La orquesta tiene una gira triunfal por toda Europa. Riccardo aclama que es la mejor hasta ahora, y los críticos coinciden en que en este momento, son lo mejor de lo que alguna vez han sido. El nombre de Blaine está en todas partes en el mundo clásico, y le hacen ofertas laborales en Inglaterra, Francia, Alemania y Suiza, pero él cortésmente declina todas ellas.
No es fácil para Kurt -representar el rol de esposo sumiso y callado no viene fácil para él, y tiene que luchar para quedarse callado en más de una ocasión. Pero la única cosa que lo hace seguir adelante por encima de todo es el orgullo que Blaine tiene él. Es presentado en todas partes, con una mano firme en la parte baja de su espalda mientras saluda a los distinguidos huéspedes. Si hay cejas levantadas, o comentarios pronunciados, a Blaine no le importa o simplemente decide no oírlos mientras muestra con orgullo a su joven marido.
El momento en que se reúnen es divertido; se encuentran con Jonathan y Teresa en Londres para una noche ruidosa, y disfrutar de las vistas con unos completamente sobre emocionados Ken y Gill. Recorren París por su cuenta, de la mano mientras caminan por el Sena con Kurt riendo con indulgencia a la palidez de Blaine cuando sugiere la Torre Eiffel -y en su lugar optan por tomarse fotos ridículamente tontas el uno al otro en la parte inferior. Riccardo les da un recorrido detallado de Roma y después de Venecia, y en el momento en que llegan a Berlín en su última parada de la gira, Kurt y Blaine se sienten abrumados por todo lo que han visto.
Sin embargo, no se puede escapar el hecho de que Kurt se siente solo. Son muy pocos los cónyuges que se han unido para la duración de la gira, y mientras que Kurt está muy agradecido por la compañía de Gill en Inglaterra y Lucía en Italia, todavía se enfrenta pasando largos periodos por su cuenta mientras Blaine ensaya o asiste a las funciones a las que simplemente él no fue invitado. Él pretende que no le importa -él sabe lo molesto que estaría su esposo si se diera cuenta de la magnitud del aislamiento de Kurt, pero es difícil quedarse solo en la habitación de un hotel suntuoso, o paseando por las calles de París en busca de un café, cuando todo lo que realmente quiere hacer es acurrucarse en los brazos de su marido y quedarse allí. La idea de volver a Chicago le molesta por primera vez en la historia, y él sabe que es debido a la perspectiva del trabajo. Ya ha estado en el lado receptor de una llamada telefónica brusca y estridente de su agente, exigiendo saber lo que está haciendo galanteando por Europa cuando debería estar asistiendo a una audición para Sweet Charity. Se disculpa a regañadientes, explicando que necesitaba escapar, pero no se le deja ninguna duda de que su contrato está en peligro si no acepta trabajo cuando regrese.
Él está cruzando la calle en Berlín un día -en su camino a la sala de conciertos para encontrar a Blaine para el almuerzo cuando ve algo que lo detiene en seco. Una enorme sonrisa se forma en su rostro y corre, sin aliento y eufórico hacia Blaine, tirando de él hacia afuera para que vea.
— ¡Mira! —exclama alegremente, señalando un gran cartel y al quiosco de periódicos junto a él.— ¡Mira!
— ¡Joe!
— ¡Ese es el cartel de su película! —Kurt chilla emocionado,— ¡Y está en alguna revista para adolescentes!
— ¡Excelente! —ríe Blaine, agarrando varias copias y entregando su dinero.— No puedo esperar para burlarme de él acerca de esto.
— Si alguna vez llegamos a hablar con él, —Kurt dice con una sonrisa tensa.— Han pasado meses.
— Sabíamos que iba a ser duro, —dice Blaine, tomando la mano de su marido y caminando por la calle.— Parece que podría terminar siendo más grande de lo que imaginábamos. Escríbele, tal vez te llamará.
Kurt espera hasta que está de vuelta en el hotel, calculando la diferencia de horario, y con la esperanza de que no sea demasiado pronto, pero al segundo en que su mensaje de texto es enviado, una solicitud de FaceTime ilumina su pantalla y él acepta ver a Joe sentado en la cama, con el cabello en todas direcciones y una enorme sonrisa en su rostro.
— Ah, el rostro de la Felicidad Pura, —Kurt se ríe, sosteniendo la revista, a lo que Joe hace una mueca.— Qué retrato más exacto.
