Capitulo 26

El edificio aparentaba estar aún en letargo. No había nada que indicara de su actividad; ninguna columna ascendiente de humo negro ni aspas que giraran... claro que, desde el punto por donde estaban situados el ingeniero, la entrenadora y el umbreon no podían divisar ni la entrada al edificio con esa puerta metálica bloqueándoles el paso. Y tampoco es que emplearan leña o carbón para hacer funcionar la maquinaria. En realidad, no había nada que indicara que la fábrica siguiera en funcionamiento desde la lejanía. La única evidencia era la pantalla incrustada en el muro que impedía que entraran intrusos.

Gionna intentó abrir la puerta tratando de correrla tirando de los mangos, pero sus esfuerzos fueron vanos, pero, aún así, y con Kyumbreon implorando que parara, insistía. Estaba cerrada a cal y canto. Gobios estuvo más atento a las teclas del muro. Antes de que su guardaespaldas fuera directa a abrir la puerta, ya sabía lo que necesitaba.

-¡Para, para, para, que no lo vas a abrir! Necesitamos una contraseña.

-¿Una contraseña...verbal?- No avistó la pequeña pantalla estrecha acompañada de las teclas enumeradas. Gionna no entendía para qué necesitaban una contraseña. De pronto vio la pequeña pantalla. -Oh, vaya, seré idiota...

-No pasa nada. ¡Échate a un lado y admira el poder de mi inteligencia!

No le hacían falta apartarse, pues no estaban delante del pequeño ordenador. Gobios se acercó a la pantalla y pensó en voz alta con tal de demostrar su alto coeficiente intelectual.

Razonó. Solo necesitaba dos números.

Dos.

El nombre de la banda lo componía dos palabras.

Una de las dos palabras tiene dos letras.

Y esas letras tienen semejanza con dos números.

G-O.

Seis-cero.

Su arrugado dedo pulsó aquellos dígitos mientras decía que debería de funcionar. Al acabar, las puertas se abrieron lentamente. Gobios se acercó a Gionna para expresar su sorpresa.

-Nunca pensé que sería tan fácil... En fin, entremos.

Entonces pasaron por la abertura de aquel muro de hormigón. Fueron por la primera entrada que vieron. Era automática, hecha de dos cristales, pero al parecer no funcionaba. No había tecla alguna para insertar un código, al contrario que el portón principal.

-La puerta automática no responde.- Dijo Gobios al ponerse enfrente.

-¿No responde, dice vos? Tendrá que sucumbir a mis poderes. Le recomiendo que se aleje...

Las tiras de pelaje de Kyumbreon ondeaban hacia arriba, preparando un choque psíquico para quebrar las ventanas. Pero Gobios interrumpió el ataque.

-¡No! ¡¿Qué haces, insensato?! ¡Vas a llamar la atención!

-Por favor, profesor... ¿Cree que habremos pasado desapercibidos abriendo las compuertas? Más dará si quebramos cristales, porque ya sabrán que estamos aquí.

-No, no. No tienen cámaras en la entrada.

-Además, no eres quién para darme órdenes... Voy a derribar esta puerta, aquí y ahora, guste o no.

-Kyu, para, no.- Ordenó su entrenadora. -Gobios tiene razón. Llamaremos mucho la atención si rompes la puerta.

-¿A caso sabe alguna otra entrada?

-No, Kyu, no me sé ninguna entrada más. Pero tampoco sé si no hay. ¡Vaya, no sabemos nada de este lugar! Hay que mirar primero.

-Pero será tedioso, aburrido y un proceso muy lento. Mejor destruir la puerta, ¿no le parece, mi señora?- Intentó persuadir su umbreon con las palabras que menos le gustaba. Esperaba su resignación, mas en vez de eso, se quedó callada, mirándolo con frialdad. Luego sacó su pequeña prisión del bolsillo. Lo hizo grande pulsando el botón central, y apuntó el centro de la bola a Kyumbreon.

-Vuelve a tu pokéball, Kyu. Estás loco.

La pelota lanzó un rayo rojo que dio al felino y lo absorbió.

