— Feliz Navidad de Blaine y Kurt, —Kurt canta canciones mientras baja en la espalda de Blaine.— Creo que Santa ha estado por aquí.
— Creo que Santa vació el contenido de su saco en mi trasero anoche, —Blaine gruñe debajo de su almohada.
— ¡Blaine! —ríe Kurt y rueda sobre él hasta su costado, azotando fuertemente su trasero con la palma de su mano.— Eres incorregible.
— Tú eres condenadamente bueno para coger. —Viene la áspera respuesta.
— ¡Oh Dios mío! —grita Kurt con sorpresa.— ¿Qué pasa contigo?
— Estoy caliente como el infierno, —Responde rápidamente mientras Blaine emerge de debajo de su almohada, tacleando a Kurt por la cintura, riendo mientras le hace cosquillas y lo baña de besos.— Feliz Navidad de Blaine y Kurt para ti también, —dice con un firme beso en sus labios.— Hoy será un día perfecto. Y no tengo intención de vestirme en todo el día. O responder el teléfono, o leer correos electrónicos o comunicarme en general con cualquiera que no seas tú.
— Suena bien para mi, —coincide Kurt.— Aunque...
— ¿Qué?
— Nada. Preparé el desayuno, —dice alegremente mientras se las arregla para salir del enredo de las extremidades de Blaine.— Espera aquí.
Regresa unos momentos después, trayendo consigo una enorme bandeja con abundante comida, café y jugo de naranja junto con una rosa roja.— Para ti, —dice dulcemente, ofreciéndole la flor mientras se acomoda nuevamente en la cama.
— Gracias, —sonríe Blaine,— Muy linda. Ooh, bagels.
Comen en agradable silencio, sentados lado a lado con sus cuerpos tocándose todo el tiempo desde los hombros hasta los dedos del pie. Esto hace que sea un poco extraño cuando cualquiera de ellos tiene que moverse, pero también los hace felices, la tranquilizadora presencia constante del otro sólo sirve para reforzar su amor.
— Veintiocho de Diciembre, —suspira Blaine mientras hace la bandeja a un lado y tira de Kurt sobre su pecho.— ¿Puedes creer que casi ha pasado todo un año?
— Sí, porque el calendario me lo informa, —dice Kurt, riéndose del codazo en las costillas.— ¿Qué vamos a hacer para Año Nuevo?
—Um... Yo como que invité a algunas personas, —Blaine comienza tímidamente, sin querer delatarse.— Como Wes y Santana... tal vez Rachel y Finn.
— Oh. Okay, —Kurt está de acuerdo.— Ellos no mencionaron nada durante las vacaciones.
— Ocupados en sus cosas supongo, —él intenta con una risa nerviosa, pero por suerte Kurt se lo compra.
— Si. Supongo que todo el mundo estaba muy ocupado. Fueron buenos momentos, sin embargo, ¿no es así?
— Sí. No puedo creer cómo han crecido los gemelos.
— Maddie hablándote fue uno de los mejores momentos para mí, —Kurt sonríe en su pecho.— 'Yo no te interrogo acerca de tu vida amorosa, tío Blaine,' —la imita,— 'así que deja de interrogarme sobre la mía.' Clásico.
— Sí, dado que lo único que ella hace es preguntarme acerca de ti sin cesar.
— Porque se lo permites, —Kurt sonríe.
— Me gusta hablar de ti. No puedo dejar de complacerla. Es mi sobrina y es hermosa. Le dije que no se le permitía tener citas hasta que tuviera treinta años.
— ¿Qué pasa con Taylor?
— Él puede salir, —dice Blaine.— Pero tiene que ser escoltado en todo momento.
— ¡Ha! Sí, estoy seguro de que van a escuchar al tío Blaine.
— Voy a ser un padre terrible, —se queja mientras se cubre la cara con las manos.
— Vas a ser el papi más lindo que alguien pueda imaginar, —lo corrige Kurt.— Un poco protector tal vez, pero cariñoso, adorable y juguetón. Todo lo que una niña puede pedir.
— Ya sabes, Kurt, cada año nacen una gran cantidad de niñas. Hay otro tipo que también nacen así... niños. ¿Es posible que hayas oído hablar de ellos? Y corre el rumor de que no puedes elegir.
