— ¡Tengo su desayuno! —Cooper dice en voz alta detrás de la puerta.
— ¡No entres! —La voz ligeramente alarmada de Kurt dice de vuelta.— Estamos desnudos.
— Fue su noche de bodas, —Cooper se ríe.— ¡Estaría preocupado si no fuera así! Lo dejaré afuera. Tenemos que ir al aeropuerto en una hora.
— ¿Por qué le dijiste eso? —Blaine le pregunta mientras se estira en la cama.
— No sé. No podía pensar en una excusa lo suficientemente rápido, sólo he tenido dos horas de sueño.
— Él le dirá a todos, —Blaine se queja mientras se pone sus calzoncillos y sale corriendo a recoger la bandeja.
— Lo sé, pero como él dijo, fue nuestra noche de bodas. Todos ellos sabrán lo que hemos estado haciendo de todos modos.
— No has estado en línea, ¿verdad? —Blaine comprueba mientras toma su café.
— ¡No! —Kurt se ríe.— Pero se espera generalmente que las parejas tengan relaciones sexuales en la noche de bodas.
— No cuatro veces en menos de doce horas.
— Cierto.
— Creo que podría estar roto.
— Entonces necesitas unas vacaciones para revivir, —Kurt sonríe, inclinándose para besar sus labios.
. . .
— ¡Es una cabaña! ¡Todavía es una cabaña! —Kurt grita mientras salta alegremente por el sendero sosteniendo fuertemente la mano de Blaine.
— Por supuesto que sí, —ríe con indulgencia.— Me dijiste que querías volver aquí para la luna de miel y que no me dejarías reservar un mejor lugar... aún cuando podríamos haberlo pagarlo.
— No quería ir a ningún otro lugar, —explica Kurt.— Hawaii significa mucho para mí, pero es este lugar en concreto. —Agarrando la tarjeta llave de Blaine, se inclina para cargarlo, riendo cuando Blaine hace lo mismo.— ¡Hey!
— Quiero cargar a mi marido a través del umbral, —explica Blaine.
— Y yo quiero llevar a mi marido.
— Bueno uno de nosotros puede hacerlo aquí, y el otro puede hacerlo en casa.
— Está bien, —Kurt sonríe, envolviendo sus brazos alrededor del cuello de Blaine y riendo cuando lo recoge en sus brazos.
— Por Dios. ¿Cuántos cupcakes comiste ayer? —Gruñe Blaine.
Kurt se ríe, golpeando con fuerza su pecho,— ¡Blaine!
— Pues aquí estamos para una luna de miel muy feliz, Sr. Hummel-Anderson.
— Vaya, gracias, Sr. Hummel-Anderson, —y Kurt no puede dejar de reír y patear sus pies en los brazos de Blaine mientras él saca la tarjeta llave y abre la puerta, cargándolo a su interior.— ¡Es incluso mejor de lo que recuerdo! —exclama con alegría, saltando del abrazo de Blaine y lanzándose entre el baño y el dormitorio antes de abrir las puertas corredizas.— ¡Ah! Cabaña, playa. Playa, cabaña.
— Tu exuberancia es agotadora, —Blaine se ríe mientras cae sobre la cama.— Y muy adorable.
— Playa... —Kurt comienza, parándose afuera y frente al mar.— Cabaña, —da un paso adentro,— Esposo. —En un repentino salto está en la cama, a horcajadas sobre Blaine quien rápidamente lo atrae en un beso.
— ¿Cómo es que estoy exhausto hasta las profundidades de mis huesos, pero increíblemente caliente? —se maravilla.
— Porque esta luna de miel va a ser indecente, —Kurt sonríe con malicia.— Podríamos bien terminar separados por el resto del verano, así que tengo la intención de saciarme antes de que la vida real se interponga en el camino una vez más.
— Ugh. La vida real. ¿Tenemos que? —Gime Blaine.
— Por dos semanas enteras no.— Kurt lo tienta a lo largo del cuello de su camisa con los dedos antes de venir a descansar en los botones.— Por los próximos catorce días y noches, tú y yo nos pertenecemos el uno al otro. Sin trabajo, sin teléfonos, sin mensajes de correo electrónico, sin interrupciones. Sólo... tiempo juntos.