-Siento si le molesta que trate así a mis compañeros...

-No, no me hace nada. Hiciste bien. ¿Eres entrenadora?

-¡Sí, así es!- Contestó ella con alegría, pues al fin alguien reconoció su oficio.

-Pero si eres entrenadora, ¿qué haces en la unión?

-Ugh... el jefe del pueblo de al lado me la ha jugado. Y no me considero ser parte de esa unión de la que tanto habláis. Al fin y al cabo, no suelo emplear los mismos métodos.

-Ya veo... pues muy bien, seas quien seas, no querrás ser ranger y tendrás pokéballs, ¡pero mientras esté yo, acatarás nuestro reglamento! ¿Entendido?

-¿Cómo...? ¡Pero no me sé el reglamento! ¡Es... más, ni siquiera sabía que-!

-Por favor, solo quiero evaluarte. Ya te diré cuando hagas algo mal.

-Buf... bueno...

Esas órdenes le vinieron como un cubo de agua fría, cayendo desde el borde de la puerta. Y para colmo sus intenciones no le quedaron muy claras. ¿Evaluarla para qué? ¿No se suponía que ya estaba dentro de esa tan mencionada unión? Quizá Julio se opuso a su ingreso después de que Kyumbreon le contara lo que le hizo Alejandro. O simplemente, quería ver como se desenvolvía con la máquina de marras. Pero tenía que centrarse y hallar la entrada alterna. Realizar este paso para acceder a la fábrica no les costó nada. Tan solo fueron a la derecha para encontrarse una cornisa de hierro algo roñoso.

Directamente, Gionna se agachó para levantarla y hacerla chirriar. Por cortesía, dejó pasar a Gobios primero. Después se quedó atrás, a falta de seguridad.

Dentro del almacén por donde acababan de acceder habían grandes cajas metálicas, pero sin ningún producto pendiente de importación en el interior; eran solo meros obstáculos plateados que ocupaban espacio molestamente. Al lado de estas cajas, estaba un puente formado únicamente por vigas y alambre grueso, por donde celaba, con su mirada, un canino atigrado. Pero tan acostumbrado estaba a ver a gente entrar y salir que ya no se empeñaba en defender la parte inferior de su territorio con sus ascuas. Había un solo camino para poder subir las escaleras, no obstante, estaba bloqueadas por unos tablones mal clavados, pero igual difíciles de retirar por estar muy astillados. Era una oportunidad de oro para que Gobios pudiera saber si Gionna tiene alguna noción sobre "eliminar obstáculos", o lo que es lo mismo; emplear el potencial de los pokémon del entorno para abrirse paso.

Desafortunadamente para su curiosidad, ella se decantó por sacar a su más leal amiga lombre para liquidar a esa maldita mala estructura del demonio. Lol propinó varios furiosos zarpazos que acabaron con la resistencia de la madera.

-¡No, no, no, no, no! ¡Tenías que salir y buscar a un pokémon con el movimiento campo corte! ¿¡Por qué has utilizado a uno de tus pokémon para eliminar el obstáculo!?

-Jopé... pero si ha podido... ¿qué necesidad hay de salir?

-Brrrr... se supone que iba a evaluarte como ranger. ¡Desde ahora nada de utilizar a tus pokémon!

-¿¡Qué!? ¿¡Y entonces qué hago cuando me encuentre un obstáculo como este!?

-Capturando un pokémon salvaje. ¿¡A caso no has capturado tú nunca!?

Gionna empezó a mirar si su reserva de pokéballs vacías era la adecuada. Pensó que la estaba retando a perseguir la misma meta que aquel entusiasta enclenque de que tanto había oído hablar.

-¡No, con el capturador! Válgame Arceus, cómo va esta juventud...

Lol empezó a tener manía al hombre de pelo canoso. Estaba obligándola expresamente a que use la máquina revienta-manos que la salvó de la influencia de otra máquina lava-cerebros. Después de que Gobios diera un apuro, subieron las escaleras. Un recluta envidioso los esperaba para expulsarlos, mostrando rechazo a exclamaciones que algunos los usaban con frecuencia. A mandar sus bolas explosivas a atacar, Gobios le gritó:

-¡Oh, venga, saca tu capturador, vamosvamosvamos!

