La noche de apertura de "El Viento en los Sauces" es un gran éxito para todos los involucrados. Kurt es cercado tres veces en el bar durante el intermedio, por directores y productores interesados en tenerlos a Anna y a él a bordo para su próxima producción. Kurt irradia felicidad mientras Blaine observa orgulloso con toda la familia, incluyendo a Cooper y su descendencia. Después del show, se dirigen a un restaurante tailandés para cenar, dándole a Kurt oportunidad de ponerse al día con todos, Joe incluido.

— Esos trajes eran increíbles, —balbucea Blaine lleno de felicidad a todo el que quiera escuchar.— Hicieron que todo lo demás cobrara vida. ¡Kurt los hizo! ¡Mi esposo!

— Detente, —dice Kurt tímidamente, luego le da a Blaine un codazo juguetón.— En realidad no. Continúa. Podría escucharte elogiar mi trabajo eternamente. Ya sabes, el habla de tu papá está mejor que nunca, —susurra mientras Mike agasaja a toda la mesa con recuerdos embarazos que tienen a Cooper tratando de ocultarse en el cabello de su esposa.

— Así es, —dice Blaine, riendo junto con la historia.— Digo, sé que son dos años, pero... sí... suena bien.

— Bueno, gracias por eso, papá. —dice Cooper, y el rubor de sus mejillas va desapareciendo.— Puedo asegurarles que ya no me orino en las albercas. Pero como sea... tenemos noticias.

— ¿Bebés? —pregunta Mike esperanzado.

— Tengo cuarenta y siete, —dice Cooper, mirando a su padre.— Ríndete. No... nada de bebés. Pero sí tiene que ver con nuestros bebés. Como ya saben, Maddie y Taylor empezarán la universidad en el otoño. Taylor ha sido aceptado en Míchigan para estudiar ciencias del deporte, y Maddie estudiará aquí, en Chicago.

— ¿Qué? —Blaine grita de emoción cuando Maddie le sonríe.— ¿Vendrás para acá? ¿De verdad? ¡Es increíble! Y Tay, estarás muy cerca... ¡Oh, Dios mío!

— Y eso no es todo, —dice Cooper, hablando sobre los demás.— Claire y yo decidimos que realmente no queremos ser los únicos en la costa oeste, así que nos mudaremos también.

— ¿A Chicago?

— No, nos dimos cuenta que no sería justo para Maddie tener a sus padres alrededor, estamos viendo en Indianápolis, —explica Cooper.— Pero estoy trabajando en una película que me va a llevar todo el año, así que no nos mudaremos en en ese plazo.

— ¡Esto es maravilloso, mis amores! —dice Sara feliz, moviéndose alrededor de la mesa para besar a todos.— ¡Estoy tan feliz! ¡Tan feliz!

— Excelentes noticias, —sonríe Burt.— ¿Ven? Todos pueden volar fuera del nido y finalmente encontrar su camino de vuelta.— dice él con una sonrisa.

— ¿Qué hay de Joe? —pregunta Kurt, y todo el mundo se queda callado mientras Joe agacha la cabeza.

— Bueno... —dice Cooper formando lentamente una sonrisa.— Creo que sería mejor preguntarle a Maddie acerca de eso.

— ¿Qué? —pregunta Kurt, lentamente cayendo en la cuenta.— ¿Por qué tendría yo que...? ¡Oh! ¡Joseph! ¿Estás saliendo con mi sobrina? —pregunta en voz baja mientras Maddie enrojece y agarra nerviosa el mantel.— ¿Es eso?

— Es... algo... así... ¡Cooper dijo que estaba bien, así que no puedes pegarme! —balbucea Joe, haciendo a todos sonreír.

— ¡Ella tiene diecisiete! —explota Blaine, haciendo reír a la mesa completa, incluyendo a Kurt, quien lo hace a carcajadas.— ¡Tú tienes veintitrés!

— Cariño, —dice Kurt dulcemente, dando palmaditas a su mano.— Piensa en lo que acabas de decir.

