Capitulo 29
Eran las cuatro de una tarde de invierno. Incluso en la zona tropical de Floresta, eran horas próximas a la puesta. La luz era aún intensa, pero pronto los azules serían amarillos y naranjas, para luego desaparecer y dejar el cielo sin nada salvo puntos blancos en el azabache y una luna incompleta. Dentro de la base de Villaestío, no había mucho movimiento, como era costumbre. La operaria estaba tecleando para dar signos de vida en las redes sociales, Soel hacía lo mismo con su móvil, al igual que aquel hombre que vino recientemente... Carlos en cambio animaba el ambiente tocando con el ukelele una canción hawaiana, posteriormente interrumpida por el ring del teléfono. Tras un suspiro de molestia, la secretaria cogió con desgana el útil de comunicación a distancia.
-Aquí base ranger de Villaestío, dígame... ajá, un segundo... Carlos, tienes una llamada.
-Uy, ¿quién será...?- Se preguntaba en voz baja mientras dejaba reposar su instrumento de cuerda. Luego cogió el teléfono. -¿Diga?
-Ha pasado mucho tiempo, Carlos.- Dijo la voz femenina. Unos golpes de aire se escuchaba en el fondo.
-¡Elena! ¡Eres tú! ¿Qué tal te va?
-Como siempre... Pero no te he llamado para charlar. ¿Recuerdas el Acuamóvil que regalaste a Selena?
-¡Claro, cómo olvidarme de él! Sigue aquí mismo. ¿Por qué?
-Bien... porque necesito que mandes a alguien más para Hiberna.
-Pero... es de Selena...
-Carlos, Selena está en la base del equipo Go-Rock, en la Sierra Oscura. No creo que le haga nada que lo usemos para enviar un pequeño apoyo para su rescate.
-¿Oh? ¿¡Está en Hiberna!?- Este se quedó patidifuso. Al fin la encontraron. Estaba feliz; puede que no pueda estar en las mejores condiciones estando en territorio enemigo, pero al menos sabía que estaba viva. Y eso le alegró el día. -¡Tengo que contárselo a Alejandro, a la de ya!
Una risita se escuchó procedente de Elena.
-Carlos, no es necesa...- Luego los pequeños golpes melódicos del capturador daban a entender que su compañero de trabajo y amigo en el pasado fue a darle las buenas nuevas. Se quitó el aparato de la oreja y lo miró sonriente. No había cambiado en absoluto.
Mientras, entre las gélidas cordilleras y el frente marino que separaba del continente a la pequeña isla, Gobios miraba el ejemplar de supercapturador que hurtó a los de la fábrica. Lo había desmontado pieza por pieza, y lo había mirado todo. Y más se fijó en un componente que tenía el disco como fuente de energía. No podía contenerse. Y todavía había algo más. Iba acompañada de lo que parecía un fragmento de una obsidiana semitransparente que irradiaba con un aura oscura. Tomó un sorbo de su café, pensante y con la mirada clavada en aquel trozo de mineral negro. Fuera de lo técnico, tenía su encanto. No podía parar de mirarlo con embriaguez, hasta que el sonido de la puerta automática abrirse le espabiló. Miró a los recién llegados acabos de alimentar; Julio, Ana y... la entrenadora, con sus dos acompañantes. Ella todavía estaba desanimada cuando cumplió su trabajo. Lo que había pasado fue bastante chocante para ella. Podría haber muerto, o todavía peor... el miedo que había pasado era demasiado para que pasara como si nada. Maldecía a aquel obsesionado para sus adentros, incluso pensaba hacerle pagar por aquella hendidura psicológica que le dejó a causa de sus actos. ¿Pero de qué serviría? Era mejor evitarlo para poder olvidar. Lol intentaba darle su apoyo en forma de palmadas para que no estuviera tan mal, en vano.
-Ah, aquí estáis.- Saludó a los recién llegados. Ana respondió con un saludo rápido y se dirigió presta a su puesto de trabajo. -Venís en un buen momento. Acabo de desmontar el súpercapturador.
-¿Y? ¿Cuáles son tus conclusiones?- Preguntó Julio.
-Hum... todavía no he llegado a ninguna... O quizá...- Gobios volvió a girar la vista hacia el mineral oscuro. Luego se dirigió de nuevo a Julio. -Tengo una ligera idea de cómo influencian...
-Cuenta.- Ordenaba su jefe mientras se acomodaba en una silla, expectante.
-La fuente de energía que emplean estos capturadores es un mineral que aumenta la fuerza y potencia de los pokémon. Y además... está combinada con otro elemento que no he visto nunca...
