— ¡He tejido! —Sara dice alegremente el día de Navidad cuando le tiende un enorme paquete a Blaine, pero lo piensa mejor y se lo entrega a Kurt en su lugar. Él ríe y se mueve a sentarse en el suelo con su esposo, y juntos desenvuelven el paquete para encontrar mantas, sombreros y chambritas en color blanco, amarillo pálido, crema... y rosa. Montones y montones de rosa.

— ¡Mamá!

— Moléstate conmigo todo lo que quieras, mi amor, —le dice a Blaine levantando las manos.— Pero ese bebé va a ser niña. Estoy con Kurt en esto.

— Kurt no necesita ningún estímulo, —dice Blaine.— ¡Ha estado diciendo que tendremos una niña durante los últimos cinco años!

— Blaine... ¿estás teniendo estereotipos de género? —pregunta Kurt.— ¿Quién dice que un niño no puede usar rosa? —dice él, tirando de su pajarita rosada,— creo que luce bastante atractivo.

— Yo... pero... es... es... ¡No! Los chicos pueden usar rosa, por supuesto que pueden. Pero todos los bebés lucen iguales. La gente ve un bebé con una chambrita y un sombrero rosa y asumen que es una niña, ¡siempre lo hacen!

Blaine sigue a su mamá a la cocina donde continúa preparando el almuerzo para que esté listo para la inminente llegada de Burt y Carole.— Mamá... no me malinterpretes, adoro la ropita, y te agradezco que hayas pasado tanto tiempo haciéndola, pero si tenemos un niño, no lo voy a vestir con chambritas rosas.

— Oh mi amor, no te preocupes por eso, —dice ella, besando su mejilla.— El bebé será niña, y también sé como la van a llamar.

— ¡Claro que no! —ríe Blaine.— Porque Kurt y yo nunca hemos discutido nombres.

— La llamarán Elizabeth.

— ¿Cómo...?

— Porque Kurt sabe cómo salirse con la suya, —sonríe ella.— No es que vaya a haber alguna especie de contienda entre ustedes acerca de esto, por supuesto. No. Estarán felices. Es por eso que él siempre consigue lo que quiere -porque es lo que tú también quieres. Me gusta eso de ustedes dos. No es que cedas a sus demandas, es que están hechos el uno para el otro. Siempre estarás seguro con Kurt.

— ¿Qué tiene que ver la seguridad con todo esto?

— Porque como padre, Blaine, quieres dos cosas para tu hijo. Felicidad y seguridad. Kurt te ofrece ambas, así que nunca tendré de qué preocuparme. ¡Bravo por Kurt! Lo digo.

— Oh, mamá, —ríe Blaine.— Te amo.

. . .

— ¿Estamos bien? —pregunta Kurt más tarde esa noche. Como de costumbre, se han escapado del alboroto de la fiesta, retirándose a la habitación de la infancia de Blaine para estar solos.

— Por supuesto que lo estamos, —ríe Blaine.— ¿Por qué no lo estaríamos?

— Por la ropita del bebé...

— Es hermosa.

— Y escuché a tu mamá hablando de nombres...

— Ah. Sí. —Blaine comienza a desvestirse para dormir, agradecido de la distracción que eso le brinda cuando siente los ojos de Kurt en él.

— No tenemos que hacerlo, ¿sabes? —dice Kurt después de un momento.

— ¿No tememos que hacer qué?

— Llamar al bebé Elizabeth. Sé que mencioné algo en nuestra noche de bodas, pero no era completamente en serio.

— Bueno, parecía como si fuera algo que ya habías pensado.

— Sin embargo, de eso se trata, —dice Kurt, recogiendo automáticamente la ropa que Blaine ha descartado para doblarla cuidadosamente.— Pensé en eso. Yo. No nosotros. Fue sólo una idea que tuve desde que tenía como... no lo sé... nueve o algo así. Y se quedó ahí. Pero este es nuestro bebé, no mío. Y si soy brutalmente honesto... nada en contra de mi mamá en absoluto, pero de todos modos, no estoy muy conforme con Elizabeth como primer nombre.

