Capitulo 39
Bestias. Así se denominaban aquellas fieras criaturas que actuaban en nombre de los elementos. El rayo que cayó e inició el fuego. Las llamas que devoraron la madera de la torre. La lluvia que fue calmando la devastación. Los hielos que cubrieron los polos. Las rocas que esculpieron las montañas. El frío acero que endurecía los minerales. Y, finalmente, el visitante. Aquel que, mediante un meteorito, llegó a la tierra y con los rayos ultravioleta del sol, tuvo una forma física al fin. Iban a empezar una batalla contra los mitos y lo desconocido. Sin embargo, parecía que Deoxys solo quería observar cómo se las arreglaba. Los otros estaban demasiado alterados para no actuar.
Directamente, Raikou iba a atacar a Soel con sus colmillos cargados de electricidad, pero Dressela se interpuso en su trayectoria, recibiendo ella las descargas. No fue un ataque que le resultara completamente dañino, pues su cuerpo herbáceo no conducía tanto la electricidad. Pero la mordida dolía horrores.
─¡Dressela! ¿¡Estas bien!?
La dama agitó la hoja para aliviarse el dolor. No le había tocado ningún nervio importante, por suerte.
─Bien... acabemos con esto rápido. ¡Usa somnífero!
No tardó en reaccionar. Se colocó cerca de las demás bestias coléricas que iban a atacar a Gionna y Spyrox, y dio vueltas en su mismo eje para adormecerlas de nuevo. Sin embargo, un aura rosada empezó a aparecer en los cuerpos de los legendarios. El polen de Morfeo no entraron por sus vías respiratorias. Aún seguían de pie. Dressela retrocedió asustada, igual que su entrenador. No era posible. Debieron de dormirse ya. Pero no solo eso. Justo cuando los duros dedos recién afilados de Registeel y las planas extremidades de Regirock iban a aplastar sus caras, los legendarios pararon de cargar en su contra, zarandeándose la cabeza como si una aguda y fuerte cefalea les acosara. Iban a rugir de dolor, a quejarse de su desdicha con furiosos bramidos. Estaban completamente aturdidos. Una oportunidad que geko, entrenadora y felino herido no iban a desaprovechar. Spyrox ya tenía preparada una hoja aguda para contraatacar al golem de piedra. Se abalanzó contra el regio ser y le azotó de lleno con aquella afilada cuchilla. La grovyle emitió un carraspeo para avisar a Emily. Las dos pensaban justamente lo mismo.
Era hora de la captura.
La ranger levantó el brazo y disparó con su aparatosa arma el disco de captura. Movió los dos dedos en el aire para rodear a Regirock con aquel círculo mágico. Iban a acabar con uno de los tantos legendarios a los que luchaban...
Sin embargo, justo cuando faltaba poco para acabar con uno, este volvió a erguirse para levantar su brazo y aplastar la línea, como si fuera un mazo. La descarga que recibió no fue moco de pavo. Había sentido aquellos calambres recorriendo por el resto de sus dedos. Pero eso no era todo. Su capturador decía que el regi se alejaba de nuevo de ser capturado. Algo bastante desconcertante para cualquiera que manejara uno de aquellos aparatos.
─¿Pe-pero cómo es posible? La barra de captura ha disminuido muy rápido.
─¡Pft! Vaya trasto más inútil. ¡Aquí se pelea, querida! ¡Hella, derrite a ese bloque de hielo!
El candelabro de enseguida se cubrió bajo un manto ígneo, y apuntó a Regice para acabar con su existencia. Lanzó sus llamaradas como un gran torbellino horizontal que volvería agua y vapor a un pequeño glaciar, incluso los hermanos se apartaron de en medio para no salir quemados por aquel ataque. Mas no sería su fin. La vorágine ardiente fue disminuyendo su potencia a medida que pasaba. No había rastro del iceberg, ni vapor ni gota de agua en el suelo. El león de la Reliquia de la Selva estaba cubriéndole por delante, tomando todo el calor que podía. El iceberg solo estaba algo sudado.
No podían creer lo que veían. Ese Entei había ayudado a un legendario totalmente contrario a él. Sin embargo, no era eso lo que le preocupaba. Había algo más.
─Vaya, hombre, tiene absorber fuego, ¿eh? ¡Pues no se hable más! ¡Dale a los dos con Bola Sombra!
