— ¿Cómo es que estás bien en los aviones, pero si tienes que estar de pie sobre la mesa para cambiar la bombilla envejeces diez años y lloras por tu mamá? —Kurt le pregunta. Hace dos horas que están en su vuelo a Austria, y Kurt ha encontrado que puede arreglárselas muy bien en primera clase. Su silla está reclinada, el antifaz puesto, la bebida en la mano y los auriculares listos, a pesar de que de todos modos han estado hablando sin parar desde el despegue.
— Yo no hago eso, —Blaine se ríe.—Pero no tengo la menor idea. No lo pongo en duda, estoy agradecido de que es lo que es. No necesito añadir un miedo a volar a mi lista cada vez mayor.
— ¡Ja! Hiciste una referencia a la música clásica. Muy inteligente.
— Eso fue Liszt.
— Eso es lo que dije. Como sea, —él se sienta, quitándose el antifaz para mirarlo.— ¿Qué lista? ¿A qué le tienes miedo?
— Literalmente, a todo lo relacionado con esta boda, —dice con una pequeña risa nerviosa.— arruinar mis votos, que no llegues, tener un completo ataque de pánico, Santana hablando con todo el mundo, Rachel negándose a ceder el micrófono, yo llorando y sin poder parar...
— Woah, woah. Okay. —Tomando sus manos, Kurt lo mira directo a los ojos.— Olvídate de que no llegue, porque ya sabes -y yo sé que lo sabes- que eso no va a suceder. Voy a estar allí. No hay otro lugar en el que prefiera estar, ni siquiera si Saks anuncia un cincuenta por ciento de descuento, —bromea.— No vas a arruinar tus votos, si quieres podemos practicarlos antes, juntos o por separado. No tendrás un ataque de pánico, te pondrás nervioso, sí, pero yo también lo estaré. No hay ninguna razón para que lo tengas, estarás en Los Ángeles y estaremos rodeados de familiares y amigos que nos aman y nos apoyan. Santana puede ser amordazada si es necesario -que probablemente lo disfrutaría, y Finn puede estar a la mano para tomar el micrófono de Rachel y simplemente sostenerlo en el aire para que no haya manera de que pueda alcanzarlo. Ahí está.
— ¿Y el llanto?
— En eso no te puedo ayudar. Sólo consolarte con el hecho de que yo también voy a estar llorando. Y mi papá.
— Quiero que sea ahora, —Blaine dice mientras se recuesta en su silla,— me haces sentir mucho mejor.
— Bueno, yo estoy completamente seguro que no quiero que sea ahora. Todavía tengo un montón de planes para finalizar.
— ¿Cómo cuales?
— Como por ejemplo, si es burdeos o ciruela para las corbatas.
— Uh... bueno... ¿Puedo ser honesto?
— Sí.
Mordiendo su labio, Blaine vacila por un momento antes de decir de forma ansiosa e impulsiva— No quiero usar una corbata. Quiero usar una pajarita.
— Okay.
— ¿De verdad? ¿Está bien?
— Sí, —Kurt se ríe.— Es tu esmoquin para la boda. Además, eres el sinónimo de pajaritas.
— Wow. Pensé que enloquecerías.
Kurt se muerde el labio inferior.— ¿Soy tan malo?
— En realidad, no lo eres. Has sido asombroso acerca de todos los aspectos de la planificación de la boda, tengo que decirlo. Has hecho el punto de pedir mi opinión.
— Eso es porque es nuestra boda, Blaine, y no sólo la mía. —Él le sonríe, luego hurga en su bolso por un cuaderno y una pluma.— Así que... Si quieres una pajarita... —dice mientras esboza frenéticamente,— Estoy pensando que podríamos darte un chaleco también. Y si nos vamos con el burdeos, entonces yo podría llevar una chaqueta burdeos y una corbata... me gusta el ciruela pero luciría como Willy Wonka. En fin... ¿Algo como esto, tal vez?
Voltea el cuaderno y los ojos de Blaine se agrandan. Allí, en la página están dos bocetos perfectos de figurines sin rostro con trajes diseñados con buen gusto, un figurín más corto que el otro.
— ¿Cómo haces eso? —Blaine pregunta con asombro,— Eres tan talentoso.
— Yo no sé nada de eso, todavía tengo que hacerlos. Pero, ¿qué piensas?
