— Puedes hacerlo, puedes hacerlo, puedes hacerlo, —Blaine se repite una y otra vez mientras mira fijamente a su propio reflejo. Se inclina hacia el grifo abierto, tomando un poco de agua en la mano y salpicándola sobre su cara antes de enderezarse de nuevo, susurrando su mantra mientras toma una servilleta y se seca las manos. Oye un inodoro y espera a que salga Kurt, viendo en el espejo mientras camina hacia él.
— Hablando solo, —dice con una mirada que casi coincide con la de Blaine en su nerviosismo.— No es una buena señal. Me preocupaba que esto te enviara a la locura.
— Si. —Blaine hace un gracioso salto en el acto, rodando su cuello y tratando de liberar parte de la tensión.
— Sólo trato de mentalizarme un poco.
— ¿Está todo listo?
— Supongo.
— La positividad es la clave, Blaine, —Kurt dice mientras sostiene la puerta abierta para él y entran en el vestíbulo del Centro Sinfónico, sus pies resonando mientras caminan hacia la sala de orquesta.— Sólo recuerda eso.
— Sí, —Blaine asiente con la cabeza mientras trata de no pensar en lo que está por venir.— Cristo, me siento enfermo.
— Vomita todo lo que quieras después, —Kurt dice cuando toma su mano en la suya,— pero ahora tienes una audición.
Blaine le da su nombre a la recepcionista y se dirige a tomar asiento junto con varios candidatos que parecen sentirse tan preocupados como él.
— Hay muchos, —susurra a Kurt.— Sólo había cuatro la última vez.
— Supongo que es un lugar privilegiado, —murmura Kurt mientras estudia a los candidatos.— Sin embargo, eres por mucho, el más sexy.
— ¿Eso qué tiene que ver? —Blaine se ríe mientras choca su hombro con el de Kurt.
— Nada, pero te hizo sonreír.
— Es cierto, —dice con gratitud.
Su nombre es llamado rápidamente -Blaine no sabe si es una bendición o una maldición ser de los primeros en lista por orden alfabético- pero se levanta, alisando las arrugas invisibles de su traje y respirando profunda y entrecortadamente.
— Okay, —Kurt dice mientras se pone de pie y descansa sus manos sobre sus hombros.— Sólo ve por ello. Voy a estar aquí, esperando. Te amo, viejito.
— Yo también, niño precioso, —Blaine dice distraídamente, recogiendo su estuche de violín y besándolo rápidamente en la mejilla. — Yo también.
Kurt siente que espera por siempre, caminando sin descanso más allá de la puerta del auditorio hasta que la empleada señala que es a prueba de sonido y que no oirá nada. Después de eso se acomoda en su asiento, moviéndose nerviosamente e incapaz de quedarse quieto o concentrarse en algo. Pasan diez minutos, luego veinte, treinta... y, finalmente, cincuenta minutos más tarde, Blaine emerge. Su cabello se ha vuelto húmedo y despeinado, liberado de los confines estrechos de gel a los que Blaine lo forzó esta mañana -lo que le dice a Kurt que ha estado tocando al menos con pasión. Sus mejillas están sonrojadas, sus ojos dorados brillando cuando se deja caer en su silla.
— Bueno, he pasado la primera ronda, —dice; el alivio es evidente en su voz.
— ¿Primera ronda? —Kurt le pregunta con incredulidad.— ¿Eso fue sólo una ronda?
— Dos más por avanzar, —Blaine asiente con la cabeza.— Lectura a primera vista y la entrevista.
Permanecen en relativo silencio mientras que el resto de los candidatos toman su turno -aunque Kurt nota con preocupación que nadie se toma el tiempo que Blaine. No se atreve a expresar esto, por supuesto, pero él puede ver que Blaine lo ha notado también por la forma en que mira el reloj cada vez que la puerta se abre. Al final de la ronda, la mayoría se han ido, dejando sólo a Blaine y a otras cuatro personas. Él es llamado de nuevo, la amable empleada coloca una mano tranquilizadora en su hombro mientras lo hace pasar al interior, y esta vez Kurt logra vislumbrar el escenario con varios músicos listos para tocar con él.
