la energía que regresaba por la fuerza del viento. Tenía que hacer algo.

Mandó a Minun para que paralizara a Flygon. Fielmente e ignorando las leyes físicas, este trató de ponerse lo más cerca posible del dragón para descargar montones de chispas que ascendieron para frenarlo. El insecto sintió las descargas eléctricas recorrer por su cuerpo, lo cual hizo que parara un rato. Algo no cuadró en Helio. Teóricamente, tenía que caerse al suelo, incapacitado para mantenerse en el aire.

De enseguida, la vista acromática del dragón-libélula se encontró con el pequeño causante de esas cosquillas. Para que no molestara, descendió de altura para golpearlo. Aunque ha fallado en su ataque, el aire hizo rodar a Minun. Helio se puso nervioso. Su conejo eléctrico no pudo frenar lo suficiente al rey del viento. No obstante, le provocó, y ahora sus energías se centraban en neutralizarlo. No podía dejar que Minun se enfrentara contra Flygon. Ni que Flygon haga daño a Minun.

Cuando vio que volvía a cargar contra el pokémon animo azul, Helio situó el disco capturador al lado de su pequeño compañero. Luego levantó la peonza del suelo y la usó para golpear al Flygon, con la intención de hacer que se centre en el disco y dejara a Minun. Funcionó, mas no como se esperaba; el pequeño golpe, dado en la cabeza, distrajo a Flygon, lo cual hizo que se desviara de su trayectoria y cayera en un agitado y entorpecido descenso.

Antes de que volviera a emprender el vuelo, Helio se apuró en atraparlo de una vez por todas. Cuando ya el círculo resplandecía, Flygon se erigió y volvió a extender sus alas para provocar una ráfaga más. Dispersó la línea de captura y la acobardó una vez más, para luego volver a volar. ¡Justo cuando ya lo tenía...!

Pero se negaba a darlo por perdido. Aunque parecía incansable, pudo ver que al mínimo golpe lo entorpecía. Todavía la tomaba con Minun, así que pudo repetir lo mismo otra vez. Esperó al Flygon en el mismo sitio, y volvió a golpearle en la frente con el disco.

Como era de esperar, volvió a estrellar sus morros contra el suelo, e hizo círculos a su alrededor. Por muy poco, este se volvía a escapar, pero ya lo tenía. Flygon se dirigió a la escultura y con un fuerte golpe de cola tiró e hizo añicos al trozo de roca tallada. Destrozado lo que le tenía cautivo con su voluntad, se fue a los cielos a disfrutar del gran espacio que ahora disponía...

Kyumbreon observaba las coloridas e inusuales llamas. Le tenían perplejo; ¿cómo, sin la acción de un pokémon, podía adquirir este aspecto espectral, y por qué? Aunque obtener respuesta o no a esas preguntas no le implicaría nada, pensaba que no estaría de más saberlo, junto con el misterio del legendario de la reliquia. Sus orejas percibieron un sonido fogoso y breve. Giró su mirada hacia su procedencia. Se acababa de encender una llama verde a su lado.

Cada vez estaban más cerca de la catástrofe...