Capitulo 32
La noche aguardaba. Apacible y despejado dejaba ver todos los astros y restos de aquellos que murieron, siempre y cuando la luna menguante no estuviera cerca. El frío aire del invierno acariciaba cada pared de madera y recubierta metálica que encontraba. Pero pocos eran los que tiritaban. En el segundo piso de la base de Villavera, varias luces estaban aún encendidas a las nueve de la noche. En una habitación, los dados se tiraban. Un punto amarillo de plástico se acercaba peligrosamente al cráneo de un difunto marowak. Y, sin más remedio, tuvo que regresar al inicio. Nada se podía hacer para evitar que retrocediera hasta el rectángulo de los ducklett mirando la siguiente casilla.
-¡Maldito seas, azar, que no haces más que ponerme muros para que me sea inaccesible la victoria!- Injuriaba Kyumbreon. No era su día; ya llevaba cuatro partidas perdidas de esta manera. Y luego, cuando le llegó el turno a Lol, le tocó el número justo para llegar a la meta. Esta saltó de alegría e hizo una burlesca danza de victoria al felino de Lunetah.-Sí, sí, canta victoria; si de una justa se tratara, ni mover los brazos podrías. Tch.
Y mientras el kappa reía de la desdicha y Kyumbreon reprochaba con sublimidad, su entrenadora estaba enterrada en mantas, sujetando una libreta. Grababa con el grafito del lápiz una figura gigantesca, de ojos bien abiertos, con su pérfida mirada clavada sobre una minúscula figura. Rocío caía de aquella lengua aún blanca, como si se tratase de un filete de carne. Necesitaba dibujarlo. Tenía que expresarse. Con la disputa aún vigente, se oyeron unos toques procedentes del otro lado de la puerta. Luego se escuchó la voz de su compañero.
-¿Puedo entrar?
-Adelante.- Contestó Gionna con neutralidad. A lo mejor se ha dejado algo, pensó. El pomo giró y dejó entrar la luz de fuera y a Helio. Desde su posición pudo ver su maleta abierta, mostrando prendas arrugadas y sin doblar. Más se fijó en como iba ella, vestida con un pijama de felpa verde y una bata, enterrada entre edredón, manta y sábanas.
-No me digas que tienes frío.
-Pues sí. No me basta con una manta por debajo.
Helio se llevó la mano en la frente.
-Tienes mantas arriba en el armario.
-... Uy. Pero no me habían dicho nada.
-Mentira, mi señora; yo le dije a vos y vos estabais en Babia- Dijo Kyumbreon a la entrenadora.
-Ostras, es verdad. De todas formas... ¿qué quieres?- Preguntó Gionna con aspereza.
-Nada. Solo hablar un poco. ¿No somos amigos, acaso?
Gionna se quedó mirándolo fijamente sin pronunciar palabra. Helio no dio importancia a su molestia y se fijó en la libreta que tenía.
-¿Puedo mirar?
Se acercó y miró la grafía sin esperar respuesta. Ella no hacía nada salvo aguardar a ver qué decía sobre ese monstruo.
-Guau. Dibujas bien. ¿Tienes más?
La entrenadora encogió de hombros y le dio la libreta. Helio fue pasando páginas, pudiendo así mirar todos aquellos dibujos que fue haciendo. Todo tipo de criaturas llenaban de color a la celulosa, incluso algunas inexistentes. A medida que pasaba, la calidad de los dibujos fueron empeorando, dando así una idea de cómo fue mejorando con la práctica. Abundaban los pájaros y los lagartos, y algún que otra escena con bocadillos de texto. Pero sobre todo, una figura corpulenta color verde negruzco, de grandes alas y de mirada vacía, abundaban en las primeras. A veces podía verse el mismo con varias deformidades; antenas que acababan en dos ojos sin párpados, cuernos múltiples, pies y garras entrecruzadas... cosas que hacían a ese monstruo más terrorífico y bizarro. Quedó un poco asustado por cómo esos dragones bípedos frecuentaban, pero por otra parte, él no habría logrado hacer esos detalles. Ni evitar que se viera algo deforme.
-Madre de Arceus. ¿Y todo esto lo dibujaste tú? ¿No lo has copiado de ningún sitio?
-Eh... no. Todo lo hice de cabeza.- Contestó. Helio levantó las cejas un poco sorprendido.
-Joder. Menuda imaginación.
-Bah, no es nada. Podría hacerlo mejor.- Dijo la dibujante con humildad. -Ahora, si no te importa... ¿podrías devolverme la libreta?
Helio le dio el cuaderno de vuelta. En cuanto Gionna la recuperó en manos del ranger, volvió a la tarea. Este, aún intentando hablar con ella, preguntó;
-¿Y se puede saber qué es eso que dibujas ahora?
-Puf...- Resopló. -Es un monstruo enorme, ¿no lo ves?
-Ya, ¿pero qué es exactamente? ¿Tiene nombre?
Gionna empezaba a hartarse un poco de su compañía. Tantas preguntas la estaban agobiando.
-Aaaargh... Es un monstruo con el que he soñado que es una representación de ese chiflado enamorado llamado Alberto, ¿satisfecho?
-Que... interesante... ¿y qué soñaste? ¡Cuéntame más!
Ya no podía aguantarlo más. Tenía que echarlo.
-¿¡Qué, y ahora quieres que te cuente mis pesadillas!? ¡Anda, anda, anda, anda, vete de aquí!
-¡Pero si solo intento hablar contigo!
