Capitulo 33

El momento al fin llegó. Después de un breve descanso de sesenta minutos, Gionna fue llevada al puerto en lomos de Fearow, y fue dejada al lado del lapras para llegar a Villaestío y meterse de enseguida al vehículo que la llevaría cerca de Hiberna, sin esperar las advertencias del mecánico que lo reconstruyó. Pero al final tuvo que esperar a que le indicaran como encender el piloto automático. Una vez explicado, cerró la compuerta que impedía que entrara agua en el interior y se hundió encerrada en la nave. Recorrió una estrecha gruta marina dejando un rastro de burbujas tras las hélices hasta llegar a su destino.

La máquina emergió del agua. Después de dar tantas vueltas con el vehículo submarino salió, y del mareo casi derrite la nieve con su bilis. Gracias a aquel aire glacial, pudo aguantar las ganas a cambio de un enfermizo temblor muy brusco. Afortunadamente Carlos le dio la chaqueta, pero eso no le bastaba para entrar en calor. Cuando fue a avanzar, sintió una agradable subida de temperatura hacia un rincón. Algo anormal para este clima, pero tentador. Eso indicaba que había una fuente de calor. Lo necesitaba. Y entonces fue directa allí.

Al acercarse se llevó un susto y volvió al frío de enseguida, escondiéndose del algo que vio. Recordó lo que Oak escribió sobre lo recién avistado por sus ojos. "Absorbe almas y las quema. Mece las llamas de sus brazos para hipnotizar a sus enemigos". Una entrada que le daba pavor. Pero algo más seguro que podía comprobar con solo fiarse de sus sentidos. Esa cosa calentaba, y una vez quitada su vida, se puede partir uno de aquellos brazos para usarla como antorcha. Serían duras, pero no inoxidables. Aunque, ¿las llamas se mantendrían aún volviendo a ser un objeto inerte? Lo dudaba. Pero no quería pasar más frío. Ni por asomo.

Sacó a Kyumbreon una vez más.

-Brrrr, mira que en el interior de la región y la costa hiela, ¿pero aquí? ¡No hace frío, es el Polo Norte!

-Chist, baja la voz, puede oírte.- Le ordenaba susurrando.

-¿Quién?- Preguntó, sin bajar la voz, pero silenciándose para el resto.

La entrenadora señaló al chandelure.

-Un chandelure en estos fríos páramos... Menuda anormalidad. Aunque reconozco que su situación para captar sus presas tiene su mérito.

Ella no acabó de entender lo que dijo.

-Como sea, hay que tener su calor, y pienso quitarle sus brazos antes de entrar a esa cueva.

-¿Quitarle sus brazos, y por qué no simplemente usar ese aparato para controlarlo? Así tendríamod sus cinco llamas a nuestra disposición.

-¿Me estás sugiriendo usar el capturador? Qué raro.

-Me hielo más que vos. ¿No es razón suficiente para cambiar momentáneamente de parecer?

Tenía razón. Él solo tenía su pelaje para abrigarse.

-Vale. Pero tú lo entretienes para que pueda atraparlo.

-Conforme.

Después de ese acuerdo, ambos se preparaban. Ella sacaba el capturador para usarlo una vez más. El se ponía en posición para hacerle un ataque sorpresa. Cuando estaban los dos dispuestos, los dos esperaron un corto lapso de tiempo.

-Vos diréis cuando asaltaremos.

-¡Ahora!

Dada la órden, Kyumbreon se lanzó encima del chandelure para detonar una onda umbría. Pese a ser un ataque efectivo, soportó el golpe, aunque le dejó aturdida un momento. Entonces salió ella, con el capturador listo para escupir el disco, pero tan pronto como empezó, tan pronto fue interrumpido el proceso.

