El día es sofocante. Blaine camina por el parque, agradecido de encontrar una banca a la sombra donde se puede sentar y mirar a Kurt terminar las actividades del día con un gran grupo de niños que actualmente están ensayando lo que sospechosamente se parece a Vaselina. Es el final de la segunda semana de Kurt, y aunque él llega a casa casi todos los días quejándose de su ropa sucia, o de los niños de cinco años colgando de sus piernas, tiene que admitir que lo disfruta enormemente. Él siente una verdadera satisfacción cuando ve la confianza de una niña dispararse mientras canta en solitario por primera vez, o ver a un grupo de chicos decidiendo que en realidad disfrutan bailar.
En los días en los que trabaja desde casa, Blaine se asegura de encontrarse con Kurt cuando sale. Caminan de vuelta por el parque, a veces con Joe, comiendo un helado y hablando de sus días. Pero hoy Blaine siente una pesadez en su corazón. Viajará a Nashville a la mañana siguiente, donde pasará diez días grabando. Kurt le asegura constantemente que va a estar bien, que es un niño grande que puede cuidar de sí mismo. Blaine lo sabe, por supuesto, y aunque no está preocupado por el bienestar de Kurt, él sí se preocupa por cómo van a hacerle frente al hecho de no verse durante tanto tiempo. Se abanica con su sombrero, sonriendo cortésmente cuando una mujer se sienta en la banca junto a él.
— Me encanta llegar aquí temprano, observarlos, —le dice ella.— Mi hija es la del vestido amarillo, —le informa, señalando a una chica de alrededor de nueve años con un perfecto trenzado.
— ¿Lo está disfrutando? —pregunta Blaine, viendo como Kurt comienza a organizar a los niños en filas.
— Oh, le encanta, —la mujer asiente con la cabeza.— Y todo el personal es muy agradable. Especialmente él, —hace una seña hacia Kurt mientras habla.— Creo que Jasmine está esperando que el matrimonio pueda estar en su futuro.
— Es mío, —asiente Blaine, sorprendido por su repentina vehemencia.— Uh... lo siento. Quiero decir que... él es mi prometido.
— ¿De verdad? Oh wow. —La mujer lo mira, luego mira de vuelta a Kurt antes de regresar a Blaine con una sonrisa.— Perdóname. Pensé que estabas esperando a tu hijo.
— No, —Blaine le devuelve la sonrisa.— Te puedo asegurar que es perfectamente legal.
La mujer se ríe a carcajadas ante esto, dándole palmaditas en la rodilla.— Bien, bien. Sí, —dice mientras los mira de nuevo.— Lo puedo ver. Hacen una linda pareja. Soy Sandra, por cierto.
— Blaine, —dice con gusto.— Y gracias.
Otra madre se desliza en el banco al otro lado de Blaine en ese momento, sonriendo a manera de disculpa.— Lo siento, es el único lugar con sombra.
— No se preocupe, —Blaine le dice amablemente. Se sientan en silencio durante un rato, viendo cómo los niños van a través de su coreografía, y Blaine se ríe cuando oye a Kurt diciéndoles que no pierdan de vista a los otros.
— ¿Cuál es el tuyo? —pregunta la mujer.
— El alto en shorts color caqui, —Blaine señala en la vaga dirección de Kurt mientras Sandra resopla.
— Oh. —La madre se ve confundida cuando trata de buscar a qué niño se refiere.— Oh, ¿te refieres al asesor?
— Sí.
— Oh. No pensé que fueras lo bastante mayor como para ser su padre, —dice sonriendo.— Te ves bien. Soy Debbie, por cierto. Mi hijo, Jayden, es el de la izquierda, el de la playera color gris.
Blaine asiente, por alguna razón no siente la necesidad de corregir su error, cosa que lamenta cuando ella se desliza un poco más cerca.