— No estamos a punto de vivir juntos, —dice Joe, mirando a la joven que snoríe tímidamente.— Pero voy en serio con ella. Hollywood es divertido, pero solitario. Así que me regreso a Chicago. De esa manera puedo estar cerca de Maddie, y de ustedes dos, tontos, —sonríe.— Seguiré actuando, pero simplemente volaré a donde sea que me necesiten para la filmación, y regresaré a casa.

— ¿Ven? —dice Burt de nuevo, haciendo que todos rueden los ojos.— Todos pueden volar fuera del nido...

— El nido de Joe es en Minneápolis, —señala Kurt.

— No, claro que no, —ríe Cooper.— Es con nosotros.

— De hecho, es contigo, —dice Joe suavemente, tomando la mano de Maddie, mientras Blaine lo mira fijamente.— Tío Blaine, ¿estás enojado? —bromea Joe.

— Sí, —dice con honestidad.— Pero es hasta cierto punto lindo que hayas sido tú.

— Estoy sentada aquí, —protesta Maddie.

— Ya lo sé. Ella es un tesoro para mi, Joe, —le explica Blaine.— Es todo. Estaría así con quien estuviera saliendo con ella, pero supongo que si tenía que ser cualquier persona, estoy contento de que seas tú.

. . .

— Es gracioso, ¿no? —medita Kurt esa noche mientras se desviste para irse a la cama.— ¿Cómo todo viene en círculo otra vez?

Blaine se sienta en la cama, mirando hacia el frente y mordiéndiose el labio.— ¿Crees que esté durmiendo con ella? —pregunta, ignorando a Kurt completamente.

— Ni siquiera vo a tener esa discusión contigo, —dice Kurt, rodando los ojos con cariño mientras recoge la ropa de Blaine y la lanza al cesto.— Tuvios sexo dos días antes de mi cumpleaños número diecisiete, y tú habías cumplido treinta y dos. Además de que estuvimos tonteando mucho antes de eso.

— Es diferente.

— ¿Cómo? ¿Porque eramos dos chicos? Maddie es una chica sensible y madura para su edad. Ella...

— No es eso. Nada de eso. Es... es porque yo sabía que eras para mi, —explica Blaine.— Honestamente, si me hubieras echado y seguido adelante, no habria podido. Lo supe tanto como lo sé ahora, que nunca amaré a nadie más. No sé si Joe se siente de esa manera, y me preocupa. Cambiarse al otro lado del país para estar con alguien, es un gesto muy grande. No quiero que Maddie piense que esto podría ser, y luego que él se vaya con alguien más.

— Pero tú no eres Joe, —explica Kurt pacientemente, subiéndose a la cama junto a él.— Mi papá tuvo que poner un montón de confianza en ti, si lo piensas bien. Claro, tú le dijiste que me amabas, que nunca me dejarías, que tenías las mejores intenciones... todo eso. Pero eran palabras, Blaine. Sólo tú podrías saber lo que había en tu corazón. Joe parece decidido a hacer que funcione, Sé que ha sido un poco mujeriego, pero se ha tranquilizado muchísimo; el hecho de que no le guste el estilo de vida hollywoodense es prueba de ello. No puedes manipular su relación, solo tienes que confiar en que Joe verá por ella. Y creo que lo hará.

— Está bien, —refunfuña, deslizándose en la cama.— Pero si la lastima, le romperé la cara.

— Aw, cariño, —ríe Kurt.— No podrías aunque lo intentaras.

— ¡Golpeé a Adam!

— Cierto, —reconoce Kurt. Me había olvidado de eso. Ja. ¿Me pregunto qué estará haciendo ahora?

— ¿A quién le interesa? No está haciendo nada contigo, y eso es lo único que importa.

— Ooh, Blaine celoso y gruñón, —bromea Kurt, deslizándose para presionarse contra la espalda de Blaine, pasando sus manos arriba y abajo sobre su pecho.— Me gusta.

— Voy a venderte a un comerciante callejero cuando estemos en Rusia, —gruñe, tratando de ignorar la forma en que la mano de Kurt deambula hasta la cintullilla de su pijama.

— No lo harás.

— Claro que lo haré. Y cuando Riccardo pregunte dónde estás, sólo le diré que huiste con un grupo de bailarines cosacos porque te gustaron sus sombreros.

