Sara Anderson es sepultada en un frío y brillante día de Enero. La igresia está llena de amigos y familia, y más tarde Blaine se conmueve por la cantidad de amigos de él y de Kurt que hicieron el viaje. Sonríe débilmente cuando nota a Jonathan y a Teresa sentados en una banca junto a Kathy y un Wes completamente perturbado. Riccardo y Ken llegan con sus esposas, Riccardo proveyendo un cuarteto de cuerdas y un organista sin que alguien se lo hubiera pedido. Santana toca sus dedos ligeramente mientras pasa de manera sombría, y él se voltea para mirarla como si no estuviera seguro de quién es. Kurt está a su lado en todo momento, por supuesto, en silencio y firme, su puerto seguro una vez más.

— Mi... mi esposa, —Un tembloroso y lloroso Mike Anderson empieza cuando sube a dar su elogio.— Mi esposa fue... la más maravillosa esposa que alguna vez pude desear. Recuerdo, cincuenta y cuatro años atrás, el orgullo que sentí cuando la vi caminar por este mismo pasillo para casarse conmigo. Lo recuerdo, porque es el mismo orgullo que siento ahora, cuando la sepulto. Orgullo de que fue -y siempre será- mía. Orgullo de que me amó a pesar de todos mis defectos, y por supuesto, orgullo de que me dio dos hijos maravillosos, que a su vez me dotaron de dos, casi tres, nietos.

Blaine ni siquiera nota que está llorando hasta que Burt se inclina desde la fila de atrás para ofrecerle su pañuelo. Él lo acepta agradecidamente, y se limpia los ojos antes de sostener la mano de Kurt una vez más. Cooper permanece a su otro lado, descansando la mano en su rodilla como solían hacer cuando eran jóvenes, y Blaine cubre su mano con la suya, mirando a los ojos azules de su hermano, llenos de lágrimas mientras le ofrece una trémula sonrisa.

— Quiero pararme aquí y entregarles este extraordinario discurso acerca de cómo abordó la adversidad con la cabeza en alto, cómo luchó al borde del abismo en esta ocasión o en otra... pero la verdad es que no lo hizo. No lo hizo, porque en realidad siempre lo hizo; en silencio y en segundo plano, sin que ninguno de nosotros nos diéramos cuenta. Ella siempre luchó por nosotros, como pareja y como familia. Estuvo junto a Cooper cuando se mudó a LA sin ningún centavo a su nombre. Estuvo junto a Blaine cuando se declaró ante nosotros, y cuando conoció a Kurt, estuvo tan feliz de ser bendecida con otro hijo. Y la gente habló, ¿saben? —dice él con una sonrisa llorosa.— Sé que lo hicieron. Pero Sara mantuvo la cabeza en alto porque ella sabía y tenía fe de que Blaine y Kurt terminarían juntos. Y tuvo fe porque le enseñó a Blaine a amar de la misma forma en que ella misma lo amó.

... No creo haber sido el esposo perfecto, pero ella ha sido la esposa, madre y abuela perfecta. Me rompe el corazón pensar que se perdió la oportunidad de ser abuela otra vez por sólo unas pocas semanas, pero sé que estará mirándolos desde alún lugar, niños. Estará mirando y estará muy orgullosa. Y por supuesto, sé que estará eufórica de tener un nuevo "amor" en su vida, —suelta una risa.— Esta última semana ha sido un infierno, —continúa mientras la sonrisa se desvanece.— He permanecido despierto noche tras noche, sabiendo que mis hijos, hija y nietos están al otro lado del pasillo haciendo exactamente lo mismo. Me he preguntado cómo se supone que voy a seguir. ¿Dónde se supone que debo mirar sin verla a ella? ¿Cómo despertar y no verla esperándome en la mesa del desayuno con mi periódico y mi café? ¿Cómo se supone que voy a ir a la tienda de comestibles, al banco, a la cafetería pasando la calle? ¿Cómo?