Sin rechistar y sintiendo su misma frustración, Hella preparó un aluvión de esferas espectrales para ambos seres de la naturaleza. Estos no esperaron a esquivar, ni ella tampoco en torturarles con su umbría precipitación. Pero de nuevo, sus ataques fueron vanos. Cerca de ellos, Registeel les cubría con una barrera grisácea tan pronto como cayó la lluvia. Para más inri, mientras atacaba sin piedad, el melenudo puma se colocó bajo Hella y lanzó un gran proyectil hidráulico que azotó el cristal del chandelure. Soel se dio cuenta demasiado tarde para que evitara ese ataque, y cayó adolorida por el golpe, pero no acabada.
─¡Hella!
La chandelure volvió a levitar algo atontada por aquel azote. El hidropulso la dejó confusa, y daba tumbos en el aire. Spyrox estaba demasiado ocupada luchando contra Raikou como para ayudar a Hella, igual que Dressela, intentando defenderse de los ataques de Entei.
Algo raro pasaba entre los legendarios. Parecía que actuaran como una sola mente, seccionada sobre distintos cuerpos. Cada uno se protegía mutuamente de sus debilidades, mientras que otros se encargaban de aniquilar a sus contrincantes, usando sus propias ventajas sobre ellos. Era una extraña actitud que a los dos inválidos les llamó la atención.
─Esas coberturas estratégicas...─ Murmuró Gionna.
─Esa extraña mirada impropia...─ Contestó después Kyumbreon.
─Gin, si vas a planear algo, por favor dilo en voz alta.─ Pidió Soel. Una petición que siguió ignorando.
─¿Verdad que no parece normal?
─Y sin embargo su fuente no parece ser la rabia... han incumplido con su trato, mi señora. Habrá que planear una treta.
─Espera. No saquemos conclusiones precipitadas. Aquí falla algo.
─¿Cómo decís?
─¿Holaaa? ¡Tierra llamando a inútiles, dejad de cuchichear entre vosotros!
Gionna empezó a observar el escenario de la batalla. Los pokémon estaban situados estratégicamente; Entei nunca se separaba de Regice y Registeel, quienes son los más débiles frente a las azuladas llamas de Hella, el cual les daba una eficaz inmunidad. Suicune era quien era más capaz de neutralizarla; sin embargo, hay dos pokémon tipo planta que podrían detenerlo con facilidad. El mismo caso era para Regirock, que pese a poder resistir buena parte de los golpes físicos de Spyrox, no tendría nada que hacer con el Danza Pétalo de Dressela. Sin embargo, los acompañaba Raikou, que no es un gran muro físico como Registeel, pero probablemente podría frenarles con una buena parálisis de sus rayos. De igual modo, el pokémon tipo acero también podría cubrirlos, pero para ello, Suicune tendría que entretener al único fantasma para que llegue sin que se queme. Y eso lo hacían bastante bien.
Y además, ese velo que les protegía... ¿de dónde procedió aquel halo? Ninguno de ellos parecían ser capaces de crear ese tipo de barrera protectora. Había algo que se le escapaba.
El brillo de los ojos de los felinos no era el mismo que cuando eran manejados con los capturadores. Tenían un tono purpúreo si se fijaba detenidamente. Además, no era algo que montaran los cuatro. Ellos solo se fiaban de la potenciación que brindaban aquellos artilugios. No eran de aquellas personas que se les ocurriría planear una estrategia.
De pronto, tuvo un pequeño momento de lucidez. Al entrar, contó siete pokémon en siete pedestales. Y en el suelo solo veía seis. Entonces, un tenue resplandor del mismo color, cerca de sus límites de visión, le llamó la atención. Pudo pues, alzar su cabeza y ver su procedencia.
¡Aquel pokémon...!
No se había movido de su lugar. El visitante no había perdido la compostura como los otros, y sin embargo, en vez de escapar, se dispuso a enfrentarse a ellos convirtiendo a los legendarios en sus propias marionetas. Quería ver más; mas no hacía más que mirar la luz. Le estaba provocando dolores de cabeza, y sin embargo, era tan difícil resistirse... Era una preciosa joya que iluminaba la sala, como si fuera la única...
Un dolor agudo en el tobillo la hizo despertar y gritar de paso. Aquella agresión la había salvado de un profundo trance. Sin embargo, aquel dolor salvador no era para nada agradecido.
─¡Kyu, joder! ¡¿Tenías que morderme tan fuerte?!
─Tal y como se veían las circunstancias, sí; tuve que hacerlo. Se estaba quedando embobada mirando el pecho de aquel energúmeno manipulador.