— Puedes seguir hablando sin sentido mientras yo me hago cargo, —susurra Kurt en su oído, deslizando los pantalones de ambos hasta los tobillos.— O puedes participar, es decisión tuya.

— Luego el comerciante callejero te venderá a un grupo de gitanos, —continua Blaine, haciendo a Kurt reír misteriosamente y alcanzar el lubricante, arrastrando un dedo por su grieta y haciéndolo estremecer.— Y luego los gitanos... Oh... mierda... te cambiarán por una cabra... —suspira feliz cuando el dedo de Kurt lo penetra, provocándolo lentamente mientras besa su espalda.— Y vivirás por muchos años como un pastor de cabras... Si, Kurt... ahí... justo ahí...

Gime profundo en su garganta cuando Kurt desliza dos dedos en su interior, entrecortándosele la respiración y acomodando la pierna en un ángulo diferente para darle a Kurt un mejor acceso, pero no deja de hablar.— Antes de decididir navegar a America para buscar fortuna una vez más. Cuando tú... Kuuuurt, —gime, levantando las caderas para que Kurt lo penetre, lo que hace de buena gana.— Llegando aquí venderás tu mercancía, ropa que hiciste de trozos de velas de los buques y... mierda... mierda... oh Dios, Kurt... Mierda, —chilla Blaine mientras Kurt sigue dentro de él, con el cuerpo envuelto sobre su espalda y presionándose más.— Tómame, por favor, por favor. Me callaré, lo prometo.

Kurt ríe y luego se desliza aún más cerca, moviendo sólo sus caderas atrás y adelante mientras usa sus manos debajo para aferrarse fuertemente al pecho de Blaine. Permanecen en silencio excepto por su pesada y entrecortada respiración; el sudor de estar apretados el uno contra el otro los hace deslizarse a la perfección mientras Blaine toma la mano de Kurt, llevándose sus dedos a los labios, besando cada uno de ellos tiernamente.

— Eres increíble, —susurra antes de que Kurt tome su barbilla y la tuerza hacia atrás para besarlo. Se vienen juntos, jadeando en la boca del otro mientras la fricción de su miembro contra las sábanas y Kurt latiendo dentro de él, demuestra ser demasiado para Blaine, quien interrumpe el beso, cerrando el puño fuertemente en la almohada y apretando los ojos de placer.— Oh... oh... Kurt... —gime debilmente, aceptando feliz su peso muerto encima de él mientras yacen ahí, pegajosos y saciados.— Ya ves... venderás tu mercancía y viajarás por todo el país... encontrándome nuevamente para que vivamos felices para siempre, —murmura con su rostro presionado contra la almohada.— Porque te amo demasiado.

— Yo también te amo, —sonríe Kurt, besando su nuca.— Pero si crees que te perdonaré por venderme en primer lugar, estás muy equivocado. Y sólo por eso, puedes cambiar las sábanas, —dice, rodando y dirigiéndose al baño.

— Nunca te vendería, —dice Blaine, quitándo la sábana y tirándola a la esquina donde sabe que su marido la verá, lo desaprobará y la moverá al cesto.— Soy demasiado egoista como para vivir alguna vez sin ti.

— Bien, —responde Kurt, saliendo del baño, refunfuñando mientras recoge la sábana.— Voto porque sigamos siento egoístas hasta el fin de los tiempos.

. . .

Rusia es todo lo que imaginaban que podía ser, y más. Se maravillan con todo lo que ven mientras pasean en San Petersburgo y Mascú, y Kurt no tiene tiempo de aburrirse en lo que Blaine ensaya cuando una llamada de Anna le deja saber que les han solicitado trabajar en la producción de Love Never Dies (1), lista para el verano. Así que, con cuaderno de bocetos en mano, se entretiene hasta que Blaine está a su lado, donde va a través de cada detalle de cada vestuario mientras Blaine lo escucha, fascinado. Tienen una gran noche con vodka después de la última presentación de la orquesta, y Kurt aprende que quema tanto cuando entra, como cuando sale. Son perezosos al día siguiente, saliendo a la superficie para el almuerzo tardío con Ken y Riccardo antes de regresar a su habitación y acurrucarse en la cama juntos.