— Creo que sí, sin duda.
— Genial, —Kurt se acomoda de nuevo en su silla, con una amplia sonrisa.— Ahora... El primer baile.
— Hmm. ¿Alguna idea? —Blaine le pregunta.
— Ninguna. Lo cual es ridículo, dado el número de canciones que hemos hecho en los últimos años, pero creo que el problema podría ser que hay demasiadas para elegir.
— See Beneath Your Beautiful, —dice Blaine con decisión.— Es la canción que cantamos la noche en que...
— Hicimos el amor por primera vez, —Kurt sonríe mientras se acurruca a su lado.— Sí.
— Y nadie lo sabrá excepto nosotros.
— Y todos los que estaban en el Lima Bean esa noche, —señala Kurt.— Pero no me importa. Es perfecta. Aunque, sin ánimo de ofender a Emeli, nadie la cantará tan bien como nosotros.
— Bueno, eso es un hecho, —Blaine se ríe mientras besa la parte superior de su cabeza.— En realidad... ¿Cómo te sientes acerca de cantar nuestra primera canción, en lugar de bailarla? Quiero decir, podríamos bailar en el instrumental, podría grabar la música antes... pero podríamos subir al escenario y cantar.
— Sí, —dice Kurt, la idea crece dentro de él mientras se sienta y se vuelve hacia Blaine de nuevo.— Me gusta. No, me encanta. Va a ser perfecto. ¡Oh! —dice él, cada vez más y más animado.— ¿Qué tal esto? Ya que tenemos amigos y familia maravillosamente talentosos, ¿por qué no les pedimos que canten en vez de darnos regalos? No es que no haya realmente nada que necesitemos, hemos estado viviendo juntos durante tanto tiempo y...
— No quieres oír a mi padre cantar, pero aparte de eso... ¡Sí! Eres tan inteligente.
— Lo sé.
. . .
Aterrizan en Viena, los artistas y sus familias son escoltados en la noche insoportablemente fría hacia un autobús que los lleva a un hermoso hotel con impresionantes vistas de la ciudad.
— Amo tu trabajo, —dice Kurt mientras mira hacia las luces brillando en la nieve.
— Eso pensé, —Blaine se ríe.— Entonces... probablemente deberíamos ir a la cama, ya que tengo ensayos todo el día de mañana.
— ¿Durante todo el día?
— Volveré para la cena, —dice tomando a Kurt en sus brazos cuando se da cuenta de la mirada de dolor destellando en sus rasgos.— No te preocupes. En el desayuno te presentaré a la esposa de Ken y a algunas de las otras familias. Creo que es una especie de costumbre que todos vayan a hacer algo juntos. Es la comunidad.
— Está bien, —dice Kurt, tragando su pánico.— Suena... divertido.
— Estoy seguro de que puedes encontrar un compañero de compras en algún lugar, —dice Blaine mientras suben a la cama y apaga la luz.
— Supongo, —murmura Kurt en voz baja, esperando que suene confiado, pero la forma en que se vuelve para ser la cuchara pequeña en lugar de tener a Blaine acurrucado en él, le dice a su novio todo lo que necesita saber.
— No te preocupes, Kurt, —susurra mientras lo abraza fuertemente, envolviendo su cuerpo alrededor de él y manteniéndolo seguro.— Todos te van a amar.
. . .
— Kurt, ya conoces a Ken, y ella es su esposa Gill, —dice Blaine, presentándole a una dama de aspecto muy elegante en un conjunto de cárdigan y jersey a juego y perlas. Se saludan unos a otros con cortesía, y Gill insiste en que ellos se unan a su mesa - obligando a Kurt a renunciar a su idea nostálgica de intimar con Blaine en una mesa para dos en la ventana.
— Voy a buscar tu desayuno, —dice Blaine, pensando que está siendo amable.— Ustedes dos platiquen.
Ken y Blaine se dirigen al buffet, dejando a Kurt sonriendo forzadamente a una mujer a la que no tiene la mínima idea de cómo hablarle.
— Así que... Blaine me dice que creciste en Ohio, —dice Gill.— Es gracioso, yo también.
— Oh ¿de verdad?
— Sí. Mi hermano menor fue a Dalton, de hecho él iba dos años antes que Blaine. Asistí a St. Monica. ¿A dónde fuiste tú?
