Capitulo 32

Todos fueron a desayunar su miseria. Los cereales se acabaron, y Eustaquio, que estaba acostumbrado a los cereales de trigo chocolateados, tuvo que conformarse con una tostada normal y corriente, untada con mantequilla y endulzado con gránulos finos de azúcar refinado. Helio, acompañado por Plusle y Minun, tomaba su vaso de leche mientras los dos conejos comían rebanadas de pan. Gionna, por el contrario, se acabó rápido su zumo y no comió nada. La depresión no dejaba hablar al apetito.

-Pero come algo... que vas a morir de hambre.- Dijo Helio. Ella usaba su cabeza para negarle. Plusle, pese haber sido testigo de lo fría que podía ser, no podía evitar compadecerse. Presentaba un aspecto lamentable, aún con el pelo mojado y con su cara somnolienta. Kyumbreon y Lol tampoco comían nada. No había nada concorde a sus gustos. Alejandro, como solía hacer cada mañana, encomendaba las tareas que se tenían que hacer.

-Bueno...- Decía mientras tomaba un sorbo de su taza de café. -Antes de decir nada, tengo que informar que ya hay un vehículo para ir a Hiberna. Así que uno de vosotros tendrá que ir a Villaestío para cogerlo, usarlo y dirigirse a Hiberna para entrar en la base del equipo Go-Rock y desbaratar sus planes.

-¿U-uno de nosotros? ¿Eso quiero decir que Slowpoke y yo también...?

-Ja ja ja ja ja, no Eustaquio, tú tienes que ayudar a mi madre a hacer la colada.

-Jo...- Se quejó decepcionado, el rechoncho.

-A mí me gustaría ir, pero el Chikorita de una niña se perdió en el Bosque Lila y aún no lo he encontrado.- Habló Helio con decepción.

-Entonces... solo nos queda...

Todos miraron a Gionna. Ella escuchó todo lo que decían. Así que al final tenía que ir... el pasaje hacia su libertad se le presentaba cuando peor estaba emocionalmente. Su umbreon no tardó en reprochar:

-Por si no os habéis dado vosotros cuenta, mi señora no está en condiciones de-

-Déjalo, Kyumbreon. Iremos.

-¿No sería más sensato dejar que el tiempo sane sus heridas?- Preguntó intentando que no se dispusiera a salir una vez más al mundo.

-Para entonces será demasiado tarde.- Después de animarse a salir a por todas, se levantó de la silla.

-¡Esa es la actitud! Sabes ya como ir a Villaestío, ¿no?

Ella no demoró en asentir. Alejandro vio que estaba determinada a ir esta vez. Iba a mandarla a navegar, mas el ascensor bajó a un hombre joven moreno, con poca barba de ojos negros como el azabache. Este con su acento árabe, dio unos buenos días a todos. Al oír esa curiosa pronunciación, Gionna se fijó en él, más en su vestimenta. Un traje de blanco inmaculado con detalles amarillos, de pantalones también tintados con óxido de titanio, largos, de campana alta. Era el uniforme de los domadores de dragones de la región de Alyerkon, uno de los estados desérticos del continente. Pensar en jinetes de dracos le dio alguna esperanza; a lo mejor era un enviado de la Gran Maestra de la Orden del Dragonair para traerla de vuelta a casa. Pero entonces recordó; ese clan estaba enfrentado con los que ella era afines por cuestiones étnicas. Luego el temor se apoderó de ella. ¿Y si vino para liquidarla? ¿Y entonces cómo habría sabido que la nieta de la jefa de los jinetes de Lyra estaba en Floresta? No habría modo alguno. Además, no creía que se les estuviera permitido hacer algo tan vil como perseguirla en su exilio.

-Buenos días, Abdulah.- Le devolvió el jefe su saludo. Parecía que eran conocidos. Gionna decidió irse pronto, sin probar bocado, sin despedirse. Entonces el hombre le preguntó a Alejandro, deteniéndola en su camino con la incertidumbre:

-¿Es nueva? ¿La has mandado a una misión?

-A Villaestío, que se reúna con Carlos.

-¿¡Nadando!?

-Jajajajaja, no hombre, ¡en lapras!