─E-espera... ¿lo has visto?
─Sí... con razón dejé de percibir rabia en nuestros contrincantes. Puedo saber cuándo un pokémon psíquico controla el cuerpo desde el exterior, pero no la mente.
─Entonces...
─Así es. Vuestras sospechas eran ciertas; no son ellos quien controlan a nuestros enemigos. Mas eso no significa nada; ¿quién controla al ser del meteorito? Probablemente sus instrumentos estén apagados, ¿pero quién dice que no haya un quinto oculto manejando los hilos del manipulador?
─Hum... en tal caso-
─Eh, lleváis hablando un buen rato, ¿tenéis ya un plan?
Emily interrumpió su charla estratégica. Estaban desesperados. Todos sus ataques eran ineficaces, y sus pokémon empezaban a estar agotados, al igual que el capturador de Emily empezaba a humear un poco. Ella fue quién logró que sus ataques no fueran tan potentes, y requerían de su cabeza para vencer.
─A eso íbamos. Acabamos de descubrir algo interesante.─ Dijo Gionna.
─Oh, no me digas. ¡Dilo de una vez, genio! Antes de que quemen a mi pobre lilligant.
─Bueno, bueno. ¿No veis que falta un pokémon? Pues ese está controlando a los legendarios.
─Ja, y yo me lo creo.
─El caso es que está suponiendo un problema. Tenemos que entretenerlo, pero no con cualquier pokémon, o podría también caer en su control. Sí, el capturador tampoco vale.
─¿Entonces qué sugieres? ¿Un ataque suicida?
─No, no. Aunque de momento deberías retirar a Hella. Ahora no veo que esté en condiciones de lu-
Tarde. Raikou se encargó de rematarla con sus largos colmillos electrizados. La confusión le impidió esquivar, y cayó al suelo ya sin fuerzas. Soel la tuvo que regresar a su pokéball sin posibilidad de poder volver a usarla. Aquella pequeña llama de esperanza que tenía se apagó con aquella leve brisa. Era la única que podría haber sido inmune a los poderes mentales de Deoxys.
─Eso me pasa por esperar a que acabaras tu frase.
─Bueno... aún tenemos a Dressela.
─Ah, sí, claro, con un solo ataque de tipo planta voy a vencer a seis pokémon a la vez, no te jode.
─¿Pero no ha estado usando Danza Aleteo?
─¿¡Y tú no has visto cómo abusan de protección todo el maldito rato!? ¡Así no hay quién ataque!
Estaban entre la espada y la pared. Ahora solo tenían dos pokémon tipo planta contra un pequeño ejército de leyenda. Spyrox, harta de perseguir por ventajas, iba usando sus hojas contra el duro acero del golem de hierro. Emily trató de capturar a Deoxys directamente, pero se quedó igualmente embobada. Al menos Kyumbreon estaba cerca para despertarles. Necesitaban refuerzos. Enfrentarse a todo ese equipo con gráciles plantas no iba a conducirles a la victoria.
O tal vez con ello sea más que suficiente.
La barrera defensiva principal estaba perdiendo el tiempo tratando de dejar al veloz gecko fuera de combate. Una oportunidad que había que aprovechar.
─¡SOEL, AHORA! ¡ATACA A REGICE!
─¿Cómo?
─¡NO PREGUNTES; HAZLO!
─Bueno, bueno, si insistes...
Sabía que Regice podría ser un problema; no por su ventaja en particular, si no por la posibilidad de atrofiar los músculos del lilligant con Viento Hielo. Ya sabía lo que era capaz de hacer. Y decidió que él sería el primero en caer.
Soel lo vio igual. Transmitió la orden de atacar a Regice con su elegante Danza Pétalo. Con los fuertes vientos potenciados por el evasivo calentamiento y con aquellas coloridas hojas más filosas, el tornado se dirigía violentamente hacia el iceberg. Sin que el extraño se percatara de aquella maniobra, el gran cubo de hielo no pudo resistir el daño de los cortes y sucumbió a su poder. Entei estaba demasiado ocupado tratando de calcinar a Spyrox, quien estaba siendo una gran molestia.
Regice estaba casi fuera de combate. Era el momento.
─¡Emily!
─¡Ahora voy!
