Después de su breve estancia en Ohio, donde ambos están asombrados de lo bien que Mike se está recuperando de su derrame cerebral, se asientan en la vida matrimonial de forma rápida y sencilla. Tanto para Kurt como para Blaine es como si todo y nada cambiara a la vez. En la superficie, las cosas siguen igual. Blaine va a trabajar, llega a casa por la tarde para sentarse y escribir, y se va a tocar por las noches cuando lo requieren. Kurt va y viene, asistiendo a audiciones, leyendo libretos y tomando partes pequeñas en cualquier producción en la que tiene la suerte de ser contratado. Pero debajo de su día a día el cambio es profundo, casi intangible pero muy real para ambos. La comodidad, la seguridad, la sensación de haber cruzado finalmente la línea de meta y ahora comenzar un nuevo capítulo de sus vidas juntos. Y, por supuesto, el orgullo de ser capaces de llamarse esposos mutuamente. Eso nunca deja de hacerlos sonreír, deleitándose en la sensación del calor que estalla en la boca de sus estómagos y se extiende todo el camino hasta la punta de los dedos de las manos y los pies.

El verano se convierte en otoño y luego en invierno, y ambos están completamente asombrados por una llamada telefónica de Rachel pidiéndoles que sean los únicos testigos de su boda en el Ayuntamiento con Finn. Por supuesto, ellos con gusto asisten y Blaine insiste en pagar por una cena extravagante después, pero Kurt todavía no puede creer que Rachel eligió algo tan completamente... poco-Rachel.

— Me estoy mudando de nuevo, —explica a los dos, apretando fuertemente la mano de su nuevo marido.— Bueno... Para Columbus, de todos modos.

— ¿Qué? —Kurt grita, completamente sorprendido.

— Le han ofrecido a Finn un trabajo en una escuela secundaria, y me acerqué a la Universidad Estatal de Ohio (OSU) para enseñar teatro. Me ofrecieron un trabajo en el lugar.

— ¿Estás dejando Broadway en la cúspide de tu éxito?

— Sí. —Ella le sonríe a Finn quien acaricia su mano con orgullo.— Siempre supe que había llegado a casa con él, —dice en voz baja.— Siempre lo supe.

— Estoy feliz por ti, —dice Blaine, inclinándose para besarle la mejilla.— Me doy cuenta que esto es lo que quieren, y estoy muy contento de que todo funcionó muy bien. La OSU tiene mucha suerte de tenerte. Y Finn, tú serás un excelente profesor.

— Gracias Blaine. Sí... estoy muy emocionada.

— Estoy... estoy... Bueno, no creo que pueda llegar a superar esto, —dice Kurt con un sacudón de cabeza.— Quiero decir que cómo puedes tirar a la basura tus sueños así, pero puedo ver que no estás tirándolos, ¿verdad? —le pregunta a Rachel, quien niega con la cabeza.— Sólo fuiste y encontraste otros nuevos.

— Lo hice, —ella asiente.— He logrado lo que siempre he querido, que era representar a Fanny en Broadway. Tuve la suerte de conseguir liderar dos producciones increíbles más, pero eso es todo para mí. Quiero hacer una vida con el hombre que amo, y los dos pertenecemos a Ohio juntos.

— No sé a dónde pertenezco, —Kurt le dice a Blaine una vez que están en el vuelo nocturno con destino a Chicago.

— A mí, —dice con confianza, sin siquiera molestarse en abrir los ojos.

— Eso lo sé... pero... pero... tú perteneces a tu mundo de la música clásica. ¿Pertenezco al mundo teatral?

Blaine suspira, sentándose erguido y girando hacia él.— Sinceramente, no lo sé, Kurt. Quiero decir sí, por supuesto que sí... pero...

— Pero no tengo ningún trabajo.

— No es eso. Tienes algo de trabajo, pero no es...

— No son los papeles que quiero.

