Capitulo 38
Selena no pudo evitar gritar de horror al ver aquellas llamas y esas marcas del diablo. El potente vocifero que retumbaba sobre su cabeza no le dejaba pensar que aquello era una alucinación traída por la soledad. Mas era real. El pequeño diablo levantó su impasible mirada, mostrando toda su altanería.
─Vaya, vaya, ¿la valiente y taimada humana se asusta a oír mi fuerte voz? ¿Qué es la raza humana, cuando hallan el miedo en sus corazones? Exacto, querida. Siervos. No tienen más que arrodillarse ante él y frenar en brusco. ¡Postraos ante mí, pues soy el mismo terror que inunda vuestro pensar! ¡Quedaos quietas y morid de hambre! ¡Una mano fuera de estas rejas y será carne para los madibuzz! Qué, ¿preferís acabar con esta agonía o preservar vuestras patéticas vidas de presidio?
Unas carcajadas femeninas se oían por el fondo. Los temblores de la ranger desaparecida no hacían más que aumentar.
Mientras, su compañera daba un largo bostezo. Este parloteo le impedía descansar. La nuca le dolía horrores por la incómoda posición que tomó para dormir.
─¿Pero qué carajo es todo este puñetero jaleo?─ Entonces, vio, justo al acabar su queja, los ojos diabólicos que las miraban. No hacía falta despejarse para reconocer aquellas características luces.
Había sobrevivido. Y traído ayuda consigo.
─¡KYU! ¡Has venido!
Sin embargo, aquella broma de mal gusto tenía que seguir.
─¿Kyu? ¿Quién es Kyu? Yo soy el celador de almas. Siervo del gran Lu... ¿Luneficer?
─Es Lucifer. Acabas de delatarte tú solo.
Hubo un rato de silencio. Selena estuvo perpleja por todo lo que acaba de pasar. Después, una protesta del chico rubio se oía desde la penumbra.
─¡Genial, ya nos han arruinado la broma!
─Bueno, al menos ya he conseguido lo que quería.─ Decía la otra aliada, satisfecha por ver como Selena se acurrucaba muerta de miedo. ─Ala, ya podemos sacarlas tranquilamente de aquí. Aunque me hubiera gustado ver más, la verdad.
─Para vuestro pesar, informo que estoy agotado y por tanto no puedo usar mi psique para hacer un gran hueco entre las barras. Lo único que podemos hacer es fundirlas, así que... por favor, sitúense lo más lejos posible de ellas, no vaya a ser que realmente vayan al averno.
Las chicas encerradas hicieron caso al aviso. No querían que, encima del agotamiento, cargaran con unas quemaduras de tercer grado.
Entonces la chandelure reveló su vacío rostro con el brillo amarillo de sus ojos. La viveza de sus llamas se intensificaron, y las dirigió a las rejas. El calor era demasiado para el hierro. Su frío gris se volvió pronto en un espeso líquido incandescente que descendía hacia el suelo con lentitud. Cuando era lo suficiente corto, paró de quemarlas para que pudieran pasar. Ahora era cuestión de erguirse y andarse con cuidado de no tocar los ardientes restos de las barras. Al fin, salieron de aquella zona rocosa para encontrarse de nuevo con las salas iluminadas de los pasillos de la base.
En el camino, todos estaban callados. Emily tenía la delantera, junto a su grovyle. Gionna aún estaba avergonzada por el desafío que hizo a las órdenes de la top ranger. Justamente por ello, ahora todos estaban en un grave peligro. Si no las hubiera desafiado...
─Oiga... Emily... er...
─Dime.
─Siento... siento mucho no hacerte caso, de verdad. Creo que os habré dado muchos problemas.
─No, tranquila. De todas formas teníamos que ir a rescatar esa... pelma.
Selena se sintió aludida con aquel insulto. Pero no tenía fuerzas para reprochar.
─¡No, pero creo que he agravado más las cosas! ¡Va a ir todo muy mal!─ Gritaba preocupada la entrenadora por el mal que podrían liberar.