— Compórtate, —dice sonriendo, con la voz áspera por el sueño.— ¿Cómo estás?
— Bien, —Kurt asiente.— Sin embargo, te extraño. Ha pasado mucho tiempo desde que nos vimos.
— Así es, —confirma Joe.— Yo también te echo de menos. Te necesito a ti y a uno de tus abrazos. —Pasa saliva y Kurt se da cuenta de que sus ojos brillan.— En realidad... tal vez FaceTime no fue una buena idea, —dice negando con la cabeza.
— ¿Por qué?
— Porque puedo verte pero no tocarte, y en una forma totalmente hetero, eso hace mi cabeza.
— Joe...
— Hablo en serio cuando digo que te extraño, Kurt, —Joe se apresura a decir.— Todo esto es maravilloso y como una especie de sueño, pero... pero daría cualquier cosa por volver a como eran las cosas antes. Ir a clase contigo, tomar café y escucharte gemir sobre cómo Blaine siempre gana en el monópoly. Todo ese tiempo que pasamos juntos, todos esos momentos cotidianos aparentemente interminables... y que no atesoré. Y ahora que se han ido. Nunca vamos a lograr tener de vuelta a esos Kurt y Joe... Estoy tan jodidamente solo aquí. Rodeado de gente, pero completamente solo. Hollywood no es una historia bonita, te lo puedo decir.
Kurt suspira, llegando a tocar su pantalla mientras su amigo se ahoga con sus lágrimas.— Oh Joe. No todo es malo, —intenta.— Cooper y Claire están viendo por ti...
— Son increíbles, —confirma.— Pero necesitaba encontrar mi propio hogar, entre otras cosas porque un paparazzi me fotografió saliendo del cine con Maddie, y aunque Taylor también estaba allí, mi publicista tuvo que pagar una suma enorme para que las imágenes no se publicaran. Ella tiene dieciséis, Kurt. Puedes imaginar cómo sería la historia.
— Eso es asqueroso.
— Lo sé. Así que ahora no tengo permitido estar en público con ellos, lo que es una mierda porque disfruté mucho pasar tiempo con ellos. Todavía voy a cenar cada vez que puedo, pero está resultando ser cada vez más difícil. Lo siento, —dice, levantando la cara para mirar a la pantalla.— No era mi intención estár tan molesto. Ha pasado un largo rato, supongo.
— No te preocupes por eso, —le dice Kurt.— Parece que yo estoy pasando la mayor parte de mi tiempo llorando en soledad, así que es refrescante ver a alguien más sufrir.
Joe se ríe y saca la lengua antes de ponerse serio una vez más.— ¿Por qué estás llorando? ¿Están Blaine y tú...?
— Blaine y yo somos maravillosos, —Kurt se apresura a tranquilizarlo.— No hay problemas en lo absoluto... excepto que el tiempo a solas con él es como oro en polvo.
— Le está yendo bien, ¿por lo que entiendo? He estado tratando de mantenerme al día con la gira...
— Le está yendo mejor que bien, —dice Kurt con el rostro iluminado de orgullo.— Ahora es líder de la orquesta, como ya sabes, pero Riccardo le ha pedido que se vuelva concertista de piano también. En general utilizan músicos invitados, pero quiere que Blaine lleve a cabo algún tipo de concierto en primavera, y también que toque un par de piezas en el disco, en el que comenzará a trabajar en cuanto regresemos. Es como que han dejado de pedir o audicionar a alguien más, Blaine obtiene la preferencia.
— Y su canción está en este álbum, ¿sí? ¿Y la tuya?
— La suya, sí. La mía, no. Hay demasiadas complicaciones con los derechos de la canción o algo así. Pero eso está bien, —añade apresuradamente.— Riccardo aún me hizo grabarla con la esperanza de utilizarla en el futuro.
— ¿Así que todo viene para Blaine?
— Bastante. ¿Joe? —Hace una pausa, mordiéndose nerviosamente el labio inferior hasta que Joe lo insta a continuar.— ¿Puedo ser totalmente honesto?
— Por supuesto, Kurt.
— Es como que... me encanta, pero lo odio. Estoy tan orgulloso de él, y estoy feliz de que su talento está siendo reconocido, por supuesto que lo estoy. Él es mi marido y yo lo amo...
— ¿Pero?