— A casa mañana, —dice Blaine cuando descansa su cabeza en el pecho de Kurt.

— Mmm. De regreso al trabajo. No puedo esperar, aunque este viaje ha sido maravilloso.

— Lo ha sido, —coincide Blaine.— Oye, ¿cuando regresemos, quieres que reservemos unas vacaciones? Tal vez podríamos regresar a Hawaii.

— Me encantaría, —sonríe Kurt, besando su cabello.— Podríamos irnos tan pronto como termine con Love Never Dies, —dice.— Y también... pienso que deberíamos tener un bebé.

Blaine se endereza de inmediato y lo mira fijamente. Y lo mira un poco más. El suave toque de la mano de Kurt en su rodilla cuando se sienta junto a él, parece traerlo a la vida una vez más y parpadea fuertemente, pero aún no dice nada.

— ¿Me escuchaste? —pregunta Kurt suavemente.

Blaine asiente.

— ¿Sigues vivo?

Blaine niega con la cabeza.

— Vamos, Blaine. Di algo.

— ¿Ahora? —chilla.

— Sí. Sabes lo importante que es que hablemos...

— No. Me refiero a... esa... esa cosa que dijiste... ¿lo quieres hacer ahora?

— Bueno... tarda nueve meses... además de que tendríamos que pasar por todo el trámite del alquiler de vientres antes de eso... Por lo que he leído, el menor tiempo que tomaría, sería un año... Así que quiero empezar con el proceso ahora, sí.

— Tú... pero tú... —Blaine comienza, pero se calla inútilmente y niega con la cabeza.

— He pensado en esto muy cuidadosamente, Blaine, —Kurt le dice mientras se mueve más cerca en la cama y toma su mano.— Realmente creo que este es el momento correcto para nosotros. Estamos establecidos, somos felices en el trabajo y en la vida familiar, tenemos muy buenos ingresos... los dos... y también creo que en este momento nuestras carreras funcionarían muy bien para criar a un bebé entre los dos. No creo que necesitemos de una guardería. Esto significaría que no podría ir a muchas de tus presentaciones, por supuesto, pero estoy seguro que tendremos un montón de niñeras y niñeros dispuestos a ayudarnos.

— Pero tienes veintitrés, —dice Blaine suavemente, acunando las mejillas de Kurt.— Tú mismo sigues siendo un bebé.

— ¡No lo soy! —ríe Kurt.— Soy joven, sí. Pero tú...

— No.

—No. No lo eres. Siendo realistas, estaríamos cerca de los veinticinco y los cuarenta para el momento en que de verdad podamos tener a un bebé en nuestros brazos, y creo que sería perfecto. Me gustaría más pronto, por supuesto... pero tomaremos lo que podamos.

— No puedo creer que estemos discutiendo esto, —dice Blaine, riendo de nervios.— He estado esperando este momento por años.

— Lo sé. Y sé que has esperado pacientemente hasta que yo estuviera listo. Y estoy listo. Ahora. Y lo más importante, estamos listos como pareja. Hace un año estuvimos a punto de terminar, pero luchamos por regresarr y estoy tan feliz de que lo hayamos hecho, porque todo lo que ha pasado desde entonces ha sido mejor de lo que podría haber imaginado. Sé que nunca me lo habrías pedido, Blaine, y es por eso que estoy aquí, diciéndote que me encantaría tener un hijo contigo. Quiero que seamos una familia de tres.

— Antes... —comienza, pero se interrumpe para reír de incredulidad nuevamente.— Antes de que estalle en lágrimas de felicidad, —dice, tratando de reprimir una sonrisa de oreja a oreja,— dime; ¿Es el vientre de alquiler lo que visualizas para nosotros?

— Sí, —dice arrugando la nariz cuando lo piensa.— Me encantaría un hijo que fuera exclusivamente nuestro.

— Eso no es posible, —dice Blaine tristemente.— Desearía que se pudiera, pero...