Pero para cuando quiso sacar aquel instrumento de su mochila florida, Lol ya se encargó de dejar fuera de combate a esos voltorb. Este hizo que el recluta huyera despavorido. Salen de la fábrica un momento, pisando alambre y vigas bajo cajas de madera. A sus espaldas, podía verse más claramente el techo de fibra azulada de amianto del almacén.

Desde arriba, se podía ver a aquellos cuatro hermanos que osaron tenderle una trampa. Pero estaban tan absortos con sus ensayos que no se percataron de la presencia de los intrusos. Gobios no sabía quienes eran; según los informes, eran cuatro personas quienes tenían el liderazgo, pero no había ninguna referencia visual ni descripción de su aspecto. En respuesta a su pregunta, Gionna contestó:

-Son cuatro hermanitos que se creen el no-va-más del "Rock n' Roll". Mejor pasar de ellos.

En cuanto empezaron a tocar, los tres fueron prestos a la entrada de la factoría. Aún oían ese estruendo, se apuraron a encerrarse en la primera y única puerta que encontraron. El parche metálico que hacía de felpudo tenía pintadas rayas amarillas y negras en el suelo, y una pequeña ventana que no se molestaron en ver. Al menos en esa sala la horrenda música de los hermanos Go-Rock no tenía cabida, pero igual, se podía apreciar el ruido de un motor moviéndose. Ya habían encontrado un generador.

Gobios estaba dispuesto a inutilizarlo, mas la máquina no producía, sino distribuía. El verdadero generador estaba en una jaula, encerrado y agonizando.

-¿¡Pero cómo pueden ser tan crueles!?- Exclamó indignado el anciano. -Usan la electricidad de este pikachu para la fábrica. La única forma de parar este generador es rescatar a este pobre pikachu.

-Um... creo que esto no es un-

-¡Haz algo para acabar con su sufrimiento!

-¡Argh, deja que piense!

Evidentemente, mandar a Lol a que usara hidrobomba al distribuidor no resultaría, y mandar a algún pokémon que lo destrozara directamente resultaría peligroso, así que realmente había que capturar a un pokémon salvaje para liberar al Pikachu de aquellas ataduras con forma de finos barrotes. Ninguno de sus pokémon le podían ayudar esta vez. Además, con aquel anciano cascarrabias, no podría usarlos sin llevarse una de sus reprobaciones. Tenía que buscar.

Entró en la sala de montaje, por donde las cintas transportaban los aparatos al descubierto y cubiertos y los jugaban a ser mimos con sus manos. Podía haber empleado sus poderes psíquicos para doblar las barras, pero Gobios no la dejó, con el pretexto de que no sirven para abrir jaulas. Saliendo de la cadena, se encontraron con otro puente, esta vez, celado por otros dos mimos y un recluta. Tenía que capturar a mimos de caras sonrosadas, de todos modos.

Pero una vez más, cuando se iba a preparar para atraparlos, Lol se interpuso, tirando uno al piso inferior. El otro se protegió a tiempo con una pantalla luz. Luego la lombre escupió la semilla parásita, de la cual este esquivó, no sin después colocarse al borde del puente para luego Lol le tirara con su compañero. Aquel energúmeno tuvo que retirarse por momentos para volver a subir. En cuanto volviera, sin embargo, ya sería tarde.

Prosiguieron hasta la sala de ordenadores, por donde habían montón de servidores y hypnos andantes. Por eso que Gionna prefirió subir a la azotea. Esos monstruos antropomórficos amarillos nunca le han gustado, y en cuanto más alto estaba, mejor se sentía. Al aire libre, se podía ver a los wingull del mar planeando sobre el edificio, y un insecto marrón de grandes tenazas intentaba cazarlas. Ahí estaba lo que necesitaban.

-¡Ah, un pinsir! ¡Será idóneo para cortar esos barrotes! ¡Venga, captúralo, vamos!

