— Oh Blaine, —Kurt suspira profundamente mientras se precipita hacia delante para tomarlo en sus brazos.— Lo siento mucho. —Sostiene a Blaine cerca y lo deja llorar en su hombro, hasta que se retira y se limpia los ojos, ofreciéndole a Kurt una sonrisa temblorosa al tiempo que sostiene sus manos.
— Voy a estar bien, —le dice.— Realmente se siente como una mierda ahora mismo, pero voy a estar bien.
— ¿Quieres hablar de ello? —pregunta Kurt.— Sé que hablar no es tu punto fuerte, pero podría ayudar un poco.
Blaine asiente y se deja guiar al sofá, acomodándose en el brazo que Kurt pone alrededor de sus hombros.— No fue tan malo, —solloza en voz baja.— De hecho, estuvo bastante bien. Quedaron impresionados por mis respuestas en la entrevista, y la lectura a primera vista fue fácil, ridículamente fácil. Ellos sólo dijeron que había candidatos más fuertes, y supongo que no hay mucho que pueda hacer al respecto.
— Realmente así es, —dice Kurt en voz baja.— Pero estoy muy triste de verte sufriendo.
— Tenía muchas ganas de que te sintieras orgulloso de mí, —susurra mientras un nuevo brote de lágrimas llena sus ojos.
— ¿Qué? ¿Estás loco? Estoy inmensamente orgulloso de ti, Blaine. ¿Por dónde empiezo? Dejaste todo atrás para tomar el riesgo en Chicago para que pudiéramos vivir juntos. Llenas el Café Bourgeois cada semana desde enero, tienes un público al que le encanta escucharte cantar. Enciendo la televisión y cuando los comerciales comienzan, es tu música la que escucho.
— Lo sé, pero...
— Pero tú quería eso, lo sé cariño, lo sé. Pero tú sabes, los comerciales de Kendalls son famosos. Todo el mundo puede cantarlos, y eso es gracias a ti.
— Todavía siento que me he malbaratado por ahí, —murmura.
— ¿Malbaratado? ¿Escribiendo unos treinta segundos de jingles por una gran cantidad de dinero en efectivo? No. Tomaste una decisión acertada, Blaine.
— ¿Qué he hecho para merecerte? —pregunta casi con reverencia mientras su mano roza la mejilla de Kurt.— Eres realmente maravilloso.
— Esto es lo que vamos a hacer, —dice Kurt decisivo.— Vas a llamar a Wes mientras preparo la cena y llamo a nuestros padres, hermanos y amigos increíblemente molestos. Una vez que hayamos hecho todas las llamadas, podremos estar solos para cenar en paz, después de lo cual podremos hablar más si así lo deseas, tomar un baño, jugar scrabble -sin ponerte de malas si pierdes- ver la TV, una película... lo que quieras. Mañana será un nuevo día, ¿okay?
— Okay, —Blaine sonríe entre lágrimas.
— ¿Qué quieres para cenar, entonces?
— ¿Hot dogs y papas fritas? —pregunta Blaine esperanzado.
— No es algo habitual en nosotros, pero está bien. De hecho, voy a hacerlo mejor que eso. Bajaré a ese lugar en la esquina y compraré ya preparados. Tal vez pase por un poco de helado, ¿quieres?
— Gracias. Eres el mejor.
— Cualquier cosa por ti, —dice sonriendo.— Y ¿Blaine? ¿Para que lo sepas? Puedes golpear mis tambores en cualquier momento.
Cierra la puerta detrás de él y camina por el pasillo, feliz de oír a Blaine riendo a su paso.
Un Blaine cansado y emocional mira el teléfono en su mano por unos momentos, antes de darse cuenta que es su mejor amigo y de hecho quiere hablar con él, necesita oír su voz tranquilizadora y consolándolo, por lo que marca y espera.
— ¡Hey! ¿Blaine? —dice Wes rápidamente en la línea.— Eres Blaine , ¿no? No me fijé en el identificador de llamadas.
