— Debí haber sabido que a ustedes dos no se les podía encomendar la responsabilidad de nombrar a un niño de forma sensata, —dice Santana cuando entra en su habitación al siguiente día. Blaine levanta la mirada ansioso desde donde está escondido en la esquina del sofá, alimentando a Libby, parpadeando hacia Kurt con preocupación.

— ¿Es terrible? —pregunta Kurt con cautela.— ¿Lo odias?

— Es perfecto y me encanta, —Santana ríe, sentándose junto a Blaine y tocando el pequeño pie de la bebé en un breve saludo.— De cualquier manera, nadie usa su segundo nombre, Kurt, el tuyo es Elizabeth pero escucho a muy poca gente yendo por ahí llamándote por tu nombre completo. Sólo a Blaine cuando dices algo escandaloso. No... lo hicieron bien. Creo que tu mamá estaría realmente conmovida, —dice ella sonriéndole a Blaine.— ¿Ya la vio tu papá?

— Sí, vino ayer con Burt y Carole, —dice en voz baja.— Él uh... lloró. Mucho.

— Era de esperarse, —dice Santana descansando una mano en su brazo.— Quiero decir, han pasado dos meses, no es mucho en absoluto. Además, fue una gran conmoción. Nadie tuvo tiempo de prepararse.

— Lo sé, —dice él con una inclinación de cabeza.— Estoy muy consciente de cuán agridulce es este momento, créeme.

Santana se mueve más cerca, besando su mejilla y mirando a la bebé, quien la mira de vuelta con grandes ojos azules.— Lo siento, —dice ella en voz baja.— Por supuesto que lo estás.

— Ugh, —balbucea Blaine, forzando una sonrisa.— No, está bien. Lo siento. Cansado, ¿ya sabes? Todo está muy bien, y es bueno tener una habitación privada como esta, pero hay que levantarse en la noche y atenderla.

— Es lo que se supone que tienes que hacer con bebés que son tuyos, —sonríe ella, dándose cuenta de que Kurt se ha quedado dormido en el sofá.— Como yo lo entiendo, cuando vayan a casa, también tendrán que levantarse en la noche, el vecino al otro lado del pasillo no vendrá corriendo a atender sus necesidades.

— Seis veces, —susurra horrorizado.— Se despertó seis veces entre las diez y las seis. ¿Y pensar en que estaba preocupado de que lloraría en la noche y que no la escucharíamos? No-o. Ella berrea.

— Tal vez cogió algunas de mis características mientras estuvo adentro, —sonríe Santana llena de orgullo, acariciando la mano de Libby donde se cierra con firmeza alrededor del dedo de Blaine.— Buena chica.

— ¿Estás bien? —pregunta Blaine, moviendo a Libby a su hombro para que repita.— Quiero decir, ¿te sientes bien? ¿Física y... emocionalmente?

— Estoy bien, —sonríe.— Tengo que admitir que estaba preocupada. Pensé que podría no ser capaz de mirarla, o tocarla por algunos días, pero sí puedo, —dice ella, acariciando suavemente el cabello de Libby para probar su punto.— Y no se siente extraño. Creo que si se hubiera parecido a mi en alguna forma, lo habría encontrado más difícil, pero no hay absolutamente nada que indique que vino de mi, —sonríe.— Así que estoy feliz de que usaran el... ya sabes... de Kurt.

— ¡Santana! —ríe Blaine.— ¿Te estás volviendo tímida respecto a la palabra esperma?

— No... es sólo que... ella está aquí ahora. No se siente correcto pensar en ella de esa manera. Qué lindo, —sonríe.— Se ha quedado dormida en tu hombro. Realmente se parece a su papá. ¿Es todo lo que soñaste?

— Y más, —sonríe Blaine, oliendo el cuello de Libby y suspirando con satisfacción.— Si alguien me hubiera preguntado hace veinte años, que describiera a mi futuro esposo y después a mi hija, no habría ni siquiera podido acercarme a la perfección que es este par. Míralos. —Levantándose, lleva a Libby hacia donde Kurt duerme acurrucado en el sillón, acomodándola en el hueco de su brazo, sonriendo complacido cuando Kurt resopla en su sueño, envolviendo automáticamente un brazo de forma protectora alrededor de la bebé, abrazándola fuertemente.— Simplemente... increíble, —dice Blaine en voz baja.

— ¿Sabes qué deberíamos hacer mientras duermen? —pregunta Santana cuando se le une para mirarlos.

