Disclaimer: Ni La Imagen de la historia, ni Katekyo Hitman Reborn, ni Axis Powers Hetalia son de nuestra autoría. Todo aquí es de su respectivo autor, incluyendo los OC'S que nuestras amigas nos prestaron, y solo Chiara y Eloise son nuestras.
¡Buenas noches/tardes/días, mis polluelos(?). Esta vez si he subido el capitulo a tiempo, o eso creo, no sé(?), pero no lo subo con tanto atraso.
Aunque me da una flojera tan extrema, me provoca es echarme a la cama y dormir todo el día.
Es cierto, ¡Infinitas gracias por sus reviews!, son los que nos motiva a continuar con la historia (cofcofademasdelaideadeAnneenojadacofcof). No saben cuanto se los agradecemos.
Sin más que decir, ¡Disfruten el capítulo, mis polluelos y polluelas!(?).
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Cuando el chico de cabellos platinos llego a casa, sintió una mezcla de alivio y de molestia al recibir la respuesta negativa de una de las sirvientas cuando le pregunto si su padre había llegado. La mayoría del tiempo, desde que se habían mudado a Liverpool, era así. No sabía ni porque se molestaba.
Sabía que su hermana y la actual pareja de su padre se encontraban cenando en estos momentos, por lo que decidió subir directamente a su habitación, sin cenar. En estos momentos no le apetecía hablar con nadie.
Avanzaba por los pasillos, en dirección a su habitación mientras el sonido de sus pisadas hacía eco por el pasillo. Trato de pensar en alguna otra cosa que no fueran esos dos chicos o su padre, ya que hacerlo solo lograba molestarlo más. Sus pensamientos se dirigieron a ese imponente barco que había visto de camino a casa, trataba de recordar donde lo había visto antes…
No, no podía ser. Estaba seguro, es más, posiblemente estuviera muy cansado y habría imaginado cosas que no eran. Sí, eso era, estaba cansado. Apresuro el paso hasta su habitación, y una vez allí se fue a dormir, apenas quitándose los zapatos y algunas cosas más. Debía descansar, no podía dejar que su mente creara estupideces como la de recién. Porque no podía ser posible que ese barco fuese…
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Kai aparto el brazo rápidamente antes de que el hacha llegara a rozarle si quiera, viendo a Chiara con una expresión que quería decir "¡¿Estás loca?!". Las demás chicas, así como Kai, adoptaron una expresión parecida, solo que la sorpresa se notaba más en los rostros que otra cosa. Todas, excepto Alejandra, que ya conocía las capacidades de la pelinegra. Una vez todos se hubieron apartado, las chicas miraron atentamente los movimientos de la española, ninguna atreviéndose a decir nada. Andy había dejado caer su cerveza cuando el hacha se clavó en la mesa, dejando tanto cerveza como pedazos de cristal esparcidos por el suelo.
El hombre, al que llamaremos Roberto, para no dejarlo desprovisto de nombre, soltó una carcajada burlona. ¿Esa chiquilla, aparentemente tan débil y delicada, le estaba pidiendo iniciar una pelea?, debía ser una broma. Repaso a la muchacha con la mirada, minuciosamente. Tenía un muy buen cuerpo, además de un rostro bonito.
-Y si yo gano, ¿Qué obtengo?.- Pregunto, con una sonrisa arrogante y sin moverse de la mesa. Chiara cambio su expresión a una de burla, hasta de arrogancia, sin apartar la mirada de Roberto.
-Podrá pedirme lo que usted quiera.- Respondió, sin borrar la mueca, entre burlona y arrogante, de su rostro. El sujeto volvió a soltar una carcajada, está más fuerte y sonora mientras se levantaba de la mesa y tomaba el hacha por el mango, desencajándola de la madera y apoyando el final del mango en el piso, poniendo el hacha a un lado suyo.
-Muy bien, mocosa. Trato echo.- Poco después de terminar aquella frase, la castaña ya se había abalanzado en su dirección. Con un poco de torpeza, pero justo a tiempo, el hombre pudo interponer el mango del hacha para evitar el inminente contacto del filo de la espada con su rostro. Trago duro, ciertamente, no se esperaba aquello por parte de la muchacha. Debía ponerse en serio.
Empujo el mango, haciendo que la castaña retrocediera unos cuantos pasos y se desequilibrara un poco, mientras el aprovechaba ese momento para interponer un poco más de distancia entre los dos. O el hombre era muy lento, o Chiara era muy rápida, porque, antes de que el hombre pudiera terminar de alejarse lo que el quería, la castaña había vuelto a lanzarse en su dirección.
Gracias a la distancia que el hombre había puesto entre los dos, esta vez si podía utilizar el hacha. Si el golpe del hacha hubiera asestado, hubiera dado a parar en el cuello de la muchacha, pero la inexperiencia del hombre y la espada que utilizaba la muchacha impidieron el avance del arma. La castaña chasqueo la lengua.
-Bastardo.- Espeto, viendo al hombre con una mirada irritada y afilada, el odio y el desprecio eran palpables en sus palabras. Empujo el hacha, logrando que el hombre la soltara y esta cayera lejos de ellos dos, mientras volvía a abalanzarse encima del hombre. De algún modo, pudo esquivar a la castaña y acercarse, precipitadamente, a recoger el arma, sin tomar en cuenta que le daba la espalda a su contrincante. Cogió el mango firmemente y halo, pero suponía que el filo del hacha se había encajado varios centímetros en el piso de madera y halar una sola vez no sería suficiente.