— Soy una madre soltera, —comenta ella cuando Blaine se da cuenta con horror que está coqueteando con él.— Es duro, ¿no?
— Uh... No sabría decirle, —dice secamente, frotándose la mandíbula con la mano izquierda y con la esperanza de que note el anillo.
— No, por supuesto que no, —ella continúa inconscientemente.— Supongo que es diferente a ser un padre soltero. Aún así es difícil.
— No, no... yo no...
— ¡Oiga, señor! —Son interrumpidos por Kurt que corre hacia ellos, agachándose bajo las hojas del árbol antes de ponerse delante de él, ligeramente sin aliento.— Deja de coquetear y ven a ayudarme aquí, —dice sonriendo alegremente mientras lo pone de pie.— You Are The One That I want (Tú Eres El Que Yo Quiero).
— ¿Qué? No, Kurt. Por favor. Simplemente no.
— Vamos. Quiero que todos te conozcan. Y podemos darles un ejemplo de cómo debe ser la química en un escenario. No me obligues a hacerlo con Joe. —Blaine sigue mascullando su protesta, pero aún así se deja arrastrar por el parque hacia el grupo de niños que esperan.
— Lindo, —le dice Sandra a Debbie.
— Totalmente adorable, —Debbie está de acuerdo.— Qué linda relación Padre e Hijo. ¡Y qué lindo que su hijo se diera cuenta que estaba coqueteando conmigo!
— Querida, no es su hijo, —Sandra ríe.— Es su prometido.
Debbie se pone roja, aclarándose la garganta.— Um... creo que debes estar en un error. Él es mucho mayor.
— Así es, sí. Pero están comprometidos. Él mismo me lo estaba diciendo. Lleva un anillo. Además, el chico trae un diamante del tamaño de El Diamante Hope (1) en su mano.
— Eso es repugnante, —Debbie dice con enojo.— Él es sólo un niño. ¿Qué clase de padres tiene, que dejan que se aprovechen de su hijo de esa manera?
— ¿Perdón? —Sandra dice con incredulidad.— Debe tener por lo menos dieciocho años, todos los asesores están en la universidad. ¿Y de todos modos a ti qué te importa? Te parecía un hombre agradable, tú parecías estar totalmente fascinada con él hasta que te enteraste de que ya está ocupado, y que no batea para tu equipo. ¡Por Dios! La ignorancia de algunas personas nunca deja de desconcertarme. Discúlpeme, voy a escucharlos cantar.
Ella se aleja furiosa hasta llegar a la parte trasera del grupo desde donde puede ver a Kurt y a Blaine, quien luce como si estuviera esperando a que la tierra se lo tragara por completo.
— ¡Okay chicos! —los llama Kurt.— Quiero que conozcan a alguien. Él es Blaine. Todo el mundo saluden a Blaine.
Cuarenta niños dicen a coro— ¡Hola, Blaine! —mientras él los saluda con un movimiento de su mano y les ofrece una débil sonrisa.
— ¿Es el papá de Jacob? —pregunta una niña mientras que un niño sentado junto a ella, con una mata de rizos oscuros sacude la cabeza.
— No cariño, no lo es. Blaine es... um... bueno, Blaine es el hombre con el que me voy a casar, —Kurt les dice a todos ellos con orgullo.— ¿Ven este anillo brillante? Bueno, esto le dice a todo el mundo, —dice, con una sonrisa tímida hacia Blaine,— que me voy a casar con él algún día.
— Él es muy viejo, —dice otro niño.
— Lo es, sí, —Kurt dice mientras arruga la nariz.— Pero ¿sabes qué? Él puede cantar muy bien, y también toca música. Algunas veces, después de la cena, nos sentamos y Blaine toca el piano mientras cantamos juntos.
— ¿Qué es esto? ¿Los aspirantes a los Waltons? —Debbie murmura con rabia mientras llega al lado de Sandra.
— ¿Cantan canciones de amor? —pregunta un niño.