— No, y tengo que decir que, cualquier duda que tenía sobre Martha, ella te consigue audiciones, pero por alguna razón simplemente no es el trabajo que tú esperabas y sé lo mucho que odias hacer cosas de coro todo el tiempo. Así que... no... Tal vez no perteneces ahí. Tal vez perteneces a la moda, o a la enseñanza de drama para niños. Tal vez seas más adecuado para la televisión... ya sabes que Martha parecía bastante interesada en ese comercial para ti, pero te negaste a ir al casting.

— Porque era para pantalones vaqueros, Blaine. No hablado. Hubiera sido nada más que un modelo, que de verdad, en serio no quiero ser. Me gusta la moda, ya lo sabes, y me encantó aquel verano en el que hice un campamento, pero... pero no es donde veo mi carrera.

— ¿Dónde, entonces? Dime... si pudieras hacer lo que quisieras, haciendo a un lado todos los compromisos conmigo, con tu familia o con cualquier otra cosa, ¿dónde estarías y qué estarías haciendo?

— West End o Broadway, —dice sin dudarlo.— Estaría representando el papel principal noche tras noche, en Wicked o en Los Miserables... tal vez incluso en El Fantasma de la Ópera. —Suspirando felizmente, él permite que su mente huya con él por un momento antes de que la burbuja estalle y mire a Blaine una vez más.— Pero eso no va a suceder, ¿verdad?

— No inmediatamente, no, —dice, ofreciéndole una pequeña sonrisa conciliadora.— Pero apenas te graduaste en mayo. Yo diría que todavía somos recién casados, ¿verdad? Lo que significa que, por comparación, sigues siendo un novato en el mundo del teatro profesional también.

— No sé, —suspira.— No sé si sería más fácil renunciar ahora, olvidarme de todo y encontrar nuevos sueños como hizo Rachel.

— Tú no encuentras sueños, Kurt, —Blaine le explica, sonriéndole con indulgencia.— Ellos te encontrarán a ti. Proyéctalos sobre ti hasta que no se puedan ignorar por más tiempo, y simplemente persíguelos... algo así como tú y yo.

— Sí, soy bastante bueno en eso, —dice con una sonrisa.

— Lo eres. Y no pude ignorarte, tuve que perseguirte. Escucha Kurt, Te conozco -probablemente mejor de lo que me conozco a mí mismo. Rachel encontró nuevos sueños una vez que había alcanzado los primeros. No vas a ser feliz hasta que le hayas dado a esto un tiro claro y conciso. Viajaremos a Europa el cuatro de enero. Cuando regresemos, míralo como un nuevo comienzo. Nuevas audiciones, nuevos roles... mira todo con ojos nuevos. Si después de... no sé, seis, ocho meses, sigues estando tan desilusionado, entonces hablaremos acerca de dónde ir desde allí.

— Buen consejo.

— Siempre escucha a tu marido, —dice Blaine con una sonrisa antes de besar su mejilla y tirar de él en un abrazo.

. . .

Blaine es anunciado formalmente como el nuevo líder de la Orquesta Sinfónica de Chicago en su concierto navideño en la víspera de Navidad. La noche es un gran éxito, hecho aún más especial para Blaine por tener a sus padres y suegros en la audiencia junto con Kurt. Sus habilidades en el órgano para El Mesías, de Händel -que le han dado a Kurt sinfín de insinuaciones llenas de chistes por semanas- son excepcionales, y él recibe su propia ovación de pie. Saluda a todo el mundo muy brevemente después, con los ojos llenos de lágrimas cuando su padre se las arregla para hacer sonar la B de su nombre por primera vez desde su derrame cerebral. Una mano firme en el hombro lo guía hacia una recepción privada con el alcalde y senador de Chicago, y Kurt es dejado para esperar su regreso.

— Es un chico ocupado, —comenta Burt mientras todos ellos se acomodan en el bar del teatro.

— Lo es, —Kurt está de acuerdo.— No es que me importe, —se apresura.— Quiero decir, él está viviendo su sueño, ¿verdad? Eso es lo que todos queremos hacer.

— ¿Y... y... y tú estás viviendo el tuyo? —Mike le pregunta, estirándose para tomar su mano.

