Capitulo 41
No había ni luz por la ventana ni sombra a la que proyectara las cuatro literas de la habitación. Todos dormían placenteramente para el día siguiente brindar todas sus fuerzas. Helio y Selena estaban tapados bajo las mismas sábanas, solo para que ella pudiera descansar también. Y también porque se echaban demasiado de menos.
Sin embargo, Gionna no estaba para siestas. Tan solo podía mirar reflexiva el capturador de quien rescató y rememorar las palabras que pronunció cuando trató de devolvérselo.
─No, Gionna, no hace falta que me lo devuelvas ahora. Lo vas a necesitar.
─Pero si lo he usado es porque tú no estabas. Y ahora que te he rescatado... creo que oficialmente ya no tengo derecho a usarlo.
─Pero aún no puedo levantarme de aquí. Mira... sé que tal vez veas a ese monstruo como una amenaza. Pero estoy convencida de que solo es un pokémon que ha sufrido demasiado.
─¿Helio te lo contó?
─Sí. Pero volviendo al tema... ¿realmente crees que solo por ser un ser destructivo tiene que vivir encerrado por toda la eternidad? ¿Y si vuelve a abrirse la cápsula? Estaríamos en peligro otra vez, ¿no crees?
─¡Pero va a ser imposible atraparle con el capturador! La línea no llega a tanta anchura.
─¡Al menos inténtalo! Intenta perdonarle al menos. Seguro que así nos salvas a todos.
Perdonar a Akumagon. Al que destruyó su primera casa. ¿Pero qué pensaba que era? ¿Un skitty que se cortó con un cuchillo? Aún no pensaba que eso fuera posible.
Sin embargo, podía estar de acuerdo en que, si este odiaba a los humanos por los tratos que le dieron como Kyumbreon, quizá no deba repetir la historia.
Miró a su felino con cierta duda. Había sido liberado antes para que este pudiera sanar sus heridas. Él también la miraba con esos luminiscentes ojos de diablo. Podía ver que la duda la atormentaba con persistencia, al igual que el mismo monstruo. No hacía falta más preguntas.
Pronto, la luz se introducía tímidamente por la ventana, con un frío reflejo azulado oscurecido por las nubes. La tormenta ya cubría el pueblo de Hiberna. Gionna apretó el botón que encendía su reloj.
Pronto las alarmas sonarían para despertar a todos sus huéspedes.
─Casi es la hora.─ Dijo Kyumbreon.
─Sí...
─Pronto nos enfrentaremos de nuevo a ese horror que tanto os atormenta.
Horror. Eso era lo que ha estado manteniendo en vilo todo aquel tiempo. Si morían ahí mismo, la historia acabaría para todos. Si vivían, ellos seguirían vagando por el mundo, sin rumbo concreto.
¿Cuál era el real propósito de todo esto?
El sonido del aceite caliente interrumpió sus pensamientos. Pronto, el dulce aroma de la harina frita inundaba el segundo piso.
Tendría que disfrutar su última hora de plena vida mientras pudiera.
Una bandada de grandes halcones se hicieron nítidos entre las nubes tormentosas. Pronto, los starraptor aterrizaron alrededor de la base para descansar al fin. De su lomo, bajaron los refuerzos que Edna había prestado a sus camaradas de Floresta. El dragón era considerado como una amenaza mundial, y era imperativo mandar refuerzos para que no tuvieran tantos problemas.
Emily los esperaba al lado de la puerta; igual Helio y Soel, que ni siquiera los recibieron.
─Bienvenidos. Julio, el líder del equipo A está a punto de venir, así que no nos queda mucho. En cuanto venga, nosotros, el equipo B, iremos al templo dentro de media hora. Así daremos tiempo a Carlos para que venga.
─Y luego dice que yo soy el vago. ¡Ja, ja!─ Dijo Soel con sarcasmo.
─Cállate; tú apenas has accedido a acompañarnos.
