— Oh Dios mío, es bueno, —Blaine chilla feliz.— Ooh. Sí. Ahhhh.

— Okay, vas a tener que parar con los sonidos sexuales, o de otra manera voy a terminar encima de ti justo ahora, y estoy muy seguro que cuando alquilamos este auto, leí algo sobre ninguna conducta lasciva. Además de que chocarías y eso sería incómodo en todos sentidos, —dice Kurt, bajando sus gafas de sol y mirando por la ventana al horizonte de Nueva York desapareciendo.

— Lo siento, —ríe Blaine.— Simplemente se siente bien, ¿sabes? Digo, de hecho es mucho más fácil para mí ahora -gracias a ti- pero todavía siento una enorme sensación de alivio cuando me voy... además de las vacaciones también...

— Sí, estoy bastante emocionado por eso, —dice Kurt felizmente.— Nunca he estado en Virginia Beach.

— Yo tampoco. Pero supongo que tiene una playa.

— ¿Y vírgenes?

Blaine se voltea para mirarlo por encima de sus gafas de sol.— Voy a fingir que ni siquiera preguntaste eso, —dice tratando de suprimir un resoplido.

Conducen rápidamente, deteniéndose en Delaware para almorzar antes de continuar y alcanzar el océano en mitad de la tarde. Se registran en el Hilton y Blaine ríe fuertemente cuando Kurt arruga la nariz en la habitación.

— El Four Seasons era más lindo.

— Pero este está perfectamente bien, —Blaine le dice.— Tiene todo lo que necesitamos, cama, baño, ducha y balcón.

— Estás pensando en sexo, ¿no es así?

— Lo estoy, —confirma Blaine mientras recoge a Kurt entre sus brazos.— Y creo que debemos empezar por la cama.

. . .

— ¿Entonces qué han estado haciendo ustedes dos? —Wes pregunta dos días después cuando Kathy y él llegan al hotel.

— Uh... —empieza Blaine, moviéndose incómodamente en su silla.

— Ayer fuimos a la playa, —dice Kurt.— Por un par de horas.

— ¡Sí! —Blaine se aprovecha de esto,— y de hecho, también comimos anoche en el restaurante.

— ¿Puedo ver su habitación? —Kathy le pregunta dulcemente a Kurt.— Ustedes dos, chicos, tienen suerte de descansar en una habitación en esquina, tienen un doble balcón.

Todo es demasiado para Kurt, quien empieza a reír incontrolablemente mientras Blaine se mueve una vez más y se estremece.

— No han salido de esa habitación, ¿verdad? —Pregunta Wes mientras pone los ojos en blanco.— Honestamente. Kathy mi amor, confía en mí. No quieres ver su habitación.

— Oh, claro que sí, —dice ella, ahora mucho más interesada.

— Uh... Tengo que ordenarla primero, —dice Kurt,— pero puedes más tarde. Estoy tan contento de que estén aquí, chicos, —se estira para apretar su mano.

— Yo también, o uno de ustedes terminaría muerto. Temo por ustedes en la luna de miel, —dice Wes mientras coloca su bebida en la mesa.— Entonces. ¿Están planeando ser un poco más sociables ahora? ¿Como... tal vez ¿venir con nosotros a Bush Gardens (1) mañana?

— Sí. Definitivamente, —Kurt sonríe,— Siempre y cuando Blaine pueda sentarse para conducir.

. . .

Sus vacaciones juntos se llenan de risas, largos y perezosos días en la playa o explorando la ciudad. Kathy y Kurt tienen tantas similitudes que es casi aterrador, y Wes y Blaine pasan medio día reconectándose en el campo de golf mientras sus respectivas parejas compran, compran y compran un poco más.

— ¿No te cansas de eso? —pregunta Blaine esa tarde desde donde está sentado en la cama, mirando a Kurt mientras se viste para la cena.

— ¿Estás de broma? —Se aleja del espejo para alzar una ceja a Blaine antes de voltear, enderezando su nueva camisa y admirando su perfil.— Como sea, conseguí esta camisa para mí. El resto fue para Kathy.

— Compraste zapatos, Kurt. Ni siquiera intentes esconderlo.