... Recordando, así es cómo. Sara no querría que evitáramos hablar de ella, o que huyéramos de nuestros recuerdos acerca de ella. Querría que siguiéramos, felices y hablando de ella con amor y afecto justo como siempre lo hicimos. Era todo un personaje, de eso no hay duda. Todos tenemos un recuerdo favorito, y los aliento a todos ustedes a compartirlos con los demás. —Haciendo una pausa, se enjuga las lágrimas un momento.— No creo realmente tener nada más que agregar, —dice en voz baja, lanzando un beso al ataud que yace cerrado.— Sólo... Duerme bien, mi amor, hasta que nos volvamos a encontrar.

. . .

Wes localiza a Kurt en el comedor, teniendo una plática cortés con alguna pariente lejana de Sara a quien está seguro que nunca ha conocido. Sonríe agradecido cuando nota a Wes rondando por ahí, excusándose con la mujer y llegando a su lado.

— ¿Estás bien? —pregunta Wes, poniendo un brazo alrededor de su hombro.

— Sí, —suspira, luego rueda los ojos.— Bueno... de hecho... no. Siento que tengo que hablar con toda esta gente porque Mike está abrumado, Blaine no puede, y Cooper y Claire tienen que cuidar a Taylor y a Maddie. Pero lo único que quiero hacer es escabullirme con Blaine y besarlo hasta que se sienta mejor.

— ¿Cuándo fue la última vez que estuvieron solos?

— Bueno, —Kurt se encoge de hombros.— Estamos solos cada noche, por supuesto, pero la verdad es que estamos tan cansados y desanimados por otro día de familiares o amigos hablándonos para darnos sus condolencias, llamadas telefónicas, y cartas llegando, que simplemente vamos directo a dormir. Y luego despierto a las tres de la mañana para encontrar a Blaine sentado en el baño llorando, —dice negando con la cabeza.— Entonces lo arrastro a la cama y lo abrazo hasta que amanece, cuando todo el ciclo empieza otra vez.

— Oh, Kurt, —Wes niega con la cabeza.— ¿regresarán mañana a Chicago?

— Pasado mañana. Cooper y Claire se van mañana, y Joe llevará a Taylor y a Maddie, obviamente. No nos pareció justo que todos desapareciéramos el mismo día. Creo que podría intentar y llevar a Mike a cenar. A todos les hará bien.

— ¿Asumo que Blaine no irá a Boston con la Sinfónica?

— No. Pero tengo que regresar a trabajar. Anna ha sido genial, tal como sabía que sería, pero hay mucho que hacer mientras estamos aquí. Blaine tiene un recital de piano en dos semanas, lo que creo que será bueno para él. Él puede practicar desde la casa si quiere, pero espero que vaya a trabajar con Riccardo. En este momento necesita volver a eso.

Desde su posición pueden ver hacia la sala de estar, y miran juntos cuando Santana deja una bebida en la mesa de café frente a Blaine. Con grán dificultad ella se inclina y besa su mejilla, pero al no obtener respuesta, suspira y camina hacia Rachel en su lugar.— ¿Ha hablado con ella? —pregunta Wes.

— No. Y ella está molesta, sé que así es. La cuestión es que no sé si no habla con ella por lo del bebé, o porque él no quiere hablar con nadie.

— Ve, —dice Wes, apretando su mano ligeramenre,— Déjame a mi lidiar con los insufribles pero bien intencionados parientes. Llévate a Santana y a Blaine al piso de arriba y dejen que ese bebé lo haga entrar en razón.

Blaine no pone ninguna objeción y se deja llevar escaleras arriba, y Santana los sigue de buena gana. Ella se sienta en la silla del escritorio mientras que Blaine se sienta en la orilla de la cama y mira hacia el suelo, lo que lleva a Kurt a ponerse en cuclillas frente a él.— ¿Blaine? ¿Cariño? Siento mucho si estoy hablándote como si fueras un niño, pero estoy preocupado por ti. Sé que este día es difícil, y yo también lo siento así. Pero me gustaría que recordaras que no solamente es Santana llevando a nuestro bebé, es también tu mejor amiga, quien ha conducido hasta aquí, con casi ocho meses de embarazo, para apoyarte. No sé si la estás evitando por el bebé, o porque ella es... bueno... Santana, pero...