La experta en capturas se adelantó al comando de Gionna. Al fin podía liberar al Regice de aquellas ataduras mentales que le oprimían. Apuntó el brazo hacia el iceberg, y disparó el disco para rodearle. Mas cuando iba a capturarlo, Raikou empezó a estorbar de nuevo; con un rayo venido del techo, quebró la luz y regresaba a su fuente. La descarga paralizó momentáneamente la extremidad de Emily, e hizo que la peonza se acobardara y volviera a ella.
─Jopé. No había visto ese rayo.
─No... no es un rayo. Es un trueno. Demontre, y aquí no se puede predecir por donde caerá.─ Pensó en voz alta. ─Tendremos que debilitar también a Raikou.
─¡Claro que sí! ¡Dressela, ya la has oído!
El lilligant volvía a dirigir toda su ira con su baile de flores hacia el tigre de dientes de sable; mas estando a punto de azotar a Raikou, el león de los volcanes dejó al grovyle y con colmillos candentes, mordió el torso de la delicada dama. Los ataques que fueran provenientes que de los mismos elementos podía resistirlos muy bien, pero aquellos que se usan de la fuerza muscular para ejecutarse aún eran dañinos para ella.
El golpe hizo que detuviera su ataque y salvó al tigre del mismo destino. Pudo apartar a Entei de su cuerpo, por suerte, pero le había dejado secuelas en la zona mordida. Los efectos secundarios de las quemaduras no resultaban un problema, pero dificultaban la curación. La precariedad de su posición alegraba el día a los cuatro hermanos.
─¡Ooojojojojojojojojo! ¡Vete preparando, niña! ¡Nuestro ejército es invencible aún sin nuestros capturadores, cateta! ¡Vais a perder, capullos! ¡Y nosotros triunfaremos!─ Dijo en voz alta David, muy confiado. Ella estaba muy irritada. Si tuviera a sus compañeros a su lado, ella estaría haciendo algo más que mandar a dos desconocidos de los cuales no sabía nada. Y ahora los necesitaba más que nunca. Estaban perdiendo esta batalla. El número era totalmente injusto, y los recursos empezaban a escasear. Si perdían, ella perdería su libertad, al igual que la región perderá la forma. Algo totalmente inadmisible para el umbreon. Su instinto decía que tenía que actuar.
─Ya me he cansado de sandeces.
Sin decir más, el hijo de la luna se fundió con las sombras apagando sus resplandecientes marcas. Gionna miraba cómo su fiel amigo marchaba harto y haciendo esfuerzos para que no saliera queja alguna de su dolor. No sabía qué iba a hacer. Iba a detenerle para que no resultara herido, ¿pero a quién quería engañar? Ella también estaba harta de no hacer absolutamente nada. También quería ser partícipe de esta encarnizada lucha. Pero no podía intervenir si no veía a su querido umbreon.
Mientras, tenía que ver cómo usar a Spyrox como algo más que un mero cebo. Sabía que Raikou, Registeel y Entei la atacarían sin escapar de ella. Sin embargo, enfrentarse ella sola contra los dos últimos era agotador y peligroso. Atacar al tigre con Dressela sería ponerla en bandeja de plata. Así que propuso a Emily atacar a Raikou, pues era el más indefenso de los seis. Ya que no tenía otra que entretener, la ranger se encargó de mandar su mensaje. Así se cargarían la protección que tenían Suicune y Regirock.
Pero fue un error. Sin dudarlo ni un instante, Spyrox saltó contra Raikou, con los brazos cruzados, preparados para hacer un corte doble. Mas, potentes chispas salieron de su pelaje, y en consecuencia por el acercamiento del reptil, recibió las descargas de lleno. No eran daños serios, pero para su mala suerte, la velocidad del grovyle se vio fuertemente mermada.
Parálisis. Lo que faltaba.
Estaban perdidos. Si Spyrox tenía los músculos atrofiados, no podía entretener más a sus enemigos. La suerte que tanto la salvó estaba ahora en su contra. Ya no había modo posible de salir de ahí. Ellos ya cantaban victoria; se mofaban de ellos con insultos, alardeando de sus preciados trofeos vivientes, que demostraron ser invencibles ante cualquier circunstancia. Los tres ya se daban por vencidos. Ya no tenían más ases en la manga; los había gastado todos. A punto de sacar la bandera blanca estaban, mas el festejo de los cuatro roqueros paró con la voz de Alberto.
─Eh, nuestro premio se va arrastrando.
─¿¡Qué!? ¡Oh, no me jodas, se va corriendo!─ Siguió Emilio.
─¿¡Pero qué mierda hacéis!? ¡Atrapad a ese puto conejo, panda de inú-AGH!