— Todavía no, —Kurt sonríe con tristeza.— Pero lo haré. Creo que mi mayor sueño era casarme con él, y al menos puedo decir que he logrado eso, y es todo lo que esperaba y más.

— Mi amor, —dice Sara, besando su mejilla cuando se sienta a su lado.— Vas a llegar ahí. A Cooper le llevó años. Años y años. Por supuesto, eso es probablemente porque le tomó mucho tiempo crecer en realidad, —reflexiona en voz alta.— Pero va a sucederte, Kurt. Realmente, lo hará.

— Eso es muy dulce, —dice sonriendo.

— Además, —Mike interrumpe.— Tú... tú... mayor sueño dd... ddee... debería ser tenerme para las fiestas. Tienes ese.

— Sí, soy muy suertudo, —Kurt se ríe rodando los ojos.— Ya sabes, esa terapeuta de lenguaje ha hecho maravillas contigo, —dice con una sonrisa maliciosa.— Casi me hubiera gustado que no se hubiera molestado.

— Oh, mi amor, ni siquiera me hagas empezar, —dice Sara.— Está de vuelta, bien. Gritando por su cena, pidiéndome que busque esto, aquello y lo otro.

— Cuando en realidad deberías estar tratando de hacer todo por ti mismo, —Carole interrumpe con una mirada mordaz hacia Mike, quien se encoge de hombros y sonríe a Kurt.

— A S... S... Sara le gusta sentirse querida, —explica.

— Querida, sí, —dice con una sonrisa.— Utilizada no.

La conversación llena de bromas entre los cinco por lo menos hace a Kurt feliz, y el tiempo vuela rápidamente. En el momento en que Blaine regresa más de una hora después, con las mejillas encendidas por su éxito, Kurt, Carole y Sara están en su segunda botella de vino.

— Sálvanos, —Burt le implora.

— Empezaste sin mí, —un Blaine cabizbajo le dice a su marido por encima de la mesa.

— Bueno ¿qué esperas que hiciéramos? —Kurt le pregunta, con una ceja levantada.— ¿Sentarnos alrededor jugando con nuestros pulgares? No es todo acerca de ti.

— Oh, así va a ir esto, ¿verdad? —Blaine puede sentir su ira creciendo pero parece no poder detenerla cuando Kurt le rueda los ojos.— ¿Vas a ser un borracho amargo? Creo que me iré a casa.

— No soy un borracho amargo, —estalla hacia él, olvidándose de la presencia de sus padres.— Pero tampoco soy un marido trofeo. No voy a sentarme aquí y esperar tu regreso antes de que consiga una bebida. Estábamos pasando una noche perfectamente agradable hasta que llegaste, ahora bien, te sientas y te unes a nosotros o te vas.

Blaine se aparta de la mesa y se dirige a la barra, haciendo a Kurt arder de rabia y gritarle.— ¡No te atrevas a comprar whiskey, Blaine! ¡No te atrevas!

— Um... bueno... creo que simplemente volveremos al hotel, —dice Carole, poniéndose de pie y aclarándose la garganta mientras Kurt permanece rebelde. Ella besa su mejilla rápidamente antes de hacerse cargo de Mike en su silla de ruedas. Sara acaricia su mano y se dirige a la barra a decirle adiós a Blaine, dejándolo solo con su padre.

— Kurt me...

— Papá, por favor, no lo hagas, —dice Kurt, con la vista al frente y sin atreverse a mirarlo.— De otra manera lloraré, y no creo que pueda manejarlo. Sólo... vuelve al hotel y te veré en la mañana.

— ¿Estarán bien?

— Sí, —Kurt asiente firmemente.— De eso no tengo ninguna duda. Pero todavía apesta cuando peleamos así.

— Él no puede evitarlo, ¿ya sabes? —Burt dice suavemente.— Con una posición como la suya viene la gran responsabilidad. Se espera que asista a esas cosas. No sé por qué se molestó de que bebieras sin él, pero supongo que probablemente se sintió un poco herido de que él no pudo pasar toda la noche con nosotros. Una recepción con el senador puede sonar muy atractiva y emocionante, pero no significa necesariamente que es donde quiere estar. Blaine es un niño de papá y mamá. Ya sabes lo mucho que ama su tiempo con ellos, y lo que más ama es el tiempo que pasa contigo, Kurt, sólo recuerda eso.

