— ¿Fue malo? —Kurt le pregunta tan pronto como emerge de la puerta del escenario.
Blaine se ríe, besando su mejilla y tomando su mano.— Kurt, ellos son Eliza y Ken -tocamos juntos en la orquesta. Eliza, Ken, él es mi prometido, Kurt.
— Encantada de conocerte, —una pequeña mujer dice educadamente, tendiéndole la mano a Kurt para estrecharla.— Blaine sigue hablándonos mucho de ti.
— Oh, um... gracias. Encantado de conocerlos, —balbucea, estrechando las manos de cada uno de ellos. Son más grandes, Kurt estima que tienen cuarenta y tantos años, y se da cuenta de un anillo de bodas en la mano de Ken, pero no en la de Eliza.— ¿Están um...? —Se calla ante el sutil movimiento de cabeza de Blaine, sonrojándose profundamente y sintiéndose de pronto muy, pero muy joven.
— ¡Oh Dios, no! —Eliza se ríe.— No estoy casada. No, ambos estábamos sin planes esta tarde y Blaine nos preguntó si nos gustaría venir a ver el espectáculo. Realmente lo disfruté bastante, —sonríe, y Kurt se da cuenta por primera vez cuán positivamente... rica parece. Aún así, una mujer soltera con un salario tan alto puede darse el lujo de cuidar de sí misma, él supone, al darse cuenta de repente que Blaine se mueve ahora en un círculo social de élite.
— Los tres hemos estado haciendo mucho turismo en las últimas tres semanas, —Ken interrumpe sin dejarle a Kurt espacio para agradecer a Eliza por su comentario que lo hace sonrojar de nuevo.— Por lo general, con Abby y Richard.
— No creo haberme encontrado con ellos, —Kurt dice en voz baja mientras agarra la mano de Blaine con fuerza.
— Estaban en el desayuno, —dice Ken.
— Nosotros uh... no estuvimos en el desayuno, —dice Kurt, preguntándose cuando morirá este rubor de vergüenza, y dejará que sus mejillas vuelvan a su color normal.
— Ah, bueno, tal vez mañana por la noche, —Eliza dice dulcemente.— Hay un cóctel después del concierto.
— Oh. Oh, cierto. —Kurt mira a Blaine con los ojos muy abiertos, preguntándose por qué no se lo ha mencionado hasta ahora.
— ¿Y he oído que vas a viajar con nosotros en Año Nuevo? —Ken pregunta, tomando su tímido asentimiento como confirmación.— Excelente. Puedes conocer a mi esposa entonces. Será divertido.
— Hey cara de gay y noviecita, —dice Santana cuando de repente llega al lugar, besando la mejilla de Blaine.— ¿Qué pensaste entonces?
— Fue... —comienza Blaine.
— Fue una mierda, puedes decirlo, —ella le dice, inclinándose sobre Blaine para ofrecer su mano a Eliza y a Ken.— Hola. Soy Santana, la amante lesbiana de Kurt y Blaine.
Kurt mira a Blaine en estado de pánico, pero en lugar de lucir horrorizado parece divertido, como si ella fuera inofensiva.— A ella le gustaría pensar que lo era, —dice con una carcajada.
— Estuviste maravillosa, —dice Ken con entusiasmo,— muy disfrutable.
— Lo sé, —Santana se pavonea, pero no se olvida de Kurt, poniendo un brazo alrededor de su cintura y arrastrándolo a la conversación.— Y este, —dice sonriendo.— Se robó el escenario.
— Totalmente, —Eliza está de acuerdo.
— Se robó mi corazón, —dice Blaine con los ojos fijos en Kurt y una mirada de completa adoración en su rostro.— ¿Tienes tiempo para tomar un café antes de tu próxima llamada?
— Sí, —dice Kurt con una voz que es apenas un susurro, queriendo desesperadamente pedirle si podrían ser sólo ellos dos, pero no deseando hacer que Blaine se sienta incómodo.
— Genial. —Él sonríe, volviéndose a Eliza y a Ken.— Voy a pasar un tiempo con Kurt, —dice educadamente y para gran alivio de Kurt.— Los veré en la sala de conciertos.
— ¿Puedo ir? —Santana le pregunta, pero Blaine la acalla con un rápido No.
— ¡Hey! ¡Fui amable!
— Sé que lo fuiste, —Blaine dice sinceramente.— Pero realmente quiero pasar una hora a solas con Kurt antes de que nuestros horarios nos separen de nuevo, —explica.— Me pondré al día contigo más tarde.