─Tranquila. Tampoco nos ha atrasado tanto. Vamos con tiempo. Además, tenemos que ir afuera. Alejandro nos ha mandado ayuda. Y nos está esperando.
No, no la entendía. Estaba demasiado centrada en su trabajo como para preocuparse por sus advertencias y disculpas. Más bien, su umbreon también tenía algo que objetar.
─No se disculpe más, mi señora. Cierto que vos desobedecisteis; mas fui yo quien la incitó a la rebeldía. En caso de que la tierra se desmorone, todas las culpas me recaerían a mí.
Gionna se paró en seco, sorprendida por las palabras de su mezquino felino.
─Entiendo que la haya dejado atónita ahora mismo, pues acabo de reconocer mi mayor falla, la que nos ha llevado a esta situación. Las palabras del oráculo empiezan a cobrar sentido...
Cada vez le entendía menos.
─¿Pero qué dices, Kyu? ¿Has tenido otra de tus "epifanías" o algo?
─Nada de eso. Lunetah no ha tenido nada que ver con mi autodidacta comprensión.
─¿Entonces?
─Fue aquella que la salvó en la cueva helada de aquellos infames. ─Su entrenadora iba a preguntar si era Latias. Pero no fue necesario decir palabra. ─Sí... ella ya me advirtió que aquello pasaría. Confié erradamente en mi fuerza, y os empujé también a ello. Además de que mi orgullo me impidió estar a su lado y protegerla por tal de enmendar mi fallo. He hecho caso omiso a las palabras de una sabia, y mi necedad nos llevó al desastre. Si no me dais disculpa alguna, no me quejaré al respecto. Como sirviente indigno, merezco una dura reprimenda, y estaré preparado para recibirlo.
Apenado por el fracaso de su único claro cometido, Kyumbreon fue despojado de su usual orgullo como sirviente de la deidad de la luna creciente y de su salvadora. Apartando por completo su arrogancia, se sentía como una alimaña que realmente no tenía poder ninguno. La fuerza destructiva que poseía no era más que una cualidad dañina para todos. Su razón de ser estaba puesta en duda, hasta que Gionna se agachó y le removió la cabeza de su umbreon en un acto de compasión. Aquellas tristes palabras la conmovieron.
─Oh, tontín... no hacía falta que te disculparas así. Tú nun... bueno, quiero decir que eras, y sigues siendo más que un sirviente. Da igual lo que hayas provocado y hecho. De hecho, ambos- no, nosotros y cada uno de nuestros camaradas hemos pasado más o menos por lo mismo. Somos todos amigos y nos apoyamos mutuamente, ¿recuerdas? Además, eso no me excusa del todo, ¡también podría haberte ignorado y no lo hice! Pero sé que eso te cabrea. ¿Ves? ¡Me importas tanto que no quiero ir en tu contra! Así que tranquilo. No te despacharé ni nada parecido.
Su intento de animar a Kyumbreon dio sus frutos. Al menos ya pudo apartar esas molestas emociones que le hacían sentir como una mera mota de polvo y volver a tomar su confianza en sí mismo.
Delante de ellos, estaba Soel y Dressela apoyados sobre la pared, hartos de escuchar habladurías. Tenía que llamarles la atención.
─¡Ejem! ¿Habéis acabado de hablar ya? ¡Que quiero irme para Teselia ya, hombre!
─¡Ya vamos, ya vamos, no hay pri-! Mentira, la hay. Mejor me callo. ¡Vamos, Kyu! ¡Aún podemos evitar que abran la celda del dragón!─ Ordenó vivaz la entrenadora, ansiando recuperar a sus compañeros. Los tres volvieron a reunirse con Selena y Emily, quienes no intercambiaban pregunta alguna.