Kurt suspira, apoyando su cabeza sobre el hombro de su padre.— Lo sé. Sin embargo, gracias, porque aunque yo lo sé, no siempre lo recuerdo.

— Porque eres más como yo de lo que a los dos nos gustaría admitir, —dice, besando la parte superior de su cabeza brevemente.— Ahora me voy a ir a ayudarle a Mike a entrar en el coche. Los vemos en la mañana.

— Él está herido, mi amor, —Sara le dice en voz baja a su hijo mientras permanece en el bar.

Blaine cuelga su cabeza, dándole la bienvenida a la mano de su madre acariciándole la nuca.— ¿Qué se supone que debo hacer? —suspira.— Me pregunto si la única manera en que será feliz es si renuncio a todo esto por completo. Él odia que obtenga cualquier tipo de alabanza o atención.

— No, no lo hace, —dice ella con firmeza.— Y tú sabes que eso no es cierto. Pero los celos son una emoción poderosa, Blaine, y él sólo tiene veintidós. Está teniendo que trabajar y esforzarse para lograr el más mínimo éxito en este momento, y desde donde él está parado, todo esto sólo cae en tu regazo. Es difícil lidiar con ello. Pero tú y yo sabemos que no te envidia nada de eso, y él estaría devastado si incluso te escuchara mencionar que renunciarás a causa de él. Ahora por el amor de Dios, toma una copa, ve y siéntate con él y discutan largamente sobre esto. Te veré en la mañana.

— Cerveza. ¿Contento? —Blaine asiente mientras se sienta frente a su marido.

— En realidad no, Blaine, no.

— ¿Pero por qué? —Implora.— No lo entiendo. No debí haberme enojado así contigo, y me disculpo. Pero tú dijiste que estabas pasando una noche agradable y luego vas y estallas diciendo que no es todo acerca de mí y que no eres un marido trofeo, pero yo nunca me propuse hacerte sentir así, Kurt. Nunca. Estoy haciendo todo lo posible para hacerte feliz, pero simplemente no parece ser suficiente.

Kurt niega con la cabeza, incapaz de hablar cuando para su horror, siente las lágrimas escociéndole los ojos. Mira fijamente a la mesa, deseando que se vayan, pero cuando la primera salpica la madera, él sabe que está hecho. Tomando su mano, Blaine lo lleva del bar hacia el vestíbulo de la sala de conciertos, ahora casi desierta.

— ¡Blaine! —una voz lo llama, haciendo a Kurt respingar.

— Ahora no, Riccardo, —Blaine le dice.— Kurt no se siente muy bien y tengo que llevarlo a casa. ¿Puedo llamarte?

— ¡Ah! ¡No te preocupes! —El italiano vuelve a decir.— Sólo quiero decirte que tengas un buen día con la familia mañana. Los veo en Año Nuevo. En la fiesta en tu apartamento, ¿no?

— Sí, —Blaine sonríe.— Feliz Navidad, Riccardo, para Lucía y Jules también.

— Gracias. ¡Mejórate, Kurt!

Kurt asiente, todavía mirando al suelo y se encuentra agradecido por el brazo de Blaine alrededor de sus hombros mientras se dirigen hacia afuera para encontrar un taxi. No hablan en todo el camino a casa, donde Kurt permite que Blaine lo despoje de su chaqueta y zapatos, colocándolos ordenadamente en el armario del pasillo junto con los suyos antes de llevarlo a la sala de estar.— Aquí. —Una oferta simple de brazos abiertos tiene a Kurt corriendo hacia él, agarrando su camisa mientras llora con fuerza y Blaine lo guía hacia el sofá, frotando pequeños y reconfortantes círculos en su espalda mientras se tranquiliza.

