Pasan todo el vuelo a Hawaii sonriendo estúpidamente el uno al otro, con Blaine haciendo ruidos de satisfacción, girándose para ver a través de la ventana antes de volver a mirar a Kurt una vez más.

— ¿Qué? —sonríe Kurt.

— ¿Qué?

— Tú sabes qué.

— Tú también sabes qué. —ríe Blaine, inclinándose para besar sus labios.— Bebé.

— Bebé Hummel-Anderson, —dice Kurt con una pequeña risa.

— ¿Cuándo querrás decirles a todos?

— Creo que todavía no, —dice Kurt, arrugando la nariz adorablemente.— Quiero decir, Santana obviamente sabe, porque es su cuerpo, y es de esperar que le haya dicho a Lacy, pero... aparte de eso, me gusta la idea de que sea nuestro secreto por un tiempo más, ¿está bien?

— Está completamente bien, —dice Blaine alegremente.— Siento lo mismo. Además de que el doctor hizo hincapié en que todavía es pronto. Odiaría anunciarlo y que luego algo saliera mal. Esperemos un poco.

— ¿Blaine?

— ¿Mmm?

— ¿Quieres saber? ¿Si es niño o niña?

— Nop, —dice, y luego mira ansioso a Kurt.— Quiero decir... si tú...

— No, —niega con la cabeza.— Será una niña.

— ¡Kurt! En serio, tienes que parar con eso, o de otra manera, si es niño, vas a estar muy decepcionado y no quiero que nada arruine esto para nosotros.

— No estaré decepcionado, —ríe Kurt.— Será un bebé. Un precioso bebito con diez hermosos deditos y otros diez hermosos deditos de los pies. Con una adorable pancita hecha para hacerle cosquillas, una naricita hecha para ser besada y...

— Alto, me estás haciendo llorar, —ríe Blaine, limpiándose los ojos.— Sólo... estemos de acuerdo en que sin importar el sexo, será el bebé mas hermoso del mundo, en toda la historia de los bebés.

— Con los padres más ardientes del mundo entero, —agrega Kurt.

— Naturalmente.

. . .

— Es una...

— ¡Cabaña! —Blaine termina por Kurt cuando caminan de la mano a lo largo del pasillo.— Sigue siendo una cabaña.

— Adoro este lugar, —Kurt suspira satisfecho.— ¡Oh! —Deteniéndose en seco, los ojos de Kurt se agrandan.

Blaine sigue su mirada pero sólo puede ver palmeras y cabañas, y mira de nuevo a Kurt, quien sigue todavía congelado.— ¿Qué es? ¿Qué pasa? —pregunta ansioso.— ¿Kurt?

— ¡Oh, Blaine! Oh... ooh... lágrimas, —dice abanicándose la cara.— Lágrimas. ¡Oh!

— ¿Me dirás qué pasa? —llora Blaine, con la voz llena de preocupación mientras observa a Kurt.

— La próxima vez que vengamos... —empieza Kurt lentamente mientras una sonrisa se forma en su cara.— Será con nuestro bebé.

Blaine lo mira paralizado por un momento, antes de dejar salir un pequeño chillido de felicidad.— Vacaciones familiares, —dice en voz baja.— Oh, Dios mío.

— ¡Blaine! —dice Kurt, agarrando su mano.— ¡Oh Dios mío! Uno de nosotros traerá las maletas, uno de nosotros... de hecho... yo... estaré sosteniendo al bebé. ¡Oh! ¡Podemos llevarlo a nadar con los delfines!

— Podemos, —sonríe Blaine, abrazando fuertemente a Kurt mientras sus lágrimas fluyen libremente.— Hey, —susurra besando su cabello.— Serás el mejor papi del mundo. ¿lo sabes?

— Uh-uh, —dice negando con la cabeza.— Quiero que tú seas papi. Yo seré papá.

— Tú... pero yo...

