Capitulo 36
Aquel resplandor matutino sobre la nieve cegaba a los ojos desprotegidos. Todo y que los fríos vientos eran más fuertes que anoche, las caras de los tres destructores de organizaciones y sus compañeros, el felino y el gecko, recibían el poco calor que proporcionaba el reflejo del astro rey. Emily al menos andaba preparada. Iba a prueba de insolaciones; tenía puestas unas gafas negras que protegían sus pupilas verdes, al igual que el único varón del grupo. Solo la entrenadora carecía de un filtro oscuro. Por lo menos veía lo que había más adelante, pero la luz le hacía andar con los ojos entrecerrados.
–Gin, ¿seguro que estarás bien? Vas a coger una insolación...– Le preguntó la top ranger con notoria preocupación.
–No, está bien. Mientras centre mi mirada en Kyu podré avanzar.
Sin embargo, aquella ayuda pronto desistió. El brillo terrestre era demasiado para el umbreon. Cuando entraron en el pinar, no tuvo otra opción que guardarlo de nuevo; empezaba a marearse por cada paso que daba. Al menos, el blanco ya no deslumbraba. La sombra de los árboles les daba un descanso a la vista. A medida que la altitud iba subiendo, la espesura se iba despejando. Respirar se volvía una ardua tarea con el progresivo ascenso. Al fin, llegaron a una planicie que les daba un pequeño alivio a las rodillas.
Una imponente y empinada rampa escarchada se presentaba ante ellos. Cualquiera que mirara le entraría pereza de continuar hasta el pico. Sin embargo, tenían que superar este obstáculo, por muy inclinado que sea. Emily estaba preparada para esto. Explicó como usar el equipamiento otorgado y los posibles riesgos. Así asustaba a Gionna. Ni siquiera trepó por un olivar, ¿cómo podría escalar una montaña? Todo y que en la jungla logró llegar a la cúspide por donde se albergaba la reliquia. Sin embargo, ahí habían zarzas por donde se podía sostener. En esta sierra no veía por donde aferrarse. Además, era todo agua congelada. ¿Y si se resbalaba? Su compañero tampoco quería, más por pereza que no por miedo. Ni por asomo seguirían por estos caminos.
–¡Bah! Con tanto riesgo no merece la pena subir. No, ni hablar. Yo me marcho.
–Ah, ¿y cuál es tu plan entonces? Porque no tenemos otra forma de subir por aquí, ¡que lo sepas!
–¡Que no hay otro medio, dice! ¡Mira y verás!
La bola de plástico, lanzada al aire por Soel, liberó a Hella. Tan rápido como salió, su entrenador dio la orden de derretir el hielo. Emily trató de interrumpir al chico rubio; mas el candelabro ya se había rodeado de fuego. En cuanto lanzó toda aquella energía calorífica, se formó una efímera cortina de vapor que se arrastró con los vientos. Emily iba a reprobar aquella actitud por la brutalidad empleada; pero gracias a aquel ataque, se pudieron ver unas escaleras pétreas entre la roca nevada. Spyrox se asustó y se escondió detrás de su compañera. Odiaba el fuego.
–Vale... admito que fue buena idea.
–Gracias, monada.
–Pero podrías haber quemado a alguien, ¡idiota!
–¡Por favor! Ni que estuviéramos al alcance del infierno.
–¡Aún así, podrías haber provocado un incendio!
–Pero no lo he provocado. ¡Además! ¿¡Dónde ves tú los árboles!? ¡Están abajo, no aquí!
Ya empezaban de nuevo. Las discusiones de besugos de la anterior noche volvían a repetirse. Ella no tenía tiempo para soportar esas chácharas apasionadas. Gionna empezó a adelantarlos por su propia cuenta. Constantemente miraba por detrás para ver si se daban cuenta de su ausencia. Nada. Tuvo que alzar la voz.
–¡Eh, si vais a seguir con vuestras estúpidas discusiones voy a tener que ir yo sola! ¡No aguanto más en esta región de poca monta!
–¡Vale, que te vaya bien!- Ya se despedía el renegado. La experta en misiones dio una colleja al perezoso Soel. Y de paso, le alzó la voz:
–¡No, qué haces! ¡Te vas a caer!
–Joder, pues acompáñenme si no queréis que me caiga por un precipicio, maldita sea.
