Seis meses después.
— Quiero morir de vergüenza, —Blaine anuncia dramáticamente un día, cuando llega a casa del trabajo.
— ¿Ah, sí? —Kurt levanta la vista del guión que está estudiando -aparentemente tratando de aprender las líneas, pero en realidad soñando despierto acerca de si los lirios o las rosas se verían mejor para los arreglos centrales.
— Fui al oculista, —explica, se inclina sobre el sofá para besar los labios de Kurt.— Necesito anteojos.
— ¿Eso es todo? —Kurt se ríe.— Yo pensé que era algo muy embarazoso. Todo el dramatismo por un par de anteojos.
— No, escucha, —dice Blaine mientras regresa del armario de la entrada sin la chaqueta y los zapatos.— ¿Quieres saber por qué los necesito?
— ¿Para ver?
— Haha, —Blaine responde secamente mientras se sienta y toma los pies de Kurt en su regazo.— Es su edad, Sr. Anderson, nos sucede a todos nosotros.
— ¡Ha! Excelente.
— Sí, yo sabía que lo ibas a encontrar divertido, —él dice de forma gruñona, pero es afable cuando frota los dedos de los pies de Kurt.
— Te ayudaré a elegir algunos.
— Lo hice yo mismo, —responde Blaine, con un poco de orgullo.
— Oh no, no lo hiciste. Oh Blaine, —Kurt suspira.— No debes intentar estas cosas sin mí... Sobre todo porque tus ojos envejecidos no pueden ver muy bien.
— Es suficiente, —Blaine se ríe, dándole una palmada en la pierna.— Sólo los necesito para leer música, y cosas muy cercanas.
— Okay, déjame ver. Entonces podremos hacer una cita para cambiarlos.
— Crees que eres gracioso, ¿no?
— Sé que lo soy. Ahora déjame ver.
— Está bien, —Blaine bufa, dando pisotones hacia el pasillo una vez más y volviendo con una caja en la mano.— Sólo... trata de no reírte. ¿Okay?
— Okay.
Blaine se pone los anteojos, sonrojándose furiosamente cuando la mandíbula de Kurt cae.— Son terribles. Lo sabía.
Él hace el intento de quitárselos pero Kurt vuelve a la vida.— ¡No! No, um... déjatelos. No son terrible. De hecho están lejos, muy lejos de ser terribles.
— ¿Están bien? ¿Pasables? ¿Me las arreglé bien para elegir algo aceptable para tus exigentes estándares? —Blaine sonríe ampliamente mientras se sienta en el sofá y mira por encima de ellos a su prometido.
— Blaine... son sexies.
— Oh, por favor.
— No, lo son. Algo así como, muy sexies.
— Sí, claro.
— Blaine... —gime Kurt, de pronto muy, pero muy necesitado mientras se sube al regazo de Blaine.— Voy a necesitar que hagas cosas innombrables para mí, en este momento, mientras usas los anteojos.
— ¿Eh?
— Okay... dado que tu cerebro no está funcionando en este momento, permíteme explicártelo. Cógeme. Déjate los anteojos puestos.
— Oh. —Blaine se queda mirando, sorprendido, pero sus manos se mueven hasta agarrar las caderas de Kurt, clavando sus dedos mientras siente que empieza a endurecerse.— Sí te gustan los anteojos, ¿eh?
— Me encantan los anteojos, —Kurt corrige,— Te hacen ver tan... dominante. Tan sofisticado y... grande, en el buen sentido. Y voy a necesitar que nos pongamos sucios.
— ¿Sucios?
— Quiero decir extremadamente sucios, Blaine. Voy a necesitar que me abras con tu lengua y luego me cojas duro.
— Jesucristo, —Blaine jadea mientras se empuja contra el culo de Kurt antes de que él lo bese, y Blaine siente el momento sutil en que Kurt se entrega, dándole el control mientras sus lenguas se encuentran y Kurt envuelve sus brazos sobre los hombros de Blaine, aceptando felizmente la sensación de los anteojos de Blaine clavándosele en el lado de su cara mientras su pasión se construye y ambos gimen grave en sus gargantas.
— La ropa, —Blaine se las arregla para dejar salir cuando rompe el beso y agarra desesperadamente el culo de Kurt.— Quítate la ropa. Ponte de pie.
