Bueno... qué decir... ¡ya son tres años los que he estado escribiendo este fanfic! He tenido altibajos con esta historia, pero estoy segura de que pronto llegará al final. Todo y que son pocos los comentarios que he recibido...

...

¡Gracias!

Y ahora, disfruten de ese pequeño relleno que... es bastante explicativo. Me habría gustado poner más contenido, pero lo cierto es que se me prolongaba demasiado.

Cheerio!


Capitulo 40

Los tajantes vientos gélidos del atardecer azotaban de lleno a la atónita joven de dieciséis, que volaba por encima de un lomo blanquecino acorazado por una armadura carmesí. Los alerones de aquel místico animal cortaban en aire a considerable velocidad mientras sobrevolaban el bosque de la Sierra Oscura. Ella no podía creérselo. Aún no. Aunque ya la vio en la Gruta Helada, no podía asumir lo que acababa de ver. Sin embargo, le invadía cierta euforia al comprobarlo con sus ojos. Realmente, era ella.

─¡Latias!─ Exclamó feliz. Al fin podía contar con ella de nuevo, y charlar. Aún así, su incredulidad le hizo preguntar...

─¿Pero por qué? Pensaba que los del equipo Aqua te habían...

─¿Matado? ¡Jej! ¿¡A mí!? ¡No, qué va! Solo he volado como un fantasma, siempre velando por ti. De hecho, si por mi no fuera, habrías acabado frita con el psicoataque.

─Ya me decía a mí que eso no fue normal.─ Dijo. ─Aunque... tampoco creo que lo hayas hecho por tu propia cuenta, ¿verdad? Quiero decir... mi abuela te habrá pedido que me protejas, ¿no?

Latias soltó una débil risa al oírlo.

─Así es. Puede que sea sobre-protectora, pero muchos de sus temores sobre ti eran ciertos. Todo lo que te deparaba era riesgo y sacrificio, y muchos de ellos eran una enorme guillotina. Y claro, no podía permitir que te pasara nada, así que... ¡aquí estoy!

No dijo nada. Era una suerte contar con ella, y no quería discrepar sobre ello. Quizá necesitara de su fuerza para aquella monstruosidad que acababa de ser liberada. Pero a la vez no quería que se arriesgara por ella.

─Supongo que sabrás lo que acaba de ocurrir, ¿verdad?

─Sí. Y sé también que estás pensando en protegerme de la bestia, ¿verdad?

Le acababa de leer el pensamiento. Parecía que estaba dispuesta a darlo todo.

─Oye... sé que querrás que sea otra de tus compañeras de viaje después de esto; y me encantaría. Pero no va a poder ser. Sabes... que nos perseguirían. Solo por mí.

─¡Pero si-si vencemos al dragón...!

─No. Irían aún más. No es seguro. ¡Mira, estamos llegando a la base! ¿Bajamos, Ginny-lin? ¡Seguro que Elena te estará esperando!

Dio un suspiro. Realmente parecía que ella no quería ir. Se sentía despachada. Por lo menos, parecía que nunca abandonaría sus espaldas, ni aunque un enorme dragón estuviera amenazando a la propia tierra. Sin embargo, parecía que estaba evadiendo algo, pero no lograba ver lo que era.

Ella fue la primera en entrar a la base. Elena recibió a Gionna con cierta cara de preocupación.

─¡Oh, has llegado! Cuando llamé a Alejandro estaba muy preocupada... pero... ¿dónde está el resto de tus compañeros?

─Están de camino.

─Entiendo. No deberán de tardar, entonces.

─No, no lo creo.─ Concluyó con cierta frialdad. Muy en el fondo, estaba preocupada por el destino que corría Floresta en aquellos instantes. Sabía perfectamente qué iba a ocurrir, pues un amargo recuerdo estaba a punto de cobrar vida de nuevo.

Nada más llegar a tierra firme, empezaron a notar que los vientos empezaban a ser más fuertes que nunca. La Sierra Oscura empezaba a oscurecerse con antinaturales nubarrones cargadas de electricidad, producto del ser que acababa de ser soltado de su prisión. Aquella ciclogénesis explosiva amenazante parecía expandirse rápidamente por todo el bosque. Solo esperaban que no provocara estragos a los pokémon.

