Kurt pasea por el área de Llegadas, sintiéndose enfermo de nervios mientras espera a que Blaine aparezca. Su corazón da tumbos varias veces cuando ve personas que se parecen a él, pero brinca de alegría cuando finalmente ve a Blaine. Se detiene a varios metros de distancia y hacen contacto visual, dejando que su pies los lleven hacia el otro hasta que de pronto, ambos están corriendo; Kurt salta sobre su esposo y envuelve sus piernas fuertemente alrededor de su cintura.

— Blaine, —exhala, y se besan.— Lentamente al principio, como si no pudieran creer que por fin están juntos de nuevo, pero luego, algún instinto animal toma posesión de ellos y se besan duro, con sus cerebros nublados de pasión, lujuria y amor mientras Kurt gime fuerte ante la sensación de la lengua de Blaine en su boca.

— Alto, detente... no, —jadea Blaine, apartándose y poniendo a Kurt de pie.— Digo... no... no es que no me guste, pero es que... aquí... y es muy pronto y yo... Oh, cállate, Blaine, —dice, resoplando una risa nerviosa.— Empecemos de nuevo. Hola, Kurt.

— Hola, Blaine, —responde cortésmente, tomando su maleta.— Vamos, tomé prestado el auto de Joe.

Lanza la maleta de Blaine en la cajuela del elegante Mercedes negro y camina hacia el lado del pasajero donde su esposo admira el auto,— Lindo.

— Muy lindo, —dice Kurt, deslizando los brazos alrededor de su cintura.— No soy tonto, sé que tenemos mucho que arreglar, y que las cosas entre nosotros han estado tensas mientras hemos estado separtados, por decir lo menos, pero te he extrañado mucho.

— Igual, —dice Blaine, y cae hacia adelante para descansar su cabeza en el hombro de Kurt, dejándose abrazar.— Todo eso. Te he extrañado terriblemente. Estaba listo para hablar contigo desde hace una semana, pero quise esperar hasta que estuviéramos frente a frente.

— Vayamos a casa... bueno... a la casa de la piscina, de cualquier manera. Es ligeramente mejor que discutir en el estacionamiento del LAX.

Blaine es recibido cálidamente por todos los interesados, sin embargo no puede evitar sentirse un poco enfadado de que todos hayan estado en LA por tres días sin él.— Ya no importa, —dice su mamá mientras lo lleva hacia el jardín.— Estás aquí, y es lo único que cuenta. Ahora tal vez Kurt y tú puedan resolver esta pequeña crisis.

— No hay ninguna crisis, —dice él con forzada alegría.

— Oh, claro que la hay, mi amor, —sonríe.— Incluso tu papá logró darse cuenta. Puedo ver que están felices de estar juntos otra vez, pero Kurt y tú traen los sentimientos a flor de piel. Ve y habla con él.

— ¿Está mal que no quiera hablar? —un temeroso Kurt pregunta cuando Blaine entra a la casa de la piscina.

— No, —dice con honestidad.— Me gustaría lanzarte a la cama y clavarte en el colchón... pero eso no solucionaría nada, ¿o sí?

— Solucionaría algo, —murmura Kurt, pero en su lugar, permanece junto al sofá, y Blaine se sienta en la orilla de la cama.— Entonces cuéntame... ¿Cómo estuvo Nueva York?

— No fui.

— ¿Qué?

— Riccardo me envió aquí en su lugar. Íbamos a hacer sólo dos noches esta vez, y dijo que podían arreglárselas sin mi. Me alegré. No creo haber podido hacerlo sin tí.

— Oh.

— ¿Cómo estuvo la g¡ra?

— Fue... diferente, —finalmente Kurt se sienta junto a él.— Lindo de alguna manera, tener la compañía de Seb y Rachel, y por supuesto LA estuvo bien porque me he quedado aquí. El show estuvo mejor esta vez. ¿Honestamente? Creo que lo habría disfrutado de no ser por nosotros.

