— ¿Estás bien? —Kurt le pregunta en la que parece ser la billonésima vez mientras toma la mano de Blaine fuertemente entre las suyas y se dirigen hacia el metro.
— Sí. Sinceramente. En serio. —Él sonríe, pero su corazón no está en ello y Kurt puede decirlo cuando traga con nerviosismo.
— De hecho... ¿por qué no tomamos un taxi? —Él pregunta claramente, deteniéndose en la parte superior de las escaleras.— Pantalones blancos en el metro es sinónimo de problemas.
— Gracias, —dice Blaine, dejando caer los hombros con alivio.
Se relaja una vez que están sentados en el restaurante de comida mexicana y tiene una cerveza en la mano. Kurt se acurruca más cerca, arriba y debajo de su mandíbula donde deposita un dulce beso.— Estás siendo muy valiente.
— El metro me derribó un poco. Es la misma línea que utilizaba para buscar a Luke. Es curioso... puedo hablar de él y de nuestro tiempo juntos ahora sin sentir ningún remordimiento. Tristeza de que se ha ido -extrañamente me hubiera gustado que lo conocieras- pero ya no me siento culpable. Y sin embargo... aquí... viendo las cosas que me recuerdan el tiempo que pasé aquí... simplemente... me hace sentir como si no pudiera respirar.
— Porque no es él lo que te hace sentir de esta manera, es cómo estuviste después de su muerte, —Kurt explica pacientemente.— Yo sé que tienes temor de convertirte en esa persona otra vez, pero no lo tengas. Por favor. Porque ahora estás más allá de eso. Tú ya no eres ese hombre, así como yo ya no soy ese niño asustadizo que era intimidado. Hemos cambiado a través de la búsqueda de nosotros y volviéndonos lo suficientemente seguros en nuestra relación hasta el punto de querer casarnos. Todos esos momentos oscuros están ahora detrás de nosotros... nos tenemos el uno al otro para apoyarnos.
— Eres... tan... maduro, —dice Blaine, fascinado por la forma en que habla Kurt.— Dios mío, te amo mucho. ¿Por qué tiene que faltar tanto tiempo para la boda?
— No tiene que ser así, —Kurt sonríe,— podríamos casarnos mañana si así lo deseas.
— Tentador... pero no. Sé que va a pasar, y yo sé que va a ser perfecto. No tiene sentido apresurarse y poner en peligro el servicio que queremos sólo porque nos volvimos impacientes.
— De todos modos, son sólo catorce meses.
— ¿Catorce meses para qué? —Finn le pregunta cuando llega a la mesa, seguido de Rachel, Santana y Puck.
— Nuestra boda, —Kurt sonríe mientras abraza fuertemente a su hermano.
— Ugh, —Santana rueda los ojos mientras besa la mejilla de Blaine.— Así que esa es la forma en que van a ir las cosas esta noche, ¿verdad? El noviecito y el Sugar Daddy nos van a aburrir a todos con la charla de combinaciones de colores y cenas de ensayo... ¡Ay! Blaine, ¿me acabas de dar una patada?
— Sí, —dice sonriendo.— Ahora siéntate y cállate.
Su noche es ruidosa, estridente y llena de diversión. Rachel llora casi sin control cuando Kurt le pide que sea su dama de honor, hasta que Santana señala con aire de suficiencia que Blaine se lo pidió a ella incluso antes de que le propusiera matrimonio a Kurt. Puck nunca para de decir lo feliz que está por ellos, y le ruega a Blaine que se le permita organizar su despedida de soltero.
— ¿Por qué la mía? —se ríe.— ¿Por qué no la de Kurt?
— Porque Kurt probablemente hará algo completamente gay. Tú eres el salvaje.
— Joe está organizando la mía, —Kurt dice con un ligero rubor.— Al parecer tendré dos. Una que será aceptable para que asistan nuestros padres, y otra que no lo será, —hace una pausa, jugueteando con su bebida.— Y eso implica un stripper.
— ¡¿Qué?! —Blaine chilla fuertemente,— Lo voy a matar.
— Totalmente ignorada tu fiesta para ir a la de Hummel, —Santana dice arrastrando las palabras.
