Capitulo 25

Las temperaturas subieron levemente en la Sierra Oscura. El astro rey calentaba tímidamente la cordillera nevada bajo estratocúmulos. El día anterior estaba bajo un manto de nubes tormentosas que traían consigo una ventisca. Por aquellos vendavales glaciales, Emily y Spyrox tuvieron que refugiarse en una madriguera deshabitada en todo lo que quedaba de día. Al menos se llevó el anorak azul de los rangers de Hiberna y los guantes... pero pronto tenía que deshacerse de ellos, o si no, el plan no podría dar comienzo.

Si no fuera invierno, el camino resultaría más fácil. Habría unas escaleras pétreas que conducirían al pico de la montaña. Sin embargo, era la época gélida del año, y estas escaleras no estaban. Habría que ponerse a escalar las paredes. Desde luego, Elena sabía como estaría la sierra cuando ella viniera. Se descargó la mochila para ponerse los crampones, el arnés, las polainas y coger los piloets. También para coger las cuerdas y atar una de ellas a Spyrox.

Las afiladas puntas de las suelas incorporadas y la de las piquetas le ayudaban a subir. Pero desafortunadamente, parece que Elena se olvidó de Spyrox. Sus pies, adaptadas a la vida selvática, se hundían, y si no fuera por la cuerda, la habría perdido de enseguida. En cuanto subieron ya a una altura considerable, el grovyle dio un paso en falso, e hizo que una porción de nieve vaya en descenso, haciendo que pierda el equilibrio. Gracias a la cuerda, Emily pudo sentir que su compañera se caía. Al menos pudo actuar a tiempo y evitar que salieran las dos rodando. Siguieron subiendo hasta poder ver desde abajo una gran puerta cerrada a cal y canto. "Este tiene que ser el templo", pensó. Pero no era su destino. Tenía que estar más abajo. El terreno ya no era tan empinado como antes. Parecía que no hacía falta tanto equipamiento. Guardó todo lo que se puso para escalar menos el arnés y las polainas. Estas últimas porque le daban calor. Fue para la única dirección posible, y no tardó con encontrarse con otro obstáculo.

Una gran tromba de agua detenida. Líquido transparente y puro que se solidificó. El camino se cortaba con aquella cascada congelada, escalable, pero insegura. Claro que había otra opción. Entre esquina y otra, había un trozo de roca cubierta de escarcha con un poste de madera que acortaban las distancias entre costado y otro. No había Tangela que estuviera fuera para que usara sus enredaderas para trasladarlas al otro lado, ni ave que pudiera pasar al lado de la cascada. Spyrox podía saltar y llegar al medio fácilmente, pero el peso de Emily no la dejaría impulsar lo suficiente para poder llegar. ¿Cómo podría ella reunirse con su grovyle en cuanto esta estuviera en la otra punta?

Cada lado de la sierra que conectara con el nacimiento del río tenía postes de madera, además de aquel trozo aislado. Y ella tenía una cuerda bien larga y resistente. Solo tenía que saber si llegaba. Ató la tira trenzada de fibras sintéticas a aquel clavo de madera y pidió a Spyrox que saltara al otro lado sujetando la tira. Esta retrocedió y fue dando pequeños saltos para coger impulso para que al final pueda llegar a la nariz de la cascada. La fuerza con la que aterrizó impidió que se resbalara. Ató los cabos en el poste y en cuanto acabó con esta porción de tierra saltó a su destino, con algunas dificultades debido al hielo. La cuerda llegaba justa. Ahora Emily podía cruzar, aunque sea aferrándose a una soga. Al menos, sus manos estaban protegidas por los guantes. Mas no había protección para las articulaciones, y le resentían. Tomó un breve receso y siguió. No hubo percances. La ranger llegó agotada, pero la cuerda no rompió, ni se desató. Estaba convencida de que no quedaría mucho. Sin embargo, del sitio indicado a su situación le separaba una ladera muy empinada. Al menos esta era pura roca, aunque no por ello sería menos arduo.

Sin embargo, tenía que llegar. Por Elena.

Se pusieron a escalar de enseguida. Spyrox llegó primero a la cumbre, debido a sus habilidades naturales, además de que no se cansó mucho al cruzar la cascada. Pero su compañera Emily estaba agotada. Además, el calzado no era el adecuado, y no se había quitado los guantes. Tiró sin querer una piedra, y se soltó. La gravilla caía desde noventa-y-siete metros de altura. Los guantes no le ayudaban a agarrarse, y no tardó en precipitarse. El grovye agarró su otra mano antes de que tocara suelo. El peso era mucho, pero hizo un esfuerzo para llevarla arriba.