— Sin embargo es posible, —contrarresta Kurt.— Porque, sin importar si... ya sabes... usamos el tuyo o el mío, el bebé sería de los dos, por igual. La criaremos juntos, habrá elementos y razgos de la personalidad de ambos en ella.

— ¡Se llama esperma y no sabes si será una niña! —ríe Blaine.

— Sin importar qué sea, no la llamaremos esperma, —sonríe Kurt, enseñándole la lengua.

— Me gustaría usar tu... ya sabes... esperma, —bromea Blaine, y su agarre en la rodilla de Kurt se hace más firme a medida que crece su emoción.

— Oh, pero cabello rizado, —Kurt hace un puchero, tirando de sus oscuros rizos.

— Oh, pero hermosos ojos azules, —dice Blaine mirándolo fijamente, y lleno de felicidad.— Tengo un hermano, una sobrina y un sobrino.

— No te pareces en nada a ellos.

— No, lo sé. Pero los tengo. Tú eres hijo único... no sé... sólo pienso que significaría mucho para mí -y para tu papá también, por supuesto- ver el legado Hummel mantenerse vivo. A mis casi cuarenta años, no tengo un enorme y abrumador deseo de tener un hijo que sea genéticamente mío. Sin embargo, sí tengo un anhelo desesperado de tener un bebé de ojos azules y cabello castaño, a quien pueda mirar y que sea el recordatorio del esposo al que amo con todo mi corazón. Y Kurt... porque soy más grande, yo gano. Así que ahí está.

— Okay, —sonríe Kurt.— Okay. Entonces... ¿Lo hacemos?

— Lo hacemos, —dice Blaine, empujando de nuevo a Kurt contra las almohadas y besándolo profundamente.— Tendremos un bebé.

. . .

— Entonces pensamos que queríamos a todos juntos... —dice Kurt a los padres reunidos dos semanas después, quienes están sentados en el sofá, mirándolos.

— De esta manera lo sabrán todos a la vez, —dice Blaine, mirando a Kurt y tratando de ocultar su sonrisa.— Vamos a intentar tener un bebé.

El ruido es simplemente ensordecedor. Los rugidos de Burt y Mike, y los gritos de emoción de Carole y Sara mientras se agarran los unos a los otros, tienen a Kurt cubriéndose las orejas y riendo a carcajadas.

— ¡Dijimos que intentaríamos! —llama Blaine.— Justo ahora no hay nada. Sólo estamos buscando. Pero pensamos que sería bueno comunicárselos en caso de que... bueno, en caso de que estemos un poco estresados, tal vez, o distraídos... y entendieran el por qué.

— ¡Voy a tejer, mis amores! —dice Sara, limpiándose los ojos mientras cruza la habitación para abrazarlos a ambos fuertemente.— Voy a empezar mañana. ¡Oh! ¡Oh! ¡Un bebé! Kurt, ¿de qué color debería tejer?

— Rosa.

— ¡Kurt! —lo reprende Blaine.— Mamá, si de verdad quieres tejerle ropita al bebé en este momento, entonces hazlo en colores neutros. Amarillo, blanco...

— Okay, —sonríe ella.— Entonces... rosa.

Kurt sonríe con aire de suficiencia mientras Blaine se golpea la frente, optando por aceptar los abrazos de Burt y Carole en lugar de profundizar en su punto.— Si quieres mi abrazo, tendrás que venir, —llama Mike.— No confío en mí mismo como para ponerme de pie en este momento.

— Hey, —dice Blaine mientras va hacia él.— ¿Estás bien?

— Sí, sólo un poco tembloroso de la emoción, —dice con lágrimas en los ojos.— ¿Puedo preguntar? —baja la voz y se inclina un poco más cerca.

— El de Kurt, —dice Blaine con un asentimiento.— Y no es un secreto. Usaremos el esperma de Kurt.

— ¡Blaine! Por favor no uses esa palabra frente a mi papá, —se queja Kurt.

— ¿Esperma? —pregunta Burt con sorpresa.— Bueno, es una parte importante de la ecuación.

— Esperma y óvulos, mi amor, —dice Sara alegremente mientras se dirige a la cocina.— Esperma y óvulos.

