Capitulo 23

El sol empezaba a retirarse. El cielo anaranjado teñía al mar Zafrán de su mismo color. Mas Carlos no contemplaba el paisaje del exterior. Estaba dentro de la base local de Villaestío, preocupado.

Desde aquella mañana, los tres se embarcaron en la misión de buscar a Selena... Sin embargo, han pasado seis horas desde su ida, y no han vuelto todavía. Y eso que antes Soel dijo que estaban bien y que estaban buscando. ¿Qué pasaba? Se disponía a llamarlos, hasta que la tierra sacudió.

Afortunadamente, no tuvo que esconderse debajo de la mesa. El terremoto cesó de enseguida. Su asistenta se había ido a casa, por lo que tuvo que ver él mismo el sismógrafo, que lo tenía trabajando para poder actuar a tiempo ante un seísmo.

Según los datos proporcionados por el aparato, se inició hace unos pocos minutos, y fue intensificándose gradualmente. Parecía también que iría a tener réplicas; aún habían indicios de actividad. Pero había un dato que le aterrorizaba aún más. El epicentro se localizaba en la reliquia, lo cual significaba...

No...

Tenía que volver a llamarle. Negaba los hechos, y necesitaba alguna prueba que demuestre que no han entrado en ese lugar y superado las pruebas. Cogió el capturador y marcó su número.

-¿Diga?

-¡Soel! ¿¡Estáis bien!?

-Eeeeeh, sí...- La llamada le vino de improvisto, junto al terremoto. Estaba tan tranquilo en la playa, buscando a su media naranja cuando se produjeron los temblores.

-Buf, menos mal... ¿No habéis entrado en la reliquia, verdad?

-¿En la reliquia? No. ¿Por qué?

Mentía como un bellaco con tal de que su jefe no se diera cuenta de que se estaba escaqueando. Entonces Carlos le contó lo que ocurría.

-El centro del terremoto estaba ahí. Y aún hay actividad sísmica. Creo que un ranger ha entrado y capturado a... Eh... Espera un momento...

Algo no cuadraba. Los únicos ranges que estaban en la isla eran Gionna, Helio, Soel, Fernando e Ignacio. Fernando tenía el encargo de patrullar por la villa flotante, e Ignacio tenía gripe. Los otros tres fueron mandados a la selva, por lo tanto, los dos anteriormente mencionados no podían entrar y superar las cuatro pruebas. Entonces fue cuando se dio cuenta.

-Soel... Estás en la playa, ¿verdad?

Se quedó en silencio. Lo descubrió.

-Puf... Increíble. Acabas de ganar el premio al trabajador más incompetente de toda Villaestío. En serio, Soel, ¿no eres capaz de hacer tu trabajo o qué, tío?

-Por favor, ¿cuándo hice un trabajo por ti?

Era imposible de sensibilizarle a través del deber. Ya desde un principio, dejó claras sus pretensiones cuando consiguió el puesto. Al llegar a la base, intentaba fililtrear con Ignacio, pero él no compartía sus gustos. En su puesto de patrulla, era competente, claro, porque era su puesto favorito, pero a veces, más que vigilante, parecía un turista más. Un día Carlos recibió la queja de una niña que había perdido a su Zigzagoon. Fue a pedir ayuda, pero Soel estaba ocupado jugando al Voleibol con otro chico. No sabía porqué lo había contratado. Pero ahora hacía falta.

-No te muevas de ahí, Soel. Voy a necesitarte.

-Sabía que pasaría algo...- Mascullaba Gionna. El temblor vino justo después de que se bajaran de la reliquia. Pero ya anteriormente habían indicios de que se desencadenaría una catástrofe. Nada más salir de la cámara de Charizard, ella se quedó pensando en las crípticas frases que David recitó. Sonaba todo tan aterrador, tan apocalíptico, catastrófico... Todo adjetivo que incite a pensar en destrucción. Pero Helio aún estaba enfadado con ella. Quería comentarle como le había sentado que intentara interrumpir su captura con técnicas ofensivas.

-Gionna... ¿Recuerdas cuando me dijiste que solo utilizabas a los pokémon para defenderte? Porque ahora intentaste utilizarlos para hacerme daño.

-Mi principal intención era evitar que cometieras una locura a la fuerza. Visto que eres más testarudo que una mula...

-¿¡Qué!? ¡¿Capturar a un Charizard herido es una locura?! ¿¡De qué vas!?

No merecía la pena discutir. Gionna se puso la cremallera y siguió su camino, ignorándole. Cogió la fuente menos fiable de los hechos y la creía al cien por ciento, y mientras le espetaba sus acciones por evitar una "falsa tragedia". Sin embargo, otra oportunidad se le dio para que cambiara de ideas.