–¡Vale, espéranos aquí!- Indicó Emily sin perder los nervios.
–No, tú vas con ella, yo me voy.
–Sí, sí, con las aves hibernando te vas a ir, no te joroba...
–Bah. Robaré el dragonite del segundo piso.
–¡Pero cómo puedes robar a un dragonite con la gente ahí arriba, por favor!
No funcionaba. Tenía que seguir intentando que sintieran un poco de responsabilidad por ella.
–Voy a subir esta ladera solita. Y me caeré, vendrán los polis, verán mi moribundo cuerpo, y os inculparé de homicidio.– Canturreaba la joven ranger, con una sonrisa burlona en su cara.
–¡No, no quiero ir a la cárcel!– Exclamó el rubio.
Funcionó. Ambos pisaron los adoquines de piedra y ascendieron. Todos ellos estaban de acuerdo que habían más vías fáciles bajo el peso de la nieve, así que volvieron a usar a Hella, una y otra vez. Cruzaron el precipicio de la cascada detenida agarrados de los brazos de la lámpara de araña fantasmagórica. La cooperación de Soel resultó bastante útil. El camino se volvió más fácil gracias a él.
Pero justo en la parte más ardua, la buena racha tenía que acabar. El último obstáculo se tenía que escalar, por las buenas o por las malas. El peso de los cuatro sería demasiado para subirlos de una vez, así que se decidió ir uno por uno. El primero fue Soel, y nadie más. Una vez en la cumbre, volvió a guardar a Hella en su pokéball. Las tres se indignaron. Le habían dado la espalda, lo cual significaba que tendrían que escalar. Emily ya pasó por esto una vez. Y no demoró en subir. Ahora solo faltaba Gionna, quién no se atrevía a poner picos a la pared. Emily trataba de animarla. No había modo de que subiera. Decía que no se sentía segura sin un apoyo que no dependa de ella. Al final la tuvieron que subir con una cuerda. Al fin, hicieron levantar la roca del suelo para así poder entrar en la guarida. Pasaron de la antesala de la base para ir directos dentro.
Luces rojas se alternaban en el suelo. Era un lugar bastante iluminado, en comparación con el anterior. Emily tuvo que ponerse delante de ellos, que iban directos a los interruptores.
–¡QUIETOS! Si pisáis los sensores encendidos nos van a descubrir.
–¿Y qué? ¡Yo quiero acción! ¡Y combates pokémon! ¡Y-y-y quita de aquí!
Soel trató de hacerle amago y pisarlos a posta; Emily, como era de esperar, no le permitió avanzar.
–¡NO! Si queremos pasar sin tener cuidado, tenemos que robarles los zapatos a algunos reclutas, y de momento no pasa ninguno. Yo he estado aquí antes, y por lo visto, siguen un patrón de encendido. Si damos los pasos indicados, llegaremos sin que nadie se de cuenta.
El chico bufó. Poco le apetecía seguir indicaciones de ella. Además, ¿para qué demonios quería luchar? Quería irse pronto. Tuvo que volver a hacer uso del pokémon de su madre. Hella aún podía aguantar un poco de su peso. Y no estaría de más una persona más. Ya que no tiene que ascender, no le supondrá gran esfuerzo. Así, Soel y Gionna pudieron superar aquellos obstáculos; esta última, con algún remordimiento. La entrenadora pensaba que, con su torpeza, solo acarrearía problemas.
Que la dejaran ahí abandonada a su suerte con aquella discoteca roja era algo que le dolía. ¿Pero qué más daba? Ella prefería trabajar sola. Y si aquellos dos la dejaban atrás... la misión era suya y de Spyrox. El gecko, con determinación, cruzó a saltos las fronteras lumínicas. Este entusiasmo contagió a su compañera, que se dispuso a correr entre los sensores apagados con rapidez. En el siguiente pasillo ya alcanzaron a Hella, adelantándolos y llegando antes que ellos. Todo y que ambas se sentían triunfantes, intentaron no reírse de su lentitud. Aún así, sus ansias de mofarse eran notorias.