— Oh, sí, —dice como si de pronto recordara -y sin importarle que Blaine puede ver a través de eso.— Compré zapatos.

— Y pantalones cortos.

— De hecho, los pantalones cortos son para ti. De cualquier manera, este par lo es, y una camisa, —dice entregándole una bolsa con un par de pantalones cortos color mostaza y una camisa azul marino.— Estos dos son para mí.

— Eres gracioso, —ríe Blaine, levantándose para probarse la ropa.

— ¿Gracioso jaja o gracioso extraño?

— Ambas.

— Tienes suerte de lucir tan condenadamente bien con esa ropa, de lo contrario estaría rasgándotela e inmovilizándote, —dice Kurt, y sus ojos se oscurecen a medida que se le acerca.

— Claro que no, —dice rápidamente.— No luzco bien. Luzco terrible. Realmente mal.

— ¡Ha! Buen intento. Pero no. Esta noche es la noche, y no queremos llegar tarde a la cena.

. . .

— Kathy, te ves maravillosa, —dice Blaine mientras empiezan a caminar hacia un restaurante cercano para cenar.

— Bueno, tu prometido me ayudó, —dice Kathy tímidamente. Su vestido de verano azul pálido hace juego perfectamente con el tono dorado de su piel y luce positivamente radiante mientras le sonríe a Blaine.

— Wes, voy a escoltar a tu hermosa dama a cenar, si no te importa, —dice ofreciéndole su brazo.

— Eso significa que me quedo con Kurt entonces, —dice Wes, agarrando el brazo de Kurt y entrelazándolo con el suyo, sin darle voz ni voto en el asunto.

— Oh.

— Lo amas, Hummel.

— ¿Estás bien? —pregunta Kurt, bajando la voz hasta un susurro conspiratorio mientras Blaine y Kathy pasean por delante.

— No. Creo que puedo vomitar en cualquier momento, —responde Wes honestamente,— ¿Cómo lo hiciste, Kurt? ¿A tu edad? Te admiro más que nunca.

— ¿Me admiras? —Kurt pregunta con sorpresa.

— Por supuesto que sí. Eres extraordinario. No podría haber deseado a nadie mejor para mi mejor amigo porque lo amas completamente.

— Aw, gracias Wes, —sonríe, dejando caer brevemente la cabeza sobre su hombro.— Y estarás bien, confía en mí.

— Puede decir que no. Ni siquiera hemos vivido juntos... ¿Qué tal si es demasiado?

— No lo será. Han estado juntos un año, y son perfectos el uno para el otro. Además de que Blaine y yo la adoramos, y somos gays, por lo tanto tenemos excelentes habilidades de juicio en lo que se refiere al sexo opuesto.

— Tú sí, —ríe Wes,— pero Blaine está más allá de tener algún remedio. Okay, okay. Puedo hacerlo, —dice con un firme asentimiento cuando el restaurante aparece ante su vista.— Puedo... oh Dios voy a vomitar.

— No, claro que no. Blaine vomitó en mí el otro día y no estoy dispuesto a pasar por ello una vez más, —sonríe y besa la mejilla de Wes.— Sólo apégate al plan que trabajaste con Blaine y todo saldrá bien.

Wes apenas habla durante la cena, lo que lleva a Blaine a darle una patada bajo la mesa cuando Kathy le pregunta si está enfermo. Se las arregla para comer un poco, pero consigue beber la mitad de un gran vaso de vino antes de que Blaine se lo quite y le dé una mirada mordaz. Kurt hace su mayor esfuerzo manteniendo animada la conversación, pero hay grandes momentos incómodos en los que nadie parece saber qué decir. Blaine es insistente respecto a pagar la cuenta muy a pesar de Wes, pero lo hace callar con otra mirada que lo deja observando sumisamente a sus zapatos.

— Bueno, gracias por la cena, chicos, —dice Kathy cuando salen.— Permítanos invitarlos mañana.

— Claro, —sonríe Blaine, luego se dirige a ella cuando se vuelve en dirección del hotel.— Hey, ¿por qué no caminamos un momento por la playa? El sol se está poniendo y es muy hermoso.

— Lo es, —coincide ella,—vayan ustedes pero nosotros nos regresaremos. Wes no luce realmente bien...

— Puedo ir a caminar, —dice débilmente.