-Ayyy, ¿¡pero por qué ir en lapras si puede ir en dragonite, más rápido, sin náuseas y sin salir del "edifisio"!?

Se quedó paralizada. ¡Maldito estúpido! En ese instante, empezaba a compartir el mismo odio que su abuela. Por arrogante. Kyumbreon observó ese respingo que dio.

-¿Ah? ¿Yassira se ha recuperado?

-¡Pues claro, ya está bien, puede ya volar y transportar como cualquier otro dragón volador! ¡Tan recuperada está que ya podría "haser" una "vissita" a "Rayquassa", ya, ya!- Afirmó exaltado el domadragones.

-Mira qué bien. Entonces... ¿aún no saliste? Perfecto, porque cambiamos de planes. Reúnete conmigo en el segundo piso, ¡pero por el amor de Arceus, cómete una tostada al menos!

Después de dar la orden, Alejandro subió al segundo piso, hablando con Abdulah. Ella se quedó quieta, enfrente de la puerta. Estaba perdida.

Villaestío. Un día después de que Soel cumpliera su segunda misión, Carlos lo recompensó por su arduo trabajo con un poco de dinero; sin embargo, él consideraba que esta cantidad que le había dado no compensaba el día perdido de playa. Sentado en los tablones del pueblo sobre el agua salada, se arrepentía de coger ese trabajo. Habría preferido ser un entrenador pokémon, con tan solo tener la única preocupación de deambular de tierra en tierra, en busca de torneos que le pudieran hacer algo adinerado, o si no vivir de las monedas que los caminantes derrotados le darían. Al menos así podría haber conocido a alguien con quien podría mantener alguna relación. ¡No! ¡Tenía que optar por estudiar en la Escuela Ranger de Almia para que, por presión de sus padres, pudiera hacer algo más provechoso! Pero al final acabó siendo lo mismo que ser entrenador, incluso peor, pues estaba limitado a seguir órdenes. Ya estaba hasta la coronilla. Tenía que marcharse de ahí. Y primero de todo, tenía que despedirse. Fue a la base, y nada más ver a Carlos, se dirigió a él. Con una mirada de extrañeza por su repentina entrada, preguntó:

-¿Ocurre algo, Soel?

-Abandono.

Se produjo un corto silencio. Carlos no estaba nada impresionado.

-Bah, era cuestión de tiempo. ¿Viniste a devolver el capturador?

-Pues no. Aún pretendo usarlo.

-¿Cómo que-? Venga ya, ¿entonces por que no te diste a la fuga directamente?

.-Porque... necesito esto.

Al lado de Carlos había un equipo rudimentario de buzo. Soel lo cogió todo, sin permiso ni nada.

-¡Eh! ¿¡Qué haces!?

-Hombre, no me meteré al agua así.

-Ah... quieres ir a ver si encuentras un sireno, ¿no?- Preguntó con ironía, con intención de provocar. Sin resultado alguno, pues siguió la broma con mucho gusto.

-Pues... sí. ¡A lo mejor tenemos hijos y todo!

-¡Ja, ja, ja,suerte con eso, y que no te estrangulen las algas, fresco!

-¡Lo mismo te digo con las parras, gordo!

Después de esta charla irónica, salió del recinto. Ahí no le irían a dejar cambiarse. No más. Dejó el neopreno y solo se puso las aletas, el visor, conectó la bombona al respiradero y se zambulló con las bambas en la mano. Esperaba salir pronto del agua, al menos. Pese a la temperatura tibia, el agua sentaba fría. Pensó que tendría que retroceder. Pero ya estaba hecho. Se sumergió para alejarse de los tablones que sustentaban la villa de madera, de la playa, de aquella asquerosa selva llena de bichos que le costó el dos días enteros de arena... ya era hora de empezar una nueva era. Aunque si quería empezarla, tenía que procurar no morir de hipotermia. Tuvo que ponerse el neopreno. Ahora tendría que coger un vehículo, pero rápido.