— Pero... pero... oh mierda, yo no sé ni por dónde empezar, y me voy a odiar a mí mismo por haber dicho todo esto. —Respirando profundamente, cierra los ojos y simplemente suelta todo.— Estoy celoso, para empezar. Quiero un éxito así. Quiero que me ofrezcan trabajos sin tener que audicionar, o tener que demostrar lo que valgo porque todo el mundo ya tiene suprema confianza en mí. Quiero ser yo el que lo presente a dignatarios importantes, no al revés. Odio el hecho de que tanta gente quiera tener sus sucias manos sobre él todo el tiempo... Como tú, extraño cómo solían ser las cosas, cuando volvía a casa de la universidad y él estaba encerrado en la sala de música, entonces él dejaba de hacer lo que estaba haciendo y venía a escucharme hablar de mi día... Y yo tenía cosas para decirle, a diferencia de ahora cuando lo sigo como un perrito o permanezco en una habitación vacía de hotel, esperando su regreso. Si tengo suerte, regresará alrededor de la medianoche, y si todavía está con la adrenalina a tope, puede que tengamos sexo. Pero la mayoría de las noches, llega cansado hasta lo más profundo de sus huesos y sólo toma una ducha rápida antes de dormirse. Pero aquí está el detalle, cuando estamos juntos -en sus días libres o cuando vamos de excursiones organizadas por nosotros, es maravilloso. Todo es perfecto y sé que para él, yo soy la estrella más brillante del universo. No dudo de su amor, ni de sus intenciones, ni de su sinceridad en absoluto... y por eso me siento como una mierda quejándome de todo.
— Pero te estás quejando porque sientes que no tienes autoestima, ¿me equivoco?
— ¡Sí! —llora Kurt, muy feliz de hablar con alguien que lo entiende tan bien.— Ya sabes, mi papá y Carole siguen con lo maravilloso que es que Rachel se mudó de nuevo para estar con Finn -pero ella nunca lo habría hecho si no hubiera tenido éxito en Broadway, en primer lugar; se habría quedado allí hasta lograrlo, al diablo el marido. Yo la amo, pero ella es la persona más egoísta que conozco. La gente dice eso de mí también, pero yo estoy aquí, en medio de una jodida Alemania, detrás de mi marido para que no tenga que estar solo, y todo el tiempo me siento físicamente enfermo ante la idea de tener que regresar a Chicago y pasar por aún más audiciones, más rechazo, más fracaso. Siento, de verdad, como que quiero que Blaine diga 'ya es suficiente, he conseguido mis sueños, ahora es el momento de que Kurt haga el intento,' pero él no puede hacer esos sueños una realidad para mí. Él ha hecho realidad todo lo demás, pero no puede hacer esto.
— Dios. Digamos las cosas como son, ¿por qué no? —Joe dice con una sonrisa suave.— ¿Has hablado con Blaine acerca de esto?
— Sí. Pasamos por esto en Navidad, y como siempre, Blaine estuvo perfectamente maravilloso acerca de todo. Él me entiende, me escucha y me da buenos consejos. Pero el problema está en mí. Y no va a mejorar, ¿no? Blaine todavía está en ascenso. No sé cuánto tiempo pueda contenerlo la orquesta antes de que le ofrezcan los mega dólares y renuncie para convertirse en un violinista o pianista en solitario, y si eso ocurre y yo todavía estoy sentado aquí, asistiendo a audiciones ocasionales siempre que alguna producción se desespera, entonces no sé lo que haré.
— Bueno, como yo lo veo, tienes tres opciones, —Joe dice con firmeza.— Uno, te aguantas y te callas. Guardas tu lengua, sonries dulcemente y dejas que Blaine te mantenga en zapatos de diseñador para que los uses en audiciones de mierda. Dos: Renuncias completamente a la actuacion. Encuentras una nueva carrera. Confeccionando ropa, Colecciones de diseño... lo que sea. Tres: Vuelves a casa y realmente vas por ello. Asistiendo a cada maldita audición. Tomando cualquier papel que te ofrezcan, incluso si eso significa estar lejos de tu marido y no asistir a todos los conciertos en los que está. Trabaja en papeles de coro, anuncios, papeles secundarios... haz que tu nombre sea conocido, y espera y reza para que todo resulte para ti. Pero tienes que hacer algo, Kurt, o esto va a destruir tu matrimonio antes de que incluso haya empezado.
— Tres, —Kurt susurra a través de una cascada de lágrimas.— Elijo la tres.
. . .
