N/T: ¡Hola! Aquí con un nuevo capítulo. :D Sé que por lo regular dejo las notas al final, pero en éste es importante que tomen en cuenta lo siguiente: Sara -mamá de Blaine- a todo el mundo le decía "mi amor," ¿lo recuerdan? En el idioma original, ella les llamaba "darling."
La primera vez que suena el teléfono a las tres de la mañana, Blaine toma por asalto el apartamento buscándolo, maldiciendo a Santana por no llamar a su celular como habían acordado previamente. Lo encuentra en la cocina, derrapándose por el piso que Kurt había encerado diligentemente esa misma tarde. Se estampa duro contra la encimera, gritando por el dolor en su cadera antes de responder el teléfono.
— ¡Voy en camino! ¡Es temprano! Oh Dios, es temprano. ¿Estás bien? Voy en seguida.
— ¿Blaine? ¿Cómo hago funcionar el DVR? —pregunta su papá, completamente ajeno a su pánico.— Tu mamá siempre lo hacía. He estado tratando de averiguarlo pero simplemente no parece ser capaz de... espera... déjame ver si... no, no, tampoco es ese.
— ¿Papá? ¿Me estás jodiendo? —pregunta Blaine severamente en el teléfono. —Son las tres de la mañana. ¿Por qué no pudiste preguntarme esto cuando hablamos después de cenar?
— No tenía el problema entonces, y por favor, no maldigas
— ¿Por qué tienes el problema ahora? —grita, riendo de incredulidad.
— Porque me levanté a orinar y recordé que no había puesto el DVR para grabar algo de pesca extrema, y Kathy me llevará a ver la nueva casa de Cooper mañana, así que no pensé que tendría tiempo de hacerlo antes de irme... ¿Te desperté?
— ¡Sí! —ríe Blaine, negando con la cabeza ante un despeinado Kurt que aparece en la cocina.— Pensé que Santana había entrado en labor de parto.
— Oh. Lo siento mucho.
— Vuelve a dormir, papá. Grabaré lo de la pesca extrema para que puedas verlo cuando visites a Cooper el próximo fin de semana.
La segunda vez que suena el teléfono -esta vez el celular de Kurt- es a las 2:30 am, una semana antes de la probable fecha de parto. Kurt rueda rápidamente fuera de la cama y hacia el suelo, golpeándose la cabeza con la mesita de noche en su esfuerzo por localizar su celular.
— ¿Sí? —chilla mientras Blaine se hace cargo alrededor, poniéndose los pantalones y tratando de localizar las llaves del auto.
— ¡Tío Kurt! —viene la inconfundible voz de un muy borracho Joe.— Tu encantadora sobrina y yo nos estábamos preguntando si ya eras papá.
— Joseph,—la voz de Kurt es fría e inflexible, incluso ante la histérica risa de Joe.— Vete a la mierda.
La tercera llamada no es bien recibida. Una semana después, el día exacto de la fecha estimada de la llegada del bebé, suena un teléfono a las tres y cuarto de la mañana. No responden de inmediato, pero cuando lo hacen, es con un pesado y frustrado suspiro.
— ¿Qué?
— ¿Has tenido ya las contracciones?
— Sí, Blaine, —dice Santana con cansancio.— Las tuve hace una semana y las he estado tratando de ocultar aquí hasta sentirme lista de decirte. ¿Qué demonios crees? En serio, ¿sabes lo difícil que es para mi dormir en estos momentos?
— Lo sé, —dice Blaine con seriedad.— Yo tampoco puedo dormir.
— ¡Estaba dormida, idiota! —grita ella, despertando a Lacy quien se vuelve completamente confundida.— Estába perfecta y profundamente dormida -finalmente- y luego tú decides enviarme a la fuerza tu insomnio y tu paranoia. Créeme, sabré cuando suceda, y tú también. Estoy bastante segura de que no podré dormir durante todo el asunto. Ahora por favor, ¡déjame tratar de volver a dormir!
— No creo que le agrade a Santana, —se queja Blaine cuando regresa a la cama.