— Sí, y canciones tristes, y canciones tontas, todo tipo de canciones. Es por eso que lo he traído hasta aquí, para que podamos cantarles una canción de Vaselina, y luego irán a casa, ¿de acuerdo?
Todos los niños comienzan a asentir, aplaudiendo y hablando con entusiasmo cuando Kurt se vuelve a ofrecerle a Blaine su micrófono.— Anda.
— No sé, Kurt, son tan... pequeños.
— Les encantará, por favor.
— Cualquier cosa por ti, —murmura, haciendo una seña con la cabeza a Joe para que empiece a tocar el teclado.
Blaine pronto tiene a todos los pequeños riendo mientras canta, girando alrededor de Kurt y coqueteando tentadoramente con él, mientras Kurt interpreta a Sandy a la perfección. Cuando terminan, los niños y los asesores por igual están de pie, gritando y pidiendo más. Kurt levanta las manos y dice por encima del ruido que promete hacer que Blaine cante de nuevo para ellos en algún momento, pero ahora hay un montón de padres acalorados y sudorosos que esperan para llevar a sus hijos a casa. Él encuentra a Blaine entre la multitud, tocando sus dedos ligeramente con una suave sonrisa.
— Gracias.
— De hecho, me gustó mucho, —dice, riéndose mientras obtiene un abrazo inesperado de un niño que pasa.— Ellos parecen apreciar un espectáculo.
— Ellos aprecian a los adultos que no tienen miedo de hacer el ridículo, —lo corrige Kurt.— No es que hayas parecido tonto... oh, ya sabes lo que quiero decir.
— Uh... ¿Kurt? —Se vuelve a ver a uno de los líderes del campamento que lo está llamando.— ¿Puedo hablar contigo?
— ¡Claro! Vuelvo enseguida.
Blaine espera bajo un gran árbol a que vuelva Kurt, pero cuando lo hace, sus ojos están abatidos y está arrastrando los pies.
— Hey, ¿estás bien?
— Una mamá se quejó de mí, —dice en voz baja.
— ¿Qué? ¿Por qué?
Kurt se encoge de hombros con desaliento.— No sé realmente, sólo me dijeron que no era apropiado que te hiciera participar y que les dijera a todos que estábamos comprometidos. Ella dijo que era confuso para los niños porque... bueno, porque tú y yo somos hombres y también por tu edad.
— Pura mierda, —Blaine dice con enojo. —Esto es Chicago , no el Sur Profundo (2) de los años cincuenta. Por Dios. ¿Qué dijo tu supervisor? ¿Estás en problemas?
— No, —y Kurt se permite esbozar una pequeña sonrisa.— Ella dijo que la ignorara, simplemente pensó que debía decirme en caso de que la mamá tratara de hablar directamente conmigo del tema. Pero aparte de eso, le dijo a la madre que este campamento cuenta con niños de todos los orígenes étnicos, religiones y de diversos tipos de familias -incluyendo parejas del mismo sexo. Ella dijo que pensaba que había sido lindo que te llevara al escenario, y me dijo que los niños lo disfrutaron muchísimo.
— Entonces eso es bueno, ¿no? —Blaine dice mientras le da un codazo en el hombro.— Trata de no preocuparte por ello, mi niño precioso. Es sólo una persona de mente cerrada. Has sido más que profesional.
— Supongo. Sin embargo, todavía me siento triste. Quiero decir... me sentía tan seguro aquí, tan aceptado en comparación con Lima.
— Lo eres. Lo somos. Es una ciudad muy acogedora, Kurt, pero hay idiotas por todas partes.
— Yo... —se detiene y mira a su alrededor, bajando la voz para que los niños que pasen no los escuchen.— Estoy cabreado. Es nuestra última noche juntos durante diez días, y estaba muy emocionado, ahora me siento desinflado.