Esta vez no tenía ninguna razón para estar en desacuerdo con él. Sabía que este ser invertebrado tenía la fuerza suficiente para partirlas. Sacó el capturador y lo encendió, sin ponerse el guante. Entonces apuntó al escarabajo, indiferente ante los riesgos.

Pero no pudo soltar el disco antes de que su lombre le atestara unos golpes y le facilitara las cosas. Así no había forma de que ella pudiera demostrar su real potencial. Pidió a Gionna que la hiciera regresar, sin embargo, ella se negó, diciendo que no es eso lo que ella querría.

Tras bajar dos pisos más de lo debido, subir uno y cruzar de nuevo las mismas salas, destrozaron la prisión del pikachu con las tenazas de pinsir. Sin más dilación, cuando los trozos de los barrotes tintinearon contra el suelo, escapó el ratón. Seguidamente, la sala quedó en la penumbra, con tan solo los fluorescentes de emergencia quedaron encendidos. No iluminaban mucho, sin embargo.

Gobios veía que el pinsir no abandonaba el grupo; algo que esperaba de parte de un pokémon atrapado por aquel capturador. Pero tenía que cumplir la normativa, así que le dijo a Gionna que lo liberara.

-Pero seguramente haya más distribuidores... ¿no ve las luces?

-¡Es igual, son las normas! Ya lo volverás a capturar, tranquila.

-¿Quiere que tome más molestias de lo necesario? Porque me niego.

-¡Hazlo!

-No.

-Vamos... recuerda que quiero evaluarte como ranger...

Dio un suspiro. De nuevo tenía ese dilema. ¿Ser o no ser como ellos? ¿Complacer su anhelo de ver cómo adoptaba ese trabajo o seguir con sus propios métodos? Estaba casi claro.

-¿Y usted recuerda que le dije que me la jugaron? Yo no quería ser ranger. Ni sigo queriendo ser.

-¡Pero tienes el uniforme!

-El uniforme no significa nada para mí. Solo es una prenda de ropa más. Además, usted mismo dijo que era entrenadora, no ranger. Pero bueno, el caso es dar el apagón a este recinto, ¿no? Pues ya está. Da igual que lo haga así o asá.

-Francamente, eres muy testaruda, hija. ¿Por qué te mandaría a ti?

-... Fue decisión mía. Podría haberme negado si hubiera querido.- Aclaró. -Bueno, ¿vamos a por los otros generadores o no?

Sus hermanos lo dejaron al cargo de la fábrica. En ese día le tocaba estar de guardia, supervisar la producción, y, evidentemente, que ningún intruso asomara las narices en el interior de la fábrica. Pero él prefería practicar con el bajo antes que mirar las pantallas de las cámaras. Su pasión por la música y su afán de conquistar al amor de su vida le incitaba a dejar de lado al deber. Ya entraron varios reclutas anunciando que un par de energúmenos acompañados de un lombre estaban saboteando el sistema eléctrico de la factoría, pero este ignoraba aquellos avisos. Mientras, las máquinas se paraban y los espectros venenosos despertaban más pronto de lo usual. Algunos estaban crispados, otros, atemorizados por la presencia de los gastly.

Ya que los peones se iban acumulando en la sala de seguridad, Alberto, molesto, se dispuso a mirar las pantallas. De las quince que habían, solo cinco estaban operativas, y en el cuarto por donde estaba enjaulado el raichu, ahí estaba, empezando a señalar con el dedo para que el scyther diera un tajo a la jaula y lo liberara. Luego de que la mantis ejecutara su orden, el cuarto se quedó completamente a oscuras. Al menos había cerca una linterna en caso de apagón. Pese a saber que iba acompañada por un lombre, no se imaginaba que esa saboteadora fuera ella...

¿Por qué era tan mala con él?

Pero era su oportunidad. Aquel momento que deseaba que llegara ya estaba en su presente. Andaba ya preparado; su fiambrera contenía un lenguado con salsa de vino blanco y perejil, y velas no le faltaban. Además, tenía que quitarle ese objeto que su superior tanto quería. Se dirigió a todos los reclutas presentes.