Al pasar al lado de la estatua, una llama naranja y vigorosa se encendió en el camino que conducía al rey felino. Sus retinas percibieron movimientos inusuales en la escultura, y se quedaron mirándolo. Finalmente, este agrietó y emitió una luz incandescente que quemaron sus ojos por un momento. En cuanto pudieron volver a ver, la estatua desapareció.

-¿Qué... acaba... de pasar...?- Se preguntó Gionna.

-Ni idea. Pero si esta es la "graaan catástrofe", pues no ha provocado mucho. Vámonos. Empiezo a tener calor aquí.

El capturador de Helio sonó, interrumpiendo el rememoro de Gionna. Sin demorar, su propietario lo cogió.

-¡Chicos! ¿Estáis bien?

-De una pieza, por suerte.

-¿Podéis decirme dónde estáis?

-Pues... Estamos cerca de un edificio antiguo... ¿Por qué?

Tal como Carlos temía.

-Oh, Arceus santo... No me digáis que habéis capturado a los cinco dragones...

-Sí...

Se escuchó un golpe de puño contra la mesa de fondo. Carlos cogió una repentina rabia.

-¡Maldita sea! ¿¡Sabéis lo que acabáis de hacer!?

Oír a Carlos enfadado era una terrible novedad. Asustado, contestó a Carlos con un tembloroso "no".

-¡Habéis despertado a Entei! ¡La deidad de los volcanes!

-Y... ¿Eso qué significa?

-"Cuando nace un Entei, nace un nuevo volcán"...- Mencionó Gionna una cita encontrada en internet del investigador más reconocido por todo el continente. Eso le explicaba todos los sucesos, sobre todo los seísmos y la repentina subida de temperatura. A Helio, sin embargo, esta cita tenía un significado peor. La culpa carcomía su propia autoestima. Pese a todas las advertencias dadas por su compañera, pese a que el enemigo le dijo su plan en sus propias narices... Va y la pifia. Tenía que poner remedio a este problema.

Se oye un suspiro desde el altavoz del aparato.

-Lo siento... Es culpa mía por no habéroslo advertido antes...

-No, no es culpa tuya. Se pudiera haber evitado si no fuera porque había actuado tarde.- Se disculpó Gionna con toda calma y humildad.

-Eh... Explícate.

-El equipo Go-Rock lo tenía todo planeado, y tuve la suerte de descubrirlos, pero luego me eché una siesta (Estaba muy pocha y no podía conmigo) y luego no pude decirle a Helio... Y cuando se lo dije, ya era tarde. Tomaré las responsabilidades que sean necesarias.

-¿Qué está haciendo vos, disculpándose para librarle de toda culpa a su amigo?

Reprobaba la actitud de su entrenadora. Helio fue el causante de ese caos con su impertinencia; ella solo intentaba salvar el día.

-Es que es verdad, tuve que imponerme más.

-Hiciste todo lo que estaba a tu alcance. ¿Y aún te exiges más?

-No, si también fue culpa mía... tuve que escucharte.- Se disculpó Helio.-Fui un cabezota.

-¡Bueno, ya basta de cargarse el muerto! Ya que os habéis metido en este lío, os encomiendo la misión de remediar esto antes de que erupcione. ¡Pero no entréis aún! Os enviaré ayuda. En cuanto llegue, vais dentro de la reliquia y capturáis a Entei antes de que haga que erupcione el volcán, ¡o acabaremos como en esa ciudad de Grecia! Ala, corto.

Sin decir cómo, ni dar más detalles, Carlos cortó la comunicación. Sus especificaciones no dejaron lugar a dudas. Era imperativo empezar ya con la tarea.

-Tenemos que apresuramos. El león puede rugir en cualquier instante.

-Pero esperemos la ayuda, ¿no?- Dijo Helio.

-La ayuda es totalmente prescindible. Esto requiere una acción rápida si no queremos perecer víctimas de la calcinación.

Esta controversia entre Helio y Kyumbreon se extendió durante unos cuantos minutos. Primero, Helio insistía en quedarse a esperar esa ayuda. Aunque Kyumbreon le espetara el peligro que eso supondría, este seguía firmemente con sus ideas. Lo único que Gionna era hacer es esperar a como acabaría esto, pues no sabía que hacer. Hasta que esa voz irrumpió en la discusión.

-Eh, que ya estoy aquí, no hace falta que discutáis más.

Helio giró su mirada hacia esa seductora y odiada figura. La gota que colmó el vaso. Encima que metió la pata, tenía que pagar los platos rotos con ese gallito de supervisor.