— ¿Disculpen? —La pareja se separa ligeramente para ver a un papá acercándose a ellos, con un bebé en su cadera y una pequeña niña sosteniendo su mano.— Perdón por la interrupción. Scarlett sólo quería darles las gracias por la canción. Ella realmente lo disfrutó. Al parecer, ella quiere ver a su mamá y a mi intentando esa canción en casa.
— Oh, —Kurt sonríe con sorpresa y mira a la niña.— Bueno, gracias, Scarlett. Me alegra que lo hayas disfrutado.
— Todos lo hicimos, —el hombre sonríe.— Incluso éste estuvo dando saltitos durante toda la canción, —dice mientras Blaine toma suavemente la mano del bebé.— Buen trabajo.
— Estoy de acuerdo, —otra voz interviene, y Blaine se vuelve para encontrar a Sandra sonriéndoles.— ¿Ves, Lauren? Te dije que eran una linda pareja.
— Los gays siempre lo son, —su amiga suspira.— Pero ustedes dos se ven tan bien juntos, y sus voces cantando juntas son simplemente maravillosas. Kurt, ¿puedo ver tu anillo? Sigo viendo que destella cada que mueves la mano.
— Claro, —sonríe mientras estira su mano.
— ¡Oh Dios mío! ¡Mary Ann! —ella dice mientras otro padre se une a la creciente multitud,— Mary Ann, mira este anillo.
— Bueno, es simplemente divino, —canturrea ella.— Kurt, eres un hombre con suerte. Usted también, señor. —dice mirando a Blaine.— Cuídelo. Mi Jamie no habla de otra cosa que no sea de Kurt y de Joe en casa. Ellos realmente han hecho de su verano algo muy especial.
— Bueno, él realmente ha hecho de mi vida algo muy especial así que... sí, —Blaine termina tímidamente mientras las mujeres a su alrededor emiten un coro de "Ahh's"
— Um, si nos disculpan, —Kurt dice educadamente.— Blaine se va de viaje de negocios mañana, así que vamos a pasar algún tiempo juntos...
Dicen adiós, ganándose otra ronda de abrazos de los niños y padres por igual, antes de cruzar el parque.
— Idiotas por todas partes, —dice Blaine una vez que están fuera del alcance del oído.— Pero también algunas personas bastante increíbles.
— Me sentí como una celebridad, —dice Kurt, burbujeante y feliz, riendo una vez más mientras toma la mano de Blaine en la suya.
— Te encantó, ¿no es así?
— Sí, así es, —sonríe.— Es que, cada vez que alguien dice '¿puedo ver tu anillo de compromiso?' Yo digo 'Oh , ¿esta cosa?' por dentro me estoy agitando como una jirafa moribunda.
— ¡Qué hermosa analogía! —bromea Blaine, deteniéndose para poder mirar a Kurt a los ojos.— ¿Estamos lo suficientemente lejos como para un beso?
Kurt sonríe dulcemente, depositando un largo y lento beso en sus labios.— No me avergüenzo de ti, ¿sabes?
— Lo sé, —dice Blaine honestamente.— Entiendo.
— Es todo lo contrario. Me siento ridículamente orgulloso de que me vean contigo.
— También lo sé, —sonríe Blaine, mirando al suelo mientras habla en voz baja.— Sé que al principio estaba reacio, pero cuando me llevaste al escenario y le dijiste a todos ahí que yo soy el hombre con el que te vas a casar... Todo en mí se encendió.
— ¿Quieres que vayamos a casa y que nos besuqueemos como dos adolescentes calientes?
— Bueno, uno de nosotros todavía puede caber perfectamente en esa descripción, así que ¿por qué no?
. . .
— Joder, —Blaine se desenreda de Kurt y se acomoda sobre su espalda, jadeando.— Soy completamente incapaz de mantener cualquier sesión de besos contigo de manera casta. Eres tan malditamente talentoso con esa lengua.