— Lo sé, lo sé, —ríe Kurt.— Pero tengo esta imagen mental de ti y de mi en el futuro, caminando junto a una niña que sostiene nuestras manos, sonriéndonos, con el cabello recogido en coletas...
— Okay, es suficiente. Voy a llorar.
— Siempre lloras, —ríe Kurt.
— Lo sé.
— Entonces... ¿nos vamos a dar nuestros regalos, o qué? —Kurt le pregunta con impaciencia.— Yo no estaba bromeando cuando dije que Santa había estado por aquí.
— Qué suerte tengo, que a los treinta y cuatro, Santa me visita no sólo en la casa de tu padre, sino que también el la de mis padres y aquí también, —Blaine se ríe y se inclina para besar la punta de la nariz de Kurt.
Caminan a la sala de estar, donde su pequeño árbol sigue en pie, ambos renuentes a quitar el recuerdo de su primera Navidad en su propio hogar. Un pequeño montón de regalos yace debajo del árbol, y Kurt chilla de emoción cuando ve otro montón escondido a la vuelta.
— ¿Para mí?
— No, para la mujer del segundo piso que tiene seis gatos, —Blaine dice mientras rueda los ojos.— ¿Qué estás pensando?
Desenvuelven pequeños regalos entre sí llenos de felicidad: calcetines, dulces de maple y loción para después de afeitar para Blaine, dos libros sobre teatro musical y la ansiada pijama de Spiderman para Kurt, junto con la crema hidratante horriblemente cara que Blaine sabe que Kurt ama, pero que rara vez puede permitirse.
— Tengo un regalo adecuado para ti, —dice Blaine mientras escupe el caramelo de maple en todas partes.
— Bueno, eso no es tan atractivo, —dice Kurt secamente.— Tengo un regalo adecuado para ti también, pero no lo vas a tener hasta que te laves las manos.
Blaine se levanta y regresa unos minutos después, llevando una gran caja que deja abajo antes de estirar las manos para que Kurt las revise.
— Muy bien. Bueno, yo primero, —demanda a sabiendas de que Blaine estará encantado de complacerlo, lo que sin duda hace, riendo y deslizando la caja hacia él.— ¡Ooh! ¡Ted Baker! —chilla Kurt mientras deshace el enorme moño y levanta la tapa.— Oh. Dios. Mío. ¡Cuánta ropa! ¡Es mucha ropa! —Empuja la caja a un lado por un momento y se lanza a los brazos de Blaine, que cae hacia atras por la fuerza del abrazo.
— Será mejor que veas si te gustan, —ríe Blaine.
— ¡Ahhhh! —Es todo lo que Kurt es capaz de decir mientras desempaca camisas, pantalones y un blazer, mirándolo y pasando los dedos con adoración sobre las solapas.— Blazer Folies Jacquard negro, —suspira feliz.— ¡Oh, cómo he anhelado esto! Siéntelo Blaine, todo es terciopelo.
— ¿Asumo que te gusta? Me siento incapaz, comprándote ropa todo el tiempo, pero sé lo mucho que te gustan las cosas de diseño...
— Me encanta, por lo que es todo lo que siempre he pedido, y por lo que dejo revistas por ahí con la esperanza de que tomes la indirecta, —dice sonriendo.
— Hay más.
— ¡Corbatas y pañuelos! ¡Me encantan! ¿Compraste toda la tienda?
— Umm... más o menos, —ríe Blaine.
— ¡Zapatos! ¡Blaine! ¡Me compraste zapatos!
— Has estado hablando de esos condenados zapatos plateados eternamente, —dice Blaine con una sonrisa indulgente, viendo como Kurt se los pone.— ¿Cómo no iba a comprarlos?
— No son 'zapatos plateados', —advierte Kurt.— "Son Patmet Derby de Piel de Alto Brillo en Metal, —lo corrige mientras se los pone.— Y, oh Dios mío, son fabulosos.
— Y van tan bien con la pijama de Spiderman, —dice Blaine mientras toma una foto con su teléfono.— Eres un tonto.
— ¿Quieres tu regalo o no? —pregunta con las manos en las caderas mientras mira fijamente hacia él.
— Sí, en realidas sí lo quiero.
— Okay. Bueno, no es tan extravagante... supongo, —dice Kurt mientras se dirige a la habitación de invitados.— Pero parece que los dos teníamos la misma idea. —Regresa con un gran porta trajes, sentándose en el suelo y entregándoselo a Blaine mientras sonríe tímidamente.— Feliz Navidad.