— Sí... fue lindo pasar tiempo con Wes...

— Hablando de mi.

— Yo no dije eso, —dice Blaine con un suspiro exasperado.— Y para tu información, no le he dicho nada a nadie.

— ¿Por qué? No creí que pudieras usar el baño sin mandarle un mensaje de texto a Wes para informarle.

— ¿Quieres parar? —estalla Blaine.— No quiero hablar con Wes acerca de esto, quiero hablarlo contigo. Este no es problema de Wes, ni de nuestros padres, ni de Rachel, o Joe... Es nuestro. Nuestro matrimonio y nuestra crisis. Si no podemos resolver esto de hombre a hombre -juntos como esposos- entonces no nos merecemos estar casados en absoluto.

— ¿Entonces cómo lo resolvemos? —pregunta Kurt de brazos cruzados, desafiante.

— Comprometiéndonos.

— Yo no me comprometo. Nunca.

— Entonces será mejor que aprendas, —estalla Blaine.

— No creo que pueda manejar esto, —dice Kurt negando con la cabeza.— Esto va en escalada, puedo sentirlo.

— Te empujé a esto demasiado joven, ¿es eso?

— ¿Qué? ¡No! —chilla Kurt.— Yo te propuse matrimonio, ¿recuerdas?

— Entonces, si crees que eres lo suficientemente maduro como para casarte, ¿por qué no puedes ser lo suficientemente maduro para comprometerte? ¿Eh? De eso se trata el matrimonio, Kurt. No se trata de ceder, no se trata de ser débil, se trata de querer hacer feliz a esa persona especial, sin dejar de ser fiel a ti mismo.

— ¿Cómo?

— Bueno... He hecho un comienzo diciéndole a Riccardo que no haré las giras de verano.

— ¿Por qué? Creí que las disfrutabas.

— Y así es, —se encoge de hombros,— excepto Nueva York. Pero a ti también te gusta hacer giras en verano, y entonces terminamos en lugares opuestos del país, ambos quejándonos y extrañándonos. Así que iré contigo. En su totalidad o en parte de la gira, depende de ti. Pero podemos pasar tiempo juntos en lugar de estar un mes separados.

— Entonces... ¿a cambio esperas que yo te acompañe en cada una de tus giras? —dice mientras Blaine hace una mueca de dolor ante la elección de sus palabras.

— Esperar, no, —dice finalmente.— ¿Que si me gustaría?, por supuesto que sí. Y creo que es probablemente una buena forma de viajar como siempre lo hemos querido... pero si no quieres ir, no voy a obligarte.

— No. No lo harás.

— Estoy ajustando mis compromisos también, —continúa, haciendo caso omiso de la observación mordaz de Kurt.— Dejaré la escritura comercial para enfocarme sólo en la orquesta. No necesitamos el dinero, y eso me dará mas tiempo en casa contigo.

— No te gusta mi elección de carrera, ¿verdad?

Blaine hace una pausa, sorprendido por la franqueza de su pregunta, y sopesa su respuesta cuidadosamente.— No tengo ningun problema con que actúes, —dice cuidadosamente.— Me encanta verte en el escenario, y estoy increíblemente orgulloso de ti. Es... con lo que tengo problema es con todo lo que lo acompaña -llámale el proceso de audición y lo que te provoca cuando no consigues ser parte del elenco.

— ¿Puedo preguntar por qué haces esto?

— Creo que tienes razón, —Blaine se encoje de hombros.— En muchos sentidos, todo se ha vuelto acerca de mi. Nunca me propuse que eso sucediera, las cosas simplemente se dieron de esa forma y no me di cuenta hasta que casi era demasiado tarde. Pero espero que haciendo esto, tengamos más tiempo para enfocarnos el uno en el otro, tal vez tomar vacaciones juntos... no sé...

— Me gusta como suena eso, —dice Kurt con una pequeña sonrisa.— Mucho. —Se pone de pie y camina hacia Blaine, mirándolo donde permanece observándolo con brillantes ojos ámbar.— ¿Blaine? —arrastra un dedo delicadamente a lo largo de su mandíbula.