Trata de centrarse en el Candy Crush, pero su corazón no está en ello, y es gratamente sorprendido cuando la puerta se abre después de sólo veinte minutos. Pero cuando Blaine emerge, todo en Kurt se desploma. Él está blanco y temblando, las lágrimas son evidentes en sus ojos mientras camina más allá de Kurt y da vuelta en la esquina, donde él se apresura para atraparlo.
— ¡Blaine!
Se detiene, apoyado en la pared antes de deslizarse hasta el suelo y enterrar la cabeza entre las manos.— ¿Qué es? —pregunta Kurt, corriendo a arrodillarse a su lado, envolviendo un brazo preocupado y protector alrededor de su espalda.— ¿Qué pasó?
— Ellos dijeron que habían visto suficiente, —dice levantando la cabeza, sin dejar de lucir como si fuera a vomitar en el acto.— Yo... yo... toqué como... la mitad de la pieza de la lectura a primera vista y me detuvieron. Dijeron que no necesitaban que tocara más y que tampoco querían entrevistarme... Me ofrecieron el trabajo, Kurt... entré.
— ¡¿Qué?! —El chillido de Kurt es fuerte, rebotando en las paredes mientras se estremece y baja su tono.— Lo siento... ¿qué? ¿Entraste? ¿Realmente entraste?
— Entré, —repite Blaine.— Soy un miembro de la Orquesta Sinfónica de Chicago.
— ¡Dios mío! —Ríe Kurt.— Sabía que podías hacerlo, ¡lo sabía!
Blaine todavía parece aturdido y confuso mientras Kurt intenta abrazarlo, y niega brevemente con la cabeza, como tratando de aclarar su mente por un momento.— Lo hice, —susurra.— Realmente lo hice.
— De verdad lo hiciste, —coincide Kurt con una sonrisa, abriendo sus brazos, y esta vez Blaine cae en su abrazo, besándolo con fiereza antes de apartarse con una sonrisa.
— ¡Santo puto infierno, Kurt! —llora, moviendo la cabeza de nuevo y abrazando a Kurt fuertemente.— ¡Lo hice! ¡Estoy dentro!
— ¿Qué pasó con el resto de los candidatos? —Kurt le pregunta de repente confundido.
— Había dos lugares. Segundo y tercer violín. Conseguí el segundo pero creo que seguirán con el proceso para nombrar al tercero.
— ¿Cuál es el tercer violín?
— Como una reserva, —explica Blaine.— El primero y segundo violín son miembros de tiempo completo, los terceros se encuentran en una nómina o lista y son llamados cuando se les necesita.
— ¡Pah! —Kurt se burla y Blaine pone un dedo en sus labios, pidiéndole que se calle.— Oh Dios mío, Blaine. ¡Estoy tan feliz por ti! ¡Tan, pero tan feliz! ¿A quién llamarás primero? ¿A tus padres o a Wes?
— Por el momento a nadie, —dice Blaine mientras se levanta sobre sus piernas aún temblorosas y jala a Kurt.— Iremos a tomar un café y un enorme trozo de pastel y luego esta noche te llevaré a cenar para celebrar.
— Uh-uh, —Kurt no está de acuerdo.— El café y el pastel, sí. Pero yo voy a llevarte a cenar esta noche, con mi dinero para celebrar el hecho de que tengo el prometido más talentoso, maravilloso, hermoso e increíble que el mundo ha visto jamás, —dice sonriendo.
— Yo no sé nada de eso, —dice Blaine, de repente tímido.
— ¿Guardas silencio? —Kurt le pide, poniendo los ojos en blanco con cariño.— Yo siempre tengo razón, ¿recuerdas? Siempre. Ahora, alguien me prometió café y pastel.
Se dirigen al Starbucks más cercano y Kurt espera en la línea por sus bebidas antes de acomodarse en asientos junto a la ventana, todavía aturdidos por la emoción.
— Entonces... detalles, —Kurt dice con la boca llena de pastel.— ¿Cuándo empiezas? ¿A qué hora? ¿Todavía puedes trabajar en la publicidad?
— Umm, empiezo la semana que viene, tengo que ir a los ensayos cuatro días a la semana desde las ocho hasta la una. Sí puedo mantener mis cosas de publicidad, pero voy a dejar el trabajo por sesión. No hay necesidad de que lo mantenga, y aunque siempre lo he disfrutado, los comerciales son mucho más lucrativos y tengo que ser honesto aquí... realmente me he llegado a sentir muy orgulloso del trabajo que he hecho.