Al fin. Estaban enfrente de la roca por donde se suponía que escondía la guarida de los bandidos. Llegó el momento de descargar cosas mientras Spyrox buscaba cómo acceder. Puso la mochila detrás del canto rodado y guardó toda prenda que diera la pista que era parte de la Unión Ranger en la mochila, junto con el equipamiento, incluyendo el capturador. De pronto, la piedra redonda y rugosa se levantó súbitamente. Su grovyle encontró el botón que daba acceso a la base. La llamaba para que se diera prisa y entrara en el ascensor que acababa de aparecer. En cuanto entraron, las compuertas cerraron y la roca falsa volvió a posarse al suelo.

Después de un descanso en Villaestío, el ranger local Helio y la entrenadora Gionna regresaron a Otonia a lomos de Lapras. Carlos les dejó dormir más de lo permitido por su heroica intervención, todo y que fue Helio quién provocó el desastre. Igual, él ignoraba la leyenda de las cuatro pruebas, así que estaba perdonado. Durante su estancia en Villaestío, él recibió tratamiento médico en la isla, por lo que no tenía que ir al hospital. Julio los vio y los invitó a comer, y luego, Alejandro llamó a Gionna. Reclamaba a Helio para que fuera como le fue la búsqueda y por qué tardó tanto.

-Helio, nos reclaman. Tenemos que ir a Villavera.

-De hecho... tú te quedas en Otonia.

-¿Qué...?- Se disgustó. Pensaba que podía tomar un respiro largo al menos, mas parece que su jefe no se cansa de darle la tabarra, incluso después de enfrentarse a un legendario.

-Lo hemos hablado antes, y hemos acordado en que tú lo ayudarías. Julio te dará los detalles.

-¡Pero-!

-No, no hay peros que valgan. Necesita ayuda, ¿sí? Y Carlos me ha comentado que Helio no podrá capturar durante un tiempo. Y como te niegues, ya sabes lo que haré por tu equipaje. Cuelgo. Y no me falles.

¡Endemoniado equipaje! Tenerlo en la base de Villavera no le traía más que problemas. Si no fuera porque pensó que su estancia sería prolongada y fuera un despiste, no podría chantajearla. Pero ahí tenía su maleta y bandolera, como posibles candidatos a ser la madera de la caldera. Su enfado se hizo evidente al cerrar bruscamente la solapa y soplar fuertemente de forma que los pelos de su flequillo se levantara.

-¿Qué pasó?- Preguntó el ranger.

-Pues que vas a tener que ir tu solo. Me tendré que quedar aquí.

-Oh...- Su Minun se decepcionó, al igual que Plusle. La ida de Helio significaba su separación, y no les gustaba. Menos aún al conejo rojo, que tras que la ordenada que electrocutara a Helio cuando este intentaba capturar a Charizard no quería prestarle más su ayuda. Como si no le importara, él se levantó de la mesa y se encaminó al pueblo, no sin antes despedirse. Gionna estaba demasiado absorta con su disgusto que no se dio cuenta que Plusle se fue detrás de Helio.

Entonces, Gionna miró indignada a Julio.

-¿Pero no se suponía que no me obligabas a hacer misiones?

-Lo siento, no tengo otra salida. Ariadna se fue a Almia, y necesito que alguien haga este trabajo. Lo he hablado con Alejandro, y me dijo que cuando volvieras podría acudir a ti...

-Buf... te diría que no después de lo ocurrido, pero si te urge...

-Me harías un favor.- Se levantó, con calma.- Vamos a la base. Tienes que ver a alguien.

Gionna también se levantó. Parecía que Julio le urgía que alguien haga el trabajo de la veterana. Pero tenía que ver a alguien antes de partir hacia donde quiera que vaya. No sabía quién era, ni remota idea tenía. ¿Era un escolta? Probablemente. No podía ser otro ranger, pues la única que trabaja en Otonia es Ariadna, que ella sepa. Y ella estaba en otra región. Como sepa algún día de que se fue para evadir sus responsabilidades, le haría algo. Pero por el momento no sabía el por qué se tuvo que partir a otro lugar. Quizá solo se lleve su eterno desprecio. Era lo más probable. Sí, definitivamente, no la haría nada, tal vez ni siquiera se acuerde de su cara, al fin y al cabo, solo la vio una vez, y era muy fácil que se olvidara de como era. Eso iba pensando mientras se dirigía hacia la base.