-¿Vidaesfera?- Preguntó curiosa Gionna, olvidándose de sus sentimientos. Ya era hora de estar en el presente.
-Sí, es una vidaesfera.
-Pero, espera... eso solo causaría una rabia incontrolada. ¿Entonces por qué los que son capturados por ellos, que lo hacen con odio, son igual de obedientes que los que capturamos nosotros?
-Buena pregunta, Julio. Creo que la respuesta reside en el otro componente. Cuando lo he mirado, me encontré captado por ello. Mi mente se nublaba, solo estando pendiente del objeto. Entonces podemos asumir que aquel mineral causa un efecto tranquilizador que vuelve sumiso y obediente al pokémon empleando su propia energía. Es una mera hipótesis, pero tengo la certeza de que es así.
Julio asentía con todo interés. Aquella explicación le pareció muy razonada, igual que todos los presentes, incluso Kyumbreon, aunque estaba más interesado en experimentar su misma sensación.
-Señor Agobios, ¿me permite vos mirar de primera pata aquel componente atontante?
-¡Maldito gato desagradecido! ¿¡Es que no puedes llamarme por mi nombre de una vez!?
-Me es hilarante su apodo, así que olvídese. Y también olvídese de su autoridad. Voy a ver, sin permiso o con.- El felino fue caminando hacia la mesa por donde estaban asentados las piezas del aparato del demonio. Mientras, su dueña pensaba. Al final habló de nuevo.
-Hum... hay algo que me ha inquietado desde hace unos días... Dices que este capturador funciona con un mineral que no conoces y una vidaesfera, ¿cierto?
-Así es.
-Entonces... Helio me dijo un día que la captura se produce también por los sentimientos transmitidos a través la de la máquina. ¿Es eso verdad?
-Sí. ¿Y eso es todo?
-No.
Gionna se quedó un rato en silencio. Se estaba preparando las argumentaciones para explicar sus dudas y deducciones.
-Has... dicho que tienen una fuente de energía del cual emplea para funcionar y provocar una relación entre usuario y pokémon... entonces... los capturadores que tenemos nosotros... también tiene que tener algo que provoque esta simbiosis. Es que, en serio, me parece muy poco creíble que funcione con emociones esta cosa.
-Pues lo hace. Toma los latidos del corazón como-
-El ritmo cardíaco no es una referencia clara de las emociones, y tampoco crea energía para alimentar un aparato eléctrico. No me venga con historias, por favor. Se supone que es científico, no un gurú del New Age.- Refutó la explicación que quería darle con estas contundentes palabras. Su coletilla de encubrimiento le fue totalmente inservible para aquella escéptica adolescente. Julio iba en su defensa, pero Gobios lo detuvo antes.
-No, Julio; tiene razón. Os he mentido. A todos. No os he explicado realmente como funcionan los capturadores, y lo siento mucho. Claro que tenía mis razones...
El jefe de Otonia se quedó patidifuso. Pensaba que todas sus capturas eran producto de su amor incondicional a aquellas maravillosas criaturas, bondadosas y fieles que siempre están a su disposición para colaborar en la manutención de la madre Tierra. ¿Por qué? ¿Qué era lo que causaba esa reacción?
-Entonces no me equivocaba... ¿Qué emplea entonces para que se vuelvan tan afectivos?
-Te lo diría directamente si no fuera porque supiste desmontar mi tapadera. Te reto a que lo adivines, por listilla.
-¡¿Qué?! Oh, muy bien.- Cruzó los brazos como gesto de altivez. Aquel adjetivo subía su ego. -Acepto el desafío, pues.- Luego se quedó pensando, rememorando los hechos sucedidos anteriormente. -Si bien la reacción que se han dado en todos los pokémon salvajes que he capturado es de aceptación y amor, podemos deducir que su fuente provoca un incremento en la amistad entre el receptor y el emisor...
-Vas bien, vas bien.
-No obstante, solo sé de un objeto que hace que la felicidad aumente... y es la campana alivio. Pero... esto es un mero cascabel. Tiene que ser un mineral que irradie algún tipo de energía como en este caso, ¿no?
-Exacto. Pero no vas tan mal encaminada. De hecho, estás cerca de la respuesta. ¡Sigue pensando!- Iba animando Gobios. Mas Gionna llegó a un punto muerto. Pensó en cual mineral tenía los mismos efectos, pero no conocía ninguno. Y no pensó que la campana tenía un elemento especial que hiciera que tintineara de la forma que tanto gustara a los pokémon.