— ¿Qué?

— Ponerlos en poses ridículas y tomarles fotos.

— Oooh, tentador...

— Y divertido, —termina por él.— Podemos empezar poniendo su chupón en la boca de Kurt. ¿O es alguna extraña perversión suya de la que no sé?

— ¡Ew, no! Y Kurt y yo no somos pervertidos.

Santana se detiene, con el chupón en la mano mientras mira a Blaine y ríe.— Oh, Blaine. En todos los años que llevo de conocerte, esa es la broma más divertida que me has hecho.

. . .

— ¡Sr. Hummel-Anderson! —grita la exasperada enfermera en la habitación.— Cualquiera de los dos, no importa. ¡Unas palabras, por favor!

Kurt se escabulle fuera de la habitación después de ella, sonriendo con benevolencia, y esperando inocentemente.— ¿Puedo ayudarla?

— ¡Esto es un hospital! —dice furiosa.— En mi último recuento, tenía quince visitantes en esa habitación, además de ustedes tres, ¡y ahora encuentro a dos más tratando de localizarlo!

— Ooh. ¿Quién?

— No lo sé, —estalla ella.— Me doy cuenta que están emocionados por la llegada de su hija, y entiendo que quieren compartir estos momentos con su familia y amigos, pero ¿podría por favor mantener un máximo de cuatro visitantes a la vez? No son la Familia Real.

— Sí, por supuesto, —sonríe Kurt cortésmente mientras espía a Ken y a Gill dirigiéndose al pasillo cargados de regalos.— Me disculpo.

Satisfecha, la enfermera se da la vuelta y acecha el pasillo, mirando enojada a Ken y a Gill al pasar.— ¿Es mal momento? —pregunta Gill con preocupación.

— ¡De ninguna manera! —dice Kurt alegremente.— Adelante. Estamos teniendo una especie de fiesta.

La fiesta continúa toda la tarde, aún cuando la enfermera les dice tres veces más sobre el número de visitantes antes de darse cuenta finalmente que no se van a ajustar. Libby pasa por todo el mundo mientras Kurt y Blaine abren múltiples regalos y disfrutan mostrando a su hermosa hija. Wes y Kathy sorprenden a Santana con un enorme arreglo de flores y aretes que hacen juego con el dije, mientras Rachel anuncia que le ha reservado un fin de semana de spa, por lo que Santana se ve realmente entusiasmada.

Libby recibe una cantidad infinita de ropa y suaves juguetes de todo el mundo, ante los cuales, Kurt y Blaine muestran mucha efusividad. El número de visitantes crece hasta veintidós con la llegada de Nick, Jeff, Lacy y Anna con su esposo Marcus, momento en que la enfermera se ve al borde de un infarto, y así, poco a poco la gente se despide -con todo el contingente de Ohio registrado en un hotel cercano, y prometiendo visitarlos al día siguiente en casa. Quedándose con Riccardo, Lucia, Anna y Marcus, Kurt y Blaine se deleitan con la relativa calma mientras Anna acuna a la bebé y le da instrucciones a su esposo de entregar los regalos.

— Sé que esta damita tendrá toda clase de ropas maravillosas, —dice ella, sonriéndoles a ambos.— Pero no pude resistir la oportunidad de hacerle un poco más.

— Precioso, —dice Kurt, desenvolviendo el delicado papel de seda para revelar un vestido de flores con botines a juego.— Y de hecho, la mamá de Blaine tejió una chambrita que armonizará de forma perfecta. Gracias.

— Siento que Riccardo haya comprado nuestro regalo, —explica Lucia.— Sólo puedo disculparme.

— No, no, ¡te gusta! ¡Blaine! Quieres que Libby sea musical, ¿verdad? ¡Entonces aprenderá!

Riendo, Blaine desenvuelve el xilófono, sonriendo hasta que se da cuenta del ruido que acompaña un regalo como ese.

— Para cuando sea más grande, —dice Riccardo alegremente.— Bang, bang, ¿sí?

— Sí, —dice Blaine débilmente.

— ¡Y mira! Ve lo que hice, —dice él, poniendo un CD en las manos de Blaine.— ¿El álbum de conciertos para piano que hicimos? Le puse un nombre. Estás sosteniendo la primera copia en tu mano.

