El frío invierno se convierte en primavera. La ciudad, que parecía estar congelada en sus propias garras heladas, de pronto estalla de gente yendo y viniendo de aquí para allá, feliz y sonriendo ante la sensación de cálida luz del sol en sus rostros -un marcado contraste con los días fríos y oscuros, llenos de nieve, donde las multitudes se apresuran de un lugar a otro con el cuello tenso y la cabeza hacia abajo contra la nieve.

Kurt camina feliz y confiado también, con una ligereza y dinamismo que provienen de haber aprobado sus evaluaciones de actuación y de canto con las más altas calificaciones en su año... más el amor de un hombre de cabello oscuro con ojos color miel a quien adora con cada aliento que respira. Pero detrás de esa felicidad está la frustración. Teatro Musical es difícil. Mucho más difícil de lo que nunca podría haber previsto, y a pesar de que se destaca en dos de sus tres materias principales, lucha con la danza y está con la necesidad de tomar clases extra. Su lección de ballet parece prolongarse indefinidamente mientras espera a que se le permita retirarse... y volver corriendo a los brazos de su amante. Sonríe cuando ese momento finalmente llega y puede dar un paso hacia afuera, donde su teléfono se enciende con un mensaje de texto de Blaine.

Tengo noticias. Buenas noticias. Noticias potencialmente muy emocionantes. No sé. ¿Estoy divagando? Estoy divagando. Me iré.

Siempre divagas. O lloras. ¿Noticias? ¿Dónde estás? ¿Estas noticias pueden ser transmitidas vía mensaje de texto o son noticias que tienen que darse frente a frente?

Frente a frente. Estoy en la línea azul. Estaré en casa en veinte minutos más o menos.

Yo también. Una carrera ;)

Kurt llega primero, abriendo las puertas del balcón para que entre un poco de aire fresco en el apartamento mientras espera a que vuelva Blaine. Él llega poco después, con mejillas rosadas y sin aliento por subir las escaleras de dos en dos, demasiado impaciente para esperar el ascensor.

— Oh, —jadea mientras cierra la puerta detrás de él con un ligero puntapié.

— También es un placer verte, —Kurt se ríe. Le besa el cabello, pero se aleja con una mueca.— Ew. Hueles a chico sudoroso.

— Corrí.

— ¿En serio? Sólo te gané por un par de minutos de todos modos. Así que, ¿cuál es la noticia?

— Lo primero es lo primero. ¿Pasaste baile?

— Sí, pero a duras penas.

— ¿Qué quieres decir con a duras penas? Mi idea de pasar a duras penas y la tuya son dos cosas completamente diferentes, —señala Blaine mientras toma dos refrescos de la nevera y le da uno a Kurt.

— Eso es porque nunca has tenido que tratar de pasar a duras penas nada, —Kurt le dice. Se acomodan uno al lado del otro en el sofá y Blaine sube sus pies en la mesa de café. Kurt inmediatamente le da un pequeño golpe para que los quite, como es su costumbre, y los acepta en su regazo en su lugar.— Tengo cincuenta y cinco, cincuenta es aprobado.

— Eso no es tan malo, —Blaine intenta.

— No es terrible, supongo. Pero tengo que hacerlo mejor. Teatro Musical es sobre los tres. Ningún director me mirará dos veces si no puedo seguir el ritmo de los demás.

— Eres un bailarín fabuloso, y tú y tus maestros lo saben. Sólo tienes problemas con baile clásico.

— Ugh, lo sé. Pero eso realmente me decepciona. De no ser por baile contemporáneo y jazz, habría reprobado el semestre.

— Entonces toma clases de ballet adicionales, —sugiere Blaine, pero Kurt ya está negando con la cabeza.

— ¿Cuándo? Son los miércoles y viernes, y yo trabajo esos días.

— Cambia de días, o deja el trabajo.

— No voy a dejar de trabajar, —dice Kurt secamente.— Se supone que debemos estar ahorrando para una boda.

— Toma clases particulares los sábados entonces, —le propone.

— ¿Por qué haría eso? Trabajo hasta las dos. Si tomo una clase de ballet, entre eso y el estudio, nunca nos veremos.

— No vas a mejorar si no pones todo tu esfuerzo en ello, —Blaine se encoge de hombros con indiferencia. Pero Kurt ya está ardiendo.