Él los despoja a ambos de sus ropas rápidamente, agarrando a Kurt duro y aplastándolo contra su pecho, besándolo por la fuerza y pasando un dedo a lo largo de la grieta de su culo, disfrutando de la forma en que tiembla en sus brazos.— En cuatro patas, —susurra con vehemencia, y Kurt está en el piso en cuestión de segundos, abierto y expuesto para Blaine.— Espera ahí, —dice, dejando caer un beso en la base de su espina dorsal.— Y no te toques.
— ¿Qué? ¿Qué estás...? ¿Blaine?
— Estoy de vuelta, —dice, segundos más tarde.
— ¿A dónde fuiste?
— No te preocupes por eso. Ahora, ¿quieres que me deje los anteojos puestos mientras te cojo con mi lengua?
— Joder... sí, —Kurt se queja, olvidando el momento mientras agarra el borde de la mesa de café con una mano y empuja su culo de vuelta hacia el rostro de Blaine.— Sí... sólo... tómame.
Él lo complace feliz, enterrando la cara en Kurt mientras lame sobre su entrada. Los anteojos se empujan contra su rostro, pero Kurt parece disfrutar la sensación del frío cristal y los gruesos bordes de acero que se presionan en su suave piel, retorciéndose casi incontrolablemente mientras gime de placer.
— Oh joder Blaine... sí, —él lloriquea, la sensación de la lengua de Blaine jugando a su alrededor volviéndolo loco con lujuria.— ¡Cógeme con tu boca, por favor, por favor!
Blaine no se contiene, moviendo su lengua con fiereza dentro y fuera del agujero de Kurt, hasta que siente el músculo relajarse a su alrededor y puede deslizar un dedo junto con su lengua. Su otra mano llega hasta trabajar el miembro de Kurt, bombeándolo al mismo tiempo que su lengua hasta que Kurt es un lío de balbuceos incoherentes, agarrando la mesa de café con fuerza con una mano y sosteniendo un puñado de la alfombra de la sala con la otra. Y de pronto todo se detiene. Blaine se aleja, apoyándose en el sofá e instando a Kurt a que se ponga a horcajadas sobre él, de rodillas para que su pene esté al mismo nivel de la boca de Blaine.
— Vente en mi cara, —exige, entonces alcanza el vibrador azul.— Y te voy a coger con esto.
— Oh, mierda santa, —Kurt gime mientras fuerza su miembro entre los labios ansiosos de Blaine.— Sí. —Se conduce más profundo en la garganta de Blaine cuando el resbaladizo vibrador es empujado rápidamente dentro de él, gritando cuando Blaine lo enciende y lo mantiene allí; la sensación hormigueando en todo su cuerpo y haciéndole agarrar el cabello de Blaine duro.— Estoy... estoy... —se retira de la boca de Blaine rápidamente, cogiéndose a sí mismo en su propio puño dos veces antes de derramarse sobre el rostro de Blaine, en sus anteojos, mejillas y labios. Él sisea al sentir el vibrador, pero Blaine lo quita rápidamente y tira ciegamente de Kurt hacia abajo en un beso, su pegajosa corrida escurriendo entre sus bocas.
— Déjame ayudarte por ahí, —susurra Kurt, besando la mejilla de Blaine hasta que está limpia, tomando su pene en la mano y comenzando a trabajar en él.— ...a limpiarte, —murmura mientras su lengua rosada serpentea por entre sus labios, pasando a lo largo de las vetas blancas que decoran los cristales de los anteojos de Blaine.
— Oh Jesucristo, —Blaine gime, clavando los dedos en los hombros de Kurt mientras se sacude en su puño.— Bésame. Toma tu corrida en tu boca y sólo... bésame.
Kurt hace lo que se le dice, siendo recompensado con la sensación de Blaine murmurando alrededor de su lengua mientras se viene, cayendo contra el sofá en una masa irregular sin huesos.
— Tendría que haber ido al oculista hace años, —bromea con voz ronca por tomar a Kurt profundo en su garganta.
— Espero que no estén arruinados, —Kurt se ríe cuando él tiernamente toma los anteojos de su cara.— Dios, fue tan caliente.
— Yo no te cogí.
— Más tarde.
— En efecto.
— ¿Qué diablos es eso? —Kurt grita cuando siente algo frío y duro rozando en su trasero.
— Mantente abierto para mí, —susurra Blaine mientras empuja el tapón anal dentro de Kurt.— Prepararé la cena, luego tengo trabajo que hacer, y entonces tú y yo vamos a pasar un buen rato.