Pero luego pudieron disuadir algo. Una enorme mancha negra, alada y de la altura de un pequeño rascacielos se dirigía hacia lo alto de las montañas después de derrumbar aquel pico. Ambos se quedaron estupefactos al ver tal semejante cosa.

─¿Q-qué es eso? ¿Qué acaba de liberar ese canalla?─ Preguntaba Emily con cara de estupefacción.

─Parece un dragonite, ¿no?─ Soel estaba más tranquilo que la top ranger. De hecho, tenía cierta curiosidad por saber qué era aquella figura que iba emborronándose con el vapor condensado.

Alejandro no dijo nada al respecto. Sentía una enorme pena por no haber podido hacer nada para salvar a aquellos pokémon que estaban dentro de la base. Ese dragón era el responsable de la muerte de cientos de criaturas recluidas en aquellas celdas. Estaba decidido a jurarle venganza a ese monstruo exánime.

─Como sea... entremos. Empiezo a estar harta de este frío.

Tajantemente, Emily entró asustada por aquel terrorífico panorama que amenazaba con empeorar aún más las cosas. No quería saber qué sería lo que ocurriría después. ¿Tal vez no ocurra nada? ¿Tal vez toda la sierra se eche abajo? ¿Quién sabe lo que va a ocurrir después?

Sin embargo, tuvo una alegría con ver a aquella muerta de frío, tapada con una manta y dándose calor con el vapor de aquel dulce brebaje que era el chocolate. Pensó que había perecido nada más que su inútil compañero le comunicara de su caída. Ahora veía que todo lo que había pensado sobre su cuerpo echo fiambre era nada más que mentiras.

─¡GIONNA! ¡ESTÁS VIVA!─ Exclamó. Ella estaba indiferente ante aquella muestra de alegría.

─Sí, ¿qué te esperabas? ¿Que me moriría al chocar contra el suelo?─ Soltó una risa nerviosa y falsa. Aquello no le hacía nada de gracia. ─Oh, nononono, me esperan cosas peores aún.

─De hecho, le intenté decir que fuiste volando por aires, pero no me dejó decirlo.─ Comunicó Soel, encogiendo los hombros.

─¡Maldito pedazo de inútil! ¡Solo me dijiste que había caído!

─Eh, eh, eh, te digo que no me dejaste acabar. Si cuando te traté de decir ya me dijiste "no hables más".

─Si no hubieras empezado por ahí...─ Refunfuñó. ─Bueno, lo importante es que estés bien, Gin.

─Ya, claro.─ La entrenadora dio otro sorbo pequeño a su taza. Realmente lo necesitaba.

Finalmente, Alejandro podía volver a ver a su mejor ranger. Se acercó a la cabeza de la base de Hiberna, quien estaba disfrutando de aquel reencuentro.

─Elena. ¿Cómo está Selena? ¿Está mejor?

─Sí. Helio está con ella, no te preocupes. Pronto podrá mantenerse de pie de nuevo. Ahora por el momento necesita reposar.

─Me alegro.─ Dijo con una débil sonrisa. Era el único consuelo que tenía. Que ella estuviera bien.

─Sin embargo, ahora hay algo más preocupante que su salud. Mira la pantalla.

En aquella plataforma luminiscente de leds, había un mapa meteorológico de las cercanías del pueblo. Los colores azules representaban el frío natural que permanecía en el mes por aquellas tierras. Sin embargo, había un remolino caliente y denso en la zona que acababan de abandonar. El barómetro indicaba que la presión había bajado considerablemente. Además, este vórtice anaranjado y rojo empezaba a aumentar de tamaño. Con aquellas cifras, había una alta probabilidad de que hubiera una gran tormenta eléctrica.

Gionna estaba atenta a lo que Elena contaba al que fue su superior. Las condiciones en las que estaba el temporal eran similares a las de aquel día. Pero esta vez, tenía ante ella los datos que lo catalogaban como peligroso, y no había ningún hombre del tiempo que hablaba con palabras tranquilizadoras, desadvirtiéndoles del peligro.

Recordaba cada detalle de aquel terrible suceso que acabó con su ciudad natal. Estaba mirando la televisión con su padre y Kyumbreon en un día que parecía una tormenta normal, cuando, de pronto, un furioso rayo derrumbó el piso del frente. Las palabras de los medios se contradecían ante ellos, y su padre no dudó ni un segundo. Empacó sus cosas y se dispusieron a salir de su piso. Pero Gionna estaba reacia a volver de nuevo fuera. No quería vivir de nuevo como una exiliada.

