Es una pareja feliz la que regresa de Barbados una semana después, de la mano y sonriendo locamente el uno al otro, disolviéndose en risitas incontrolables cuando Blaine choca directamente contra un poste.

— ¿Estás... estás bien? —dice Kurt, sin poder evitar doblarse de risa.

— Casi, —Blaine refunfuña mientras se frota la cabeza, pero es todo afable cuando le da a Kurt un empujón juguetón.— Es tu culpa, —sonríe.— Estaba demasiado ocupado mirándote en lugar de ver hacia dónde iba.

Su semana libre ha consistido exclusivamente en sol, mar y sexo -con montones de comida para subsistir. Están revitalizados, reorientados y de nuevo en marcha, ambos con la confianza de un brillante futuro juntos. Sus vacaciones les han dado tiempo de formular un plan para Kurt -que consiste en que se tomará un tiempo para decidir qué le gustaría intentar, y decide buscar cursos en la universidad después de que Blaine le asegura que no hay prisa porque empiece a ganar dinero.

Despierta a la mañana siguiente para encontrar un enorme ramo de flores en la mesa de la cocina con una nota de Blaine diciéndole que se ha ido a una reunión, pero que regresará para la cena, y recordándole como siempre, que lo ama. Sonriendo como un tonto enamorado, toma el cereal cuando el teléfono empieza a sonar.

— ¿Kurt?

— Oh. Hola, Kathy, —dice él animadamente.— ¿Cómo estás?

— ¿Está Blaine ahí? —pregunta ella, ignorando completamente la pregunta.

— No, estará fuera todo el día. ¿Está todo bien?

— No, —dice ella entre lágrimas.— Fuí a la boutique para revisar algo del vestido, y se ha ido.

— ¿El vestido?

— ¡La boutique! —gime.— Todo el lugar está cerrado con tablas y no hay rastro de nadie. Traté con el celular de los propietarios, pero el número ya no está activo... Kurt, tienen mi dinero y mi vestido. ¡Y no tengo dinero ni vestido, y mi boda es en cuatro semanas! ¿Qué demonios voy a hacer?

— ¿Qué esperas que haga Blaine? —pregunta con curiosidad.

— ¡Decirle a Wes, porque se enojará conmigo!

— No lo hará, —ríe Kurt.— Estará enojado, pero no contigo. Okay. Necesitamos un plan. —Dejando su cereal, toma su iPad y empieza a buscar boutiques de novias en Chicago.— Maneja hasta acá y te llevaré de compras.

— No puedo, —dice entre lágrimas.— Tengo a Mike conmigo.

— ¿Al papá de Blaine?

— Sí. Me ocupo de él todos los lunes para que Sara pueda... bueno, tener un descanso de verdad. Sé que Mike lo está haciendo mucho mejor pero sigue siento un trabajo duro. Así que lo llevo a fisioterapia y después a almorzar... es agradable. Nos divertimos.

— ¿Y dónde está ahorita?

— En el auto, esperándome. Todavía estoy parada fuera de la tienda.

— Eres increíblemente dulce, —dice Kurt, maravillado por su compasión.— Okay. —Tomando un cuaderno de bocetos y lápices, deja su cereal intacto mientras corre a la recámara y empieza a recoger su ropa.— Sigue con tu día, lleva a Mike a su cita y luego llévalo a almorzar. Te veré en tu apartamento esta tarde.

— ¿Para ir de compras?

— No. Para diseñar tu vestido.

. . .

Blaine- Una larga historia, pero Kathy tuvo una crisis con su vestido. Y como resultado, voy camino a Westerville para diseñarle uno. Me quedaré con mi papá a pasar la noche, y regreso a casa mañana.
Te amo. xxxx
Ps. Santana llegará a las ocho con la cena.

— ¿Entonces es todo lo que tienes? —pregunta Santana, devolviéndole la nota a Blaine y sirviéndose más comida.

— Sip, —Blaine se encoge de hombros.— Aunque he hablado con él desde entonces. Elaboraron un diseño, e iran mañana por el material, luego Kurt vendrá a casa para empezar a trabajar inmediatamente.

— ¿Cuánto tiempo falta para la boda?

