Nico di Angelo era una criatura de hábitos.

Y hoy, al igual que todos los días antes de ir a clases, pasaba por la misma cafetería a la misma hora a tomar lo mismo. Y quedarse un par de minutos cerca de la ventana a leer un poco mientras tomaba café.

Estaba tan adentrado en su lectura que el estruendo que se hizo presente en la cafetería lo asustó. Volteó, más por curiosidad que por otra cosa, quien o que había sido el causante. Resultó ser un quién.

Al principio lo que vio fue un chico. Común. Corriente.

Pero después de que este se pusiera de pie pudo verlo mucho mejor.

Lo cual tiempo después sería la causa de sus desvelos

El chico resultó ser más o menos de su edad.

Alto y fornido. Como un deportista. Bronceado, rubio y de sonrisa cual modelo (un pensamiento muy poético).

En pocas palabras, alguien atractivo y encantador.

Pero lo que más le gustó Nico fueron los ojos de este chico. De un azul que le hizo creer que en sus vida los había visto.

(Cada vez sonaba más cursi que antes)

No se dio cuenta exactamente de cuánto tiempo pasó, pero fue consiente que al volver a mirar de nuevo al chico, este le regresaba la mirada.

Y no con la molestia que uno esperaría por parte de alguien que ha sido observado descaradamente, sino con interés y podría decirse que hasta con diversión.

Se quedaron mirando a los ojos durante segundos y pudo haber sido más, de no ser porque Nico fue el primero en romper el contacto.

Negó divertido y trato de volver la atención a su lectura.

Pero parecía que el mundo estaba en su contra, porque ni cinco minutos después de volver a lo que hacia la interrumpían de nuevo.

— ¡Nico! —llamó Percy llegando hasta donde este estaba.

— ¿Si? —preguntó el aludido tratando de no sonar molesto.

— ¿Me acompañas a la refugio animal? —preguntó Percy sonriendo entusiasmado.

—Percy, son casi las 8 a.m. ¿Por qué tendrías que ir? ¿O yo? —preguntó Nico negando.

—Tengo que hacer algo. Y eres mi amigo—dijo Percy abriendo los ojos. Parecía una foca bebe con gestos así.

—Ok, pero más te vale que no llegue tarde a clases—amenazó Nico guardando sus cosas.

—Lo prometo—juró Percy levantándose como si tuviera resortes en el cuerpo. Raro.

—Tómatelo con calma—aconsejó Nico encaminándose a la salida.

Y justo en la puerta, la curiosidad, instinto o lo que quiera que fuera, hizo aparición. Provocando que Nico volteara, buscara por todo el local, hasta que dio con el chico de ojos azules.

Sorpresa la que se llevó al ver que este le miraba.

Lo que le hizo pensar hace cuanto que lo veía.

Él sonrió, y sin saber porque Nico sonrió de vuelta.

—Nico—gritó Percy sacando a Nico de su ensoñación.

—Tranquilo—gruñó este molesto y desconcertado por la situación.

Parecía que después de todo, las cosas tendían a cambiar.

Por loco que sonara.