— No. ¡Tienes razón! ¡No mejoraré! Está bien para ti, puedes tomar cualquier maldito instrumento que elijas y tocarlo. Tú no necesitas practicar, todo te sale natural, ¡y qué maravilloso regalo tienes! Me sentaré aquí, patéticamente reprobando ballet mientras tocas el piano y todo el mundo se maravilla de tu genialidad.

— ¡Woah! —grita Blaine, levantando sus manos mientras baja sus pies de Kurt para sentarse derecho.— ¿De dónde salió todo eso? Yo estaba tratando de ayudarte, Kurt. Dios. Si sientes que quieres tomar clases de ballet adicionales entonces estoy bien con que no trabajes, o no nos veamos los sábados por la tarde por un tiempo. Eso es todo. Sólo estaba tratando de ser un novio atento. Sí, puedo tocar un montón de instrumentos musicales. He estado aprendiendo piano y violín desde los tres años, y yo tenía apenas siete cuando empecé con la guitarra y la trompeta. Otras cosas, como la batería, las aprendí en la universidad. ¿Pero insinúas que no practiqué? Tienes que estar bromeando. Horas, Kurt. Días, semanas, meses de mi vida los he pasado encerrado en una sala de música u otra, perfeccionando una sola pieza. Estoicamente estudiándola parte por parte, compás por compás y luego construyéndola cuidadosamente de nuevo otra vez hasta quedar muy satisfecho con el resultado. Solía sentarme en el piano en el comedor de mis padres, escuchando a mis amigos jugando en la calle. Pero casi nunca me unía a ellos. Yo quería jugar al fútbol en la escuela secundaria, pero puse la música primero. Nunca asistí a una noche de cine en Dalton, porque estaba estudiando para aprobar los exámenes de teoría musical.

...No puedo hacer mágicamente que seas bueno en ballet, Kurt. Puedo tratar de ayudarte... pero sólo puedo hacerlo si tú estás dispuesto a ayudarte a ti mismo. Tienes razón, si deseas que alguno de los directores se fije en ti, tienes que estar en la cima de tu juego. Eso significa que no hay excusas para no tratar de dar constantemente lo mejor posible, empujando tus límites en todo momento y trabajando tan duro como sea posible. Si deseas hacer esto, me refiero a realmente hacer esto, es necesario ponerlo por encima de todo.

Kurt deja caer la cabeza contra el sofá con un suspiro.— Lo siento. Tienes razón, por supuesto. Odio cuando tienes razón. Pero la tienes. Y yo sólo estoy siendo un idiota contigo porque estoy estresado con todo. Ya sabes, algunos chicos en mi curso ya están yendo a hacer audiciones, consiguiendo papeles en producciones de verano y me siento tan... incapaz, en comparación con ellos.

— ¿Por qué? —Blaine le pregunta mientras toma su mano.— No te he visto bailar ballet, es cierto, pero te he visto actuar y cantar... Y Dios, vaya que puedes cantar. Tu voz es sublime. Podrías sorprenderlos totalmente, estoy seguro de ello. Si quieres hacer una audición, entonces hazlo.

— Quiero ser una estrella de la música, —dice Kurt, luego sonríe mientras se encuentra parpadeando para contener las lágrimas.— Pero no sé si volveré a conseguirlo. Sé que puedo cantar. Sé que puedo actuar. Pero... ¿quién me querría? Mi voz es demasiado alta para la mayoría de las partes de un tenor. No sé dónde encajaría. Supongo que siempre ha sido mi cruz en la vida. Simplemente no encajo.

— Tú encajas conmigo, —dice Blaine gentilmente, atrayéndolo hacia él y besando su mejilla. Kurt se acurruca con gratitud en su abrazo, feliz por la comodidad que le proporciona.

— Siento haber sido un idiota.

— No importa, —le susurra Blaine mientras deja que el suave cabello de Kurt acaricie su mejilla.— Entiendo. Sin embargo odio verte así. Por favor, déjame ayudarte.

— ¿Cómo?

— Deja tu trabajo. Déjame cuidar de ti. Toma clases particulares.

— Blaine no creo...

— ¿Por favor?