David recibió un golpe invisible en la cabeza. Muy a su interior. Se podía oír sus quejas desde el fondo. Y no solo su mochila estaba desapareciendo.
─¡Demonios! ¡No encuentro el violín!
─¡Mi bombo, nooo!
─Yyyyy ya me escondió el bajo.
─Maldito cabrón, me ha jodido la cabezota.
Aquel pequeño tumulto distrajo a Deoxys, que quería evitar que los líos se produjeran. Pero no pudo devolverles ni la mochila ni los instrumentos. Algo se lo impedía. Los tres héroes tampoco entendían lo que ocurría. Luego, los círculos, las rayas y los diminutos ojos del diablo del grupo reaparecieron de nuevo entre la penumbra. Entre los finos dientes del animal, la florida mochila blanca se hacía notar por su misma forma. La esperanza volvía a reflejarse en el rostro de Gionna. Acababa de recuperar a sus queridos compañeros, violando el mismo tratado que ella creó. Cosa que le incomodaba.
─Kyu, ¿pero qué acabas de-?
─Vos seréis todo lo legal que queráis, pero yo no lo aguantaba más. Le juro por Lunetah que mis patas no podían quedarse quietas durante más tiempo.
Gionna no pudo aguantarse las ganas de reír. Había hecho un milagro por ella.
─Eres un diablillo, ¿lo sabías?
Luego se agachó para recibir su recompensa anticipada y remover la cabeza de Kyumbreon, algo que él no agradecía nada. Después no tardó en comprobar si todo estaba en orden. No sentía el frío tacto del titanio de la bola que llevaba, pero el capturador y las cuatro pokéballs estaban ahí. Volvió a sonreír como cuando puso las condiciones de esta batalla. Los cuatro hermanos se pusieron en guardia. Si ella volvía a la carga... además de que ya no podían incumplir sus propias normas. Sus instrumentos estaban en paradero desconocido.
─¡Oye, pelmaza, teníamos un trato! ¡¿No te íbamos a dar esa mochila en cuanto ganaras y no cuando vayas perdiendo?!─ Gritó Aina.
─Sí. Pero vosotros ya incumplisteis vuestra parte desde... ¿el principio, tal vez?
─¿Pero cómo puedes pensar eso, cariño? Si viste cómo apagábamos los súper-capturadores...─ Resaltó Alberto.
─¿Ah, sí? ¿Entonces ese coso naranja qué? Estáis manipulando a ese pokémon psíquico de algún modo para manipular a los otros pokémon como si tuvierais el capturador encendido. O sea...
─¡JAJ! ¡Pillados!─ Añadió Soel a aquella acusación. El silencio se adueñó de la sala. ¿Tal vez acertó en sus ciegas acusaciones? Una cosa era segura. Y es que Emily fue quedándose boquiabierta tras oír aquella mera conjetura. Podría haber obtenido esa información de Kyumbreon, de todas formas. Después de tratar de jugar limpio, ellos no acataban sus condiciones. Estaba enfurecida. Tanto que tenía que preguntarlo a pleno pulmón.
─¿¡Es eso cierto, Equipo Go-Rock!?
Su contestación no fue más que una demente risa venida de la cabeza de los cuatro. Muchas veces tendría razón con el empleo de sus trucos; pero esta vez erró completamente.
─¡¿Pero de verdad crees que tenemos un controlador oculto por aquí?! ¡Mira, mira! ¡Mis manos están libres! ¡Y el único capturador que puede someter a este cuerpo,─ alzó mano para señalar a Deoxys, que volvía a ponerse en las mentes de los legendarios─ está detrás de estas paredes, siendo probado por nuestro jefe! Deoxys ha decidido ayudarnos por su propia cuenta. ¡TÚ eres la única tramposa aquí, usando a tu umbreon para recuperar TU mochila después de que TÚ dijeras de apagar los capturadores y reclamarlo como PREMIO, y repito, PREMIO de tu victoria contra ELLOS! ¡ASÍ QUE A CALLAR!
Pero ella no dejaba de sonreír.
─Yo tampoco controlo a mi umbreon. Él fue quien decidió coger la mochila y devolvérmela.
─Cierto es.─ Añadió su propio mesías. ─Soy totalmente responsable total de mis propios cargos, y mía fue la idea de ocultar y prevenir que vosotros hicieran lo mismo. Además de que el número era ínfimo comparado con el vuestro. Y aún sigue siendo pequeño con ese acto... Sigue siendo un trato justo, ¿no?