— Completamente, —Puck está de acuerdo cuando el rostro de Rachel se ilumina.
— Finn, tú puedes ir a la de Blaine y yo a la de Kurt, —dice mientras acaricia su brazo.
— Um... Wes está arreglando la mía. Creo que es sólo pizza, de hecho, —dice en voz baja, todavía dolido por la revelación de Kurt.— Supongo que Seb optará por ir a la de Kurt... y, probablemente, Nick y Jeff también.
— O... —Kurt dice, de repente golpeado con una idea.— ¿Qué tal esto? Hacemos una gran comida juntos, con los familiares y amigos -y luego una fiesta sin la familia, pero con el stripper.
— ¿Cuál es el trato con un stripper? —Blaine resopla.— ¿No soy lo suficientemente bueno?
— Por supuesto que sí, —él lo tranquiliza, y te invitamos a ser el stripper, si así lo deseas, amor. Pero siempre he querido un stripper para mi despedida de soltero, eso es todo.
— ¿Así que tendríamos una despedida de soltero en conjunto?
— Sí. Y prometo llevarte a casa a ti, y no al stripper.
— Okay, —dice riendo.— Sí. Me gusta cómo suena eso.
Permanecen en el restaurante hasta tarde, hablando y poniéndose al día con los demás hasta que los camareros han apilado las sillas en todas las otras mesas y se quedan ahí, frustrados, esperando a que paguen la cuenta y se vayan -lo que finalmente hacen.
— ¿Van a nuestra casa para tomar café? —Santana les pregunta mientras engancha sus brazos entre Kurt y Blaine.
— Gracias, pero creo que vamos a pasar, —dice Kurt, para gran alivio de Blaine.— Tenemos mucho sexo fabulosamente gay por delante y todo eso, —añade, por lo que Blaine se ruboriza y mira al suelo.
— No me sorprende, —Rachel sonríe.— Mañana nos ponemos al día con ustedes.
Ellos se despiden y encuentran un taxi, Kurt poniendo su brazo alrededor de los hombros de Blaine una vez que están en movimiento.— Sólo estaba bromeando sobre el sexo, —le susurra a Blaine al oído.
— Yo no creo poder, —susurra de vuelta, mortificado.— Quiero decir que me divertí mucho, pero estoy un poco...
— No vas a relajarte hasta que estemos en casa.
— No propiamente, no. Lo siento. Estoy tratando.
— Sé que así es, y lo estás haciendo muy bien. Está bien. Tuvimos una buena noche, fue bueno verlos a todos y ahora podemos volver y descansar un poco para estar listos para mañana.
— Te debo todo,—dice Blaine mientras juega con los botones de su chaqueta.
— Se lo debes a Wes también... Puede que le haya llamado antes de venir para discutir algunas cosas con él, —Kurt admite con timidez.— Necesitaba conocer los lugares que debo evitar, las cosas que podrían perturbarte o lo que sea... y yo no quería obligarte a hablar de ello.
— Sin embargo, no puedo pagarle a Wes con sexo fabulosamente gay, —sonríe.
— No... Pero estaba pensando que tal vez podríamos tener unos días de vacaciones con él y Kathy este verano.
— ¿Es una broma? Sí, me encantaría, —sonríe alegremente en la oscuridad.— Eso sería increíble.
Él cae en un sueño satisfactorio esa noche, descansado la cabeza sobre el pecho de Kurt como es su costumbre. Kurt le sigue poco después, feliz de escuchar los pequeños resoplidos y ronquidos característicos que escapan de Blaine cuando sueña. La pesadilla lo golpea en las primeras horas. Si Blaine se hubiera visto obligado a explicar de qué se trataba, no habría sido capaz de decirlo, sólo que era la misma figura sin rostro que cuelga en la puerta como siempre ha sucedido, y cuando mira hacia abajo ve sangre, espesa y de color rojo oscuro, escurriéndole entre los dedos. Se despierta con un sobresalto a causa de sus propios gritos, pero Kurt está ahí. Kurt, quien lo sostiene y lo mece suavemente hacia atrás y hacia adelante, quien acaricia su cabello y recuerda los consejos de Wes de susurrarle en vez de hablarle, y asegurándole una y otra vez que todo se ha ido, que la pesadilla ya no existe y que él está aquí, él está aquí.