─Por favor, querida, sabes que no puedo estar con ese patán de ahí.─ Dijo, refiriéndose a Helio.
─Yo también te odio, Soel.─ Respondió el aludido.
─¿Tú también? ¡Casémonos en sagrado odiomatrimonio y tengamos hijos, venga!
─Que te jodan.─ Dijo mascullando entre dientes.
─Por favor, chicos, ahora no. Miren, ya lo veo.
Por las escaleras, subían las tres cabezas del plumífero corredor. Por detrás, se podía ver una capa violeta de pelo sintético que ondeaba levemente. El dodrio paró en frente de Emily, dejando que su camarada baje de la nieve.
─¿Están todos?
─Falta Carlos, pero ya nos ha avisado de que llegará tarde.─ Informó la Top Ranger de Almia.
─Incluso en esos momentos tiene que faltar. Jej, no ha cambiado nada.─ Sonrió Julio, mientras miraba el cielo.─ ¿Lo vais a esperar?
─No. Solo estaremos la mitad del tiempo. Ya le dije que fuera al templo directamente.
─Bien. Así nos dará tiempo a capturar los pokémon. Partiremos ahora. A ver, ¿quién va en mi grupo?
Los rangers que iban con él levantaron la mano, incluso Soel.
─Perfecto. Vamos a partir entonces. Iré contando los objetivos por el camino.
Julio volvió a sentarse encima de la avestruz y ordenó partir hacia los alrededores de las montañas. Pronto, después de media hora, partió el equipo B, guiados por Emily.
Mientras el otro equipo se dirigía hacia los bosques, los peones fue directamente a la cordillera, subiendo las gradas heladas y despejando el camino con los pocos compañeros de tipo fuego que tenían algunos. Hoy era el día en que la primavera al fin se asentaría en la región una vez más; sin embargo aquel amenazante algodón celestial impedía que aquella bonanza llegara al fin.
Finalmente, tras una larga subida, estaban frente a una enorme lápida pétrea cubierta por la nieve.
Construido por una pequeña civilización similar a la maya, esa ciudad perdida era construida para vivir cerca del gran pedestal que construyeron para honrar a aquel que le llamaban Quetzacoal. Miles de poesías eran escritas sobre aquella serpiente feroz que guardaba con recelo los cielos. Mas hoy era profanado por aquellos viles que solo ambicionaban el dinero.
Tal era que incluso los empujó a cerrar las puertas para que nadie más rogara su salvación. Y aquello era un problema.
Algunos intentaron abrir la puerta con sus fuerzas. Pero no cedía ni un milímetro.
─¡Demonios! ¡Está sellada!─ Exclamó Helio, con una creciente frustración.
─M-maldita sea... parece que han helado la puerta por detrás. Los pokémon que tenemos no son suficientes.─ Dijo Emily.
Helio dejó de empujar la puerta. No sabían qué hacer. Si ellos no podían entrar, tampoco podrían el otro grupo. Parecía que todo estaba perdido. O que tendrían que llamar a la fuerza aérea prematuramente. Sin embargo, hubo algo que los hizo cambiar de opinión.
Muchos se ponían en guardia al ver aquella mancha anaranjada que se dirigían hacia ellos. Incluso Spyrox y Emily, que se disponían a capturarlo en el acto. Pero Helio reconocería a aquel monstruo en cualquier parte. Incluso fuera de las reliquias.
Raudamente, el lagarto volador pasó por encima de sus cabezas. Tenía las fauces candentes, dispuesto a abrasar lo que estaba por debajo. Helio dio el aviso. Todos se apartaron para no recibir el calor que emanaba del dragón ígneo.
Charizard escupió sus abrasadoras llamas a la puerta, calentándola. El hielo cayó como agua al río, dejando que la puerta pétrea chirriara hasta brindarles un pequeño paso hacia la ciudadela ruinosa. Luego Charizard se postró ante Helio. Quería agradecerle por la atención que le brindó, dentro y fuera de la reliquia.