— ¿Sí?

— Gracias. Y sólo quiero que sepas... que también estoy dispuesto a comprometerme... primero necesito arreglar un par de cosas en mi cabeza, ¿está bien?

— Um... ¿puedo preguntar... si eso... te llevará mucho tiempo?

— Espero que no, —dice con una sonrisa vacilante.— ¿Esperarás por mi?

— Siempre.

Y así lo hace. En todo el tiempo que están en LA, Blaine nunca presiona, nunca le pide a Kurt que discutan algo, y nunca le dice lo que piensa. Se aferran el uno al otro todas las noches, aunque nunca se mueven más allá de aquellos besos importantes que al parecer, los dos necesitan para sobrevivir. En el día están ocupados, ya que siempre están en alguna visita familiar, y tienden a alejarse el uno del otro, pasando tiempo con otros, porque cuando se enfrentan a tener que interactuar en público, simplemente no parecen saber cómo hacerlo.

Después de tres días, vuelan a casa casi en silencio, ambos com miedo a regresar porque saben que hay algo que tienen que abordar en algún momento.— Esto es ridículo, —dice Kurt finalmente cuando salen del aeropuerto al ardiente sol de Chicago.— Las cosas están mejor, pero no están mejor.

— Realmente no sé que dedir, —Blaine se encoge de hombros mientras esperan un taxi.— Excepto que los dos sabíamos que así sería. Sabíamos que no iban a haber muchas posibilidades de discutirlo a fondo teniendo a mi papá enseñándonos sus habilidades para caminar, a Maddie y a Taylor peleando, y a mamá de aquí para allá llamándole a todo el mundo mi amor.

— Supongo. Esta noche entonces, —dice Kurt decididamente mientras el taxi los lleva a casa.— Podemos hablar como es debido esta noche.

— Sí.

Es sólo hasta que ambos están frente a la puerta, que Blaine se da cuenta.— ¡Oh, mierda! Hoy es dieciocho, ¿verdad?

— Sí. ¿Por qué?

— Acabo de recordar... no podemos hablar esta noche. Tengo una recepción... para anunciarme formalmente como el pianista de la compañía.

— ¿Me estás tomando el pelo?

— ¡No! Riccardo me lo dijo antes de irme, pero he estado tan inmerso en nosotros que lo olvidé por completo, hasta ahorita. Lo siento, Kurt.

— ¿No puedes cancelar?

— No, —niega con la cabeza firmemente.— Es la primera vez que tienen a un concertista de piano de tiempo completo... y también soy el líder de la orquesta... la prensa estará ahí, todos los miembros... dignatarios... tengo que ir.

— Bien, —se enciende Kurt.— Eso sí, no esperes que esté a tu lado. —Irrumpiendo en la habitación, cierra la puerta con fuerza, dejando a Blaine retirarse abatido al piano para repasar algunas piezas para la noche que tiene por delante. Se mueve tentativamente al dormitorio, del cual Kurt no ha salido, y se detiene al lado de la cama, mirándolo y preguntándose si está vez, realmente todo se terminó.

— Por favor, ven conmigo, Kurt.

— No.

Nada más es dicho, y Blaine se ducha y se viste, sintiendo las lágrimas escociendo sus ojos mientras se se anuda él solo la pajarita. Moviéndose hacia la recámara una vez más, se agacha a su lado, entrando en el campo de visión de Kurt, haciéndolo inmediatamente apartar la mirada.— Por favor, —susurra.— Te necesito.

— No.

— La gente sabe que estoy casado, esperarán que me presente con mi otra mitad.

— Lleva a Santana, estoy seguro que ella lo disfrutará.

— No quiero llevar a Santana, quiero llevarte a ti.