— Pero tú has esperado por esto mucho más tiempo que yo, para empezar, —dice él, acariciando tiernamente el lado de su cara.— Y tengo una idea muy romántica de verte con una nena que te mira y te llama papi. Tú me dejaste ser el... donante de esperma, —dice haciendo una mueca.— Es justo que tú tengas esto.

— Gracias, —susurra Blaine agradecido.— Eso significa todo.

— Extraño pensar que estas serán nuestras últimas vacaciones como pareja por... dieciocho años, —dice Kurt admirado.

— No lo serán, —ríe Blaine.— Estoy seguro que Rachel o Kathy morderán nuestros brazos para cuidar del bebé por unos días... y por supuesto, quedarse con los abuelos es casi obligatorio, creo. Podemos hacerlo.

— Cierto. Pero aún así, será mejor que hagamos de todo en este, —dice Kurt con una enorme sonrisa.— Montones de bebidas, mucho baile, toneladas de sexo...

— Suena bien para mi. ¡Hey! —grita cuando Kurt lo toma en brazos y deja las maletas abandonadas en el pasillo.— ¿Qué estás haciendo?

— Haciéndote de todo, —ríe mientras entran en la habitación y cierran la puerta.

. . .

— Creo que deberíamos cambiar de auto, —medita Blaine al siguiente día mientras descansan lado a lado en la playa.— Conseguir una de esas cosas 4x4. Son más seguras. De hecho, creo que deberíamos conseguir dos. No me gusta la idea de tener que llevar a nuestro bebé en transporte público. Todos esos gérmenes...

— Blaine, —suspira Kurt, rodando hasta estar boca abajo y levantando sus lentes para mirarlo.— Estamos de vacaciones. Por favor guarda silencio.

— Lo siento. —Se gira también, agachando la cabeza en tono de disculpa.

— No es que no quiera tener todas esas discusiones, porque sí quiero, definitivamente sí... Pero Santana tiene sólo cuatro semanas de embarazo. Tenemos treinta y seis semanas más para hablar de esos detalles. Es en serio lo que dije, sólo quiero disfrutar de este tiempo juntos.

— Tienes razón.

— Y tú también, —dice Kurt amablemente.— Acerca del auto, quiero decir. ¿Pero podemos discutirlo más cuando volvamos?

— Por supuesto.

— ¿Y ahora podemos ir a nadar y luego por unas bebidas?

— ¿Por bebidas? —dice Blaine sorprendido.— Apenas es medio día.

— Anda, —lo engatuza, moviéndose a la tumbona de Blaine, apretándose junto a él.— Vive un poco. En un par de años, estarás sentado aquí haciendo castillos de arena y pensando 'Demonios, desearía poder tomar cocteles para el almuerzo.'

— Tú ganas otra vez, —suspira Blaine con una sonrisa.— Como siempre.

. . .

— Estoy viejo, —gruñe Blaine esa tarde. Ambbos descansan en los extremos opuestos del sofá de su habitación, con las puertas del patio abiertas, y la cálida briza cubriéndolos mientras el océano choca gentilmente contra la orilla. Están todavía ligeramente ebrios por las bebidas, pero es un estado feliz y relajado, que tiene a Blaine descansando con los ojos cerrados y los brazos cruzados detrás de la cabeza.

— No estás viejo, —dice Kurt, mirándolo, y con los dedos de su pie izquierdo haciéndole cosquillas en un punto sensible por encima de la cadera izquierda de Blaine.

— Tengo casi cuarenta.

— Estás a tres meses de cumplir treinta y nueve.

— Viejo.

— Perfecto.

Se quedan en silencio por un momento, la suave pero firme presión de las manos de Kurt masajeando los pies de Blaine le dan la comodidad y tranquilidad que él necesita. Para Kurt nunca será viejo, pero siempre será perfecto.

— Han pasado un poco más de dos años desde la última vez que estuvimos aquí, —comenta Kurt distraídamente, deteniendo el masaje.

— Mmmm hmm.

— ¿Recuerdas todo el sexo que tuvimos?