— Me gusta el sonido de eso, —Blaine sonríe feliz, atrayendo a Kurt en un largo y perezoso beso.— ¿Por dónde empezamos?
— Justo aquí, en este momento.
Pasan tanto tiempo haciendo el amor que el sol está casi por completo sobre el horizonte cuando salen a la playa juntos, sin embargo la noche es agradablemente cálida y sólo necesitan pantalones cortos. Se sientan en la arena, mirando lo que queda de la puesta de sol con Kurt apoyado contra el pecho de Blaine.
— Debemos comer... O algo, —murmura Kurt.
— Hmm. ¿Quieres caminar al restaurante?
— No.
— ¿Quieres servicio a la habitación?
— No.
— ¿Quieres que me trepe a esa palmera y te recoja un coco?
Kurt ríe, volviéndose para enfrentarlo.— Ahora me encantaría verlo, pero no estoy seguro cuán eficiente es el Cuerpo de Bomberos de Hawaii en bajar a hombres asustados de mediana edad de las palmeras.
— ¡No soy de mediana edad!
— Lo suficientemente cerca, —Kurt se encoge de hombros, tirando de su labio inferior con los dientes.— Todas las señales reveladoras están ahí.
— Oh, ¿como cuáles? —Blaine ríe, adorando su juego.
— Hmm, bueno, puedo ver algunas canas... —Kurt bromea, girando la cabeza de Blaine de determinada manera en el anochecer.— Lo que es, debo reconocer, devastadoramente sexy, como lo son los anteojos, aunque también son una señal de que te estas volviendo decrépito. Y luego está tu resistencia...
— Mi resistencia es perfectamente buena, muchas gracias, — ríe empujando a Kurt contra la arena, recostándose encima de él.— Buenísima, incluso.
— No estoy muy seguro, viejito, —Medita Kurt, con sus ojos bailando de regocijo.— Sólo tuvimos sexo cuatro veces anoche, y dormiste durante casi todo el vuelo hasta acá.
— ¡Tú también! Estábamos exhaustos.
— No, yo sólo fingía dormir para que no te sintieras mal.
— Oh, ya veo. Uh-huh. —Blaine le hace cosquillas, haciendo a Kurt gritar su protesta mientras se retuerce en la arena.— ¿Entonces estuviste también fingiendo los ronquidos y la línea de baba que se arrastró desde tu labio hasta mi camisa?
— ¡Sí! —Chilla sin poder evitarlo. —¡Sí!
— Y supongo que te decepcionaste de que nuestro maratón de sexo esta tarde sólo fue de cuatro horas en lugar de cinco.
Kurt se retuerce un poco más bajo el toque de Blaine, con lágrimas de risa corriendo por sus mejillas.— Totalmente... ¡Ahhh! decepcionado, —grita.
— Entonces supongo que no querrás regresar a nuestra habitación y tomar un baño juntos por miedo de agotarme, ¿eh?
Kurt se sienta derecho inmediatamente, con los ojos enormes y brillantes.— Una carrera.
Dan un paso bajo la ducha, todavía sin aliento y riendo con Blaine apartando el cabello mojado y ahora plano de los ojos de Kurt. Se besan perezosamente, sus lenguas explorando la boca del otro mientras el agua caliente se precipita sobre ellos y la mano de Kurt llega a agarrar el trasero de Blaine.
— Oh no, claro que no, —Blaine sonríe con malicia contra los labios de Kurt.— Eres todo mío, Sr. Hummel-Anderson. Todo mío.
Cayendo de rodillas, besa un sendero a lo largo del muslo de Kurt quien gime por encima de él y enreda sus dedos en el cabello húmedo de Blaine.— Sí... —murmura feliz, echando la cabeza hacia atrás para que el agua caiga en cascada por su cara mientras Blaine lame una línea de la longitud de su eje.— Oh, mierda. Mi marido es demasiado talentoso con la lengua.
— ¿Quieres que me detenga? —Blaine pregunta, de rodillas y mirando hacia él con los ojos muy abiertos.