— Debes estarlo, —Kurt está de acuerdo.— Sin embargo, no creo que necesites hacer demasiado, tal vez sólo mantener a Kendall y Webster Evans. Supongo que recibirás un salario por parte de la orquesta.
— Um... sí. —Blaine hace una pausa para aclararse la garganta.— Muy bueno.
— Me parece recordar que la cifra inicial era de cien mil dólares, ¿no? —Kurt dice lo mas espontaneo que puede.
— Los violines ganan más. Voy a empezar en... —deja de hablar y traza los dígitos 125 con el dedo sobre la mesa.
— Te amo, —Kurt sonríe.— ¿Te he dicho que te amo? Te amo. Yo también podría hacerme de unos zapatos nuevos.
— Sí Kurt, —dice Blaine, con voz cansada, pero con los ojos brillantes de risa.— Podemos ir de compras. Una vez más.
— Gracias, —dice sonriendo.— ¿Entonces cuándo es tu primer concierto?
— En dos meses. Pero es sólo una noche aquí... luego es un tour, —dice dejando caer su rostro en un gesto incierto.— Es a lo largo de la costa este, —añade apresuradamente.— Y son sólo tres semanas.
— Blaine, está bien, —dice Kurt mientras se estira para cubrir su mano con la suya.— Sabíamos todo esto. Está bien.
— Puedes venir conmigo, estarás en receso de verano para entonces.
— En realidad... Estoy pensando en irme solo este verano, —Kurt dice nerviosamente.
— ¿Ah, sí?
— Sí. Estaba pensando que podría audicionar para algunas producciones itinerantes. Hay mucho que hacer.
— ¿No habrá campamento?
— Bueno, Joe estará volando a Los Ángeles para filmar ese papel que le ofrecieron en Londres. Él dijo que podía conseguirme un trabajo haciendo vestuario, pero no siempre puedo estar con él. Así que pensé que podría aprovechar esta oportunidad para tratar de conseguir mi primera actuación profesional.
— Eso es maravilloso, —sonríe Blaine.
— Y todavía tenemos nuestros cinco días con Wes y Kathy en Virginia Beach, —señala Kurt.— Y por supuesto, nuestra semana en Los Ángeles.
— Así es, —Blaine se traga el nudo que se ha formado en su garganta.— Sin embargo, te voy a extrañar.
— Y yo a ti, —Kurt dice mientras besa su mano.— Pero tenemos que perseguir nuestros sueños.
— Lo hacemos.
— Espera un minuto, —dice Kurt de repente, dejando su taza sobre la mesa.— Costa Este... ¿no significa eso Nueva York?
— Uh... sí, —Blaine asiente con la cabeza mientras mira fijamente a la mesa.— Pero creo que voy a estar bien. Son tres noches ahí... y lo sabes... lo mejoraste mucho para mí...
— Iré contigo, —dice Kurt con decisión, interrumpiendo a Blaine rápidamente antes de que pueda oponerse.— Pase lo que pase, cualquier trabajo que tenga, te prometo que pasaré esas tres noches contigo en Nueva York, ¿okay?
— Pero...
— Ni siquiera empieces a oponerte, Blaine Anderson-Hummel.
— Hummel-Anderson, —Blaine lo corrige.
— Eso es lo que dije. Más o menos.
— Gracias, —susurra Blaine mientras sus ojos brillan con lágrimas no derramadas.— No quería pedírtelo.
— Sé que no lo hiciste. Es por eso que te lo estoy diciendo.
— Gracias por todo, —dice Blaine, que viene alrededor de la mesa para aplastarse en el sillón junto a Kurt, poniendo sus piernas por encima de él sin importarle lo que piensen al respecto.— No sólo por eso, sino... por más. Sobre todo recientemente. Hiciste ese viaje a Nueva York por mí, porque fuiste tan fuerte y tan tierno y amable. Y yo ni siquiera hubiera intentado hacer esta audición hoy si no hubiera sido por ti, —hace una pausa para sonreír a la indignación de Kurt.— Siempre sabes lo que es mejor para mí, porque me mantienes en tu corazón... y en serio no puedo agradecerte lo suficiente por eso.