— Apenas me he recuperado, —dice Blaine con ojos todavía cerrados pero sonriendo mientras habla.— Eso sí, creo que no lo estamos haciendo nada mal en este viaje...

— No tengo quejas por aquí. —Kurt hace una pausa, y Blaine lo siente moverse un poco antes de acomodarse de nuevo.— Recuerdo que en el taxi de camino a casa dijiste 'No dejamos piedra sin remover.'

— Mmm.

— Y yo te corregí.

— Lo hiciste.

— ¿Blaine?

— ¿Sí?

— ¿Te gustan las sorpresas?

— Supongo que depende del tipo de sorpresa, —medita Blaine.— Me gustó la sorpresa de cuando me propusiste matrimonio, sí. No me gustó la sorpresa de Cooper escondiendo una rana en el cajón de mis calcetines cuando tenía siete. Lloré por días.

— ¿Blaine?

— ¿Sí, Kurt?

— ¿De verdad no sabes a dónde va todo esto?

— ¿A dónde va?

— Abre los ojos, Blaine.

Poco a poco, adormilado, Blaine abre los ojos para encontrar a Kurt en el extremo opuesto del sofá, desnudo y acariciando su miembro rígido y duro, con ojos azules cargados de lujuria y centrados únicamente en su asombrado esposo.

— ¡Santa Madre de Dios!

— Mírame, —ordena Kurt suavemente, y Blaine asiente ansioso, con la boca todavía ligeramente abierta.

— ¿Puedo...?

—No, —dice Kurt con la voz ligeramente quebrada mientras tuerce su muñeca alrededor de la cabeza de su pene.— Sólo mira.

— Puedo hacer eso, —exhala.— Jesús, Kurt. Eres tan caliente. Te pones mejor y mejor a medida que creces. Mierda. —gruñe, acomodándose cuando siente su miembro endurecerse rápidamente, y se vuelve desesperado de tocarse.

— Tú también. —dice Kurt, dejando que su pie pasee lentamente por la parte interior de su muslo.— Sé que tú no lo ves, pero Dios... Me provocas cosas, Blaine. Los anteojos, las vetas grises en tu cabello, la manera en que trabajas duro para mantener tu cuerpo tan fuerte... tan... listo... para mí. Haces todo eso por mi, sólo por mí.

— Sí... Sí...

— ¿Cómo te hace sentir todo eso, Blaine? —pregunta Kurt, con voz grave mientras unta pre-semen alrededor de la cabeza.— ¿Saber que eres el único que alguna vez me ha tocado y me tocará? ¿El único que alguna vez me ha tomado y me tomará?

— Bien, —viene la respuesta un tanto estrangulada.— ¡Muy bien!

— Nadie más me verá así, —dice Kurt, alzando sus caderas para acariciarse sobre su agujero.— Sólo tú.

— Sólo... mierda... Kurt, déjame...

— Mírame, —ordena de nuevo.— Mírame venirme para ti, Blaine. Sólo para ti.

— Sí, Kurt... dedéate para mi... sigue...

Y Kurt lo complace feliz, mojando dos dedos en su boca antes de arrastrarlos de nuevo en su entrada, todavía abierta por sus actuvidades de la mañana, y empujándolos en su interior, gimiendo fuertemente y echando la cabeza hacia atrás.

— ¿Se siente bien, Kurt? —pregunta Blaine desesperado, ahora apoyado en sus manos.— Dime.

— Muy bien, —reconoce Kurt, retirando lentamente sus dedos casi todo el camino antes de empujarlos nuevamente hacia adentro.— Tan bien... Blaine... Pero no tan bien como tú...

— ¿No tan bien como mi miembro? —pregunta Blaine, obteniendo un gemido como respuesta mientras la otra mano de Kurt vuela sobre sí mismo.— Jesús... oh sí, Kurt... te ves tan caliente... tan caliente... Continúa, —dice, viendo que Kurt está cerca.— Déjate ir.