Blaine le da la vuelta, el primer álbum que él ha hecho en donde toca solos de piano en cada pista. 'Canciones de cuna para Libby,' dice, y el corazón de Blaine se hincha de orgullo.

— Es increíble, —dice Kurt suavemente.— Simplemente... maravilloso. Gracias, Riccardo. Gracias.

— ¿La traerás de gira? —pregunta Riccardo emocionado.— ¿En el verano? ¿Por favor? Para que pueda decirle a todo el mundo '¡Aquí está ella!'

— Um... bueno... no hemos hablado realmente acerca de ello, todavía faltan cuatro meses, —dice Kurt, avergonzado de ser puesto en la mira.— Um...

— No hace ninguna diferencia para mi, —dice Anna alegremente.— Si quieres tomarte el verano, entonces adelante. Estamos reservados para "El Fantasma de la Ópera" empezando en Septiembre, puedes diseñar mientras estás en el camino.

— ¿Blaine? —pregunta Kurt en voz baja.

— Dije que no volvería a hacer giras de verano, —dice él negando con la cabeza.— Tú querías llevar a Libby de vacaciones.

— ¿Podríamos hacerlo después de eso?

— ¿Quieres ir? —pregunta Blaine con sorpresa.

—Sí, —ríe Kurt.— Creo que sería muy divertido. Estoy seguro que Lucia y Gill nos ayudarían.

— Me encantaría, —dice la esposa de Riccardo alegremente.

— Um... —comienza Blaine, pero Kurt lo interrumpe.

— Sabes que sería divertido, —sonríe.— Di que sí, anda, di que sí.

— ¡Sí! —grita, atrayendo a Kurt en un rápido beso mientras Riccardo festeja.— Cualquier cosa por ti, —susurra en el oído de Kurt,— cualquier cosa por ustedes dos.

. . .

A las nueve de la mañana del día siguiente, Kurt y Blaine están fuera del hospital, nerviosos acomodando a Libby en el asiento para bebés entre ellos.— Puedes manejar, —dice Kurt, mirando hacia el estacionamiento.

— No, creo que deberías hacerlo tú.

— No puedo, —susurra Kurt.

— Vas a tener que hacerlo en algún momento, —Blaine trata de razonar.— Por eso tenemos dos autos.

— Lo sé pero... todavía no. Por favor, conduce tú. Has estado conduciendo más tiempo que yo, —lo engatusa.— Y soy muy joven...

— ¡Kurt! —ríe Blaine a carcajadas.— Okay, okay, yo conduciré. Pero no dejes que me quede dormido al volante.

Por más nerviosos que están de camino a casa, no es nada comparado con el miedo que los rodea y el temor que sienten cuando cierran la puerta de su apartamento detrás de ellos y se dan cuenta que ahora sí son los únicos responsables de la bebé.

— Mierda, —dice Kurt, congelándose en el pasillo.— Esto es.

— Lo es, —asiente Blaine.— ¿Puedes creer que hayan pensado que somos lo suficientemente responsables para esto? Estoy seguro que llamarán pronto, diciendo que ha sido alguna especie de equivocación.

— Al menos, está dormida, —suspira Kurt.— Entonces... ¿Ahora qué?

— ¿Podríamos ponerla en poses graciosas y tomarle fotos?

— ¡Blaine! —lo amonesta Kurt.— ¡No! No harías eso, ¿verdad?

— Nop, —dice Blaine rápidamente, pensando en las más de cuarenta fotos que ya tiene de Libby en varias poses. Está particularmente encariñado con aquella en la que parece que lleva los zapatos de Kurt.— Nunca.

— Vamos a ponerla en su cuna y luego a besuquearnos como un par de adolescentes hambrientos de sexo, —dice Kurt con decisión, y Blaine lo sigue de buena gana.

— Oh Dios mío, ven aquí, —susurra Blaine en el segundo en que Libby está acomodada.— Déjame besarte correctamente. Han pasado dos días enteros desde que mi lengua estuvo...

Es silenciado por la boca de Kurt en la suya, en un beso que casi deja moretones por su intensidad. Le da la bienvenida a la lengua de Kurt en sus labios, gimiendo alegremente y abriendo más su boca.— Creo que deberíamos movernos a nuestra habitación, —jadea cuando Kurt empieza a morder su cuello.— La escucharemos si se despierta.

— No creo que tengamos tanto tiempo, —dice Kurt, empujándolo por el pasillo y quitándose su propia camisa mientras está en ello.— Comió hace tres horas. Es sólo cuestion de tiempo.