Finalmente Blaine se ha tranquilizado una vez más, quedándose dormido con la parte superior de la pijama de Kurt firmemente en sus manos, su cuerpo hipando con sollozos ocasionales que disminuyen gradualmente. Zafándose con delicadeza, Kurt se quita rápidamente su camisa antes de abrazar a Blaine fuertemente una vez más y espera a que salga el sol, antes de finalmente quedarse dormido al tiempo que la sala se llena de un resplandor rosado.
— Hey, —Kurt dice con voz grave mientras se estira y bosteza.
— Hey. —Blaine se apoya sobre un codo, mirándolo.— Te he estado viendo dormir.
— No es raro en absoluto, —Kurt sonríe, estirándose hasta encontrar la parte posterior de su cuello para atraerlo en un beso.— ¿Estás bien?
— Tengo que disculparme.
— No, no tienes que hacerlo. —Kurt se sienta contra las almohadas, frotándose los ojos por un segundo.— Por favor, no lo hagas. Sabíamos que había una posibilidad de que esto ocurriera, estoy más preocupado por ti que cualquier otra cosa.
— Estoy bien, —Blaine dice humildemente.— Me siento mal por despertarte. No recuerdo mucho, sólo que era el mismo sueño que siempre solía tener, y que eras tú el que me sostenía cuando me desperté y no Wes.
— ¿Quieres saber por qué creo que volvió? —Pregunta Kurt.— Estás haciendo demasiado hincapié en ello. Tratemos esto como cualquier otra ciudad. Es sólo otro lugar. Sin nombre, sin rostro. Podemos salir y hacer cosas hoy y mirarlo con ojos nuevos, como si nunca hubiéramos visto ninguno de estos lugares antes. No estoy diciendo que no soñarás esta noche, pero podría ayudar si te relajas durante el día.
— Okay, —dice Blaine con decisión.— Está bien.
— Entonces... ¿a dónde primero? ¿El Empire State? ¿La Estatua de la Libertad?
— Tienes que estar bromeando, —dice Blaine con la boca abierta.— Demasiado alto. No puedo...
— Ya lo sé, tonto. Sólo estoy jugando. Dime dónde deseas ir.
— Oh. Um... bueno... Dios. No lo sé. Um... ¿Podríamos ir a tomar un café en Central Park? Siempre me gustó ese lugar.
— ¡Bien! —Kurt sonríe.— Excelente. Central Park allá vamos.
. . .
— ¿Te sientes mejor? —Kurt le pregunta cuando Blaine se sienta en una banca cercana y toma grandes bocanadas de aire.
— Mucho. Lamento no haber podido lidiar con el desayuno.
— No te preocupes por eso, —dice a la ligera.— Estoy bastante seguro de que me las he arreglado para comer lo suficiente por los dos, —dice sonriendo hacia él, frunciendo el ceño cuando se da cuenta de lo cansado que luce Blaine.— Anda. Caminemos un poco, y luego volvamos al hotel a descansar.
Entrelaza su brazo con el que le ofrece Blaine y pasean por el sol de primavera juntos, admirando su entorno por un tiempo hasta que Kurt empuja a Blaine con el hombro.— Entonces... la boda.
— ¿Hmm?
— Me preguntaba si tenías alguna idea sobre cómo debe ser nuestro apellido.
— Oh, bueno... —La distracción funciona bien para Blaine mientras camina pensando en ello por un momento.— Bueno... no lo sé realmente... um...
— Porque no me importaría convertirme en Kurt Anderson.
— ¿En serio?
— Pensé que te sorprendería, —Kurt sonríe.
— Sí, así es. —Arrugando su nariz pensando, caminan juntos en silencio por un momento más hasta llegar a la fuente donde Blaine se sienta en el borde.— Podemos hacer eso si quieres...
— ¿Pero?
— Pero supongo que siempre supuse que uniríamos ambos apellidos con un guión. No sé.