Kurt echa la cabeza hacia atrás y se viene, en gruesas lineas blancas que se derraman en su estómago y escurren por su miembro hasta la unión con sus muslos. Blaine está ahí en un instante, enterrando su cabeza en la entrepierna de Kurt, lamiendo su semen y gimiendo feliz. Frota una mano desesperadamente sobre el bulto en sus shorts, y cuando su lengua se mueve para limpiar el estómago de Kurt, mete la mano y termina, viniéndose duro y en silencio, con la cara manchada de blanco, y esos enormes ojos color ámbar fijos en su esposo, quien lo mira lleno de encanto y admiración.

— Huuuuuhhh, —gruñe Blaine, colapsando en el pecho de Kurt.

— ¿Fue todo lo que esperabas que sería? —pregunta Kurt, jugando cariñosamente con su cabello.

— Fue... Oh Dios mío. Lo más caliente que he visto jamás. Siempre supe que así sería. Si mi cerebro no se hubiera precipitado hacia el sur, habría tenido la sensatez de filmarlo. Dios.

— No filmarás nada, —dice Kurt remilgadamente.— Lo haré de nuevo en algún momento, sólo eso.

Ríen juntos, luego los brazos de Kurt reafirman su abrazo.— No te vayas todavía, —murmura.

— ¿No? ¿No quieres limpiarte?

— Todavía no. Sólo déjame abrazarte por un momento. La cosa más grande que va a cambiar al tener a nuestro bebé, es la cantidad de tiempo que tendremos para cosas como estas... Así que no. Nada de limpiarse por el momento. Sólo mimos.

El romance se vuelve el tema de sus vacaciones una vez más, con largos y perezosos días en los brazos del otro, compartiendo dulces e íntimos besos. Se toman todo el tiempo que necesitan para hacerse el amor, trayendo como resultado, el volver a casa exhaustos pero delirantemente felices. Blaine saca su teléfono en el segundo mismo en que aterrizan para mandarle a Santana un mensaje de texto.

¿Cómo estás? ¿Cómo está el bebé? y lo más importante, ¿hay alguien hospitalizado?

Tu papá está bien, si es por lo que estás entrando en pánico. Respecto a mí... Me duelen los senos. Pero de verdad me duelen. Y ni siquiera estoy sintiendo ninguna rabia. El bebé está bien hasta donde yo sé -no habla demasiado.

¿Puedo ir a verte mañana? Kurt y Anna van a tener que ir a buscar algunos posibles locales dado que vamos a necesitar esa segunda habitación de vuelta :D

Puedes llevarme a almorzar. Al medio día.

Pero cuando Blaine llega al siguiente día, es recibido con una preocupada Lacy en la puerta.— Está volviendo el estómago, —dice ella entrando en pánico.— Ha estado así desde que despertó. Me preocupa que haya cogido algún virus.

Blaine se precipita a la habitación donde encuentra a Santana mirándolo ferozmente.— Te odio, y odio el esperma de tu esposo, —estalla.

— No ha cogido nada, —explica Blaine pacientemente a Lacy.— Tiene náuseas matutinas, eso es todo. El libro dice que normalmente se quitan para el final del primer trimestre.

— ¡Faltan siete malditas semanas para eso! —grita Santana.— No he comido en toda la mañana. ¡Estoy hambrienta! Confío en que tendrán un niño muy molesto. Típico.

— No es el bebé, son tus hormonas, —dice él dulcemente, tomando su mano.— Ya sabes, el libro dice...

— ¡A la mierda con el libro! Lacy tiene que ir a trabajar. Y tú me llevarás a almorzar.

— Realmente no creo que sea una buena idea, —dice Blaine con cautela.— Las náuseas matutinas pueden durar todo el día. Tal vez sea mejor si te preparo pan tostado.

— Tal vez sea mejor que conserves esas bolas que Kurt parece valorar demasiado, —gruñe ella.— Llévame a almorzar.

Claramente, las nauseas se van, por lo que Santana logra un enorme almuerzo y se despeja considerablemente con comida en su interior. Pasan la tarde caminando por el parque, deteniéndose para tomar café con vistas al Lago Míchigan.