Se podía oír como Emilio le decía a su hermano mayor que tuviera cuidado. Gionna fue sacando el capturador y las jaulas de sus amigos, listas para liberar su contenido. Las lanzó al aire, llamando a cada uno de sus nombres. Lol, Google, Honchpato y Akirosoku volvieron a salir, y lo primero que hicieron fue abalanzarse contra Gionna en señal de afecto; sobretodo Lol. Ella habría querido corresponderles por las largas horas de espera; pero no había tiempo. Tenían una batalla que ganar. En piña, planearon su próxima estrategia, y al cabo de un rato, todos fueron a sus posiciones, dispuestos a darlo todo para que este reencuentro sea largo y duradero.
─Bueeeeno, veo que te las vas a arreglar con tus pokémon... Dressela está agotada, así que va a tener que volver a su pokéball, ¿sí?
─No, ni se te ocurra. Necesito tu cooperación aún.
─Jo, ¿no me puedo ir?─ Preguntó Soel.
─Hasta con la puerta cerrada intentas escaparte de tus obligaciones, ¿eh?─ Dijo Emily.
─Oye, no tengo a Hella, Dressela tiene quemaduras, ¿qué hago yo aquí?
A buenas horas empezaban a discutir. Tan solo podía ignorar y, con el capturador en alza, apuntar hacia Regirock y pronunció su primer acto como entrenadora:
─¡Lol, Hidrobomba contra el pedrusco!
Y así hizo. Lol tiró uno de sus potentes chorros de agua en dirección a aquel montón de rocas amontonadas. Pero no fue él quien padecería la erosión. Suicune se interpuso entre el ataque y lo recibió de lleno, tan solo padeciendo el impacto. David no hacía más que reír y reír.
─¿¡Eres idiota o qué!? ¿¡Pensabas que con tener otra vez tu equipo se iba a descuidar su formación!? ¡JA! ¡TONTA!
Su cara volvió a esbozar una ladina sonrisa. Sabía que Suicune se pondría en medio de la ducha.
Había lanzado más que agua al viento del norte. Cinco brotes crecieron raudamente en su lomo, hasta ser una compleja red de zarzas drenadoras que lo oprimían, privándole del movimiento.
Pero eso no era todo. Google se acercó con sigilo al gólem de piedra para por detrás azotarle un aluvión de puñetazos que quebraría su duro cuerpo. Dressela se sirvió de las bayas que crecían de Suicune para sanar las heridas de la mordida. Honchpato sobrevolaba el campo apaciblemente mientras Akirosoku atormentaba al tigre con su famoso acua-jet. El león, al verse condicionado por la posibilidad de recibir un ataque hidráulico, se quedaba quieto a la espera de su derrota, junto a Registeel. Todos estaban entretenidos con su pequeña armada. Había allanado el terreno para que ninguno de sus rivales se percataran de su plan maestro. Ahora era el momento de dar el aviso.
─¡Honchy, ahora!
El ave empezó a descender unos centímetros, quedando entre medio del techo y el suelo. Batió las alas fuertemente, creando un vendaval que no solo levantó mugre; el aura que los protegía se arrastró como si de mero humo se tratase. Había dejado la vía libre para que Soel pudiera aplacar su ira de una vez por todas. Después de darle las gracias, el apuesto entrenador en trajes de ranger dio de nuevo la orden de ejecutar su movimiento estrella. Instantáneamente, su lilligant volvió a girar sobre su propio eje, esparciendo de nuevo el polvo por todo el campo de batalla.
Otra acción que esperaba.
Instantáneamente, igual que usó Despejar para anular el velo, lo usó para redirigir el polen soporífero hacia arriba. Con fuertes vendavales, formó una ola verde y polvorienta hacia Deoxys, quien sin más remedio, centrado en las vistas de otros, cayó profundamente dormido, dejando en paz las cabezas de los legendarios. Estos igual yacieron inconscientes en el frío suelo. El shock les garantizaría un buen descanso y el recobro de su cordura, sin muchos dolores.
─Pensaba dormirlos y luego azotarlos a todos, pero eso también me vale.─ Dijo Soel al ver que los legendarios cayeron derrotados de repente. Sabía que la paloma redirigió el ataque. Pero esto no había acabado. Si tendrían que afrontar luego al Gran Dragón, necesitarían de su fuerza para hacerles frente.