— Podríamos tener sexo de celebración, —Kurt sugiere.— Eso, y unos zapatos nuevos, podrían de alguna manera expresar tu gratitud.
Riendo en voz alta, Blaine acuna su rostro, se inclina para colocar un beso en sus labios.— Creo que la frase que estoy buscando es 'cualquier cosa por ti.'
. . .
Son tres semanas más tarde y Blaine es alertado una vez más del regreso a casa de Kurt por el fuerte azotón de la puerta principal, seguido de una serie de improperios entre dientes mientras se mueve de una habitación a otra antes de finalmente encontrar a Blaine en el piano.
— ¿No podrías haberme dicho que estabas aquí? —Él resopla a modo de saludo.— ¿En vez de quedarte ahí escuchándome buscarte por todo el apartamento?
— No es un lugar muy grande, —dice Blaine razonablemente.— Y yo estoy siempre aquí -todas las tardes.
— Ayer estuviste corriendo afuera, —Kurt asiente mientras gira sobre sus talones y se dirige a la cocina.
— Supongo que no lo conseguiste, —Blaine dice mientras lo sigue por el pasillo.
— No, no lo conseguí, —Kurt dice mordazmente mientras abre la nevera.— Y es la quinta en varios días. —Toma un plato de sobras de pollo de la nevera, se sienta a la mesa y empieza a comer, masticando la carne sin pensar mientras echa pestes.
— No te gusta el pollo frío, —señala Blaine.
— Lo sé.
— ¿Tienes algunas más en la lista? —Blaine hurga en el congelador, sustituyendo el pollo por helado antes de arrastrar tentativamente una silla a su lado y sentarse.
— Tengo tres la próxima semana, —dice Kurt, un poco más tranquilo.— Nine to Five, Hello Dolly! y Bar Mitzvah Boy.
— ¿Qué demonios es eso?
— No tengo ni idea, —Kurt dice con cansancio.— Y creo que podrían adivinar que no soy judío.
— Bueno... Nine to Five podría ser divertido.
— Sí... supongo. —Suspira y apoya la barbilla en la mesa, parpadeando con fuerza para librarse de las lágrimas que puede sentir escociendo en sus ojos.— Nunca lo voy a lograr, ¿verdad? —susurra.— Estos son sólo papeles de coro, y simplemente sigo siendo rechazado. Canté dos líneas hoy, eso es todo, y luego gritaron "siguiente" por encima de mí y me despidieron con un gesto de su mano. Ni siquiera un gracias.
— Oh mi niño precioso, —Blaine dice mientras lo insta a subirse en su regazo.— Vas a hacerlo. Pero tienes que recordar que cientos de otros están tratando de hacerlo también.
— Lo sé, pero...
— Pero eso no lo hace más fácil. Lo entiendo. Tú sabes...
— No me digas que no tengo que trabajar, Blaine, no lo hagas, —dice Kurt, poniéndose rígido en su abrazo.— Puede que no tenga que hacerlo, pero eso no significa que no quiera.
— No iba a decir eso, —Blaine dice con calma.— Eres muy consciente de la situación. Iba a sugerir que podrías tomar la oferta de Joe. Un verano confeccionando vestuario en un set de filmación... eso es una experiencia increíble.
— Si quieres hacer ese tipo de cosas, sí. Pero yo no. Además, ya le he dicho a Joe que haré un show este verano. No puedo volver con él, con la gorra en la mano y admitir que no funcionó.
— Bueno... okay... —Blaine hace una pausa, perdido para saber qué decir o qué hacer.— Creo que necesitas tratar de recordar que esto es sólo el comienzo. Siempre es difícil. ¿Cuántas veces leemos acerca de la lucha de un actor para llegar a la cima? Pero vas a llegar, y todavía tienes un año más en la universidad.
— Rachel consiguió Fanny.
— Sé que lo hizo, —Blaine sonríe, tratando de no reír a carcajadas.— Pero Rachel es... Rachel.
— Rachel va a ser una gran estrella de Broadway, —Kurt gime.