Gionna y Soel se soltaron del chandelure. Después de unas cuantas quejas de Gionna y las sutiles bromas de Emily, bajaron por las escaleras que habían al lado. El lugar se hacía menos visible a medida que descendían. El fuego fatuo iba destacando gradualmente entre la penumbra. El abrigo cada vez sobraba más, pues el aire era cálido, y no liviano, precisamente. El piso inferior era todo un infierno. Todos se quitaron los anoraks cuando llegaron. A partir de aquel punto, el camino sería más confuso. Emily procuró mantener la delantera para guiarlos. Sacó el plano y cruzaron un portón de acero. Ella iba a explicar en qué consistía estos paneles sin luz; mas un sonido seco se escuchó tras ellos. La puerta se había cerrado de golpe, provocando que la entrenadora soltara a algo parecido a un chillido de rata asustada. Los demás simplemente se desconcertaron. Una música, familiar a los oídos de Gionna, se escuchó por un altavoz. Eran tres veces que oía ese horror.
–¡Hola y bienvenidos a nuestra choza, pringados! Nos habéis tenido un poco jodidos estos días, ¡pero esto va a cambiar! ¡Tenemos siete legendarios en nuestra posesión, SIETE, y seguro que os haremos papilla si es que salís vivos de esta!
Nadie entendía nada. Soel quería salir, golpeando la equis del muro que acababa de aparecer. Emily también estaba consternada; no vio venir una emboscada. David se reía por el aparato sonoro.
–¡Oh, pero mirad que cara de caguetas hacéis! ¡Estais lloriqueando como bebés!– Imitó seguidamente los llantos de un recién nacido. En el fondo se reían sus hermanos menores. Soel volvió en sí por aquellas burlas. Estaba ansiándolo, de todos modos.
–¿Ah, sí? ¡Pues esta nenaza va a aguantar todo lo que lancéis, que lo sepáis!– El chico sacó a su fiel lilligant.
–Oye, oye, tampoco te cabrees, ¿eh?– Dijo Emily con una sonrisa forzada. Gionna seguía temblando cual hoja al viento; y más cuando se escucharon persianas metálicas abrirse. Se veían figuras humanas entre la oscuridad. Eran reclutas aparentemente de carne y hueso, con movimientos demasiado rígidos para ser humanos. Se aproximaban como una horda de zombis hacia ellos, sin mostrar ni siquiera odio. Sus rostros parecían porcelana con aquellos ojos vidriosos. Spyrox amenazaba con gritos carraspeados y alzando sus brazos para mostrar sus filosas hojas. Hella y Dressela cubrían a Soel, también en posición defensiva. Algo no cuadraba en su actitud. ¿Dónde estaban los pokémon? Visto que ella era la única indefensa por el momento, la entrenadora sacó a Kyumbreon, ya recuperado. Eso fue una decepción para el de uniforme caqui. Entonces tuvo un plan para evitar el conflicto. Y era muy simple:
–¡Dressela, usa somnífero!
La dama danzó para soltar polen anestésico y adormecer a aquellos impasibles cabeza-huecas. Aunque la nube verde les daba de lleno, estos no se detuvieron. Algo que los dejó aún más atónitos.
No tardó en producirse una batalla campal. Comandados o no, las criaturas dieron con todo lo que tenían. El candelabro lanzó una lluvia de bolas sombrías mientras su compañera creaba potentes vendavales florales. Spyrox blandía sus filos vegetales contra ellos, y el umbreon trató de levantarlos con telequinesia. Los ataques fantasmagóricos del chandelure resultaban efectivos, incluso los repelían. Los de tipo planta, en cambio, eran demasiado endebles para que les hiciera algún rasguño en su piel de acero. Kyumbreon no pudo levantarlos. Tan pronto como ejecutó su intento de derribar a algunos, supo qué era lo que impedía que sucumbieran.
–Al parecer hay una contraposición psíquica que bloquea mis ofensivas...
–¿Eh?– Su señora dejó a un lado los temblores e hizo un esfuerzo para preguntar. –¿E-estás diciendo que están si-siendo controlados, acaso?
–No. Ellos ni siquiera son humanos. La oscuridad te ocultará su naturaleza; a mí no. Son muñecos de latón. Y emiten energía psíquica... aquí hay algo que no encaja. Veré si los puedo partir por dos.