— No, está bien, cariño, —dice ella tiernamente y luego se vuelve hacia Blaine y Kurt.— Los veremos en el desayuno.

— No, vamos, —intenta Kurt, dando un paso entre ambos y enganchando sus brazos con los de ellos.— Un paseo al atardecer suena maravilloso. Estoy seguro que hará que Wes se sienta mejor.

No le da otra opción más que caminar hacia la arena, tomando la mano de Blaine en la suya una vez que se han quitado los zapatos y aceleran el paso para dejar a Wes y a Kathy atrás.

— ¿Lo va a hacer ahora? —pregunta Kurt, manteniendo su voz baja a pesar de que van adelante.

— Esa es la idea, —murmura Blaine de vuelta.— Sólo no voltees todavía.

— Sin embargo tengo muchas ganas.

— Yo también. Bien... a mi cuenta. Pero sólo un vistazo rápido, ¿okay? Nada más.

— Okay.

— Uno... dos... tres. —Rápidamente miran sobre sus hombros, vislumbrando a Wes, silueteado por el sol poniente, en una rodilla y sosteniendo la mano de Kathy. Se voltean rápidamente, Kurt envolviendo su brazo alrededor del hombro de Blaine mientras trata de mantener su chillido de alegría en un nivel aceptable.

— Ahhhh, —dice Kurt.— ¡Oh Dios mío!

— ¡Ya sé! Estoy llorando.

— Siempre lloras. Pero yo también estoy llorando. ¡Awww!

— No sé por qué esto me vuelve completamente abrumado de amor por ti, pero así es, —solloza Blaine.

— Porque nuestra boda es pronto, Blaine. ¡Nuestra boda!

— Bésame.

Kurt se inclina rápidamente hacia adelante mientras la mano de Blaine se mueve a su rostro y se besan profundamente, Kurt envolviendo apretadamente a Blaine entre sus brazos y gimiendo mientras sus lenguas se encuentran. Un repentino y muy fuerte "¡DIJO QUE SÍ!" de Wes los separa y corren hacia la feliz pareja, arrastrándolos a sus brazos mientras todos derraman lágrimas de felicidad. Caminan de vuelta al hotel, riendo y charlando animadamente -con las bodas como único tema de conversación hasta la madrugada.

. . .

El resto de su verano sigue siendo igual de feliz. Blaine no tiene compromisos con la orquesta, lo que significa que tienen cinco días ininterrumpidos juntos antes de volar a Los Ángeles para una semana con la familia, que como siempre, pasa demasiado rápido. Cuando regresan, Kurt entra a su último año en la universidad. El ritmo es casi frenético con todo el mundo desesperado por demostrar su valía, listos para cuando sean empujados hacia el mundo real en sólo unos pocos meses. Blaine presenta otra exitosa campaña de publicidad, mientras que al mismo tiempo ensaya y graba con la orquesta, moviéndose directamente a trabajar para su concierto navideño y su próxima gira en Austria.

Antes de darse cuenta, viene el cumpleaños número 36 de Blaine, y es seguido por el número 21 de Kurt. Blaine llega a la ciudad, con veintiún regalos para el cumpleañero, que van desde lo sublime a lo ridículo, una suntuosa comida con ambas familias, incluyendo a Cooper, Claire y los gemelos, seguido de una enorme fiesta en una discoteca. A Kurt le gustaría decir que recordó cada detalle, pero francamente, toda la fiesta es una mancha borrosa. La resaca que siguió no lo fue, ni el disgusto muy vocal expresado por Blaine al conseguir vómito de nuevo sobre él. Pero como con todas sus riñas, pronto la superan, más enfocados en la temporada navideña acercándose rápidamente que en seguir enojados el uno con el otro.

— Conocí a alguien hoy, —Blaine dice una tarde a principios de diciembre. Acaba de llegar a casa, con las mejillas y la nariz roja por el frío, y besa el cuello de Kurt mientras él sigue haciendo la cena, riéndose de la manera en que Kurt se estremece.

— Esa es una buena manera de saludar a tu prometido, —sonríe Kurt, dándose la vuelta para besarlo brevemente en los labios.— Espero que él sea sexy... y que valga la pena.

— Era una mujer.