Blaine abre la cremallera de la bolsa, mirando con asombro el traje de terciopelo verde oscuro, con un chaleco gris con patrones de casimir de terciopelo verde que lo atraviesan, y una pajarita a juego.
— Madre santa, Kurt, —se maravilla.— Esto te debe haber costado una fortuna.
— Yo... lo confeccioné en realidad, —dice en voz baja haciendo que Blaine lo mire rápidamente.
— ¿Tú... ?
— Uh-huh, —asiente con la cabeza y con una sonrisa tímida en sus labios.
— Kurt, es increíble, —le dice Blaine con sinceridad.— Real y verdaderamente increíble. Es... Dios mío, es perfecto. —Inspecciona la costura de cerca, sin encontrar defectos mientras sacude la cabeza y lo mira de nuevo.— Tienes un don, un talento. Utilízalo, por favor. A veces siento como que yo desperdicio el mío. No dejes que suceda lo mismo contigo.
— Tú no desperdicias nada, —dice Kurt mientras parpadea para contener las lágrimas.— Tú haces música para ganarte la vida.
— Escribo jingles molestos y toco instrumentos para que la gente cante sobre ellos, —responde Blaine con una sonrisa triste.— Yo quería ser un músico de sinfonía.
— Lo fuiste.
— Una vez.
— Blaine... Estoy orgulloso de ti, no importa qué. Pero haré caso a tu consejo. Estoy pensando en tomar el diseño de vestuario como una de mis asignaturas optativas de cualquier manera.
— Bien. Hazlo. —Él cae sobre sus manos y rodillas mientras se inclina y lo besa profundamente.— Este es el mejor regalo que he recibido, —dice sonriendo.— Eres el mejor. ¡No puedo esperar a usarlo!
— Me alegro... porque te voy a llevar a cenar esta noche.
— ¿Qué?
— Ya has oído. Quiero presumirte. Y ahora tengo que presumir todas mis ropas nuevas también. ¿Es aceptable usar tres pares de pantalones y seis pañuelos al mismo tiempo?
— Tenía la esperanza de que usaras el blazer en Año Nuevo.
— Puedo usarlo para ambos.
— ¿Cena en dónde?
— Métete en tus propios asuntos y come tus dulces, —dice Kurt con un beso en la mejilla.
Pasan la tarde acurrucados en el sofá viendo películas, los dedos de Kurt trazando patrones ociosos sobre la piel de Blaine mientras hunde su nariz en su pecho, respirando en sincronía con el otro y compartiendo besos ocasionales. Finalmente Kurt se mueve a regañadientes, tomando una ducha antes de que su energía regrese ante la perspectiva de tener ropa de diseño nueva y lista para usar, e incluso si él tiene que llevar un abrigo en la parte superior de su blazer, al menos es su amado abrigo Burberry, y los zapatos plateados alertarán a todos de su presencia.
— ¡Vamos! —llama a Blaine mientras se pasea impaciente en el pasillo.— ¡Quiero ver! Y ya sabes, si tengo que hacer cualquier ajuste de último minuto yo... yo... Por Dios Santo, mírate. Estás perfecto. —Se queda mirando con asombro cuando Blaine se encuentra frente a él con el cabello cuidadosamente gelificado y con el traje ajustándose a su cuerpo de manera perfecta, como si fuera una segunda piel.
— No hay ajustes necesarios, —dice en voz baja.— Kurt, te ves radiante.
— Gracias. —Kurt camina hacia él, tomando las manos de Blaine en las suyas y besando sus labios ligeramente.— Eres tan hermoso.
— Es el traje.
— Cállate y acepta el cumplido, —Kurt sonríe contra su boca.— Por cierto... ¿todavía le tienes miedo a las alturas? —le pregunta cuando salen del edificio y buscan un taxi.
— ¿Por qué habría dejado de tenerlo? Espera... no estamos...
Kurt tiene la puerta del taxi abierta para él mientras sube al interior con cautela.— Al edificio Hancock, —Kurt le dice al conductor mientras la cabeza de Blaine cae contra el asiento con incredulidad.— ¿Estás bien?
— No sé, —dice Blaine honestamente.— Es el edificio más alto de Chicago.