— Oh Dios. Sabía que no deberíamos haberles dicho.

— De todas maneras, no hace ninguna diferencia cuál esperma usen, —dice Carole mientras abraza a Kurt más fuerte.— Este bebé será ciento por ciento Hummel-Anderson, y sin lugar a dudas, el prodigio musical mejor vestido que Chicago ha visto jamás.

— Por favor dejen de usar esa palabra, —gime Kurt.— Me da asco, y ahora todos ustedes saben lo que tengo que ir a hacer...

— Piensa en Jane Fonda, —dice Mike, luego recuerda a su audiencia.— Eso no será de ayuda. ¿Y qué tal aquel stripper de tu despedida de soltero? No él, —dice señalando a Blaine.— El otro.

— Mejor cállate, papá, —dice Blaine.— Y tú ya te habías ido de todos modos. ¿Cómo supiste de eso?

— Nosotros lo sabemos todo, —dice Burt con orgullo.

— Yo les dije, mi amor, —Sara canturrea feliz cuando regresa de la cocina con una bandeja de café.— Carole y yo nos enteramos de todo por Rachel.

— Yo podría sugerir un cambio de casa con Cooper en LA, —dice Kurt horrorizado a un Blaine completamente afectado, quien asiente.

— Uh-uh, no está permitido, —ríe Mike.— He engañado a la muerte dos veces por la promesa de este bebé, y estaré contando los días hasta que pueda tenerlo entre mis brazos.

. . .

Wes llora ante la noticia. Luego se pone nervioso cuando se ofrece a ayudarlos en cualquier cosa que necesiten, lo que hace a Blaine reír por horas. Rachel grita y grita hasta que Finn promete calmarla, y Joe inmediatamente empieza a hacer una lista de juguetes molestos que puede comprar. Santana es la más tranquila de todos, y continúa comiendo como si nada la lasaña que Blaine preparó mientras los escucha.

— ¿Entonces ahora qué pasa? —pregunta ella, recargándose en su silla y empujando su plato a un lado.— ¿Uno de ustedes se masturba en un bote, luego ellos inseminan a una pobre mujer con eso?

— Síp.

— ¡Blaine! —lo reprende Kurt.— No es así en absoluto. Usaremos una sustituta gestacional, entonces mi... ya sabes... estará... sí... y luego ellos... sí.

— Esperma, —explica Blaine, sirviéndose más vino.— Kurt no puede decir esa palabra por alguna razón. Su esperma será usado para crear embriones con los óvulos de una donante, y ellos los implantarán en una madre de alquiler.

— ¿No hay un riesgo mayor de gemelos o algo?

— En esas circunstancias, sí, —explica, entrecerrando los ojos cuando Santana ríe.— ¿Qué es tan gracioso?

— Sólo trato de imaginarlos con dos bebés. ¡Ja! Sí. Necesitaba una buena carcajada. Gracias por eso... ¿Entonces cuánto tiempo lleva todo esto?

— Bueno, porque Blaine es fabulosamente rico, podemos permitirnos las mejores clínicas, por lo que ya hemos hecho la uh... parte de la donación, —dice Kurt con un rubor.— Y los óvulos ya están dispuestos, sólo tenemos que encontrar una madre de alquiler y estamos listos para intentar.

Santana pasa el vino en su boca y deja la copa en la mesa.— Yo lo haré.

— Jaja, —ríe Blaine.— Sí, claro.

— Es en serio, —dice ella, fijando sus ojos oscuros en los de él.— Yo lo haré.

— Santana, dulzura, —dice Kurt palmeando tiernamente su mano.— La madre de alquiler es la que lleva al niño. Te estás confundiendo con la donante de óvulos.

— No me estoy confundiendo con nada, idiota, —estalla ella.— Sé exactamente cuál es el papel de la madre de alquiler, y me estoy ofreciendo a ser la suya, sin ningún pago requerido. Yo lo haré.

Dándose cuenta que ella no está bromeando, Blaine busca a tientas bajo la mesa, encontrando la mano temblorosa de Kurt y la sostiene con fuerza.— Oh Dios mío, es en serio, —dice él, aturdido.— Ella no está bromeando.