— Los Berry no lo hicieron.
— Es cierto, —Blaine asiente mientras Kurt se sienta junto a él,— pero no están legalmente casados de todos modos. ¿De quién es el apellido?
— Creo que de Leroy.
— De todos modos, eso no importa. Por mi parte, veo el matrimonio más como un enlace. Una unión de dos personas... yo realmente no creo que renunciar a tu apellido refleje eso. Además, como único hijo creo que sería bueno para ti ser capaz de pasarlo a tu hijo algún día.
— Sí... Supongo que no pensé en eso, —Kurt dice en voz baja, tal vez un poco triste -provocando que Blaine tome su mano entre las suyas.
— Siempre podrías utilizar Kurt Anderson como tu nombre artístico, si quisieras, —él sugiere.
— ¡Oh, sí! —Kurt se alegra considerablemente ante ese pensamiento.— ¿Podría? ¿No te molestaría?
— ¿Por qué habría de molestarme? —Blaine se ríe.— Sería un honor.
— ¡Entonces haremos eso! —Exclama animadamente.— Uniremos nuestros apellidos con un guión y yo tomaré el tuyo como nombre artístico. ¡Ooh! —aplaude haciendo a Blaine reír.— ¡Emocionante!
— Bien, —dice Blaine, abalanzándose para besar sus labios brevemente.— Me alegro de que haya funcionado.
— ¿Anderson-Hummel, o Hummel-Anderson? —Kurt pregunta, por lo que Blaine deja caer la cabeza entre sus manos y ríe de nuevo.
— Anderson-Hummel supongo, es alfabético.
— Pero Hummel-Anderson suena mejor, —señala Kurt.— Fluye mejor. Kurt y Blaine Hummel-Anderson.
— Okay. Me parece bien, —Blaine dice mientras sonríe ampliamente.— De hecho, esta es posiblemente la mejor conversación que he tenido.
— Está arreglado entonces. Seremos los Anderson-Hummel, —Kurt dice con un gesto enfático.
— Hummel-Anderson.
— ¡Sí! —Kurt exclama mientras estalla en risas sobre-excitadas.— ¡Eso!
Mareados de felicidad, comienzan a caminar de nuevo, aunque para Kurt, es más como un rebote mientras trata de contener su alegría.— Los anillos de boda, —dice en voz alta mientras pasa el pulgar sobre el anillo de compromiso de Blaine.
— ¿Sí?
— ¿Iguales?
— Creo que sí, ¿no te parece?
— Sí, —Kurt asiente.— Lo que significa que vamos a tener que encontrar algún tipo de consenso, porque me gustan las cosas brillantes y a ti te gustan las cosas masculinas, pero eso es lo que los hará perfectos. Una unión de las manos y los corazones, —dice, girando en su lugar con una floritura.— Estoy pensando que voy a mover mi anillo de compromiso a mi mano derecha.
— Yo igual, —Blaine lo captura por la cintura, atrayéndolo más cerca y besándolo profunda y largamente, atreviéndose a correr la lengua por los labios de Kurt antes de morderlo ligeramente.— Dios, te amo, —susurra en su boca.— Amo todo esto.
— Yo también, —ríe Kurt mientras deja que Blaine lo incline y lo bese otra vez.— Anda. Regresemos a descansar un poco, —dice, de repente ansioso de nuevo por el bienestar de Blaine.
— Nah, —dice Blaine mientras coloca a Kurt de pie y toma su mano,— no desperdiciemos el día. Hay un lugar al que quiero que vayamos.
— ¿Tiffany? —Kurt grita en la cara de Blaine mientras se detienen en la concurrida acera.
— En busca de los anillos de bodas, —Blaine sonríe.
— ¿Hablas en serio? ¿Ahora? ¿Y en Tiffany?
— ¿Por qué no? —dice Blaine, riéndose de los ojos de Kurt, que ahora están como platos.— Tendremos que elegirlos en algún momento... y ya sabes lo que significa Tiffany...
— ¡Diamantes! —Kurt grita alegremente mientras arrastra a Blaine hacia la puerta.