─¿De... de verdad nos has ayudado?
El dragón rugía en modo de afirmación. Además de abrirles la puerta, quería también saldar unas cuentas con el Equipo Go-Rock.
─Parece que nos quiere ayudar.─ Sonrió Emily. Luego se dirigió al grupo. ─¡Muy bien, camaradas! ¡Es hoy o nunca! ¡Tenemos que salvar Floresta, aunque los cueste la vida!
Todos gritaron a unisono, como una evocación a la guerra. Como una horda furiosa, los rangers entraron encendiendo capturadores y comandando a sus compañeros para ir debilitando a los secuaces de los reclutas. Por los aires tormentosos del Templo de Floresta, Charizard iba abrasando la dura piel que tenían los aerodactyl y archeops. Las ascuas del infierno caían como una lluvia que convertía la nieve en agua. Pequeños y medianos amigos empleaban todos los elementos que podían usar para franquear las barreras que suponían los golems y los armaldos. Los elefantes rodaban furiosamente contra los rangers, de los cuales algunos fueron directamente derribados y golpeados por su dura coraza. Las pequeñas aves evitaban fácilmente sus ataques. Desenrollar era un ataque unidireccional que era muy fácil de evitar si el pokémon no sabía cambiar el rumbo. Mas los rayos de los raichu y los vientos gélidos que creaban los glalie eran un mártir para ellos. Los grovyle blandían sus hojas como certeras espadas letales; igual que lo hacía Spyrox con las suyas. Plusle y Minun también prestaban su apoyo combinando sus cargas eléctricas y rociándolas por todo el lugar.
Los dos superiores de Floresta estaban por la delantera de la bandada de pokémon voladores, junto a Gionna. Sobrevolando la zona, cabalgaban en el aire como apacibles caballeros de los violentos vientos. La jinete del latias tenía fijado a sus objetivos. Sin embargo, se preocupó por el tipo de seres que guardaban los cielos de las ruinas.
─Mierda. Hay archeops, sigilyphs y aerodactyls por todos lados.
─No son problema. Las alas de Skarmory pueden rasgar su piel pétrea. He capturado así antes a esos pokémon.─ Dijo Elena.
─No los dañarás mucho por eso, ¿no?─ Preguntó la entrenadora. Era raro oír que un ranger dañara a los pokémon para facilitarles la captura.
─No es algo que importe ahora mismo.─ Contestó. ─Ahora, si por alguna razón caigo, no sé como nos podremos ocupar de ellos...
─Y nosotras tenemos que dirigirnos directamente hacia Akumagon. Presiento que el tipo ese va a disparar muy pronto. Y no me gusta.─ Dijo Latias.
─Así que no hay otra... tendremos que atacar con todo lo que tenemos.─ Se resignó con los únicos recursos que tenían. El tiempo no les permitía esperar a mejor momento.
─Es más pronto de lo previsto, pero con empeño seguro que lograremos abriros paso. ¿Verdad, Fearow?
La grulla graznó guerrera. Skarmory también estaba decidido.
─Estamos listos, entonces. ¡Pues nada, a la carga!─ Vociferó Gionna. Las aves y dragones se dispusieron a entretener a los centinelas del cielo, dando un respiro a los peones de tierra. Por lo menos su repertorio era de armas tomar. Las alas fuertes de los starraptor les permitía golpear duramente a los aerodactyl, aunque luego les dejara un poco débiles ante próximas ofensivas, igual que los braviary. No obstante, aquellas arcaicas criaturas portadora de runas resistían bastante bien los golpes, a la vez que podían frenar a los pokémon que se dirigían hacia ellos.
Afortunadamente estos no colaboraban entre ellos. Latias podía abrirse paso con el mero uso de sus alas y garras. Los pulsos dragones ahuyentaban a cualquier especie. Y junto a la velocidad de la dragona eón, podía ir fácilmente hacia la cúspide.