— No eres tú, —Kurt se ahoga a través de sus lágrimas.— No eres la razón por la que soy infeliz, y por favor, nunca pienses eso. Es... es... es verte entretener a senadores y alcaldes, es ver a Rachel convertirse en una profesora de teatro porque ella ya alcanzó su mayor ambición. Es Joe llamando para decirme que va a ir a los BAFTA (1) y a los Oscars el próximo año. Es Santana anunciando que se mudará aquí para estar con Lacy, y bam, ha sido elegida para la próxima producción de danza de la Alianza... es todo esto y yo... sólo esperando y esperando una oportunidad.

— Kurt, ya hablamos de esto hace apenas un mes, y estuvimos de acuerdo en que lo verías después de Europa, —dice Blaine, jadeando y resoplando hasta que ha maniobrado a Kurt en su regazo, donde pertenece.— Pero si te está haciendo infeliz entonces déjalo, ahora. No soporto verte así, y si fuera yo el que te hizo sentir de esta manera, te diría que me dejaras, también.

— No se trata de eso, ¡en serio que no!

— Lo sé, y me alegro, porque yo nunca voy a dejarte. Pero es sólo un trabajo, Kurt, eso es todo. Nadie debería tener un trabajo que lo hace tan infeliz.

— Sin embargo, no es el trabajo, —Kurt llora.— ¡De esto se trata! Algunas de las empresas en las que he trabajado han sido una mierda, gente tóxica, pero el trabajo... el trabajo real... cuando estoy en el escenario, me encanta. Me siento muy bien. Estoy perdido en el espectáculo y completamente inmerso en el mundo de ficción que se está creando. Pero lo que odio es todo lo que lo rodea, muy especialmente viendo a los protagonistas masculinos y sabiendo que yo podría hacerlo mucho mejor. ¡Pero ni siquiera llego a experimentar eso porque no he trabajado en más de dos meses, Blaine!

— Kurt, eso no es nada. Cooper ha pasado meses sin trabajo... y estoy hablando de nueve o diez, no dos.

— Pero cuando trabaja le pagan una fortuna, —señala Kurt.

— Sí, y tu sabes que a ti también te pagan bien.

— No como a ti.

— No, pero ¿quieres saber algo? ¿Mi primera sesión de concierto, haciendo guitarras? Fue a tres meses de terminar la universidad, pensé que tenía que hacerlo. Me pagaron ocho dólares la hora. Cuando dejé el trabajo por sesiones, me pagaban ciento cincuenta dólares la hora. Todo el mundo tiene que empezar en alguna parte, Kurt. Estás en el último peldaño de la escalera en este momento y va a ser una larga subida, pero vale la pena.

— Te amo tanto, Blaine, —Kurt dice mientras solloza y se frota los ojos.— Estoy tan contento de haberme casado contigo, porque eso es todo lo que tengo en este momento, y es lo mejor que podría tener.

— Siempre me tendrás, Kurt. Pero eres mucho más que nuestro matrimonio. No te definas a ti mismo por nosotros, o por tus fracasos y éxitos. Es todo eso y mucho más lo que te hace ser tan increíblemente maravilloso.

Kurt asiente, levantando su rostro manchado de lágrimas y ofreciendo una sonrisa temblorosa.— ¿Puedes llevarme a la cama y hacerme el amor?

— Te llevaré a la cama, —dice Blaine, besando las lágrimas que permanecen en sus mejillas.— Pero te haré el amor en la mañana, ahora no. Todavía estás molesto, y el sexo no es la respuesta. Necesitas abrazos, besos, tranquilidad y descanso. Te puedo dar todo eso y será suficiente hasta mañana. Además, Santa estará por aquí pronto y él no nos puede atrapar despiertos, y mucho menos en medio de sexo entre chicos. No podemos ser responsables de la muerte de Santa.

— Eres un bobo, —Kurt se ríe a través de sus lágrimas, y él felizmente se deja llevar al dormitorio, donde Blaine lo abraza fuertemente durante toda la noche.

Se despiertan temprano a la mañana siguiente, y Blaine mantiene su promesa, adorando cada centímetro de Kurt, dejándolo hecho un lío tembloroso y estremecedor hasta que se viene con un suave grito del nombre de su marido, que sonríe, besando sus labios dulcemente y susurrándole su amor al oído hasta que lo sigue. Después de un desayuno perezoso en la cama, se preparan para la inminente llegada de sus padres, ambos ocupados en la cocina hasta que los gloriosos olores llenan el aire.