Bajo el fondo del mar, cuando ya nadó unos cuantos metros, algo amplio ascendía de él. Algo con antenas, de azul igual que las mismas profundidades, de espalda compuesta por varios círculos con un punto en medio, con una tira haciendo de cola. El candidato perfecto para que le lleve a tierras desconocidas. Sacó el capturador y apuntó hacia aquel mantine. Pulsó el botón para que el disco se vaya directo a él tras un rastro de burbujas.

Jadeos. Una desesperada lucha por recuperar el aliento se producía en el segundo piso de la base de Villavera. Lo que le hacía respirar agitadamente no era tan grande como aquella bestia que se encontró hace años. Sin embargo, su fisonomía le traía malos recuerdos. Recuerdos que la paralizaban y le impedían que moviera el capturador con firmeza. Pediría desesperadamente ayuda a sus pokémon, pero Alejando le requisó sus pokéball para asegurarse de que no lo hiciera, ni que ellos les pudiera ayudar. Alejandro y Abdulah observaban como la captura de Yassira no progresaba. Solo vieron movimientos torpes e intentos de huir de aquel afable monstruo. Tan solo un aleteo más de sus diminutas alas bastó para que finalmente Gionna quedara una vez más abatida por el trauma.

Cayó de rodillas, soltando el capturador y rompió a llorar. Verla destrozada confundió a Alejandro. ¿Dónde estaba la hábil ranger que que vio cuando ese houndoom acorralaba al plusle de Selena? Si no era capaz de atrapar sin pokeayudas... entonces recordó. Previamente, dejó al houndoom lo suficientemente herido como para que no pueda moverse. Entonces, si solo podía valerse de las pokeayudas, no podía ejercer de ranger. Pero ella era la única que podía ir al rescate en ese momento. Intentó tranquilizarla dando palmadas en el hombro.

-Eh, eh, ya. Si no puedes capturar a Yassira te envío a Otonia. Por mí no hay problema.

La dragonite, sin saber que era la causa de su tormento, se acercó también, curiosa. Sintió cerca su respiración y la entrenadora retrocedió sin levantarse, arrastrándose hacia una esquina y acurrucándose, llorando todavía más fuerte y gritando como una posesa:

-¡ALEJEN ESTA COSA DE MÍ!

¡Cosa, la llamó! Yassira se sintió herida y aulló flojo. En cuanto al domador balbuceó algunas injurias en árabe y se arremangó las mangas dispuesto a darle una paliza para que respetara a su dragonite, pero Alejandro lo detuvo.

-¡No, Abdulah! No sabe muy bien lo que dice.

-¡Pero ha insultado a mi Yassira! ¡"Merese" una "palisa"!

-Oye, que por la fuerza no se consigue el respeto. ¿Que no ves cómo tiembla?

Yassira se acercaba para saber qué pasaba con ella que la llama cosa. Pero una orden de Abdulah fue suficiente para que desista. Alejandro tuvo que volver a acercarse para ofrecer su mano y ayudarla a levantar, pero ella prefirió no separarse del frío de las baldosas.

-Vale. Muy bien. Te dejo una hora para que te desahogues. Porque tú sigues queriendo ir allí, ¿no?

Ella asintió sin mirarle.

-Mira, haremos una cosa; te dejaré a Fearow para que te lleve al puerto y así te subes en lapras para que te lleve a Villaestío, ¿sí? Así no tienes que hacer tanto camino. Por el momento ve a tu habitación a tranquilizarte, ¿vale? No te voy a mandar en estas condiciones.

Ella se levantó con dificultad debido a los temblores, obediente. De verdad él no entendía que le pasaba a ella con los dragones. Pero pensó que quizá su umbreon podría decírselo. Aún con su mochila en la mano, sacó su pokéball e investigaba cómo abrir la bola. Finalmente, desde dentro, y harto de que lo maree, Kyumbreon accionó el mecanismo de apertura de la bola y salió a su voluntad.

-Por lo que más quiera, ingrato jefe carcelero, deje de mover mi celda.

Alejandro se quedó un poco perplejo por aquellas palabras tan rudas. Al escuchar esa voz que retumbaba en sus cabezas, Abdulah se giró a ver lo que era. Sin dejarse callar, Alejandro le dirigió algunas palabras.