— Cuatro semanas.

— Jaja, —Santana ríe.— Tu vida va a ser un infierno.

— No lo será, —comenta Blaine un poco enfadado.— Kurt y yo retomamos el camino... más fuertes que nunca de hecho. Puedo mantener mi boca cerrada por unas semanas.

— Kurt es un perfeccionista y maniático del control, —señala ella, haciendo a Blaine tragar nerviosamente.— Y está intentando diseñar y hacer un vestido de novia en cuatro semanas... Sí. Tendrás suerte de llegar a Inglaterra con las bolas intactas.

Pero para sorpresa de todos -menos de Kurt- Santana está equivocada. Cada día Blaine vuelve a casa preparándose para un caos y para un marido irritable y enérgico... pero ese lado de Kurt nunca aparece. Trabaja firmemente de nueve a cinco, deteniéndose a la una para un almuerzo rápido. Cuando Blaine cruza la puerta frontal, deja las herramientas y lo recibe cálidamente, ambos compartiendo los detalles de sus respectivos días durante la cena antes de pasar el resto de la tarde juntos y felices, haciendo lo que a los dos les place -generalmente cantando juntos o con juegos de mesa. Wes llama la menos dos veces al día, temeroso de que en algún momento le responderá un muy lloroso Blaine, culpándolo a él y a su prometida de arruinar su matrimonio... pero eso no sucede.

— ¿Realmente está bien?

— Mejor que bien, —dice Blaine, todavía desconcertado.— De hecho, está más feliz que nunca. No hay estrés, ni preocupación... es sólo... Kurt. Ríendo, siendo ingenioso, y amando completa y absolutamente cada aspecto del proceso del vestido.

— Sí, respecto a eso. Necesito pagarle a Kurt el material y su tiempo. Si pudieras dejarme saber cuanto debo...

— Nop. De ninguna manera. Kurt quiere que este sea su regalo para Kathy.

— Blaine, ella no me dejará hacer eso.

— No tiene otra opción. Kurt no quiere que le paguen por hacer esto, y ninguno de los dos queremos que nos pagues el material. Honestamente, Kathy y tú han hecho mucho por ambos y por nuestras familias... por favor, acepta esto como nuestro regalo.

— Nunca podré agradecerles lo suficiente. —dice Wes suavemente.

— Sí, claro que pueden. Cásate con ella y tengan bebitos hermosos que nos llamen tio Blaine y tío Kurt, —ríe.

— Okay, —ríe Wes.— ¿Cómo es? ¿El vestido?

— No lo sé. No tengo permitido verlo.

— ¿Qué?

— Kurt dice que me emborracharé en tu despedida de soltero y que te diré todos los detalles.

— Oh. —Wes hace una pausa.— Probablemente tiene razón. ¿Santana los ha ido a visitar?

— Buen intento, Wes, pero también lo tiene prohibido. La misma razón.

— Escuché que tus padres estarán en la ciudad este fin de semana...

— ¡Wesley! Díez días. Es todo lo que tendrás que esperar. Y no sé cómo es, pero puedo asegurarte esto: Kathy lucirá radiante y hermosa.

. . .

— Nunca he estado tan nervioso en toda mi vida. —Susurra Wes mientras mira resueltamente hacia el gran crucifijo de la pared de enfrente de la iglesia.

— Relájate, —Blaine murmura con un breve apretón de su mano mientras mira por encima del hombro.— Okay. Puedo ver a Alice en la parte de atrás, y puedo escuchar la cámara fotográfica de Jonathan... así que diría que ha llegado.

La tradicional marcha nupcial empieza a sonar, y Blaine vislumbra brevemente a la novia ates de atraer la atención de su marido y sonreírle ampliamente. El vestido es sencillamente impresionante. Alice lidera el camino en su vestido verde esmeralda de dama de honor, color que Kurt eligió a propósito para que hiciera juego con los ojos de Kathy. La novia está en un elegante y tradicional vestido con cola. Strapless y hecho de un delicado y cremoso satén, Kurt ha cosido a mano cientos de minúsculos cristales en intrincados patrones, haciendo a Kathy resplandecer mientras camina sonriendo por el pasillo del brazo de su padre. Blaine escucha los murmullos que la siguen, ve los celulares levantados para capturar el momento, y sonríe con orgullo ante el trabajo de su esposo.