— ¿En serio? Wow. Sabía que estabas dispuesto a probar un montón de cosas, Blaine, pero nunca en un millón de años pensé...

— Compórtate, —se ríe mientras roba una zanahoria de la tabla de cortar.— Está estudiando música en TUC, y solía vivir en Lima.

— Pequeño mundo, —sonríe Kurt.

— Le estuve diciendo de ti... muy orgulloso.

— Y con toda la razón.

— Y me dijo que solía ir a la escuela primaria con un Kurt. Ella parece pensar que puede conocerte, y estoy de acuerdo. Su nombre es Lacy.

— ¿Qué? ¿Lacy McKenzie? ¿Como la Lacy con la que quería casarme en el jardín de niños, Lacy?

— Sí, —ríe Blaine.— Se preguntaba si te gustaría reunirte con ella en algún momento.

— Oh Dios mío, ¡me encantaría! No la he visto en años. Se fue cuando entramos a la escuela secundaria, sus padres se mudaron.

— Sí, se trasladaron aquí.

— ¡Eso es tan divertido!

— Bueno, la voy a ver de nuevo mañana, irá a observar un par de ensayos. ¿Quieres que le de tu número?

— ¿Darle el número de tu prometido a mujeres? Muy favorecedor, —Kurt le hace un guiño mientras le da una cerveza.— Pero sí, por favor.

Lacy y Kurt se reúnen para tomar café y para ponerse al día casi hasta donde lo habían dejado. El café se extiende hasta el almuerzo mientras se dicen mutuamente las noticias de los últimos diez años, y Kurt por supuesto, detalla todo sobre él y Blaine mientras Lacy le dice que no ha conocido a alguien especial, pero aún está trabajando en ello.

— Oh, ¡entonces debes venir a nuestra fiesta la semana que viene! —Kurt dice con entusiasmo.— Bueno, digo fiesta, pero es más una reunión. Se está convirtiendo en una especie de tradición de nuestra parte para todos nuestros viejos amigos de Lima que vienen de visita durante las vacaciones, desde que Blaine me propuso matrimonio. Pero estaremos lejos este año por lo que la tendremos antes. Serías muy bienvenida.

— No lo sé, —dice sonriendo, metiendo su largo cabello oscuro detrás de las orejas.— Si se trata de todos tus amigos más cercanos...

— Tonterías. Por favor, ven. No todos son de Lima. Joe vendrá, —Kurt sonríe, esperando que se caigan bien enseguida.— Él es mi mejor amigo aquí. Y algunos otros de la universidad, ¿por favor?

— Nunca podría decir que no a esos ojos, —dice riendo.— Está bien. Iré.

. . .

— Se parece a Rachel, —comenta Sebastian mientras observa a Lacy hablar con su doble.— Sólo que no judía.

— Ella no se parece a Rachel, —dice Kurt.— Sólo porque tiene cabello y ojos oscuros.

— Y es de unos 60 cm de alto, —contribuye Jeff.

— Es sexy.

— ¡Gracias Joe! —Dice Kurt, agarrando su brazo y tirando de él.— Vamos. Es hora de que los presente.

Más tarde esa noche, Blaine encuentra a Kurt en la cocina, bebiendo un vaso de vino tinto mientras observa la escena frente a él. Wes, Sebastian, Santana, Lacy y Joe están jugando cartas, mientras que Rachel, Kathy, Nick y Finn bailan. Al otro lado de la sala Mercedes, Sam, Jeff y Artie están teniendo una discusión muy animada sobre algo, y los amigos universitarios de Kurt están en su rincón habitual.

— No va a funcionar, ya sabes, —dice Blaine, envolviendo sus brazos alrededor de Kurt por detrás y besando su cuello.

— ¿Qué cosa?

— Tu pequeño esquema de casamentero. Realmente no creo que Joe esté interesado en ningún tipo de relación, y tú sabes que Lacy quiere eso.

— Él podría cambiar de opinión, —dice encogiéndose de hombros.— No creo que tú hayas estado buscando enamorarte de un niño de quince años, pero sucedió.

— Touché, —ríe Blaine.— Y vaya que sucedió. ¿Te acuerdas de las flores que te envié en tu decimosexto cumpleaños?