— Estoy seguro que a mi tampoco me agradarías si me llamaras casi a cada hora para saber si ya entré en labor de parto. Y puedo imaginarme perfectamente que no lo tomó bien en medio de la noche, —medita Kurt mientras se acurruca más cerca de Blaine.— Anda. Trata de dormir un poco más. De otra manera, este bebé llegará y no tendrás la energía para ello. Sólo el veinte porciento llega en las fechas estimadas. Podríamos tener hasta dos semanas por delante.
Resulta que son sólo dos horas.
El celular suena y Blaine se apodera de él rápidamente.— ¿Sí?
— Sí, —dice Santana entre dientes.— Me jodiste tanto que entré en labor. Aunque todavía podría pasar un largo rato.
— Aún así, —dice Blaine, asintiendo hacia Kurt, quien ya está a medio camino del baño.— ¿Estás segura?
— Tan segura como puedo estarlo. Tuve un espectáculo en el baño.
— ¿Un espectáculo? ¿Qué tipo de espectáculo? ¿Como un musical?
— Un espectáculo, —estalla ella.— Un espectáculo de sangre y mocos.
— Ew, —hace una mueca.— ¿Tenías que hacerlo?
— ¡Sí, tenía que hacerlo! —gruñe Santana.— Pensé que habías digerido cada libro conocido por el hombre.
— Me salté lo de la labor de parto, —admite Blaine.
— Bueno, mi amigo, estás por aprender al respecto.
. . .
— Ahora sólo recuerda, —dice Kurt mientras Blaine conduce como un maníaco hacia el apartamento de Santana.— Santana puede ser difícil en sus mejores momentos. Es probable que sea peor en trabajo de parto.
— Lo sé, —dice Blaine mientras se salta un semáforo en rojo.
— ¡Y quiero llegar vivo, por favor! —Kurt le grita.— ¡Jesús Cristo!
— Lo siento. Lo siento.
— Un 4x4 no te hace invencible.
— No, okay. Lo siento, —dice Blaine, derrapando dos ruedas sobre la acera y apagando el motor.— Mierda, Kurt. Llegó el momento, —dice mirándolo con ojos enormes y llenos de emoción. Vamos a conocer a nuestro bebé.
Kurt se inclina y lo besa, un beso lleno de promesas, emoción y amor mientras las manos de Blaine encuentran su nuca y lo atraen más cerca.
— Debí haberlo sabido, —suspira Santana cuando abre la puerta del auto, lanzando su maleta en el asiento de atrás antes de subirse.— Ustedes dos son incorregibles, —dice ella con una sonrisa.— Okay, vámonos.
El camino al hospital ve a Santana sorpresivamente animada y optimista, y aparte de dos contracciones que la dejan maldiciendo y agarrando fuertemente la manija de la puerta, está perfectamente bien.— Se los digo, —dice ella una vez que Blaine se ha estacionado y se dirigen al interior del edificio.— Este va a ser un día muy largo. Por favor no se emocionen demasiado. Y Blaine, ¿podrías dejar de frotarme la espalda?
— Lo siento.
La recepcionista toma nota de sus detalles, llamando a su obstetra, quien llega rápidamente sonriéndoles.— Aquí vamos entonces, —dice él, estrechando las manos de todos.— ¿Cómo se siente, Señora López?
— De hecho, bien, —responde ella con una sonrisa.— Emocionada por estos hombres, un poco aprehensiva tal vez, pero las contracciones hasta el momento han sido soportables. Creo que... ooooh, —respira, doblándose y agarrándose del escritorio como soporte mientras Blaine se apresura a volver a frotar círculos en su espalda.— Woah, woah, —gime.— Esa realmente dolió. ¡Dios, Blaine! Déjame en paz. ¿Podría por favor mirar a otro lado mientras asesino a los padres? —le pregunta al doctor, quien se ríe y hace señas para que lo sigan.
— Vayamos a que se instalen y luego la examinaremos.
. . .
— Cuatro centímetros, —observa el obstetra, removiéndose los guantes, mientras unos pálidos Kurt y Blaine se amontonan en la esquina.— Ustedes tres tendrán una larga espera. Vayan a tomar café, den una caminata, lo que sea. Este bebé se tomará su tiempo.