— Vas a llorar, —le susurra a Wes cuando se vuelve al frente una vez más. Santana ya está en un mar de lágrimas, así que no es un buen presagio ni para ti, ni para mi.

— Oh mierda.

— No creo que puedas decir mierda en una iglesia.

— Demonios.

. . .

— He estado esperando este momento todo el día, —Blaine le susurra a Kurt mientras bailan el vals. Abrazarte, bailar contigo.

— La gente nos está mirando, —dice Kurt de pronto tímido, poniéndose rígido en el abrazo de su marido.

— Probablemente maravillados por el increíble trabajo del diseñador del vestido.

— No... creo que es porque somos dos hombres. La familia de Kathy luce notablemente enfadada.

— ¿Y? —Blaine le sonríe suavemente mientras siguen bailando.— Estamos aquí por Kathy y por Wes, no por ellos. Además, deben haberlo sabido ya. Sólo un hombre gay podía diseñar un vestido tan fabuloso como ese.

— Sigo queriendo ser todo autocrítico y decir algo como 'ah no, no fue tan genial,' pero...

— Pero no puedes, porque sabes lo genial que fue, ¿o no?

— Así es, —asiente, dejando escapar una pequeña risa.— Y sé lo maravilloso que se sintió hacerlo. Ver todo unirse así... se sintió muy bien, Blaine. Condenadamente bien.

— Tal vez deberías pensar en diseñar vestidos de novia para ganarte la vida. —ofrece Blaine.— Sé que eres increíble confeccionando ropa normal... pero tienes esta extravagancia propia que se adaptaría a diseñar vestidos de esa naturaleza.

— Hmm, —Kurt arruga la nariz mientras lo piensa.— No estoy seguro. Lo disfruté, y admitiré que cruzó por mi mente... pero no sé si sea para mi. Extravagancia, sí. Pero no estoy seguro de cuántas novias valorarían las lentejuelas en sus diseños.

— ¡Ja! Buen punto.

— Además de que, diseñar este como único es algo novedoso, pero puedo ver que dejaría de serlo. El mundo de la moda nupcial se mueve muy lentamente en comparación con la moda regular. Puedo imaginar tener a seis novia, todas queriendo el mismo tipo de vestido, y yo me aburriría.

— Bueno, de cualquier manera... al menos puedes decir que hiciste este. Y Kathy se ve maravillosa.

— Fue una boda hermosa, —coincide Kurt.— No tan hermosa como la nuestra...

— Por supuesto, —sonríe Blaine, luego su rostro se vuelve serio mientras lo estudia.— ¿Puedo besarte?

— ¿Ahora? —Kurt mira rápidamente a su alrededor.— No lo sé. Digo, no creo que la gente lo apruebe realmente.

— Está bien, —dice Blaine finalmente.— No quiero hacerte sentir incómodo. Sólo quería tratar de expresar lo orgulloso que estoy, es todo.

— Bésame, —sonríe Kurt, y Blaine lo complace feliz, dejando de bailar para atraerlo más cerca, provocándolo con un beso tan ligero como una pluma, hasta que Kurt suelta una risita sofocada y empuña el frente de la chaqueta de Blaine, reclamando su boca en un profundo beso apasionado que los deja a ambos sin aliento

— Parece que Kurt y Blaine se irán pronto, —observa Wes mientras baila con su nueva esposa.

— Oh, Dios mío, —dice Kathy, con ojos enormes mientras los observa besarse otra vez.— Mi abuela va a tener un ataque.

— ¿Quieres que los detenga?

— No, —dice ella, descansando la cabeza en su hombro una vez más.— ¡Son tan condenadamente lindos!

. . .

Después de unos días en Inglaterra con Jonathan y Teresa, Kurt y Blaine regresan a casa. Blaine sabe que no es fácil para Kurt volver al desempleo, e intenta distraerlo afirmando que necesita que le haga un par de trajes, pero Kurt no está muy interesado, y sólo sonríe y dice que en algún momento lo hará.