— ¿No es así siempre?
. . .
El día después de la catástrofe de los anteojos, Blaine trabaja desde casa. Kurt va a la universidad, caminando con rigidez y contándole a Blaine que no sabe cómo va a arreglárselas con ballet y jazz en un sólo día, pero rápidamente le asegura que valió completamente la pena.
Para la hora del almuerzo Blaine ha escrito tres variaciones del mismo jingle, esperando que los ejecutivos de publicidad bastante exigentes de Webster Evans estén encantados con al menos uno de ellos, y él decide tomar su almuerzo en el balcón, recogiendo su teléfono en el camino a través de la sala de estar para descubrir cinco nuevos mensajes de texto.
Joe: Has roto a mi mejor amigo. No puedo esperar a ver los anteojos y reírme a carcajadas en tu cara... siempre y cuando estén limpios.
Santana: Por Dios, no te detienes ante nada, ¿verdad? Eso sí, puedo ver que probablemente luces estúpidamente sexy en un par de anteojos. Advertencia: Berry te mandará un mensaje de texto..
Wes: Blaine. Bueno. No sé qué decir. Kathy quería saber de qué me estaba riendo, y estaba tan avergonzado en tu nombre que no podía explicarle.
Seb: Kurt teme que nunca podrá sentarse de nuevo. ¡Bien por ti, amigo!
Rachel: BLAINE! KURT ME DICE QUE HA ARRUINADO TUS ANTEOJOS BURBERRY. OH, Y QUE LE DUELE EL TRASERO. TAMBIÉN ME PREGUNTABA SI KURT Y TÚ QUERÍAN VISITARNOS EL PRÓXIMO FIN DE SEMANA. FINN Y PUCK VIENEN. SE QUEDARÁN AQUÍ PERO ERES LO SUFICIENTEMENTE RICO PARA CONSEGUIR UN HOTEL PARA KURT Y PARA TI.
Después de permanecer en mudo asombro por un tiempo, finalmente decide responderle primero a Rachel.
¿Por qué siempre mandas mensajes / correos electrónicos / mensajes instantáneos en MAYÚSCULAS? ¿POR QUÉ? En cuanto a la visita... no estoy seguro. Quiero decir... es Nueva York. No lo sé. ¿Puedo hablar con Kurt sobre ello y avisarte? Como que quiero pero como que no.
Y Kurt está bien. Un poco adolorido, tal vez, pero no es nada comparado con lo que él me hace pasar.
¡BLAINE! Ella responde segundos después. NO HAY NADA MALO CON LAS MAYÚSCULAS. INDICAN QUE MI MENSAJE NECESITA ATENCIÓN. YO NECESITO ATENCIÓN. EN CUANTO A NY... BUENO, SÍ, ES NY, AHÍ ES DONDE YO VIVO. PERO SÍ, HABLA CON KURT. NO ESTABA ESPERANDO REALMENTE QUE SÓLO SE LO ANUNCIARAS.
Aplacado, sonríe ante la seriedad de Rachel, y luego envía un mensaje de texto grupal añadiendo a Kurt a la lista.
Mi novio tiene una gran boca. Útil para chupar mi pene, no tan buena para guardar secretos. Debido a esto, he decidido filmar nuestra noche de bodas, para salvar a Kurt de tener que twitear en vivo toda la cosa. Hummel: te veré en casa.
Él escucha de nuevo de todos los interesados, excepto de Kurt, quien anuncia su presencia en voz muy alta esa misma tarde al azotar la puerta principal y chillar "¡BLAINE!" y luego dar pisotones por el pasillo hacia la sala de música, donde hace una pausa en la puerta.
— ¿Sí? —Blaine le pregunta inocentemente, girando en el banco del piano para mirarlo.
Se miran el uno al otro durante unos segundos antes de que ambos se echen a reír, Kurt va hasta su prometido, cubriendo su espalda, con los brazos descansando sobre sus hombros.— Eres malvado, —dice, sin dejar de reír mientras Blaine cierra el piano antes de animarlo a colocarse en su regazo.
— ¿Soy malvado? ¿Quién empezó esta cosa?
— En mi defensa, sólo le mandé un mensaje de texto a Rachel, y luego Joe quería saber por qué estaba caminando gracioso. Le dije que era porque había pasado cuatro horas con un tapón anal en el trasero y él se atragantó con el café.