Todos dicen adiós, con Blaine tomando el brazo de Kurt y enganchándolo con el suyo mientras lo escolta hacia la cafetería más cercana.— ¿Esto está bien? —pregunta cuando paran afuera.— Probablemente me creas un tonto cuando te digo que todavía no me siento muy cómodo en la ciudad.
— Yo no te creo un tonto en absoluto, —dice Kurt, envolviendo sus brazos sobre los hombros de Blaine y descansando sus frentes juntas.— Todavía creo que eres muy valiente, y te amo infinitamente.
Kurt besa sus labios suavemente, tarareando mientras sus ojos pestañean hasta cerrarse y siente que empieza a relajarse. Van de la mano, ordenando sus bebidas y acomodándose en un gabinete en la esquina más alejada, Blaine se desliza justo al lado de Kurt, en lugar de en el extremo opuesto, lo que hace a Kurt sonreír y sentirse como un adolescente aturdido una vez más.
— Entonces... ¿estás bien? —Blaine pregunta, observando la manera en que Kurt juega con los paquetes de azúcar.
— Sí, —empieza mientras siente su pánico interno encendiéndose una vez más. — Es que... la gente. Yo uh... No sabía que ibas a traer gente. —Se siente tonto súbitamente -nervioso- casi un recordatorio de la primera vez que tomaron café juntos.
— Oh. Bueno... Simplemente pensé que sería bueno, eso es todo. Ellos estuvieron bien, ¿no? Hemos estado conviviendo bastante bien mientras hemos estado de gira y sólo quería que te vieran hacer lo tuyo... porque estoy muy orgulloso de ti.
—Sí, no, no, fueron agradables, —Kurt divaga.— Es sólo que... sí. Supongo que estoy un poco avergonzado por el show, y soy sólo parte del coro...
— Pero eres muy, pero muy disfrutable, Kurt, —dice Blaine sinceramente.— Y no sólo lo estoy diciendo porque eres mío o porque quiero hacerte sonreír. Lo digo en serio. Con toda honestidad, no, no es el mejor musical que haya visto. Pero eres hipnotizante. Santana tenía razón, te robas cada escena -y no de mala manera, tratando de acaparar el centro de atención. Es mucho más sutil que eso. Es el giro de tu cabeza, la intensidad de tu mirada. Es saber que tus pasos de baile están cronometrados a la perfección mientras que los otros están ligeramente atrás. Y nunca pierdes el foco, ni por un segundo. No sé cuantas veces te habrás tenido que sentar en ese escenario a escuchar a esos actores decir sus líneas, y aún así luces fresco, como si estuvieras mirando ese despliegue por primera vez. Esa es la marca de un actor experto -a diferencia de ese chico de cabello azul que seguía buscando a alguien en la audiencia. Y de todos modos, ¿qué clase de director deja que un miembro de su reparto tenga un cabello azul brillante para una obra ambientada en el siglo diecinueve?
Ambos ríen ante esto, pero Kurt se detiene primero, tranquilizándose una vez más cuando Blaine cubre su mano con la suya.— ¿Entonces qué más?
— ¿Huh? —Kurt lo mira, casi aturdido.— No, no... Nada más. Está bien.
— No está bien, porque estás ordenando esos paquetes de azúcar en patrones simétricos como si tu vida dependiera de ello. ¿Qué pasa?
Kurt suspira, su rostro muestra un destello de molestia cuando Blaine aparta los paquetes a un lado y toma sus dos manos, girando en la banca para estar uno frente al otro.— Es... No sabía. Acerca de la fiesta, quiero decir. No me dijiste nada.
— Lo olvidé, —dice Blaine amablemente.— Llegué a la ciudad ayer y estuvimos algo ocupados... —Se calla formando una sonrisa en su rostro.— Lo siento. Sí, hay una recepción mañana en la noche después del recital. ¿Quieres venir?
— Yo... yo... No creo ir, si no te importa, —dice Kurt mirando hacia sus rodillas y sin notar la forma en que el rostro de Blaine se decae.— Ni siquiera soy lo suficientemente grande como para beber, para empezar.
— Bueno, eso no te ha detenido en los últimos tres años, —dice Blaine,— Además, es una recepción, no una gran fiesta. No tienes que emborracharte... de hecho, probablemente sería mal visto si lo hicieras.
— No tengo nada que ponerme.