-La habéis liado, ¿eh? ¡Mira que ir a la Reliquia...!

-Y tú podrías haber dicho algo antes.- Reprochó Helio.

-Yo pensaba que solo ibais a coger el conejo.

-¡Pues no, me dio curiosidad ver lo que había dentro y acabamos por salvar a unos cuántos pokémon! ¡¿Cómo iba a llegar a pensar que eso despertaría un volcán?!

-Por favor, humanos, mantengan la compostura...

-¡Ja! No te hubiera podido decir igual, porque esta me dijo que buscara por ahí.

-A mi no me metas... que yo no sé prácticamente nada de esta región.

-Ala, ala, ala, excusas.

-¡Ya basta!- Gritó al fin Kyumbreon. -Por cada palabra banal que soltéis de vuestras pútridas bocas estamos más cerca de un terrible cataclismo. El problema está ahí, y discutir sobre el factor y causante que originó esto no lo zanjará. Así que vayamos y salvemos nuestro propio pellejo.

Soel y Helio se miraron confrontados. Aún con esa autoridad, no querían dejar de lado sus diferencias. Pero el Umbreon tenía razón. No podían quedarse discutiendo.

-Espero que ayudes de verdad.

-Mientras no te estés muriendo...

-¡Argh! ¡Eres un...! ¡Venga, vamos!

Al fin pusieron rumbo hacia las entrañas de la reliquia. Nada más dentro, el recinto se asimilaba a una sauna. El calor evaporó las aguas, y ahora era un molesto y denso vapor caliente que mojaba todo lo que el húmedo gas rozara mientras ascendía. La vista de Gionna se nubló al poco tiempo debido al aire. Tuvo que quitarse sus gafas empañadas, todo y que no podía ver muy bien por donde pisaba. Pero poco a poco iba bajando, pese a que su linterna personal iba alejándose. Podía apreciarse la luz incandescente procedente de la entrada de la sala principal. Ya se figuraba lo que había cambiado; lagos de lava burbujeante en vez de aquellas pozas que refrescaban el ambiente, suelos resquebrajados por los seísmos, ascuas circulando por el aire...

No se quedó muy atrás. Estaba a medio camino cuando se detuvieron en frente del panorama.

-Uyyyy, lava. La habéis liado parda, chavales.

-¿¡Te importa no repetírmelo en la cara!?

-... Sí.

-Puf... Es igual, ¡andando!

-¡Pero espérenme!- Imperó con voz gritona, infructuosamente por tercera vez en el día. Estos empezaron su búsqueda sin ella, menos su más fiel compañero. Una vez en tierra, tras varios intentos indeseados de rodar por las escaleras, fue a ver si encontraba a Entei por su propia cuenta.

Un rato después de que cada uno caminara por su cuenta en aquellos campos de magma, los hermanos Go-Rock no se habían marchado. No todavía. Habían cumplido con un cometido, pero la segunda parte del plan justo acababa de empezar. Varios reclutas fueron ordenados a acudir en la entrada de la reliquia para que informen y capturen los pokémon que encuentren. Sabían lo que iba a pasar; con el despertar de Entei, el volcán volvería a levantarse de su letargo, volviéndose más violento. Se formaría una grieta profundo en las profundidades de las pocas profundas pozas, conectándolo de nuevo con la cámara magmática y provocando que hiciera que la temperatura del agua subiera hasta los 140 grados Celsius, suficiente para pasarla a estado gaseoso y convertir la reliquia en un caldero. Pero a parte, también conectaría con las cavernas del interior, por donde habitan pokémon de tipo fuego. Debido a que el territorio habitable se habrá extendido, aquellas criaturas se dispersarán por la nueva zona.

Los reclutas llegaban en pokémon voladores de todo tipo. Eran diez, los necesarios para mirar por todos los agujeros que encontraran. Pero entre todas esas criaturas celestiales destacaba un buitre oscuro de piel más rosada que cualquier ejemplar. Este fue el primero en aterrizar. Aquel hombre recién anciano vestido de galas imperiales pisó la tierra selvática, bien orgulloso de los cuatro chicos.

-Habéis hecho un buen trabajo, hijos míos. Cada vez estamos más cerca de nuestro objetivo.

-¡Ja! Lo sabemos.- Decía con una prepotencia increíble el mayor. -Y además, apuesto a que no veremos rangers en una buena temporada... Deben de estar destrozados, ¡jua, jua, jua!

-Yo no me confiaría tanto... Pero bueno, ¡basta de cháchara! Tenemos trabajo que hacer.

Así entonces, el grupo con nombre de banda se adentró a la caza de poderosas armas escupidoras de fuego...