— ¿Quieres que nos veamos para almorzar? —pregunta Blaine en su primer día de vuelta al trabajo. Está de cucharita detrás de Kurt mientras yacen juntos en la madrugada, y Blaine sabe que Kurt ha estado despierto pr horas.

— ¿Puedo declinar educadamente? —pregunta mientras juega con el anillo de boda de su marido.

— Puedes declinar, y no tienes que ser cortés respecto a eso en absoluto, —dice Blaine dulcemente.— Te entiendo.

— Voy a estar bien, —dice Kurt con un pequeño gesto de seguridad en sí mismo.

— Sé que así será. Y tienes derecho a sentirte así, Kurt. ¿Por qué no nos sentamos esta noche y echamos un vistazo a cursos universitarios? Puede que encuentres algo que te gustaría intentar.

— Todo lo que sirva para un título que no voy a usar, —dice tristemente.

— Oh, Kurt, —suspira Blaine.— Lo encontraremos, te lo prometo.

Kurt se queda en cama ese día, entregándose a su autocompasión y haciendo una promesa silenciosa de que retomará el rumbo al día siguiente. En algún punto entre navegar sin objetivo en Amazon en busca de cosas que no necesita, y mirar videos de animales en YouTube, se queda dormido, despertando con el sonido de su celular en la mesa de noche. Asumiendo que es Blaine, rueda y acepta la llamada sin siquiera abrir los ojos.

— Estoy revolcándome, —dice con aire taciturno.

— Um... ¿está... bien? —dice una voz nada familiar, haciendo a Kurt sentarse derecho.— Uh... Estaba tratando de encontrar a Kurt Hummel.

— Sí, sí, soy yo, —dice apresuradamente.— Bueno Hummel-Anderson ahora. Lo siento, pensé que quien llamaba era mi marido.

— Oh, bueno... no. Soy Anna Farris. Nos conocimos en tu presentación, ¿lo recuerdas?

— ¡Oh! —dice Kurt con sorpresa.— Sí... la diseñadora de vestuario. Sí, la recuerdo.

— Gracias a Dios, —ríe ella.— He estado tratando de encontrarte desde hace mucho tiempo. Recuerdo que estabas en la misma clase de Joe Mackenzie.

— Sí, —ríe Kurt.— Él es mi mejor amigo.

— ¿De verdad? Bueno, me las arreglé para ponerme en contacto con su representante, que sólo me dijo que te conocía y que estabas casado con alguien de la Orquesta Sinfónica de Chicago, así que entonces contacté al director. Un italiano. Un completo chiflado.

— Riccardo, —dice Kurt riendo a carcajadas.— y sí, lo es.

— ¿Sabías que le dice a tu marido Espectacular Gay Blaine?

— Sí, —suspira Kurt.

— ¿Y a ti, niño esposo?

— Sí.

— Oh. —hace una pausa.— Bueno, como sea, él me dio tu número, espero que no te importe.

— Para nada, —dice educadamente.— Pero uh... ¿Esta llamada tiene alguna finalidad?

— ¡Oh! Sí, sí. —ella ríe y Kurt escucha el revoloteo de algunos papeles en el fondo.— Yo um... Bueno... Oh Dios. —suspira, amortiguando una risa nerviosa en la línea.— Okay, hora de la verdad. "El Viento de los Sauces" (1) va a entrar a la fase de producción en el Cadillac (2), en Enero, y están en busca de un diseñador de vestuario. Es mi libro favorito, Kurt. Lo he leído tantas veces tanto de adulta como de niña, y cuando era pequeña, solía dibujar a los personajes por horas. Necesito este contrato. Simplemente no puede pertenecer a nadie más. Pero la cuestión es que... para mi, por mi cuenta, es demasiado. Necesito a alguien que trabaje junto conmigo, que pueda pensar como yo, ver las cosas de la forma en que yo lo hago... y traer su propia imaginación, pasión y dedicación al proyecto. Has estado en mi mente casi todos los días durante los últimos dieciocho meses, y sé que es una posibilidad remota, pero me pregunto si hay alguna forma de que consideres...