— Entonces ve de compras mañana. Consigue lo que quieras.
— Estarás ocupado con tus amigos de la orquesta y seré dejado de lado.
— Entonces de eso se trata, —dice Blaine, empezando a mostrar su impaciencia.— Mira, Kurt, no dije nada porque estaba muy ocupado disfrutando del hecho de que finalmente estamos de nuevo juntos. En caso de que no lo hayas notado, estaba muy contento de tenerte de vuelta entre mis brazos, y prefiero pasar mi tiempo reconectándome contigo que estar parloteando sobre una recepción. Quiero que vayas porque quiero que todo el mundo te conozca. Estoy ridículamente orgulloso de que me vean contigo, no tienes una idea, lo siento si eso te hace sentir incómodo o lo que sea, pero nos estamos quedando en el mismo hotel que toda esa gente, y será lo mismo en Año Nuevo. No los puedes evitar por siempre.
— ¿Saben ellos que sólo tengo veinte años?
— No, ¿pero por qué tendrían que saberlo? No escuchas a la gente presentarse y mencionar su edad al final, ¿o sí? 'Hola, soy Roy y tengo cincuenta y siete.' La gente sabrá que hay una diferencia de edad entre nosotros -tienen ojos- y si ellos preguntan, se los diré. No me avergüenza. Pero no es algo que tengo que advertir porque no siento la necesidad.
— No sé de qué voy a hablar, —dice en voz baja.— No me gustaría decepcionarte.
— Kurt, no podrías... nunca lo harías. No. Fuiste tú el que me dijo que estabas hecho para este estilo de vida. Por favor, ven conmigo, mi niño precioso, por favor. Te prometo permanecer a tu lado y ayudarte a facilitarte las conversaciones.
— No sé.
— Okay, —dice Blaine sintiéndose desinflado y triste mientras empuja su café sobre la mesa, sin siquiera haberlo probado.— No puedo obligarte —dice con un gesto firme.— Siento mucho que te sientas de ese modo... Pero yo sí tengo que ir, te das cuenta de eso, ¿cierto? No puedo no aparecer.
— Está bien. Yo... saldré con Santana o algo.
— Bien, —Blaine asiente una vez más, dejando ir las manos de Kurt y apartándose de él, haciendo el corazón de Kurt contraerse de tristeza.
— Hay uh... una fiesta post show esta noche, —dice en voz baja,— Pero no voy a ir, así que regresaré al hotel justo después de ti.
— ¿Por qué no vas a ir? ¿Podría ir? —ofrece Blaine esperanzado.
— Oh, no querrías ir, —dice Kurt apresuradamente,— No es el estilo lleno de glamour al que estás acostumbrado. Es más un barril de cerveza y pizza en la casa de alguien en Brooklyn. Y sé que no te gusta viajar a través de la ciudad, así que...
— Sin embargo lo haría, si quisieras que estuviera ahí. Haría cualquier cosa para apoyarte.
— No, está bien, en serio. No es lo mío para nada. Santana irá a cenar con Rachel y algunos miembros de su elenco, y prefiero ir a casa contigo.
— Si estás seguro, —dice Blaine con un encogimiento de hombros.— Pero iré a Brooklyn si quieres.
— No, en serio, está bien. —Kurt es firme, y Blaine busca alguna señal de que está escondiendo sus verdaderos sentimientos, pero no encuentra nada.— Será mejor que regrese, —dice Kurt con un suspiro.
— Okay.
Salen de la cafetería juntos, pero Blaine mantiene sus manos dentro de sus bolsillos mientras caminan de regreso a la puerta del teatro.— Ten un buen show, —dice en voz baja.— Es el último, así que disfrútalo.
— Gracias. Tú también. El concierto, quiero decir. Ten un buen concierto.
— Sí, —Blaine hace una pausa, la atmósfera entre ellos es tensa e incómoda y se encuentra deseando saber cómo romperla.— Tú uh... ¿aún vendrás mañana a verme?
— ¡Por supuesto! —un sobresaltado Kurt contesta.— Rachel está libre -no tiene shows los domingos, y Finn está en la ciudad, así que los cuatro estaremos ahí.