Así que Kurt se pone a ello, tomando el consejo de Joe y asistiendo a cada audición que le es posible. Y finalmente, finalmente, el trabajo viene en su camino... Pero no necesariamente el tipo de trabajo que quiere. Ser el Soldado número tres en una versión musical de "El Jardín de los Cerezos," de Chéjov (1), tiene a Kurt de un humor enérgico durante semanas. Modelar para la campaña de salud sexual masculina lo ve negándose a abandonar el apartamento durante dos semanas con el temor de ser reconocido -aunque es sólo su espalda desnuda lo que se utiliza, y cuando es contratado como parte del coro de "Hermanos de Sangre," sólo para descubrir que a Santana le han dado un papel hablado, cualquier auto-compostura que tenía, se evapora.
— ¡Esa perra de mierda! —Se enfurece hacia Blaine, que -en un extraño día libre- está descansando en el sofá.— ¡Ha hecho esto deliberadamente!
— No lo creo, —dice Blaine con calma, colocando sus anteojos y el periódico a un lado y haciendo señas a Kurt para que se siente en su regazo. Pero Kurt está ardiendo de rabia y no le hace caso, yendo y viniendo en el apartamento con enojo.
— No me pondría delante de ella para estar recibiendo compensaciones de Martha en cuanto a qué audiciones estoy asistiendo, —él echa pestes.— Sólo para fastidiarme.
— Ella es una de tus mejores amigas, —razona Blaine.— No veo...
— No Blaine, —se pone furioso, girando hacia él.— Ella es tu amiga, no la mía. Tú me la robaste y la alejaste de mí cuando yo tenía dieciséis años, y desde entonces ha estado yendo por mí.
— Está bien. Ni siquiera voy a escucharte, porque sabes que es una tontería, —dice Blaine, poniéndose sus anteojos y recogiendo el periódico una vez más.— Santana y Lacy tienen un apartamento, con alquiler y facturas que pagar como cualquier otra persona. ¿Cómo puede ella estar saboteando tu carrera cuando ni siquiera pueden representar los mismos roles? Estás siendo ridículo. Y en cuanto a la cuestión de la amistad, yo podría ser un poco más cercano a ella que tú, pero eso no significa que ella no te ame, porque sé que lo hace. Ahora bien, o te sientas y dejas de rabiar o llevas tu comportamiento infantil a otros lugares.
Blaine es recompensado un momento después con el fuerte golpe de la puerta del apartamento.
. . .
Para el momento en que llega su primer aniversario de bodas, Blaine está siendo muy cuidadoso; asustado de expresar su opinión sobre cualquier cosa por temor a represalias, sin siquiera molestarse en decirle a Kurt a dónde va, o quién está asistiendo a sus conciertos, en caso de réplicas aún más amargas. Toma el teléfono varias veces para llamar a Wes, a Burt, a su mamá... incluso a Santana, pero él ni siquiera sabe dónde empezar. Así que cierra sus labios, pasa menos y menos tiempo en el apartamento, y evitando a su esposo mientras su matrimonio lentamente se desmorona.
Él llega a casa del trabajo, cansado, abatido y sin saber lo que va a encontrar. Kurt está sentado nerviosamente en el sofá, como si estuviera esperando a que apareciera. Él mira hacia arriba, deja de morder sus uñas y trata de sonreír.
— Hey.
— Hey.
— Yo... no te vi esta mañana.
— No, —Blaine se quita los zapatos y se instala en el sillón de enfrente, extrañamente animado por la forma en que el rostro de Kurt cae.— Todavía estabas dormido cuando me fui.
— Iba a hacer el desayuno, —intenta Kurt.
— No me fui sino hasta las diez, Kurt.
— La próxima vez, tal vez.
— Tal vez.
— Entonces... Feliz Aniversario.
— Sí, —Blaine suspira.— Igual.
— ¿Blaine? ¿Estamos peleando?
— Ya no sé lo que estamos haciendo, —Blaine responde honestamente.— Hemos estado juntos seis años, es nuestro primer aniversario de bodas y honestamente puedo decir que, aparte del bache en la graduación, no creo haber estado jamás tan inseguro acerca de nosotros como lo estoy ahora.
— Blaine...