— Sí, —La respuesta de Kurt es firme, decidida, y escucha un grito de esperanza proveniente de Anna.

— ¿Qué? ¿Sí a qué?

— Sí, los diseñaré contigo, los haré contigo... sí... haré lo que tú quieras.

— ¿Es en serio? ¿Pondrás la actuación en espera para ayudarme? —pregunta con incredulidad.

— Ya no estoy en la actuación, —dice él mientras empieza a formar una sonrisa.— He estado tambaleándome durante los últimos dos meses, tratando de decidir exactamente qué es lo que quiero hacer... ¿pero sabes qué? Mi esposo lo supo todo el tiempo, porque me conoce mejor que yo mismo, y creo que tú sólo veniste con la solución.

— Suena como que tienes un marido maravilloso. Entonces... si ya no estás actuando... —comienza ella, radiante al otro lado de la línea.— ¿Considerarías no solo ayudarme con este proyecto, sino con todo mi trabajo? Podríamos ser Farris & Hummel-Anderson, diseñadores de vestuario, o algo así.

— Anderson, —dice Kurt, ahora sonriendo ampliamente.— Mi nombre profesional es Kurt Anderson.

. . .

¡BLAAAAAAAINEEEEE!

¿Rachel?

¡NO! ¡YO! ¡¿DÓNDE ESTÁS?!

En el deli. ¿Por qué estás gritando?

¡NO ESTOY GRITANDO!

Siento diferir.

¡VEN A CASA! ¡AHORA!

Estoy en la fila.

OKAY, AHORA SÍ ESTOY GRITANDO. ¡VEN A CASA!

Pero el pastel...

¡NO PUEDO HACER ESTAS MAYÚSCULAS MÁS GRANDES, BLAINE! ¡SÓLO VEN A CASA! ¡TENGO NOTICIAS! ¡NOTICIAS INCREÍBLEMENTE MARAVILLOSAS!

— ¡Traje el pastel de queso! —grita Blaine completamente sin aliento cuando irrumpe en el apartamento veinte minutos después.— ¿Cuáles son las noticias? ¿Encontraste algún curso universitario?

— No... ¡Algo mejor! —chilla Kurt, sin importarle en absoluto la madurez o el decoro mientras brinca en su lugar, aplaudiendo de emoción.— Estás mirando a Kurt Anderson, diseñador de vestuario teatral.

— Lo siento, me has perdido. —dice Blaine, dejando el pastel de queso en la encimera.— Empieza desde el principio... es un buen lugar para empezar.

— Gracias María, —dice Kurt secamente, y luego le explica, dejando a Blaine de pie en la cocina, con la boca abierta mientras él trabaja en torno a nada por un momento antes de reaccionar

— Esto... es increíble.

— ¡Lo sé! —dice Kurt lleno de felicidad.— Y simplemente lo supe, Blaine, tan pronto como ella empezó a preguntármelo, simplemente supe que esto era lo correcto para mi, para nosotros. Fui hecho para esto, nací para esto... pero no necesito decirte eso, ¿verdad? ¿Y sabes? voy a seguir usando mi título hasta cierto punto, porque como actor sé cómo moverme, sé lo que se necesita para que un vestuario haga sentir cómodo al actor en escena, y puedo poner todo eso en mi diseño.

— ¿Y estás seguro que vas a trabajar bajo ese nombre? Porque no tienes que hacerlo, no me sentiré ofendido.

— Quiero hacerlo, —Kurt se mueve hacia él, tomando sus manos entre las suyas.— Lo quiero porque tú supiste que este era mi camino desde hace mucho, pero mucho tiempo antes que yo. Porque has estado ahí para mí, guiándome tiernamente y permitiéndome descubrirlo por mí mismo, y nunca te podré agradecer lo suficiente, y porque has estado llevando el sombrero de "el marido de más apoyo" desde el primer día. Quiero hacer esto e tu nombre.

— ¿Entonces ahora puedo decir que te lo dije?

— Sólo si me besas después.

— Te lo dije, —susurra Blaine, antes de agarrarlo y besarlo duro.— Y estoy muy orgulloso de ti, —dice, besándolo una vez más.— Y te amo, —dice antes de besarlo otra vez.— Y vamos a celebrar como tú quieras. Podemos cenar fuera si quieres.