Kurt lo mira con la cara llena de preocupación, pero Blaine parece tan serio, tan sincero, que asiente a regañadientes.— Okay.

— ¿En serio? —Blaine le aprieta firmemente, aplacado por el sentimiento de que está poniendo su granito de arena para hacer la vida de Kurt mucho más fácil.

— Sí. Voy buscar las clases y daré aviso a la biblioteca. Pero no voy a audicionar para cualquier producción que salga de gira. Si surge algo en Chicago, entonces está bien. Pero no voy a alejarme de ti por semanas. Quiero estar en musicales, pero quiero mucho más estar contigo.

— Um...

— Ahora dime tu noticia.

— ¿Sabes qué? No es importante. — Blaine intenta ponerse de pie, pero Kurt lo está jalando en un instante, agarrando su muñeca con fuerza y negándose a dejarlo ir.

— No te atrevas. No te atrevas a hacer esto. Dímelo ahora.

— En serio, Kurt no...

— No habrá más sexo hasta que me lo digas.

— ¿Qué? ¿Te me vas a resistir?

— Por supuesto que sí.

— Okay, está bien. Te lo diré.

— Bueno, eso tomó menos tiempo de lo que pensaba, —dice un Kurt sobresaltado.— Aunque no sé por qué me sorprende. ¿Qué es, entonces?

— Me han invitado a que audicione para la Orquesta Sinfónica de Chicago de nuevo, —dice Blaine con ojos bailando de felicidad.— Pero como titular esta vez, no sólo como un suplente.

— ¡Blaine! —Kurt grita mientras se lanza hacia él.— ¡Oh Dios mío! ¿En el violín? ¡No puedo creer que imaginaras que no me gustaría escuchar esto! Esto es increíble. Oh wow. ¡Wow!

— Espera, disminuye la velocidad , —dice riendo.— No en el violín. Percusión.

— ¿Como tambores y esas cosas?

— ¿Como tambores y esas cosas? —lo imita Blaine.— ¡No! Bueno... sí. Pero es un papel importante en la orquesta.

— ¿No sería mejor tocar el violín?

— Sí , pero me quedo con lo que puedo conseguir. Me imagino que si logro esto, entonces podría tener la oportunidad de cambiar más adelante si la vacante se abre.

— ¿Lo vas a hacer? ¿Vas a audicionar?

— Me gustaría, —comienza.

— Entonces hazlo.

— Es que... tendría que ir lejos. En giras y esas cosas.

La declaración cuelga en el aire entre ellos durante largo tiempo. Kurt intenta mantener una expresión neutra, pero finalmente se da por vencido hubdiéndose en la decepción. Blaine frota nerviosamente su cuello, queriendo exhortar a Kurt a que diga algo, pero sabiendo lo furioso que estaba hace unos momentos, decide no correr el riesgo.

— Okay. —Kurt finalmente vuelve a la vida con una sonrisa forzada mientras toma la mano de Blaine en la suya.— Cuéntame más sobre ello.

— Um... lo más que se van, son tres semanas a Europa, pero la mayoría de las veces son de diez a catorce días. Muchos de los miembros tienen familia, por lo que no todo el mundo va en todas las giras. Toman una versión reducida y utilizan otros músicos si es necesario. Los cónyuges son bienvenidos a unirse a ellos, pero tienen que pagar su propio viaje y la mitad del costo de la habitación del hotel. Dos viajes al año son obligatorios, los que podrían ser en Estados Unidos o en Europa... en cualquier parte en realidad, pero se debe participar en dos. Pagan un salario básico, y cualquier gira a la que se vaya aparte de las obligatorias se pagan como extra.

— Alguien ha hecho los deberes, —Kurt bromea amablemente.— Y... ¿Cuál es el salario base?

— Empezaría con cien mil dólares al año.

— ¡Jesucristo! —Kurt chilla mientras se tapa la boca.— Wow. Eso es mejor de lo que pensaba. Y estas giras adicionales... ¿qué implican?

— Podría ser una gira por la costa oeste, por ejemplo, que dura una semana. O podría implicar volar a Canadá por un plazo de tres noches y luego de vuelta otra vez. No sé el porcentaje exacto por gira, pero creo que es alrededor de dos mil a la semana.

— Este es tu sueño, ¿verdad? —Kurt dice en voz baja, pero Blaine niega con la cabeza.