— Kurt quiere llevarte a comprar ropa de maternidad, —dice Blaine, deslizando un café hacia ella.

— No tiene que hacer eso. Yo puedo comprarme algo.

— Puedes, pero no lo harás. Déjanos a Kurt y a mi, por favor.

— Ugh. Bueno, si Kurt va a poner todo... en ello, supongo que entonces será mejor que lo complazca, —dice ella con una pequeña sonrisa.— ¿Me trajiste descafeinado?

— Por supuesto.

— Bien. Entonces... ¿Cuándo quieren decirle a todo el mundo?

— Bueno, estapa preguntándome si vendrías a Ohio con nosotros para el cumpleaños de los gemelos. Tendrías diez semanas, y de acuerdo con el libro...

— ¿Duermes con el libro?

— Duermo con Kurt.

— ¿El libro es Kurt? —bromea.— ¿O es que Kurt se devoró el libro, y te recita pasajes durante el sexo?

— Eres imposible, —ríe Blaine a pesar suyo.— Mira, todo el mundo sabe que estamos intentando tener un bebé, pero nadie sabe nuestra elección de madre sustituta. ¿Entonces vendrás a casa con nosotros para que podamos decirle a todo el mundo, por favor?

— ¿Estará Berry ahí, para que pueda ver la expresión en su cara?

— Ella es una Hudson ahora.

— Lo que sea. ¿Estará ahí?

— Sí.

— Entoces sí voy.

. . .

— Te apuesto cincuenta dólares a que nuestros papás llorarán, —dice Kurt mientras Blaine los lleva de vuelta a Ohio

— Nop, no voy a apostar, porque sabes que lo harán, —ríe Blaine.— Cincuenta dólares a que Rachel grita.

— ¡De ninguna manera!

—Tengo que hacer pis, —dice Santana desde el asiento de atrás.

— ¿Otra vez? Nos detuvimos hace veinte minutos. —suspira Kurt.

— No me importa, tengo que hacer pis.

Blaine se da cuenta que Kurt resopla y se estira para tomar su mano.— Está bien, —dice Blaine apretándo su mano gentilmente.— Es normal ir demasiado a orinar durante el primero y el último trimestre. El libro dice...

— Blaine Hummel-Anderson, ¡si no dejas de citar ese libro, lo voy a meter tan profundo en tu garganta, que nunca podrás volver a hablar! —grita Kurt exasperado y caen en un profunco silencio hasta que Santana vuelve a hablar.

— Cincuenta dólares a que Kurt pierde 'accidentalmente' ese libro.

— Lo siento, —dice Blaine en voz baja, una vez que se estacionan y Santana está cómodamente instalada en los sanitarios.— Es que... No sé. Estoy demasiado ansioso, supongo.

— Amor, lo sé, —dice Kurt tiernamente, jugando con los rizos de su nuca.— Y siento haber estallado. Pero por favor, trata de no preocuparte. El bebé se está desarrollado bien, y Santana parece bastante saludable, a excepción de las nauseas matutinas en las que vomita fuera de toda proporción.

Blaine mira a Kurt con ojos llenos de lágrimas.— ¿Qué tal si soy un mal padre? —susurra aterrado.— ¿Qué tal si el bebé llega y no sé ni cómo sostenerlo, o cómo hacer que deje de llorar? ¿Qué tal si no puedo bañarlo propiamente, o alimentarlo de la manera correcta? ¿Qué tal si no le agrado?