— No sabía que teníamos que hacer las cosas de manera casta, —dice Kurt, apoyándose en un codo para mirarlo. Arrastra sus dedos a lo largo de la franja de piel expuesta, donde la playera de Blaine se ha subido.— Creo que los dos somos adultos.
— Lo sé, —dice Blaine, haciendo una pausa para dejar escapar un suave gemido cuando los dedos de Kurt se mueven para trazar el contorno de su miembro ya firmemente endurecido.— Pero quiero que nos enfriemos un momento. —Necesita una gran fuerza de voluntad y determinación para apartar la mano de Kurt, pero lo hace, entrelazando sus dedos en su lugar.— De lo contrario voy a terminar clavándote y cogiéndote hasta dejarte sin sentido.
— Bueno, ¿no es genial? —Kurt dice secamente.— Siempre tan romántico.
— Sin embargo, de eso se trata. Quiero que esta noche sea sobre el romance más que la lujuria.
— Okay. Lo entiendo, —dice Kurt con un beso en la mejilla.— Voy a tomar una ducha, estoy todo pegajoso.
— Voy a empezar la cena.
— Ugh. Demasiado calor para cocinar, —dice Kurt mientras se dirige al baño.
— No tenemos que cocinar. Tenemos pan y queso. Creo que hay un poco de jamón serrano también.
— ¿Y aceitunas?
— Siempre tenemos aceitunas.
— Me parece muy bien.
. . .
— No traes camisa, —comenta Blaine cuando Kurt entra a la cocina veinte minutos más tarde, sólo en un par de shorts de color gris a la medida.
— Lo sé. Qué atrevimiento de mi parte. —Él se acerca al mostrador donde está Blaine preparando una ensalada. Deslizando los brazos alrededor de su cintura por detrás, deposita un suave beso en la parte posterior de su cuello, tirando ligeramente del borde de su camisa tipo polo.— Quítate la tuya.
— No puedo, —dice Blaine.— Porque entonces presionarás tu pecho desnudo contra mi espalda, haciendo que deje salir una especie de maullido embarazoso, y luego me rebanaré el dedo en lugar de estos tomates.
— Sin embargo te sientes tan bien, —Kurt intenta, pasando la mano por debajo de la camisa y sobre el estómago de Blaine, hacia su pecho.
El cuchillo aterriza en la tabla para picar con un estrépito cuando Blaine se agarra con fuerza al mostrador, apoyando su cabeza sobre el hombro de Kurt mientras su aliento acaricia el cuello de Kurt.— Oh, Dios, —gime en voz baja.— Kurt... tú...
— ¿Hmm? —Kurt pasa la lengua por la piel salada detrás de la oreja de Blaine.
— Comer. Deberíamos... deberíamos comer.
— Bésame. —exige Kurt acaloradamente mientras sus dedos hacen girar la barbilla de Blaine de nuevo hacia él.
Volteando la cabeza, Blaine se rinde, gimiendo en voz alta mientras se besan, enrollando sus lenguas. Kurt mantiene una mano firme en la cintura de Blaine, la otra hacia arriba y debajo de su polo, acariciando firmemente sobre su pecho, hacia arriba hasta ahuecar su garganta ligeramente. Blaine puede sentir el contorno del duro miembro de Kurt empujando entre sus nalgas, mientras su propia erección se frota contra el borde del mostrador hasta que la mano de Kurt deja su garganta para acariciarlo justo ahí, apretando ligeramente.
— ¡Joder! —jadea Blaine, rompiendo el beso para echar la cabeza hacia atrás sobre el hombro de Kurt una vez más.— Joder, Kurt...
— Tenemos que comer, —le dice Kurt, y de repente se ha ido, paseando por la habitación hasta el refrigerador, asegurándose de inclinarse lo más que puede para sacar el queso.
— Uhhhhh, —gime Blaine, mientras deja caer la cabeza sobre sus brazos cruzados derrotado.— Eso fue...