— ¡Esto es una mierda! —se enciende, levantándose de su silla y comenzando a caminar.— Quería que hoy fuera perfecto. Quería que el desayuno perezoso en la cama, quería estar enviándote mensajes de texto coquetos de ida y vuelta todo el día, quería volver a casa y anunciar que íbamos a cenar... pero... pero... estamos así, —termina sin convicción, señalando entre ellos.— Ambos tan inmersos en la progresión de nuestras carreras, tan arrastrados por la amargura y la desesperación, que nos hemos perdido de vista el uno del otro, y lo que significamos el uno para el otro. Kurt, te amo, —dice, de rodillas delante de él mientras dos lágrimas rruedan por su rostro.— Has estado enojado, molesto y tan jodidamente incómodo de convivir, pero he respondido apartándome de ti en lugar de ayudarte, y lo siento mucho. Por favor perdóname y déjame llevarte a cenar, no cancelé la reservación, por si acaso.
— ¿Quieres que yo te perdone? —Susurra Kurt, buscando con la mirada en los opuestos ámbar llenos de lágrimas.— Oh Blaine, —estirándose, lleva una mano temblorosa para acunar la mejilla de su marido.— No hay nada que perdonar. No has hecho nada malo. El cielo sabe que yo también me habría alejado si tú me hubieras estado tratando de la manera en que yo lo he hecho. Me quedé despierto hasta las cuatro de la mañana, tratando de encontrar la manera de hablar de esto contigo. No quiero perderte, y yo también quería hacer de este el aniversario perfecto para ti. Pero me quedé dormido y cuando me desperté, te habías ido y yo... —dejando de hablar, se limpia unas pocas lágrimas antes de descansar los brazos sobre los hombros de Blaine.— También hice reservaciones para la cena, así que supongo que será mejor que cada uno de nosotros digamos en qué lugar reservamos y luego decidiamos a dónde vamos a ir.
— El John Hancock Center (2), —dice Blaine con voz ronca.
— Igual, —sonríe Kurt.— Debería haberlo sabido.
— Bueno, yo no creo que estemos como para sentarnos en distintas mesas, ¿verdad? —dice Blaine, ofreciendo una débil sonrisa.
— ¿Blaine?
— ¿Sí, Kurt?
— No vas a renunciar a nosotros, ¿verdad?
— No. —Su respuesta es firme, decidida.— Nunca.
— ¿Incluso si estoy triste y de mal humor?
— Incluso entonces.
— ¿Incluso si empiezo a vestir pantalones de chándal y zapatillas deportivas?
— Estaría alarmado, pero no terminaría nuestro matrimonio, —dice Blaine, comenzando a sonreír.— Sólo te enviaría a asesoramiento.
— ¿Incluso si Tom Hardy (3) viniera a tocar a la puerta?
— Bueno...
— ¡Lo sabía! —Kurt se ríe, y Blaine se une feliz.— Superficial y voluble.
— Totalmente. —Descansando sus frentes juntas, Blaine mira profundamente a los ojos de Kurt.— Echo de menos reír contigo. Eso es lo que está doliéndome más.
— Lo siento mucho, Blaine. En serio.
— Sólo dame un beso, —respira.— Bésame hasta que ni siquiera pueda recordar mi propio nombre.
Tomando el rostro de Blaine en sus manos, Kurt lo besa profunda y ferozmente, apartándose para dejarlos a ambos sin aliento. Sus pupilas están dilatadas y sus ojos brillantes, los labios hinchados y los pechos jadeantes antes de que Kurt se sumerja de nuevo por más, cayendo de rodillas y empujando a Blaine hacia atrás sobre la alfombra. Él cae encima de Blaine, inclinando la cabeza para sentir la boca de Blaine abierta para él mientras sus lenguas se encuentran y ambos toman todo lo que tienen para dar, tirando de su cabello mutuamente y gimiendo mientras su sed por el otro es finalmente apagada.
— Te amo, —jadea Kurt, rompiendo el beso para mirar a Blaine, quien ahora está respirando con dificultad y con una amplia sonrisa.— Te deseo demasiado. —Él se inclina y coloca un beso en el hueco de su garganta, y luego pasa la lengua a lo largo de su clavícula para hacerlo estremecer.
— Vas a estar en problemas si... ¡Oh! Lo hiciste, —gime mientras Kurt hace un chupetón en su cuello.— No puedo ir a cenar con un chupetón, —se ríe, pero felizmente mueve la cabeza para darle a Kurt un mejor acceso.
— Sí puedes, —Kurt respira en su oído.— Todo el mundo sabrá que eres mío.
— Oh Dios, —Blaine gime, frotando una mano sobre su miembro rápidamente endurecido.— Estoy condenado.