— Esa es la cosa más asquerosa que he visto en mi vida, —Kurt le susurra a su marido una vez que el doctor se ha ido.
— Creo que se va a poner peor, —Blaine le susurra de vuelta.
Sin embargo, Santana no parece importunada en absoluto, acomodándose en la cama y sacando un libro de la maleta, diciéndoles que vayan a comer algo. Caminan por los pasillos hacia el comedor, de la mano y compartiendo sonrisas llenas de emoción.— ¿Debemos llamar a nuestros padres? —pregunta Blaine.
— No lo sé, —dice Kurt.— No estoy seguro...
— Me gusta la idea de que seamos sólo nosotros los que sepamos, —dice Blaine,— al menos por un tiempo. Digo, obviamente quiero decirle a todo el mundo cuando el bebé esté aquí pero...
— Pero si decimos que Santana está en labor de parto, subirán a sus autos y conducirán hasta aquí y...
— Y creo que tenemos permitido un momento de egoísmo, —dice Blaine, deteniéndose para envolver sus brazos alrededor de la cintura de Kurt.
— Pero tengo que decirle a Anna, —dice Kurt,— se preocupará cuando no llegue a trabajar.
— Igual. Debo hablar con Riccardo. Pero ellos pueden guardar el secreto.
Para cuando han comido, y hecho las llamadas necesarias, Santana está aburrida, completamente incómoda y muy, pero muy enérgica.— Ayúdenme a salir de esta maldita cama, —dice ella en el segundo en que están de vuelta en la habitación.
— ¿Para qué? ¿Para qué tienes que salir de la cama? ¿Qué pasa? ¿Ya viene? —dice Blaine a la carrera mientras se mueve a su alrededor.
— ¡Necesito hacer pis! —grita ella.— Eso es todo. Sólo ayúdame a levantarme.
La ayuda cuidadosamente a bajar de la cama, y la acompaña al baño, esperándola afuera -muy a pesar de ella- para acompañarla de regreso a la cama.— Ooooh, mierda, —jadea Santana, justo cuando está subiendo a la cama, y un súbito chorro de agua tiene a Blaine gritando y a Kurt tirando del cordón de emergencia.
— ¡Mis zapatos! ¡Mis zapatos! ¡Dios santo, mujer!
— ¡No puedo evitarlo! —le grita a Blaine cuando aparece una enfermera.— ¡Quieres este bebé, y tiene que salir de alguna manera!
— Okay, okay, no hay necesidad de alarmarse, —la enfermera los tranquiliza mientras ayuda a Santana a regresar a la cama.— Limpiaremos esto. Chicos, es el momento de lavarse, parece que estamos listos, —dice ella, echando una mirada entre las piernas de Santana bajo las sábanas.— Diez centímetros. Listo para salir.
A los diez minutos Santana está jadeando y resoplando a través de la agonía mientras su cuerpo la obliga a pujar una y otra vez. Kurt y Blaine están a cada lado, agarrando fuertemente sus manos y diciéndole palabras de aliento mientras ella aprieta los dientes y puja, un grito estrangulado que viene de su boca antes de que gima y caiga de nuevo contra la cama para un breve respiro.
— Muy bien, Santana. Lo estás haciendo muy bien, —el doctor la alienta.— Caballeros, decidan como desean que termine. Serán capaces de ver la cabeza en cualquier segundo.
— ¡Oh! —dice Kurt con sorpresa, mirando a Blaine y a Santana,— Nosotros uh...
— Pueden mirar, —dice Santana con un medio grito.— No es como si fueran a... ¡Mieeeeerdaaaaa! a verlo otra vez. Al menos no de mis partes.
Entonces Kurt mira, con ojos enormes y en estado de shock y sorpresa.— Oh Dios mío. —Se le va el aliento, con ojos brillantes de lágrimas.— Blaine...
— ¿Es asqueroso? —pregunta, reacio a dejar su puesto en el hombro de Santana.
— No, —dice él, riendo entre lágrimas.— Es increíble.
Miran juntos y Blaine jadea fuertemente mientras se vuelve hacia el doctor.— ¿Es esa la cabeza?