— Tú eres mi sueño. Nunca voy a dejar de luchar por ti, Kurt, y si esto va a molestarte, o se va a interponer entre nosotros de alguna manera, entonces...

— Tienes que hacerlo, —dice Kurt de forma decisiva.— Siempre has tenido que viajar por cuestiones de trabajo, yo sabía eso de ti cuando nos conocimos. Me acostumbré a tenerte cerca todo el tiempo porque todo es mucho más accesible aquí. Pero ¿sabes qué? Nos ocuparemos de ello. Viajaré contigo cuando pueda, y si eso no es posible, te extrañaré como un loco. Siempre tendremos nuestras llamadas telefónicas, —dice mientras arrastra un dedo por el brazo de Blaine.— En serio. Hazlo. Serías un tonto si lo rechazas. Si no podemos manejar el estar separados tres o cuatro veces al año, entonces no somos tan fuertes como pensamos. Te has preparado para esto toda tu vida, y ahora es tu momento.

— Tengo que ir a la audición primero.

— Pero lo harás, porque eres Blaine Anderson, el guapo prometido de cabello espeso del fabuloso Kurt Hummel y músico perfecto.

Blaine mira hacia abajo, de repente tímido y abrumado antes de levantar la vista otra vez, mira a Kurt a los ojos y dice con sinceridad:— Gracias.

— Te amo Blaine, y parte de mi amor por ti implica querer verte alcanzar tus sueños y aspiraciones, ¿okay?

— Me siento mal, —admite apretando los ojos.

— ¿Por qué?

— Porque dijiste lo de las giras y de cómo no considerarías el estar lejos de mí y...

— Sí, probablemente por una parte sin chiste en una producción de... de... no sé, Vaselina o algo así. ¿Por qué iba yo a querer pasar seis semanas viajando alrededor del medio oeste haciendo eso cuando podría estar en tus brazos todas las noches? Pero si me ofrecieran a Fiyero durante un recorrido por el desierto de Arizona... o al presentador de Cabaret en el resurgimiento de Alaska... entonces esperaría que estuvieras despidiéndote de este trasero en un avión sin remordimientos.

— Lo haría. Sabes que lo haría.

— Exactamente. Estamos aquí para apoyarnos mutuamente.

— Te amo, lo sabes, —Blaine arruga su nariz antes de tomar el rostro de Kurt en sus manos y besarlo con ternura.— ¿Sabías que te amo?

— Me lo has mencionado una o dos veces, —bromea Kurt, antes de besarlo de vuelta.

...

En las siguientes dos semanas Kurt ve muy poco a Blaine, pero lo escucha un montón. Todo comienza el día después de su discusión, cuando llega a casa con dos técnicos de estudio... y un kit de batería. Asegurándole a Kurt que sólo tocará en horarios socialmente aceptables, y que el kit es un préstamo del estudio y que lo devolverá al siguiente día de su audición, Blaine se encierra supuestamente para practicar, pero Kurt prefiere pensar que es para hacer una cantidad excesiva de ruido durante largos períodos de tiempo.

Al día siguiente, Blaine cambia a los platillos, a un tambor y a una montaña de maracas, triángulos y diversas cosas de las que Kurt desconoce los nombres. Pero está bien. Él reúne sus libros y se va a estudiar a casa de Joe en su lugar, optando por cenar allí después de tratar de llamar a Blaine en seis ocasiones y no recibir respuesta.

Es en el tercer día, cuando llegan los timbales que Kurt lo pierde. Es un viernes, y acaba de regresar de su penúltimo turno en la biblioteca, con ganas de acurrucarse con un buen libro. Se acuesta en la cama para hacer precisamente eso, cuando la puerta de la habitación se abre de golpe y Blaine entra... o mejor dicho, los pies de un enorme tambor entran primero, seguido por el propio tambor y luego Blaine, tambaleándose bajo el peso de eso.

— ¿Qué mierda es eso? —grita Kurt.

— Un timbal, —jadea. —Hay dos más por venir, pero sólo pude meter uno en mi coche.

— Eso no va a venir aquí. Dime que no.

— No hay lugar en otro sitio.

— Pensé que audicionarías para percusión, no para los timbales. Los timbales son parte de otra sección, ¿verdad?