─Emily, ¿podrías ir capturando a los legendarios de ahí? Solo por si la fastidio al capturar a Deoxys primero.
─Hombre, no creo que la fastidies. Lo más seguro es que lo hayan capturado de verdad.
Con ello estaba a punto de ir capturando tranquilamente a Deoxys.
─¡Sí, sí, adelante, libera a este pobre Deoxys! ¡Harás un bien a la humanidad si lo haces!─ Gritó Emilio, con cierto tono dramático superfluo. David le amordazó tarde con su mano. Usar la misma trampa que la reliquia no iba a resultar para nada. Así les delataron, y Emily se decidió por hacer caso a la entrenadora y hacerle el favor de capturarlos mientras dormían plácidamente.
Una vez despiertos y sanados con el capturador superior, ella podía hacer lo mismo con Deoxys. Giró el capturador rápidamente para así encerrarlo de nuevo en aquel halo de serenidad. El brillo rojo que solía salir de sus esclavos recién liberados no apareció.
El ser espacial se levantó de su letargo tras recibir la energía sanadora de la línea de captura, lentamente, preguntándose qué fue aquella descarga que había recibido su circuito nervioso. ¿Lo había calmado? ¿Ya tenía las ideas claras?
No. Para nada.
Deoxys emitió un chirrido fuerte, como si dijera que no se sublevaría ante cualquier otro humano y descendió armándose con tentáculos más gruesos y con filosos picos en la cabeza. El capturador había funcionado en él, pero el enlace entre máquina y pokémon no se había efectuado. Todos los pokémon se pusieron en guardia ante la actitud agresiva del visitante.
─Gionna... ¿has estado asustada mientras capturabas a Deoxys?─ Preguntó Emily.
─N-no... si lo hice como siempre, no entiendo por qué reacciona así.
Fue a mirar la pantalla del capturador. Le dijo que la captura fue completada; sin embargo, en el listado de pokémon atrapados, su nombre no aparecía en la lista. Los hermanos no podían evitar partirse de la risa con aquel desconcierto.
─¡JAJAJAJAJA!¡¿Te pensabas que lo ibas a poner de tu parte?! ¡Pues mucho lo siento, querida, él es completamente inmune al efecto de vuestros aparatos de forma natural!
─¿Qué dices...? No...
Emily estaba patidifusa. No podía creerse que ningún pokémon rehusara a admitir las emociones humanas. Y tampoco veía factible que alguno se ofreciera voluntariamente a destruir el mundo... Gionna tampoco lo aceptaba; pero tenía los hechos delante suyo. No podía negarlo.
─Por cierto, has derrotado a seis de nuestros siete pokémon. La batalla sigue en pie, ¿o acaso quieres huir como nenaza que eres, eh?
David se mofaba de ella como si no hubiera mañana. Confiaba demasiado en Deoxys. Era un ser asombroso, digno de considerarse poderoso y volátil. Ya había luchado contra él antes, y no era un pokémon que fuera fácil de derrotar. Pero estaba decidida. Si no podía capturarlo... la única solución que veía era derrotándolo en combate.
Sin embargo, un profundo y sonoro rugido hizo temblar los cimientos de la base. La gravilla caía como lluvia de tierra, amenazando la vida de todos los presentes con su propio peso. Ese sonido atravesó al valor de Gionna y sus compañeros cual arpón a un pez. Deoxys volvió a cambiar su forma, sabiendo lo que acababa de ocurrir. Los cuatro también lo sabían.
─Jojojojojo, vale, vale, parece que nuestro viejo ha logrado sacar a la bestia antes de que nuestro aliado te hiciera explotar en mil pedazos.
─Y la base se va a venir abajo, idiota.─ Dijo Aina a su hermano mayor.
─¡UY, SÍ! Tenemos que pirarnos.
David mayor sacó de su abrigo un mando con un interruptor. Su dedo índice lo apretó, y una trampilla se abrió para garantizarles la huida. Alberto encontró sus instrumentos, y se los llevó primero para salvarlos. Después, Aina y David saltaron para escapar de las rocas. Emilio fue el último, despidiéndose de la forma más grosera posible. Deoxys fue el último. Pero sin embargo, antes de que descendiera, dejó una breve alucinación en la cabeza de Gionna. Despistada por los nervios, su cabeza empezó a doler un poco, dejándole imágenes de más allá de las nubes, especies desconocidas que yacían ante una enfermedad desconocida... imágenes difusas sin posibilidad de identificación que finalizaron con un mensaje de voz que retumbaba como eco en sus oídos.