— Uh... Sólo... uh... McKinley High, en Lima.
— Oh, —dice Gill, sin saber cómo proceder.— Ya veo. ¡Oh! —Ella mira más allá de él, sonriendo.— Puedes conocer a mis hijos. Grace, Patrick, él es Kurt. El prometido de Blaine, el segundo violinista. El que está en el buffet con papá.
Kurt mira hacia arriba, esperando ser confrontado con dos niños, pero para su miserable horror, son aproximadamente de su edad, posiblemente más grandes. Patrick se desploma en la silla opuesta, asintiendo con un seco hola antes de sacar su teléfono del bolsillo mientras Grace vierte té para ella.
— Encantado de conocerlos, —lo intenta, pero o no lo oyen o no les importa. Para su bendito alivio, Blaine y Ken vuelven a la mesa y le resulta mucho más fácil hablar con la tranquilizadora presencia de su prometido a su lado. Se las arregla para decirle a Ken y a Gill acerca de la universidad, y Gill intenta incluir a Grace en la conversación diciéndole a todo el mundo que ella está en el último año de la Especialidad en Psicología.
— Y Patrick se graduó el año pasado, —sonríe.— Primera clase con honores en Economía.
Kurt piensa que podría haber también ganado un título de primera clase en ignorancia, pero él sonríe y no dice nada mientras el hijo mayor sigue texteando en lo que mete una tostada a empujones en su cara.
— ¿Qué estudiaste, Blaine? —Pregunta Ken.— Yo empecé con Especialización en Inglés, pero cambié a la música.
— Estudié Música y Teoría Musical en la NYU, —dice Blaine.— Es todo lo que siempre quise hacer.
— Tengo curiosidad sobre cómo se conocieron.
Kurt se encoge por dentro cuando siente que toda la familia presta atención, pero Blaine está tan orgulloso que Kurt no tiene el corazón para tratar de frenarlo.
— Me mudé de Nueva York, —dice Blaine, tomando la mano de Kurt en la suya.— Y empecé a tocar en una noche de micrófono abierto. Kurt llegó una semana con sus amigos y el resto es historia, supongo, —dice sonriendo.
— ¿Entonces empezaron a salir de inmediato?
— No... él... uh... —Blaine se detiene, dando una pequeña risa nerviosa y echando un vistazo rápido a Kurt.— Él tenía todavía quince años y yo treinta y uno, así que esperamos. Empezamos a salir en la mitad de su segundo año. Y ahora... aquí estamos, a cinco meses de casarnos.
— ¿Vas a casarte a los veintiuno? —Grace le pregunta a Kurt en un tono mordaz.— No hay forma en que quiera casarme a los veintiuno. De ninguna manera me casaría antes de los treinta en absoluto.
— Bueno, cada quien, —Kurt dice firmemente.— Le propuse matrimonio a Blaine cuando tenía apenas diecinueve años. No quiero a nadie más. Cuando lo sabes, lo sabes.
— Cuando tienes a un hombre rico con un sueldo de cinco cifras, lo sabes, —Patrick murmura, pero lo suficientemente alto para que todos lo oigan. Kurt siente a Blaine tensarse junto a él, pero le aprieta la mano rápidamente.
— Sí, eso es cierto, —asiente con la cabeza sabiamente.— Me gusta gastar el dinero de Blaine. Tengo mucha suerte, supongo. Todo lo que tengo que hacer es darle el culo cinco veces a la semana y él me tiene en ropa de diseño.
Ken se ahoga duro con su café mientras Gill luce ofendida, pero se recupera lo suficientemente rápido, y Gill obliga a Patrick a disculparse refunfuñando. Entonces los músicos son llamados, y Blaine besa a Kurt rápidamente en la mejilla.— Sé agradable, —susurra con un guiño.— Te veré en la cena, niño precioso.
— Voy a buscar un poco más de fruta, —dice Gill brillantemente cuando el comedor se ha calmado.— Kurt, ¿puedo traerte algo?
— No, estoy bien, gracias, —dice educadamente, con la esperanza de que de alguna manera compensará el haber sido grosero con su hijo.
— Eres repugnante, —dice Patrick, que viene a la vida tan pronto como su madre está fuera del alcance del oído.— Tú y ese tipo... es asqueroso.