— Creo que eso es todo, —Blaine dice mientras mira a su alrededor.— Lo que nos da treinta minutos hasta que lleguen y el infierno se desate.

— No va a ser tan malo, —dice Kurt mientras descansan en el sofá juntos.

— Hmm, no lo sé. Tal vez Finn y Rachel tenían la idea correcta, un crucero por las Bahamas suena bastante bien en este momento.

— Es su luna de miel, —Kurt se ríe.— Y debemos sentirnos orgullosos porque tuvimos la nuestra, y ahora estamos celebrando nuestra primera Navidad como esposos.

— Eso me pone mareado, —Blaine sonríe, pegando sus pies en el regazo de Kurt para que los acaricie.

— Igual a mí.

— ¿Te sientes mejor?

— Si, —confirma Kurt.— Lo siento, Blaine.

— No es necesario decir...

— Siempre dices eso, pero sí. En momentos he sido bastante difícil, estos últimos meses; y te he dicho algunas cosas realmente desagradables. Prometo que voy a parar. Me voy a concentrar en ti, y en Europa hasta que volvamos, y luego veré cómo van las cosas.

— Suena sabio, —Blaine responde con la cabeza echada hacia atrás y los ojos cerrados.— ¿Me pregunto quién podría haberte dado tan buen consejo?

— Cállate, —Kurt se ríe, haciéndole cosquillas en los pies y haciéndolo retorcerse.

— En serio, me alegra saber que estás más feliz. Y me gustaría pedirte disculpas también, por la forma en que actué anoche. No eres el único que se pone celoso. Odio que tengas todo el tiempo con nuestros padres y que yo haya tenido que ir e intentar hacer charla cortés con un hombre que claramente no quería estar allí. Hubiera dado cualquier cosa por estar con ustedes.

— Mi papá dijo que ese sería el caso.

— Otro a quien siempre debes escuchar, —dice, pinchando con su dedo del pie la panza de Kurt.

— ¿Blaine?

— ¿Hmm?

— ¿Puedo darte tu regalo ahora?

Se sienta, arrastrando sus pies debajo de él mismo mientras sonríe.— Si lo prefieres. ¿Quieres el tuyo también?

— No necesariamente, puede esperar hasta más tarde si quieres, pero yo sólo quiero... —se desvanece, entrando en el tercer dormitorio que ahora se ha convertido en su cuarto de costura y volviendo con algo detrás de su espalda.— Sólo tengo un regalo para ti este año, debido a que es algo especial.

— ¿Es un gato?

— Sí Blaine, porque es muy sensible comprarte un gato justo antes de irnos a Europa por un mes, —responde secamente.— Sólo cállate y cierra los ojos.

Blaine hace lo que le dicen y es recompensado al sentir que algo es depositado en su regazo.— Ábrelos, —Kurt ordena, y él mira hacia abajo para encontrar un estuche de violín en su regazo, el cuál abre con curiosidad y jadea.

— Kurt... oh, Dios mío, —susurra, pasando sus manos reverentemente sobre el instrumento.— Kurt... ¿Es... es un Stradivarius? (2)

— Sí, —Kurt responde tranquilamente, cautivado por la mirada de alegría y asombro en el rostro de Blaine.— Yo sé que siempre has querido uno. Riccardo me ayudó a encontrarlo.

— Pero... —Se interrumpe para negar con la cabeza, desconcertado.— ¿Qué hiciste? ¿Cómo...? ¿Qué vendiste? —pregunta, mirando sus manos para comprobar que tanto el anillo de bodas como el anillo de compromiso están todavía en su lugar.

— Mi alma, supongo, —dice Kurt con una sonrisa tímida.— He estado muy ocupado mientras no he estado trabajando, —explica.— Le hice a Gill sus vestidos, e insistió en pagarme. Luego ella me pidió que hiciera algunos para Grace.