Fueron por una puerta, por donde la luz natural entraba sin problema alguno. Otra zona encharcada y formada por rocas erosionadas se presentaba ante ellos, pero esta vez, se podía ver el marrón claro de la roca. Pasaron por un corto pasillo, cada vez más iluminado. Incluso un par de pokémon, que eran un croconaw y sneasel, habitaban en este rincón de la sierra. Pronto, el aire gélido retornaría, haciendo estremecer sus pieles. El agua del final estaba cristalizada, haciendo que la luz se refleje. Finalmente, fueron deslumbrados por la blancura de la nieve y la claridad del cielo invernal. Frente ellos, se encontraban Helio y los dos conejos, junto al skarmory de Elena. Estaban esperando al grupo, expectantes. La primera reacción que fue al ver a los cuatro fue de júbilo. Selena estaba con ellos. Plusle fue la primera en abalanzarse con ella con un abrazo, con lágrimas de alegría en los ojos. La rescatada exclamó su nombre y también le abrazó, fuerte. La había echado de menos. Era su mejor compañera. Sin embargo, la única que sonreía en el grupo de rescatadores era la misma Gionna. Al fin pudo hacerle un favor al pequeño conejo. Y se lo merecía. Después de la burrada que le mandó a hacer en el templo, debía de disculparse de algún modo. La conmovedora escena, sin embargo hacía que Emily se muriera del asco. Su felicidad era su desgracia. Ahora todos los de la unión hablarán sobre ello.
Helio se acercó lentamente a ella, incrédulo de que realmente estuviera libre. Incluso preguntó si era realmente ella. Una vez respondida su pregunta, Helio no pudo aguantar y fue a abrazarla.
─¡Selena! ¡Estás viva! Pero... estás un poco delgada.
─Sí, Helio... al fin he podido salir de ahí.
Por fin volvió a reunirse con ella. Selena tampoco podía dejar de corresponder. Aquella podría haber sido el final de aquella aventura. Mas había algo más grave.
─Bueno. He venido para echar una mano, si la necesitáis. Y de paso... hum. Gionna, ¿no?
─¿Sí...?─Preguntó con cierta parsimonia. Aún se mostraba distante.
─El jefe me ha dicho que ya puedes irte. Me ha mandado a mí para el relevo. Skarmory te llevará a Villavera. ¡Venga, estás libre, ya no hace falta que ayudes más! ¡Ahora me encargaré yo, no te preocupes!
─¡Eh! ¿¡Y yo qué!?─ Se quejó el rubio. Que solo le hubieran mencionado a ella le cabreaba.
─Espera, ¿qué haces tú aquí?
─Estoo... quería decir... eh... ¿me mandan un helicóptero? Me quedé atrapado en la montaña... je, je.
Helio se quedó callado, igual que el resto. Gionna estaba mirando al horizonte. ¿Cómo diría que tiene que recuperar a sus pokémon y el capturador? Para un entrenador, perderlos era una grandiosa vergüenza, igual que los rangers no podían desprenderse de su artilugio de capturas. No podía irse ahora. ¿Pero tenía que decir otra causa que no era la suya? Bajó la mirada para ver a su umbreon. El felino negro también tenía sus pequeños ojos fijos en ella. A sus preguntas mentales, asintió levemente. Aquel único gesto bastó para responderle. No estaba segura. Pero iba a negar las alas para volver. Luego vio al expectante Helio para responder a su ofrecimiento.
─Yo... um... tengo que seguir con esto.
─¿Qué? Pero qué raro. Siempre quisiste irte de Floresta. ¿Por qué ahora no quieres?
─¡¿Hace falta que diga el por qué?! ¡Mírate, Helio! ¡Tienes a alguien que padece de desnutrición en tus brazos! ¿¡No crees que necesita asistencia médica, cazurro!?─ Gritó nerviosa, ocultando así su verdadera causa de querer seguir con aquella misión.
─Esto... ¿tú, preocupándote por alguien? Pfffft, más bien que te dejaste el equipaje dentro, ¿o me equivoco?
¡Maldito Soel! Ya había visto que no tenía su mochila.
─Eh... ahora que me fijo, sí que te falta algo. No me digas que te han robado la mochila.
Gionna se puso como un tomate. Al final tuvo que confesar sus errores.