— No. —Kurt niega con la cabeza y se inclina para besarlo ligeramente en los labios.— Quiero llamar a mi papá y luego celebrar comiendo pastel de queso y teniendo sexo ruidoso y estridente.

— Sí, —dice Blaine lanzando un puño al aire.— Estaba esperando eso. ¿Y champaña, tal vez?

— Tal vez, —dice Kurt golpeando ligeramente su nariz con la punta de un dedo.— Pero no demasiado. Anna llegará a las nueve para discutir ideas.

— Oh. Es mi día libre. Okay, me esconderé por ahí.

— No, no lo harás, —ríe Kurt.— Sé que es tu día libre. Quiero que estés aquí para que la conozcas. Si vamos a estar trabajando juntos, ella se volverá parte importante de mi vida, y por consiguiente, también de la tuya.

— ¿Quieres que la conozca? —pregunta Blaine, y todo su rostro se ilumina de placer.

— Sí. Quiero que vea el maravilloso esposo que tengo, —sonríe Kurt.— ¿Puedes hacer una cosa por mi?

— Cualquier cosa por ti.

— ¿Preparas el baño en lo que llamo a papá?

— ¿Quieres que te talle la espalda?

— No, quiero que estés desnudo y esperando ahí por mi.

— ¡Estoy en ello!

. . .

Anna llega a la mañana siguiente a las nueve en punto, y ella y Kurt se ponen a trabajar inmediatamente.— Obviamente estos son sólo diseños iniciales, —le dice a Kurt mientras se extienden sobre la mesa de la cocina.— Si conseguimos el contrato, trabajaremos con el director, que seguramente tendrá algo de ingerencia. Saber cuándo escuchar y cuándo ignorar es la clave. De cualquier manera, varios directores se olvidan de lo que han dicho, así que puedes decirles que fue su idea y estarán felices. Ahora, los ensayos comienzan en Enero, el show se ejecuta desde el dos de marzo por seis semanas. La compañía tendrá responsables de vestuario, pero me gusta supervisar yo misma gran parte de ello, y sugeriría indudablemente que nosotros hiciéramos a Toad, Ratty, Badger y Mole, —continúa ella, asintiendo en agradecimiento hacia Blaine cuando sin decir una palabra, deja dos tazas de café en la mesa y se retira.— Una vez que empiece el plazo, se esperará que estés presente en la noche de apertura, pero después de eso, eres libre. ¿Está bien? ¿Estoy hablando demasiado? Hablo demasiado. Por favor dime que me calle.

Kurt ríe, y una calidez se enciende en la boca del estómago de Blaine al escucharlo tan feliz.— Yo también hablo demasiado, así que está bien, —dice él.— Y la agenda suena factible. Blaine se va de gira, empezando el veinticinco de marzo, por tres semanas, y lo acompaño a todas sus giras, pero una vez que regrese, podríamos empezar algo nuevo... Pero estas hablando como si ya tuviéramos el contrato.

— Lo necesitamos, Kurt. De verdad.

Dos semanas después, son presentados al director y al productor, y son capaces de hablar de sus diseños. Son contratados en el momento, y esa noche, Kurt, Baline, Anna y Marcus, su esposo, salen a celebrar. A pesar de ser treinta años mayor, Anna y Kurt se vuelven rápidamente grandes amigos, y Blaine está fascinado de lo similares que son mientras ríen y bromean durante la cena. Cuando regresan a casa, Blaine lo toma en sus brazos, acurrucándose contra su cuello, besándolo detrás de la oreja y haciéndolo estremecer.

— Eres magnífico, —susurra cuando Kurt cierra los ojos.— Kurt feliz, es el mejor Kurt que hay.

— Tengo un regalo para ti, —dice Kurt de pronto.— Espera aquí.

Regresa y le da una bolsa a Blaine, quien mira en su interior y ríe a carcajadas.— ¡Kurt Hummel-Anderson!

— Estoy esperando a que la uses, —dice Kurt, haciendo a Blaine reír todavía más.— Puede que no sea un Kurt Anderson original, pero la idea fue mía... y oh, Dios mío, puedo ver por qué nunca usas gorras de beisbol.