— Caliente, —viene la repentina voz en su oído, haciéndolo saltar.— Pero tienes razón, podemos tomarnos nuestro tiempo.
— Creo que no quiero, —viene la voz ahogada, mientras continúa inclinado sobre el mostrador.
— Si, claro que quieres. Anda. Vamos a comer.
— Ve afuera, —dice Blaine con un movimiento de su mano,— está más fresco ahora. ¿Quieres vino?
— Claro, ¿por qué no?
Ellos van y vienen de aquí para allá, poniendo comida y bebida en la mesa de la terraza, luego se instalan juntos en la esquina del sofá de ratán que recientemente compraron.
— Veo que también perdiste tu camisa, —comenta Kurt cuando Blaine cae a su lado.— Lindo.
— Mira pero no toques, —bromea Blaine.— Tenemos que comer y beber.
— Por nosotros, —Kurt ofrece un brindis con su copa mientras sonríe.— Porque no nos echemos mucho de menos.
— Sin embargo me echarás de menos un poco, ¿no?
— Más que un poco, —lo corrige Kurt.— Pero no quiero echarte mucho de menos como para que acabemos sintiéndonos miserables.
— ¿Va a estar bien? —Blaine pregunta con preocupación.
— Por supuesto, —dice alegremente.— La familia de Joe estará de visita este fin de semana, y cenaré con ellos el sábado, y papá vendrá por un par de días también.
— Padre e hijo pasando tiempo juntos, —sonríe Blaine.
— Si. Ya sabes, solíamos ser siempre sólo nosotros. Era casi insoportable a veces -especialmente durante la secundaria cuando yo realmente no tenía amigos. Siempre éramos sólo papá y yo. Y ahora tenemos esta gran familia... lo cual es genial, no me malinterpretes, pero no quiero perder nunca esa cercanía con él.
— Sé a lo que te refieres. Y estoy de acuerdo. No tienes por qué perderla. Es como Wes y yo. Cuando vamos a casa ahora, hay un mundo de gente pidiendo a gritos vernos a ti y a mi, lo cual es genial, pero echo de menos aquellos tiempos en los que éramos sólo él y yo discutiendo sobre quién comió más pizza.
— Deberías ver si quiere visitarte en Nashville este fin de semana, —sugiere Kurt.
— Quizás. Si puede apartar los ojos de Kathy durante el tiempo suficiente.
— ¿Qué está pasando ahí? ¿Ya están saliendo?
— ¡Ha! No. Le tomará a Wes aproximadamente seis años reunir el valor suficiente para invitarla a salir.
— Dios. Está realmente fascinado, ¿eh?
— Creo que está perdidamente enamorado, —medita Blaine mientras toma un sorbo de vino.— Y por lo que me dice, yo diría que a ella también le gusta demasiado. Pero Wes tiene incluso menos confianza en sí mismo que yo en mí.
— ¿Alguna vez ha tenido una novia?
— Una. En la universidad. Se llamaba María, era una linda italiana que vino de intercambio y estuvieron juntos durante casi un año. Pero luego volvió a Italia y eso fue todo.
— Eso es triste.
— Sí, estuvo muy triste por un tiempo. Pero entonces sucedió este desastre, —dice, señalándose a sí mismo,— y estuvo demasiado preocupado como para poder tener una vida amorosa.
— Yo no creo que él lo vea de esa manera, —dice Kurt mientras pasa una mano tranquilizadora sobre su pierna.— Pero Wes es un buen tipo. Él se merece a alguien.
— Definitivamente, —coincide Blaine.— Mi mayor deseo es verlo casado con alguien que lo valore y lo ame como se merece.
— Entonces... ¿puede ser que tengamos que intervenir aquí?
— Puede ser, —sonríe Blaine.
— ¿Cuando regreses?
— Cuando regrese... Ugh, Kurt , ¿por qué tengo que irme?