— Es posible que desees preguntarle a Carole.

— ¿Por qué?

— Se las di a ella. Estaba enojado, —Kurt se apresura, sintiéndose mal.— Habíamos tenido ese incidente en el club y yo...

— Está bien, —Blaine se encoge de hombros.— Fue hace cinco años. Yo diría que todo lo que ha pasado desde ese momento lo ha más que compensado. —Él le da la vuelta entonces y toma el vaso de la mano de Kurt, entrelazando sus dedos y besándolo suavemente.

— Eres delicioso, —sonríe Kurt.

— ¿Estás borracho?

— ¡No! Es mi primera copa. Sólo acabo de pensar que eres delicioso.

— ¿Todo yo?

— Cada parte, —sonríe Kurt con malicia.— Me gusta saborearte.

— Basta, —advierte Blaine.

— Me gusta abrirte con mi lengua, —Kurt susurra en su oído, asegurándose de que sus entrepiernas se rocen ligeramente mientras se apoya.— Me encanta cuando te agarras a la cabecera y ruegas por más.

Blaine gime, clavando sus dedos en las caderas de Kurt mientras lo atrae más cerca.— Kuuurt, —se queja,— no hagas esto... no ahora.

— Y entonces me empujo dentro de ti, —Kurt continua sin importarle,— y te tomo, te reclamo, te hago mío una y otra vez hasta que nos venimos juntos.

— Eso es todo, —dice Blaine con decisión, tomando su mano y tirando de él por el pasillo hacia su dormitorio.— Se acabó la fiesta para nosotros.

— Oh no Blaine. La fiesta acaba de empezar.

Kurt emerge a la mañana siguiente, dejando a un Blaine todavía dormido descansando boca abajo y roncando ligeramente. Se dirige a la cocina, sorprendido de encontrar su apartamento vacío, excepto por Lacy sentada sola en la mesa de la cocina.

— ¿Dónde está todo el mundo?

— Se fueron a desayunar, —ella le dice mientras le entrega café para él y para Blaine.

— ¿No quisiste ir?

— Uh... no. No. Yo um... todavía estaba en la cama, —dice ella, con un rubor tímido arrastrándose a través de sus mejillas.

— Oh, —Kurt sonríe para sí, ocultando su rostro en la taza.

— Buenos días, —Santana dice feliz mientras entra decisivamente a la cocina en ropa interior, haciendo a Kurt respingar. Él abre la boca para reprenderla, pero se detiene cuando ve el suave roce de sus dedos sobre el hombro de Lacy.

— ¡Oh! —chilla, incapaz de evitarlo.— ¡Oh! Yo no...

— ¿Qué? —Santana estalla, empujándolo hacia un lado para que pueda hurgar en la nevera.

— ¡Nada! —Dice Kurt, tratando de llevar su voz a un rango más normal.— Nada en absoluto. Yo sólo...

— Se llama ser una lesbiana, Hummel, —Santana comenta secamente, con una mano en la cadera.— ¿Nunca has oído hablar de eso?

— Yo... No. Quiero decir, ¡sí! —se sonroja.— Sí, pero yo no lo sabía... —Él se calla, gesticulando inútilmente entre las dos niñas, que lucen muy divertidas.— Yo no... Bien. Bueno. Um... Sólo voy a... —Caminando hacia atrás, a su habitación, sus ojos están todavía muy abiertos mientras agarra los dos cafés con fuerza.— Voy a estar aquí... con mi café... Ustedes dos... Sí. Atiéndanse. Entre sí. ¡O coman! —chilla, bajo la mirada fulminante de Santana.— Comida. Sírvanse.

Saltando en el dormitorio y pateando la puerta para cerrarla tras él, despierta a Blaine con rudas sacudidas.— ¡Hey! ¡Blaine! ¡Levántate!

— ¿Qué es? —pregunta con confusión, moviéndose para sentarse sobre las almohadas y frotando sus ojos legañosos.

— Lacy se quedó anoche.

— ¿No todo el mundo lo hizo?

— Sí... pero se quedó con alguien.

— Ah, —dice sonriendo, frotando una mano por su barba.— Entonces funcionó.

— Con Santana.