— Sí, gracias por tu valiosa información sobre mi relación con mi prometido, —dice Kurt remilgadamente.— Recordaré llamarte la próxima vez que quiera una opinión inteligente sobre el estado de mi vida amorosa.
— Él te llama niño precioso, —se burla Grace, corriendo en defensa de su hermano.— Y probablemente te metió en su cama a los quince años. Eso es espeluznante como el infierno. No va a durar, ya sabes. Te harás mayor y él simplemente se irá con otro juguete más bonito y más joven.
— ¿Por qué? ¿Eso te pasó a ti? —Kurt muerde.— Déjenme decirles algo a ambos, —estalla, inclinándose sobre la mesa.— Pueden ser mayores que yo, puede que hayan ido a escuelas privadas y que siempre hayan tenido lo mejor en la vida, pero el dinero y la crianza no se puede equiparar a la clase. Blaine es el perfecto caballero y estoy orgulloso de llamarlo mi prometido. Fallo para ver qué asunto es el suyo para interferir y emitir un juicio sobre nuestra relación, y les recomiendo encarecidamente que examinen el estado de sus propias existencias miserables antes de lanzar calumnias sobre la mía. Ahora, si me disculpan. —Poniéndose de pie, arroja la servilleta sobre la mesa y sale furioso del comedor, con hombros caídos cuando Gill le habla en voz alta.
— Vamos a hacer turismo el día de hoy, ¿deseas unírtenos? Iremos varios de nosotros. De no ser así, los muchachos de Richard irán a las montañas para hacer snowboard. Son más o menos de tu edad.
— Gracias, —dice Kurt amablemente, deseando que lo deje en paz para poder encerrarse en su habitación y llorar.— Pero tengo un montón de trabajo que hacer de la universidad. Me pondré al día con ustedes más tarde.
Cuando Blaine regresa horas después, es para encontrar a Kurt prácticamente dónde ha estado todo el día, acurrucado en su costado leyendo.
— Oh, ¡hey! —Dice Blaine con sorpresa.— No pensé que estarías aquí.
— Hey, —responde Kurt, girando y descansando su libro sobre la mesita de noche.
— Me pareció oír a alguien diciendo que las familias de todos habían ido a hacer turismo ¿No quisiste unirte a ellos?
— No... Eh... Tuve que estudiar para la universidad. Lectura.
— Estás leyendo Harry Potter, Kurt, —dice Blaine, mirándolo con curiosidad mientras se sienta en la cama.— ¿Cómo es que no fuiste?
— Simplemente no quise, eso es todo, —dice Kurt hoscamente.
Blaine se mueve más cerca, pasando sus dedos a lo largo del antebrazo de Kurt.— No puedo estar contigo todo el tiempo, ya sabes, —dice con tristeza.— Ojalá pudiera, pero... Si vas a venir a los tours, va a ser una existencia muy solitaria si te vas a encerrar en tu habitación todo el tiempo. Por favor, trata de hacer algunos amigos. Son gente agradable, buenas personas.
— Pero... —inicia Kurt, pero se queda callado, sin querer causar una escena y herir los sentimientos de Blaine.— Sí. Lo siento. Me esforzaré más. Voy a ducharme y a alistarme para la cena.
Él camina con rigidez al baño, consciente de los ojos de Blaine fijos en su espalda. Tomándose su tiempo, deja que el agua caliente caiga sobre su cara para quitar las lágrimas de soledad y aislamiento, y se afeita, teniendo mucho cuidado de no cortarse porque él sabe que sólo destacará su juventud e inexperiencia. Recogiendo la colonia de Blaine, se la aplica generosamente, queriendo y necesitando un recordatorio constante de su hombre, y luego regresa a la habitación para vestirse.
— ¿Este es el traje para la cena? —pregunta con forzada alegría.
— Sí, —asiente Blaine.— Y después de la cena, al parecer bebidas en la librería.
— Muy bien, —murmura Kurt mientras se dirige al armario.
— ¿Kurt? ¿Pasa algo malo? Pareces muy molesto por algo.
— No, está bien, —él dice, con una sonrisa antes de voltearse a recoger su ropa.