─Vale, lo admito, soy un desastre; me han quitado la mochila y tengo la urgencia de recuperarla, ¿estáis contentos ahora?
─Oh, vaya... lo siento mucho.─ Se disculpó Helio innecesariamente.
─Por favor, no lo sientas. Parece que le des por muerta, la mochilita. ¿Entonces puedo quedarme? Mientras, tú cuidas de ella. Pienso que será mejor así.
Increíble. Estaba sonando más segura que de costumbre.
─De todas formas tendría que llevarla... supongo que estará bien así.─ Decía Helio con algo de resentimiento. Realmente quería ayudar con la misión. Algo que Selena notó de enseguida.
─No. Aún puedo mantenerme de pie. Creo que podría aguantar un viaje en la lanzadera dragonite.
─Lo sé, pero... no sé, podrías caerte. Skarmory va muy rápido.
─Tengo desnutrición, no flojera.
─No digas tonterías, por favor. Necesitas que te cuide alguien cercano... eh... ya me entiendes.
Mientras escuchaba cómo ambos decidían si Helio iría con ella o no, Gionna recordó algo fundamental. No tenía ni siquiera capturador que manejar, ni pokémons que pudieran defenderla. Si se quedara sola, ¿cómo iría a avanzar? Volvería a estar atrapada. Había que comunicarlo, por si acaso.
─Por cierto, no pienso separarme de vosotros ahora. Estoy indefensa sin mi equipaje, como veréis, y vosotros por lo menos tenéis tres pokémon en total.
─¿Pero no tienes a tu umbreon?─ Preguntó la top ranger.
─Está demasiado débil como para luchar. No creo que pueda hacer mucho...
─Sandeces, mi señora, puedo ser aún vuestro escudo.
─Pero Kyu...
─Pero nada. Mis heridas serán aún profundas, pero aún me quedan fuerzas para que no vayan a más.
No tenía nada que reprobar. Aunque eso supondría más esfuerzo, él no quería reposar. Era imposible hacer que se retractara de su decisión. Estaba decidido.
─Bien. ¿Vamos ya o qué?
─Sí, sí, ya vamos, pesado.─ Contestó Emily al rubio con cierta impaciencia.
Era la hora. Helio, Selena, Plusle y Minun se despidieron de ellos y les desearon la mejor de las fortunas antes de que el ave de acero alzara el vuelo hacia los fríos cielos. Nada más terminar aquel encuentro, volvieron a entrar al bochornoso calor artificial de la base. El silencio reinaba por los pasillos de la base. No se veía ningún alma por el interior de aquella caldera enterrada sobre nieve. La ausencia de sonido, salvo la de sus propios pasos, ahogaba cualquier tranquilidad que pudiera ofrecer. Sin embargo ofrecía alguna oportunidad para pensar algún tipo de estratagema mentalmente... y también comunicarse entre ellos sin temor a que el personal les detuviera en el acto.
Estaban dispuestos a ir a un enfrentamiento directo contra los cuatro hermanos. Supusieron que sería un cuatro contra tres, teniendo en cuenta que el umbreon aún no se recuperó de sus heridas. Al menos Soel tenía muchos recursos, y podían salir victoriosos mientras no falle con sonmífero. Si llevaban encima la mochila, Kyumbreon podría pasar desapercibido y devolvérsela a su dueña mientras combatían. Entonces Gionna podría usar el capturador para poder liberar a aquellos. Pero había pocas posibilidades de salir victoriosos. Además, también podrían usar a los legendarios. En tal caso, estaban perdidos. Igual tenían que intentarlo.
Pasaron por el pasillo de las habitaciones. Cada una de ellas estaría un hermano... teóricamente. Pero no era así. Revisaron todas las cuatro puertas, sin encontrarse con nadie. Algo pasaba. Y no era nada bueno. Los novicios iban a abandonar el último cuarto, hasta que los platillos siendo golpeados por los palos sonaron desde abajo, seguido de los demás instrumentos.
─¿Oís eso?─ Preguntó Soel.