Su testarudez hizo que se retrasaran. Otro rayo cayó, derrumbando parte los ladrillos de lo que le llamó casa un día. El comedor iba convirtiéndose en una pila de cerámica y polvo cada vez que se retrasaban. Para más desgracia, esa avalancha alcanzó al querido liepard con el que estuvo jugando cuando sus padres estaban aún juntos.

Protágoras quedó sepultado bajo los escombros del tejado. Y con las maletas y todo lo que llevaba, corrieron hacia un búnker que existía para esos casos. Fue entonces cuando, por primera vez, conoció a aquel monstruo que la estigmatizaría de por vida.

Aquel monstruo destruyó con garras, cola, rayos y rocas todo lo que el hombre tardó años en construir. Con una simple demostración de fuerza, la ciudad que se alzaba por encima de los árboles quedó reducida a una masiva pila de escoria y hierro candente. Los que no pudieron salvarse ya no eran más que huesos y charcos rojos que ensuciaban el pavimento.

La historia volvía a repetirse. Y todo por embarcarse en aquella aventura. ¿Por qué seguía existiendo? Mas esta vez parecían estar más atentos a la amenaza.

Se notaba cierta desesperación en el aire, sin embargo. Alejandro aún estaba afectado por los recientes acontecimientos. No parecía poder afrontar a ese gran dragón.

─¿Para eso han tenido que morir los pokémon salvajes? ¿Por esa... cosa que acaban de liberar?

─Y teniendo en cuenta que no pudimos interrumpir la creación del hípercapturador... no... no puede ser.

Emily tampoco podía ver ninguna salida a aquello. Los documentos databan de lo fuerte que era aquel aparatoso órgano creado por Gordor. Ni siquiera el capturador prodigio de Selena podría hacer algo por aquel fenómeno.

─¿No hay salida?

─En su tiempo, las autoridades de Aria no pudieron hacer gran cosa salvo mandar a la pava del momento para pertenecer a su malvado plan. Poco podremos hacer nosotros por esta región.

─¿Qué...? ¿Cómo puedes decir eso?─ Emily no quería saber que no podían hacer nada. Quería creer en que había una luz al final del túnel.

─Yo me he enfrentado cara a cara con ese monstruo. Y créeme; no es moco de pavo. Esa bestia arrasó con ciudades, solo para ser "testeado".

─Espera. ¿Tú enfrentaste a ese pokémon?─ Preguntó Elena. Luego se percató. Había alguna similitud entre alguno de esos documentos que trajo Emily y ella. Aria también era mencionada también por aquel trozo de papel. La "heroína" que capturó a la bestia era ella.

─¡Espera! ¿¡Tú no serás-!?

─¿La chica del "Pelipper"? Sí, soy yo. Era aquella niña temida que albergaba en sus manos aquella iracunda bestia. Aquella que fue primero presentada como heroína... y luego repudiada como villana por el mismo.

─Eso... eso lo explica todo. Por eso el monstruo está aquí...

¿Cómo no se había dado cuenta? Emily estaba estupefacta. A su lado permaneció esa joven fría que llevaba a la muerte consigo. ¡Y mira que había visto una fotografía de ella en cuanto era joven!

─Sé lo que estaréis pensando ahora mismo. Ahora pensaréis que soy horrible por traer a la bestia consigo, ¿verdad? En este caso lo siento, de veras.

Sin embargo, su recibimiento no fue el mismo que todas las personas que había conocido en su destierro.

─¡Bah! Como mucho antipática, ¿pero horrible? ¡Qué va!─ Dijo Soel.

─Además, ellos te quitaron la mochila, ¿no? Seguro que debías de tener una buena razón para llevarlo encima.

Aunque era un motivo de sospecha, Emily no había dejado de creer de que no era algo más de lo que aparentaba.

─¿De... de verdad no creéis que sea malvada?

─¡No! Has hecho bastantes cosas por nosotros. De hecho, si no fuera por ti, jamás habríamos tenido de vuelta a Selena. ¡Puede que no llegaras a ser tan buena ranger como pensé, pero desde luego tienes el espíritu de uno!

─Y... yo...