— ¿Y por qué querría yo desperdiciar toda la noche en una fiesta en honor a ti y a tu talento? —estalla Kurt, comenzando a gritar mientras se sienta y pasa las manos por su cabello.— ¿Eh? ¡Es todo lo que siempre oigo, Blaine! No necesito una fiesta llena de eso también. ¡Aaagh! ¡Ya no puedo soportarlo! —Tirando de su cabello con frustración, irrumpe en la sala de estar, a donde lo sigue Blaine furioso.— ¡Tú crees que al decirme que no harás las giras de verano me haces sentir bien, pero no! Piensas que puedes ofrecerte a venir conmigo de gira y que estará bien, ¿pero y si no quiero ir de gira en un musical de mierda, Blaine? ¿Qué tal si odio cada maldito segundo de ello, pero estoy muy asustado de admitirlo, incluso ante mi mismo? ¿Entonces qué? Y para acabar, ¡llegamos hoy a casa para descubrir que repentinamente estás reacio a hablar de nuestro matrimonio porque te vas a una maldita fiesta!

— ¿Se trata de la fiesta? —Blaine le grita de vuelta.— ¿Es eso?

— No lo sé, Blaine. ¿Por qué no me dices de lo que tú crees que se trata? —dice Kurt sarcásticamente.— Viendo cómo vamos claramente en torno a este círculo de nuevo.

— Creo que es envidia, —dice valientemente.— Creo que es porque de alguna manera pensaste que tenías que pasar otro verano de gira, ¿pero sabes qué? No tenías que hacerlo si lo odiabas tanto. Podríamos haber ido con la sinfónica juntos, depués podríamos haber volado a Italia, podríamos haber vuelto a Hawaii...

— ¿Y eso lo mejora todo? ¿Eh? No, Blaine. No lo entiendes, ¿verdad? Tú sales de gira y te quedas en los mejores hoteles de primera clase, tú y tu pequeña banda son reverenciados por todo el mundo, mientras que yo duermo en moteles de mierda con camas sucias, compartiendo los vestidores con un gay enano llamado Carl que tiene problemas de higiene personal.

— ¡Pero tú elegiste esto, Kurt! ¡Tú decidiste que esto es lo que quieres!

— ¡Porque no voy a ser ese hombre, Blaine! —grita ahora completamente fuera de control.— No voy a ser el amo de casa, o en unos años, el papá que se queda en casa, atrapado en los suburbios con el hijo y el perro, esperando a que vengas a casa con tu salario. No voy a depender de ti.

— ¡Entonces renuncia a la actuación! —Blaine grita con frustración, cerrando los puños con ira.— Cambia a diseño de vestuario, ¡te lo sigo diciento! Dios sabe que eres increíblemente talentoso. No necesitas el aplauso poco entusiasta de una audiencia para sentirte bien contigo mismo, Kurt. Necesitas sentirte amado. —Su voz se torna desesperada y triste al ver a su marido como si fuera la primera vez, solo en medio de la sala de estar, sollozando en silencio y luciendo tan joven, tan perdido y tan terriblemente asustado.— Y yo te amo, Kurt. —dice él en voz baja.— Te amo.

— Sin embargo, es fácil para ti, Blaine, —solloza Kurt negando con la cabeza.— Haces buen dinero, trabajas en lo que amas, la gente te adora, y yo... yo sólo lucho calladamente en tu sombra, asustado de saltar al mundo real por miedo a fracasar todavía más.

Blaine extiende una mano temblorosa para tocar ligeramente el antebrazo de Kurt, y suspira.— Kurt. No puedo hacer que los directores te elijan, no puedo crear papeles para ti, y sobre todo, no puedo darte valor. Sólo puedo amarte y apoyarte. Hice una promesa, un voto para hacer precisamente eso, y siempre lo haré. Pero no me volveré miserable para hacerte sentir bien, no voy a fracasar para que tú puedas ser feliz. Estoy haciendo algo que siempre quise, sí. Pero tengo treinta y siete años, Kurt. Tú sabes mejor que nadie, cuánto tiempo y lo mucho que trabajé para llegar aquí. Puedes cambiar esto si realmente quisieras. Sólo necesitas creer en ti mismo.