Dejó que Gionna exclamara su sorpresa, y se dirigió a por los maniquíes metálicos con su pulso umbrío. Gran parte de los que fueron azotados por la onda invisible ni se levantaron. A la top ranger no le iba tan bien. Spyrox no podía hacer frente a aquellas abominables golems antropomórficos, y Emily tenía que hacer uso de los puños, sin ningún resultado. Se veía entre la espada y la pared. Necesitaba refuerzos.
–Creo que no me vendría mal una ayuda...
–¡Yo no puedo dártelo, querida!– Gritó Soel, mientras miraba como Hella hacía caer uno a uno de los reclutas. Gionna no tenía ningún problema en mandarle refuerzos. Ya que tenía a su gato telepático como señuelo, pudo sacar a tiempo a Lol y hacer que le otorgara su asistencia. El kappa expulsó un rayo acuático a toda una hilera de falsos peleles y apartarlos de su vista. La ranger agradeció aquel apoyo. Después de un rato, aquellos que se le estropearon los circuitos empezaron a desmontarse solos, dejando a descubierto unas pequeñas y delicadas criaturas de pelo verde con apariencia de recién despiertos. Luego miró a los que fueron derribados por Hella. Nada. No había reacción. Entonces, Emily se había dado cuenta lo que estaba ocurriendo. Y era algo horrible.
–¡Soel, para! ¡Estás matando a los ralts!
–¿Ralts? ¿Qué ralts? Yo solo veo muñecos de hojalata, querida.
–¡Están siendo manejados por ralts en contra de su voluntad, idiota!
–¿Dónde están? No, no me lo digas, mejor acabo esto de una vez. ¡Hella...!
El pokémon fantasma empezó a avivar sus llamas, preparando un infierno. Era una locura. Iba a abrasarlo todo. En cuanto se dio la orden de disparar, la diosa nórdica del inframundo la lanzó con gusto. Lol no quería que esto se convirtiera en un mar de llamas. Se retiró rápida de la retaguardia para salvar a todos del calor con un chorro muy cargado de agua, lo suficiente como para nublar toda la sala. Tenía que proteger a todos y a cada uno de los vivos de aquella sala. E ir por la vía de la destrucción no era una opción. Aquella anulación del infierno le había cabreado al entrenador del lilligant. Iba a discutir con la responsable del lombre mientras aquella cortina de vapor iba humedeciéndolo todo. La bruma húmeda empañaba todo lo que fuera lentes. Entre razones que no debía de hacer eso y justificaciones, hicieron que Emily y Spyrox perdieran el hilo. Desde que aquella niebla fue creada, no se oía ningún paso. El agua, en forma de gas, se introdujo en los circuitos de los maniquíes mecánicos a partir de los huecos mal sellados, provocando múltiples cortocircuitos en su interior. Detener el infierno fue más efectivo que provocarlo. Estos caían como árboles recién talados. Fue brutal para todos. Para el pokémon fantasma, fue bastante ofensivo. El altavoz intentaba emitir las voces de los jefes; pero lo único que podía dar era chirridos para el deleite de sus oídos.
Entonces, tres colores destacaron entre la negrura visual. Eran puro neón palpitante, azul, rojo y amarillo. El del medio no estaba cuando Emily se infiltró. Por supuesto, la chica del flequillo azul le dio muy mala espina. Estaba segura de que aquel nuevo teletransportador conducía a una trampa. Iba a tramar un plan con ellos, pero Soel ya se le adelantó. Fue al panel de la derecha. Él y sus compañeras desaparecieron sin más. La luz amarilla desapareció. Emily trató de seguirle, pero no pudo. Aquel resplandor color cadmio no fue lo único que se apagó. Solo podía ir uno en cada plataforma. Pretendían dividirlos. Aún así, era necesario avanzar. Ella tenía que ser la que resolviera el conflicto que hay en Floresta. Por supuesto, no iría a dejar que la novata se arriesgara a cumplir una misión tan peligrosa.
–Escucha, Gionna. Iré al transportador de la izquierda. Pase lo que pase... no vayas al del medio.
–¡Pero-pero voy a estar sola aquí! ¡No, no quiero quedarme aquí! ¡Me van a coger!
–Todavía tienes a tus pokémon, ¿no?
Era cierto. ¿Por qué estar preocupada?
–No te preocupes. Mientras no te muevas de aquí no pasará nada. Venga. Nos reuniremos cuando acabemos con esto, ¿sí?