— Es tu segundo nombre, —señala Blaine mientras permanece ahí en ropa interior.

— Lo sé, y es completamente fabuloso porque es diferente y único, pero como primer nombre de una niña...

— Te escucho, pero creo que sería lindo que reconociéramos a tu mamá en el nombre, de alguna manera. ¿Cuál era su segundo nombre?

— Margaret.

— Oh. —Blaine hace una pausa, sonriendo ante la mirada que le da Kurt. Piensa en ello mientras usa el baño, y sale con un cepillo de dientes en su boca.— ¿Qué pienfaf de Beff?

— Lo siento, ¿qué?

— Beth, —Dice después de escupir. Regresa a la habitación, triunfante.— Si es una niña podríamos llamarla Beth. Me gusta.

— Uh... no.

— ¿Por qué no?

— Porque seguimos viendo a Quinn y a Puck de manera ocasional, y no quiero restregárselos en la cara, por eso.

— Oh. Sí. Me había olvidado de eso. Okay. Bueno... pensaremos en algo.

— ¿Qué hay de los nombres de niño? —pregunta Kurt poniéndose su pijama.— ¿Alguna idea?

— Hmm... tengo algunas, ¿y tú?

— ¿Adam? —dice como si nada, esquivando de manera experta el cojín que Blaine le avienta.— Okay... Pongámonos serios, ¿cuál es el segundo nombre de Wes?

— Winston.

— ¿De verdad? —pregunta Kurt mientras se desliza al lado de su marido.— ¿Lo llamaron Wesley Winston?

— No, —ríe Blaine.— Es James.

— Si yo fuera sus padres, habría...

— Pero no lo eres, —señala Blaine.

— No. Pero me gusta James.

Blaine abre la boca para contestar, pero son interrumpidos por un golpe en la puerta.— ¿Están desnudos? —grita su papá.

— No, —ríe Kurt.— Ahora somos un viejo matrimonio. Estamos sentados en la cama, usando pijamas y platicando. Entra.

— Va a ser inapropiado, ¿lo sabes? —Blaine le pregunta en voz baja mientras Mike entra y se acomoda al final de la cama.

— Me gusta la salvaescalera, —dice para sí mismo.— Hace la vida mucho más fácil. ¡Bueno! Hola, chicos.

— Hola, papá, —suspira Blaine.— ¿Qué necesitas?

— Sólo quería d-d-d... —se interrumpe, sacudiendo la cabeza con frustración mientras Blaine mira a Kurt preocupado.— D-d-d... ¿La...? Porque... no... eso tampoco es.

— ¿Papá? ¿Estás bien? Tus palabras... —Pero Kurt lo hace callar con un breve toque de su mano, recordando lo que había dicho la terapista respecto a no alarmarlo si ocurría una recaída.

— ¿Mike? ¿Querías ver si estábamos desnudos? —bromea Kurt.— Tendemos a esperar a que esten dormidos... por esta justa razón.

Su broma funciona, y Mike ríe y eso lo relaja.— ¡No! Oh... Ya r-r-recuerdo... Sólo quería disculparme por tu mamá antes. Está muy emocionada, es todo. No quería que pensaras mal de ella, Kurt.

— No lo haría, —lo tranquiliza rápidamente.— Todos estamos emocionados. Y honestamente, está bien.

— A-a-algunas veces, —deja escapar, suspirando pesadamente.— Algunas veces ella no escucha. Sigo diciéndole que puede que tengan un niño. B...laine, ¿recuerdas cuando ella le dijo a todo el mundo que Cooper iba a ser doctor?

— Sí, —ríe Blaine, recordando.— Incluso cuando Cooper había aplicado para estudiar actuación. Ella todavía estaba convencida.