Por primera vez en su vida, se le consideraban más sus buenos actos que no aquellas cosas que pudieran hacerle de ella un lobo en piel de cordero. Estaba conmocionada. Jamás pensó que recibiría las gracias de nadie ni la comprensión de aquellos que le rodeaban en aquel momento.

Podría llorar de alegría si no fuera porque les condenó a todos. Lo único que pudo hacer era, con voz temblorosa, darles muchas gracias. Una reacción que el chico rubio no entendió nada.

Sin embargo, la trifulca no acababa ahí. Elena también podía comprender el dolor que había podido llevar durante ese tiempo; quizá por las vivencias que pudo haber pasado durante toda su estancia por la región, y más por el encuentro que tuvo con Alberto.

─Yo tampoco puedo verte como una persona similar a los del equipo Go-Rock. A pesar de haber cumplido tu cometido, decidiste quedarte a tratar de detenerlos. No obstante...

─Oh, no, vamos, señora, no-

─Por favor, Soel, esto es importante.

Gionna ya sabía por donde iban los tiros.

─Tienes dudas respecto a mí, ¿verdad?

─Exactamente. Dijiste que los periódicos te expusieron como una villana. Me gustaría saber quién eres realmente y qué relación tienes con ese dragón. Porque no eres lo que dicen ser, ¿verdad?

Era la oportunidad que había esperado por tanto tiempo. Por fin alguien quería saber la verdad detrás de las tintas de Aria. Mas aún no se lo acababa de creer. Preguntó para asegurarse una vez más.

─¿De verdad queréis saber?

─Por favor. No quiero pensar que nos estás engañando. Quizá escuchando tu historia sepamos realmente como enfrentarlo.─ Argumentó la jefa de Hiberna. Al fin podía poner en acta su versión de los hechos. Todos la miraban expectantes. La entrenadora inspiró profundamente y expiró para contar tranquilamente lo que le ocurrió hace dos años.

─Muy bien. Ya que me lo habéis pedido, os haré el favor de contestar todas las posibles dudas que tengáis sobre mí. Pero antes... dejadme que me presente. Mi nombre, por todos estos dos años ha sido Gionna Asecas, como le dije a Helio en la reliquia...

─No me digas que has usado un nombre falso para venir aquí.─ Interrumpió Soel con tono sarcástico.

─¡Chitón!

Aunque tienes razón. Es un seudónimo que me puse para desviar la atención de mi apariencia. Mis apellidos reales son Libranti del Prado. El primero corresponde a mi padre, que es tan solo un trabajador común. El segundo corresponde a mi madre, que es hija de Eldarya, líder de La Orden del Dragonair, el clan de domadragones más grande del oeste del continente. Por supuesto, mi madre rechazó la carga que le correspondía el puesto de mi abuela, así que su legado me recae a mí por narices. Y es por eso que estoy en constante movimiento. Aunque antes no fue así.

A mis catorce años, después de dos yendo sin rumbo debido a otro incidente, me llegó un correo de mi padre comunicándome que era seguro permanecer a su casa. Yo lo echaba mucho de menos y estaba harta de caminar sin rumbo alguno, así que acepté con mucho gusto y fui para Ciudad Embarque.

Sin embargo, esa seguridad no duró nada. Justo a las dos semanas de vivir con él, se cernieron nubarrones negros cargados de devastadora electricidad. Y entre esos cúmulos de aire, se abrió paso un enorme dragón musculoso, cuyas alas podrían eclipsar el sol a un pueblo entero. Aquella enorme criatura fue llamada como el Armagedón Negro. Aunque los japoneses, muy suyos ellos, tuvieron el atrevimiento de darle un nombre más simple. Ese nombre sería Akumagon.

El draco, con su llegada, acabó con la vida de miles de habitantes. Mi padre y yo fuimos unos de los pocos afortunados de llegar al búnker de la ciudad. No me gustaría dar muchos detalles de nuestra huida. Es un recuerdo doloroso que no quisiera volver a desentrañar.

Obviamente, la cosa no acaba aquí. Después de que la calamidad pasara, las autoridades de Aria me llamaron para que hiciera un encargo. Sabía que yo era la heredera del clan, así que pensaron que ese sucio trabajo que me darían me vendría como anillo al dedo. Decían saber dónde se localizaba la guarida de ese monstruo. Y ese lugar era un laboratorio clandestino de experimentación genética, que, según ellos, pertenecía a un temible grupo terrorista de científicos cabreados con la sociedad. Incluso me dieron el material para que cumpliera con ello.