-¿A caso me ves con ganas de hablar con nadie? ¡NO! Ahora... si no te importa...
-No, ¡sí me importa! ¡A ti te pasa algo! Ayer te has pasado todo el día aquí desde que llegaste. Y gracias a Eustaquio que has comido algo o estarías muerta de hambre. Así que por favor, dime qué te ha pasado, o qué soñaste, ¡cuéntamelo todo!
Iba a negarle otra vez. Tantas cosas traumatizantes pasaron el día anterior... estando otra vez casi al borde de la muerte en manos del enamorado... y luego ese rechazo hacia su persona. Eso le había dolido todavía más. Como si no hubiera bastado con la crueldad de los infantes de antaño y sus vivencias después de aquel exilio. Pero quizá tendría que contarle y aliviar sus penas. Nunca pudo hacerlo. Nadie que sea ajeno a su familia se ha preocupado por ella. Sin embargo, Kyumbreon se adelantó en mantener su postura de no hablar con nadie.
-Por favor, ingrato "amigo" suyo, deje a mi señora en paz. Bastante mejor es que no rememore nada.
-¡Pero si solo intento ayudarla, maldita sea!
-¿Provocando más sufrimiento mediante el recuerdo pasado? Más vale que deje que duerma ahora y desista, pero presto. De lo contrario tendré que hacer uso de la fuerza. Y a nadie le agradaría, ¿verdad?
Helio salió indignado de la habitación. Kyumbreon ya tomó las riendas de sus decisiones antes que ella. Gionna todavía no sabía si lo que hizo el felino era lo mejor, pero ya era tarde para rectificar. Él ya salió. Le libró de la gran carga que le suponía abrirse. Pero Lol no lo pensaba así. Con su serie de sonidos característicos, expresó su desacuerdo.
-¿Tenía que contarle, dices? ¿Para que luego regrese el tormento? No... si tener a alguien con quién hablar es un lastre, entonces mejor es repelerlos a toda costa.
Lol discrepaba. Ha estado con ella desde que hacía el último curso de primaria opcional, y aunque comprendía el porqué era tan arisca, pensaba que tenía que abrirse esta vez.
-¿Para qué? ¿Darle consejos inútiles, falacias, y para volver a soltar sus llantos porque le puso la zancadilla?
No. Lol no pensaba que iba a darle un puñal por la espalda. Al menos él ya no haría nada con intención de herirle. Empezaba a estar harta de aquella sobreprotección social. Así nunca tendría alguna amistad.
-Y sin embargo, es mejor así. ¡Siempre que va con compañía pierde autonomía! ¿¡Y qué será si confía en el inoportuno momento!? Luego llorará por descubrir la faceta real del mundo una vez más. No pienso aguantar un lloro más.
"Egoísta" fue lo único que la lombre contestó a tal argumento.
-¡Puede! Pero al menos tengo los pies en tierra.
-Chicos...- Interrumpió en la conversación su entrenadora. Verlos discutir le había quitado las ganas de dibujar, y había dejado la libreta al suelo. -Por favor. No estoy para más historias, así que, si no os importa, os agradecería que me dejarais descansar de una vez por todas, ¿sí?
Ambos pokémon dejaron de echar más leña al fuego. Ambos se miraron; una con desaprobación, el otro con su usual neutralidad. Lol apartó su mirada y se tumbó para dormir. Después de un click, la luz de la lámpara se apagó.
Las ocho de la mañana. La tenue luz matinal entró por la ventana. Todo y que tomó más horas de descanso de lo necesario, no se despertaba todavía. Estaba atrapada en otra de sus pesadillas. Los dos pokémon tampoco se desvelaron con el alba. Alejandro entró y vio el panorama. Tantos seres durmientes le daba sopor. Ya pasó el día concedido para descansar. Tenían que volver a madrugar.
-¡Vamos, arriba, son las ocho, venga, venga, venga!
Lol y Kyumbreon se despertaron. Nada más abandonar su letargo, se miraron enfrentados por quién tenía que haber tomado la decisión de hablar o no conversar, sin decirse palabra. Pero ella no despertaba. En vez de eso, se movió inquieta sumergida en su propio mundo de metáforas y horrores, escapando de sus monstruos imaginarios como si no hubiera mañana, del mismo mastodonte negruzco y de aquel antropomorfo baboso que retrató en su bloc de dibujo. El jefe tuvo que entrar y moverla para que despierte, sin resultado alguno. La llamaba preocupado porque aquella realidad ficticia que solo ella vivía fuera obra del Príncipe de las Sombras. Viendo que Alejandro no podía salvarla de aquellos seres mentales despiadados, Lol lo apartó hacia atrás para así poder empaparla con sus aguas. Está técnica de despertar resultó ser muy efectiva; tan pronto como el chorro la azotó, dio un brusco brinco y puso la espalda erecta, a la vez que hiperventilaba y se agarraba de las mantas.
-Menos mal, pensaba que Darkrai te había dejado una pesadilla.- Suspiró aliviado. Luego miró a Lol. -Y tú... acabas de darme trabajo extra.- Se reía con ganas, con tal de no tomárselo a mal. Gionna calmó su respiración, aunque seguía siendo sonora. El drástico cambio de entorno y posición todavía la dejaban atónita. Aún sin recuperarse del susto, y empezando a sentir el frío que la humedad permitía entrar, pudo oír a Alejandro ordenando empleando un tono de voz neutral:
-Levántate. Hoy tenemos muchas cosas que hacer.