— Bueno, creo que ella tiene razón en este caso, —dice Kurt, sonriéndoles a ambos.— Realmente creo que vamos a tener una niña.

— Bueno... es cincuenta cincuenta supongo, —dice Mike.— Pero ella seguirá insistiendo en comprar rosa. Se su... supone que no debería decirles esto, pero el closet de la habitación de invitados está lleno de vestiditos, una muñeca, un oso de felpa rosa...

— Oh Dios, —se queja Blaine.— Nuestro hijo va a tener un verdadero complejo.

— La amo tanto, —dice Mike de pronto, lo que hace a Blaine dejar de hablar.— Sé que no estoy muy bien... pero... pero... estoy muy emocionado por este bebé, sólo quiero que lo sepan. Y aquí estaré, lo estaré. Se los prometo.

— Lo sabemos, papá, —dice Blaine tomando su mano.

— Sí... sí, —dice Mike distraídamente palmeando la mano de Blaine.— Bien... buenas noches, supongo. Buenas noches para mi, de cualquier manera, dado que tengo la intención de dormir realmente. —Riéndose a carcajadas de su propia broma, se levanta, apoyándose pesadamente en su andadera, moviéndose hacia el lado de la cama de Kurt.— Buenas noches, hijo, duerme bien, —dice, deteniéndose para besar su frente ligeramente.— Y tú, —dice, alcanzando el lado de Blaine,— acurrúcate ahora y apaga la luz.

— Buenas noches, papá, —dice Blaine apagando la luz de la lámpara de manera que sólo la luz del rellano brilla en la habitación.— Te amo.

— Yo también. A los dos.

— Entonces, —dice Kurt en el silencio una vez que la puerta está cerrada.— ¿James Michael?

— Sí, por favor, —susurra Blaine, y Kurt lo abraza mientras llora.

. . .

— Bueno, ha tenido un pequeño derrame cerebral, —Sara Anderson suspira en el telefono hacia Blaine en la víspera de Año Nuevo.— Lo más probable es que ocurriera aquella noche que fue a su habitación. Para empezar, dijiste que parecía no saber qué estaba haciendo ahí, estaba diciendo cosas sin sentido, y su discurso era titubeante. Fue sólo uno leve, —continúa ella con forzada alegría.— Y ahora está mucho mejor. No te preocupes, mi amor. Disfruta de tu fiesta, es la última que tendrás por un tiempo.

— Cierto, —dice Blaine malhumorado mientras observa todas las botellas de champaña alineadas y listas para el evento de esa noche.— Oh, mamá. Yo... No. ¿Sabes qué? No importa.

— ¿Estás seguro?

— Sí. Sí, no era nada. En serio. Um... ¿Estás libre mañana? Hablé con Burt más temprano y me sugirió que podría traerlos a todos para almorzar.

— Oh, mi amor, no tienes que hacer eso. Estuviste aquí apenas hace una semana.

— Lo sé, pero quiero hacerlo, —dice él, añadiendo en silencio que siente que puede necesitarlo.— Tal vez el bebé pueda patear a papá otra vez. Sé que eso le hizo toda la temporada navideña.

— Fue divertido, —ríe Sara.— Derramó su cerveza por toda su camisa festiva. Nos encantaría.

— ¿No será mucho para papá?

— Para nada. Te lo dije, está mucho mejor.

Todo está arreglado para cuando Kurt llega irrumpiendo a través de la puerta, con nieve en su cabello y las mejillas rojas de frío. Está ansioso de decirle a Blaine todo acerca de su día de trabajo, pero primero pregunta por Mike, sintiendo que Blaine necesitará y querrá hablar, lo que hace, explicándole a Kurt todo acerca de la inminente visita.

— ¿Está bien? —pregunta ansioso.— Sé que sólo tenemos mañana para estar juntos, pero si no lo veo ahora, no sé cuándo será. Estoy en concierto toda la siguiente semana, luego estaré en Boston por una semana...