Una hora más tarde y Kurt está en la última charola, mientras la siempre paciente asistente le sonríe con indulgencia a este sobre-excitado joven, pero increíblemente exigente. Blaine se encuentra justo a su lado en todo, más que feliz de dejar que Kurt dé su opinión, y amablemente tendiendo su mano cada vez que es solicitada por su prometido.
— No, —Kurt dice mientras saca el anillo del dedo derecho de Blaine.— Ese tampoco se ve bien.
— Me gustó ese, —Blaine dice en voz baja.
— Pero a mí no, —dice Kurt mientras vuelve su atención a la charola.— ¿Qué tal este?
— Es horrible. Ni siquiera pienses en poner eso en mi mano porque te lo estoy diciendo, no.
— Haz lo que quieras, —Kurt se encoge de hombros, aunque hay una alegría detrás de sus palabras.
— Me gusta ese, —dice Blaine, señalando una banda de platino grueso con cinco filas de pequeños diamantes alrededor de ella, brillando bajo las luces del exhibidor.
— A mí también, —coincide Kurt,— pero... ¿has visto el precio?
— Ocho mil, —Blaine dice mientras mira la lista.— Es más barato que tu anillo de compromiso.
— Sí, pero son dos.
— Pruébatelo —lo insta Blaine.— Estas son nuestras alianzas, Kurt. Me importa un carajo cuánto cuesten, van a estar en nuestras manos para toda la vida. Tienen que ser perfectas para nosotros.
Kurt se desliza el anillo y mira hacia su mano derecha, parpadeando para contener las lágrimas. Es demasiado grande para su delgado dedo, pero aún así se ve completamente perfecto y él traga grueso antes de entregárselo a Blaine para que se lo mida.
— Bueno, creo que hemos encontrado el indicado, —dice Blaine, con la voz ronca por la emoción mientras admira sus dedos con Kurt.
— Yo también lo creo, —susurra Kurt, enganchando su barbilla sobre el hombro de Blaine y envolviendo sus brazos alrededor de su cintura.— Blaine y Kurt Anderson-Hummel. Esposos, —dice besándolo justo por encima del cuello de su camisa.
— Hummel-Anderson, —lo corrige Blaine.
— Ese es el correcto, —Kurt se ríe.
— ¿Todo listo? —pregunta la asistente cortésmente.
— Creo que sí, —dice Blaine.— ¿Puedo preguntar, si sería muy inadecuado de mi parte besar a mi hombre aquí y ahora?
— Probablemente, —ella sonríe.— Pero increíblemente lindo. Permítame su teléfono.
Blaine hace lo que le dice, esperando hasta que ella lo sostiene con la cámara lista.— Adelante, —dice ella, y Blaine lo hace, girándose para acunar el rostro de Kurt con una mano, apoyando la otra en su cadera mientras conduce sus labios a los de Kurt, quien suspira felizmente en el beso, subiendo las manos para empuñar ligeramente la parte frontal de la camisa de Blaine.
— Son adorables, —dice la asistente mientras se separan para descansar sus frentes juntas.— ¿Cuándo es la boda?
— El treinta y uno de mayo, del próximo año, —dice Kurt todavía sin aliento por el beso mientras se encuentra incapaz de apartar los ojos de Blaine.— No puede venir lo suficientemente rápido.
. . .
— Y luego nos midieron, —Kurt le dice a Rachel con entusiasmo esa noche tomando cocteles.— Y dijeron que serán tres meses para que los hagan, pero Blaine quiere que estén grabados en el interior por lo que puede tardar un poco más.
— ¿Qué llevará grabado el tuyo, Hummel? —Pregunta Santana.— ¿Activo? ¿Pasivo? ¿O simplemente noviecito?
— Nada de eso, gracias, —dice Blaine con una mirada.— Y no te lo voy a decir. Va a ser mi sorpresa para Kurt.
— En ese caso yo quiero elegir el grabado del tuyo, —Kurt le dice.
— Por mí está bien, —Blaine responde con un encogimiento de hombros.
— Suena como si hubieran tenido un día ocupado, —señala Finn mientras bebe su cerveza.
— Así es. Después de las compras de los anillos, Blaine me llevó a Saks. ¡Oh Dios mío!... nos divertimos mucho.