-Bueno, bueno, perdona si no sé abrir una de esas bolas. Buf. Ahora quisiera preguntarte algo...

-¿Vos, haciendo preguntas a servidor? Ah, cuán extraño me parece. Aunque con aquel reto que a mi señora le disteis, no tendría que dejarme tan abrumado. ¿Es sobre miedos que ha levantado? ¿El por qué ha estado tan asustada con este enfrentamiento? Vos deduciréis. No quiero estar gastando energías en decirte la causa de estas reacciones.

-Ah, no, no te vas a callar. Quiero saber qué le pasa a ella con los dragonite. ¡Cuéntame, por favor!

-¿Te crees que puedo confiar en ti? Mis labios están sellados en cuanto a estas situaciones se refieren. Y más...- Gira su inanimada mirada hacia el domador unos instantes. -Cuando alguien del grupo del que desconfía está cerca

.

Abdulah se sintió ofendido por las palabras del umbreon.

-¿Eh? ¡¿Pero qué problema tienes conmigo, pequeño demonio?! ¡Si yo soy buena gente, que vale, que he intentado pegar a una mujer, pero estaba enfadado, pero yo no creer en "violénsia", solo estaba fuera de sí!

-No es referente a ningún suceso reciente. De todas formas, a ninguno de los dos os incumbe lo que le sucede. Mejor desistan antes de que agotéis mi paciencia e invite al caos en este recinto.

No había forma de que Kyumbreon hablara. Les hablaba con desprecio, y se negaba a decir más. Alejandro estaba bastante preocupado por aquella fobia que tenía, y realmente, quería ver cómo podía solucionarlo. Pero él no se mostraba colaborador.

-Vale... no me dejas más opciones. Si crees que trato de hacerla daño, te equivocas. ¡Y te lo voy a demostrar capturándote!

Mientras hablaba, dirigió su mano para sacar el capturador de su riñonera de plástico, y nada más sacarlo, hizo que la antena se alargara. Después de eso, apuntó a Kyumbreon con el aparato como si una espada se tratase. Un acto que no hizo estremecer siquiera al felino.

-Humpf. ¿Me retas a no caer a su merced? Acepto su desafío.- Dejó de estar sentado sobre sus patas traseras para erguirse y estar preparado desde un principio. -Mas tenga vos en cuenta que no se lo pondré nada fácil. Ni tampoco puedo garantizarle que salga ileso.

Alejandro sonrió confiado.

-Tranquilo. Por algo dicen que soy el mejor capturando pokémon.

-¡Venga, estoy esperando!

El domador y su dragona se limitaron a mirar esa batalla entre el jefe de Villavera y el mesías de Lunetah. Entonces comenzó. Alejandro hizo el primer movimiento sacando el disco capturador. De enseguida empezó a moverse, intentando atrapar a Kyumbreon en un círculo lumínico, pero de enseguida, Kyumbreon saltó encima de la línea, evitando ser encerrado por este. Con un veloz movimiento, la peonza volvió a intentar rodearle, pero una vez más, se mostraba esquivo, y eso con la mayoría de veces. Iba corriendo y botando como si una fuera una liebre. Era rápido, y esquivo. Aunque no incansable. Nada más intentar aminorar su velocidad para ahorrar energías, Alejandro logró rodearle sobre él a tiempo. Esto hizo que el felino sintiera una descarga que lo estremecía. Algo que le resultó desagradable. Se dispuso pasar de esquivo a ofensivo, usando pulso umbrío para romper la línea. Eso obligó a Alejandro retirar la peonza del campo. El calambre energético que tuvo Kyumbreon se alivió cuando ya no estaba el disco.

-Je, je... parece que te he subestimado.

-Sin duda.- El seguía sereno pese a todo. -Espero que por mis habilidades no te asuste volver a sacar el disco.

-Ja. A eso iba.

Y de nuevo, volvió la marcha. Kyumbreon seguía burlando el disco con su velocidad, y Alejandro todavía la hacía danzar. Logró hacer unos círculos, pero jamás conseguía que su captura acabara en éxito. Una vez, incluso, el chacal empleó sus poderes psíquicos para frenarlo, levantarlo, y ejercer presión sobre este, quebrándolo. Dejó caer los pedazos en el suelo.