Alejandro las cubría. A diferencia del resto de rangers, Fearow solo podía dar prestos golpes a esos tanques aéreos.
Pronto, domadora y reptil pudieron ver una parcela prácticamente vacía por donde se podía apreciar la desolación que provocaba el dragón.
─¡Mira, Ginny-Lin! ¡Estamos por encima de los alrededores del templo! ¡Hemos logrado atravesar el campo de batalla sin un rasguño!
Sin embargo Gionna no estaba para alegrías. Había visto algo que le puso los pelos de punta. Un punto naranja y azulado alzó su azulado rostro hacia su dirección. La había presenciado. Su espera había terminado.
Maldita sea. Estaba paralizada del miedo. ¿Que quería ese monstruo? ¿Por qué le había enseñado esas imágenes antes?
─¿Ginny? ¿Te ocurre algo?
Ha llegado el momento. Baja y podremos decidir qué especie debe permanecer en este mundo.
Se rehusaba a tener esa voz en su cabeza. No quería que le hablara. ¿Qué era ese ser? ¿¡Por qué le hablaba!? Pronto Latias percibió las emisiones psíquicas de Deoxys.
─¿¡Pero será posible!? ¡¿Qué le hiciste a Ginny-Lin?!
─No es de tu incumbencia, guardiana de Pueblo Gélido. Esto es un asunto entre los humanos y yo.
─¿Cómo sabes mi identidad? Espera... no habrás indagado en sus recuerdos, ¿verdad?
Los aliados del pokémon genético lo aludieron. Pronto Alejandro pudo reunirse con las dos.
─¡Uf! ¡Ya estoy aquí! Espera... Gionna, ¿te ocurre algo? Estás pálida.
Gionna señaló a Deoxys en respuesta. Este pudo contemplar aquella figura.
─¿Otro pokémon? No pasa nada, me encargaré yo de-
Una bola de energía golpeó al fearow nada más percatarse de su presencia. El ave fue arrojada fuera del campo de batalla.
─Tú no interfieras.
Estaba consternada. No podía creer que hubiera sido capaz de hacer semejante cosa con sus compañeros. Y solo para que ella bajara...
Aún así, rehusaba de enfrentarse a él. Tenía a un dragón que sublevar. No quería verle la cara otra vez. No quería volver a oírle jamás.
Latias captó su mensaje aún sin decir nada. Ella iba directa a la cúspide del templo. Sin embargo, algo la frenó. De repente, ella se encontraba incapaz de moverse. Empezaba a sentirse arrastrada por una fuerza gravitatoria artificial. Estaban perdiendo altura. Akumagon se alejaba cada vez más. Gionna alentaba a Latias de que ella podía; pero ese magnetismo estaba siendo más difícil de soportar.
Finalmente cayeron al suelo. Se hacía difícil levantarse. La dragona eón era incapaz de hacer algún movimiento, pues necesitaba de su capacidad de levitar para alzarse. Era como si el aire empezara a ser un lastre para aquellos que les rodeaba aquel campo gravitatorio. A duras penas Gionna pudo ver a aquel ser de cerca una vez más.
─¿Pretendías huir de nuestro enfrentamiento, humana?
─¿Cuándo acordamos un enfrentamiento tú y yo, eh? ¿A qué demonios has venido?
─Información irrelevante. Prepárate.
─No. Me dejaste con unas imágenes desagradables en mi cabeza. ¿Qué intentaste decirme con esto?
Deoxys tomó un minuto de silencio para decidir se revelarle su verdadero propósito en este mundo.
─No es de tu incumbencia, Gionna Libranti.
─Ah, no, no, no, no. No empezaré a hacer ningún movimiento hasta que me respondas todas mis dudas. Y seguramente ya sabrás cuáles son, sabiendo que te puedes meter en la mente de todos los seres de aquí. Así que habla ahora o tendré que abandonar este campo.