— Genial.
— Pero ese mensaje, Blaine... ese mensaje...
— ¿Ese mensaje qué?, —se ríe.— ¿Ese mensaje fue salvajemente inapropiado? ¿Divulgué un poco de demasiada información? Te gané en tu propio juego, Hummel. Ahora aguántate.
— Con gusto, —Kurt se ríe, inclinándose para besar el punto sensible justo debajo de la oreja de Blaine.— ¿Tuviste un buen día?
— Productivo, —asiente con la cabeza.
— ¿Llamaste a tus padres?
— Sí, y el doctor dijo que están felices de que papá se ha recuperado completamente. Ha sido un largo camino, supongo, pero él tenía razón. Lo logró.
— Él lo hizo. Y sabes que cada vez que los hemos visto parece más fuerte, más como solía estarlo.
— Oh, y el mensaje de Rachel. Ella nos invita a visitarla el próximo fin de semana. Finn y Puck también van.
— ¿Nueva York? —Kurt le pregunta con sorpresa.
— Sí.
— Oh. Okay, bueno... es tu decisión.
— No es mi decisión, —dice Blaine.— Quiero que hablemos de ello y decidamos juntos.
— ¿Quieres ir?
— Sí y no, —Blaine admite con honestidad.— Quiero decir... podría ser divertido, y no hemos visto a ninguno de ellos desde Año Nuevo. También creo que es un poco injusto que siempre vienen aquí a visitarnos pero nunca les devolvemos el favor.
— Eso es porque tú pagas sus vuelos, —señala Kurt.— Ellos no son tontos.
— Bueno, eso puede ser, pero... sí, siento que deberíamos ir, pero... pero no quiero hacer el ridículo.
— ¿Qué quieres decir? —Kurt le pregunta en voz baja, mirándolo a los ojos con preocupación.
— Yo no... yo no quiero llegar a tener un ataque de pánico o algo... Y tengo miedo de que las pesadillas puedan volver. Cuando fui aquella vez para encontrarte, yo estaba decidido, enfocado en recuperarte y nada más. Incluso cuando estaba conduciendo en la ciudad, estaba tan ocupado pensando en ti que ni siquiera me di cuenta de dónde estaba ni lo que estaba haciendo.
— Pero estabas dispuesto a vivir allí, —Kurt le recuerda.
— Por ti, sí. Haría cualquier cosa por ti. Pero no me permití pensar en las posibles consecuencias a largo plazo porque conseguir que me amaras de nuevo era más importante.
— Nunca dejé de amarte, —Kurt le dice, pasándole una mano tranquilizadora sobre su espalda.— Así que... además de querer aplacar a las chicas... dime por qué quieres ir.
— Hay un montón de razones. Creo que podría ser divertido. Me gustaría hacer todas las cosas turísticas contigo, y llevarte de compras, obviamente, pero también... esto suena ridículo, pero... yo no quiero terminar con un marido en Broadway y estar asustado de ir a sentarme en un asiento y verlo actuar. Quiero superar esta barrera mental ahora, en mi tiempo libre, a diferencia de enfrentarme de repente con otra alternativa. Tampoco quiero ser el padre de un adolescente y que me esté pidiendo ir a visitarlo ahí y estar frenado, negándome a ir.
— Está bien, —Kurt asiente,— Entonces... aparte de lo obvio 'porque es Nueva York' dime por qué no quieres ir.
— Quiero a Rachel y a Santana profundamente... pero a veces... son demasiado. Y no sé qué tan bien voy a lidiar con una situación ya estresante si Rach está chillando, Puck sólo queriendo ir a beber y Santana continuamente quejándose de su falta de vida sexual. Es que... es obligado que será intenso con ellos, siempre lo es, y por eso dormimos tan bien después de que se van. No me refiero a hacerles algo poco amable, pero cuando estábamos todos en Ohio sólo teníamos que lidiar con ellos en pequeñas porciones. Tengo miedo de terminar perdiendo los estribos o... o llorando y arruinando todo el viaje.