— Sip, —asiente.— Muy bien, Santana, escúchame. Dos empujones más, ¿okay? El primero para que salga la cabeza, el segundo para que salgan los hombros, y entonces habrás terminado. A mi cuenta. Uno... dos...
— ¡Treeeeeeeees! —grita Santana, pujando todo lo que puede.
De pronto se vuelve imposible de saber quién está diciendo qué cuando todo el mundo alienta a Santana, y alguien -doctor, enfermera, quién sabe- le dice que siga y que siga hasta que la cabeza está afuera.
— ¡Uno más! —solloza Blaine emocionado mientras él y Kurt empujan contra sus rodillas.— ¡Puedes hacerlo, tú puedes!
Y con un grito final y un enorme pujido, el bebé nace.— Oh Dios mío, oh Dios mío, —solloza Kurt cuando ambos llegan al pequeño bebé. Un rápido dedo es introducido en la boca del bebé, limpiándole la mucosidad, dando un pequeño balbuceo antes de un enorme llanto que llena la habitación.— ¡Blaine! ¡Blaine!
— Niña, —solloza Blaine, ignorando la sangre y mucosidad, y cargando a su pequeña bebé recién nacida.— Kurt, tenemos una niña.
Kurt está sin habla, acariciando suavemente la cabeza de la bebé antes de inclinarse y besarla tiernamente. El doctor la toma para ser aseada, revisada y pesada, dejando a Santana caer débilmente en la cama, y Kurt y Blaine mirándose el uno al otro asombrados.
— Una nena, —susurra Kurt antes de romperse completamente.— Tenemos una hija.
— Pequeña, —Blaine se queda sin aliento, inclinándose para besar a su esposo tiernamente.— Kurt, es muy pequeña.
— Gracias, —dice Kurt, recordando de pronto que Santana está en la habitación.— Oh Dios mío, Santana... Gracias.
— Vengan acá, idiotas, —sonríe ella, abriendo sus brazos. Ellos van de buena gana, y los tres lloran juntos, totalmente abrumados y tan inmersos en lo que acaban de lograr, que a ninguno de los dos les da asco cuando Santana entrega la placenta.
— Nunca te podremos agradecer lo suficiente por esto, —dice Kurt, limpiándose los ojos que simplemente no parecen dejar de llorar.
— Tenemos regalos, —continúa Blaine, apartando el húmedo cabello de la frente de Santana y besándola con ternura.— A pesar de que palidecen en comparación al regalo que tú nos acabas de otorgar. ¿Esas vacaciones que mencionaste? Están listas y esperando. Lacy tiene todos los detalles. Y aquí...
Hurgando en su bolsa, saca una caja de joyería, y coloca un enorme dije de diamante alrededor de su cuello. La joya brilla, y los ojos de Santana se agrandan.— Santo infierno, es enorme, —susurra ella.— No tenían que hacer esto.
— Kurt lo eligió, —admite Blaine.— No estoy autorizado para elegir ese tipo de cosas.
— Es probable que por eso me agrade, —sonríe Santana.
— Como dijo Blaine, no es nada comparado con lo que nos has dado. Tiene uh... la forma de una lágrima... bueno, pensarás que es cursi... pero es porque nos has ahorrado mucho. Hiciste esto tan fácil, tan disfrutable, y nos sentimos tan involucrados... así que gracias, un millón de gracias. Te amamos muchísimo.
— En serio, fue un placer para mí, —sonríe entre lágrimas.
— Okay, necesitamos llevarnos a Santana para que la suturemos, —dice una amable enfermera, y los hombres se vuelven hacia ella para verla sosteniendo a su bebé, evuelta en una manta blanca y llevando un pequeño sombrero rosa.
— ¿Quieres sostenerla? —Blaine le pregunta, y Santana asiente.