Finalmente se lo pensó mejor. Tampoco quería luchar con todas las ventajas que suponían su inacción.
─Esas visiones que viste no son nada más que un efecto secundario de mi rápida indagación de tus recuerdos.
─Ya me decía a mí que hiciste algo con mi mente. ¿Para qué querías saber de mí?
─Todos los seres que he observado actúan por propósitos no vitales, incluso atentando contra los recursos y manipulando a otros seres. En cuanto vi que perseguías a aquellos que pensaban ser mis amos consideré la posibilidad de que no solo actuabas por instinto de supervivencia.
No sabía si sentirse halagada por aquellas frías palabras o seguir considerando a Deoxys como un peligro para el planeta.
─Entiendo... Pero algo me dice que tú no has venido solo por observar a los humanos. ¿Me equivoco? Si no, no estarías de su lado... ¿o tal vez te verías obligado?
─Perspicaz. Con razón te veían como una amenaza.
─¿Debo de tomar eso como que estabas de su lado desde un principio?─ Preguntó con el ceño fruncido.
─La reducción de la población es elemental para mis cometidos. Nosotros, Deoxys, estamos formados por tejidos víricos. Y para reproducirnos, necesitamos infectar células vivas. Los pokémon son inmunes a nuestra invasión; incluso los fortalecen. Además de no poder transmitir la enfermedad a humanos, ellos nos superan en número. Pero vosotros, humanos, sois vulnerables a mi tacto. Por tanto...
─Necesitas que Gordor cometa sus planes para poder invadir el planeta, ¿no? Por eso los estuviste ayudando. ¿Verdad?
No hubo respuesta. Aquello afirmó sus sospechas. Era otra amenaza para el mundo. Un invasor que pretendía enfermar al planeta para hacerlo suyo, como si la mácula del mundo no fuera suficiente. ¿O tal vez fuera un ángel destructor invocado por los malvados?
No. Había dejado suficientes desgracias al mundo como para que luego los sobrevivientes de la guerra fueran usados como matrices alienígenas. Acababa de darle un motivo para luchar. Los efectos de la gravedad estaban pasando. Latias se levantaba. Había escuchado toda su conversación. Ella también estaba dispuesta a quitar a aquella amenaza del planeta. La entrenadora sacó la pokéball de su bolsillo. Era evidente lo que tenía que emplear.
─¿No vas a usar el capturador, Gionna?─ Preguntó el extraterrestre.
─Ambos sabemos que eso sería inútil contra ti.
─Bien. Que así sea.
Deoxys estaba listo. Sus puntiagudas y nuevas formas lo sugerían. Latias también estaba preparada para darle todo.
─Yo lucharé contigo, Ginny. Estoy lista.
─No, Latias. Una de las dos debe de quedar para derrotar a Akumagon.
─Pero... sería una pésima guardiana si te dejara de lado... además, tampoco me dejaría ir a por él. ¡Le conviene que destroce a medio mundo!
Tenía razón. Tuvo que dejar que ella también fuera partícipe de esta encarnizada batalla. Y también tenía que acallar la otra voz que le demandaba el sacrificio.
Lanzó la pokéball al aire y llamó a su siervo. El felino apareció en un haz de luz, apacible, ocultando sus voraces deseos de luchar.
─Nos volvemos a ver, engendro. ¿Así que permanecisteis aquí para poder sublevarnos? ¡Oh, ingenuo, caerás en las garras de Lunetah antes de que podáis-!
Una de sus extremidades extensibles se dispuso a golpear a Kyumbreon, del cual a duras penas pudo esquivarlas. Se había percatado un poco tarde del ataque.
─No me habéis dejado terminar. Tampoco vais con demoras, ¿verdad?
─Silencio, ser inferior.
Otro tentáculo trató de azotarle con fuerza abrumadora. Afortunadamente para él, estaba más atento a sus movimientos, y le resultó más fácil de esquivar.