— ¿Y tú lo haces? —pregunta Kurt, levantando la cara hacia él mientras las lágrimas corren por sus mejillas.

— Si no hubiera creído en ti, entonces no me habría enamorado de ti, —responde Blaine, inclinándose para besar su mano tiernamente, y luego se ha ido.

. . .

— Porque enntonces me dijo: Louisa, querida, ¡no estaba hablando del Carnegie Hall! (1) —La señora que habla con Blaine y Ken se ríe a carcajadas de su propia broma, parpadeando hacia Blaine, que se las arregla para formar una débil sonrisa. Claramente ofendida de no ser el centro de atención, vuelve su conversación hacia otros en su grupo y los ignora mientras Ken le ofrece a Blaine una bebida.

— ¿Blaine?

— Por favor, no, —susurra.— Me desmoronaré.

— Odio verte así, —dice Ken en voz baja.— ¿Qué está pasando? ¿Tiene algo que ver con Kurt y contigo?

— Sí, —confirma.— Él... nosotros...

— ¡Blaine! —grita Riccardo.— Conoce a Hans. Hans es el director de la Ópera de Míchigan. Le agradas. Necesita que toques para una producción, —aprieta el brazo de Blaine rápidamente y sonríe tranquilizadoramente, dejándolos para que hablen.— Ah, —le susurra a Ken.— Esperaba que viniera más feliz, pero no. No Kurt tampoco.

— No pueden terminar, —un Ken horrorizado susurra de vuelta.— ¿o sí?

— Espero que no, —dice Riccardo.— De verdad, espero que no.

. . .

Cuando el teléfono suena, Kurt lo ignora, permaneciendo acurrucado en la alfombra de la sala de estar donde ha estado desde que Blaine se fue. La persona que llama intenta en su celular, una y otra vez hasta que va a tientas desde la oscura habitación hasta el recibidor donde lo recoge de la mesa.

— ¿Martha?

— Sí, soy yo.

— Es muy tarde.

— Lo sé. Escucha, niño. Acabo de tener una llamada. Paul Dubinsky vio Siete Novias la semana pasada en LA.

— ¿El director Paul Dubinsky?

— No, el tipo que trabaja de cajero en Walmart. ¿Qué te parece? Como sea... quedó muy impresionado contigo.

— ¿En serio? —Kurt ríe con incredulidad.— Wow.

— Sí. Está buscando elenco para Rent, —dice ella mientras Kurt se queda sin aliento.— Seis semanas de duración, aqui en CHicago. Te quiere para Roger.

— ¿Él... qué? —susurra Kurt, apretando fuertemente el teléfono.— ¿Ni siquiera tengo que audicionar?

— Nop. Eres su primera opción, niño. Eso es todo. Esta es tu gran oportunidad.

. . .

— Es una oferta muy amable, gracias, —le dice Blaine amablemente a Hans.— Pero yo... —Su mandibula cae cuando Kurt se aproxima, vestido a la perfección en un esmokin, con el cabello estilizado de forma impecable, y mordiéndose el labio.— Discúlpeme, —susurra Blaine, sin importarle realmente si Hans lo escucha o no. Todos los ojos están puestos en él mientras camina unos pasos más cerca de su marido, con el corazón latiéndole irracionalmente rápido.— ¿Qué estás haciendo aquí? —dice en voz baja.

— Luchando por ti. —La respuesta de Kurt viene fuerte y clara mientras Blaine se queda sin aliento, y da otro paso hacia él.— He decidido abandonar la actación.

— Tú... —comienza Blaine, pero es incapaz de terminar la frase, mirando fijamente a Kurt en su lugar, que parece envalentonado por sus propias palabras.