Sabían perfectamente que el dragón era demasiado iracundo incluso contenido en la pokéball más infalible del mercado. Sabían que sus golpes serían capaces de romper el reductor molecular de este. Así que me dieron una de repuesto, por si acaso, y un revestimiento para contener bien al monstruo. Era una cápsula de titanio sellada que, además de mantener encerrado al dragón, lo sumía a un profundo sueño y alejado de manos inexpertas. Lo llamaron Pandoraball, ya que abrirla después de cometer su propósito liberaría de nuevo a ese ser.

Movida por la ira que contenía y el deber que me hicieron creer que tenía, fui a cumplir su trabajo como una borrega. Con mi joven equipo, fuimos todos juntos a encontrarnos cara a cara con Akumagon. La batalla contra este fue ardua. Todos, incluso yo, que solo me ocupaba de mandar órdenes a mis pequeños, estábamos exhaustos y muy heridos. Aquella batalla no iría a durar mucho más. Acabaríamos por caer muertos en aquel lugar oscuro.

Sin embargo, Kyumbreon tuvo una brillante idea. Me sugirió que usáramos una pokéball normal y a Honchpato como portador de este, haciendo así un señuelo con el que se entretuviera. Así que le dimos la pokéball y entretuvo al dragón con su ágil vuelo. Y mientras tanto, Kyu dirigió inadvertidamente la Masterball hacia él con sus poderes telequinéticos.

Resultó ser un éxito. Akumagon estuvo retenido ahí por un momento. Pero aún no se rendía. Incluso cuando el sello estaba cerrado, la cápsula seguía temblando ante su fuerza. Entonces corrí para meterla en la Pandoraball para que no pudiera salir jamás de ahí. Lo logramos.

Después fuimos a cumplir nuestro propósito. Las heridas no importaron. Los reporteros hacían alabanzas de nosotros cuando nos vieron a mí, a Lol y a Kyu cubiertos de vendajes por doquier. Era genial. Toda la apreciación que nos daban, todos los tratos que nos otorgaban eran de lujo. Otro bien efímero que se desvaneció cuando llegamos al lugar por donde podríamos cumplir con nuestro "deber".

Kyumbreon descubrió sutilmente sus patrañas con su sensibilidad emocional. Había percibido malicia en sus intenciones cuando iba a darles lo que me pidieron. Entonces supimos que no pretendían velar por nuestra propia seguridad como proclamaban. Todo lo contrario. Con sus pequeñas revelaciones, pudo sonsacarles quiénes eran realmente y qué pretendían.

Ellos eran quienes tenían el resto de continentes en sus zarpas. Ellos fueron quieres recluyeron a esa bestia y lo envenenaron con químicos y jugaron con su genoma. Él era el puente para que pudieran tener más que una sola región y dominar el resto de Glimáthikos con una gran guerra armada, acusando a Kanto de procrear tal abominación. Una vez supe que fui utilizada para sus sucios propósitos, decidí no cederles su trofeo. Yo misma me hice cargo de portar a Akumagon para que nadie pudiera hacer daño con él.

Su respuesta a esa fue negativa. Querían retenerme, quitarme la Pandoraball, torturarme para que me rindiera a sus pies. Pero de nuevo, Kyu intervino con sus artes demoníacas y pude escapar de su amenaza. Lamentablemente, su influencia era demasiado. Además gobernar, tenían a los medios a su merced. Y con ello, me gané la fachada de terrorista, y me gané el desprecio de casi toda la región. Sabía que no podía permanecer mucho tiempo ahí, así que, antes de partir, fui a despedirme de mi padre. Él entendió lo que había pasado, y pidió a mi madre que viniera para que me arreglara los papeles para que pudiera tener la TDI* y pudiera viajar a otras regiones y subsistir como entrenadora por todo el continente menos por Aria.

Y bueno. Fui entrenando, quise unas vacaciones y heme aquí.

Todos se quedaron boquiabiertos al escuchar la historia de su exilio y la desgracia que supuso el dragón para ella. Incluso Soel, que solía hacer sus comentarios sarcásticos en aquellos momentos, se reservó sus bromas para otra ocasión. Para entenderla mejor, Elena empezó a recapitular los hechos fríamente.