— Sí, sí , soy yo, —suspira.
— Oye, ¿estás bien?
— Más o menos.
— ¿Qué quiere decir mas o menos? —pregunta Wes con preocupación.
— Mas o menos... no. No lo logré.
— Bueno, es una mierda. Obviamente ellos no saben distinguir un buen músico cuando lo ven.
— Dado su prestigio, creo que probablemente sí. Pero te agradezco, es muy amable de tu parte.
— Estás disgustado, ¿eh?
— Si. Estoy... estoy...
— No estás acostumbrado al fracaso, ¿no? No es que esto deba ser visto como eso, —se apresura a decir.— Esto es sólo... un revés. Uno sin importancia.
— No sé, Wes. Es que, estoy sintiendo más y más cada vez, como que no he llegado a mi máximo potencial en la vida. Me pasé todo ese tiempo haciéndome el tonto después de la universidad... entonces... con Luke y todo eso... como que desperdicié todos esos años en los que debería haber estado construyendo una carrera.
— Sin embargo, has construido una carrera, —Wes le dice con firmeza.— Eres un músico de sesión muy solicitado, y un compositor talentoso.
— Nadie quiere mis canciones, —dice en voz baja.— Ellos sólo quieren mis jingles pegajosos e irritantes.
— Blaine, —Wes suspira,— lo siento por ti, amigo. Me gustaría poder estar ahí para abrazarte. Pero supongo que los mimos de Kurt son probablemente un poco más atractivos que los míos, de todos modos.
— Todo apesta, Wes, —gime Blaine, y la forma en que ignora los intentos de buen humor de Wes lo dejan preocupado.
— ¿Blaine? No hagas esto. No puedo estar ahí para levantarte en esta ocasión, y no es justo para Kurt. La vida es dura a veces, nos da pura mierda y tenemos que lidiar con eso. No siempre podemos conseguir lo que queremos, no siempre podemos ser los mejores en todo.
— No soy el mejor en nada.
Resistiendo el chiste obvio sobre su vida sexual, la voz de Wes viene firme e inflexible a través de la línea.— Lo eres . No me vengas con eso. Siempre fuiste superior en todo, en la escuela, excepto en matemáticas. Te graduaste de la universidad con el promedio más alto en tu clase. Y sabes que eres el mejor en el campo de la publicidad. Prácticamente tocan a tu puerta desde que escribiste para Kendalls.
— ¡Como si fuera la gran cosa! —Blaine grita, empezando a perder la paciencia.— Nunca quise escribir jingles, Wes. Quería escribir canciones de éxito o tocar en una famosa orquesta.
— Y querías amar y ser amado también, —Wes le recuerda suavemente.— Yo diría que lo estás haciendo condenadamente bien en eso.
— Sin embargo no es así, —susurra, horrorizado consigo mismo.— Yo... Yo...
— Todavía lo amas, ¿verdad? —Wes interrumpe a Blaine justo cuando empieza a tartamudear.— Dime que todavía lo amas.
— ¡Dios, sí! Demonios, ¿de verdad crees que alguna vez podría dejar de amarlo?
— No, pero estoy un poco preocupado por ti ahora mismo, amigo, por favor dime lo que estás tratando de decir.
— No puedo mantenerlo, Wes, —dice con la voz quebrada por la emoción.
— ¿Qué?
— Económicamente.
— Explícame.
— Kurt dejó su trabajo. En parte por mi insistencia, o sugerencia, de todos modos. Él tiene que tomar clases extra de ballet y su horario es de locos. Tiene sentido para él no trabajar. Le dije que tomara clases particulares, me imaginé que obtendría más ayuda de forma particular... Wes, ¿sabías que las clases de ballet son increíblemente costosas?
— Sí Blaine.
— Oh. Yo no. Yo no lo sabía. Mira, la cosa está así... El salario en la orquesta iba a ser de cien mil dólares para empezar. Fui arrogante e ingenuo, Wes. Pensé que el trabajo era mío. Así que, ¿qué eran algunas clases de ballet privadas?