— No es para mí. Tenías razón. No tengo ni la paciencia ni la piel lo suficientemente gruesa para lidiar con ello, me está destruyendo... nos está destruyendo... y nuestro matrimonio es lo que más atesoro. Tú eres más preciado para mi que cualquier otra cosa o cualquier otra persona. Nada se comparará nunca con la sensación de ser abrazado por ti, con la emoción de que me llames tu esposo, o con el conocimiento de que tú y yo nos amamos infinitamente.
Capturaste mi corazón cuando tenía apenas quince años, Blaine. Era tímido, inseguro, y estaba roto. Y tú pacientemente me cuidaste, esperaste por mi, me alimentaste y me amaste, sin nunca pedir o esperar algo a cambio. Algunas veces, cuando la gente nos mira, creo que sólo ven a una pareja con una diferencia de edad sorprendente. Pero somos mucho más que eso. Y la gente no tiene idea, ninguna en absoluto, de a cuánto has renunciado por mi y lo mucho que me has dado. Y no sé por qué, dada la forma en la que te trato algunas veces, pero sé que estoy muy agradecido de que lo hagas. Ya fue suficiente de sentir lástima de mi mismo, ya es suficiente de jugar a ser la víctima, porque tengo más de lo que nadie jamás podría desear. Te tengo a ti.
Te tengo a ti, te amo y nunca, jamás voy a perderte sin dar una buena batalla para mantenerte. La actución no significa nada para mi si se produce a expensas de nuestra relación.
Sé que nunca me pedirías o esperarías que eligiera, pero quiero hacer esto, y lo hago de muy buena gana.
Estoy increíblemente triste de que me haya tomado todo este tiempo darme cuenta, y sólo puedo pedirte perdón una vez más. He sido horrible contigo, Blaine. Real y verdaderamente horrible, y no voy a ocultarlo ni a tratar de dar alguna excusa. Tienes todo el derecho de alejarte de mi sin una sola onza de culpa, pero sabe esto: No se qué voy a hacer ahora, o a dónde ir a partir de aquí, pero te prometo que si puedes encontrar en tu corazón la manera de perdonarme, estaré a tu lado en cada concierto, recepción y gira que haya. Te amaré, te apoyaré y te alabaré porque estoy increíblemente orgulloso de ti. Te mereces todo el éxito que tienes, y más, Blaine, y te mereces un marido libre de amargura y desprecio, que te amará incondicionalmente... Y simplemente, me gustaría tener la oportunidad de ser esa persona.

— Todo, —dice Blaine en voz baja, cerrando la distancia entre ellos.— Te perdono por todo.

Tomando el rostro de Kurt en sus manos, besa sus labios lentamente, tentadoramente, antes de rendirse a su sed sin prestar atención a casi toda la habitacion mirándolos, besando a su esposo fervientemente. Una y otra vez sus bocas se mueven juntas mientras se funden el uno en el otro, la mano de Kurt agarrando la parte posterior de su chaqueta y atrayéndolo cerca, más cerca todavía.

— Creo que lo arreglaron, —Riccardo le susurra a Ken, quien asiente.

— Para ser justos, fue un discurso bastante impresionante. Le perdonaría una multitud de pecados si él me hablara de esa manera.

— No creo que te ame de la misma forma.

—No, —Ken ríe y toma una bebida de una bandeja que pasa.— Son el uno para el otro.

Hacen su mejor intento de lograr el bullicio de la conversación, dejando a Kurt y a Blaine besándose sin signos de querer parar. Hans arquea una ceja pero no dice nada, y si alguno de los otros invitados tiene problema con su comportamiento, son demasiado corteses para decirlo.

— Creo que mandaré a Blaine a casa por sexo, —Riccardo le dice a Hans con una sonrisa diabólica.— ¡Blaine! —grita a través de la habitación.— Te envío a casa para tiempo sexy con tu niño esposo.

— No es la mejor elección de palabras, —murmura Ken a su lado,— pero creo que tienes el mensaje.

Finalmente se apartan, con labios rojos e hinchados, y los ojos brillantes de felicidad.— ¿A casa? —Pregunta Blaine con voz grave y sensual.

— A casa.