-Eh, eh, eh, ¿¡qué estáis haciendo!?- Dijo una voz. Un chico que estaba al lado del candelabro y que por poco le daba el pulso umbrío. Era Soel. El mantine lo llevó aquí. Sus ropas ligeras no le cubrían nada, lo cual hacía que se helara aún más que todos.

-Mi señora... mucho me temo que ha metido la pata hasta el fondo.

-Pero-pero... oh, dios mío, lo siento, pen-pen-pensaba q-q-q-q-q-que era un chandelure salvaje...- Se disculpó, más temblorosa que antes.

-¡Ja, ja, ya te vale, intentando robar pokémon de otros...! Tendrías que saber que eso está mal.- Le contestó.

-La ignorancia nos conduce al mal camino, ¿por qué la acusas de hurtar si no sabía que tenía propietario?- Habló el felino de la noche. Entonces Soel se calló para luego decir.

-Vale, pero tengo frío.

-No me extraña. ¿A quién se le ocurre ir en manga corta en estos tiempos?

-¡Pensaba que ese mantine me llevaría a un lugar más cálido! O al menos a un pueblo con un centro pokémon...

-Bueno, como sea, tengo una misión que cumplir y estoy congelándome, aún con dos camisetas y una chaqueta, así que-

-Un momento, entonces, si estás en una misión y eres nueva... -Pensó un momento. -No me digas. Aún estamos en Floresta, ¿no?

-Sip.- Afirmó ella.

Soel soltó un quejido. Todavía estaba en territorio ranger.

-Ay, ¿querías irte de Floresta? ¿Pero por qué?

-¡He abandonado y quería darme a la fuga! Y tuve que quitar parte del equipo de buzo a mi jefe y me fui así... para nada. ¡Para-nada!

Se hacía notoria su frustración. Tanto era que a Gionna le daba ganas de ayudarle.

-Ah, mira, yo fui en ese aparato de ahí. Puedes cogerlo, si quieres. Al fin y al cabo, yo voy a rescatar a alguien y ya también me piro. No me pueden hacer nada.

-¿De verdad? Vaya, vaya, no eres tan mala después de todo, encanto.

¡Le han llamado encanto! Eso hizo que los colores se le subieran un poco.

-¡Solo coge el vehículo!

El renegado regresó a Hella a su pokéball. Fue directo a entrar no sin antes decir:

-¡Hasta la vista, Floresta!

Pero el acuamóvil no arrancaba. Otra vez cometió otra metedura de pata que ponía en duda sus intenciones.

-Oh... vaya... me olvidaba... "solo puse combustible para la ida"...

Kyumbreon no pudo evitar echarse una carcajada. Soel salió del submarino de exploración para dirigirse a ella y decir lo evidente.

-No funciona. Menuda broma me has gastado.

Kyumbreon soltó más risas. La entrenadora se empezaba a sentir mal.

-¡Bueno, que yo no me acordaba que eso solo funciona para ir, esta cosa gasta más que una locomotora!

-Sí, sí, ya lo veo. Pero sigo queriendo salir.

-¡Tú verás! Yo tengo cosas que hacer.- Dijo al fin, harta de compañías por el momento. Además, tenía que irse, pronto. Se iba directa a bajar por los tablones de madera, y él se helaba sin la compañía de su chandelure. No podía quedarse ahí parado, esperando a morirse de frío. Y sabiendo que tenía que pasar por un pueblo... entonces podría al menos tener cobijo.

-¡Espera! ¡Voy contigo!

Ella se giró. ¿Él, ir con ella? ¿Sabiendo que la estaría acompañando en una misión? Pensaba rechazar, pero no dijo nada. Y mientras, Kyumbreon siguiendo con sus risas. Cuánta desgracia ajena estaba presenciando en aquel día. Al llegar a ella, lo primero que preguntó fue si podía dejarle ese abrigo. No pensaba hacerlo de ninguna de las maneras, pero para ahorrarse reproches, le prestó.

-Oh, será posible, ¿y no tendrás frío?