─¿Ser inferior? Me ofendéis; mas vuestras mofas no funcionarán en mí.
Ninguna palabra fue emitida. Se limitaba a lanzar todo lo que él podía. Lanzó una bola oscura hacia las nubes para luego hacerla explotar en una lluvia presta de sombras fantasmagóricas. Evadirlas era imposible; sin embargo no era nada que pudiera peligrar la vida de Kyumbreon. Sin embargo, la entrenadora no podía hacer nada salvo con el brazo. Esperaba a que una de las esferas le golpeara cual cañón. Sin embargo, Latias la cubrió con una barrera luminiscente que redujo los globos a ligeros perdigones, fáciles de detener con un poco de telequinesia. Pensaba que trataría a ellos como únicos contrincantes; pero meter a Gionna fue el detonante para que Latias empezara a actuar.
La dragona despegó por todo lo alto con su alta velocidad para luego lanzarse con sus granates ascuas, dispuesta a disparar su aturdidor aliento.
El fuego de los dracos dio de lleno al atacante; sin embargo, las gruesas tiras hicieron de nuevo su función. Lo habían protegido de daños y efectos secundarios. Procedió entonces a atacar con las garras. Sin embargo, la dura coraza que se había creado le hacían de él intocable.
─Es inútil.
Latigueó a Latias con sus pesados brazos, apartándola de su alcance. Kyumbreon también trató de quebrar sus impecables defensas con su Pulso Umbrío. Mas de nuevo se protegió de sus ofensivas con su barrera. Una vez más cambió de forma; esta vez para desaparecer de su vista y atacar con sus veloces golpes.
Estaban entre las cuerdas. Deoxys les tenía una ventaja endemoniada con su versatilidad. Necesitaban un movimiento de distracción. O al menos atacarle en cuanto menos se lo esperara.
Ya sabía. La entrenadora tenía una idea.
─¡Latias!
Con aquel llamado, ella ya sabía qué hacer. Se fundió con el paisaje para desaparecer de la vista del extraño. Kyumbreon seguía aguantando los golpes; incluso repeliendo. Mas su contrincante era incansable. Luego Deoxys cesó su ataque y se apartó del gato. Un viento galopante pasó por encima de las orejas del umbreon. Como si hubiera predicho el movimiento, evitó que Latias le atestara otra Garra Dragón.
─¿Te piensas que ocultándote de la luz podrías engañarme, ingenua?
Maldita sea. Aún podía disuadir sus presencias. Ni una cobertura de niebla lograrían despistar a ese inteligente monstruo. Preparaba otro de sus famosos Psicoataques, dispuesto a acabar con Latias de una vez por todas.
Craso error. Kyumbreon también se adelantó al golpe y se interpuso en la trayectoria de la bola. Ni siquiera el golpe le provocó alguna contusión en su cuerpo. En respuesta, el felino expulsó otra de sus ondas oscuras. El ser pronto se alejó de su origen; sin embargo, no logró salir de su radio de expansión. Una de sus piernas resultó dañada. No reducía su movilidad, pero era un avance.
Empezaba a gotear gotas de sangre púrpura en la punta de su extremidad izquierda. Mientras los iba sobrevolando, lanzó una salva de Bolas Sombra a sus enemigos capaces. Ambos evadían y esquivaban mientras intentaban acertar en la distancia.
Tal como él esperaba.
Mientras estaban distraídos tratando de atinar sus tiros, una pequeña gota de sus torrentes infectos cayó en la mejilla de la única humana en el campo de batalla. Gionna tomó una muestra de lo que pensaba que era una mera gota de agua. Su pulso se tambaleó al ver lo que acababa de tocarla.