Blaine permanece ahí con una gorra rojo brillante con "El marido de más apoyo del mundo" inscrito en amarillo, con las manos en las caderas y tratando de permanecer erguido mientras Kurt ríe.

— Me gusta mi gorra, —dice.— Voy a usarla en todo momento.

— Claro que no, —ríe Kurt, quitándosela de la cabeza y lanzándola al sofá.— Puedes seguir usando una de forma metafórica. Esa sí está permitida.

— Y te usaré a ti, —susurra Blaine, de nuevo con voz sensual mientras se desliza en Kurt, dejándole claras sus intenciones.

— ¿En el suelo?

— Rudo, —sonríe con un codazo juguetón.— No, como una insignia de honor.

— Úsame desnudo y envuelto a tu alrededor, —dice Kurt, arqueando su cuello para que Blaine lo bese justo ahí.

— Eso podría funcionar.

. . .

Tal como con la fabricación del vestido de novia, Kurt permanece en calma, feliz y optimista en todo el proceso del diseño de vestuario. Los cumpleaños de ambos vienen y pasan, seguidos de Acción de Gracias y Navidad, y aunque Kurt trabaja más duro que nunca, él y Blaine se mantienen completamente enamorados y dedicados el uno al otro.

Es un perezoso y nevado domingo de Febrero, dos semanas antes de la noche de apertura y Kurt se permanece callado en la mesa de la cocina bocetando cambios finales al vestuario de Mole, tarareando ocasionalmente alguna melodía, que se termina cuando entra en un periodo de profunda concentración, con la punta de la lengua asomándose de lado en su boca mientras dibuja. Se vuelve consciente de los ojos de Blaine en él, y levanta la mirada para verlo recostado en todo lo largo del sofá, con los brazos cruzados bajo su cabeza, mirando.

Blaine sonríe lentamente, con ojos brillantes.— Te amo.

— Yo también te amo, —ríe Kurt, negando con la cabeza, dejando el lápiz cuando camina hacia el sofá.— Muévete.

Blaine lo hace feliz, acurrucándose y dejando que los brazos de Kurt lo envuelvan, sus dedos jugando perezosamente con los rizos en su nuca. Suspirando de satisfacción, Blaine besa su clavícula y luego cierra los ojos, esperando que una siesta esté a la orden del día.

— Feliz como una perdiz (3), ¿no es así? —dice Kurt, sonriendo en su suave cabello.

— Totalmente.

— ¿Satisfecho?

— Completamente.

— ¿Nada que... te haga falta? ¿Nada que cambiarías si pudieras?

— No... —dice Blaine lentamente, levantando la cabeza para verlo.— ¿Por qué? ¿A dónde va todo esto?

— A ninguna parte, —dice Kurt despreocupadamente.— Sólo comprobando el bienestar de mi marido, —dice, empujando su cabeza de vuelta a su pecho.— Eso es todo.

— Bueno, está todo bien desde donde estoy parado... o recostado, —dice Blaine con un bostezo.

— Tengo muchas ganas de Rusia.

— Yo también. Será increíble.

— Tal vez cuando volvamos, podríamos... —comienza Kurt, pero se queda callado una vez que se da cuenta que Baine está durmiendo profundamente, y besa su cabeza en su lugar, sonriendo para sus adentros.— Oh, Blaine. ¡Cuánto te amo!


(1) El viento en los sauces (título original en inglés The Wind in the Willows) es una novela escrita por Kenneth Grahame, publicada en 1908. Es un clásico de la literatura infantil inglesa.

(2) El Cadillac Winter Garden es un teatro de Broadwaym localizado entre la calle 50 y la 51.

(3) Feliz como una perdiz: Frase hecha para indicar una gran felicidad, su sentido no viene de que la perdiz sea un ave de vida especialmente alegre, sino de la rima. Analizada semánticamente no tiene demasiado sentido, pero a nadie le cabe duda de su significado cuando la oye. La autora utiliza la frase Happy little chappy, que literalmente no tiene una traducción, pero que de igual manera, utilizan como una rima para dar a entender mucha felicidad.