— Necesitamos hablar, —dice ella, tomando a la bebé cuidadosamente de manos de la enfermera.— Bueno, hola, pequeñita, —la arrulla, sonriendo suavemente.— ¿Acaso no eres maravillosa? ¿Eh? Ahora tienes que escucharme. Te has portado muy bien conmigo estos últimos meses. Así que ahora tienes que hacer lo mismo con tus papás, ¿okay? Eres la damita más afortunada del mundo, puedo decírtelo, porque aunque han sido totalmente idiotas y totalmente vergonzosos, serán los mejores papás que pudieras desear. Sin embargo, sólo recuerda, cuando estén en el piano después de cenar, para cantar toda la banda sonora de "The Sound Of Music" por undécima vez en la semana, siempre serás bienvenida a mi casa. Entonces, ahora me voy, —solloza ella.— Y los dejaré a ustedes tres. —Besando la mejilla de la bebé dulcemente, se la entrega a Blaine, quien parece que se desmayará en cualquier momento. Les ofrece una pequeña sonrisa mientras sale de la habitación.
— Ahora todo depende de ustedes, —dice la enfermera mientras ordena algunas cosas.— Pero alentamos a todas las madres en la sala a tener algún contacto piel con piel con el bebé. Posiblemente quieran hacer lo mismo, quítense sus camisas y acurrúquense juntos en el sofá con ella llevando sólo el pañal. Abran la parte frontal de la mantita y recuéstenla contra su pecho, esto ayuda a formar vínculos. Los voy a dejar por ahora. Tiren del cordón si necesitan algo.
Se necesitan una gran cantidad de maniobras, pero finalmente Blaine se recuesta sin camisa en el sofá, con Kurt medio encima de él formando una V para la bebé. Con muchísimo cuidado, como si temiera que fuera a romperse, Blaine abre el frente de la mantita y acomoda a la bebé entre ellos. Ella deja escapar un adorable resoplido pero permanece quieta, con su pequeño puño contra la piel de Kurt mientras ambos la miran con admiración.
Kurt sonríe suavemente a través de interminables lágrimas de felicidad.— ¿Alguna vez te habías...?
— Nunca, —susurra Blaine, sin querer hablar demasiado fuerte y arruinar el momento más perfecto que han experimentado jamás. Tendiendo la mano, pasa un dedo suavemente sobre sus redondas mejillitas y por su naricita, maravillándose de lo enorme que parece ser su dedo en comparación con sus pequeños rasgos.— Nunca ha habido una bebé más hermosa que ella. Y es nuestra, Kurt. Es nuestra pequeña amada.
— Mírala, Blaine, —dice él, persionando sus labios contra la frente de Blaine.— Mira sus deditos, su hermosa naricita, su piel perfecta e inmaculada... La amo tanto ya. La amo y te amo entrañablemente.
— Yo también los amo, —dice Blaine, mirándolo y sonriendo antes de besarlo lentamente.— Hmm, esto es bueno, —suspira, envolviendo un brazo alrededor de la bebé y otro alrededor de su esposo antes de besarlo otra vez.— Muy bueno.
— ¿Cómo vamos a llamarla?
— No tengo idea.
Permanecen acurrucados juntos el mayor tiempo posible, hasta que la bebé empieza a llorar y Blaine entra en pánico, tirando del cordón para que vuelva la enfermera.— Está llorando y no sé por qué, —dice él desesperadamente.— No le agrado.
— Le agrada, —ríe la enfermera.— Sólo quiere alimentarse. Tome, —dice ella, entregándole una botella de fórmula.
— No sé cómo, —susurra Blaine aterrorizado.
— Yo tampoco, —agrega Kurt.
— Bueno, van a tener que aprender, —dice la enfermera.— Envuelvan a la bebé y siéntense.
Después de cinco minutos, Kurt está acomodado en el regazo de Blaine, con la bebé en sus brazos mientras la alimentan juntos, dejando que la enfermera regrese a su escritorio una vez más, parloteando sobre lo linda que es la pareja gay al final del pasillo. A solas en la habitación con una bebé que ahora duerme, Kurt de pronto recuerda a la gran familia, e ignorando las reglas del hospital, saca su celular y llama a su papá.
— ¿Kurt?
— Hola papá... ¡Ya eres abuelo!
— ¿Qué? ¿Desde cuándo? ¡Santa mierda, Kurt! ¡Santa mierda! ¿Niño? ¿Niña? ¿Nombre? ¿Está bien?
— ¡Cálmate, papá! —ríe él mientras Burt le grita a Carole.— Niña, es maravillosa, maravillosamente perfecta y no tiene nombre todavía.