— Oh, Blaine, —suspira Kurt, atrayéndolo a sus brazos lo mejor que puede.— Ninguna cantidad de lectura te preparará para la realidad de tener de verdad a un bebé entre tus brazos. Y ninguno de los dos tenemos algún tipo de experiencia en esa área. Pero sí sé esto. Millones de personas han hecho lo que nosotros estamos a punto de hacer, y se las han arreglado exitosamente para críar a un bebé y convertirlo en un adulto equilibrado. No hay nada que sugiera que no podremos hacer eso mismo. Y ya veremos qué hacer juntos, ¿okay? Y en cuanto a que no le agrades al bebé... Nadie se puede resistir a esos hermosos ojos, a esa sonrisa encantadora y a esas elegantes pajaritas, —bromea tiernamente.— Blaine... sólo sé tú. Porque eres adorable y amarás a nuestro bebé, y eso será suficiente.

— Terminé, —anuncia Santana, subiendo nuevamente al auto.— ¿Interrumpí algo?

— No, —dice Blaine mirando a Kurt y sonriendo suavemente.— Kurt estaba recordándome exactamente por qué me casé con él. Te amo, —dice, inclinándose para besarlo tiernamente.

Kurt suspira feliz, dejando que sus parpados se cierren mientras sus labios permanecen unidos.— Yo también te amo, —suspira, y por una vez, Santana está en silencio.

La noticia es recibida cómo lo habían esperado. Todos los padres lloran, Finn y Cooper gritan, Rachel grita y Wes se enjuga las lágrimas con frenesí. Sebastian es la sorpresa más grande, completamente abrumado, balbuceando acerca de lo feliz que está y diciéndole a Blaine que no puede esperar para conocer a la nueva adición.

— ¿Entonces encontraron a la madre sustituta? —pregunta Mike, todavía sosteniendo la mano de Blaine fuertemente, demasiado emocionado como para dejarlo ir.

— Lo hicimos, —asiente Blaine.— O mejor dicho, la madre sustituta nos encontró. Santana está llevando a nuestro bebé.

Hay un claro momento de silencio en el que todos se miran unos a otros, pero entonces Burt se encoge de hombros.— Correcto. Bien. Supongo que tiene sentido. Santana. Es increíblemente amable de tu parte.

— Gracias, Burt.

— ¡Oh, Santana, mi amor! —Sara dice.— ¿Estás lo suficientemente cómoda en esa silla? Michael, Blaine, muévanse y déjenle a Santana el sofá para ella sola.

— ¡De ninguna manera! —Ríe Blaine,— No va a romperse.

— Me agradabas más con el libro, —lo mira ferozmente.

Rachel se levanta.— ¿Santana?

— Berry. —Todo el rostro de Santana se ilumina, lista para aceptar la furia, pero Rachel le sonríe en su lugar.

— Gracias. De ninguna manera me habría podido ofrecer para hacer algo como eso de forma tan desinteresada... y estoy admirada. Gracias por darles a Blaine y a Kurt tan maravilloso regalo.

— ¿Eso es todo? —pregunta Santana decepcionada.— ¿Es todo lo que tienes que decir? Estaba esperando a la Banshee en potencia. Estoy molesta.

— Okay, okay... bueno... seamos felices de que todo el mundo esté tan... feliz, —interrumpe Wes mientras Finn inteligentemente lleva a Rachel al otro lado de la habitación.— ¿Entonces... amigo, la fecha?

— Cinco de Marzo, —dice Kurt con una sonrisa.

— Un bebé de primavera, —dice Sara mientras besa su mejilla.— Nuevos comienzos.

A medida que pasa el tiempo, Santana demuestra ser la madre sustituta perfecta. Asiste a cada cita con Kurt y Blaine, se mantiene en forma y saludable, y una vez que las nauseas matutinas desaparecen, todo se vuelve mucho más feliz. Los tres deciden asistir a un consejero para que los ayude a prepararse, con Santana recibiendo ayuda para desprenderse emocionalmente del bebé que está llevando, y aprendiendo a emocionarse por Kurt y Blaine, y les da a todos la oportunidad de expresar sus pensamientos, esperanzas, miedos y recelos en un ambiente seguro. Les ayuda enormemente, trayendo como resultado que con la llegada de la Navidad, los tres están emocionados acerca de su futuro.