-... Pues... lo siento, pero no se me ocurre nada.
-Me decepcionas, hija. ¿De qué está hecha la campana alivio?
-... De... ¿latón?
-¡Noooo! ¡En el intetior!
-¿En el interior? Jo, hay otra pelotita que provoca el tintineo, ¿es eso lo que quieres que diga?
-¿¡Pero de qué está hecha la pelotita!?
-... Latón. Puro y simple latón.- Volvió a responderle Gionna.
-¡No, no, no, no y no!- Gobios pisoteaba de la impaciencia. -¡De almina!
-¿Al... mina?
No le sonaba ese nombre. Ni siquiera de la guía avanzada de todos los objetos que los pokémon puede usar. Pero el nombre le parecía de procedencia árabe.
-Sí, almina. Es un mineral que provoca afecto hacia todos los individuos que están alrededor. El capturador funciona como un contenedor de su energía, a la vez que emplea la misma para influir positivamente en el pokémon.- Eso explicaba porqué aquel houndoom que capturó en su llegada se lanzó a por ella para atacarle afectuosamente con lametones. Pero si el capturador que tenía Helio tenía lo mismo que el suyo, ¿cómo es que ella podía hacer frente a los hermanos y él no? ¿Y cómo es que cuando los captura se sanan? Son otras preguntas que tenía que solventar. Mas Julio se adelantó con una de carácter más existencial.
-Pero... pero entonces... estamos actuando en contra de su voluntad. Estamos forzándolos, igual que lo hacen el equipo Go-Rock... ¡Los estamos tratando como herramientas!
-No, Julio, en eso te equivocas. Puede que la captura sea más artificiosa y frívola de lo que hice entender, pero al contrario que ellos no estamos hiriéndolos. Si hay algo de cierto en lo que dije, es que estamos haciéndolos entender que no todos los humanos somos crueles e interesados y que también estamos dispuestos a cuidar nuestro planeta. Además, cuando los capturamos, curamos todas sus heridas, sean físicas o emocionales. A parte, apuesto a que la gratitud es un factor que hace que los pokémon nos ayuden, más que la acción de la almina.
El elegante jefe del centro económico de la región se quedó callado inmerso en sus pensamientos. Le desagradaba que la verdad le fuera revelado. Eso significaba que a lo mejor no era tan bueno como pensaba. Aquel desengaño le sentó fatal, pese el discurso de Gobios. Ahora Gionna podía preguntar lo que le incumbía.
-Hum... tengo una pregunta más sobre esto... Anteriormente, cuando... um... mi compañero se enfrentó a uno de esos "jovenzuelos" que vimos ensayando en la fábrica no pudo capturar el pokémon que utilizaba. Luego supimos que sus capturadores estaban mejorados... sin embargo... yo sí que pude hacerles frente. Entonces... ¿tienes alguna explicación para este rarísimo fenómeno?
-Lo tengo. Y es que tu capturador es... un prototipo de súpercapturador. Sí... es diferente de todos los demás. Anteriormente estaba investigando cómo mejorar los capturadores, y hallé dos modos; uno era utilizar una vidasfera y combinarla con almina para que los pokémon fueran más eficientes, y otra era poner fragmentos de unas gemas procedentes de Almia para potenciar su efecto. Este resultó tener muy buenos resultados, por lo que decidí darle un ejemplar a Alejandro. Luego cuando probé el otro resultó ser una catástrofe. El pokémon que capturé con él acabó enloquecido y no paraba de atacar a cualquiera que se pusiera en su camino... Conseguí escapar de él, y fui a pedir un escolta a Alejandro. Y ahí estaba. El escolta tenía el prototipo. Lamentablemente, el otro cayó en malas manos...
-¿Entonces es posible que el hecho de que pueda capturar a sus pokémon es debido a que lo que tengo en mi aparato puede contrarrestar el efecto de lo que tengan?
-Podría ser.- Confirmó el profesor. -Y ahora que os lo he explicado todo... tengo que disculparme por habéroslo ocultado. Si lo hubierais sabido, seguro que no os hubierais unido a la unión...
-A mí no me hace nada. ¡Soy una operaria de todas formas!- Decía alegre Ana. -Siempre me pregunté que era esa cosa azul que tenía... ¡Gracias por iluminarme!
-No hay de qué. Ahora, si me permiten, me llevaré los trozos... ¿Has acabado de contemplar el trozo ese, Umbreon?- Preguntó a Kyumbreon.