— Mi tarjeta de crédito no, —ríe Blaine.
— Luego almorzamos, visitamos Times Square, caminamos a lo largo de Broadway y...
— Fuimos al museo, —Blaine se apresura precipitadamente, lanzando una mirada de advertencia a Kurt.
— Del sexo, —termina cuando la cabeza de Blaine golpea sobre la mesa.
— ¡Woah! —Vitorea Puck.— ¡Yo no sabía que había uno!
— Bueno, pues lo hay, —dice Kurt.— Y aunque era bastante interesante, no era tan...
— ¿Excitante? —ofrece Finn.
— Sí. No fue excitante en absoluto. Muy clínico.
— Estoy seguro que Blaine puede rectificar eso para ti, —Santana ríe, agitando su cabello mientras él se sonroja y mira al suelo.
— Hey Rach, ¿quieres visitarlo? —Finn le pregunta con una sonrisa.
— No, no quiero, —dice ella con recato mientras tira de su cárdigan.— Gracias.
Blaine y Kurt se despiden temprano, y Blaine sorprende a Kurt al sugerirle que caminen de regreso al hotel ya que está a sólo unas manzanas.— Bueno... me divertí mucho hoy, —dice mientras entrelaza sus dedos con los de Kurt.— Así como, un montón de diversión.
— Yo también, —coincide Kurt.— No esperaba venir aquí y elegir los anillos de boda. Eso sí... tampoco esperaba visitar un museo del sexo. Times Square palidece en comparación.
Blaine se ríe en voz baja.— Sí, fue... interesante. Al menos podemos decir que fuimos. Algunos de esos antiguos consoladores lucían más como instrumentos de tortura.
— Probablemente lo eran. Sin embargo, la tienda era buena -incluso si gastaste una cantidad ridícula de dinero.
— No estaba tan mal. Mejor que tú en Saks, de todos modos, —Blaine dice mientras le enseña la lengua.— Y son cosas que necesitamos...o que utilizaremos, de cualquier modo.
— No necesitas pasta en forma de pene o un dildo de arco iris, —Kurt se ríe mientras le da un empujón juguetón.— Pero tengo ganas de probar esas cuentas anales en algún momento. Y tengo la sensación de que el vibrador resistente al agua se convertirá en mi mejor amigo cuando tengas que irte lejos.
— ¿Ves? Cosas que necesitamos, —Blaine sonríe antes de detener a Kurt en la calle para besarlo, deslizando los dedos por su suave cabello cuando Kurt gime contra su lengua.— Pero te necesito a ti más que a nada.
No del todo seguro de lo que Blaine está insinuando, y sin querer empujarlo demasiado lejos, Kurt sonríe suavemente y toma su mano una vez más. Se quedan en silencio hasta que están de vuelta en su habitación, donde Blaine enciende una lámpara pequeña, antes de tomar la chaqueta de Kurt y colgarla cuidadosamente en el armario para después moverse hasta estar delante de él.
— ¿Puedo besarte otra vez? —Pregunta con incertidumbre.— Es que te ves tan hermoso así, y yo...
— No tienes que preguntar, —Kurt lo tranquiliza mientras su mano se detiene en la base del cuello de Blaine.— Sea lo que sea que te preocupa, déjalo salir.
— Me preocupa no ser capaz de terminar el trabajo, —se ríe, avergonzado.
— No hay trabajo que terminar, —Kurt le dice mientras deja que su lengua se deslice para trazar alrededor de la concha de la oreja de Blaine.— Dado que no se ha iniciado. Ahora besarme.
Blaine se pierde en el beso, dejando que sus sentidos se vuelvan abrumados con todas las cosas de Kurt, deleitándose en la sensación de sus manos corriendo sobre su espalda, moviéndose a la cintura de sus pantalones para desfajar su camisa. Su boca se abre más bajo el toque de Kurt, rindiéndose ante su lengua y gimiendo en su garganta mientras se siente endurecer. Blaine los mueve hacia la cama, cayendo sobre el colchón y tirando a Kurt encima de él, mente, cuerpo y alma conectándose con este joven mientras Kurt desabrocha a toda prisa su camisa y la abre de par en par, moviendo su boca en un sendero por el cuello y pecho de Blaine para succionar ligeramente un pezón con su boca, haciendo que Blaine arquee la espalda y grite. Se mueve para lamer el otro pezón mientras sus ágiles dedos hacen un trabajo rápido en el cinturón de Blaine y su cremallera, alcanzando el interior para frotar su erección, apenas contenida en sus calzoncillos.