— Con un restaurante muy elegante en la parte superior, —dice Kurt mientras entrelaza sus dedos con los de Blaine.— Pero te las has arreglado bien en un apartamento en el segundo piso, a pesar de que no has llegado cerca del borde del balcón. ¿Lo intentamos?
— Por supuesto, —dice Blaine, sonando más valiente de lo que realmente siente.
...
— Oh. ¡Está bien! —dice Blaine con sorpresa cuando están sentados.— Wow. La vista es increíble. Y... ¡woah! No mires hacia abajo, Blaine, —se dice a sí mismo mientras Kurt se ríe.— Mirar hacia enfrente está muy bien. Mirar hacia abajo no lo está. ¿Podemos ver nuestro edificio desde aquí?
— Probablemente, —dice Kurt mientras echa un vistazo al menú.— Pero es difícil decirlo en la oscuridad. Sin embargo, las luces se ven lindas.
— Así es. Pero no tan lindas como tú.
— Deja de hacer eso, —dice Kurt sin levantar la vista.— Y aleja tu pie de mi pierna por favor.
— Aguafiestas.
— Espera hasta más tarde, —dice Kurt mirando a Blaine por encima de su menú y sonriendo con suficiencia ante la forma en que se sonroja.
— Kurt... esto es realmente lujoso, —susurra Blaine.— ¿Puedo por favor, pagar la mitad?
— Absolutamente no, —Kurt le dice firmemente cuando el camarero se aproxima.— ¿Puede traernos un poco de champán, por favor? —pregunta, mostrando su identificación falsa al camarero que lo mira con recelo, mira a Blaine y luego se encoge de hombros y se aleja.
— ¿Estás loco? Cuesta cien dólares la botella. ¿Qué has hecho? ¿vender un riñón?
— Algo así, —murmura.— ¿Ahora qué estás haciendo?
— Contemplándote.
— Contempla a tu menú en su lugar, —Kurt le dice con una pequeña sonrisa en la comisura de su boca.
— No sé qué pedir, —dice Blaine admirado.— Es que... esto es increíble, Kurt. Todo el día... estar contigo... el mejor regalo que alguien pueda imaginar.
— Pato, —dice Kurt con decisión cerrando su menú de un golpe. Se estira hasta tomar la mano de Blaine de nuevo y la aprieta suavemente.— Ha sido perfecto para mí también, —dice sonriendo.— Y esto no ha terminado todavía.
— Camarón, —viene la respuesta de Blaine, haciendo reír a Kurt mientras el camarero les mira con curiosidad.
Ellos coquetean durante la cena, y no a la manera de una tímida pareja en su primera cita, sino a la manera de una pareja experimentada con un amor profundo el uno por el otro. Bromeando, haciendo comentarios sugestivos para hacer reír al otro y compartiendo miradas tímidas, suaves toques de sus manos o intencionadas caricias en las piernas debajo de la mesa, susurrándose "Te amos" mientras sonríen ampliamente el uno al otro. Para el momento en que terminan el postre, ambos están completamente relajados, un poco mareados por el champán y el sostener su mano se convierte en un brazo firme alrededor de la cintura de Blaine mientras Kurt lo acompaña desde el restaurante.
El aire frío de la noche, lo que mantiene la promesa de nieve, los golpea cuando salen, y Blaine atrae a Kurt más cerca para un largo beso, descansando sus frentes juntas mientras sonríe lleno de felicidad con los ojos todavía cerrados.— Gracias por la cena, —susurra, y su aliento forma una nube blanca entre ellos.— Gracias por ser como eres.
— De nada, —dice Kurt, abrazándolo más a pesar de los abrigos voluminosos.— ¿Estás bien?
— Sí, —Blaine sonríe sobre su hombro. A decir verdad, él está de pronto abrumado por sus sentimientos una vez más, excitado y nervioso ante la posibilidad de pedirle matrimonio en tan sólo tres días.— Vamos a casa, —le dice a Kurt feliz, ofreciéndole un brazo.
— Estaba pensando que podríamos dar un paseo, —dice Kurt mientras caminan juntos.— ¿Tal vez por el Navy Pier? No está lejos.
— Hace mucho frío, —Blaine se queja ligeramente, pero no dice nada cuando alteran su curso y cruzan la calle.