— ¡Oye! —objeta ella.

— Espera. Pero mi experiencia me dice que aunque no lo quiera admitir, tiene corazón y tiene sentimientos, mismos que en este momento estás pisoteando.

— ¿Eso hago? —pregunta Blaine, luciendo horrorizado mientras Santana mira hacia el suelo y asiente.

— Estoy algo... ugh, —dice ella secándose furiosa las lágrimas.— Estoy algo gorda y hormonal, pero sí... Supongo que sólo estoy tratando de ver por ti, y siento que no me dejas, o que simplemente quieres bloquearme. Entiendo si no quieres que te recuerde al bebé en este momento, pero no puedo esconderlo exactalente. Y yo también la extraño, ¿sabes? La extraño mucho.

— Lo siento mucho, —jadea Blaine, cruzando la habitacióon para arrodillarse ante ella.— De verdad, no te estoy ignorando. O al bebé, —dice él, acariciando su estómago. No lo hago. Estoy... no lo sé. Tratando de procesar todo, supongo. Te amo, y estoy muy agradecido de que estés aquí, de verdad lo estoy.

— Gracias, —dice ella suavemente, inclinándose para acariciar su mejilla.— Te ves como un cachorrito sentado ahí, —sonríe ella.— Un lindo cachorrito.

— Tus hormonas me están volviendo loco, —sonríe Blaine, pero se acurruca contra su estómago y la hace reír.— Quiero... ¿Puedo hablar con el bebé?

— Generalmente lo haces.

— Lo sé pero... Quiero decirle algunas cosas. Cosas privadas.

— ¿Quieres que me vaya? —pregunta Kurt sobre su hombro, pero Blaine voltea rápidamente y toma su mano.

— ¡No! Oh Kurt, no. Quiero que te quedes, por favor.

— Bueno, yo no puedo desaparecer, —dice Santana, sintiéndose de pronto incómoda.— Pero puedo prometerte que no me reiré de ti, y que no repetiré cualquier cosa que digas.

— Okay, —asiente Blaine, sintiéndose seguro.— Um... hola, mi pequeñito, —comienza, frotando ambas manos sobre el vientre de Santana.— Sé que puedes escucharme, incluso cuando no me pateas en respuesta. Imagino que se está volviendo un poco agobiante ahí dentro. Yo... sólo quiero que sepas que aunque estoy terriblemente triste en este momento, realmente no puedo esperar a que estés aquí. No puedo esperar a abrazarte, a besarte, a mecerte mientras te canto una canción de cuna, y te prometo nunca quejarme, ni siquiera cuando llores en la mañana y no sepa ni qué hacer.

... Me parte el corazón que no conocerás a tu abuela, pero me voy a asegurar de que crezcas sabiendo lo mucho que te amó, incluso antes de que nacieras. Vamos a estar bien, ¿sabes? —dice él, atrayendo a Kurt a su lado.— Los tres. Sé -y tu papá lo sabrá porque él me conoce muy bien- que habrá tiempos en los que algo pasará que me recordará a ella, y lloraré. Pero no estaré triste por mucho tiempo. ¿Cómo puedo estar triste cuando tengo al mejor esposo y al mejor hijo que cualquiera podría desear? Porque yo sé, sin siquiera conocerte, que eso serás. Nuestro pequeño amor. —El suave beso que deposita en el vientre, es recompenzado con una fuerte patada que tiene a Santana haciendo una mueca incómoda, y a Blaine y a Kurt sonriendo entre lágrimas una vez más.

— Nuestro pequeño amor, —Kurt hace eco, besando el hombro de Blaine suavemente.