─Lo oigo. Es su canción de mierda, no cabe duda.─ Contestaba con cierto enfado la entrenadora. Estaba determinada a ir.
─Y vosotros pensabais abandonar ya. ¿No habéis visto las escaleras, acaso?
─Eeeeeeh... no, la verdad es que no.
El rubio fingía entre falsas risas su despiste.
─Y yo seguía a este, de modo que no me fijé. Lo siento...
─Si el pasadizo estaba a la vista. ¿Le aumentó tan de pronto el mal de vista que sus gafas ya no pueden cubrir su falta de visión?
─¡Oye, oye, Kyu, que no me fijé, no me presiones!
─Bueno, no pasa nada. Vamos a acabar con esto de una vez.
Procedieron a descender por las gradas metálicas. Las tenues luces mostraban las planchas metálicas de color verde oscuro, al igual que la alfombra roja que los conducía hasta la sala de mando con aquella ensordecedora música. Gionna no pudo evitar estremecerse al darse cuenta de que era la segunda vez que pasaba por aquel siniestro lugar. Se quedaba atrás, paralizada del miedo. Temía que volviera pasar lo mismo de antes, aunque con la compañía que tenía era poco probable. Además había más cosas que temía. ¿Qué pasaría si han tenido la suficiente maldad como para controlar a sus pokémon? No se lo perdonaría. Sin embargo, sabía que tenía tres pokémon legendarios, por lo menos. No creía que les interesaría ahora tener más criaturas vulgares para conseguir sus propósitos. ¿Pero y si lo hubieran hecho? ¿Y si los quería usar para probar alguna mejora más en sus aparatos?
─Eh, que te estás quedando atrás. ¿Estás bien?
─Uh... sí, estoy bien. Ahora os alcanzo.
No podía demorarse ahora. No quería preocupar a Emily. Finalmente, llegaron a la sala del trono. Los cuatro hermanos estaban ahí, tocando sin freno. Se habían organizado un pequeño ensayo, justo para atraer a sus invitados. Nada más llegar, pararon la música en seco para mirarlos con desdén. El mayor dio la primera palabra.
─¡Vaya, vaya, vaya! ¡Pero mira quién ha llegado! No os cansáis, ¿eh?
─¡Cállate! Hemos venido a detener vuestros planes, Equipo Go-Rock. Sabemos perfectamente lo que planeáis.─ Se lanzó la más experimentada, con total confianza en sí misma.
─¿Oh? ¿Acaso no serás la chica fracasada que fracasó en el rescate de Regirock? ¡Ups! Dije fracasada dos veces.─ La hermana menor soltó una risa ladina. Emily y Spyrox no soportaban aquella humillación.
─Si habéis venido a detenernos, lo vais a tener crudo, majetes. Tenemos toooodas las posibilidades a nuestro favor, al contrario que vosotros que solo tenéis tres pokémon y... ¿¡medio!?̣─ Emilio soltó una larga risa. ─¡No me hagáis reír, palurdos! ¡Os hemos visto desde las cámaras, sabemos todos los trucos que empleáis! ¡No vais a pillarnos desprevenidos, capullos!
─Que tenga el lomo sangrante no significa que esté abstente de utilidad. Además... vosotros, profanos, tenéis algo que nos pertenece.
─¿Te refieres a esto?
David alzó el brazo con la mochila fuertemente agarrada. Así que aún la tenían. Y además, se ve que han retirado cosas de ahí. La cremallera estaba abierta, permitiendo que respire.
─Beh, os la devolveríamos con mucho gusto. No la necesitamos más, al fin y al cabo ¡Pero pensar que hay pokémon muy bien entrenados ahí dentro...! ¡Ojojojojojojojo! ¡No nos vendría mal una ayudita extra!
Eso era buena señal. Significaba que no habían sacado a sus pokémon todavía. Pero estaban en riesgo de cambiar de bando sin que se lo propongan. Estaba asustada. Emily tenía que volver a hablar.
─No seréis capaces de usar los pokémon de otra gente para usarlos en su contra...