-Parece que he ganado, jefe de Villavera.

-Eso es solo una pieza.

Como si nada, sacó otro disco de la riñonera y la introdujo en el capturador para luego dirigirla otra vez hacia el umbreon. La captura prosiguió. No por mucho tiempo. Kyumbreon empezaba a aburrirse de esta persecución continua. Estaba malgastando energías. Entonces se fijó que la habitación de Gionna estaba abierta. Sin perder de vista al capturador, fue retrocediendo hacia la puerta.

-¡Lamento mi retirada, mas no puedo permitirme sucumbir ante el manejo de aquella máquina!

-¡Oh, pequeño cobarde...! ¡No escaparás!

Alejandro trató de hacerle un amago con el capturador, algo que resultó inútil, pues ya estaba dentro del cuarto.

-¡Tarde! ¡Seré cobarde, pero jamás sumiso! ¡Hasta más ver, señorito!- Entonces usó psíquico para cerrar con brusquedad la puerta. El sonido de cerrarse la puerta hizo que su entrenadora diera un brinco en la cama y pegara un grito. Kyumbreon movió las orejas y la miró. Tenía el rostro hundido en la almohada hasta después de aquel portazo. Ahora lo miraba.

-... ¿Kyu...? ¿Te ha sacado...?

-Él quería, pero pobre de él, que no sabía cómo. ¿Ahogada de nuevo en sus llantos?

Ella no dijo nada. Intentaba no llorar de nuevo por el horror. Pero no pudo contenerse ni volver a hundirse en ese saco de plumas.

-Para qué pregunto... siga llorando; hará que prefiera renunciar y contar nuestro sombrío pasado que a hacerte compañía.

Eso no la frenó. Aún lloraba con desconsuelo. Kyumbreon exhaló aire, harto de tanto lloriqueo. Pero tampoco quería salir de nuevo. Si no, tendría que volver a bailar con el disco capturador, y no le apetecía. Solo le quedaba una opción.

-No me puedo creer lo que voy a hacer...

Sin ganas, fue hacia la cama y de un salto, se puso encima de la cama, al lado suyo. Luego se tumbó, llegando a tener su cabeza unida a su brazo para así poder acariciarla. El roce resultó ser un pequeño consuelo. Su entrenadora levantó su mirada para ver qué hacía. Se quedó incrédula lo que veía. El pokémon más frío de todos los que tenía, intentando tranquilizarla con un pequeño gesto de afecto. Cuando paró de oír esos ahogados lloros, se detuvo y la miró.

-¿Ha parado ya?

Se quedó callada, aún con los ojos empapados por las lágrimas, todavía incrédula.

-Kyu... ¿de verdad acabas de-?

-Calle. Solo lo hice para no tener que soportarle.

No podía resistirse. Aunque sabía que no le gustaba, le cogió y lo abrazó. Pero no dijo nada. Para no volver a oírla.

-Gracias, Kyu...

Un agradecimiento. Uno que no sabía a qué venía. Solo por darle unas caricias y ya le da las gracias. Pero ya no la oía sollozar. Eso le reconfortaba. Pero quería que lo soltara.

-¿Podría librarme vos de sus brazos?

-Oh... lo siento...- Lo soltó con un poco de resignación. -Aunque entiende que necesitaba hacerlo... ya sabrás por qué.

-No hace falta que me mencione palabra alguna. Mas... no me bajaré de aquí hasta que tenga las fuerzas repuestas. Solo... para que la soledad no agrande más su tormento.

-Te has vuelto muy amable de repente.- Dijo con una pequeña sonrisa.

-¿Amabilidad? Jamás. Lo hago por mi propio bienestar. Solo para que mis oídos no sangren más.

Gionna se río un poco, a la vez que se tumbaba boca arriba.

-Que bien que no esté sola en este mundo... gracias por recordármelo, Kyu.

-... No hay de qué. Ahora descanse y pare de ponerse empalagosa.

Ella asintió en silencio y se dispuso a echarse una siesta, algo aliviada de sus penas. Kyumbreon se quedó, dubitativo por el cambio que empezaba a producirse en su forma de ser.