Se besan continuamente en el taxi de camino a casa, y entran dando tumbos en el elevador con sus labios todavía unidos. Sólo se separan una vez que están dentro del apartamento, donde Kurt afloja el nudo de su pajarita y abre el cuello de su camisa.

— Kurt... ¿estás seguro? —pregunta Blaine, recargándose contra la pared del pasillo, mirándolo.

— ¿Respecto a desearte?

— No... respecto a abandonar la actuación. Digo... era tu sueño...

Kurt suspira, tomando la mano de Blaine y llevándolo a la sala de estar, encendiendo una lámpara y guiándolo hacia el sofá.— El tiempo sexy con tu niño esposo puede esperar un momento, —dice con una sonrisa.— Sé que estarás preocupado, así que déjame explicarte.

Blaine escucha pacientemente mientras Kurt le relata toda la llamada telefónica con su agente, explicándole cómo había decidido inmediatamente que no estaba bien para él.— ¡Pero Rent! —dice Blaine con sorpresa.— Es todo lo que siempre has querido...

— Sin embargo no lo es, —dice Kurt con firmeza.— Me di cuenta mientras Martha hablaba que ni siquiera esto me satisfaría. Y traté de pensar cuando era más feliz y lo supe... Fue cuando dejé que tú me satisficieras. Cuando estuvimos planeando la boda, en nuestra luna de miel, bailando el Vals Vienés en Austria... incluso más atrás, cuando me salté clases y venimos aquí por primera vez. Y pude ver cómo iría, —le dice Kurt mientras lo mira a los ojos sinceramente.— Empezaría inmediatamente a centrarme en todo lo relacionado a esa producción. Y el ciclo empezaría otra vez. El estrés. La paranoia. La preocupación acerca de lo que iba a hacer, a dónde iria una vez que la gira hubiera terminado, nunca sintiéndome lo suficientemente bien, nunca a la par. Sin embargo, contigo no siento nada de esas cosas. Mi corazón no ha estado verdaderamente centrado en ti, y cuando lo está, todo es perfecto.
Cuando fuimos a Nueva York para la boda de Rachel y Finn, ella estaba ahí diciéndonos todo acerca de cómo ella había encontrado nuevos sueños, y lo único que podía pensar era 'Desearía poder hacer eso.' Pero sí puedo, —dice con firmeza.— Puedo construir nuevos sueños, si tú me ayudas. Te necesito, Blaine. No en una forma dependiente, viviendo en tu sombra o dejándote dominarme, pero necesito tu ayuda, tu guía y consejo, y sobre todo, necesito que me ames.
Y escuchar a Joe decirme cómo es que había regresado con Cooper y Claire, y que finalmente se había dado cuenta de que ninguna cantidad de fama o éxito podía reemplazar la verdadera felicidad de encontrarse en el lugar al que pertenece... ¿Qué puedo decir? Tiene razón. Te pertenezco.

— En todos nuestros años juntos, no creo haberte escuchado hablar así, —dice Blaine en voz baja, tiernamente apartando un mechón de cabello de su frente mientras lo estudia.— En cierto modo, siento como que debería disuadirte de esto, pero de hecho, puedo ver que ya lo has decidido, y siendo totalmente egoísta, puedo ver que esto es lo mejor para nosotros. Y es en serio lo que dije, Kurt. Te perdono. Todo lo que dijiste fue lo que necesitaba escuchar. Habíamos llegado a un punto crítico, me temo, pero saliste a luchar por nosotros. Te ayudaré, tanto como lo necesites, a encontrar tu lugar en el mundo, porque es lo que los esposos hacen, tu me has ayudado muchísimo. Pero justo ahora creo que nos debemos tiempo para nosotros. A mi también me ofrecieron un trabajo, tocar el piano para Madam Butterfly en la Compañía de la Ópera de Míchigan. Estaba a punto de rechazarlo cuando apareciste. Lo llamaré mañana para declinar cortésmente.

— No tienes que hacerlo.