— Entonces... ¿Qué tal esto? —Kurt le pregunta mientras toma la mano de Blaine en la suya.— Volamos el viernes al mediodía, y nos reunimos todos para la cena de esa noche. El Sábado lo pasamos solos, haciendo turismo y tal vez nos reunimos con ellos para tomar unas copas por la noche, pero nada demasiado pesado. El Domingo nos encontramos todos para el almuerzo antes de que tú y yo volemos de regreso por la tarde. Prometo fielmente tenerte en mis brazos mientras duermes, y estar ahí cuando me necesites. Si un ataque de pánico ocurre entonces conseguimos tranquilamente un taxi de vuelta al hotel y nos quedamos ahí hasta que te sientas mejor. Si en algún punto cualquier cosa te hace sentir incómodo todo lo que tienes que hacer es mirarme y yo lo sabré, y nos podremos ir, Blaine. Yo también juro, que aunque puede que le haya dicho a Rachel el pequeño detalle extraño acerca de nuestra vida sexual, yo nunca, pero nunca le diría a nadie que has tenido pesadillas o encontrado cosas difíciles de manejar.
— ¿Por qué eres tan maravilloso? —Blaine pregunta, inclinando su cabeza contra el pecho de Kurt.
— Porque tengo un prometido bastante fabuloso que a veces necesita un poco de cuidado, —dice mientras besa la parte superior de su cabeza.
— Voy a reservar los vuelos.
— ¿Quieres ir?
— Si. —Blaine mira hacia arriba, con un pequeño atisbo de sonrisa en su rostro.— Porque me haces sentir tan seguro... tan amado. Y sé que no le dirías a nadie esta situación, ni siquiera tienes que explicarlo.
— Estoy orgulloso de ti, —Kurt sonríe, besando sus labios suavemente.— Muy orgulloso.
— Ni siquiera te pregunté si querías ir, —Blaine frunce el ceño— ¿asumo que sí?
— Sí, así es. De cualquier manera tengo que preguntarle a Rach si acepta ser mi dama de honor.
— ¿No se sentirá raro?
— No, en absoluto. No me arrepiento de nada. Estoy viviendo en la ciudad más increíble con mi maravilloso prometido y somos felices. Nueva York estaba bien... genial, incluso. Pero tú no estabas allí y nunca fue el lugar dónde estábamos destinados a ser. Ahora, trae tu laptop a la cocina, reserva los vuelos y habla conmigo mientras yo cocino la cena.
— Tengo que enviar algo de esta música de todos modos, —Blaine dice mientras se acomoda en la mesa.— Esperemos que la aprueben esta vez.
— Todavía no veo qué estaba mal con el último lote, —Kurt comenta cuando toma los ingredientes de la nevera.
— Yo tampoco, pero son exigentes. Supongo que tienen todo el derecho de serlo, están gastando millones en esta campaña.
— Es una pena que no estés recibiendo millones como pago, —Kurt dice con una sonrisa triste.
— Pero me pagan cincuenta mil.
— Wow. Yo no sabía eso. ¿Es eso lo que paga Kendal's?
— Setenta y cinco, pero es más trabajo con ellos. Webster Evans están preparados para igualar eso si me vuelvo exclusivo... sólo trabajar para ellos y para Kendal's, nada más.
— ¿Por qué no entonces?
— ¿Crees que debería?
— Si aún puedes hacer tu música de sesión, entonces sí. No porque necesitemos el dinero de las sesiones, sino porque sé lo mucho que lo disfrutas. ¿Asumo que esos salarios son anuales?
— Sí, —Blaine dice mientras hace click en su correo electrónico.— Sería más bien excesivo si fuera mensual... Ugh. —De repente, con el ceño fruncido, cierra su email y se aparta de la mesa, tomando un vaso de la alacena y llenándolo con agua.
— ¿Qué pasa?
— Nada. Sólo un email estúpido. Eso es todo.
— ¿Quieres chatear con chicas solteras en tu área? —Kurt bromea.
— ¡Ha! No... sólo... estupideces.
— Pruébame.
Blaine vacila un momento, con la tentación de ignorarlo mientras se sienta a la mesa una vez más. Pero una mirada a la cara de Kurt le dice que esto no es una opción, por lo que suspira profundamente y se rinde.— Quieren que audicione de nuevo para la Sinfónica.
— ¿Qué? ¡Eso es fantástico! —Kurt ríe acercándose a la mesa.— Lo vas a hacer, ¿verdad?
— No es fantástico y no, no voy a hacerlo, —dice Blaine con petulancia.— Fallé la última vez, en caso de que lo hayas olvidado.