No podía creer lo que veían sus ojos. Aquello que era líquido iba tomando la forma de un virulento tumor. Como las raíces de un árbol, la sangre empezaba a arraigarse a su piel, perforándola con microscópicos filamentos víricos en búsqueda del sistema nervioso. No tardó en sentir un leve mareo y caer de rodillas. La presión arterial estaba bajando a niveles alarmantes.
─¡Ginny!─ Fue su nombre lo único que pudo salir de Latias. Llena de preocupación, se dirigía a a socorrerla; mas ese extraño no iría a dejar que detenga la formidable marcha de sus virus.
Aquel engendro se puso frente a la dragona y volvió a su forma ataque para atestarle un golpe que la envió directa al suelo.
─Cometieron un error al herirme. Ahora vuestra protegida sufrirá las consecuencias. Treinta minutos y habré ganado.
Latias se sentía derrotada. Era imposible dañar a Deoxys. Podía protegerse y evadir con rapidez en cuanto le plazca. Ella podría poner solución a esa infección. Pero si solo tenían treinta minutos para poder acercarse a ella, sería imposible.
Por otra parte, Kyumbreon no se lo perdonaba.¿Cómo podría haberse permitido que esto ocurriera? Estaba iracundo. Con su sigilo, fue rápido a echar un vistazo a su entrenadora. Ella intentaba erguirse de nuevo, resistiéndose a morir. En lo poco que había pasado, ya tenía un dedo cubierto y la mejilla entera dirigiéndose al ojo. Esperaba a que pudiera darle órdenes. Pero su debilidad impedía la planificación de otra estrategia.
Fue entonces cuando tuvo una idea. Solo requería de su permiso para ejecutarlo.
─Resista, mi señora; aún no estamos vencidos. Aún podemos vencerle.
─M-maldito... y yo que le iba a dejar vivir...─ Habló para ella. No sabía como interpretar eso.
─¿Decís? ¿Anheláis verlo muerto, acaso?
─¿Tú qué crees? Nos está impidiendo salvar el mundo, ¿no? Y encima intenta... invadir mi cuerpo.─ Soltó unas risas flojas. ─En situaciones como esta, todo vale, y tú lo sabes. Así que adelante. ¡Ve, Kyu! ¡Mátalo, si te apetece!
Matar. Era lo único que su entrenadora nunca le pedía. Y sin embargo, a pocos minutos de vida que tenía, era lo único que deseaba; borrar de la existencia a ese invasor. Aunque implicara la renuncia de su ética, no le importaba en absoluto. Y él iría a cumplir esa voluntad.
Sería la jugada más sucia que habría hecho durante toda su vida. Sin oposición, el gato se alejó de su entrenadora y se dirigió a Deoxys para comunicarle sus palabras.
─Habéis jugado bien este juego. Lograsteis destrozar por completo el ser de mi señora. De veras os felicito.
─¿Kyu? ¿Pero qué demontre estás haciendo?─ Preguntó Latias atónita.
─¿Te rindes?
─Lamentablemente. Este mundo no tiene salvación.─ Dictaminó. ─¿Mas quién soy yo para vivir si me vais a dejar sin almas que segar? ¿Cuál sería mi propósito sin tener a alguien que servir?
La enferma esperaba que esto no fuera una declaración de traición. Por él esperaba que no lo fuera.
─Aún tendremos mucho trabajo en limpiar el mundo. Puedes unirte a mí a esta causa.
─¡No! Ella me salvó la vida, y por ello le debo la vida. Vos solo sois un extraño aparecido de la nada para arrebatar mi papel. No tengo ninguna causa por la que vivir. Es por ello que iré con Lunetah antes de contemplar mi desgracia. Pero quiero que Latias haga los honores. Si no os importa...
Inaudito. Era raro que el testarudo de Kyumbreon decidiera suicidarse. Ella no soportaba la idea de matar a uno de sus semejantes. No quería pensar en ello. Pero pronto cambió de opinión.
─Supongo que no tengo opción...
─¿Qué? ¿¡Latias!?