— Tú no sabes eso, el show ni siquiera se ha estrenado. Anda. Es fin de semana. Simplemente... vamos a olvidarlo. Podemos quedarnos en casa, ver películas y ser completamente perezosos, o podemos salir... lo que quieras.
— Quiero acurrucarme en el sofá contigo y tenerte besándome hasta que me sienta mejor, —dice Kurt contra su pecho.
— Puedo hacer eso. Y bueno, yo sé algo que te levantará el ánimo.
— ¿Ah, sí?
— En un año, tres semanas y un día, será nuestra boda.
La sonrisa de Kurt viene amplia y luminosa en su intento de besar a Blaine, pero es más un choque de dientes que los hace reír.— Sí... eso me anima, —dice mientras se rinde ante las risitas aumentando en su garganta.— ¿Cuáles son las posibilidades de conseguir un cuarteto de cuerdas para que toquen ese día?
Pasan el fin de semana inmersos el uno en el otro, aunque el domingo por la tarde Blaine se toma el tiempo para repasar las piezas de la audición de Kurt con él -tener un prometido que te puede acompañar en el piano cuando practicas tus canciones viene muy bien, Kurt se da cuenta, y él entra en su audición el lunes sintiéndose mucho más seguro. Pero es la misma historia de rechazo ese día, y el siguiente, y el que le sigue después de ese y Kurt vuelve abatido y enojado, estallando con Blaine sobre cada pequeña cosa -que culmina con él saliendo del apartamento esa mañana acusando a Blaine de desear que falle. Blaine llega a casa del ensayo de la tarde, esperando que Kurt esté en la universidad, pero lo encuentra acurrucado en la cama, llorando en silencio. Él lo toma en sus brazos sin decir palabra, frotando sus manos por su espalda y tranquilizándolo lo mejor que puede hasta que Kurt cae en un sueño intermitente durante unas horas.
Cuando emerge, camina con ojos llorosos a la cocina donde Blaine se encuentra en el mostrador preparando la cena. Se vuelve y toma a Kurt en sus brazos una vez más, quien suspira y descansa su cabeza sobre el hombro de Blaine.— Soy un idiota para ti, —murmura en su cuello.
— No, no lo eres, —Blaine lo tranquiliza.— Si me trataras mal, te diría algo. Pero estás comprensiblemente frustrado y molesto. Todos sacamos nuestros sentimientos sobre los más cercanos a nosotros.
— Lo siento.
— No te preocupes por eso. Sin embargo, me dolió que te fueras esta mañana sin decir adiós, por favor, trata de no hacerlo otra vez.
— Sé que quieres que tenga éxito, —admite en voz baja.
— Así es... por eso llamé a Santana, —dice Blaine, guiando a Kurt a sentarse a la mesa.
— ¿La llamaste para hablar de mí?
— Escúchame, —Blaine dice rápidamente, antes de que la creciente ira de Kurt pueda prevalecer.— Hay un casting abierto para una producción fuera de Broadway de Carousel que tendrá lugar el viernes. Ella irá, y creo que tú también deberías hacerlo.
— De ninguna manera. No. —Kurt está en sus pies en un segundo, negando con la cabeza enfáticamente mientras comienza a caminar.— ¿Todo un verano en Nueva York? No. Y de todos modos, tampoco quiero hacer Carousel.
— Pero es una convocatoria abierta, Kurt. Eso significa la posibilidad de adquirir un papel hablado. Y piensa en ello... podrías vivir con las chicas un par de meses, estarías ahí cuando la Sinfónica esté en la ciudad... y tan pronto como haya terminado tu temporada, podríamos volar a Virginia Beach.
— ¿De cuánto tiempo es la temporada?
— Cuatro semanas.
— No. No voy a hacerlo.
— Bueno, eso es un problema, porque te reservé un vuelo, —estalla Blaine.— Te vas mañana a las cuatro y vuelas de regreso el viernes después de la audición. Santana te esperará en el aeropuerto.
— Tú... ¿qué? —pregunta Kurt, con voz peligrosamente baja a medida que avanza hacia Blaine.
— Ya has oído, —Blaine responde con indiferencia mientras arrastra la silla de la mesa.— Acabas de disculparte -muy sinceramente, creo- por ser un idiota para mí. Te aseguré que entendía, y lo hago. Estoy tratando de ayudarte, Kurt. Irás a la audición del mismo modo que yo fui a la mía. Te tengo en mi corazón también, sabes. Ahora simplemente muestra un poco de confianza en mí, por favor.