Los ojos de Blaine viajan sobre él con admiración, de una manera que todavía acelera el corazón de Kurt.— Puedo ser rápido.

— Aw, cariño, sé que puedes, —bromea Kurt, tomando su suéter tirando de él sobre su cabeza.

Blaine gruñe, haciendo a Kurt reír a carcajadas, y cayendo de buena gana en la cama, con Blaine aterrizando encima de él. Todavía riendo, Blaine sujeta los brazos de Kurt sobre su cabeza y besa todo su cuerpo, atormentando los pezones de su marido hasta que se retuerce debajo de él. Frotando su mano en el bulto en los pantalones de Kurt, Blaine tira de su camisa por sobre su cabeza antes de presionar su torso desnudo contra Kurt, ambos gimiendo alegremente.

— ¿Blaine? —jadea Kurt, arqueando su cuerpo bajo sus caricias.

— ¿Mmm?

— Lo quiero fuerte, rápido y duro.

— Gracias por su solicitud, señor, —ríe Blaine, arrodillándose entre las piernas de Kurt y desabrochándole la bragueta.— ¿Eso será todo?

— Una guarnición de fuertes marcas en mi cuerpo pero no por encima de mi cuello, y de postre requeriré dulces besos y mimos.

— Su órden está en camino, —sonríe Blaine, presionando su rostro en la cadera de Kurt, corriendo su lengua antes de chupar una enorme marca morada justo por encima de su hueso. Blaine pretende no escuchar el primer llanto que viene, y sabe que Kurt también, por la forma en que se tensa su cuerpo debajo de él, pero continúa tirando de su cabello. Sin embargo, el segundo es más fuerte, y gruñe y besa el estómago de Kurt dulcemente. El tercero y el cuarto vienen rápido seguidos de una ráfaga subsecuente de lamentos que Blaine está muy seguro que pueden escucharse en todo Illinois.— Ugh, —gruñe, y Kurt lo empuja suavemente por los hombros.

— Yo iré.

— Interrumpidos por una bebé de dos días, —gruñe mientras Kurt la lleva a la habitación.

— Oh, papi gruñón, —dice Kurt a Libby en su mejor voz infantil.— Sé que es una mierda, —le dice a Blaine,— pero mírala. Ve que bella es.

— Escucha lo ruidosa que es, —refunfuña Blaine, besando su cabecita.— Supongo que prepararé algo de fórmula.

— ¡Hola! ¡Estoy aquí! —dice Santana en voz alta cuando abre la puerta.— Y traje a sus padres conmigo. ¡Oh, por Dios santo, Kurt! ¿Por qué está tu camisa en el recibidor?

— Te perdono por toda tu interrupción, —Blaine le susurra a Libby mientras se pone su camisa.— La alternativa podría haber sido mucho peor.

— ¿Están desnudos? —llama Santana, tocando a la puerta de su habitación.

— ¡En serio! —grita Kurt por encima del llanto de Libby.— ¿Suena como si lo estuviéramos? —Volviéndose hacia Blaine, con las mejillas ardiendo de indignación, resopla.— ¿Por qué sigue teniendo una llave? ¡Han pasado dos años desde que descubrimos que tiene una, y aún no le pides que te la devuelva!

— ¡Bueno, tú tampoco!

Kurt hace una pausa, a medio camino del clóset para encontrar una camiseta.— Buen punto. Ah, bueno, sólo ve y entrégale a Libby a alguien y prepárale su fórmula.

— Sí, Kurt. Estoy en ello, Kurt, —bromea Blaine con un saludo burlón.

— Buen chico. Y no te olvides de mi solicitud de antes, —agrega con un guiño.

. . .

El interminable flujo de visitantes es bienvenido, pero exhausto. Para cuando Libby tiene diez días de nacida, Kurt y Blaine están destrozados. Sin afeitar, con muy poca ropa limpia entre ellos después de que resulta que Libby es muy buena regurgitando la leche tan pronto como baja, el apartamento es un desastre y las alacenas están vacías.

— Esto no es como se suponía que debía ser. —Kurt está tumbado en el sofá, en pantalones deportivos de Blaine y una vieja camiseta, examinando los restos del desastre de la habitación. Tazas de café de los visitantes que se fueron hace mucho tiempo ocupando cada superficie. Tarjetas por todos lados y pilas y pilas de regalos. En el centro del piso yace Libby, satisfecha mirando una zebra que cuelga de su gimnasio para bebés, Blaine apoyado en un codo a su lado, mirándola con asombro.