— Te amo, Kurt, —dice Blaine, girándose para tomarlo en sus brazos correctamente.

— Yo también te amo, —susurra, con una sonrisa iluminando su rostro antes de cerrar el espacio entre ellos y besarlo tiernamente. No se necesita mucho para que las paredes de Baine se vengan abajo, sólo el lento y constante movimiento de los labios de Kurt contra los suyos lo tienen pasando los dedos en su suave cabello y respirando fuertemente por la nariz, mientras abre más la boca. Ninguno de ellos se da cuenta cuando Santana se mueve de la silla y sale de la habitación, cerrando la puerta detrás de ella, y preguntándose cómo un beso puede ser tan íntimo de mirar.

Permanecen de rodillas en el suelo, besándose profundamente, desesperadamente hasta que las manos de Blaine encuentran la corbata de Kurt y la quitan rápidamente antes de tratar de abrir su camisa.— Espera, —jadea Kurt, apartándose para mirar a Blaine a los ojos.— ¿Estás seguro que esto está bien?

— Kurt, esto es todo lo que quiero, —le dice Blaine sinceramente, y es suficiente.

Tomando su mano, Kurt lleva a Blaine hacia la cama, removiendo sus ropas y tratándolo con sumo cuidado, como si fuera a romperse. Una vez que los dos están en calzoncillos, Kurt lo besa una vez más, deslizando su lengua en el calor acogedor de la boca de Blaine, y sintiéndolo gemir suavemente alrededor de él.— No creo que tengamos...

— En el bolsillo con cierre dentro de mi maleta, —dice Blaine, sonriendo tímidamente cuando Kurt arquea una ceja de forma inquisitiva.— No sé en qué estaba pensando cuando empaqué eso.

— Bueno, no nos lo preguntaremos, sólo lo apreciaremos, —sonríe, buscando hasta que su mano se cierra alrededor de la pequeña botella de lubricante que lanza a la almohada.— Ahora ven aquí y hazme un niño feliz.

Blaine se recuesta en la cama junto a él, pasando una mano a través del estómago de Kurt para envolverla alrededor de su cintura del otro lado, arrastrándolo más cerca para besarlo.— No quiero que nos perdamos de vista otra vez, —dice con la voz ronca de emoción mientras Kurt tiernamente besa su cuello.

— Oh, hey. Eso no va a pasar, ¿okay? —dice con firmeza, mirándolo a los ojos hasta que obtiene una pequeña inclinación de cabeza.— Tuvimos un cuadro bastante duro, lo sé, pero eso fue hace casi dos años, Y si nuestro matrimonio nos permite algo, es una eternidad para conocernos el uno al otro. Nos conocemos mejor de lo que lo hacíamos entonces, y así seguirá siendo. Sabemos cómo sobrellevar esto y lo vamos a hacer, lo prometo.

— Sí, —dice Blaine, agarrándose del optimismo de Kurt y permitiendo que se le ilumine el rostro.— Lo haremos. —Y empuja a su esposo de vuelta a la cama, enterrándose en el hueco de su cuello para besar todos sus puntos cosquilludos y hacerlo retorcerse.

Los besos se vuelven más acalorados, llenos de necesidad y deseo mientras Blaine se mueve más abajo, tirando de los calzoncillos de Kurt con los dientes y un brillo en sus ojos, antes de tragarlo. Kurt grita mientras se endurece en la suave calidez de la boca de Blaine, y lanza una mano sobre sus ojos, dejando que sus sentidos sean controlados por la sensación de la boca de su esposo alrededor suyo.— Gírate, —gruñe, dando golpecitos en la cabeza de Blaine.— Déjame tocarte.