— ¿Porque Kenny Rogers necesita a alguien que toque la guitarra por él?
— Lo sé, —Blaine se queja mientras se desploma hacia atrás contra los cojines.— Pero no nos veremos durante diez días.
— Y será horrible, pero ¿sabes una cosa? Hubo un tiempo -no hace mucho- en el que sólo salíamos. Nada más. Y en el que de vez en cuando se nos permitía quedarnos a dormir en casa del otro, pero eso era todo. Y solías viajar mucho... Podemos hacer esto. Es bueno tener un poco de tiempo a solas de vez en cuando. —Toma la copa de Blaine y la coloca sobre la mesa antes de tomarlo a él en sus brazos, besando su cabello.— Sólo recuerda traerme un regalo.
— Lo haré. —Blaine hace una pausa para mirarlo, con una mano acunando su mandíbula.— Eres tan hermoso.
Kurt se inclina hasta frotar sus narices antes de agachar la cabeza y besar sus labios tentadoramente lento, apartándose cuando Blaine lo sigue en busca de más.— ¡Hey! —protesta Blaine, agarrando a Kurt por la cintura y tirando de él hasta su regazo.— Necesito más que eso. —Se besan profundamente, despacio y con suaves manos enmarcando el rostro del otro antes de que Kurt se separe una vez más para descansar su frente contra la de Blaine.
— Te amo, —dice Kurt mientras se voltea hasta apoyar su espalda contra el pecho de Blaine para ver las luces de Chicago y el lago Michigan más allá.— Me encanta vivir aquí contigo.
— Es completamente perfecto, —coincide Blaine mientras besa su hombro.— La vista es espectacular.
— Realmente lo es. El atardecer es mi parte favorita, —dice Kurt, suspirando felizmente mientras Blaine masajea sus hombros.— Cuando todas las luces se encienden y todavía se puede ver la puesta de sol.
— Yo estaba hablando de ti.
— Oh. —Blaine puede decir que Kurt sonríe por la forma en que se mueven sus orejas, y no puede resistirse a pasar sus dientes suavemente sobre su espalda.— Mmm, se siente bien, —dice Kurt en voz baja.
— Sabes bien, —murmura Blaine mientras besa su espalda. Sus dedos juegan a lo largo de la cintura de sus shorts.— Oh Dios, te deseo demasiado.
— Blaine, —La voz de Kurt viene como un gemido roto cuando la mano de Blaine se desliza por la parte de atrás de sus shorts, haciendo claras sus intenciones.
Desabrochando hábilmente la bragueta, Blaine introduce su mano, riéndose entre dientes en el cuello de Kurt cuando se da cuenta que no lleva ropa interior. Tomando su miembro en la mano, acaricia a Kurt lentamente, gimiendo feliz cuando lo siente endurecerse de necesidad. Kurt se hace para atrás, buscando con una mano la parte posterior del cuello de Blaine y atrayéndolo más. Continuando con sus atenciones, Blaine mueve su boca al cuello de Kurt, dejando un oscuro chupetón justo debajo de la clavícula, donde sabe que nadie mas que Kurt lo verá.
— Alguien podría vernos... Uno de los vecinos, —susurra Kurt cuando las manos de Blaine empiezan a bajarle los shorts.
— Puede ser, —Blaine está de acuerdo.— ¿Quieres parar?
— No.