— Igual, —asiente Blaine.— Para empezar, pensé que dormiría más.

— Esto no puede seguir para siempre, ¿cierto? Quiero decir, estoy bastante seguro de que no me despertaba a cada hora cuando era un bebé.

— No, ella tiene que empezar a dormir en algún momento. Es sólo que para entonces, estaremos demasiado desgastados para apreciarlo, y todas esas publicaciones de Facebook con las que soñabas, presumiendo de cómo duerme tu bebé, bueno, no sucederán porque no tendrás la energía para escribir.

— Sin embargo, ella es deliciosa, —dice Kurt sonriéndole a la bebé.

— Lo es. Pero tenemos que hacer algo. Conseguir ayuda... o algo.

— Sí. —coincide Kurt.

— Entonces... ¿a quién vamos a llamar?

— ¿A los cazafantasmas? —ríe Kurt de su propia broma y luego ve esa mirada en el rostro de Blaine.— Lo siento.

— Podría llamar a Kathy y a Wes.

— No puedes hacer eso. Kathy está embarazada y muy cansada, y Wes da clases en la semana. No puedes esperar a que conduzca hasta aquí dos fines de semana consecutivos. Y Santana está de vacaciones, no lo olvides.

— ¿Rachel?

— Está trabajando

— ¿Carole?

— Está trabajando.

— ¿Por qué toda esta gente tiene que trabajar? —chilla Blaine exasperado.— Ugh.

— Nosotros tenemos trabajo.

— Oh Dios mío, lo tenemos, —dice Blaine aturdido.— ¿Cómo esperamos volver al trabajo con esto?

— Esto tiene un nombre, y lo resolvimos hace meses.

— Lo sé, pero ¿y la falta de sueño? Digo, anoche tuve dos horas de sueño. Dos. No he tenido energía ni siquiera para poner las tazas en el lavavajillas y... oh con un demonio, —gruñe cuando suena el timbre.— Lo siento, Libby. ¿Quién es esta vez?

— Hola, tío Blaine. ¡Es tu sobrina favorita!

— Eres mi única sobrina, —refunfuña por el intercomunicador hacia Maddie.— Sube.

— ¡Woha! ¿Qué demonios pasó aquí? —ríe Joe cuando llegan al apartamento.

— Libby pasó, —dice Kurt débilmente.

— Hola preciosa, —dice Joe amorosamente, arodillándose en el piso y tomándola en sus brazos.— ¿Estás causándoles problemas a tus papás? ¿Eh?

— No mucho problema, sólo... falta de sueño, que da como resultado falta de energía.

— Tienen que dejar de tener tantas visitas, —les dice Maddie mientras se acomoda en el suelo junto a Joe.— Este lugar generalmente está inmaculado. Sé que los bebés vienen con un montón de cosas, pero aún así. Este lugar está empezando a parecerse al apartamento de Joe cuando no lo he limpiado.

— No podemos rechazar a las personas, —razona Blaine.— Han venido a ver a Libby, y le traen regalos. No puedo simplemente decirles 'gracias pero ahorita no.'

— Claro que puedes. Toda la familia y amigos han venido al menos dos veces, y es una cantidad endemoniada de gente si lo piensas bien. Y de cualquier manera, cuando llamé ayer, estabas acompañando a la puerta a dos periodistas. Ellos no estaban aquí para verte a ti o a la bebé, estaban aquí de la revista Classical World, esperando poder mostrar lo amistosos que son con la comunidad LGBT al presentar a un pianista gay de clase mundial en casa con su esposo y su bebé.

— Sí... mencionaron algo al respecto.

— ¿Ves? —continúa Maddie.— No hay nada de malo en pedirle a la gente que llame antes de venir. Y ustedes dos necesitan descansar. Se ven exhaustos.

— Lo estamos, —gime Kurt.

— ¿Por qué no Maddie y yo llevamos a Libby a dar un paseo? —ofrece Joe.— Ustedes dos podrán limpiar este lugar y luego tomar una siesta.

Kurt se apresura a enderezarse en el sofá.— Oh no. De ninguna manera.

— ¿Por qué no?

— Tú... a cargo de una bebé... no.

— Cuatro hermanas menores, ¿recuerdas? — le dice sarcásticamente a Kurt.— Y es sólo un paseo.