— Abrázate a mi y te mantendré caliente, —lo incita Kurt mientras envuelve su brazos alrededor de su cintura.— Me encanta el Navy Pier, me recuerda la primera vez que venimos.
— Faltaste a la escuela sin permiso.
— Lo hice, —dice sonriendo.— Y casi te da una insuficiencia cardiaca.
— Todavía no puedo creer que tu padre lo haya sabido desde el principio, —ríe Blaine cuando pisan la costa.— Estaba tan preocupado de que él se enterara.
El muelle está tranquilo, la mayoría de las personas eligen una noche en un lugar cálido sobre una noche en el frío, pero Blaine y Kurt no le prestan atención a la temperatura mientras pasean juntos admirando las luces en el agua. De repente, Blaine se vuelve. Capturando el rostro de Kurt en sus manos enguantadas, lo besa con fuerza, casi con desesperación, inspirando con fuerza por la nariz mientras Kurt responde con entusiasmo bajo sus caricias. Cuando Blaine rompe el beso es para alejarse un par de pasos, donde se apoya fuertemente en la barrera y se queda mirando hacia la noche.
— Kurt, yo... —comienza. Al darse vuelta, sus ojos exploran el área donde Kurt estaba de pie, luego mira hacia abajo y de pronto lo ve en una rodilla.— ¿Qué estás haciendo ahí abajo?
— Blaine —inicia Kurt con voz alta y temblando de nervios.— Tú... tú eres mi todo. Entraste en mi vida y me hiciste perder la cabeza cuando todavía era un niño. Ahora soy un hombre, y te amo más de lo que alguna vez creí posible. Yo... te necesito en mi vida. Blaine Devon Anderson... ¿Quieres casarte conmigo?
Un silencio de asombro cae y Kurt se queda mirándolo con ojos esperanzados mientras Blaine traga varias veces, ruborizado y luego susurra— ¿Hablas en serio?
— Blaine, sé que el humor ha jugado un papel importante en nuestra relación a través de los años, pero no estoy bromeando sobre esto.
— Pero yo... ¿yo? ¿Quieres casarte conmigo? —pregunta en voz baja, cayendo de rodillas para tomar las manos de Kurt entre las suyas.
— Tú sabes, la mayoría de las personas sólo dan un simple sí o un no por respuesta, —bromea Kurt.— Sé que dijimos para siempre, yo sé que ninguno de nosotros quiere o querrá a nadie más, pero... Sólo quiero que seamos los Hummel-Anderson, o los de Anderson-Hummel, dependiendo de lo que tú prefieras, —dice con una pequeña risa temblorosa.— Quiero ser capaz de darle las gracias a mi esposo cuando consiga mi Tony. El día de la boda de nuestra hija quiero comenzar el discurso con "mi esposo y yo..."
— Estás decidido a tener una niña, ¿no es así? —ríe Blaine, y Kurt sonríe con indulgencia cuando se da cuenta que está llorando.
— Así es... pero estoy más decidido a tenerte a ti, para siempre. Te amo tanto, pero tanto mi viejito.
— Yo también te amo, mi niño precioso, —dice Blaine con voz llena de lágrimas. Inclinándose hacia adelante, toma su rostro entre las manos y lo besa profundamente, pasando su lengua en su boca y gimiendo cuando Kurt agarra instintivamente su cabello.— Y por cierto... —sonríe mientras se echa hacia atrás para mirarlo a los ojos.— Sí.
— ¿Sí? —repite Kurt, con los ojos brillantes de emoción.
— Sí.
— ¡Dijiste que sí!
— Lo hice, —confirma Blaine, todo su rostro irradiando alegría.
— Quiero que nos casemos al día siguiente de que me gradúe, —dice Kurt echándose un poco hacia atrás para mirarlo.
— Después de que te gradúes, con total seguridad, —coincide Blaine.— No tiene que ser justo al día siguiente...
— Claro que sí.
— Está bien, —sonríe antes de besarlo, sus labios moviéndose a la par mientras las lágrimas se mezclan en sus caras y se separan con sonrisas sin aliento.
— ¡Oh! ¡El anillo! ¡Tengo un anillo! —Kurt recuerda mientras se quita los guantes con los dientes y hurga en el bolsillo de su blazer. Limpiándose las lágrimas, él orgullosamente abre la cajita y con dedos temblorosos, logra deslizar el anillo en la mano izquierda de Blaine, quien lo acerca para mirarlo. Es una gruesa banda de titanio, con dos bandas delgadas de oro corriendo alrededor de los bordes. En el centro, brillando bajo la farola, un puro diamante talla brillante.