— Blaine, está bien. Absolutamente bien. De verdad.

— Me preocupa que si no hago el esfuerzo, entonces puede que no...

— Él estará aquí por el bebé, —Kurt trata de tranquilizarlo, pero su corazón no está en ello, y Blaine puede notarlo.

— No estoy completamente seguro de ello. Desearía que Cooper se apresurara y se mudara para acá. Me sentiría más feliz sabiendo que está cerca.

— ¿Tiene ya una fecha?

— Está viendo si para mediados de Febrero, —suspira Blaine.— De cualquier manera, supongo que mejor le aviso a Maddie que nos visitarán mañana. Ella querrá ver a su abuelo.

— Lo que me recuerda, —dice Kurt, tratando de aligerar un poco la atmósfera— No seas muy duro con ella si toma un par de bebidas, ¿está bien?

— ¡No! ¡No está bien! Ella tiene apenas dieciocho. Y terminará yendo a casa con Joe o algo así?

— Okay. Blaine, escúchame. Maddie es una mujer adulta. Nuestra sobrina, sí, pero ya tiene edad suficiente. Odio tener que decírtelo pero, creo que apenas se ha quedado en su dormitorio desde que Joe tiene su propio apartamento. Y respecto a la bebida, por favor recuerda el Año Nuevo que tuvimos cuando yo tenía diecisiete y nos pusimos terriblemente borrachos en tu casa y tuvimos sexo en el piso, que te dejó incapacitado para sentarte durante dos días. Maddie es al menos, más sensible de lo que nosotros fuimos esa noche. Ella no va a deshonrarse a sí misma, y créeme, Joe la va a cuidar.

— Odio la vida, —gruñe Blaine mientras avanza lentamente hacia el dormitorio.

— Claro que no, —ríe Kurt, siguiéndolo por el pasillo.— Amas la vida, amas a la gente en ella, amas a la gente que está por llegar a ella, y amas las oportunidades que eso te brinda. Ahora, alistémonos para la fiesta.

Blaine realmente no entra en el espíritu de la fiesta. Para ser justos, sus reuniones de Año Nuevo se han vuelto más relajadas con los años, siendo más un grupo de amigos reunidos para compartir comida y bebida mientras anuncian la llegada del Año Nuevo juntos, en lugar de los ruidosos y estridentes borrachos que solían ser. Aún así, Blaine se escapa a sentarse en el balcón por un momento, mirando hacia la noche y preguntándose lo que los meses le traerán.

— Está helando aquí afuera, —dice Sebastian cuando se sienta junto a él y envuelve una manta sobre sus hombros.— ¿Quieres a Kurt?

—No, —dice Blaine ligeramente.— Se está divirtiendo. Y está bien, —agrega rápidamente.

— Va a ser un año interesante, ¿no es así? —pregunta Sebastian.

— Sí, —dice Blaine pesadamente.— Y no creo que todo vaya a ser bueno.

— Raramente lo es, —dice Sebastian pensativo.—No creo que mucha gente pueda decir que han tenido doce meses perfectos. Sé que este año ha sido bueno para ti y para Kurt, pero todavía tienen momentos que no han sido geniales. No hay duda de que han tenido sus discusiones, o malos días en el trabajo...

— Buen punto, —concede Blaine.

— Ya sabes, Blaine... Yo no daría a tu papá por perdido todavia. Es un hombre fuerte.

— Lo sé. Pero... está envejeciendo.