— Okay, Bueno... te veré más tarde. Si cambias de opinión respecto a la fiesta, mándame un mensaje de texto con la dirección y te encontraré ahí. —Dándole a Kurt un breve beso en la mejilla, sonríe forzado una vez más y se va. Está a dos cuadras cuando sucede. Su corazón ha estado acelerado desde que dejó a Kurt, y el ruido de la ciudad parece sonar en sus oídos mientras camina. Trata de bloquearlos y enfocarse en su respiración, pero mientras más lo hace, todo parece correr justo frente a sus ojos. Se apoya pesadamente contra una pared, volviéndose más y más paranoico con respecto a las miradas de los paseantes, a quienes en realidad no podría importarles menos cuando empieza a temblar y a sudar frío. Él sabe que tiene que moverse -y rápido- antes de que vomite justo ahí, pero tan pronto como se aparta de la pared, sus piernas flaquean.
Unos fuertes brazos lo atrapan mientras cae, sujetándolo fuertemente mientras la persona asegura el brazo de Blaine sobre sus hombros y lo arrastra a una pequeña calle lateral.— Está bien, —viene la voz.— Está bien. Te tengo. Estoy aquí, y no me voy a ir a ninguna parte.
— ¿Kurt? —la propia voz de Blaine suena diferente en sus oídos, aguda y vacilante, llena de lágrimas y miedo.— Creo que yo... —Vomita con fuerza en la acera, agarrándose de una barandilla mientras hace arcadas una y otra vez hasta que su estómago está vacío.
— Toma, —una mano se extiende, ofreciéndole pañuelos desechables que toma agradecido y se limpia la boca.— Vamos a sentarte. —Es guiado a un pequeño escalón, hundiéndose y apoyando la cabeza contra la fría pared de ladrillos que está oculta en las sombras.— ¿Mejor?
— ¿Kurt? —pregunta de nuevo, completamente confundido y desorientado mientras trata de reconocer sus alrededores.
— Sí, soy yo. ¿Estás bien?
— ¿Qué pasó?
— Un ataque de pánico, supongo, —le dice Kurt mientras se pone en cuclillas frente a él.— Cuando te encontré, estabas a punto de caer desmayado.
— Viniste.
— Sí.
— Yo... oh Dios, —gime Blaine, dejando caer la cabeza en sus manos,— Vomite frente a ti.
— Sí, vergonzoso, —bromea Kurt.— Porque yo nunca haría algo así.
— Lo siento mucho, —susurra mortificado.
— No podías evitarlo. El mío fue auto infligido -y lo he hecho más de una vez. Siéntate aquí un momento, ¿okay? Voy a correr a la tienda de la esquina para conseguirte un poco de agua. Tengo mi teléfono, si me necesitas, sólo llámame.
Está de vuelta en cuestión de minutos, con las mejillas sonrojadas por la carrera, y le entrega a Blaine una botella de agua helada mientras descansa la otra mano contra su nuca. Blaine bebe agradecido, luego se limpia la boca antes de mirar a Kurt con un ceño confundido.
— ¿Cómo tu...? Um... Porque... nos despedimos y me fui... Yo no... —se calla, tratando de seguir su propia línea de pensamientos y sin recordar qué estaba intentando preguntar.
— Bueno... —Kurt se sienta en el estrecho escalón a su lado, sus cuerpos presionados juntos lo que tranquiliza y reconforta a Blaine mientras habla.— Cuando te fuiste me sentí muy triste. Como si todo y nada hubiera salido mal y no supiera como rectificarlo. Así que caminé al vestidor y me golpeó. Me necesitas. Así como yo te necesito. Estabas en esa cafetería diciéndome que estarías dispuesto a viajar a Brooklyn, solo, nada más para asistir a una jodida fiesta de barril si yo te quería ahí, porque harías cualquier cosa para apoyarme. Y ahí estoy yo, quejándome por tener que asistir a un coctel de etiqueta con todos tus colegas porque estoy preocupado por hacer el ridículo. Pero nada de eso importa, ¿o sí? Porque quiero apoyarte. Mi presencia no hará ninguna diferencia para Fred o... no sé... Ginger, —dice con una pequeña sonrisa.— Pero significará el mundo para ti, justo como significa todo para mí que viniste a ver mi show, y que enfrentarías todos tus miedos para apoyarme en una tonta fiesta. Y quiero hacer esto contigo, —dice con seriedad,— Quiero hacer mi vida contigo.
— ¿Entonces viniste a buscarme? —dice Blaine con lágrimas brillando en sus ojos.
— Lo hice. Y vi el momento en que te detuviste y te apoyaste contra la pared. Estaba llamándote pero creo que tus oídos no estaban funcionando, así que me abrí paso entre la multitud y te atrapé justo cuando empezabas a desvanecerte.