— No te atrevas. —Kurt guía su cabeza de vuelta a su sitio y Blaine disfruta enormemente de sus dedos agarrando su cabello con fuerza mientras sumerge su cabeza y toma a Kurt tan profundo como puede, trabajando la lengua sobre su miembro antes de chupar duro, luego suave, luego otra vez duro mientras Kurt se deshace y grita.
— ¡Oh, Dios mío, Blaine! ¡Oh, Dios mío!
Blaine mira hacia arriba a través de sus pestañas, sonriendo alrededor del duro miembro de Kurt ante la vista de su marido, con la cabeza echada hacia atrás en éxtasis y los ojos cerrados fuertemente. Retirándose por un segundo, chupa dos de sus propios dedos antes de llevarlos hacia la entrada de Kurt y regresar la boca a su pene.
— ¡Joder Blaine! ¡Sí! Tómame, chúpame... Santa mierda... sí...
Kurt se vuelve más y más ruidoso, indeciso entre cogerse a sí mismo hacia atrás sobre los dedos de Blaine, o hacia adelante en el calor de la boca de Blaine y su lengua exquisitamente talentosa. Al final Blaine decide por él, agarrando la parte superior de su muslo con su mano libre e instándolo a ir al final de su garganta mientras se relaja y lo toma más profundo que nunca.
— Mierda... Blaine... yo... sí... más... sólo... más.
Un brusco giro de los dedos de Blaine produce un gemido de desesperación de Kurt cuando él roza sobre su próstata una y otra vez, haciéndolo moverse repentinamente hacia adelante, por lo que el rostro de Blaine ahora descansa contra su pelvis.— Ahhh, me voy a venir... oh mierda Blaine... me voy a venir con tanta fuerza que...
Blaine traga cada gota a pesar de que su garganta está ardiendo y sus ojos están lagrimeando, y Kurt tiembla por encima de él antes de caer sin fuerzas contra la pared.— Joder, —dice débilmente, abriendo los ojos para encontrar a Blaine aún de rodillas en el suelo, con la mejilla apoyada en el muslo de Kurt mientras lo mira.— Dios mío, eres tan hermoso, —murmura Kurt suavemente, con su mano acariciándolo a lo largo de su mandíbula.— Aquí, déjame...
— No, —Blaine lo interrumpe y es sólo entonces que Kurt se da cuenta que está acariciando su miembro, manteniendo los ojos fijos en Kurt todo el tiempo.— Por favor. Sólo quédate ahí y mírame.
— ¿Sí? —Kurt sonríe, acomodando un rizo en su lugar.— ¿Te gusta eso? ¿Te gusta que te esté mirando de rodillas, masturbándote porque me saboreaste?
— Sí. —Blaine asiente ansiosamente y traga saliva.— Sabes tan bien, Kurt.
— ¿Todavía puedes saborearme en tu lengua, Blaine?
— Sí... oh sí.
— Sigue, Blaine, vente para mí.
— Me voy a... ahh... —Es todo lo que puede decir antes de que su rostro se esté presionando en la ingle de Kurt, y se derrama en el suelo, suspirando con profunda satisfacción. Kurt se arrodilla frente a él, besándolo tiernamente y trayendo su cabeza para descansar sobre su hombro. Después de un rato, finalmente logran ponerse de pie y lavarse el uno al otro sin una palabra, secándose con toallas grandes y suaves antes de que Blaine ayude a Kurt a ponerse una bata y bese sus labios ligeramente.
— ¿Servicio al cuarto ahora?
— Definitivamente, —Kurt se ríe, regresando a la habitación y agarrando el menú.— Hmm... Quiero la hamburguesa más grande que pueda encontrar. Y papas fritas. Un enorme montón de papas fritas.
— Recuerdo cuando nos conocimos y me dijiste que sólo comías ensalada, —Blaine se ríe, envolviendo sus brazos alrededor de él por detrás y estudiando el menú juntos.— Nunca he conocido tanta tontería en toda mi vida.
— Yo quería que pensaras bien de mí, —dice Kurt, sin mirarlo mientras sus orejas se vuelven rosas.— No quería que supieras lo mucho que comía. Creo que duró alrededor de una semana.