— ¡Eres mi prometido! —Kurt llora en feliz incredulidad, luego estrella sus labios con los de él antes de atraer a Blaine -que ahora está llorando libremente- en un fuerte abrazo.— ¿Qué les pareceremos a los paseantes? —ríe entre lágrimas en el cuello de Blaine.
— Realmente no me importa, —dice Blaine, pero lo pone de pie y le llena la cara de besos.— Me encanta el anillo, —le dice mientras juntos admiran la mano de Blaine.— Pero, ¿cómo lo hiciste...?
— Vendí mi coche, —admite Kurt tímidamente.
— ¿Qué?
— No es como si lo estuviera usando, —razona.— Está estacionado en la cochera de mi padre porque compartimos el tuyo aquí, y cuando vamos de visita siempre puedo usar el coche de Finn, o incluso la camioneta de papá si lo necesito.
— Pero amas ese coche.
— Y te amo. He estado ahorrando tanto dinero como podía... pero yo quería que todo fuera perfecto. Iba a esperar hasta tu próximo cumpleaños, —le dice a Blaine, que sonríe con incredulidad ante lo similares que eran sus planes.—Sin embargo, algo cambió.
— En Acción de Gracias.
— ¡Sí! —coincide Kurt, feliz de que Blaine lo haya notado también.— Y me di cuenta de que quería que fueras mi prometido. Yo no podía esperar más.
— ¿Así que planeaste todo esto desde Acción de Gracias?
— Sí. No me atrevía a planear nada hasta que tu padre estuviera de acuerdo.
— ¿Eh?
— ¿El sábado después de Acción de Gracias, cuando fuimos a pescar? Um... bueno... en realidad era para que yo pudiera pedirle permiso.
La mandíbula de Blaine cae en sorpresa por la amabilidad del gesto mientras sus ojos se llenan de lágrimas nuevas.— ¿Tú... tú hiciste eso por mí?
— Quería hacer las cosas bien, —sonríe Kurt.— Pero le hice prometer no decírselo a nadie.
— ¿Nadie más lo sabía?
— No. Ni siquiera mi padre. Ha sido muy duro, —dice riendo.— Particularmente no decirle a él o a Rachel, pero... Bueno, mi papá tiene una tendencia a ser un poco sobreexcitado, y él suelta todo contigo de todos modos. Y Rachel es la peor del mundo para mantener para ella excitantes noticias. —No se percata de que Blaine traga nervioso mientras continúa.— Y por suerte para mí, tu papá parecía pensar que era una idea fantástica, —dice mientras se empuja contra él juguetonamente.— Por cierto, me dio cien dólares para comprar el champán.
— Me aseguraré de darle las gracias, —dice Blaine mientras se acurruca más contra su nuevo prometido.— Pero por favor dime que no gastaste todo tu dinero en esto.
— No, todavía tengo algo guardado, —confirma Kurt.— Está en una cuenta de ahorros que me gusta llamar "fondo para la boda".
— Creo que me gusta ese nombre, y creo que voy a necesitar agregar mi nombre a esa cuenta, si no te importa.
— ¡Planificación de la boda! —dice Kurt de pronto, comprendiéndolo.— ¡Ni siquiera había pensado en eso! ¡Tenemos tres años para planear nuestra boda!
— Sabes, pensándolo bien, tal vez un compromiso no era tan buena idea... —bromea Blaine, riéndose mientras esquiva el golpe en el brazo.— Me pediste matrimonio, Kurt, —exclama de repente, levantando a Kurt en el aire y haciéndolo girar, con sonrisas enormes en los rostros de ambos. Él lo pone suavemente sobre sus pies de nuevo y se sube a una banca cercano, abriendo sus brazos mientras grita hacia el agua "¡ESTAMOS COMPROMETIDOS!"
— ¡Bájate de ahí, loco! —ríe Kurt, abriendo sus brazos para que Blaine lo abrace firmemente una vez más.
— Me pediste matrimonio, Kurt, —susurra Blaine lleno de felicidad en su oído.— Tú me pediste matrimonio a mi.