— Todos lo estamos, —señala Sebastian.— Este nuevo año nos verá a ti y a mi cumplir cuarenta. Cuando teníamos quince, ¿previste que esto pasaría? Parece tan lejano, y sin embargo, ya está aquí, mirándonos de frente a la cara. Estás casado, a punto de ser padre, Yo... bueno, aún en busca de esa cosa difícil de alcanzar llamada amor, sólo que ahora tiendo a buscar en tipos que tienen treinta y cinco, en lugar de veintiuno, —ríe.— En serio, Blaine, tu papá tiene casi ochenta. ¿Quieres mi consejo? Pasa el mayor tiempo posible con él. Deja de preocuparte de lo que podría ocurrir, y simplemente disfruta. Es un padre maravilloso. No querrás mirar atrás en unos años y darte cuenta que no disfrutaste las últimas semanas, meses o incluso años con él, porque estabas demasiado ocupado preocupándote por el momento en que se iba a ir.

— Tienes razón, —dice Blaine, sonriéndo por primera vez en toda la noche.— Dios. Tienes razón.

— Lo sé, —dice Sebastian con una sonrisa de suficiencia.— Ahora volvamos adentro, Creo que tu sobrina dijo algo acerca de vino caliente con especias.

— ¿Qué? —grita después de él alarmado.— ¡No!

Pero el vino con especias ya está caliente, y Maddie fuerza una copa en las manos de Blaine, ignorando la mirada mordaz mientras pasea por la habitación para ponerse cómoda con Joe. Blaine encuentra a Kurt en la esquina del sofá, luciendo adormilado, viendo a Rachel y a Finn observar con fascinación el enorme estómago de Santana.

— Hola, viejito, —dice Kurt, estirando una mano para atraerlo más cerca.— Ven a sentarte conmigo.

Blaine lo complace feliz, quitándose los zapatos para acomodar sus piernas debajo de él mientras descansa su cabeza en el hombro de Kurt.— ¿Estás bien?

— Sí. Con altibajos, —admite.— Ridículamente emocionado pero preocupado.

Blaine envuelve un brazo alrededor de la cintura de Kurt, metiendo los dedos bajo su camisa y chaleco para arrastrarlos sobre la suave curva de su espalda.— Emociónate, —dice en voz baja.— Nos tenemos que enfocar en lo bueno, y en el aquí y ahora... de otra manera no lo disfrutaremos.

— Cierto. Hey, ¿sabías que este será nuestro octavo año siendo nosotros?

— Por supuesto que lo sabía, —sonríe Blaine.— Está escrito en negritas en el calendario.

— Será nuestro tercer aniversario de bodas también, —dice Kurt en su cabello.— Estaba pensando que los tres podríamos tomarnos un tiempo para irnos a algún lugar por un fin de semana. Nuestro primer viaje familiar.

— Perfecto, —dice Blaine, acurrucándose más.— ¿Ves? Ahora estamos excitados.

— Bueno... eso será más tarde, —dice Kurt, haciendo a Blaine reír ante la risita que resuena a través de él.

— ¿A la cama cinco minutos después de media noche?

— Por supuesto.

. . .

— Okay, ¡alguien tiene que tomar una foto de esto! —dice Santana, riendo fuertemente mientras cuatro sobre excitados casi abuelos apoyan sus manos en su estómago, esperando las inevitables patadas.

Blaine agarra su teléfono, igual que Kurt, y ambos toman fotos antes de que Carole grite.— ¡Oh! ¡Aquí! ¡Justo aquí!

Los siguientes minutos pasan en silencio con una muy paciente Santana, quedándose quieta mientras seis ansiosos adultos claman haber sentido las patadas del bebé, con Burt ruborizándose cuando Santana toma su mano y la coloca más abajo.— Cabeza, —le explica, y él sonríe débilmente antes de alejarse.

Siguiendo a su mamá a la cocina, Blaine no puede dejar de sonreír.— Él está realmente bien, —dice emocionado.

— Te lo dije, mi amor, —le sonríe mientras va y viene alrededor, sintiéndose como en casa.— Fue sólo un leve giro, eso es todo. Sé lo mucho que te preocupas, pero de verdad, este bebé le está haciendo el mundo de bien. Estaba muy emocionado de venir aquí otra vez.