— Las clases de ballet son caras, seguro. ¿Pero cien mil dólares?
— Cancelé mis sesiones, —susurra avergonzado.— Sólo me he quedado con Kendalls. No tengo nada programado. Digo, puedo volver a tomar sesiones, pero los jingles son los que pagan mucho dinero... Y le dije a tres lotes de ejecutivos en las últimas dos semanas que no estaba interesado en tomar sus proyectos.
— Um... Okay, —dice Wes pensando a la carrera,— Entonces...
— Eso no es todo.
— Oh.
— Mi inquilino quiere irse.
— ¿De tu casa?
— Sí.
— Mierda. ¿Vas a estar bien?
— Vivimos casi... al día. Pero tengo que pagar la hipoteca y el alquiler en este lugar... ahorrar para la boda... y ya sabes, la ropa de Kurt...
— Entonces tienes que decirle. Él no es un niño, Blaine. Él es un hombre hecho y derecho. Él lo entenderá. Son una pareja, una unión.
— No puedo.
— ¡Blaine Anderson! ¡Que Dios me ayude! ¡Si no dejas de ser un completo cobarde, pondré a Santana en el primer vuelo de Nueva York y me montaré en mi coche y juntos iremos a patearte el trasero!
— No grites.
— ¡No me digas que no grite! —Wes grita finalmente perdiendo la calma.— Voy a gritar si me da la gana. Estás comprometido, por el amor de Dios, y sin embargo, todavía sientes este impulso de proteger a Kurt de la vida como si fuera... como si fuera una especie de niño, —termina tranquilamente.
— Sin embargo, quiero cuidar de él, —dice Blaine entre lágrimas.— Siento que debo hacerlo. Quiero darle lo mejor de todo en la vida porque se lo merece más que nadie que conozca.
— No, Blaine, —dice Wes con cansancio.— Se merece un prometido cariñoso, honesto, abierto en quien confiar. Un igual. Un compañero. Él ya tiene un papá, no necesita otro.
— No quiero que se sienta decepcionado de mí.
— Blaine, él de verdad va a sentirse decepcionado de ti si te guardas todo esto para ti mismo. Confía en mí. Sólo habla con él.
— Sí, —viene la respuesta tranquila.
— ¿Es eso un sí ? Prométeme que lo harás.
— Te prometo que lo haré.
— Buen chico, —ríe Wes.— Me tengo que ir. Te quiero, amigo.
— Yo también.
Pero Blaine no habla esa noche, ni la siguiente, ni incluso la siguiente después de esa. Kurt asume que todavía le está haciendo daño haber fracasado en la audición, y lo trata con guantes de seda, cuidándolo, dándole mimos y alivio interminable, y recordándole constantemente que piensa que es más que maravilloso. El fin de semana arrastra a Blaine desde el apartamento para caminar por el parque Lincoln, donde mantiene un monólogo interminable sobre cualquier cosa y todo lo que se pueda imaginar. Es una táctica desesperada para llenar el silencio incómodo, pero al final no puede aguantar más y lo arrastra a una banca cercana.
— ¿Qué pasa? —pregunta con un suspiro.
— Sabes lo que pasa.
— Blaine... Sé que no conseguir el trabajo apesta, pero ya han pasado días desde entonces. No estoy tratando de decirte que lo superes, pero...
— ¿Que lo supere?
— Bueno, sí. Digo, está bien sentirse molesto, pero este es nuestro fin de semana juntos. Será Lunes antes de darnos cuenta, y estaremos de vuelta a la rutina monótona.
— Tienes razón, —Blaine sonríe alegremente.— Como siempre. Lo siento. Te lo compensaré.
— No tienes que compensármelo, me siento feliz de hablar de ello, pero ¿podemos sonreír mientras lo estamos haciendo?