— Sí. Mi esposo me necesita, y estoy feliz de entregarme a él.

— Nunca te haré daño así de nuevo, —dice Kurt suavemente, tomando la mano de Blaine en la suya.— Te lo prometo.

— Sé que no lo harás.

— ¿Porque no lo permitirás?

— No, porque confío en que mantendrás tu palabra. Te amo y tú me amas. Hemos cometido errores, tuvimos algunos meses difíciles pero ambos queremos mantener esto vivo, y esta noche me demostraste lo mucho que deseas que nuestro matrimonio funcione.
Ahora creo que el siguiente paso es conectarnos y reservar vacaciones en algún lado... donde sea... pero pronto.

Es de madrugada antes de que se metan a la cama, satisfechos y habiendo encontrado el perfecto destino para vacacionar en Barbados, saliendo en dos días. Una rápida llamada a Riccardo -'¡No hay problema, Blaine! Ahora ve, ¡ten un montón de tiempo sexy y traeme un regalo!'- y los boletos están reservados.

Están cansados, abrumados con todo y llenos de una sensación de paz y calma que ninguno de los dos ha sentido en muchos meses, y saben que todo estará bien.— Tengo sueño, —murmura Kurt, acurrucándose a su lado y rozando su nariz con la de Blaine en un dulce beso esquimal.

— Mmmm, yo también. Pero bésame antes de dormir.

Su beso se vuelve algo más; una profunda necesidad de reconectarse tanto en un nivel físico como mental y emocional, haciéndolos tomarse su tiempo para verterse en el cuerpo del otro con deliciosos besos y delicadas caricias.— Creo que voy a llorar, —dice Kurt mientras permanece entre las piernas de su marido, enterrado en su calor.

— ¿Tan malo soy?

— ¡Ha! —ríe Kurt, inclinándose para capturar sus labios en un ligero beso.— Lo opuesto. Eres totalmente perfecto. —Parpadea y una pequeña lágrima escapa de sus ojos, misma que Blaine borra con un beso, y Kurt aprovecha la oportunidad para reposicionarse, tirando de Blaine a su regazo y balanceándose lentamente dentro de él.— Más cerca de ti, —le explica besando su hombro.

Se toman su tiempo, con pausados movimientos gentiles y tiernos -caricias y dulces besos que los llevan a emitir largos suspiros de felicidad hasta que ambos están encima del límite, aferrándose el uno al otro en silencio, besándose perezosamente mientras bajan de las alturas, sin aliento y eufóricos de finalmente estar juntos de nuevo.

Discuten con cariño acerca de cómo dormir esa noche -con Kurt queriendo jugar el papel de la cucharita, pero Blaine queriendo reclamar su lugar usual. Él gana al final, usando la carta de la edad, e insistiendo en que necesita compasión porque es demasiado viejo, lo que hace reír a Kurt y aceptar muy feliz la cabeza de su marido en su pecho. Blaine ya está a medio camino de la tierra de los sueños cuando Kurt habla suavemente.

— ¿Estás despierto?

— No.

— Bien. Es la oportunidad perfecta para decirte lo mucho que te amo, mi muy adorado viejito.

— Atrevido, —murmura Blaine.— ¿Estás dormido?

— Totalmente.

— Entonces supongo que ahora sería un buen momento para decirte que puede que sea viejo, pero todavía puedo patearte el trasero. Oh, y yo también te amo, mi niño precioso.


(1) El Carnegie Hall es una sala de conciertos en Manhattan, Nueva York. Es uno de los sitios ilustres de los Estados Unidos tanto para los músicos clásicos como para los populares, famoso no sólo por su belleza e historia, sino por su extraordinaria acústica. El Carnegie Hall se encuentra inscrito como un Hito Histórico Nacional en el Registro Nacional de Lugares Históricos desde el 15 de octubre de 1966. William Tuthill fue el arquitecto del Carnegie Hall. Ubicado entre la Séptima Avenida y la Calle 57, a dos manzanas de Central Park.