Gimiendo en voz baja mientras sus labios se encuentran entre sí, una vez más, Blaine busca a tientas los botones del chaleco de Kurt y lo retira de sus hombros con impaciencia. Meciéndose, Kurt se quita su propia camisa por la cabeza, sintiendo que los botones le tomarán demasiado tiempo cuando su miembro se tensa dentro de los confines de sus pantalones. Por una fracción de segundo, él duda, preguntándose si debe consultarle a Blaine si está bien, pero temeroso de que eso lo sacuda de nuevo a la realidad. Pero entonces la pierna de Blaine se alza, envolviéndose alrededor de su cintura y acercándolo más, y todo pensamiento coherente es olvidado cuando Blaine deja un chupetón debajo de su mandíbula y se frotan rudamente uno contra el otro.
Liberándose de sus pantalones y calzoncillos, Kurt se desliza hacia abajo de la cama, retirando también los pantalones y la ropa interior de Blaine antes de dejar un sendero de besos calientes a lo largo de la parte interior de sus muslos. Depositando un beso en la punta del pene de Blaine -duro y chorreante- sonríe su agradecimiento hacia Blaine mientras llega a la mesa de noche y agarra la botella de lubricante, presionándola con insistencia en la mano de Kurt.
Blaine extiende sus piernas ampliamente, gimiendo de placer cuando un dedo resbaladizo traza una línea desde su pene hasta su entrada, rodeándolo e incitándolo mientras Blaine sacude sus caderas, sus ruidos volviéndose más y más desesperados. Kurt se inclina para tomarlo en la boca, pero Blaine coloca una mano en su hombro y niega con la cabeza, señalando con la mirada que él necesita besos. Entonces Kurt se recuesta junto a él, abriéndolo lentamente con los dedos mientras sus bocas y lenguas se mueven juntas y Kurt se frota dura y desesperadamente contra el muslo de Blaine hasta que él está tomando tres dedos con facilidad cuando se mueve hasta arrodillarse entre sus piernas.
Ambos gimen felizmente cuando Kurt se empuja dentro, cerrando los ojos de placer mientras permanece inmóvil, enterrado profundamente. Blaine mantiene los ojos abiertos, mirando su rostro con infinita fascinación cuando Kurt agarra la parte posterior de sus rodillas y comienza a moverse, mordiéndose con fuerza el labio para no gritar y echar a perder el momento. Él construye un ritmo constante, en cuyo punto abre sus ojos y le sonríe a Blaine, quien se arquea para un beso, que es descuidado pero perfecto mientras Kurt cae sobre sus codos y se mueve más profundo. Él sabe el momento en que ha rozado la próstata de Blaine porque su cabeza golpea de nuevo en la almohada mientras una mano agarra el culo de Kurt y lleva la otra a su pene, adolorido y ahora desesperado por la liberación. Acariciándose lentamente, espera, aguardando el momento hasta que puede sentir a Kurt aumentando el ritmo con embestidas erráticas, y luego ambos se dejar ir, viniéndose silenciosamente mientras Kurt entierra su cara en el hueco sudoroso del cuello de Blaine e inhala fuertemente. Se quedan así durante mucho tiempo, las caderas de Kurt meciéndose suavemente mientras su respiración se calma poco a poco y, finalmente, Kurt rueda, agarrando un puñado de pañuelos desechables y limpiando con cansancio el estómago de Blaine. Siguen sin hablar cuando Kurt extiende su brazo para que Blaine se acurruque más cerca, frotando sus narices mientras sonríen, brillante, radiante y deslumbrante antes de que Kurt lo bese tiernamente y apague la luz.
Ambos duermen profundamente.