— No necesito hablar de ello. Necesito que nos divirtamos, —dice Blaine mientras lo pone de pie.— Dime lo que te gustaría hacer y lo haremos.
— Okay, —Kurt sonríe feliz dejando en el olvido el momento de tensión.— Um... ¡Oh! Ya sé. Quiero una chaqueta de primavera.
— ¿U... Una qué?
— Una chaqueta de primavera. Se está haciendo más cálido, pero todavía hay un poco de frío en el aire cuando camino a clase por la mañana. Así que...
— Tienes como... seis chaquetas que puedo traer a mi mente que encajarían en ese propósito.
— Lo sé, pero hay una en Macys que es adorable. Y se vería tan bien con esos pantalones verdes que compré en Brooks Brothers el otro día.
— ¿Compraste unos pantalones verdes? —pregunta Blaine, sintiendo una opresión en el corazón.
— ¡Oops! —ríe Kurt.— Olvidé que no te lo había mencionado. Sí, los compré, eran demasiado increíbles para dejarlos en la tienda.
Tres horas más tarde regresan, Kurt encantado con su nueva chaqueta, botas y un suéter y Blaine sintiéndosde más preocupado que nunca. Cuando se van a la cama esa noche Kurt intenta iniciar cosas, pero Blaine lo besa en la frente con suavidad y le dice que está cansado.
— Okay, —asiente con la cabeza comprensivamente.— Pero... ¿Estás bien? ¿Nada de... problemas?
— Sé lo que quieres decir, —responde Blaine secamente.— Y no. Todo está bien.
— Ha pasado un tiempo.
— Ha pasado una semana.
— Han pasado diecisiete días, Blaine, —dice Kurt, más que un poco herido.— No has estado junto a mí desde la noche que te llamaron para la audición.
— He estado cerca de ti, —resopla agitado.— Estoy cerca de ti ahora.
— Nos estamos abrazando.
— Lo que es también importante, —señala.— Te amo, Kurt. Estoy cansada, eso es todo. Te olvidas que no soy tan joven como tú.
— Tampoco estás casi recogiendo tu pensión, y Dios sabe que hemos tenido sexo cuatro veces al día antes de esto y no te habías quejado del cansancio. Todo lo que hicimos fue caminar alrededor de algunas tiendas.
— Kurt, realmente no quiero ir a dormirme en una discusión, —suspira Blaine. Apartándose de él, rueda sobre su estómago y juega con la almohada mientras habla.— Si realmente deseas tener relaciones sexuales, lo haremos.
— Genial, —murmura con sarcasmo mientras le da la espalda a Blaine.— ¿Cómo puede alguien resistirse a eso?
— Kurt, por favor. —Estirando la mano para tocarle el hombro, la voz de Blaine se quiebra mientras habla.— Quiero, es sólo que estoy cansado. He tenido muchas cosas en la cabeza y no he estado durmiendo bien. Déjame descansar y te prometo que te despertaré por la mañana, ¿okay?
Kurt se vuelve hacia él, las manos metidas debajo de su barbilla y los ojos brillando en la oscuridad.— ¿Al despertarme... quieres decir...?
— Quiero decir que te despertaré con mi propia manera especial.
— Okay, —susurra mientras sonríe suavemente.— Lo siento por quejarme. Sólo quiero sentir esa cercanía contigo de nuevo. Echo de menos eso.
— Lo sé, niño precioso, —murmura Blaine mientras sostiene a Kurt más cerca una vez más, y se traga la bilis que puede sentir formándose en su garganta.— Lo sé.
. . .
Dos semanas más tarde y Kurt comienza a preocuparse. Blaine no sólo está retraído y quisquilloso, duerme como un tronco y no parece tener energía para hacer nada. Habla con Burt, que con razón supone que algo está molestando a Blaine, pero no sabe lo que podría ser.
— Sólo tienes que preguntarle, —dice Burt.
— Lo he hecho, —dice Kurt exasperado.— Pero él sólo me dice que está molesto por lo de la audición. Pero eso no es normal, ¿no? ¿Estar tan molesto después de casi tres semanas?