Corre sus manos casi reverentemente por el trasero de Blaine mientras va hacia su cara, impulsándose para morder ligeramente una de sus nalgas antes de separarlas y lamer su entrada. Siente en lugar de escuchar las reacciones de Blaine -ese revelador tartamudeo de su boca seguido del aire frío alrededor de su miembro cuando Blaine abre su boca para jadear- y sonríe contra la piel de Blaine antes de sumergirse de nuevo por más. Con facilidad, tiene pronto a su marido abierto, retorciéndose desesperadamente en tres dedos y aferrándose a las sábanas.

Blaine se aparta y se recuesta sobre su espalda, abriendo las piernas para que Kurt caiga entre ellas.— La primera vez que entré en ti fue así, —sonríe Kurt mientras se arrodilla y coloca las piernas de Blaine alrededor de su cintura.

— Oh Dios, lo sé, —Blaine suspira feliz, dejando que el recuerdo lo invada por un momento.— No pienses que lo olvidaré.

— Y todavía se siente tan bien, —Kurt se apresura a decir a medida que lo penetra.— Blaine... —inclinándose, descansa su torso contra él lo mejor que puede antes de mover lentamente sus caderas atrás y adelante.— Oh Dios, te amo tanto...

Caen en un silencio, Kurt apoyando su cabeza en el hueco del cuello de Blaine y besándolo ahí mientras los brazos de Blaine se cuelan bajo los suyos para enterrar sus dedos suavemente en su piel, agarrándolo fuertemente, manteniéndolo cerca. Los sonidos de la gente yéndose poco a poco escaleras abajo, pueden escucharse, pero ninguno lo nota; demasiado absortos el uno en el otro y en estar juntos como para que eso les importe. Después de un tiempo, Kurt alcanza el miembro de Blaine para empezar a frotarlo al mismo ritmo que sus embestidas, su respiración irregular, fuerte y entrecortada en el oído de Blaine le dice que está cerca. Arqueando la espalda, Blaine se viene primero, derramándose en la mano de Kurt, quien hace su mayor esfuerzo para verlo antes de venirse él mismo, con un suave y alargado gemido saliendo de sus labios antes de acomodarse de vuelta en el abrazo de Blaine, besándolo perezosamente y mirándolo a través de sus párpados entornados.— ¿Estás bien?

— Lo estoy, —confirma Blaine.— Realmente necesitaba que me completaras una vez más... quiero decir... —dice él, ruborizándose bajo la mirada de Kurt.— Me completas de cualquier manera, es sólo que...

— Quieres decir que para ti y para mi, reconectarnos siempre viene en un nivel físico, tanto como emocional, y está bien, —sonríe Kurt, tomando su mano y besando sus nudillos.— Te entiendo, Blaine. Si no nos entendiéramos mutuamente, dudo que hubiéramos llegado tan lejos.

— Hemos llegado bastante lejos, ¿verdad? —pregunta Blaine, mirándolo y besando la punta de su nariz.

— Lo hemos hecho. Y todavia hay mucho camino por recorrer, viejito.

. . .

Kurt arrastra a Blaine a desayunar fuera al día siguiente, dándole a Mike la oportunidad de despedirse de Cooper y su familia, y a Blaine un muy necesitado cambio de escenario. Él refunfuña y se queja al principio, más que nada por no ser capaz llevar a Cooper al aeropuerto.

— Se mudará en tres semanas, —dice Kurt exasperado mientras se detiene en el estacionamiento de la cafetería.— Entonces serás capaz de verlo en todo momento. Dale algo de tiempo con tu papá y ven a comer conmigo.

— Prefiero comerte, —intenta cuando baja del auto. Kurt se queda quieto, no muy seguro de cómo responder a la broma, así que sólo arquea una ceja y continúa.— Hey, —dice Blaine ofreciéndole su mano.— Aquí.

— Oh. —Las mejillas de Kurt se cubren de rosa cuando toma la mano de su esposo.— Generalmente no... cuando estamos en Ohio.

— No me importa, —Blaine se encoge de hombros.— No quiero que seamos una de esas viejas parejas que nunca se toman de las manos, —dice él, balanceando sus brazos mientras caminan.— Aunque por un tiempo, tendremos una carreola en el camino.