-N-n-nah, e-e-e-e-estaré bien... Brrrrr...- Dijo ella, con los dientes castañeantes.

-Uy... ¿quieres que te de calor?- Siguió Soel con aquella conversación, con un tono pícaro y una falsa mirada insinuante, levantando las cejas. Sin saber que era una de sus bromas y pensando que sacaría de nuevo a Hella iba a decir que sí, pero Kyumbreon, sabiendo a qué se refería y pero sin tener noticia de que no era en serio, reventó en ira y salió a su defensa.

-¡Una insinuación como esta y por seguro que será mandado a la tortura de Lunetah!

-¡Guau, cálmate, no le iba a hacer nada!- Se asustó un poco.

-Humpf. Más le vale; como le pille tomar mano...

-Y-y-y-y-y d-d-d-d-dale. Va-va-vamos a-a-aden-dentro, ¿s-s-s-s-s-s-s-sí?- Dijo finalmente ella, con dientes de claqué y fue tirando al interior de la caverna. Ellos no tuvieron otra que seguirla.

La entrenadora pensaba que, al ser una cueva, se mantendría a un temperatura media. No. Ahí dentro hacía todavía más frío. Tanto que las paredes estaban cubiertas de témpano. Las damas gélidas, las jynx, parecían disfrutarlo. Pero Soel, Gionna y Kyumbreon tiritaban. Era insoportable. Incluso con la chaqueta, él aún podía helarse. Soel no tuvo otra que sacar a su chandelure de nuevo. Gionna quiso acercarse más a Hella para poder apartarse ese frío una vez por todas, pero esta avivó sus llamas para asustarla, como venganza por el asalto. Lo único que pudo decir al escuchar esas risas fantasmagóricas procedentes de la lámpara de araña flotante fue que no era para nada gracioso.

Entonces avanzaron por las escaleras. En el primer enlace con la red de cuevas estaba guardado por alguien moreno, musculoso, y alto. Tenía un poco de barba, no muy poblada, pelo en punta adornada con una bandada en la sien. Además de las botas, los pantalones caqui y una camiseta, se cubría con un tabardo blanco con una linea roja que pasaba por el medio y tres horizontales de color gris fuerte por el medio a partir de la falda. La ausencia de mangas hizo que a Gionna le entrara más frío. Sin embargo a Soel le enciende un poco.

-Uy... ¡esos músculos! ¡Si lograra juntarme con él, uy, UY! ¡Sería uke solo por él! ¿No te parece guapo, querida?- Le susurra él.

-¿Q-q-q-q-q-qué c-c-c-cajones es un uke? C-c-c-c-c-c-cooooorta el rollo, ¿quieres?- Le contestó entre dientes, intentando no morderse la lengua.

-Bueno, bueno, ¿pero a que es guapo?

Gionna quiso soltar un bufido, pero en vez de eso relinchó cual caballo para luego dirigirse a la entrada, con él adelantándole un par de pasos. En cuanto se acercaron, su mirada, seria, se dirige hacia ellos, aún manteniendo los brazos cruzados. Al notar su mirada, ella se dio cuenta. La estaba esperando.

-Tardaste mucho.- Le dice.

-Tuvo contratiempos, no la culpe.- Contestó Kyumbreon, una vez más. Ella no pudo abrir la boca, de nuevo. Entonces el hombre se agachó hacia el felino.

-¿Tú hablas?

-Y vos no parece malgastar saliva.- Le dijo. Se queda callado un momento y vuelve a levantarse. Nadie quiso decirle nada. Ni Soel, que con aquella seriedad le quitó valor para acercarse y ver si podía ser su pareja.

-Me llamo Chris. Síganme.

Y en seco, entró en la siguiente caverna. Ambos se miraron, preguntándose si hacerle caso o ignorar. Aunque se fue por el único camino que había.

-¿Vamos?- Le preguntó Gionna.