— Les traje un regalo, —anuncia Santana en la víspera de Navidad. Tiene veintinueve semanas de embarazo, con un firme y redondo bulto al que le gusta destacar con ceñidos tops de maternidad. Para deleite de Kurt, ella luce chic sin ningún esfuerzo durante el embarazo, y frecuentemente es detenida en la calle por personas que le piden permiso de tocar su pancita. Por supuesto, ella les grita, y obtiene enorme palcer en las expresiones de la gente cuando les dice que no es suyo, pero aún así, cuando está en silencio, se ve maravillosa.

— Creo que ya nos has dado el mejor regalo, —dice Blaine, viniendo por el pasillo con una brocha de pintura en la mano.

— ¿Están decorando?

— Sí. ¿Te quedarás en nuestro apartamento otra vez?

— Sí. ¿La habitación del bebé?

El rostro de Blaine se vuelve una enorme y tonta sonrisa.— Sí.

— ¿Puedo mirar?

— Claro. No está terminada, pero... —Dirigiéndola por el pasillo, se detiene afuera de la puerta de la segunda habitación y la abre para revelar a Kurt, con latas de pintura de diferentes colores por todos lados, pintando diligentemente un mural en la pared.— Ese es el lado de Kurt, —explica Blaine mientras Kurt la saluda.— No tengo permiso de estar ahí. Tengo que pintar las otras paredes.

— Has pintado un enorme arco iris, —Santana le dice a Kurt como si no lo hubiera notado.— Hablando de orgullo gay.

— Es una escena de un bosque de fatasía, —refunfuña, y Santana nota todos los animalitos bajo el arco iris. Zorros, tejones, ratones y conejos sentados junto a un unicornio, y hadas sentadas en setas.

— Huh. Es... hermoso, —dice ella con sorpresa.— Como, realmente impresionante.

— Y mira lo que hice, —dice Blaine orgulloso.— Escucha. —Va a la cuna de madera que por el momento permanece al centro de la habitación, y sacude el móvil. El sonido de la música de piano llena el ambiente -no el usual retintineo de campanas, sino verdadera música de piano, en una tierna y suave canción de cuna.

— Dios. Podría quedarme dormida con eso, —suspira Santana.— No porque sea aburrida, —agrega apresuradamente.— Sino porque es muy relajante.— ¿Dónde lo encontraste?

— Yo lo hice, —dice Blaine orgulloso.— Soy yo tocando. Compré el móvil, lo desarmé y cambié la música.

— Me encanta, —sonríe Santana.

— ¿Te gustaría...? Yo... la tengo en un CD... si quisieras podrías tener una copia y reroducirla...

— Sí, por favor, —dice rápidamente.— Me ayudaría a dormir, y tu bebé nacerá conociendo la tonada. Perfecto. La habitación luce increíble, chicos. Este va a ser un bebé muy afortunado. Oh, pero ahora mi regalo parece realmente muy pobre.

— ¿Regalo? —dice Kurt, dejando su brocha de pintura.— ¿Qué regalo?

— Bueno, en realidad es para el bebé, —explica Santana, sonrojándose ligeramente.— Yo uh... los veré todo el tiempo, pero quiero que el bebé tenga algo mío... para... para... no lo sé, —dice avergonzada.— ¿Para conectarnos de alguna manera? ¿Tengo sentido?

— Perfecto sentido, —dice Blaine mientras la abraza.

Le entrega la bolsa y él mete la mano para sacar al oso de peluche más brillante y más naranja que ha visto nunca.— ¡Wow! —dice Kurt con una risa de sorpresa.— Es... es... naranja.

— Lo sé, —sonríe ella.— Ustedes son todo colores pastel, amarillo, verde, blanco... así que pensé en agregar un toque de color. ¿Les gusta?

— Es uh... es ciertamente diferente, —dice Blaine cortésmente mientras acomoda al oso en la cuna.— Se destaca.

— Tu regalo no pasará desapercibido, velo de esa manera, —dice Kurt besando su mejilla.— ¿Está despierto el bebé?