— ¿Sabes cómo cambiar pañales? —le pregunta Blaine.

— Sí.

— ¿Alimentarla? ¿Hacer que eructe?

— Sí.

— ¿Sabes qué hacer si se ahoga?

— Blaine, me estoy ofreciendo a cuidarla por un par de horas. No a adoptarla.

— No estoy seguro, —medita Kurt, compartiendo miradas de preocupación con Blaine.

— Oh, mira, Libby ya está en su carreola, —sonríe Maddie hacia los conmocionados padres.— ¿Y la pañalera?

— Uh... en el armario del recibidor, —dice Kurt lentamente.— Pero yo...

— Okay, —dice Joe alegremente, saliendo de la cocina con un biberón en la mano.— Tenemos leche, pañales, una bebé. Nos vemos en dos horas.

La puerta se cierra y Kurt se vuelve hacia Blaine, sorprendido.— Se llevaron a nuestra bebé, —dice con ojos enormes por la sorpresa.

— Sí.

— No pareces alarmado.

— Estoy más bien... extasiado, —dice Blaine sonriendo suavemente.

— ¿Qué?

— Extasiado... por tí, —repite, abriendo sus brazos.— Ven aquí.

— Pero ellos...

— Escucha, Kurt. —lo insta.— Escucha.

— ¿Qué cosa? No hay nada que escuchar.

— Precisamente, —Blaine sonríe mientras Kurt lentamente se mueve del sofá a acomodarse en su regazo.— Nada. Ni un ruido. No hay nadie aquí, excepto nosotros. Por dos horas completas.

— Ya sabes... —dice Kurt, con una lenta sonrisa formándosele en el rostro.— Hay mucho que podríamos lograr en dos horas.

— Una gran cantidad, —susurra Blaine, frotándose en su cuello y oliendo profundamente.— Y todavía tengo una solicitud en espera del otro día...

— He cambiado de opinión, —dice Kurt, arqueando su cuello y dejando escapar un suave gemido.

— Oh no, Kurt, —murmura Blaine, corriendo su lengua por su piel.— No, no, no.

— No lo quiero fuerte, rápido y duro, —dice Kurt, moviéndose para estar a horcajadas sobre él.— Lo quiero largo, interminable y lento.

— Bueno, definitivamente puedo hacerlo. Mmm, he extrañado esto, —dice inclinándose para besar sus labios.— Pero... realmente mucho.

— ¿Quieres hacerlo en la habitación? —pregunta Kurt, desabotonando la camisa de Blaie.— Estoy pensando que si ellos regresan por alguna razón...

— Sí. Nos asustaría a todos de por vida, —coincide Blaine.

Se mueven hacia el pasillo juntos, los brazos de Kurt envueltos fuertemente alrededor de Blaine por detrás, ambos mareados ante la perspectiva de estar juntos otra vez. Hacen el amor lenta y dulcemente, explorando cada centímetro del otro el mayor tiempo posible hasta que Blaine se acomoda entre las piernas de Kurt y lo penetra. Agarrándose con firmeza a su espalda, Kurt se alza para encontrar los labios de su marido, y comparten largos y perezosos besos, con Blaine moviéndose suavemente dentro de él hasta que se vuelve demasiado difícil de soportar y alcanzan el clímax juntos.

— Me he vuelto todo tembloroso, —ríe Blaine tímidamente cuando sus brazos empiezan a temblar y cuidadosamente recuesta a Kurt en la cama.— ¿Sabes? Te amo mucho más ahora que eres el padre de nuestra hija, —dice él, besando suavemente el hombro de Kurt mientras se retira.

Kurt se vuelve de lado mientras se acurrucan juntos, casi nariz con nariz.— ¿De verdad? —pregunta con ojos brillantes de placer.— Porque es totalmente lo mismo para mi. Cuando estabas sobre mi, justo ahí, moviéndote dentro de mi, te miré y pensé en lo maravilloso que es todo esto. Tengo tantas conexiones contigo que simplemente nunca tendré con nadie más, y ahora tenemos el último lazo. Y adoro mirarte con ella. Adoro escucharte hablándole cuando le cambias el pañal. Adoro la discusión que tuvieron esta mañana acerca de cuál atuendo le gustaría más a papá. Pequeñas cosas como esas -la forma en que le haces caras divertidas, o le besas sus deditos- me hacen amarte más y más... Y... estás llorando. Qué novedad, —ríe Kurt besando las mejillas de Blaine.— ¿Ves? Te amo más.