— Pienso mejor de ti sabiendo que compartes mi apetito por la buena comida. ¿Dónde está la diversión en comer solo mientras tú escoges una hoja de lechuga?
Rotando en sus brazos, Kurt se vuelve hacia él,— ¿Blaine?
— ¿Hmm?
— Tú masturbándote así, fue muy caliente.
— Oh.
— Y eso es todo lo que tengo que decir sobre eso en realidad. Pero no me importaría verlo de nuevo algún día. O una mamada así otra vez.
— ¡Ha! —Desconcertado, Blaine niega con la cabeza, atrayendo a Kurt cerca y besando su mejilla.— Tengo que decir que nunca te había sabido tan vocal.
— Porque estamos por lo general besándonos, —dice sonriendo.— Pero no podía evitarlo. Sin embargo, me preguntaba...
— ¿Continúa?
— ¿Si mañana podría tal vez ser un día libre de sexo? Quiero decir, me encanta, —él se apresura, volviéndose rojo mientras lucha para enunciar sus sentimientos,— pero hemos tenido mucho recientemente y estoy um... bueno, estoy agotado y temo que pueda dejar de funcionar por completo si seguimos a este ritmo.
— ¿Eso significa que te retractas de tu declaración acerca de mi avanzada edad y la disminución de mi resistencia?
— Sí, —murmura, mirando al suelo.
— ¿Kurt? —Blaine levanta su barbilla suavemente, besando sus labios dulcemente.— Estoy absoluta y condenadamente agotado. Nada de sexo suena perfecto para mí. Sólo asegúrate de que sea reemplazado con montones y montones de abrazos y mimos en su lugar, después de haber llenado nuestras caras con hamburguesa y papas fritas.
— Oh, gracias a Dios, —dice Kurt, su rostro rompiéndose en una enorme sonrisa.— ¿Y los mimos? ¡Sí! Siempre le doy la bienvenida a los mimos.
Caen en un sueño exhausto después de la cena y no emergen hasta que el sol está alto en el cielo, tomando su desayuno afuera en la playa donde descansan en una tumbona en los brazos del otro.— Quiero llevarte a algún lugar esta tarde, —Blaine dice en voz baja.
— ¿Al paraíso? —Kurt bromea.
— Compórtate. Nada de sexo hasta mañana. Quiero llevarte a un lugar que espero sea muy especial para ti, pero si llegamos allí y no te gusta, prométeme que lo dirás, y podemos dar la vuelta y regresar, ¿de acuerdo?
— Bueno, ahora me tienes preocupado, —dice Kurt confundido.— No puedo pensar por qué dirías algo así.
— Sólo prométemelo.
— Okay... —dice Kurt, mirándolo con recelo.— Lo prometo.
. . .
— Oh. —Los ojos de Kurt se agrandan cuando Blaine para el coche de alquiler en el aparcamiento y ve la señal. Siente los ojos de Blaine en él, observando, esperando, con ganas de hablar, pero también con el deseo de darle a Kurt tiempo para procesar las cosas. Al final, sólo llega al otro lado y coloca su mano sobre la rodilla de Kurt en su lugar, y Kurt está agradecido por el toque.— Uh... ¿Estamos aquí para... para...?
— ¿Nadar con delfines? Sí. —La voz de Blaine es suave y tranquila, calmante de una manera que alienta a Kurt, pero todavía se encuentra parpadeando rápidamente mientras las lágrimas lo amenazan.— ¿Necesitas un momento?
Kurt asiente, mirando a través del parabrisas mientras libera una respiración temblorosa.— Ah... no me esperaba esto, —sorbe por la nariz.— ¿Supongo que hablaste con papá?
— Lo hice, —Blaine confirma.— Pero en realidad estábamos charlando sobre nada en particular y mencioné que estaba pensando en reservar este hotel para nosotros, y él me dijo.
— ¿Acerca de Florida?
— Sí.