— ¿Por qué no estás bromeando? ¿Blaine? ¿Por qué ella no está bromeando? ¿Por qué querrías hacer eso por nosotros?

— Montones de razones, —dice ella tranquilamente con un encogimiento de hombros.— Pero déjenme empezar diciendo esto. He sabido que este día llegaría desde... bueno, desde que están juntos de verdad. Y siempre supe que me ofrecería. Lacy y yo habíamos estado saliendo por tres semanas cuando le dije de mis intenciones; ella sabe todo, y me apoya en mi decisión. He estado leyendo del tema desde que ustedes se casaron, preparándome, asegurándome de que sería capaz de hacer una oferta con la que estuviera cómoda, y de la que no me retractaría a mitad del camino. —Sonriendo, agacha la mirada y juega con el tallo de su copa de vino, momentáneamente abrumada mientras Blaine y Kurt esperan pacientemente.— Yo no quiero un hijo propio. Pero me parece una pena dejar que un vientre tan fabuloso como este se desperdicie, —bromea ligeramente.— Necesito dejar esto muy en claro. Sólo me estoy ofreciendo a ser un horno, es su pastelito. Sé que puedo hacerlo, y disfrutaría la oportunidad de tener ese lazo tan especial con su bebé. Pero no puedo ser la donante del óvulo. Pienso que de esta manera, puedo ser la fabulosa Tía Santana y su hijo crecerá sabiendo que yo lo di a luz porque ustedes no podían, y eso es genial. Y realmente espero poder ser parte de su vida. Pero no creo ser capaz de eso con un niño que sea genéticamente mío en un cincuenta porciento. Ustedes, chicos, son mi familia, —dice ella en voz baja.— Nunca podré agradecer lo suficiente por todo lo que hacen por mi, por la forma en que me incluyen con sus propias familias como si fuera uno de ellos, por la forma en que siempre están ahí para mi... Bueno, de hecho, los amo mucho más de lo que amo a mi propia familia, —dice ella con un dejo de tristeza.— Así que la oferta está aquí, si es que la quieren tomar. No me sentiré ofendida si dicen que no, creo que es una elección directa. Si me eligen, entonces verán cada paso del embarazo, pueden asistir a todas las citas, verme dar a luz... pero... espero... que también vean mucho por mi después de eso. Depende de si ustedes piensan que pueden manejarlo, o si prefieren tener una madre de alquiler que desaparezca de sus vidas en silencio inmediatamente después.

— Uh... —Blaine se aclara la garganta.— Gracias. Realmente no se qué decir, excepto que estoy admirado de tan increíble oferta. De hecho, estaba reflexionando sobre todo esto el otro día, y estuve pensando acerca de a quién tendría nuestro bebé como modelo femenino a seguir. Tendrá a Rachel y a Kathy, obviamente, y a Claire también, ahora que se mudan para acá. Pero tú... Tú eres a la que más quiero. Pienso que serás una tía asombrosa, y lo que sea que decidamos, por favor, sabe que queremos que tengas ese papel en la vida de nuestro hijo, ¿okay?

Santana asiente, con los ojos brillantes de lágrimas que por primera vez no intenta ocultar.— Sé que no siempre soy una linda persona, —dice ella en voz baja.— Pero los amo.

— Eres una linda persona, —dice Kurt con firmeza, caminando hacia su lado de la mesa y poniéndose en cuclillas frente a ella.— De verdad lo eres. Te amamos, nuestras familias te aman, y Lacy te ama.— Abrazándola más, mira sobre su hombro a Blaine, quien asiente imperceptiblemente.— Y sería un honor para ambos que fueras nuestra madre de alquiler.

. . .

Tres meses después.

— Eres como una jodida mamá gallina, Blaine, —estalla Santana cuando sale a zancadas del hospital.— Sólo déjame en paz.

— No puedo evitarlo, —dice Blaine mientras revolotea ansiosamente a su lado.— Siento que debería cargarte o algo, —dice, fulminado bajo su mirada.— O al menos mantenerte acostada.