-¿No se supone que tú eres la que tiene que hacer la misión?

-Para qué pregunto...

Entonces prosiguieron. La siguiente caverna se trifurcaba en tres caminos. Una conducía a un lago con poliwhirls. La otra no conducía a ningún lugar. La de arriba seguía Chris anduvo hacia arriba, indicándoles dónde tenían que ir. Entonces se encontraron con un gran obstáculo. Una cabeza gigante, irregular y fría hecha de acero, roncaba como un dragón, aunque flojo. No podían seguir.

-Hum... hay que despertarlo. Necesitamos agua.- Dijo el hombre fuerte.

-¿Agua? ¿¡Agua!? ¡Por favor! ¡Si tenemos fuego!- Protestó Soel.

-No. Agua. Es fría. No lo soporta.- Vuelve a contestar.

-¡Hella...!

No hizo falta más palabras. El candelabro cargó una esfera de fuego azul muy caliente que lanzó a la serpiente férrea e hizo que se despertara aullando de dolor y al rojo vivo. Despavorido, se tuvo que retirar para frotar su cabeza contra el hielo. El ataque hasta derritió parte del suelo hasta dejar al descubierto la roca y algo de vapor.

-Hostia pu...- Ella no acabó la frase. El ataque que usó era muy potente, y que además que dejaba claro el nivel de entrenamiento que tenía ese ejemplar. Infierno. Un ataque que requiere mucha preparación, pero que puede ser devastador si acierta su objetivo. No se atrevía a pensar cómo hubiera acabado si este ejemplar no tuviera a alguien que lo maneje. Chris, sin embargo, optó por no expresar nada. Soel giró su mirada para ver su cara de asombro. No se encontró nada salvo a un impasible Chris.

-Sigamos.

Y así, siguieron su camino. Más adelante, se encontraron con una capa todavía más gruesa y resbaladiza de hielo, no muy fácil de transitar. Uno podía caer fácilmente. Pero Chris se manejaba en el hielo con mucha facilidad. Los dos no sabían qué hacer. Era lo único que faltaba. Que tuvieran que patinar sobre el hielo.

-No pienso poner mis patas ahí.- Comentó Kyumbreon.

-Yo tampoco... no quiero caerme.- Siguió su dueña.

-¡Bah, no pasa nada, Hella lo solucionará!- Automáticamente, el pokémon fantasma usó otra vez infierno. Los pokémon de hielo que andaban en la superficie helada fueron ahuyentados y se escondieron de enseguida a otro lugar.

Avanzando por el camino abierto por la brutalidad del espectro, se encontraron con un grupo de jabalíes de grandes jorobas cortando el paso a cualquiera. Chris se quedó mirándolos, sin saber qué hacer. Alterados, todos hacían ruido, furiosos.

-Quizá necesiten otra ola de calor, ¿no te parece, Hella?

El chandelure estaba de acuerdo con su entrenador. Ella se iba acercando a los piloswine, maliciosa.

-No.- Interrumpió Chris.

-¿Qué? Vale, vale, seré suave, sacaré a Dressela.

-¡No!

-Pffff, ¿pero qué quieres que hagamos?

-Hum... quizá no les sentaría tan mal si les diera un poco de frío con Akiro...- Pensaba Gionna, mientras se preparaba para sacar la pokéball de su slowpoke.

-¡No!- Volvió a decir Chris. Ellos también se quedaron sin ideas.

-Muy bien. Si os vais a dejar llevar por sus negaciones, iré yo a hacerlos retirar.

-¡NO!

Kyumbreon dio un respingo por la potencia de ese "no".

-Debo reconocerlo. Impone con esa potencia. Y solo por ti se me ocurre la insensatez de abrirme al diálogo.

-Eso, habla.

-Tampoco piense que vos me puede comandar. Una frase imperativa venida de su boca y probará mis poderes psíquicos. ¿Queda claro?