— Grace... su hija, a la que odias con pasión, ¿Grace?

— La misma. Ella estaba tan emocionada como yo, pero tuvo que admitir que quedó satisfecha con los artículos terminados, aunque pude ver que le dolía. Entonces Gill le dio mi número a María, la mamá de Molly, y bam... un pedido de dos vestidos más. Luego Kendra, Abby, Patsy... de hecho, es justo decir que casi todas las mujeres, ya sean miembros de la orquesta o cónyuges estarán mostrando un original Kurt Hummel en algún momento de la próxima gira europea... incluyendo a la esposa del Director de Orquesta.

— ¿Le hiciste un vestido a Lucía?

— Corrección, hice cuatro vestidos para Lucía, y un esmoquin para Riccardo, aunque ese fue más como un regalo de agradecimiento. Fue a extremos extraordinarios para conseguir el violín para mí. Fue un postor telefónico en una subasta italiana.

— Kurt... no sé qué decir, —Blaine lo mira con seriedad.— Entonces cuando llego a casa y pregunto cómo has pasado el día y tú dices que haciendo nada...

— He estado cosiendo como un loco, —dice con una sonrisa tímida.— Quería darte algo maravilloso para hacerte saber lo increíblemente orgulloso que estoy de ti. Has logrado cosas increíbles este año, y sé que el próximo año será aún más grande y mejor, y te lo mereces.

— Gracias, —Blaine dice con sinceridad.— Creo que la cosa más grande que he conseguido es casarme contigo, —dice sonriendo, inclinando la cabeza hacia un lado, —y las cuatro rondas de sexo. Todavía estoy maravillado de mí mismo por eso.

— Menos mal que no nos casamos en Nueva York, —bromea Kurt, haciendo a Blaine reír en voz alta.

— ¡No puedo creer que hayas dicho eso! —Se ríe,— ¡Oh, Dios mío!

— Bueno, lo hice, —Kurt sonríe.— Ahora tócame algo en el que tiene que ser el trozo de madera más caro del mundo.

— No es un trozo de madera, —Blaine resopla con indignación, pero sonríe mientras saca cuidadosamente el violín de su estuche.— Lo voy a llamar a George, —susurra felizmente.— Hola George.

Kurt rueda sus ojos cariñosamente.— Oh Jesús.

— Shhh, o George no va a tocar, —dice Blaine, levantando una ceja. Recogiendo el arco, da una corta explosión de Vivaldi que deja a Kurt sorprendido de cómo puede tocar algo tan complicado sin música, pero luego devuelve el violín a su estuche y se inclina hacia adelante, tomando la cara de Kurt en sus manos.— Te amo. No puedo explicar lo que un regalo como este significa para mí, pero creo que ya lo sabes, porque para eso pasaste tantos problemas para conseguirlo, y es por eso exactamente por lo que te amo tanto como lo hago. —Lentamente, inclina la cabeza para rozar sus labios sobre los de Kurt, cuyos párpados aletean hasta cerrarse ante el toque. Mirando su rostro por un momento, Blaine sonríe suavemente antes de apartarse... justo cuando suena su timbre.

— Ugh, —Kurt suspira.

Blaine mira a la ventana y luego de vuelta a su marido.— Bueno, no está nevando, —dice en voz baja, con los labios a milímetros de los de Kurt.— Pueden esperar en la acera un poco más.


(1) BAFTA: Los Premios de Cine de la Academia Británica son unos galardones otorgados por la Academia Británica de las Artes Cinematográficas y de la Televisión. A menudo son citados como los equivalentes británicos a los Premios de la Academia estadounidense.

(2) Un Stradivarius es un instrumento de cuerda construido por un miembro de la familia italiana de Antonio Stradivari. Los instrumentos de Stradivarius son muy valorados por los intérpretes más importantes del mundo y por los coleccionistas de antigüedades. Las características sonoras e individuales de estas obras de arte son consideradas únicas, y a menudo los instrumentos se identifican por el nombre de alguien, generalmente un músico famoso que fue su propietario o que simplemente lo utilizó en algún momento para sus interpretaciones.