— ¿Podemos ir? ¿Podemos?
— Por supuesto, —ríe Kurt.— Traigan a Mike.
— ¡Por supuesto que lo haremos! —ríe Burt.— Saldremos lo más pronto posible. ¡Oh, Kurt! ¡Felicidades!
— Un padre feliz, —Kurt le comenta a Blaine con una sonrisa cuando cuelga.— Es hora de hacer feliz a otro.
— Hola, papá, —dice Blaine animadamente, tragándose las lágrimas que puede sentir amenazándolo.— Pues... tienes una nueva nieta.
— ¿Yo qué? —pregunta Mike,— déjame apagar la TV. Así está mejor. Dilo otra vez.
— Tienes una nueva nieta, —dice Blaine más fuerte, riéndose de la exclamación de su padre.
— ¿De verdad? ¡Oh, Blaine, qué maravilloso! Oh, oh, hijo mío... ella tenía razón, —dice Mike, con la voz quebrada por la emoción.— Tu mamá tenía razón.
— Así es, —asiente Blaine, dándole el teléfono a Kurt, sintiéndose demasiado abrumado para hablar.
— Hola, Mike, —dice Kurt animadamente, y escucha alegremente lo feliz que está. Una vez que se han hecho todos los arreglos para las visitas, Kurt deja el teléfono y toma a la bebé de la cuna, entregándosela a Blaine.— Toma, —dice suavemente, frotando una mano sobre su brazo.
— Desearía que ella, —empieza Blaine, pero es lo único que puede dejar salir antes de que fuertes lágrimas comiencen a rodar por sus mejillas, y Kurt envuelve sus brazos alrededor de ambos, besando el cabello de Blaine una y otra vez.
— Lo sé, lo sé, —lo tranquiliza.— Está bien. Llora por ella, Blaine, porque yo también estoy llorando. Ambos desearíamos que nuestras mamás pudieran estar aquí, pero están mirándonos, estoy seguro. Tu mamá estaba tan segura de que tendríamos una niñaa, y la tuvimos. Mírala, Blaine. Ella está aquí, y crecerá sabiendo todo acerca de esas dos fantásticas abuelas que velan por ella, y la vamos a amar y a hacer de su felicidad nuestra prioridad de vida, ¿de acuerdo?
Blaine no responde, sólo sostiene más fuerte a la bebé contra su pecho y se acurruca en Kurt, quien los besa a ambos en turnos. Se quedan dormidos, dándose cuenta que lo han hecho cuando la enfermera llega y les anuncia que la bebé será llevada a los cuneros para algunas observaciones.— Nada de qué preocuparse, —dice ella alegremente.— Sólo chequeo de rutina. Utilicen el tiempo para enviar fotos a todo el mundo, —sonríe.— Luego probablemente quieran darle un baño y vestirla.
— Muy bien, —dice Blaine firmemente.— Vamos a hacerlo. Vamos a darle un nombre, y a bañarla, y a vestirla y probablemente a entrar en pánico. Pero lo vamos a hacer.
— Juntos, —sonríe Kurt.
— Juntos.
. . .
— ¡Y no la ahogué! —dice Blaine alegremente a Wes en el teléfono. Ha dejado a Kurt en su habitación, dándole mimos a la bebé hasta quedarse dormido, y ahora Blaine va a través de un bombardeo de mensajes de texto, llamándole a los más importantes, empezando con Wes, por supuesto.— Lloró un poquito, pero Kurt la sostuvo y yo derramé agua en su pancita -que por cierto, es la pancita más linda de toda la existencia- y luego cuando estuvo lista, la envolví en una toalla y la sequé. Vestirla fue un desafío, —admite.— Esos pañaleros, es muy difícil meter sus bracitos y piernitas en ellos, y realmente gritó mucho en ese punto. Pero como que... dejó de llorar tan pronto como tuvo un biberón en su boca. Eso es todo. Simplemente se calló y chupó mirándote con esos enormes ojos azules y... oh, Wes, —ríe Blaine.— No puedo esperar a que la conozcas.
— ¿Se parece a Kurt?