─¡Lo somos! De hecho sería hasta divertido. Pero tenemos mejores planes. ¡Alberto, enciende las luces, colega!
El mediano albino sacó un mando con un botón rojo. Al apretarlo, varios focos iluminaron siete pedestales, en lo alto. A la izquierda, se situaban los señores de los duros elementos con el que se formaba la tierra; acero, roca y hielo. A la derecha, las encarnaciones de las distintas energías que mueven al mundo; magma, viento y rayo. Y al centro, el viajero procedente de los lejanos y misteriosos cielos, la masa cambiante que se adapta según sus necesidades. Se postraban elegantemente ante ellos, inexpresivos, como si fueran sus fríos guardianes. Regirock, Regice, Registeel, Deoxys, Raikou, Entei y Suicune estaban domados. Emily no podía evitar lo horrorizada que estaba, al igual que Kyumbreon no podía ocultar su asombro con su inamovible rostro. Se había documentado de la captura de los regis en la base de datos, ¿pero, de los tres protegidos del ave fénix? ¿Y aquel pokémon que estaba en medio? Soel también estaba asustado. Tres pokémon legendarios, cuatro de ellos que podrían barrer a sus dos únicos pokémon en cuestión de segundos... ¿seguro que podría con ellos?
─¡Jaj! Ahora querréis ir atrás con el rabo entre las piernas, ¿verdad? ¡Bueno, too bad, fellas, no os vamos a dejar escapar!
La puerta se cerró de golpe. Ya no podían volver. ¿En qué lío se acababan de meter?
─Ojojojojojo, ¡me muero de ganas de asaros con Entei! Nos ha costado mucho volver a alcanzarlo, ¿sabéis? Espero que merezca la pena.─ Dijo Aina.
─Demonios. No podemos hacer nada. Nuestros capturadores no pueden volverlos a la normalidad contra ellos.─ Masculló Emily.
─¿Ah, no? Pues... pues... ¡pienso vencerles, aunque les cueste la vida! ¡Me importa un pepino que sepan mis trucos!
─¡¿Qué?! ¿¡Soel, estás loco!? ¡Son legendarios, más poderosos que otras condiciones!
─¡Me da igual! No es que tuvieran sustituto o así que no me dejen dormirlos.
Empezaba de nuevo la discordia. En momentos como este, era de lo más inconveniente. Siete leyendas, tres pokémon, uno más de escudo... el chandelure de Soel puede contra Registeel, Deoxys y Regice, pero ambos son muy resistentes como para soportar varios psíquicos de su umbreon. ¿Por qué no podrían aguantar un brutal infierno? Dressela y Spyrox podrían tumbar a Suicune y Regirock, pero serían facilmente fulminados por Regice y Entei, al igual que el viento del norte y el hombre de piedra podrían apagar las llamas de Hella. Sumando con la fuerza que le dan las vidasferas de los capturadores y la versatilidad del pokémon ADN, la balanza estaba totalmente desequilibrada. Por lo menos sabía que Dressela era una dama de recursos y que podía alcanzar el nivel de sus contrincantes en cuestión de un minuto, pero lo que le habían dicho sobre que sabía sus trucos le inquietaba. Sonaba a farol, pero también podría ser algo cierto. De hecho, sabía que habían cámaras de vigilancia por toda la base. Ambos bandos estaban a punto de desplegar todo su arsenal. Las manos de los hermanos iban a azotar sus instrumentos, mientras que Soel preparaba su dedo índice para comandar a sus pokémon, al igual que Emily. Todos los presentes inhalaban el aire circundante de los tubos de ventilación para emitir su orden.
─¡UN MOMENTO!
Para sorpresa de todos, la entrenadora había dado una sonora orden, interrumpiendo el principio de su final. Sin plan y sin tener su propósito claro, quería tener su momento antes de que la masacre empezara.
─¿¡Qué, qué, qué, qué, qué!? ¿¡Es que quieres retrasar tu muerte más o qué, niñata!?─ Se quejó Emilio, que estaba ansioso por estrenar sus sirvientes al fin.