— Estábamos muy emocionados, —Kurt sonríe aunque dos lágrimas ruedan por sus mejillas.— Quiero decir, estábamos emocionados por Disney World, por supuesto, pero eran los delfines más que nada. Mamá y yo... nosotros... Acostumbrábamos sentarnos en su cama a discutirlo. Y ¿sabes? Creo que ella todavía creía que iba a lograr llegar. Yo no... —hace una pausa, moviendo la cabeza suavemente y limpiándose los ojos.— No creo que ella me hubiera mentido, me hubiera hecho creerlo. Ella no era ese tipo de persona. Sólo pienso que tal vez no se dio cuenta de lo enferma que se había puesto. Papá sabía, por supuesto. Él sabía que nunca llegaríamos allí, pero no sabía cómo decírmelo... a ninguno de nosotros. Por supuesto, cuando ella se había ido, lo primero que le pregunté fue si todavía iríamos a Florida, y él se limitó a negar con la cabeza. El día de su funeral era el día en que se supone que nadaríamos con delfines.
Blaine lo atrae en sus brazos lo mejor que puede, y lo deja llorar, frotando las manos sobre su espalda mientras le susurra palabras tranquilizadoras al oído. Finalmente Kurt se aparta, ofreciéndole una sonrisa trémula mientras acepta con gratitud un pañuelo desechable.
— Lo siento, —dice Blaine en el silencio.— Debí habértelo dicho antes. No sé por qué pensé que sería una buena idea sorprenderte, yo sólo...
— No, —Kurt dice con firmeza.— No, es mejor así. Si me hubieras dicho antes, entonces ni siquiera lo hubiera considerado, mientras que ahora estoy aquí sentado contemplándolo.
— ¿Crees que quieres?
— Oh, yo sé que quiero, —Kurt dice mientras agarra la mano de Blaine.— Es sólo que estoy aterrorizado.
— ¿De qué?
— De sufrirlo intensamente.
— Oh Kurt. —Blaine suspira, desplazándose y girando a manera de llegar al asiento del pasajero, moviendo a Kurt hasta que él se sienta en su regazo y lo puede envolver en sus brazos.— Si te ayuda en algo, he reservado una sesión privada. Sólo vamos a ser nosotros dos con la entrenadora.
— Y los delfines. —Kurt dice de manera inexpresiva. Blaine se ríe cuando ve el brillo en sus ojos una vez más, a pesar de que todavía luce triste.
— El rumor es que son una parte muy importante de toda la experiencia del nado con delfines, —dice, descansando sus frentes juntas.— Pero no tenemos que hacer esto. Podemos volver al hotel -o cabaña como te gusta llamarla- y relajarnos en la playa. O podemos ir en coche a la montaña y dar un paseo...
— Me gustaría hacer ambas cosas, —Kurt dice en voz baja.— Pero en este momento quiero hacer algo que siempre he querido hacer, y no puedo pensar en una mejor persona para compartirlo que mi marido.
Se aferra fuertemente a la mano de Blaine al entrar al agua, y Blaine sonríe, poniendo su brazo alrededor de él en su lugar y besando su hombro.— ¿Estás bien?
— Sí... sí, —Kurt asiente, tragando el nudo que se forma en su garganta en el segundo en que los delfines vienen hacia ellos. Unas lágrimas escapan, pero cuando Blaine toma una foto de un delfín acariciando cariñosamente a Kurt, sus ojos están brillantes y su sonrisa es enorme. Él grita alegremente mientras nada en la laguna, con Blaine siguiéndolo, igual de emocionado y finalmente relajado.— Oh, Dios mío, Blaine. ¡Quiero un delfín!
— Quiero un gato.
— Los delfines son mucho mejores, —Kurt ríe mientras acaricia uno.— Piensa en el prestigio que conseguirías si tienes un delfín como mascota.
— Okay Kurt... con mucho gusto te compraré un delfín de mascota tan pronto como encuentres algún lugar en nuestro apartamento para tenerlo.
— ¿Tú podrías dormir en el sofá?
— ¡Te estoy ignorando! —Blaine se ríe, volviéndose para besar un delfín en su lugar.
— ¿Disculpe señora? —Kurt llama a la entrenadora,— ¿Es aceptable cambiar por cuarenta y ocho horas a mi marido por uno de estos? Él está muy bien entrenado y es muy buen nadador.