— La extraño cuando no está aquí, —admite Blaine.— Pero este tiempo contigo se siente como el cielo. No voy a sentirme culpable por pedirle a la gente que la vea, o por ignorar las tareas de la casa en favor de llevarte a la cama, porque me siento en la cima del mundo en este momento. Vamos a ser mejores padres si nos centramos el uno en el otro, así como en Libby, ¿sabes? Y como resultado, ella será más feliz.

— Estarán de vuelta en media hora, —dice Kurt en voz baja, agachando la cabeza para que Blaine no note sus lágrimas, pero por supuesto que lo hace.

— ¿Quieres que te abrace?

— Sí, por favor.

. . .

— ¿Por qué este apartamento se ve exactamente igual? —pregunta Joe cuando regresan para encontrar a Kurt y a Blaine acurrucados en el sofá.— Oh. —Se detiene en seco cuando se da cuenta.— Tuvieron sexo, ¿no es así?

— ¡Joe! —Maddie lo reprende mientras saca a Libby del cochecito.— ¿Te importaría? Son mis tíos.

— Sin embargo lo hicieron, ¿no es así? —pregunta Joe, notando la sonrisa súper satisfecha de Blaine.

— No sólo hicimos eso, —dice Kurt, intentanto ser indiferente, pero fallando miserablemente.— Cambiamos las sábanas.

— Y me afeité, —agrega Blaine.

— ¡Ew, ew, ew! —grita Maddie con horror.— Son asquerosos. Tengan a su bebé. Ella fue muy buena, por cierto, y comió hace una hora. Vamos a dejarlos ahora, porque necesito ir a aclararme el cerebro. Los amo.

— ¡Gracias! —dice Kurt animado, pero Blaine está demasiado absorto en Libby como para notar que se han ido.

— ¿Extrañaste a papi y a papá, bebita? ¿Los extrañaste?

— Blaine, está dormida.

— Lo sé, —sonríe.— Pero no me importa. Anda. Limpiemos mientras toma su siesta.

Una hora más tarde y casi han terminado cuando Libby despierta con un fuerte gimoteo.— Okay, okay, —dice Blaine desde la cocina.— Yo voy.

— ¿Está bien? —grita Kurt.— Iba a aspirar.

— Sigue, yo ya casi acabo por aquí.

Pero para sorpresa de ambos, en el segundo en que Kurt enciende la aspiradora, Libby deja de llorar y escucha con atención. Blaine se apresura hacia la sala de estar para encontrarla con la mirada fija en la zebra que cuelga otra vez, fascinada por el ruido.

— ¡Creo que le agrada! —habla Kurt.

— ¡Apágala!

Entonces Kurt lo hace, y el llanto empieza otra vez.

— ¡Enciéndela de nuevo! ¡Enciéndela de nuevo!

Y otra vez, el llanto se detiene.

— ¡Excelente! —ríe Blaine, — Ahora podremos tener a una bebé feliz y limpios los pisos.

Están felices por el resto del día, los tres pasando un largo rato en el piso examinando los méritos de la zebra antes de que se metan todos juntos en la bañera.

— Además de las veces en las que hemos sido completamente obscenos, —medita Blaine jugando con los dedos de los pies de Libby mientras Kurt la sostiene,— Este es el mejor baño que he tenido.

— A ella también le gusta, —observa Kurt.— Parece que vamos a pasar todo nuestro tiempo en la bañera o aspirando.

Se acurrucan juntos en la cama, con Kurt acunando a Libby en sus brazos mientras la alimenta, y Blaine poniendo un brazo alrededor de ambos, atrayéndolos más cerca y besando a Kurt en la mejilla.

The stars are out, —canta suavemente, sonriéndole a su pequeña hija.

The moon is up,
It's time to go to bed.
I'm so glad you have a place
To lay your little head.

Have a deep and peaceful sleep,
Dream away the hours.
When you wake, the sun will come
To smile upon the flowers.

Go to sleep my little friend,
Beneath the evening star
And you will always have a friend,
No matter where you are.

Tomando la botella de Kurt, que ahora duerme, acomoda suavemente a Libby en la cuna al lado de la cama, besando su mejilla tiernamente.— Te amo, mi cariñito —susurra, apagando la luz y atrayendo a Kurt en sus brazos.— Y te amo, mi niño precioso.