─A ver si he entendido bien. ¿Has dicho que ese tal Akumagon fue producto de experimentaciones de... conspiradores que gobiernan casi todo el mundo y que solo les falta esta región para dominarnos a todos?

─Sí. Sé que suena conspiranoia pura, pero... explica bastantes cosas, ¿no creéis? Como, ¿por qué en la mayor parte del continente no llevan las mismas legislaturas?

─Espera, espera espera.─ Interrumpió Soel; esta vez serio. ─¿Dijiste que te hicieron los papeles después de que "empezaras" tu viaje? Entonces... ¿no eras ni siquiera una entrenadora legal?

─¡No! Pero entiende que mi situación era... un poco especial, por así decirlo. Tampoco es que fuera directamente a las tiendas a comprar pokéballs, de todos modos. Me servía de los descuidados para quitarle sus pokéball. Y si quería curar a mis pokémon, o bien los trataba yo misma. Y si veía que era grave, pues hacía como si me lo hubiera encontrado. "¡Oh, enfermera! ¿¡Sería tan amable de curar aquella pobre criatura herida!? Sé que no es mío, pero su deber es sanar, ¿o no?". Así. Con esa muletilla. También me hacía la traumada y me cedían cobijo.

─P-pedazo de mentirosa...─ Injurió el ranger.

─¿¡Qué!? ¡Era o eso o mandarme de nuevo a casa para que linchen! Y además con cargas legales.

─Ya, ya. Suficiente. Solo necesitamos sabes qué es a lo que nos enfrentamos.

─¿Entonces qué haréis, Elena? ¿Pensáis ir a por Gordor?─ Preguntó Emily.

─Ese es el plan. No podemos quedarnos de brazos cruzados ante tal amenaza.

─Estaré contigo.─ Habló seguidamente el jefe de Villavera, con determinación.─ Esta misión nos concierne a todos. A Floresta y todo el continente.

─¡Bien! Comunicaré a Edna lo ocurrido. Quizá nos preste algunos refuerzos.

Tan decididos... tan vivos... tan ignorantes de lo que iba a pasar... ellos no tenían ni idea de lo peligroso que era aquel dragón. Era como si ignoraran la tormenta que se les avecina por encima de aquel techo. Debía de impedir que se sacrificaran por hacer su trabajo.

─No. No tenéis que responsabilizaros de Akumagon. Es mi responsabilidad, como heredera del clan y principal implicada, detener su ira y encerrarlo una vez más. No obstante, aprecio vuestra colaboración. Pero el dragón es solo mío.

─¡Oye, también va a destruir Floresta! Algo tenemos que hacer.─ Volvió a hablar el jefe de Villavera. Estaba completamente dispuesto a darlo todo.

─¡Claro que sí! Me da igual el riesgo de morir. Al menos habremos intentado algo, ¿no?─ Dijo Emily entusiasmada.

─Estáis como un cencerro.─ Injurió el ranger de Villaestío.

─Tú puedes quedarte aquí, si quieres. Después de todo no me esperaba nada de ti.

─No, Soel se viene. ¿Verdad, Soel?─ Preguntó socarrona Emily, solo para meter el dedo en la llaga. Que lo hiciera él no le parecía mal; pero si le hacían a él, ya le fastidiaba.

─Emily, por favor, técnicamente estoy despedido, ¿vale? Lo que haga la unión no es de mi incumbencia.

─Lamentablemente, Soel, Carlos no ha presentado la moción de despido, así que teóricamente sigues perteneciendo a la Unión.

─¿Qué? ¡No! ¡Me van a matar si me envían allí!

─Parece que ni de esta te libras, ¿eh?─ La entrenadora sonrió socarrona por la reacción de Soel, mientras Emily se reía de su desgracia.

El resto del día fue empleado para descansar. Los refuerzos pedidos por la joven Emily tardarían varias horas en llegar. El crecimiento de las nubes era algo que les preocupaba a todos; sin embargo, tampoco podían actuar en aquellos momentos. Al lado de la humadera del vapor que soltaba la calefacción de la base, Latias observaba cómo aquel furioso mar eléctrico cubría ya los bosques de pino y se dirigía directamente hacia el pueblo.

Estaba a punto de encontrarse cara a cara con su destino.