Con aquellas palabras, ella y su grovyle se dirigió hacia la luz azul para fundirla con la penumbra. De nuevo, estaba con aquella soledad que venía con el silencio. La entrenadora se sentó en el suelo para esperar su regreso. Kyumbreon se puso al lado. No quería que se quedara quieta. Tenía que animarla a salir.
–Nos acaban de dar una oportunidad de escapar de esta. ¿Vais a desperdiciarla?
–Uf... ¿cómo iríamos a escaquearnos, Kyu? Estamos a un fondo marino de distancia de Villaestío.
–Mas no tenemos impedimento de evadir el peligro inminente. Si dejamos que hagan el trabajo, estaremos libres sin mover ni un solo dedo. No tendríamos que desplegar ningún poder.
Eso sería un camino fácil. De eso estaba segura. La desaparición le librarían de la carga. No obstante, supone menos esfuerzo obedecer las órdenes de... ¿Amelie? ¿Emily? De nuevo empezaba a confundir nombres. Pero era igual. El caso era que no estaba de acuerdo con ninguna de las dos opciones. En ambas implicaba la no-intervención. Y eso fue lo que siempre hizo: nada. Las acciones pasadas no valían nada. Y además, lo único que hizo fue seguir como un perro faldero a aquellos dos. Quería ayudar, al menos. Y pensó que ir por aquella peligrosa luz era una forma. ¿Por qué dijeron que no fuera, de todos modos? Debió de ser puras suposiciones. Además, quizá allí pudiera ver algún hueco por donde huir. Se levantó.
–Vale. Vamos a buscar una salida, Kyu.
–Mentiras. Va a ayudar a su perdida especie.
–Voy a hacer ambas cosas, pues.
–Mientras haga lo que prefiera, me parece bien. Pero solo colaboraré en ello, tenga en cuenta.
Lol siempre estaría de su lado. Eso era algo evidente. Los tres caminaron hacia el resplandor rojo que le invitaba a meterse en problemas. El destino que tenía programado era otra sala sin iluminación, y algo amplio. Ambos pokémon se pusieron más alerta. Aquel lugar no inspiraba mucha confianza. El calor que emanaba del suelo los sofocaba a todos. No parecía que hubiera nada en aquel pasillo; solo unos cuantos fluorescentes palpitantes apenas dejaban vislumbrar el aparente vacío de aquel espacio y el terciopelo rojo que pisaban. El sitio daba miedo. Por lo menos la salida sería visible, si es que la había.
–Oye, Kyu... este sitio me da mala espina. ¿Y si tuvimos que hacerla caso...? Después de todo, ella estuvo antes aquí, ¿no?
–No se preocupe. Vuelvo a reiterar que me tiene vos a mí y a Lol, en caso de que algo ocurra.
–Hum... ya, pero... no sé, aún no me siento segura.
Unos pasos de gigante se oían desde el fondo. Cada vez Gionna estaba más asustada.
–¿Has oído eso?
–Antes que vos. Parece que realmente hemos ido a parar a-
Unos aleteos de insecto fueron escuchados. La corriente de aire hizo notoria la presencia de dos celadores más. Ella se giró para ver qué pasaba. Dos sycthers habían golpeado duramente a Kyumbreon con tijera X, de tal forma que hiciera que agrietara la pared de cemento. La ofensiva tampoco le dejó falto de heridas; los cortes habían dejado heridas considerables en la parte izquierda del lomo con forma de equis. Rabioso, el mesías de su propia religión expandió una onda psíquica para apartar a las mantis de su vista. Tuvo que dar el grito para que las dos corrieran.
Lol huyó rápidamente de los aturdidos insectos, poniéndose delante de su entrenadora. Ella también hacía sus mejores esfuerzos para alejarse de los dos segadores, igual que su umbreon. Dos camerupt se pusieron delante, pero no supusieron ninguna traba; aquellos camellos tenían una gran fobia al agua. Recibir un par de hidrobombas del lombre fue suficiente. Mas a medida que iban avanzando, más pokémon les rodeaban. Larvitar, pupitar, slakoth, vigoroth y el tryranitar que se habían encontrado antes eran los guardianes de aquellos pasillos. Fue fácil tratar con los pokémon rocosos y al pequeño oso perezoso. Los otros empezaron a ser una amenaza. Eran demasiado fuertes para que sus pokémon salieran ilesos. Tenían que retirarse. Guardó a Lol para que no sufra ningún daño y también trató de guardar a Kyumbreon. Mas rehusó de volver.