— Entonces tendré que hacer esto, —dice Kurt enlazando su brazo con el de Blaine y apoyando la cabeza en su hombro, haciéndolos a ambos sonreír con orgullo.

Ordenan rápidamente, conociendo bastante bien el menú, y bebiendo enormes tazas de café mientras esperan a que llegue su comida.— ¿Recuerdas la primera vez que venimos a este lugar? —pregunta Blaine, presionando sus labios en una sonrisa de satisfacción.

— Lo recuerdo, —dice Kurt tratando de reprimir su risa.— ¿Recuerdas por qué venimos aquí?

— Lo recuerdo, —confirma Blaine, y no puede evitar reír.— Dios, —dice él, apoyándose en el gabinete y mirando a Kurt directamente a los ojos.— Pensé que iba a terminar violándote o algo.

Kurt ríe a carcajadas, completamente sorprendido.— ¡Blaine! ¡No puedo creer que hayas dicho eso!

— Okay, okay, —reconoce.— Nunca habría hecho... eso. Pero recuerdo que tu papá me dio ese discurso acerca de no dejarme llevar, y luego repentinamente ahí estabas... extendido debajo de mi, y todo lo que queria hacer era... tomarte.

Kurt se ruboriza, encantado secretamente por sus palabras.— Pero no lo hiciste, —señala.

— No, —Blaine niega con la cabeza y toma otro trago de café.— No lo hice. No era algo mío para tomarlo. Eras muy joven, no estabas listo, y nunca habría sido justo. Entonces en lugar de eso, te traje aquí para desayunar, —termina alegremente, haciéndolos a ambos reír.

— ¿Sabes? Nunca antes te lo he preguntado realmente, —dice Kurt, inclinándose más cerca para hablar en voz baja.— Pero dado todo lo que ahora sé... como... cuán desesperada y locamente te deseo algunas veces, cuando hay esa sed y ese deseo tan vehemente que sólo tú puedes satisfacer... ¿Cómo te las arreglaste para resistir todo ese tiempo?

— No fue tanto tiempo, —medita Blaine.— Cuando pienso en ello, por supuesto. En ese momento se sentía como una eternidad. No lo sé... supongo que no se nos dieron muchas oportunidades de ponernos en una situación igual. Y en realidad me alegro. Porque las cosas habrían sucedido. Sólo soy un hombre, además de que soy completamente incapaz de resistirme a ti, —sonríe.— Pero todo el tiempo que salimos... como una pareja de estudiantes de secundaria -aunque uno de nosotros lo era, por supuesto- me dieron la oportunidad de enamorarme de ti. No de tu cuerpo, o de esa cosa que haces con tu lengua -aunque también amo eso, por supuesto- sino de ti. Llegué a conocerte y me enamoré tan profundamente de ti aquella noche que te quedaste conmigo -cuando te dije que te amo.- Recuerdo haber tratado muy, pero muy fuertemente de no venirme en el segundo en que te quitaste la camisa. —Mirando hacia la mesa, sonríe avergonzado, y alcanza la mano de Kurt.— Sé que no fuimos más allá de frotarnos aquella noche, pero fue la cosa más maravillosa que había experimentado. Cada detalle de esa noche permanecerá conmigo, porque estábamos tan enamorados, tan desesperados de darnos placer mutuamente... sí, —dice suavemente.— Me siento abrumado sólo de pensarlo.

— ¡Okay! ¿Huevos estrellados, hash brown (1), salchichas y tostadas?

La súbita llegada de la mesera rompe el momento y se separan, con los ojos todavía fijos en los del otro.— Uh... sí, —dice Kurt en voz baja, sonriendo en agradecimiento mientras ella deja el plato en la mesa.

— ¿Panqueques, tocino, jarabe de maple y una orden de tostadas y hash browns?

— Sí, —dice Blaine, luego mira a Kurt.— Estoy hambriento, —le explica.