— ¿Ese imbécil te dijo algo más? —Blaine se da cuenta de la caída de los hombros de Kurt y se precipita antes de que pueda negarlo.— ¡Él lo hizo! Oh mi amor, dime, por favor. —Él está a su lado en un instante, atrayéndolo fuertemente contra su pecho mientras sus manos lo frotan con dulzura sobre la suave piel de su espalda.
— Él... él dijo que éramos asquerosos. Le di un poco de réplica insolente y me fui. Eso es todo.
— Lo siento mucho, —dice Blaine, herido mientras besa su mejilla.— Voy a hablar con Ken.
— No, no. No hagas eso. En serio Blaine, está bien. No es gran cosa.
— No lo somos, lo sabes, —le dice Blaine, levantando su barbilla con suavidad para que estén cara a cara.— No somos asquerosos. Otros podrían no entenderlo, pero nos enamoramos. Es tan simple y sencillo como eso.
— Lo sé, —Kurt asiente con la cabeza.— Realmente lo sé. Simplemente duele cuando alguien lo dice directamente en la cara, eso es todo.
— Bueno, no vamos a estar sentados con ellos en la cena, eso es seguro, —dice Blaine, abrazándolo fuertemente una vez más.
— Gracias, —Kurt susurra con gratitud por encima del hombro.— Gracias.
Pero cualquier esperanza que Kurt tenía de una mesa romántica para dos se disipa tan pronto como llegan al comedor para encontrar las mesas dispuestas como dos grandes mesas de banquete, completadas con tarjetas de lugar que determinan donde deben sentarse todos.
— Puedo negociar con quien esté al lado, —Blaine dice nerviosamente, notando la manera en que Kurt se ve tan cerca de las lágrimas.
— No, no hagas eso. ¿Qué pensarían todos ellos? —Él intenta una sonrisa temblorosa, pero sabe que no llega a sus ojos.— Está bien. Te veré después.
Blaine es acomodado en la primera mesa, entre el trombonista y la esposa de un violonchelista, mientras que Kurt está en la segunda. Algunas consideraciones obviamente se habían pasado en la disposición de los asientos, ya que los miembros de la orquesta y los cónyuges están sentados todos juntos, con los niños en el otro extremo... y ahí es donde Kurt encuentra su lugar. Lágrimas de vergüenza pinchan en sus ojos cuando se sienta entre Molly -la hija de diecisiete años de edad del percusionista, y Jules, el hijo del director que está en su primer año de universidad. Ellos son agradables, para gran alivio de Kurt, y Jules le dice que casi todos los chicos se unen a sus padres para el viaje de vacaciones, agregando que él y Molly han crecido juntos. Él invita a Kurt a unirse a ellos al día siguiente para una gran pelea de bolas de nieve, seguido por chocolate caliente, y Kurt le dice cortésmente que va a pensar en ello. Patrick y Grace están en el extremo opuestas, Patrick luciendo hosco como siempre y Grace coqueteando con un chico de la misma edad que Kurt. Ellos bufan cuando él les cuenta todo sobre su compromiso, pero Molly dice con efusividad exagerada que es la cosa más linda que jamás oyó y presiona por los detalles de la boda. Después de la cena, los mayores de veintiún años se dirigen a la librería con sus padres, y Kurt se despide renuentemente de Jules y Molly quienes se dirigen a la habitación de otra de las niñas para un maratón de Netflix.
— ¿Cómo estuvo? —Blaine pregunta, tomando su mano y guiándolo hacia el bar.
— Humillante, —Kurt se queja.— Por lo menos las personas con las que estaba sentado eran agradables. Pero estaba con todos los niños, Blaine. Los niños.
— Aunque no son niños, —razona Blaine.— Bueno, algunos lo son. Pero la mayoría están alrededor de tu edad.
— Sin embargo, de eso se trata, —suspira.— Ellos son los hijos de tus colegas.
Blaine frunce el ceño hacia él con confusión.— No estoy seguro de entender.
— Sólo olvídalo, —Kurt asiente mientras esperan para ser servidos.
Blaine entra en pánico durante toda la noche, se debate entre mantener una conversación cortés con los demás o asegurándose de que Kurt está bien. Lo cual no está. Hosco y sin concesiones, apenas responde a las preguntas dirigidas a él, dejando a Blaine tratando de llenar silencios incómodos mientras él mira furioso a sus zapatos. Tomando su brazo, Blaine lo dirige a un rincón, acercándose a él para tratar de evitar una escena.