Se besan de nuevo, el calor, la presión y la urgencia creciendo hasta que Kurt se rinde y se frota en la ingle de Blaine, alineando sus miembros y meciéndose contra su esposo sin poder evitarlo, quien agarra su culo con fuerza y lo impulsa.
— Sigue, Kurt... dame más... necesito más, —Blaine gimotea desesperadamente, y Kurt toma el ritmo, enterrando su cabeza en el hueco del cuello de Blaine y mordiendo con fuerza.
— No puedo, —jadea,— Yo...
— Sí, sigue. Vente para mí, Kurt. Déjame verte venirte otra vez. Ha pasado demasiado tiempo.
— Ahhh, —exclama suavemente, y Blaine observa el rostro de Kurt en trance, mientras sus ojos se cierran fuertemente y su boca cae abierta en un grito de placer. Sin embargo no deja de mecerse, sintiendo la dureza de Blaine presionando con insistencia en su muslo mientras se frota contra él una y otra vez hasta que todo el cuerpo de Blaine se estremece y se viene, diciendo en voz alta el nombre de Kurt y abrazándolo con fuerza. No se sueltan, Kurt cayendo débilmente encima de Blaine, quien frota su espalda alegremente.— Bien alcanzado.
— ¡Ja! Seguro que sí, —Kurt se ríe, echándose para atrás para besar la punta de su nariz.— Ha pasado un largo tiempo desde que nos venimos completamente vestidos.
— Ha pasado un largo tiempo desde que hicimos cualquier cosa, —dice Blaine con tristeza.
— Cierto.
— Vamos a trabajar en esto, Kurt. Somos demasiado buenos para sólo permitir que todo se caiga a pedazos.
— Lo somos. Y tienes razón. Creo que deberíamos ir a cenar y celebrarnos siendo nosotros. Sr. y Sr. Hummel-Anderson.
— Todavía tenemos que hablar.
— Y lo haremos. Podemos. Durante la cena, ¿si quieres? No veo por qué no, —dice Kurt, notando la forma en que Blaine hace una mueca ante la sugerencia.— Estamos de acuerdo en que no nos rendiremos, y los dos queremos y necesitamos un final feliz en todo esto, así que vamos a sentarnos con buena comida y buen vino, y hablaremos acerca de cómo lograr ir más allá de todo esto.
— Demonios, —murmura Blaine.
— Estoy en lo correcto, ¿no?
— Lo estás, —Blaine confirma, alzándose hasta atraerlo en un beso.— Y tengo semen frío y pegajoso filtrándose lentamente hacia mi culo también, haciendo todo esto aún más angustioso.
Kurt se ríe a carcajadas, rodando fuera de él y poniéndose de pie para levantarlo.— Vamos, tomemos una ducha, viejito.
El rostro de Blaine se ilumina ante la expresión de cariño que no ha escuchado durante meses.— Yo diría que vamos a estar bien, Kurt. Simplemente bien.
(1) Antón Pávlovich Chéjov, fue un médico, escritor y dramaturgo ruso. Encuadrable en la corriente Realista Psicológica, fue maestro del relato corto, siendo considerado como uno de los más importantes escritores de cuentos de la historia de la literatura.1 Como dramaturgo escribió unas cuantas obras, de las cuales cuatro son las más conocidas, y sus relatos cortos han sido aclamados por escritores y crítica.
(2) El John Hancock Center es un rascacielos ubicado en la ciudad de Chicago. Es el cuarto edificio más alto de Chicago, por detrás de la Torre Sears, el Trump International Hotel and Tower (Chicago) y el Aon Center. El edificio alberga oficinas y restaurantes. Es uno de los hitos más reconocibles en el perfil de la ciudad observado desde el lago Míchigan, gracias a su perfil trapezoidal de color negro, y a las dos antenas que lo coronan.
(3) Edward Thomas Hardy (Hammersmith, 15 de septiembre de 1977) es un actor británico. Es conocido por la película Bronson (2009) en la que interpreta el papel de protagonista que da nombre a la cinta, además de sus papeles secundarios en películas como Star Trek: némesis o Inception, pero los papeles más importantes que ha tenido hasta el momento y que le han valido las críticas positivas por varios expertos son el de Tommy Riordan en la película Warrior y el del villano Bane en la película The Dark Knight Rises de la saga de Batman. En 2010 recibió el BAFTA a la estrella emergente.