— Sé que significaba mucho para él... pero no. No creo que sea eso. Suena como si fuera algo más. ¿Has hablado con Mike o Sara?
— No. Supongo que voy a tener que hacerlo. Le mandé un mensaje de texto a Santana, pero me dijo que no ha oído hablar de él en casi un mes, lo cual es muy extraño ya que ellos están siempre en constante comunicación.
— ¿Y Wes?
— Sí, es el próximo a quien pienso llamar. Blaine... no es el mismo. También está olvidando cosas. El otro día le pedí que recogiera unos libros que había encargado en Borders. Me dijo que no estaban todavía, luego, cuando le mostré el correo electrónico que me habían enviado, dijo que estaban ahí, pero que no podía recogerlos. Eran sólo tres libros, sin embargo, papá. Así que finalmente lo hizo, y luego se quejó y se quejó de que estuviera gastando cientos de dólares en libros, como si fuera una gran cosa. Él siempre, sin falta, transfiere dinero cada semana a nuestro fondo para la boda, pero tiene cerca de cuatro semanas que no ha transferido nada. No ha recogido la ropa de la tintorería... y la lista parece continuar.
— Bueno, creo que hablar con Wes ayudaría... aunque sea sólo como una caja de resonancia. Él conoce a Blaine mucho mejor que yo. Pero... No sé. Tal vez sería conveniente que lo lleves a ver a un médico...
— Okay, —Kurt suspira. —Voy a llamar a Wes mañana.
Resulta que no tiene que llamarlo, ya que Wes lo llama primero, justo después de haber terminado el trabajo y por suerte Kurt acaba de llegar a casa a un apartamento vacío.
— Hey Wes. Te iba a llamar.
— ¿En serio? Por la misma razón, supongo, —se aclara la garganta y continúa.— Uh... Kurt... esto es incómodo para mí... pero yo te amo.
— Cálmate —ríe Kurt.
— Muy gracioso. Escúchame. Te amo, y amo a Blaine. No quiero que te sientas como si te estuviera criticando o como si te estuviera diciendo que no estás viendo por él, o como si te estuviera juzgando de cualquier manera, porque no es así. —Exhala un pesado suspiro.— Blaine se está rompiendo a pedazos, y creo que está a un día de distancia de abrir una botella de whiskey.
— Lo sé, —suspira, desplomándose en el sofá y luego con horror se pone a llorar.
— ¿Kurt? ¿Amigo? ¿Estás bien? —La preocupación de Wes sólo parece añadir más lágrimas a Kurt mientras fluyen libremente, y se limpia la nariz con la manga.
— Lo siento, —susurra Kurt sintiéndose avergonzado.— Oh, Dios, lo siento mucho.
— No te preocupes por eso, —dice Wes estoicamente.— Um... ¿Blaine y tú están peleando?
— No, —sorbe entre lágrimas.— No estamos peleando en absoluto. Se está negando a hablar de lo que sea que le está molestando, se va a la cama antes de las diez de la noche, y parece haber olvidado que tengo un cuerpo bajo todas esas capas.
— Oh. Eso de nuevo.
— Sí, eso de nuevo. Despertarme con una mamada rápida no es para nada sustituto de hacer el amor, —estalla.— Lo siento, Wes. Sé que es demasiada información, pero...
— Está bien, —dice amablemente.— Entiendo.
— Wes, odio tener que preguntarte esto, pero... ¿sabes qué le pasa?
— Yo... sí, —suspira pesadamente.
— ¿Soy yo?
— ¡No! —La respuesta de Wes es inmediata y definitiva.— No, y no debes pensar eso en absoluto. No es por ti. Él te ama y te adora tanto o más que siempre. Él sólo que... Ugh. Esto es muy duro para mí. No quiero traicionar su confianza...
— Está bien, —dice un Kurt derrotado.— Entiendo.