— Por favor, basta, —susurra desesperadamente.— O al menos dime qué he hecho.
— Simplemente no lo entiendes, ¿verdad? —dice Kurt, sacudiendo la cabeza con incredulidad.
— No puedo 'entender' ninguna cosa si no me dices lo que te molesta, Kurt. Pero la gente está tratando de conocerte, de incluirte en sus conversaciones y sólo estás mirando al suelo. Fuiste lo suficientemente rápido para criticar a Patrick esta mañana, pero estás haciendo lo mismo que el, sólo que esta vez es peor.
Para su humillación, Kurt siente las lágrimas amenazándolo, pero él traga saliva y lo mira a los ojos.— ¿Cómo que peor, Blaine? ¿Cómo?
— Porque ese es mi director y su esposa, sentados allí preguntando si disfrutaste La Boheme para tu cumpleaños. Él consiguió los boletos para mí Kurt, como un favor enorme. Todo el lote se agotó, pero no sólo Riccardo nos metió, además nos consiguió un palco. Y lo único que puedes decir a cambio es que estuvo bien.
— Bueno, pues lo estuvo, —pone mala cara, dejando a Blaine pasando la mano por su cabello impecablemente gelificado con frustración.
— Okay. Okay. Lamento que te sientas así porque pensé que era uno de los momentos más mágicos que he tenido el privilegio de compartir contigo. Lo siento si he dicho o hecho algo que te haya molestado, y lo siento si no te gustan ninguna de las personas con las que trabajo. Pero este es mi trabajo, y yo sigo siendo un novato. Quiero dar una buena impresión. Así que voy a volver allí y hablar con estas personas, y si decides unirte a mí o ir a ponerte de mal humor arriba es tu elección.
— ¿Qué quieres que haga?
Blaine se detiene y se vuelve hacia él, con una sonrisa triste en su rostro.— Te quiero a mi lado, Kurt. Como siempre.
— ¿Problemas en el paraíso? —pregunta Ken amablemente cuando Blaine vuelve.
— Uh...
— No. No hay problema en absoluto, —Kurt sonríe, deslizando su mano en la de Blaine y apretándola firmemente.— Sólo necesitaba decirle a Blaine lo muy orgulloso que estoy de él. Ha logrado tanto este año, y no puedo esperar a verlos a todos ustedes tocar mañana. Gill, ¿me preguntaba si podría sentarme contigo para el concierto?
— Por supuesto, querido, —ella sonríe educadamente.— Podemos animar a nuestros amados en conjunto.
— Gracias, —dice Kurt con un gesto cortés, a continuación, se vuelve hacia Riccardo.— Perdóname, —dice sonriendo.— Cuando me preguntaste sobre La Boheme me había quedado perplejo con un rendimiento bastante promedio de Aida que Blaine y yo vimos. Me encantó La Boheme. Toda la noche fue exquisita, de principio a fin.
Kurt se entierra a sí mismo en una pequeña charla y conversación educada, tanto así que Blaine no consigue un segundo a solas con él hasta que la noche llegan a su fin y todo el mundo se retira a sus habitaciones. Caminan en silencio hasta la gran y amplia escalera y a lo largo del pasillo hasta su habitación donde Blaine sostiene la puerta abierta para que Kurt entre.
— Gracias, —dice simplemente cuando Kurt se queda mirando al suelo.— Esto significa todo para mí, así que gracias.
— Te amo tanto, —susurra Kurt, sacudiendo la cabeza mientras las lágrimas empiezan a caer.— Lo siento si te he decepcionado. Lo siento.
Blaine está allí en un instante, tomándolo en sus brazos y dejándolo llorar, tranquilizándolo con todas las palabras y garantías que Kurt necesita escuchar antes de guiarlo hasta el pequeño sofá donde toma su chaqueta y le sirve una bebida.
— ¿Qué es eso? —le pregunta, tomando la copa y mirándola con recelo.
— Whiskey.
— Yo no soy tú, —dice devolviéndosela.— Oh, Dios. Se suponía que era una broma, —explica mientras mira a la cara de Blaine.— Claramente fue de mal gusto.
Blaine sonríe y deja el licor sin tocar de nuevo en la bandeja.— No, sabía que era una broma, y me habría reído si no estuviera tan preocupado.