Blaine no dice nada, sólo se recarga en el mostrador y llora de alivio al ver a su papá tan feliz y tan bien, y su mamá continúa, colocando su tarta casera en el horno antes de limpiarse las manos e ir hacia él.

— Oh, mi amor, —suspira, envolviendo sus brazos alrededor de él.— Ven aquí. ¿Sabes? Podrás ser el viejito de Kurt, pero siempre serás mi pequeñito.

. . .

Es un Blaine optimista y feliz el que regresa a casa del trabajo tres días después. Ha estado en ensayos todo el día y la orquesta está más que lista para su noche de apertura del día siguiente. Kurt ha estado en su nueva 'oficina' todo el día, trabajando diligentemente con Anna en distintos diseños listos para la producción itinerante de "Hairspray" que empieza en un mes. Un mensaje de texto más temprano le dijo a Blaine que fuera a casa y que descansara, y que él feliz iría a la tienda de camino a casa y luego cocinaría la cena. Así que Blaine hace justamente eso. Busca sus llaves, maldiciendo en voz baja cuando escucha el teléfono sonar, arreglándoselas para cerrar la puerta de una patada antes de agarrar el teléfono de su lugar.

— ¿Hola?

— ¿B... B... laine? —Su papá suena extraño, con la voz ligeramente vacilante mientras Blaine le escucha aclararse la garganta, e inmediatamente emieza a entrar en pánico.— Uh... ¿está Kurt contigo?

— Hola, papá, no, —dice tratando de ocultar el pánico en su voz y permanecer en calma.— Fue a la tienda de camino a casa del trabajo. ¿Por qué? ¿Lo necesitabas?

— No, no. Es uh... no es eso.

— ¿Papá? ¿Estás bien? —pregunta Blaine, sintiéndose de pronto enfermo en la boca del estómago.

— Es... Blaine... es tu mamá.

Kurt irrumpe en el apartamento, con los brazos llenos de bolsas mientras cierra la puerta de un empujón antes de lanzar las llaves en el tazón de la mesa del recibidor.— ¡Hey! —llama animadamente.— Lamento llegar tarde. La tienda estaba atestada de gente. —Yendo directamente a la cocina, deja las bolsas en el mostrador, notando que la sala de estar está en oscuridad total, asumiendo que Blaine está en la sala de música.— Y te juro que la mujer delante de mi había guardado cada cupón conocido por el hombre, —dice, levantando la voz mientras va por el pasillo.— Yo... ¡Oh! —Se detiene cuando ve a Blaine sentado inmóvil en el sofá, congelado y mirando a la distancia.

— ¿Blaine? ¿Dulzura? ¿Por qué estás a oscuras?

Se apresura hacia la sala de estar y se arrodilla entre las piernas de Blaine, apretando sus manos cuando ve inmediatamente que algo está horriblemente mal.

— ¿Blaine? —Pero la única respuesta que obtiene es un ligero temblor de la barbilla de Blaine mirando hacia la distancia.— ¿Blaine, cariño? Por favor habla.

— Mi mamá murió, —susurra, con los ojos fijos en la pared del fondo.

La mandíbula de Kurt se afloja, intentando con la boca alrededor de nada por un segundo mientras lucha por respirar, sus ojos se agrandan y una mano temblorosa llega hasta su rostro en conmoción.— ¿Qué? —susurra aterrorizado, a pesar de que sabe que no ha escuchado mal.

— Ella... e... ella... tuvo un aneurisma cerebral y... y... só... sólo... colapsó y... Ella murió instantáneamente... Kurt... mi mamá murió.

Los sollozos que desgarran su cuerpo son diferentes a todo lo que Kurt ha presenciado en Blaine antes de apresurarse a tomarlo entre sus brazos, tratando, pero sin conseguirlo, de contener sus propias lágrimas mientras mece a su esposo adelante y atrás.

— Oh Blaine... Blaine, mi amor lo lamento tanto. Corazón...