Así hizo regresar a Chris a su usual silencio. Sin miedo, sin expresión. Entonces, el felino se acercó a los piloswine. Lo he hizo falta preguntar qué les pasaba, pues pudo entender, entre sus berrinches, lo que les alteraba. Se reunió con los demás de enseguida.

-Han perdido a una cría. Parece que no partirán hasta hallarla.

-¡Oh! Creo haber visto un swinub en alguna parte... ¿será ese?

-¡Pues claro! Ala, y ya que lo dijiste, ve a buscarlo.- Le ordenó Soel.

-Sí, hombre, voy a ir a buscarlo con este frío. Ve tu, que tienes al Chandelure.

-¡Venga ya! Ya se ha partido el espinazo derritiendo todo este hielo. Ahora te toca a ti hacer algo, "ranger".

-¡Ah, ah, ah, pero yo tengo otra misión que hacer! Y además, aún estoy padeciendo por un trauma, así que... te ha tocado otra vez, chato.

-¡Excusas!

-De excusas nada, es verdad. Y no pienso mover los pies de aquí.

-Pero serás vaga...

-¡Mira quién fue a hablar!

La discusión se prolongaba. Entre cosas que se tenían que hacer que no se hicieron, razones para no ir a la búsqueda del swinub y unos cuantos insultos. Seguían y seguían intentando no ser la persona que vaya al rescate de la cría. Cuando la discusión se volvía más absurda, Kyumbreon interrumpió.

-Ejem... ¿no queríais a este puerco, acaso?

Ambos se giraron. El gato mantenía a flote a un pequeño y asustado cerdo peludo, intentando liberarse de las ataduras psíquicas que le sujetaban al aire.

-Quiero salir de aquí en cuanto antes.- Dijo, antes de que su entrenadora dijera que no era propio de él ayudar. Luego dejó que el swinub corriera hacia la manada de piloswine, hacia su madre. Cuando este estaba al lado de su progenitora, le dio unas caricias con su pelaje rallado. Su evolución también le daba muestras de afecto. Ya tranquilos, el grupo abandonó el puesto, dejando el paso libre. Chris prosiguió con la marcha hacia la última gruta.

-Y este va sin decir nada.- Comentó el renegado. Ella no le dio importancia.

-Aún no he oído ni una palabra de gratitud.

-Esto... ¿gracias, Kyu? Meh, como sea, salgamos de aquí.- Dijo Gionna.

Al fin, Soel, entrenadora y pokémon avanzaron. Ya faltaba muy poco para llegar al pueblo. Todos estaban deseosos de entrar en un lugar con calefacción, o al menos con una estufa. La senda que les conducía a la salida de la Gruta Helada no era larga, ni tortuosa, pero sí poblada. Golems, medichams y algún dusclops merodeaban por el camino. Había también estalactitas de témpano que en cualquier otro lugar, todo y que anteriormente también había, no tan grandes. Algunos carámbanos también colgaban. Gionna no pudo evitar embobarse por el paisaje. La gruta estaba más iluminada en esta zona, y podía apreciar todo el esplendor que el hielo podía tener. Y luego quería derretir toda esta belleza... Sin embargo, tras esas estalactitas, alguien se escondía. Corría para dar caza. Sus pasos no eran precisamente silenciosos. Pero nadie lo encontró extraño. Se pensaban que era el castañeo de un snorunt.

De repente, Gionna no pudo caminar. Ese alguien le agarró con un brazo, de modo que no pudiera mover los suyos. Tan de pronto fue que quiso gritar, pero una mano la amordazó. Intentó librarse de esta atadura, forcejando sin resultado, pues la sujetaba fuerte, ni podía pedir ayuda. Sus compañeros la dejaban atrás, y ella aún no sabía qué ocurría, hasta que su tímpano izquierdo captó un susurro.

-Hola, mi amor. Que sorpresa verte por aquí.