— ¿Preocupado?
— Yo quiero que seas feliz, Kurt. Y no lo eres. Y eso es una mierda.
— Estoy feliz por ti.
— Eso no es lo mismo. —Blaine se mueve hasta sentarse junto a él, tomando ambas manos mientras continúa con seriedad.— Habla conmigo, por favor.
Él asiente con la cabeza lentamente, respira profundo antes de ver a Blaine a los ojos.— Esto puede sonar terriblemente lleno de autocompasión, pero sí, voy a hablar contigo, porque si no lo hago, dará lugar a argumentos y resentimientos... y no creo que queramos eso ninguno de los dos. Así que... Perdona mí egoísmo, pero voy a decirte las cosas desde mi punto de vista, y luego tal vez me puedas decir las cosas desde el tuyo.
— Okay.
— Siento que es lo suficientemente duro encontrar un lugar en tu propia vida a los veintiuno, y mucho más en la de cualquier otra persona. Estoy tratando de averiguar dónde encajo yo, no sólo en términos de amistades, sino también en términos de una futura carrera. Justo en este momento todas mis dudas e inseguridades parecen más elevadas que nunca. Estoy preocupado por mi voz, por mi capacidad de baile... por todo lo que tiene que ver con la actuación. Luego estoy yo como persona. ¿Soy lo suficientemente inteligente? ¿Lo suficientemente divertido? ¿Le agrado a la gente? Agrégale a eso, yo tratando de encajar en todo esto, —hace un gesto alrededor de la habitación,— y realmente me siento completamente abrumado. Mira, y me refiero a esto de la manera más amable posible... este es tu sueño, no el mío. Y quiero verte vivirlo, en serio que sí. Más que nada. Pero el hecho es que toda tu vida te has desenvuelto en círculos sociales más altos que los míos. Eso no hace ninguna diferencia para nosotros como pareja, y desde luego no creo que tus padres sean esnobs (1) o algo por el estilo. Pero tú y Cooper fueron niños muy privilegiados. Hablar con gente como esta... es fácil para ti. Pero el mundo clásico... es muy rico, muy opulento. No estoy diciendo que la gente no sea buena, porque en su mayoría lo es. Pero no sé qué decir, cómo actuar. Mi papá no trabaja en la bolsa, no cabalgo los fines de semana, y no tengo ni idea de cuál compositor es mejor que otro.
...Y luego... lo peor de todo... es estar sentado con los niños en la cena. Los niños. Pueden ser de mi edad, pero son los hijos de las personas con las que trabajas, Blaine. Tú eres el más joven aquí por mucho.
— No lo soy, —protesta.— Vicky tiene treinta y cinco.
— ¿Pero Vicky tiene a su pareja viajando con ella?
— No, —dice Blaine suavemente.
— Y si así fuera, ¿tendría sólo veintiún años? Mira... el problema que tengo es que se supone que debo ser tu igual. Yo te conozco y he trabajado con todo esto hace mucho tiempo atrás, y es genial. Pero siento como que mi edad les está haciendo a todos pensar en mí como un niño todavía. Y no lo soy. Quiero estar a tu lado, compartir todo esto contigo, pero me siento tan solo e inseguro acerca de todo, y yo no sé cómo superar eso.
Blaine se inclina, besándolo suavemente en los labios.— Espera aquí.
— ¿Qué?
— Vuelvo en seguida, —dice, descendiendo del sofá.— Dame dos minutos. Tal vez cinco, —abriendo la puerta, sale al pasillo.— Diez como mucho.
Kurt se encuentra riendo con incredulidad, pero él toma la oportunidad para cambiarse en sus pijamas y colarse bajo las sábanas para esperar el regreso de Blaine.
— Dieciséis, —dice una vez que Blaine vuelve jadeante.
— Maldición. Okay, —cae sobre la cama junto a él.— ¿Esa pequeña mesa en el comedor? ¿La que está por la ventana? Es nuestra para el desayuno de mañana. Y para el resto de nuestra estancia. Mañana por la noche ya estaré en el Musikverein (2) para prepararme para el concierto, pero he solicitado que seas sentado con el resto de los cónyuges, y he hecho el punto de decirle al representante de la gira que no te incluyan con los hijos en las cenas adicionales... —se detiene, mirando hacia la colcha antes de levantar la mirada.— No puedo hacer mucho... Con toda honestidad me siento un poco desesperado. Pero yo quiero que estés feliz y cómodo. No quiero renunciar a este concierto.