─¡Ginny, perdóname! Y tu también, Kyu. Te va a doler mucho...
─No habrá dolor más grande que persistir. Procede.
No quería ver. No quería aguantar otra pérdida; menos tratándose de uno de los mejores pokémon que tenía. Odiaría a Latias por ello.
Latias roció al cuerpo negro con sus feroces llamas. Escocían cual ácido. Mas debía aguantarlo para conseguir su propósito.
No tardó en parar el ataque. Para sorpresa de Gionna y Deoxys, este seguía sustentándose por sus cuatro patas, tembloroso. No había acabado con su vida. Solo estaba paralizado.
Deoxys no entendía. Él no podía leer la mente de los psíquicos y los siniestros. Algo habían tramado. ¿Pero qué?
No le importó. Fue a aplastarle con el peso de sus tentáculos. El felino esperaba bacilante a que lo golpeara. Nunca llegó a tocarle. Un espasmo lo detuvo en seco. Sus músculos no le respondían, igual que él.
─¿Qu-qué? ¿Qué me está ocurriendo? ¿Tú... acaso tú...?
─¡Vaya, vaya, vaya! ¿No os podéis mover? Esto debe de ser nuevo para vos, ¿me equivoco?
─¡¿Cómo?!
─¿Oh? Esperad. ¿Sois psíquico y no conocéis las virtudes de sincronía? ¿¡Pero de qué planeta venís vos!? Bueno, no importa. El caso es que habéis puesto a mi señora en graves condiciones, y no os lo voy a perdonar. ¡Es hora de que conozcáis a Lunetah y sus desgarradoras cuatro hachas!
Había hecho pagar a Deoxys con la misma moneda. Desesperado, el alienígena trató de huir del umbreon. Sin embargo, su cuerpo le traicionaba al mínimo movimiento, haciendo de él un blanco fácil. Trataba de cambiar de forma; pero el proceso iba demasiado lento.
Era el momento.
Kyumbreon, quien lidiaba mejor la parálisis que su contrincante, se abalanzó contra Deoxys con todas sus fuerzas. Con la oscuridad cubriendo su demoníaco ser, acercó su pata para tocar su corazón. El haz negro se expandió por el cuerpo de Deoxys, provocándole convulsiones. Finalmente, explosionó en un haz negro. Su cerebro se hizo trizas. Su cuerpo se desintegraba. Lo único que quedó de él fue el polvo morado que se dejó llevar por el viento.
Latias no le gustó aquella vista. Pero era irremediable. La cuestión era que ahora podía curar a Gionna.
Aún con la desaparición de su portador, las protuberancias seguían su curso. Casi tenía medio rostro cubierto y dos dedos. Ella no podía abrir el ojo. No pasaba nada. Aún tenía solución. Se cubrió con una luz rosada y tocó las zonas afectadas. Los quistes reaccionaron con el tacto, retractándose y reduciéndose a nada. Luego fue a aplicar el Alivio a Kyumbreon, para, después de quitarle la parálisis, atestarle un zarpazo en la cara.
─¡Ay! ¡Ingrata! ¿¡Cómo osáis atacarme con vuestras afiladas uñas!
─¡Idiota! ¡Sabes muy bien por qué te lo hago!
─¿Eso? Era un mal necesario. ¿Cómo podríamos haberla salvado a nuestra señora, si no?
─¡Me da igual! ¡Tuviste que decírmelo antes de decir que te suicidaras!
─Ugh... tendría unas palabras para ti, también...─ Habló al fin la entrenadora, levantándose del suelo. ─Pero ahora no es momento. Tenemos que subir ahí arriba.
─Pero... Gin... ¿acaso no...?
─Que me haya recuperado del susto o de la enfermedad no es importante ahora. Tenemos que-
Antes de que pudiera acabar con su mandato, el trueno rugió y dejó que las tormentas soltaran al fin su carga.
No eran necesarias más palabras. Tenían que darse prisa.