— Si dig que sí, significará que tendré que sentarme con sus cabezas en mi regazo por la siguente hora, así que voy a mentir y decir que no.

— ¿Por favor? —suplica Kurt, con ojos enormes.

— Adelante, —suspira Santana.— Pero sólo media hora. Tendrán todo el día de mañana.

— No lo tendremos, —dice Blaine mientras se dirigen a la sala de estar.— Mi mamá te monopolizará. Okay. ¿Kurt? ¿Qué vamos a cantar?

— Ustedes son literalmente, las únicas personas en todo el mundo a las que les dejaré hacer esto, —resopla Santana mientras se sienta en el sofá y se levanta el top para exponer su estómago.— Aquí. —Tomando la mano de Kurt, la acomoda en la parte superior de su panza.— Di hola.

— Hola, bebé, —arrulla Kurt, con su rostro iluminado mientras se acurruca y se atreve a besar la piel de Santana. Sin embargo, ella no ofrece objeción -¿cómo podría cuando el bebé patea fuertemente ante el sonido de la voz de sus papás?

— Creo que te conoce, —sonríe ella.

— ¿Qué hay de mi?

—Tranquilízate, Blaine. Tomarás tu turno. Aquí, al otro lado. —Acomoda su mano abajo, empujandola.— Esa es la cabeza, ahí. ¿La sientes?

— Sí, —suspira, admirado como siempre.— Hola, pequeñito. Es la víspera de Navidad, —le dice, olvidándose completamente de la presencia de Santana y tomando la mano de Kurt.— Y tu papá y yo tendremos lista tu habitación, para que esta noche, Santa pueda venir. Aunque todavía no estás aquí, él te va a traer algunos regalos listos para cuando llegues. ¿Y sabes qué? Esta Navidad será perfecta, porque las Navidades con tu papá siempre lo son, pero la próxima Navidad será la mejor de todas, porque estarás sentado en mi rodilla, destrozando una envoltura de colores brillantes, y sin lugar a dudas, estarás más interesado en la caja que en el regalo... pero estarás aquí. Nuestro pequeñito. Y... oh, mira... me he hecho llorar.

— Y a mi, —dic Kurt en voz baja a través de una cascada de lágrimas.— Oh, Blaine. No puedo esperar.

Santana está acostumbrada a estas visitas. Usualmente permanece en completo silencio y los deja arrullar al bebé sobre su estómago hasta que ya no puede soportar tanta dulzura, y anuncia que es su momento de irse. Pero hoy encuentra sus manos jugando con el cabello de Blaine y Kurt con lágrimas rodando por sus mejillas.— Estoy tan feliz de poder hacer esto para ustedes, —dice ella en voz baja.— Se lo merecen más que nadie que conozca.

Kurt besa su estómago una vez más antes de descansar su mejilla ahí, feliz de sentir una pequeña patadita en su rostro.— Sabes que estás atada de por vida a nosotros, ¿verdad? Porque te vamos a amar para siempre.

—Cállate, —sonríe ella, limpiándose sus húmedas mejillas.— Ya estoy lo suficientemente hormonal. Dime que estoy gorda o que estoy fea o algo para que pueda patearte.

— No lo eres. Eres una hermosa... unidad de almacenamiento, —dice Kurt, haciéndolos a todos reír a carcajadas.— ¿Podemos cantar?

— Normalmente lo hacen, —dice ella rodando los ojos.

— ¿Por qué no cantas con nosotros? —pregunta Blaine.— El bebé escucha tu voz más que otra cosa. Cantemos algunos villancicos.

— Estoy entre los jodidos Walton's (1) —murmura, pero cuando Blaine empieza a cantar Noche de Paz, Santana pronto se une.


(1) The Waltons (1972-1981) fue una serie de televisión estadounidense creada por Earl Hamner Jr. La trama se centraba en la vida de una familia del estado de Virginia (Estados Unidos) mientras intentaban salir adelante durante los tiempos de la Gran Depresión y Segunda Guerra Mundial.