— Mi mamita, —solloza Blaine mientras aprieta la camisa de Kurt desesperadamente.— Mi mamita se ha ido.

— Lo sé, cariño, lo sé. Oh Blaine... No sé ni qué decir, —solloza cuando se rinde y se permite también llorar. Sollozan juntos, apretándose fuertemente el uno al otro mientras Blaine trata de entender la situación.

— Mi papá, —dice entre lágrimas en los brazos de Kurt.— ¿Qué va a pasar com mi papá? Él estaba ahí, Kurt. Mi mamá colapsó en el estacionamiento del centro comercial y él trató de ayudarla pero... Oh Dios, Kurt... se ha ido... ella... se ha ido.

— ¿Lo sabe Cooper?

— Sí, —Blaine sorbe por la nariz.— O lo sabrá de cualquier manera. Mi papá iba a llamarlo después de mi. Me ofrecí pero... ¿Kurt? ¿Es real? ¿Cómo pasó? Ella no puede haberse ido. Ella... ¡Ella es mi mamá! —grita fuertemente, desgarrando su cabello.— Es mi mamá y debería estar aquí, esperando a ser abuela otra vez. Ella... ella... no conocerá a nuestro bebé, —llora Blaine.— Deseaba conocerlo tan desesperadamente.

— Sí, así es, —Kurt se ahoga en su propio río de lágrimas.— Y sé que esto no será consuelo en este momento, pero... al menos... No lo sé, al menos murió feliz, supongo. No sufrió en absoluto, no estuvo en sufrimiento y no sabía lo que venía. Oh Blaine... —Parece no haber nada más que decir, por lo que Kurt se conforma con abrazar y tranquilizar a su marido lo mejor que puede, hasta que finalmente -después de quién sabe cuánto tiempo, Kurt no lo sabe- las lágrimas de Blaine remiten a sollozos ocasionales.

— ¿Blaine? ¿Te importaría si llamo a mi papá? Pensaba que tal vez él pudiera ayudar yendo a ver a tu papá, o llamando a algunas personas. No lo sé.

— Sí... sí, —dice Blaine distraídamente mientras se acurruca en el sofá.— Um... ¿Podrías pedirle que llame a Wes y a Santana?

— Seguro. —Besando su frente, Kurt va a la cocina, tirando el helado ahora derretido a la basura mientras marca el número de su papá y espera. Impartir la noticia es difícil, y escuchar la voz de su papá quebrarse cuando habla, y escucharlo darle la noticia a Carole, hace que Kurt se vea superado por un nuevo brote de lágrimas. Burt accede en llamarle a Wes y a Santana, luego le dice que conducirá a la casa de Mike para verificar que, dentro de lo que cabe, se encuentre bien.

— Oh mierda, —suspira Kurt, de pronto recordando.— Se supone que Blaine estaría en concierto mañana.

— Dame el número del italiano, —dice Burt.— Lo llamaré y le explicaré. Sólo tocaría el violín, ¿cierto? ¿Nada de piano en este?

— No.

— Tienen a otros violinistas. Ese director es un buen tipo, y un buen amigo suyo. Él entenderá.

— ¿Consideras que debamos viajar esta noche? —pregunta Kurt asustado.

— No, esta noche no, —le dice Burt.— No va a haber mucho que puedan hacer, y será de madrugada para cuando lleguen aquí. Yo me quedaré con Mike esta noche. Mañana. Vengan mañana y quédense el fin de semana.

— Okay. Te amo, papá.

— To también te amo, amigo.

— Sólo desearía... el bebé, papá, —dice Kurt rompiéndose una vez más.— Ella estaba tan emocionada por el bebé.

— Lo sé, —suspira Burt pesadamente.— Ve con Blaine, —lo insta suavemente.— Podremos hablar mañana, y podré abrazarte de forma correcta, pero justo ahora, tu esposo te necesita.