— No, —ella sonríe.— Pero si se toman de la mano y luego se sostienen de sus aletas dorsales conseguiré una foto de ustedes mientras van alrededor de la laguna juntos.
— Vamos, —Blaine suspira.— Supongo que será mejor que parezca que estamos enamorados. Por el bien de los animales, por lo menos. —Pero se ríen en voz alta juntos cuando son llevados alrededor de la laguna, y Blaine cree que, posiblemente, nunca ha visto a Kurt más feliz.
En el momento en que se van es con gran renuencia, y sólo cuando Kurt ha adoptado un delfín y ha hecho una gran donación a su conservación mediante la tarjeta de crédito de Blaine. Vuelven al coche y Kurt se desplaza a través de alguna información en su teléfono antes de alejarse.
— ¿De vuelta a la cabaña? —Blaine le pregunta.
— En realidad no. Es mi turno de llevarte a alguna parte.
Conducen por un tiempo, Kurt deteniéndose para comprobar sus instrucciones una vez antes de partir de nuevo, y es la hora de la cena cuando se detienen en el estacionamiento de una playa.— Sé que tienes hambre, porque yo también, pero sólo espera aquí un momento, —dice Kurt, inclinándose para besar sus labios, y sin darle a Blaine opción de opinar en el asunto, él se ha ido.
Cuando regresa está usando posiblemente la camisa hawaiana más llamativa que Blaine ha visto nunca, y lleva una a juego en la mano, junto con dos lei.— ¿Dónde diablos conseguiste eso? —Blaine se ríe.— Nunca te he conocido usando cualquier cosa que no sea coordinada, incluso ropa de dormir.
— Tenemos que usar camisas para la cena, —Kurt sonríe, manteniendo abierta la puerta del coche para él.— Vamos, será divertido.
Encogiéndose de hombros, Blaine se pone la camisa y deja que Kurt deslice un lei sobre su cuello.— ¿A dónde vamos?
— A un luau, —dice sonriendo.— Un montón de comida, bebida y baile.
— Wow, —Blaine sonríe feliz mientras es llevado hacia el restaurante frente a la playa con música ya tocando.— Impresionante.
Siete platos, dos cócteles y un baile hula después, Blaine arrastra a su marido a las sombras de una gran palmera, besándolo tiernamente antes de abrazarlo fuertemente.— Sólo lo necesitaba, —explica en voz baja mientras Kurt asiente de común acuerdo.
— Lo sé.
— Y tengo que darte las gracias por hoy, —Blaine continúa.— Sé que ambos lo disfrutamos, pero lo que me hizo más feliz -en una extraña manera- fue tu vulnerabilidad. Porque no tuviste miedo de mostrarme ese lado. No trataste de ocultarlo, no hubo comentarios sarcásticos o ira antes de que finalmente admitieras qué estaba mal... sólo... me dejaste ver de inmediato que estabas preocupado y molesto, y creo que eso nos ayudó a los dos enormemente.
— Me alegro de haberlo hecho. —Los brazos de Kurt cubren los hombros de Blaine mientras cierra sus ojos por un momento, abrumado con todo.— Creo que... creo que tú haces que quiera mostrarte ese lado de mí porque siempre sabes exactamente cómo mejorarlo. Y de hecho, no pasé todo el tiempo pensando 'Ojalá mamá estuviera aquí,' pasé todo el tiempo sabiendo que estaba observando desde algún lugar y disfrutando cada segundo tanto como nosotros. Creo que... no... yo sé que ella habría aprobado mi elección de marido, —dice, abriendo los ojos para sonreírle a Blaine.— Gracias por darme una experiencia tan maravillosa, —susurra en voz baja.— Gracias por amarme.
Su beso es dulce, largo y lánguido, las lenguas acariciando los labios del otro mientras las manos de Blaine acunan el rostro de Kurt.— Sé que dijimos... —Kurt inicia, pero Blaine ya está tomando su mano y llevándolos hacia el coche.
— Pero a veces la necesitad es más grande que el querer.