–No, mi señora. Tengo que enviar a aquellos monstruos a Lunetah por acorralarnos así.
–Pero... si estás sangrando...
–Tch. No es nada. El dolor es una fuente de poder. Nos reuniremos en cuanto haya terminado.
–Pero... vale. Está bien...
Siguió corriendo adelante, sola por aquel pasillo de alfombra roja, resignada ante la testarudez de Kyumbreon. Estaba llegando a la entrada de otra sala. Quizá lo que buscaba estaba ahí, entre aquella negrura...
Cuán equivocada estaba. Era un callejón sin salida. Una sala por donde tan solo se veía la silueta de un trono, pero ni una luz natural. Empezaba a desesperarse. Tenía que volver por donde había venido. Había cometido un grave error. Una puerta más acabó de cerrarse, esta vez, para dejarla atrapada en aquella red sola.
No. Había más gente. Las arañas de habían tejido aquella estratagema la estaban esperando.
–Vaya, vaya, vaya... mira quién tenemos aquí. El jueguecito de los teletransportadores ha funcionado jodidamente bien, ¿verdad?
–Ya te digo, hermano. Yaaa te digo.
No tuvo que ignorar a Emily. No veía de dónde procedían aquellas conocidas voces. Una esfera se iluminó con un color verde, al igual que unos falsos ventanales psicodélicos, revelando así a David y Emilio. Ella no podía hacer nada más que retroceder con una cara de estupefacción. Lo tenían todo planeado. Estaba por gritar auxilio aunque fuera inútil. Sus pies se levantaron del suelo, a la vez que sus brazos también se alzaron. Entonces empezó a chillar a pleno pulmón y a patalear, rogando que la suelten.
–Oh, no, de ninguna manera, amorcito. No te dejaré escapar otra vez.
Aún no desistía. Intentaba soltarse entre clamores, pero por muchas patadas que diera, Alberto no cedía. Detrás del trono, salió Aina con un frasco en la mano y la jeringa en la otra. Ella pinchó la tapa de plástico y sustrajo parte del líquido transparente con aquel punzón. Se calló al ver fijamente el químico contenido.
–No te preocupes. No es veneno. Tampoco queremos matarte.
No. Odiaba las agujas. No quería sentir aquel frío filo atravesando la piel. No quería. Aina le estaba levantando la manga y sujetando fuerte el brazo izquierdo. Había guardado el bote en su abrigo. Iba a apuntar a la vena. Estaba llorando. Estaba viviendo una de sus peores pesadillas. La puerta se abrió lentamente, dejando que la mancha negra y amarilla que era su umbreon se hiciera visible de reojo. Había acudido a sus gritos de auxilio.
–No... esto no puede...– Era la primera vez que expresaba impotencia en su voz retumbante. Estaba muy débil. Abrirse paso gastó todas sus energías. Quería hacer algo para evitarlo, pese a sus múltiples heridas. Trataba de detenerlos con psíquico, a todos, pero su cuerpo maltrecho le impedía centrarse. No... ella no quería que se arriesgara. Tenía que darle la última orden de retirada.
–¡Kyu! ¡Escapa, por favor!
–¡Pero mi señora...!
–¡Tú hazlo, antes de que te-!
Sus suplicios fueron ahogados. Un solo pinchazo bastó para callarla. Aquella jeringa abrió un pequeño paso por donde el anestésico pudiera entrar en su torrente sanguíneo y se distribuyera por todas las células. Intentaba oponerse contra los efectos del sueño artificial, sin muchos resultados. Aún lo veía quieto con la incertidumbre apoderándose de sus movimientos cuando empezaba a adormecerse con velocidad.
–Sál...vate...
Su última palabra antes de rendirse ante el propofol. Los cuatro hermanos intercambiaban murmullos, decidiendo qué hacer con él. No tenía sentido gastar más energías para derribar a unos simples seres unineuronales.
Tuvo que hacer un esfuerzo y dirigirse presto hacia las perpetuas sombras. Por mucho que odiara admitirlo, necesitaba la ayuda de aquellos dos humanos.