— No... Siento que tengo que hacerlo. Porque de lo contrario esto va a ir de mal en peor, y nuestra principal preocupación es el bienestar de Blaine y su relación, ¿cierto?
— Cierto, —coincide Kurt,— Pero no quiero ponerte en una posición incómoda.
— No lo haces. Es muy fácil para mí, porque pase lo que pase, no pienso volver a ver a Blaine como antes. Casi sucede cuando te fuiste a Nueva York y apenas evitamos una completa crisis. No puede volver a pasar.
— Sea lo que sea, tengo que preguntarme por qué él siente que puede decirte a ti y no a mi, —Kurt se precipita.— Sin ánimo de ofender. Sé que eres su mejor amigo, pero...
— Pero tú eres su pareja. Lo sé. Y traté de convencerlo para que te dijera. Honestamente no creo que me lo hubiera dicho a mí tampoco cara a cara. Creo que lo hizo únicamente porque fue por teléfono. Y sólo he hablado con él una vez desde entonces. No es como si me llamara a toda hora para decirme todos sus pensamientos, porque él no está diciéndole nada a nadie, de hecho me gritó que lo dejara en paz la última vez que hablamos.
— No lo sabía.
— Kurt, la razón principal por la que no te ha dicho nada es porque él no quiere que lo veas como un fracasado. Siente que te decepcionó enormemente al fallar la audición, y no quiere añadir algo más a eso.
— Sin embargo, tú sabes que yo no pienso eso, ¿no?
— Lo sé. Pero a Blaine le cuesta creer que alguien lo puede amar de la manera en que tú lo haces, y estar orgullosos de él sin importar lo que pase.
— Entonces...
— Él está quebrado, Kurt. No sé exactamente lo que estaba pensando, pero pensó que era casi un hecho que conseguiría el trabajo en la Sinfónica -como todos lo hicimos supongo. Y dejó gran parte de su trabajo, o rechazó cosas nuevas pensando que no lo necesitaría. Él tiene este... esta... idea pasada de moda de que, al ser el más grande, necesita cuidar de ti, y llenarte de lujo y darte todo. Le he argumentado en contra de esto, pero...
— ¿Está en quiebra? ¿Está en la ruina?
— Realmente no lo sé, Kurt. Tendrías que preguntarle a él mismo, lo siento.
— Oh, claro que lo haré.
— No te enojes con él, —Wes entra en pánico, al oír la ira creciendo en la voz de Kurt.
— Creo que tengo todo el derecho, —estalla Kurt.— ¿Cree que soy un maldito niño? Le dije que no tenía que dejar de trabajar. Le dije que quería conseguir un trabajo de verano. ¿Por qué siente la necesidad de cuidarme? Se supone que debemos ser iguales.
— Lo sé, Kurt. Pero él es simplemente... el apuesto y caballeroso Blaine. Sus padres le inculcaron esos valores, supongo. Los amo muchísimo, pero son increíblemente anticuados en sus roles de casados. Sara nunca ha trabajado, ella se quedaba en casa para Mike y sus hijos, mientras que su marido salía y ganaba dinero para comprarle vestidos y mantenerlos en una casa grande y lujosa.
—Pura mierda.
— Bueno... —Wes no puede dejar de reír.— Funciona para ellos, supongo. Pero no para ustedes. Necesitas obligarlo a hablar, Kurt.
— Oh, lo haré, Wes. Lo haré.
Kurt se vuelve más lívido de rabia cuanto más tiempo pasa esperando a que regrese Blaine. Finalmente decide que esto no va a ser propicio para una buena conversación, así que empaca una pequeña bolsa de viaje y le envía un mensaje de texto.
He ido a dormir a la casa de Joe. Apagaré mi teléfono, pero volveré en la mañana y hablaremos. Ten por seguro que todavía te amo, Blaine. Es sólo que estoy muy enojado en este momento y preferiría hablar cuando me sienta mucho más tranquilo y racional. No hagas nada estúpido, por favor.