— Sí, pero dijeron que el candidato seleccionado deberá ser competente en las dos áreas.

— Por el amor de... —él resopla.— Voy a la sala de estar... suponiendo que no hay un arpa ocupando todo el espacio.

— ¿Estás enojado? —Blaine le pregunta nerviosamente.— No quiero que te enojes.

— Yo... no, —dice Kurt con un suspiro.— No estoy enojado. ¿Cómo puedo estar enojado contigo? Sólo estoy tachando los días hasta la audición. —Kurt sonríe y se aleja.— Y la eliminación inmediata de los malditos tambores, —murmura entre dientes.

Y de repente, ese día está sobre ellos. Kurt tiene escuela, pero se salta la clase de improvisación para quedarse en casa y ayudar a Blaine a vestirse. Optan por el traje que Blaine había comprado inicialmente para su propuesta de matrimonio, decidiendo que era clásico, elegante y discreto. Kurt cepilla sus hombros mientras están frente al espejo juntos, inclinándose para besar su mejilla recién afeitada.

— Te ves maravilloso.

— Estoy nerviosa como el infierno, —Blaine admite en voz baja.

— ¿Estás seguro que no quieres que vaya contigo?

— No. —Girando en el espejo, juega con los gemelos de nota musical que Kurt le regaló en su cumpleaños número treinta y tres.— Digo, sí, pero tienes clase.

— Puedo faltar. Sólo es mi clase optativa de vestuario...

— Misma que es tu favorita y en la que sobresales. No, —dice Blaine, más firme en esta ocasión.— Voy a estar bien. Ve a clase, y luego espero que cuando hayas terminado, yo esté en casa listo para llevarte a cenar para celebrar.

— Puedes hacerlo, —dice Kurt mientras utiliza su corbata para atraerlo.— Buena suerte mi amor.

El día se alarga interminablemente para Kurt. Él está completamente distraído para cuando se sienta en su máquina de coser y termina por unir un corpiño a una falda, haciéndolo en los lugares equivocados y teniendo que deshacer todo el lote. Él sabe que Blaine tenía una audición práctica en primer lugar, seguida de una entrevista con el consejo de administración y que luego había sido requerido para acompañar a un pequeño grupo de instrumentos en una pieza musical desconocida. Trata de calcular el tiempo que le habría llevado, pero no es capaz de llegar a cualquier tipo de respuesta para aplacar sus nervios. Los mensajes de texto interminables de amigos y familiares tampoco ayudan. Santana y Rachel habían estado molestándolo todo el día, y entre ellas, su papá y la mamá de Blaine, él no está seguro de poder soportarlo mucho más. Kurt está ordenando trozos de material en su estación de trabajo cuando su teléfono vibra con el enésimo mensaje de texto de ese día.

Acabo de terminar de trabajar, dice Wes en su mensaje de texto. No voy a enviarle mensajes a B en caso de que haya olvidado apagar su teléfono y todavía esté ahí. ¿Alguna noticia?

No, todavía no. Estoy empezando a preocuparme. ¿Quién tiene una audición de cinco horas?

Estos lugares son de la vieja escuela. Tienen que elegir lo mejor para que puedan ser los mejores. No te preocupes. Tiene un pie dentro, ¿cierto?

Debería, sí. Me voy a casa, le diré que te mande mensaje más tarde.

Pero Blaine no está en casa cuando Kurt llega y se pasea por el apartamento inquieto, incapaz de concentrarse en nada. Es sólo en su cuarta, tal vez quinta vuelta por el lugar, que se da cuenta de que todos los tambores se han ido, junto con los platillos, triángulos y maracas. Corriendo hacia el armario, ve el traje de Blaine colgando pulcramente, los gemelos de vuelta en su caja y los zapatos colocados en el estante. Corriendo precipitadamente al dormitorio, alcanza su teléfono, pero el portazo de la puerta principal lo hace soltarlo al instante y corre hacia la sala de estar en su lugar.

Blaine está ahí, apoyándose pesadamente contra la puerta, con los ojos fuertemente cerrados mientras se los frota como si fuera un niño pequeño. Kurt da un paso tentativo hacia él y le tiende su mano.

— ¿Blaine?

— No lo logré, Kurt, —dice en voz baja.— No me quisieron.