─Um... no exactamente, pero...
Le habían cedido la palabra. Era el momento.
─¿No creéis que... esta batalla se va a volver un pelín aburrida si vosotros vais del todo aventajados?
─¿Qué?─ Dijeron dos de los hermanos a unisono.
─¿Pero qué mosca le ha picado, señora mía? Está usted vacilando.
"Lo sé, Kyu. Estoy tratando de dirigir la cuerda a nuestro lado", pensó su entrenadora. Leer aquellas palabras de su mente lo acalló, y lo incitó a escucharla.
─Um... quiero decir, vuestros capturadores le dan más fuerza a los legendarios, ¡y ya son bastante fuertes de por sí! ¡Y es que encima son siete, SIETE pokémon! ¿¡No creéis que tenéis la cara muy dura como para aprovecharos así de vuestras ventajas!? ¡Venga ya, hombre, esto es abuso!
─Oye, oye, oye, nunca hemos jugado limpio, nunca jugamos y nunca jugaremos, ¿qué te hace pensar que vamos a jugar limpio ahora?─ Replicó David.
Ya estaba. Ya le habían dado la idea.
─Pues... es muy sencillo. Si mis compañeros pierden, os podréis quedar todo lo que sea mío. Hasta mi propio cuerpo, si queréis. Y todos sabemos que entre nosotros hay uno que lo anhela con fervor. Total, sin mis pokémon no soy absolutamente nada.
Todos los presentes quedaron asombrados con aquella oferta. Era bastante generosa, más para Alberto para que ningún otro. Kyumbreon aún no podía creer la insensatez que estaba cometiendo.
─¡¿Pero sabes lo que estáis haciendo?! ¡Estás ofreciéndome a mí como premio! ¡A MÍ, UN FIEL SERVIDOR!
─Pero... si vosotros perdéis─ prosiguió con su negociación, ignorando las quejas de Kyumbreon ─,me devolveréis lo que me habéis arrebatado y pararéis vuestras actividades delictivas. Incluso hasta me daréis de vuelta al Dragón del Armaggedon. Por supuesto, cumpliré con mi parte del trato si dejáis a los legendarios actuar por libre albedrío. Sin las ventajas que proporcionan sus instrumentos. ¿Está claro?
Se hizo el silencio. Los hermanos tuvieron que hacer piña para murmurar y decidir qué hacer. Emily tocó su hombro para que se gire a ella y escuche su reducida voz.
─Oye, ¿¡estás loca!? ¿¡Realmente vas a dar a todos tus pokémon si perdemos!? ¿¡Pero qué clase de persona eres!?
La chica no podía evitar esbozar una arrogante sonrisa. Era un plan simple, pero perfecto.
─Tranquila. De mi no me van a sacar nada.─ Susurró de vuelta, confiada.
─¡Pero nos has dejado a nosotros tus cosas! ¡¿No crees que confías demasiado en nosotros?!
─Bueno, ¿qué más puedo hacer? Al menos no habré sido una inútil a vuestro lado. Y si empiezas a dudar ahora la habremos pifiado, así que céntrate en lo que viene.
No podía creer en lo que oía. Iba a darlo todo. Después, la querella de la familia roquera se disolvió para pronunciar su decisión. Su mayor representante alzó la voz para dejar clara su decisión.
─Vale, muy bien, pringada, aceptamos tu oferta. ¡Pero nada de jugarretas si pierdes! ¿¡Queda claro!?
La entrenadora sonrió más ampliamente. La balanza ya estaba más equilibrada.
─No iba a ser de otra forma.
Los cuatro hermanos apagaron sus dispositivos. De dos en dos, los legendarios saltaron de sus columnas y poniéndose en frente de ellos, enloquecidos por la repentina desaparición de los hilos que los controlaban. La tierra tembló cuando los tres regis aterrizaron sobre tierra. Deoxys, sin embargo, estaba totalmente calmado. No le había afectado tanto.
La batalla podía empezar sin más demora.