— No me digas.

Comen durante un rato y Kurt estudia a Blaine, la forma en que come con avidez, deteniéndose a sonreírle a Kurt con la boca llena de comida.— ¿Qué?

— Parece que lo disfrutas, —comenta Kurt dulcemente.— Te ves feliz.

— Lo estoy.

— Bien.

— Sí, —Blaine se detiene, dejando su cuchillo y tenedor en el plato mientras se recarga y lo contempla.— No puedo pretender que he superado todo esto, —dice él.— Estoy lejos de eso. Y de antemano me disculpo si hay días en los que parezca que lo único que haga sea llorar. Pero se siente bien reír de nuevo, disfrutar la vida... estar contigo... todo eso. Papá estuvo en lo correcto ayer. Mamá no hubiera querido que me sentara aquí, ignorándote mientras tomo miserablemente un poco de tostada.

— No, —sonríe Kurt.— Pero ella querría que quitaras los codos de la mesa, —señala.— Así que por favor, hazlo.

Ambos ríen, y Kurt toma su mano antes de que pueda descansarla en su regazo.— ¿Cómo te sientes de regresar a casa mañana?

— Bien, de hecho, —dice Blaine con una inclinación de cabeza.—Tengo una cantidad insana de prácticas de piano por hacer, —ríe.— Así que estaré ocupado, Y Sebastian se ha ofrecido a ayudar a papá con las cosas de mamá, lo que es bueno, porque no hay forma de que yo pudiera hacerlo, y no creo que hubiera sido justo para Kathy y Wes.

— ¿Crees que tu papá venderá la casa?

— Creo que tendrá que hacerlo, —dice Blaine con una sonrisa triste.— Y probablemente sea lo mejor. ¿De qué sirve tener una casa de siete habitaciones? No va a ser entretenido. Hay un nuevo complejo de apartamentos que están construyendo a cinco minutos de mi casa. Wes va a buscar ahí.

— Hmm, extraño tu casa, —dice Kurt con cariño.— Muy buenos tiempos.

— Sí, —suspira Blaine.— Sigo pensando que debo venderla pero...

— No hay necesidad de eso en este momento, —dice Kurt tiernamente.— Creo que tenemos suficiente.

— Empezando por la inminente llegada de nuestro bebé, —sonríe Blaine.— Aw, Kurt, —su sonrisa se vuelve de oreja a oreja mientras agarra su mano con fuerza.— Sólo decir la palabra me hace sentir mariposas.

— Vamos a ser los papás más histéricos y emocionados del mundo, —ríe Kurt.— Pobre bebé.

— Sí, pobre bebé, es digno de lástima, estoy seguro.

— Pero también somos fabulosamente ricos, —ofrece Kurt con expresión impasible.

— Y ridículamente bien parecidos. —dice Blaine con una sonrisa retorcida.

— El bebé tendrá ropa de diseño, trajes únicos.

— Y será entretenido con una amplia gama de música, desde clásica hasta contemporánea, toda desempeñada en una gran variedad de instrumentos.

— Así que en realidad... —dice Kurt.— Este bebé deberá agradecernos.

— Le hemos hecho un favor.

— Completamente, —sonríe Kurt, cediendo y riendo junto a su marido.— ¡Qué bebé tan afortunado va a ser!


(1) Se llama hash browns o hashed browns a una receta simple de patata en la que los trozos de patata se fríen en una sartén después de ser cortados en tiras, juliana, dados o bien triturados. En algunas regiones, el término puede aludir a cualquiera de estas variantes, mientras en otras se refiere solo a una concreta. En partes del Reino Unido, las hash browns son sobras de puré de patatas fritas. Las hash browns son un desayuno básico en los diners estadounidenses, donde a menudo se fríen en grandes planchas. Suelen prensarse con un aplastapatatas para eliminar la humedad y darles un textura más crujiente, acompañando a menudo a hamburguesas y desayunos.