— No se van a salir, —refunfuña, irrumpiendo en el estacionamiento.— O por lo menos, espero que algunos lo hagan en algún momento, porque estoy segura como el infierno que no voy a dar a luz a seis bebés.

— ¡Seis! —dice Kurt, palideciendo de alguna manera ante esa idea.— Es una barbaridad.

Después de mucho estado de agitación y preocupación por parte de Blaine, finalmente, y ante su insistencia, Santana es acomodada en el asiento de atrás con instrucciones de mantener sus piernas elevadas mientras él conduce.— ¿Entonces cuándo lo sabremos?

— Pueden hacerme el análisis en cuatro semanas, —dice ella, aburrida y esperando llegar a casa con Lacy.— Pero no será definitivo.

— Estaremos en Hawaii.

— Bueno, por supuesto, —dice Santana sarcásticamente.— Se los digo, una vez que todo esto haya terminado, me voy a ir de vacaciones a costa suya.

— Pensé que no querías pago, —dice Kurt regresándole el sarcasmo, volviéndose para enseñarle la lengua.

— Cállate, noviecita.

— Sigue diciéndome así y te llamaré mami adolescente.

— Kurt, mi amor, si Santana quiere vacaciones, puede tener vacaciones, —Blaine sonrie dulcemente.— Puede que todos necesitemos un descanso en nueve meses.

— Buen punto, —concede Kurt.

— Hey, Blaine, vamos, Tienes que recordar lo que dijo el doctor. Hay una posibilidad muy escasa de que ocurra la primera vez, ¿okay? No he estado en drogas desde hace mucho y...

— Lo sé, —asiente él, interrumpiéndola y no queriendo pensar en ello. Pero yace en los brazos de Kurt esa noche, con mariposas de emoción bailando en su estómago mientras deja que sus esperanzas se disparen y que sus sueños se construyan hasta que son casi las tres de la mañana y está tratando de dormir, pero su mente está llena de imágenes de bebés en carreolas, o de bebés siendo mecidos en cunas.

— A dormir, —murmura Kurt, haciéndolo saltar.

— Lo siento. Estoy intentándolo, pero simplemente no puedo.

— Lo sé, —dice Kurt, encontrando sus labios con los ojos todavia cerrados y besándolo ligeramente.— Pero no puedes permanecer despierto así cada noche de las próximas tres semanas. Cierra los ojos y trata de pensar en todas las formas en las que podremos tener sexo en Hawaii. Como si contaras ovejas, pero mucho mejor.

Ante la insistencia de Blaine, Santana está en el hospital, haciéndole una prueba de sangre un día antes de que vuelen a Hawaii. Van y vienen en la sala de espera llenos de nervios, y finalmente son llamados.— Bueno Sr. Hummel-Anderson... Tengo que decir que es muy pronto para una prueba de embarazo, —dice el doctor, haciendo a Blaine sentir como un travieso niño de escuela.— Pero su esposo dice que de otra manera, usted no será capaz de relajarse en sus vacaciones, lo que a su vez podría ser un obstáculo para su actuación en el próximo recital de Schubert, al que mi esposa y yo asistiremos. ¡Entonces! —continúa alegremente mientras Blaine mira a Kurt, quien sonríe con benevolencia.— No podemos permitir eso.

— Mire, doctor hacedor de bebés., —interrumpe Santana.— Corte el rollo, estos hombres están molestándome hasta la mierda, preguntándome si siento algo diferente, que si estoy comiendo bien, que si he vomitado... Y la respuesta es no. Así que sólo sáquelos de su miseria.

— Puede que no sienta nada diferente en este momento, Sra. López, —dice el doctor con una sonrisa.— Pero lo hará pronto. Un embrión se ha implantado exitosamente en su vientre. ¡Enhorabuena, caballeros! Van a ser papás.


(1) Love Never Dies es un musical con libreto y letras de Glenn Slater y música de Andrew Lloyd Webber. Es una secuela del musical de Andrew Lloyd Weber El fantasma de la ópera, basado en la obra original de Gaston Leroux, si bien Lloyd Weber ha manifestado que "No lo considero una secuela. Es una obra independiente"