-Escúchenme todos; quiero a esa ranger aquí ilesa, ¿sí? Con el anciano haced lo queráis. Y avisad a los otros; no quiero que salgan de aquí.

Los reclutas cumplieron sus órdenes sin rechistar. Eran un buen número, y podían hacerles frente; algunos camaradas aún tenían a sus subordinados. Iban más que preparados. Corrían hacia la puerta principal, a la vez que otro pequeño grupo se situaba. Y ahí estaban, yéndose hacia la salida. Estos trataron de pillarlos mientras ellos escapaban. Los intrusos no pudieron.

-¡De aquí no vais a salir, malditos saboteadores!

-Vaya, hombre... ahora que habíamos terminado...- Decía molesta la entrenadora.

-Son muchos. ¿Seguro que podrás con todos ellos?

Esa pregunta le trajo muy malos recuerdos. Estaba en las mismas que aquel día, antes del exilio. Más agotada estaba, quizá, pues en ese día corrió más tiempo para salir del colegio tomado por aquellos fanáticos. Su lombre estaba también a su lado, pero por aquel entonces era aún un pequeño nenúfar andante. Ellos la habían rodeado igual, en círculo, dejándoles sin escapatoria. Los del Equipo Aqua iban a por ella por negar su dogma. Ellos porque les han cortado la electricidad. Y el líder de aquel colectivo de niños convencidos le preguntó lo mismo que Gobios, solo que en primera persona. La historia se repetía. Pero quizá volvería a repetirse también aquella aparición divina en forma de dragón blanco de coraza roja. O quizá no hiciera falta; tenía a su lado dos insectos y el mismo carnero que le atacó el primer día.

-¡A por la chica, vamos!- Ordenó un recluta rubio de vestimenta militar. Un crobat y un ariados se lanzaron a por ella, pero Lol y los otros escoltas la protegieron de las agresiones con sus ataques acuáticos mientras ella estaba pavorida, como aquella vez.

Pero pasó algo diferente; otro de los peleles la agarró sin previo aviso con fuerza. Gionna actuó de enseguida, forcejeando y chillando:

-¡Suéltame! ¡Suéltame!

-¡Ni de coña, querida!- Decía su opresor. Se le hacía difícil retenerla por su resistencia. -¡Que alguien me de algo para calmarla!

-¡Roger, idiota!- Contestó otro, sin algún respeto por su igual. Mientras Gobios estaba ocupado mirando como Lol apartaba a los pokémon enemigos con agua, zarpas y zarzas, un gastly se mostró súbitamente enfrente de Gionna. Su repentina aparición le provocó un susto que impidió que evitara mirar sus ojos, de los cuales resplandecían de color rojizo. Una vez vistos ya no podía apartar la mirada de aquel brillo. Progresivamente se adormecía, hasta que no tuvo más remedio que rendirse y caer en las garras de Morfeo.

-Je, je, je, ya está... ya está... ¡La tengo! ¡Nos piramos, tíos!

El grupo se dispusieron a traer a la chica a la morada de su jefe con paso presto. Los pokémon cesaron su ataque y siguieron a sus amos. Lol quería seguirlos, pero estaba cansada. Los otros, al distanciarse del capturador, no supieron qué hacer y volvieron a sus puestos. Gobios tampoco estaba para correr y alcanzarles debido a su avanzada edad. La lombre se sintió derrotada por no poder protegerla. Por el momento parecía estar perdida durante un tiempo indefinido. Mas, sus sensaciones no le impidió ver un pequeño destello rojo proporcionado por la luz natural. La pokéball de Kyumbreon salió de su bolsillo sin que nadie se diera cuenta por las bruscas sacudidas que ella daba.

-Ha ocurrido una calamidad, ¿no es así?. Escuché sus ahogados suplicios desde esta triste celda, y momentos después de salir de la oscuridad del textil, un repentino silencio. ¿Acaso habrá desaparecido?- Le preguntaba a Lol telepáticamente desde el interior. Su respuesta fue una lenta señal con la cabeza.

-¡Sácame! ¡Tenemos que encontrarla, rápido!