— No fallaste, —Kurt dice mientras se sienta en la silla contigua.— Perdiste contra alguien con más experiencia. ¿Es para las percusiones de nuevo?
— Violín.
— ¡Pero esto es lo que querías! —Kurt exclama.— Tienes que ir por ello Blaine, tienes que hacerlo.
— Yo no tengo que hacer nada, —dice con brusquedad.— Y no voy a audicionar nuevamente. Eso es definitivo.
— Pero tú en realidad...
— Dije que no, Kurt. Fin de la discusión. —Él cierra la laptop y se pone de pie rápidamente, escapando a su sala de música y dejando a Kurt tragando el nudo en su garganta antes de continuar con la cena. Sacude la cabeza con incredulidad cuando oye una especie de concierto de violín que se está reproduciendo; su estado de ánimo ahora rebelde mientras sirve la comida y va a pisotones hacia el pasillo.
— ¡Blaine! Tu cena está en la mesa.
Él regresa, dejándose caer con el ceño fruncido en su silla mientras empuja su salmón alrededor del plato con el tenedor, sin siquiera mirar cuando Blaine se acomoda en el lado contrario.— Gracias por la cena, —dice tímidamente, haciendo una mueca cuando Kurt no hace más que refunfuñar.— Yo um... siento mucho haberme enojado.
— Lo que sea.
— No hagas esto, —implora Blaine.
— Puedo hacer lo que quiera.
— Regresas a la adolescencia cuando las cosas no salen bien, —argumenta Blaine.— Tienes veinte años, Kurt. No doce.
— Sí, veinte años, —Kurt dice furioso.— Lo suficientemente grande para estar comprometido contigo, lo suficientemente adulto como para tener una relación que se encuentra en igualdad de condiciones... y sin embargo... y sin embargo, está muy bien para ti decirme que debo ir a Londres... pero cuando yo incluso intento sugerirte que debes audicionar me dices que no y te niegas a hablar de ello. Y luego... ¡luego! sacas tu molestia y frustración yéndote y tocando la más exquisita pieza musical en el mismo instrumento con el que te niegas a audicionar.
— No puedo pasar por el rechazo de nuevo, Kurt, yo no puedo. Me dolió mucho la última vez.
— Sí, porque nos quedamos sin dinero, ¡pero eso no sucederá esta vez! ¡Acabas de decirme que potencialmente vas a ganar ciento cincuenta mil dólares este año Blaine! ¿Qué puedes perder?
— ¿Mi orgullo... otra vez? ¿El eterno sentimiento de vergüenza que tengo por sentir que te he decepcionado? ¿La sensación de ser bueno, pero nunca lo suficientemente bueno?
— Oh Blaine, —Kurt suspira, empujando su cena a un lado mientras sube a su regazo.— Escúchame. —Enredando sus rizos oscuros alrededor de sus dedos, Kurt presiona un pequeño beso en su sien antes de continuar.— Nunca podrías decepcionarme, para empezar, así que por favor deja de pensar de esa manera. Y si se trata de orgullo... Bueno, no tienes que decirle a una sola alma que lo harás si no quieres. En cuanto a no sentirte lo suficientemente bueno... la última vez que audicionaste para ellos en el violín conseguiste el concierto. No lo lograste en la percusión, pero tú mismo has dicho que no es donde residen tus habilidades naturales. Ellos no seguirían pidiéndote que audicionaras si no les gustaras como persona, o si no creyeran que tienes un don en la música. ¿Por qué molestarse? Pueden invitar a la gente a audicionar, Blaine, no tienen que poner un anuncio en The Tribune (1) solicitando candidatos. Voy a decirte algo que me dijiste hace meses, cuando estaba de mal humor sobre potencialmente irme a Londres. Quiero que hagas esto, y creo que si eres honesto contigo mismo, tendrás que admitir que tú también quieres hacerlo.
— Debí haber sabido que esto vendría de nuevo a morderme en el trasero, —gruñe Blaine mientras trata de ocultarse en el cuello de Kurt.
— ¿Cuándo es la audición?
— En dos semanas.
— ¿Quieres que vaya contigo y tome tu mano?
— No puedo tocar el violín si estás sosteniendo mi mano, —Blaine sonríe.
— ¿Entonces lo harás?
— Lo haré... por ti más que nada. Pero ni una palabra a nadie.
— Lo prometo.
(1) The Tribune: Nombre de un reconocido periódico de los Estados Unidos.