— Viniste
— Lo hice. Y también estaré de tu brazo mañana en la noche en la recepción, si me lo permites.
— Por supuesto que te lo permitiré, —asiente Blaine.— No puedo pensar en nada mejor. Pero por favor no te preocupes por hacer el ridículo. Son gente agradable, no están ahí para hacer que cualquiera parezca tonto o hacerte tropezar.
— Lo sé. Es sólo que... dejé que mis propios temores salieran a la superficie una vez más, creo. Lo siento mucho, Blaine.
— No te preocupes.
— Siempre dices eso.
— Porque en serio, ¿qué sentido tiene estancarnos en eso? —Pregunta Blaine.— Sólo nos volverá miserables a ambos. Tuviste tu momento, te disculpaste y yo lo acepté. Fin de la historia. Sin embargo es cierto lo que dije, —le dice Blaine con ojos llenos de sinceridad.— Voy a cuidar de ti.
— Sé que lo harás, —sonríe Kurt.— Y yo te apoyaré. Haremos estos votos en diez meses; parece prudente empezar a practicarlos justo ahora.
— Creo que has estado practicándolos durante más de tres años, —dice Blaine mientras descansa su cabeza en el hombro de Kurt.— Y has estado haciendo un muy buen trabajo.
— Hemos estado, —lo corrige Kurt.
— ¿Estás seguro que no quieres ir a esa fiesta esta noche?
— Completamente, —dice Kurt con honestidad.—En serio. Creo que me gustaría tomar otro baño contigo en su lugar.
— Vas a estar arrugado, como una ciruela pasa, —bromea Blaine.
— Lo dice el viejo.
Permanecen en silencio por un momento, el brazo de Kurt como una presencia reconfortante alrededor de los hombros de Blaine mientras que su otra mano viene y entrelaza los dedos de sus manos izquierdas, sus anillos de compromiso posados con orgullo uno al lado del otro. Kurt finalmente se relaja a medida que la respiración de Blaine se ralentiza y se vuelve regular, y deposita un tierno beso en su cabello.
— ¿Qué hora es?
— Cinco para las seis, —le dice Kurt.— ¿Por qué?
— ¡Mierda! Se supone que debo estar en la sala de conciertos a las seis.
— Bien puedes llegar diez minutos después si consigues un taxi ahora, —dice Kurt mientras se levanta y ayuda a Blaine cuidadosamente a ponerse de pie.— Sólo ve constante.
— Oh, ¡pero tengo que regresar al hotel para conseguir mi esmoquin! —chilla Blaine.— Oh mierda.
— Yo conseguiré tu esmoquin, —dice Kurt mientras lo encamina de vuelta a la calle principal lo más rápido que se atreve.— Sólo ve. Una vez que hayas terminado con el calentamiento, tu esmoquin estará ahí listo y esperando por ti, te lo prometo.
— Pero te meterás en problemas, —dice Blaine, tratando desesperadamente de tragar el pánico que puede sentir acercándose.
— ¿Qué harán? ¿Despedirme? Es mi último show, Blaine. No tengo que estar en maquillaje hasta las 6:30. Solo llegaré un poco tarde. Aquí, —dice mientras un taxi llega frente a ellos.— Ve. Te amo.
— Yo también te amo, —dice Blaine, tomando su rostro entre sus manos y besándolo firmemente en los labios.— Gracias.
— De nada.
— Y no sólo por el esmoquin.
Blaine llega a la sala de conciertos quince minutos tarde, pero para su alivio, todavía están afinando. Pasan a través de algunas de las piezas, repasando las partes en las que el director de orquesta no estuvo muy contento la noche anterior, hasta que son despedidos media hora antes de que inicie el espectáculo. Cuando entra en la habitación verde, su esmoquin está colgado ahí, y cuando se pone la chaqueta y mete la mano en el bolsillo, se encuentra con los gemelos en forma de notas musicales y una pequeña nota de Kurt deseándole buena suerte y recordándole que es amado.