-No estaba contemplándolo; ergo, no me sentía para nada captado por él. Mas... puedo decir que irradia de energía oscura, si eso le sirve para después. Bueno, todo suyo, señor.
Se bajó de la mesa para que el técnico los recoja. Después se despidió, y los dejó para que hicieran sus cosas. Ahora ella podía estar segura de que no tenía nada de especial. Era completamente normal en lo que respecta a la captura. Y esto le reconfortaba. Alejandro estaba completamente equivocado. Iba a la habitación de invitados en cuanto Kyumbreon le advirtió que percibía en Julio un creciente odio hacia su persona y que era mejor retirarse e irse a Villavera. Ella no le podía creer. Solo veía que Julio parecía destrozado. Intentó acercarse para ver qué le pasaba.
-Ju... ¿Julio...?
-Por... por tu culpa...
-¿Qué...?
-¿Por qué no podías conformarte con lo que te dijeron? ¿Por qué tenías que hacerme saber la verdad...?- Estaba cabizbajo, musitando. Él pensaba que creaba vínculos por su iniciativa, no por la acción de un trozo de roca brillante. Habría preferido seguir engañado, pensar que todavía se merecía el puesto número dos del Top Ranger... pero ya carecía sentido. Gionna le había quitado el sentido. Toda su orgullo por tener el puesto de jefe y la razón de su reputación fue desmoronándose con la revelación de la historia que se escondía tras la falacia que Gobios usó para que se dedicaran a su labor con devoción.
-Pero... yo no... no pensé que...
-Márchate. Ahora.- Ordenó con voz floja.
-Pero en serio, yo-
-¡HE DICHO QUE TE MARCHES!- Imperó vociferante, a la vez que señalaba la puerta con su dedo y dejaba mostrar sus gafas empañadas. Todos los presentes menos Kyumbreon se asustaron. Tal como el chacal dijo, estaba a rabiar de odio. Tuvo que hacer caso a su consejero previamente para evitar volver a sentirse mal. Su rechazo fue la aguja que pinchó el saco lleno de agua. Sus ojos se enmudecieron. Sus pasos, ralentizados. En cuanto estaba a unos escasos centímetros de abrir los bloques de cristal con su presencia, giró la vista de nuevo hacia Julio. A punto de llorar y con el molesto nudo en la garganta, soltó una serie de ahogados aullidos en forma de palabras.
-Yo... yo solo quería ayudarte... - Luego se marchó, herida por recibir otra muestra más de desprecio.
La noche ya se asentó. Ya no se escuchaba ningún paso en los tablones; tan solo el oleaje. Las cálidas llamas de las antorchas tiki, sin embargo, estaban encendidas para todo paseante nocturno. El pueblo estaba en silencio, hasta que unos pies resonaron en la madera. Un par de siluetas se dirigían hacia la base, iluminada con luz blanca.
El chico pasó fastidiado, enfadado, cabreado. Injuriaba para sus adentros a aquel que tenía que acompañar. ¿Cómo se podía ser tan miedica? Carlos estaba cenando lo que él mismo había preparado cuando Soel y Dressela entraron en la base.
-Ah... hola... ¿habéis logrado traer la pieza?
-¿Tú qué crees?- Se tiraron en los dos sillones de mimbre que habían libres simultáneamente, cansados. Sus otros dos compañeros se reían de él. Había fracasado en en una misión tan simple que su desgracia les resultó cómica. Ellos no sabían lo que era ir con un entomofóbico en una selva plagada de insectos. Mientras Carlos le traía la cena, y cuando colocó el plato en la mesa, se acordó de que tenía algo para él.
-Ah, sí... me llegó un paquete de tu madre. Lo tienes en recepción.
Tan pronto como se sentó se levantó para coger una cuchilla, la caja marrón y volver a acomodarse para luego hacer una incisión que dividió el celo y aflojó su adherencia al cartón. Pudo ver en su interior seis cilindros amarillos con letras impresas y una pokéball ocupada. Además de estos objetos, había un trozo de papel con perfecta caligrafía. Tomó la carta y la leyó.
"Querido hijo:
¿Cómo te va en Villaestío? ¡Espero que no estés escaqueándote cada dos por tres!
Seguramente te estarás encontrando con muchos pokémon cortándote el paso, así que pensé que no estaría mal enviarte repelentes para que no os toquen. También he enviado a Hella... por si las moscas.
¡Que no te muerdan las chinches!
Tu madre."
Soel se alegró de recibir aquella ayuda maternal. Le acababa de dar la solución para el problema del mecánico.