— Sí. —sonríe, pensando en ellos en la habitación.— Tiene su boca, definitivamente, y sus ojos. Su nariz también, esa naricita respingada. Sí. Sí que se parece a él. Pero no tiene mucho cabello. Sólo ese poquito cabello oscuro que según la enfermera, se le caerá y le saldrá el definitivo.
— ¿Podemos ir mañana?
— Sí, —dice Blaine rápidamente.— Por favor háganlo.
— ¿Y Santana está bien?
— Sí. Acabo de verla. Está bastante bien. Parece realmente feliz por el bebé y para nada molesta, lo que es bueno. Creo que todo el asesoramiento de antes ayudó. Está descansando, pero dijo que bajará mañana a nuestra habitación.
— Muy bien, espero verla, —dice Wes lentamente.— Yo uh... nosotros... bueno... tenemos noticias.
— ¿Wes? ¿Va a haber un mini Wes?
— Sí, —ríe Wes.— Para principios de septiembre.
— ¡Oh Dios mío! —chilla Blaine.— ¡Felicidades! ¿Puedo decirle a Kurt? ¿Puedo?
— Sí, —accede Wes.— Pero a nadie más.
— Okay. ¡Aw Wes! ¡Esto es increíble!
. . .
— ¿Quieres llamarla Sara? —pregunta Kurt más tarde ese día.
Blaine deja de escribirle a Riccardo y lo mira, pensando.— No creo, —dice en voz baja.— Tal vez si hubieran sido años más adelante. Pero justo ahora no me siento listo para ese recordatorio diario.
— Okay, —Kurt se encoge de hombros.— Sentí que debía ofrecerlo.
— Y es realmente un gesto muy dulce, gracias.
— Está bien, Blaine, —dice Kurt, estudiándolo y sabiendo que se siente condenadamente culpable.— No tienes por qué sentirte mal. Tenemos derecho a ponerle el nombre que queramos.
— Lo sé, pero aún así siento que quiero honrarla de alguna manera.
— Siento lo mismo respecto a mi mamá, —admite Kurt.
— ¿Entonces cuáles son nuestras opciones? —pregunta Blaine.— Beth está descartado, pero Elizabeth tiene muchos diminutivos. Eliza para empezar.
— Lo odio.
— O-kay, —dice lentamente.— Um... Betty, Betsy, Elise, Libby, Lizzy...
— ¿Qué fue eso? —pregunta Kurt, enderezándose.
— ¿Qué fue qué?
— Ese nombre que dijiste.
— ¿Lizzy?
— No. Antes de ese.
— Libby.
— Sí, —dice Kurt con el rostro iluminado.— Ese.
— ¿Te gusta? —pregunta Blaine, moviéndose del sillón al sofá donde se encuentra Kurt.
— Sí, —confirma él.— ¿A ti?
— Me encanta. Veamos qué piensa ella, —dice Blaine, tomando la mano de Kurt y llevándolo hasta la cuna donde duerme la bebé.— ¿Y bien? —pregunta, sacándola de la cuna y besándola en la nariz.— ¿Quieres llamarte Libby, darling?
— Oh Dios mío, Blaine. ¡Eres un genio! —ríe Kurt de repente.
— ¿Eh?
— ¡Eso es! La manera perfecta de honrar a tu mamá y a la mía.— La llamaremos Libby Darling.
— Y otra vez, ¿eh? —pregunta Blaine confundido.
— Libby Darling Hummel-Anderson, —dice Kurt lentamente.— En memoria de nuestras mamás y además completamente original. Tu mamá le decía a todo el mundo darling, y si ella estuviera aquí todavía, sin importar qué nombre le diéramos a la bebé, ella seguiría siendo conocida como darling. Así que eso haremos.
— Creo... —empieza Blaine lentamente, moviendo a la bebé al otro brazo para atraer a Kurt más cerca.— Creo que cuando lleguen nuestras familias, podremos presentarles a nuestra hija, Libby Darling, —sonríe.— Es perfecto. Y ahora me voy a sentar en un rincón a llorar un rato, si eso está bien.
— ¿Podemos Libby y yo sentarnos contigo?
— Creo que me gustaría muchísimo. —responde con una sonrisa.