Kurt se cuela de nuevo en el teatro sin que nadie lo note aparte de Santana, pero una sola mirada de parte de él es suficiente para mantenerla callada hasta que tiene un momento a solas con ella. No es tan suertudo cuando va a maquillaje y encuentra al director, Friedrich de pie ahí, pero de cualquier manera no entiende malas palabras alemanas, así que deja que todo pase por encima de su cabeza. Toma su sobre de dinero al final de la noche y corre de vuelta al hotel donde Blaine lo está esperando con una bañera llena de burbujas y una botella de champaña en hielo. Mareado por su primer gran paquete salarial, y feliz de que el tortuoso verano haya terminado, salpica a Blaine alegremente con el agua y luego lo toma ansiosamente en sus brazos esa noche, reconfortándolo y abrazándolo fuerte contra su pecho. Nunca presionándolo por más, nunca haciéndolo sentir incómodo, manteniéndolo a salvo en todo momento.
La siguiente noche recibe a Kurt, Rachel, Finn y Santana viendo orgullosamente como toca Blaine con la Sinfónica, y se ponen de pie para una ovación antes de que Kurt muy nervioso se abra paso entre bastidores para encontrar a su prometido.
— Debí traerte flores, —dice Kurt en voz baja cuando Blaine se precipita hacia él.— Estuviste maravilloso.
— No puedes traerme flores cuando vamos a salir de vacaciones al siguiente día, —señala Blaine razonablemente.— Sería un desperdicio. Me da gusto que lo hayas disfrutado.
— Lo hice. Creo que fue mejor que la vez pasada. Preferí la música y tú parecías encajar mucho mejor, puedo decir que no estuviste muy nervioso. Oh, y Finn estaba completamente absorto, —sonríe Kurt,— Pensé que lo odiaría. Las chicas lo disfrutaron también, esperaba eso, pero Finn... sí... ya ha descargado el último álbum que hicieron, aún cuando le señalé que tú no estabas en él.
— Me da mucho gusto, —un radiante Blaine le dice.— Llamaré a Finn mañana -para que me hinche la cabeza un poco más, —sonríe.— Te ves hermoso, Kurt, —dice, bajando la voz y acercándose a él mientras varios miembros de la orquesta van y vienen delante de ellos con sus instrumentos.— Haces que mi cabeza estalle y que las estrellas brillen más y... todo. Simplemente haces que todo sea mucho más brillante y mejor.
— Y tú me haces muy feliz, —susurra Kurt, con los ojos llenos de lágrimas,— ¿Puedo besarte? ¿O prefieres que no lo haga? Digo... umpff. —Es interrumpido abruptamente por los labios de Blaine en los suyos, suaves, cálidos, dóciles y moviéndose en la forma más maravillosa imaginable mientras la punta de su lengua roza sobre la suya.
— Oh. Okay... wow, —un aturdido Kurt dice cuando Blaine se aparta.— Huh. Creo que en serio estás orgulloso de que te vean conmigo, —medita, pero la sonrisa en su rostro es enorme y simplemente no puede cambiarla en absoluto.
— ¿Listo para irnos? —dice Blaine con una sonrisa que coincide con la de Kurt.
— Podrías llevarme a la silla eléctrica y te seguiría felizmente justo ahora, —ríe Kurt mientras toma la mano de Blaine.
La recepción va bien. Kurt está nervioso, y quizás más callado de lo normal, pero saluda a cada colega de Blaine con cortesía y ellos están felices de conocer finalmente 'al hombre del que Blaine no deja de hablar.' Le preguntan a qué se dedica, por supuesto, y a pesar de que se ruboriza furiosamente cada vez que explica que aún está en la universidad, nadie parece innecesariamente conmocionado y nadie pregunta su edad. Se van bastante temprano, más por exigencia de Blaine que de Kurt cuando insiste en que toda una noche mirando a su prometido en un esmoquin significa que necesita desesperadamente que estén a solas.
Regresan a su habitación de hotel, tomándose su tiempo para desvestirse el uno al otro lentamente y explorar sus cuerpos con manos tiernas y labios antes de que Kurt se acomode de cucharita detrás de Blaine y se empuje cuidadosamente dentro de él.
— Blaine, —dice calladamente en su hombro.
— ¿Hmm?
— ¿Puedo decir algo?
— ¿Ahora mismo? —Blaine pregunta con un gemido.
— Sí. Sólo quería decir que estoy tan feliz de que seas mío. Sé que te digo que te amo cada día -muchas veces- pero... sí. Estoy tan orgulloso de todo lo que has logrado, y eres una persona increíblemente maravillosa. Sigo asombrado -como siempre lo estoy- de que hayas elegido estar conmigo.
— Gracias, —susurra Blaine, tirando de él indescriptiblemente más cerca de su espalda.— Pero en serio Kurt, eres todo lo que podría desear... y no hay ningún otro lugar donde preferiría estar.