Blaine no puede dejar de reír en voz baja cuando Kurt saca una botella de lubricante de debajo del cojín, y él mismo se quita los shorts. Lo más discretamente que puede con un hombre desnudo sentado de lado en su regazo, Blaine se embarra los dedos y pasa la yema de su pulgar sobre la entrada de Kurt, que entierra su rostro en el cuello de Blaine para tratar de sofocar sus gemidos de placer. Sus dedos se clavan con fuerza en la espalda de Blaine cuando añade un segundo, su otra mano moviéndose entre ellos para agarrar el miembro de Blaine, pasando el pulgar sobre la cabeza antes de llevárselo a la boca para saborear el líquido pre seminal. A continuación se da vuelta en su regazo, así que ahora está entre los muslos de Blaine, ambos mirando por encima de la línea del horizonte. Los paneles de vidrio esmerilado en la parte delantera del balcón significan que si alguien fuera a buscar algo a la segunda planta, sólo verían un contorno borroso, pero aún así es bastante emocionante cuando Blaine se aferra fuertemente a la cintura de Kurt y se empuja dentro de él.
— Oh Dios, —gime Kurt.— Eso es tan bueno.
— Móntame, Kurt, —susurra Blaine con voz caliente y pesada en el oído de Kurt.— Déjame ver cómo me tomas una y otra vez.
Asintiendo, Kurt apoya las manos en las rodillas de Blaine y lo cabalga poco a poco, meciéndose hacia abajo sobre su miembro mientras lo llena repetidamente. Blaine besa la espalda de Kurt y luego descansa la cara contra él, abrazándolo fuerte, manteniéndolo cerca. Una mano se desplaza hacia abajo para aferrar el pene de Kurt, acariciándolo al mismo ritmo lento de Kurt, torciendo ligeramente alrededor de la cabeza.
— Blaine. —Kurt gime fuertemente, echando la cabeza hacia atrás, con los ojos apretados de placer.— Detente un minuto, —dice mientras aquieta la mano de Blaine.— No estoy listo para terminar. Necesito más de ti.
Se gira lo más que pueda, introduciendo su lengua en la boca de Blaine en un beso húmedo mientras siguen moviéndose juntos lentamente, sin prisas cuando Blaine engancha la barbilla sobre el hombro de Kurt.— Te amo, mi amor. ¡Te amo tanto!
— Sí, —Kurt jadea en voz baja mientras se inclina ligeramente hacia adelante, profundizando el ángulo de Blaine para que su pene pueda rozar sobre su próstata.— ¡Dios! Quiero quedarme así para siempre.
— Te ves tan bien, tomando mi miembro, —gime Blaine.— Oh Kurt, has sido... hecho para mí.
El tiempo pasa, diez minutos, tal vez quince del lento balanceo, con Kurt echando su cuerpo hacia atrás de nuevo para besar los labios de Blaine de vez en cuando, y Blaine presionando su cara contra la espalda de Kurt en el medio. Esta vez, cuando Blaine comienza a trabajar el miembro de Kurt, él no lo detiene, alcanzando la parte posterior de su cuello una vez más, mientras se viene en silencio, aferrándose firmemente a Blaine, que lo sigue inmediatamente. Poco a poco bajan el ritmo y Blaine se sale de él con cuidado, apoyándose de nuevo en la esquina del sofá y atrayendo a Kurt a sus brazos.
— Me robas el aliento, —dice él, sonriendo de forma deslumbrante en la oscuridad mientras mira hacia abajo, donde Kurt apoya la barbilla en su pecho.
— De verdad te voy a extrañar, —admite Kurt en voz baja, jugando con el vello en su pecho mientras habla.— Sé que voy a despertar todos los días triste porque no estás ahí.
— Te lo dije, voy a traerte un regalo, —le dice Blaine con un beso en la frente.
— Sólo regresa a casa, Blaine. Eso siempre es suficiente para mí.
(1) El Diamante Hope: El Diamante Hope (también conocido como Diamante Azul o Joya del Mar y Diamante de la Esperanza) es un diamante de color azul marino, con un peso estimado en 45.52 quilates. Su color es debido a la presencia de trazas de átomos de boro en su composición.
(2) El Sur Profundo: Región cultural y geográfica de los Estados Unidos. La expresión se aplica a diferentes territorios: Carolina del Sur, Misisipi, Florida, Alabama, Georgia y Luisiana.