Kurt se queda ahí, con la boca abierta mientras Blaine se mueve a su alrededor, preparando el risotto. Finalmente resopla fuerte y dramáticamente y se va enfadado al dormitorio, pero diez minutos más tarde, una pequeña maleta se encuentra prolijamente empacada, esperando en el pasillo.
. . .
— Lo conseguí.
— ¿Podrías estar más emocionado? —Blaine suspira por el teléfono.
— No me complace supongo... Santana consiguió ser Carrie Pipperidge.
— ¿Quién es esa?
— Un papel de reparto. Montones de líneas y un número en solitario.
— ¿Y tú?
— Sólo el coro. Un puñado de líneas en la escena final.
— Pero eso es bueno, ¿cierto? —Blaine lo insta.— Lograste la audición.
— Si.
— Oh mi amor... Ven a mí para que pueda abrazarte fuerte.
— Lo haré. El taxi está casi en el aeropuerto, te veré en un par de horas.
Se ilumina una vez que ve a Blaine de nuevo, sonriendo tímidamente hacia las flores con las que se presenta y hablando con mucho más entusiasmo sobre la producción.
— Es en realidad una temporada de tres semanas, con una semana previa de intensos ensayos, —él parlotea mientras hacen su camino hacia el coche.— Lo que funciona mejor para mí porque significa que no tengo que estar lejos de ti más de lo necesario. Y lo mejor de todo es que mi última noche es la noche antes de la tuya, por lo que puedes venir a mi matiné del sábado, luego yo puedo ir a verte el domingo.
— Eso funciona bien, —Blaine sonríe, feliz de oír a Kurt sonar animado por algo nuevo.— ¿Tal vez podríamos alquilar un coche y conducir hasta Virginia Beach desde allí? —Blaine pregunta en voz alta mientras se adentra en el tráfico.— Tener un par de días extra antes de que Wes y Kathy lleguen.
— Perfecto, —Kurt sonríe, recostándose en su asiento.
Se acurrucan cerca esa noche en la cama, hablando del verano y de todas las oportunidades que traerá. Kurt admite estar emocionado, y Blaine está de acuerdo, señalando que está bien extrañarse el uno al otro y a su vez querer experimentar cosas nuevas.
— Entonces es mi turno de darte las gracias, —Kurt dice mientras se acurruca sobre su costado para hacer frente a Blaine, metiendo las manos bajo la barbilla.— Por tener fe en mí, aguantar mi estado de ánimo y por darme el empujón que necesitaba.
— Cuando quieras, —Blaine sonríe dulcemente.— La verdad es que pensé que ibas a darme un puñetazo o a echarme cuando te dijera que había reservado tu vuelo, —él dice.— Es por eso que traté de actuar como si nada.
— ¡Nunca te daría un puñetazo! —Kurt grita horrorizado.
— ¿Pero me echarías? —Blaine se burla.
— ¡No!
— Bien, —Blaine se ríe.— Y de todos modos. Eso no fue un empujón. Este es un empujón, —dice mientras da un empujón a Kurt y lo tira de la cama, arrastrando el edredón con él.
— ¡Blaine Anderson, me empujaste fuera de la cama! —Kurt grita, riendo a carcajadas cuando el rostro de Blaine cuelga sobre el borde.— Súbeme.
— Te voy a dejar entrar en la cama otra vez si puedes responder a esta pregunta. Sin pensar, sólo dame la primera respuesta que te venga a la cabeza. ¿Cuál va a ser nuestro apellido una vez que estemos casados?
— Anderson-Hummel, —Kurt sonríe, luego sus ojos se agrandaban y él está golpeando su frente en señal de frustración.— ¡No!
— ¡Nope! —Blaine se ríe, estirándose hasta hacerle cosquillas en el estómago.— ¡Y fuiste tú quien lo eligió! Ah bueno. —Cae encima de él, tirando del edredón sobre los dos. — Supongo que tendremos que hacer el amor en el suelo.
Nine to Five, Hello Dolly!, Bar Mitzvah Boy y Carousel son todas obras de teatro musical.