— ¡No! Blaine, nunca, jamás querría que hicieras eso.
— Lo sé, y es por eso que te amo. Vamos a estar involucrados con estas personas por varios años, Kurt. La gente espera toda una vida por oportunidades como esta, así que no aceptan y abandonan el trabajo a su gusto. No tenemos que invitarlos a todos a cenar, o para nuestras fiestas de Año Nuevo, o incluso a la boda... pero tengo una obligación fundamental de socializar con ellos en las giras y después de las actuaciones.
— Lo sé.
— Pero mi obligación es contigo, en primer lugar. Con tu felicidad y bienestar. Dios sabe que te amo infinitamente y no me gusta verte herido. Lo siento si fui duro antes...
— No lo fuiste, —lo interrumpe Kurt.— Estaba siendo grosero, tenías razón, y necesitaba hablar. De hecho, me gustó hablar con Riccardo. Una vez que superas el acento, lo puedes entender, él es increíblemente ingenioso.
— Es un chiflado, —sonríe Blaine.— Pero le agradas. A todo el mundo aquí, Kurt. Excepto ese idiota de Patrick y esa perra cuyo nombre no recuerdo.
— Grace.
— Bueno, ella no tiene ninguna gracia. Ken y Gill son adorables, pero sus hijos son unos mocosos. La crianza no te da clase.
— Es lo que dije, —Kurt sonríe.— En sus caras.
— ¡Ja! —Blaine se ríe, moviendo la cabeza,— Brillante... Lo digo en serio, niño precioso. Les agradas, eres aceptado. Por favor, no formes esta barrera mental porque tuviste un mal encuentro con dos idiotas. Si te agradaron los chicos con los que estuviste sentado en la cena, encuéntralos mañana y pasa tiempo con ellos. Si prefieres ir de compras, pregunta por ahí. Estoy seguro que la esposa de Riccardo probablemente tiene una visa platino o lo que sea y le encantaría ver las boutiques contigo. Haz lo que te haga feliz.
— ¿Puedes ser tú?
— Por supuesto.
— Excelente. —Ambos se ríen, y Kurt se arrastra feliz dentro del cálido abrazo de Blaine.— Gracias. Siento como que podríamos haber terminado peleando por esto, pero me alegra que nos hayamos entendido el uno al otro y escuchado lo que teníamos que decir.
— Yo también. Y con toda honestidad, yo diría que con casi cinco años en el camino, estamos más allá de argumentos insignificantes, ¿no es cierto?
— Sí. Me siento mucho mejor ahora.
— Bien. Me alegro. Entonces... Mañana es el concierto, y al día siguiente es el Baile de Año Nuevo.
— Y tienes que tocar, ¿no?
— Sólo dos piezas. Hay cinco orquestas diferentes, y la Filarmónica de Viena hará la serie más larga dado que es su casa. Quiero que me prometas algo.
— ¿Qué?
— Bailarás el Vals Vienés conmigo. Estarán llevando a cabo una clase práctica en el salón de baile aquí mañana después del desayuno... ¿Por favor?
— Oh Blaine, no lo sé. Quiero decir, la chica se supone que lleva uno de esos hermosos vestidos vaporosos... dos chicos en esmoquin realmente van a destacar, y son demasiados giros...
— Seré la chica, no me importa. Por favor, Kurt. Déjame llevar a mi príncipe azul alrededor de la pista de baile y presumir quién será mi hermoso esposo.
— Ah, ¿por qué diablos no? Sí, —él asiente con la cabeza, formando una enorme sonrisa en su rostro.— Sí, bailaré en Año Nuevo contigo.
(1) Esnob es un anglicismo derivado de la palabra "snob" con el cual se denomina a una persona que imita con afectación las maneras, opiniones, etc. de aquellos a quienes considera distinguidos o de clase social alta para aparentar ser igual que ellos. Su plural es "esnobs."
(2) La Wiener Musikverein de Viena, Austria, es un edificio que alberga varias salas de conciertos y otras instituciones musicales, que se abrió al público el 6 de enero de 1870.