— Okay.

— Y dile a Blaine que lo amo.

— Se lo diré.

— ¿Blaine? ¿Cariño? —Kurt se acerca con precaución a donde Blaine se encuentra, ahora mirando aturdido a la distancia una vez más. Su rostro está hinchado y enrojecido, y Kurt puede ver que sus ojos arden con el esfuerzo de mantenerlos abiertos.— Mi papá se quedará con tu papá esta noche, ¿está bien? También va a llamar a Riccardo.

— No creo... que pueda tocar.

— Y está bien. Nadie esperaría que lo hicieras, —dice tiernamente, sentándose junto a él y frotando pequeños círculos en su espalda.— ¿Quieres algo? No sé... ¿un té? ¿Algo más fuerte?

— Creo que sólo quiero dormir.

— Okay. Ven. —Blaine se deja llevar al dormitorio, donde Kurt lo ayuda a ponerse el pijama y los cubre a ambos con las cobiijas. Para su alivio, Blaine se queda dormido de inmediato, aunque Kurt se queda mirando al techo, enjugándose la corriente interminable de lágrimas. Se queda dormido en algún momento, pero se despierta cuando rueda para encontrar el lado de la cama de Blaine vacío.

Lo encuentra en la sala de música, con la cabeza inclinada sobre la tapa del piano y sollozando silenciosamente, enredando los dedos desesperadamente en su cabello y con el rostro contraído de angustia. Kurt se sienta en el banco sin decir palabra alguna, atrayendo a Blaine hacia él y besándolo suavemente en su cabello.— No tienes que esconderte, —dice amablemente.— Quiero ayudarte.

— No quiero que me veas así, —llora mientras levanta la cara manchada de lágrimas.— No quiero que me veas roto. Esto es lo que soy, Kurt. Estoy roto y no creo poder estar completo alguna vez. No sin ella, no sin mi mamá.

— Yo soy tu esposo, —dice Kurt con fuerza.— Para siempre. Vamos a pasar por lo bueno y por lo malo juntos, y nos ayudaremos mutuamente en escenarios como este con mis padres, tu papá... no lo sé, quizas también con Cooper y Claire. Con otros también, probablemente. Es desafortunado y es doloroso, pero así es la vida. No escondas lo que sientes, Blaine. Nos tenemos que ver destrozados, de otra manera, ¿cómo podremos estar juntos de nuevo? Te amo, mi amor. No sientas nunca que tienes que callar tus sentimientos o ponerte una fachada para estar conmigo. Te amo y amo a tu familia como si fuera mía. Te necesito justo ahora tanto como tú me necesitas, porque esto duele. Realmente duele, y no puedo ni siquiera encontrar la manera de respirar sin que sea doloroso. Pero podemor rompernos y sanar juntos, ¿está bien?

Blaine levanta la mirada, tomando el rostro de Kurt entre sus manos mientras una cascada de lágrimas corre en sus mejillas y se besan fieramente. Blaine lo atrae más y más cerca, apretando su agarre en los hombros de Kurt hasta que interrumpe el beso, sin aliento, para derrumbarse sobre él y llorar.

— Vamos, —dice Kurt, levantándose y ofreciéndole su mano.— De vuelta a la cama. No importa si no dormimos, sólo necesitamos abrazarnos.

— Te amo, Kurt, —murmura Blaine cuando descansa su cabeza en el pecho de Kurt.— Sólo desearía que dejara de doler.

— Lo sé, —suspira Kurt, besando su frente.

— Quiero despertar y que todo sea una especie de pesadilla, ¿sabes? Estarás sentado sonriéndome con indulgencia, y me sentiré tonto... pero eso no va a pasar, ¿verdad?

— No esta vez, —dice Kurt, enjugándose las lágrimas.— No esta vez.

— ¿Entonces qué hacemos?

— Amarnos mutuamente, Blaine. Es todo lo que podemos hacer.