Pero quién aguardaba no era nadie que desconociera de vista. En cuanto la puerta se abrió, pudo ver que la sala estaba casi vacía. Ana todavía no había llegado, y desde luego, Ariadna no estaba sentada por ningún lado. Solo pudo ver a un anciano canoso impacientado con los brazos cruzados, marcando un ritmo silencioso con el dedo índice, que luego se giró cuando Julio anunció su llegada. El hombre le sonaba, sabía que visitó la base, pero no se acordaba de su nombre. Le vino un momento de lucidez. "Se llama Agobios", le dijo una voz mental. Pero antes de llamarle por ese mal apodo, ellos estaban charlando.

-¿Le hice esperar mucho, profesor?

-No, que va. Veo que me has traído escolta... Oh, espera, pero si tú eres...

-Gionna.- Finalizó la frase por él. Era evidente que preguntaría por su nombre. -Y usted era Agobios... ¿no?

-¿A-agobios...? ¡Ah! ¡Tú eres esa ranger! ¡Menudos modales que tienes, mira que llamarme así...!

-¿No-no era Agobios...?- Ahora preguntaba la entrenadora temerosa de ganarse su enemistad. Oía unas risas de fondo. Entonces es cuando se dio cuenta de que fue víctima de una broma. -Disculpe... mi umbreon me la ha jugado...

-Pues... yo no veo ningún umbreon... La verdad, te veía más educada.- Dijo Julio . Por supuesto, el gato negro no estaba fuera. Parece que se le había olvidado que era entrenadora. Ranger solo lo era cuando no podía recurrir al debilitamiento del contrario, o cuando no quería hacerle daño. Le respondió picada, pero sin desdén.

-Claro que no. Es que está aquí dentro.- Tuvo que sacar la pokéball de Kyumbreon de la torera y sacarlo. -¿Lo veis?

Ambos superiores la miraban escépticos. Kyumbreon no dijo palabra cuando fue expulsado a la luz de la base.

-¿Y tu umbreon te la ha jugado dentro de su pokéball?- El jefe rubio no acababa de creerse que el felino haya podido fastidiar a su entrenadora desde su cápsula. Ya sabía que podía comunicarse por telepatía, pero no estando desde la pokéball.

-Puede fastidiarme con su voz telepática. No le hace falta salir.

Ambos superiores no acababan de creerse sus palabras. Les costaba pensar que este podía hablarle sin necesidad de tenerla cerca. No obstante, Kyumbreon ya tuvo suficiente diversión, y él mismo, indirectamente, dio a entender que él le dijo que Gobios se llamaba Agobios.

-Tch. Sois sosa cual sangre de Poliwag...

Pero no dijeron nada al respecto. Ni repulsaron la comparación, siquiera. Sea cual fuere el origen de esa provocación, Julio tenía que comentar lo que tenía que hacer.

-Bueno, vayamos al grano. A dos calles de aquí hay una fábrica llamada Turnoche. La fábrica estaba abandonada... sin embargo, parece que el equipo Go-Rock se ha apropiado de ella y la está utilizando para fabricar súpercapturadores. No sé cómo han logrado suministrar electricidad al edificio, pero tenemos que detener su producción.

-Eh, espera.- Interrumpió la novicio. - Y entonces si tengo que cortar la suministración eléctrica... ¿qué pinta el profesor aquí?

-Permíteme explicarte, joven. Julio me ha comentado que han modificado sus capturadores, y quisiera ver qué han cambiado. Es muy importante que mire esos aparatos, ¿sabes?

Gionna asintió con la cabeza. Ahora era hora de que Julio la mandara a fuera.

-Bueno, entonces ha quedado claro lo que tienes que hacer, ¿no? siento meterte en este lío...

-Tranquilo. Me estoy empezando a acostumbrar.- Dijo la entrenadora. Luego tomó un poco de aire y suspiró.

-Entonces vamos, ¿no? ¡Venga, vamos, fuera! ¡El tiempo apremia!

El profesor Gobios apresuraba a Gionna, con empujones, mientras ella se quejaba de sus enfermizas ansias por llegar a la fábrica. Le encargaron un trabajo duro con un escolta que hacía perder los nervios. Mientras caminaba hacia la fábrica haciendo caso omiso de las indicaciones de Gobios, se preguntaba por qué no se opuso a hacer ese trabajo...