— ¡Oh! —Una risa sorprendida brota desde dentro de Blaine, luego ladea la cabeza y arruga la nariz pensando.— Supongo que si quisiera ser todo Freudiano al respecto, podría cuestionar por qué se ha ido con alguien que se parece tanto a Rachel.

— ¡Ella no se parece a Rachel!

— Sí se parece. De todos modos, —bebe su café en un tiempo récord, colocándolo de nuevo sobre la mesa de noche.— Ven aquí.

— ¿Eso es todo? ¿Eso es todo lo que tienes que decir?

— Sí. Ahora ven aquí, —dice, dando palmaditas en su regazo.

— ¿Por qué?

— Porque estoy caliente.

— Siempre estás caliente, —Kurt se ríe, pero se arrastra por la cama de buena gana, apoyando la cabeza en el regazo de Blaine, con la boca a escasos centímetros de su pene semi endurecido.

— Tu culpa. No debes ser tan seductor.

— Voy a parar.

— No podrías si lo intentaras, —Blaine sonríe hacia él.— Sólo tienes que existir para que te desee.

— ¿Me pregunto por qué no me lo dijo? —Kurt reflexiona mientras Blaine bufa con frustración.— Quiero decir, cuando nos encontramos por primera vez para tomar café, le conté todo acerca de ti y ella dijo que todavía tenía que conocer a alguien especial. No añadió que tenía que ser una mujer.

— Bueno, tal vez no tiene que serlo.

— ¿Es bisexual?

— No lo sé, ¿o sí? —Chilla Blaine.— Pero sí sé que tienes una opción entre chupármelo o dejarme masturbarme sobre toda tu cara mientras yaces ahí quejándote de las lesbianas.

Kurt ruge con risa, golpeando su pierna juguetonamente antes de sumergir sus dedos en la cintura de su pantalón.— Bueno, si es una elección... ya sabes cuánto me gusta saborearte...

. . .

La Navidad llega, y este año encuentra a Kurt y a Blaine sentados alrededor de una mesa con los Hummel-Hudson, todos los Anderson, los padres de Rachel y unos recién comprometidos Finn y Rachel. Ella se ve completamente radiante, Finn se ve orgulloso y Kurt luce rebelde hasta que ella le promete que no se casarán durante al menos dieciocho meses.

Una breve llamada telefónica de Santana les hace saber que Lacy se encuentra en Nueva York para las vacaciones, y Joe intenta llamar y desearles una feliz Navidad por encima del ruido de sus pequeñas hermanas desenvolviendo los regalos. Wes y Kathy se unen a ellos en la tarde, y una vez que el vino está abierto y la máquina de karaoke está encendida, el resto del día pasa volando. Como es su costumbre habitual en grandes reuniones, Kurt y Blaine se cuelan escaleras arriba, suponiendo que nadie se ha dado cuenta, cuando en realidad todo el mundo sólo pone los ojos en blanco y continúan como si nada.

— Eso fue divertido, —Kurt sonríe mientras Blaine descansa en la cama.

— Fue agotador, —lo corrige Blaine, rodando sobre su estómago y notando las imágenes en la vieja mesa de noche de Kurt.— Te ves tan joven, —reflexiona, sonriendo ante la sensación de Kurt envolviéndose sobre su espalda.— ¿Ya te conocía entonces?

— Casi. Somos Rachel y yo en sus dulces dieciséis, tú y yo nos conocimos una semana después.

— ¿No te arrepientes?

— ¿Estás realmente loco? —Kurt le pregunta, tirando de su camisa para morderle el cuello.— ¡De ninguna manera! ¿Por qué...? ¿Tú sí?

— Para nada en absoluto, —Blaine sonríe, retorciéndose hasta que puede girar sobre su espalda de modo que Kurt pueda acomodarse a horcajadas sobre él.— Hemos estado juntos durante cuatro años y medio, y aunque el camino no siempre ha sido fácil, este año que viene nos verá convertirnos en esposos... no, no me arrepiento en absoluto.

— Te amo, viejito.

Blaine sonríe, alzando una mano para atraer a Kurt hasta encontrar sus labios.— Yo también te amo, niño precioso.


(1) Busch Gardens Williamsburg: Parque temático localizado en James City County, Virginia. Abrió sus puertas el 16 de mayo de 1975.