"Nos veremos en la cúspide del mundo".
Después volvió a ver. Deoxys volvió a transformarse, y desapareció de sus vistas con un veloz barrido, tomando una forma más delgada. La joven no hacía más que preguntarse qué había ocurrido, sin recuperar aún la noción del presente. Finalmente, la voz de Kyumbreon le volvió a colocar en su lugar.
─¡Mi señora, reaccione! ¿¡Qué le hizo aquel pérfido ser!?
─¿Eh?
─Bueno, no conteste; el tiempo apremia. ¡Guárdenos en su equipaje y corra hacia el agujero, presto!
Reaccionó a tiempo. Aún dubitativa, volvió a sacar sus pokéball y guardó a sus amigos en ellas para meterlos de nuevo en la mochila. Estaba sola; Soel y Emily habían bajado antes que ella. Finalmente corrió lo más deprisa que podía para que la estructura subterránea no se le echara encima. Volvió a encontrarse con aquel pasillo húmedo, por donde conducía al exterior; mas eso no le importó. Seguía maltratando sus piernas para no acabar ahí. Veía a sus camaradas desde la lejanía, pero no llegaba a alcanzarles. Pero la luz le seguía alentando a que se salvara, aunque no mereciera la pena.
Finalmente salió. Los bramidos destructores se oían aún cerca, pero más sordos. Un fearow y dos starraptor los esperaba, junto a Alejandro, quien había venido expresamente para darles un apoyo. Mas era tarde para ello.
─¡Menos mal que habéis salido! ¿Estáis bien?
─Sí, nosotros sí, pero Gionna no sé.─ Confirmaba Emily.
─Estoy bien, Emily. Siento haber tardado tanto.─ Contestaba. Pensaron que se quedó dentro.
─Uf, menos mal, pensábamos que querías morir ahí dentro. ¡Si te estuvimos gritando todo el rato!─ Dijo Soel.
─Porque tú no querías subir a bajarla, es que ya te vale.
─¡Eh, se nos echaba el edificio encima!
─¡Pero aún tenías tiempo!
─Chicos, por favor, no discutáis. ¿Decís que el edificio se echaba para abajo? ¡Oh, no! ¿¡Y qué hay de los pokémon!?
─Lamentablemente no creo que puedan ser salvados. La cosa que acaba de liberar podría tirar un rascacielos abajo en un instante. Están condenados.
Alejandro se quedó patidifuso con sus palabras. No quería que muchas inocentes criaturas murieran ahí dentro. Iba a adentrarse sin avisar; mas las rocas empezaron a bloquear su paso. El suelo por donde sus pies se apoyaban iba resquebrajándose. Incluso aquella zona iba a echarse abajo. Tenían que subir y alzar el vuelo rápido. Pero dos starraptor y un fearow no eran suficientes para llevar cuatro personas y un pokémon. Ella iba a subir a la misma ave que Soel; mas la tierra al fin se desprendió, y el ave se asustó, haciendo que prendiera el vuelo antes de que Gionna pudiera subir en él. La ave ignoraba las rudas órdenes de Soel debido al pánico, y Alejandro estaba algo distanciado como para poder agarrarla con su gran cigüeña. Se acercaba peligrosamente a una peña afilada que amenazaba con partirle la espalda y ahogarla hasta que no pudiera tomar más aliento. De nuevo estaba al borde de la muerte, como si todos los esfuerzos que había hecho para seguir viviendo desencadenara en un catastrófico e inesperado giro de los acontecimientos. Todo lo que había hecho acabó en balde...
Otro giro extraño se produjo. Empezaba a avanzar velozmente sobre el paisaje nevado, sin bajar a más altura, yendo en contra de las leyes de Newton. Sentía que se había chocado contra algo no muy blando, esférico... ¿y alargado, tal vez? No lo veía. No entendía si eso era producto de una larga pesadilla que se volvía en dulce sueño. Tan solo permaneció en la ignorancia en un instante, cuando empezó a ver el blanco y el rojo del cual instintivamente se agarraba. Al costado podía ver un largo cuello que terminaba en una cabeza. Una cabeza que se inclinó y cuyo ojo ámbar se movió hacia ella. No cupo de su gozo cuando pudo oír de nuevo aquella melodía juvenil que se articulaba en palabras, después de cuatro años cuando empezó su exilio:
─¡Por fin nos volvemos a ver, Ginny-lin!