Volvió a halar, pero el resultado fue el mismo que el primero. Sabiendo que la castaña estaba muy cerca de él volvió a halar, esta vez logrando desencajar el filo. Tan rápido como sus gordas piernas le permitían, corrió lejos de la castaña, acercándose al punto en donde había comenzado la pelea. La chica le pisaba los talones.
Giro a verle, comprobando lo que ya sabía y dio varios pasos hacia atrás. Sostenía el hacha con algo de dificultad. Antes de poder retroceder más, su pie resbalo, había pisado la cerveza que poco antes Andy había dejado caer. Cayo de para atrás, sentado y esquivando los vidrios del vaso roto de milagro.
-Creo que con esto ya queda claro que...- Oyó la voz de la castaña, mientras veía como sus pies se acercaban con calma hasta donde él estaba. Busco rápidamente con la mirada su arma. El hacha había caído algo lejos de él, y antes de poder moverse para ir a recogerla, el filo de la espada de Chiara apuntaba directamente a su rostro, el filo del alma y su piel estaban separados por unos escasos milímetros.
-Este bastardo no es el capitán Antonio Fernandez.-. Trago duro y subió la mirada hasta Chiara. Atemorizado, como nunca creería haberlo estado, por una muchacha como ella
-¿Nos enseña nuestro barco?.- Y aunque llevaba una sonrisa en el rostro, arrogante y burlona, en su voz resonaba el desprecio.
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La curiosidad del pelinegro era la que los había conducido a aquel bar. El castaño no quería ni acercarse al lugar, en cuanto más problemas evitara, muchísimo mejor para él. Pero Yamamoto había ido a ver que sucedía, y no podía irse a la posada y dejar vagar al pelinegro a su suerte.
Una vez entraron al bar, se toparon con una barrera de personas, que parecían rodear algo. Todas las personas en ese lugar estaban concentradas en lo que sucedía en el centro de aquel círculo, incluso el cantinero, que estaba tan concentrado con lo que estaba pasando dentro del círculo que había abandonado su puesto y ahora formaba parte de aquella barrera de personas.
El castaño se estremeció al escuchar el sonido como de dos armas chocar entre los gritos de ánimo de la multitud. Iba a decirle a Yamamoto que se fueran, pero antes de siquiera abrir la boca para hablar, el pelinegro lo estaba arrastrando. Cuando el pelinegro paro, noto que lo habían hecho en frente de una persona, como de la misma altura del pelinegro o, quizás, un poco más. Tenía cabello corto y gris, una cicatriz que cruzaba el puente de su nariz y vendas en los puños. Había entablado conversación del pelinegro, y hablaba tan alto que lo que decía odia oírse por encima del ruido de la gente. Y utilizaba la palabra "Extremo" cada 5 segundos…bueno, exageraba, pero la utilizaba bastante.
-Tsuna, Sasagawa Ryohei.- Se lo presento el pelinegro, con su usual sonrisa, esta mucho más alegre que la de antes. –Ryohei, Tsunayoshi Sawada. Aunque le va mejor el Tsuna.- Y echo a reír.
-¡Un gusto al extremo conocerte!.- Le dijo el peligris, sonriendo animado mientras le extendía una mano.
-Lo mismo digo.- Respondió, estrechando la mano y sonriendo. Luego de eso se enteró que ambos eran amigos de la infancia, y que el chico era mayor que ellos por uno o dos años. Resulto ser una persona agradable, y algo ruidosa. Poco tiempo después de que Yamamoto los presentara, habían salido del bar. Había mucho ruido en el lugar.
De algún modo u otro, Ryohei termino convenciéndolos de que pasaran por su casa. Quedaba un poco alejada de Liverpool, pero se entretuvieron en el camino con la conversación.
De una familia en una buena condición social, su padre un mercader, su madre una costurera. A pesar de que ambos padres tenían tiendas en la parte comercial de Liverpool, Vivian a las a fueras por motivos desconocidos. Ryohei siempre se había interesado en el combate cuerpo a cuerpo, y buena parte de su tiempo la dedicaba a luchar. Tenía una hermana menor, que seguramente debía estar en casa en aquel momento. Tsuna no pudo evitar pasar por alto el orgullo con el que Ryohei hablaba sobre su hermana menor.
-¿Kyoko?.- Pregunto Ryohei, lo suficientemente alto como para que se oyera por toda la casa. Los padres de Ryohei no llegarían sino hasta más tarde. Pero la respuesta no llego. Ryohei, aunque algo preocupado, hizo pasar a sus invitados y volvió de la cocina con algunos bocadillos. Como si hubieran estado esperando ese momento, justo después de que Ryohei dejara la bandeja en la mesa, el sonido de un carruaje aproximándose se pudo oír. Algunos otros sonidos más se escucharon y luego, se podía oír la puerta de la casa abriéndose.
-Muchas gracias por traerme hasta acá, señor…-Pero la muchacha que decía esto se detuvo al darse cuenta que su hermano y otros invitados estaban allí. La chica era más baja que Tsuna, no tan pequeña. De cabellos castaños-anaranjados y ojos miel. Y a pesar de tener el cabello corto, resultaba ser muy atractiva. Estaba hablando con un hombre, bastante alto. Pero más que eso no se pudo ver, porque una vez el hombre se dio cuenta que había alguien más en casa se despidió rápidamente y entro al carruaje, que no tardo en reiniciar su marcha.
Sasagawa Kyoko se notaba nerviosa, hasta Tsuna podía darse cuenta de eso. Sonrio y se acercó a su hermano.
-Hermano, ¿Qué haces aquí?. Pensé que aun estarías fuera.- Luego, miro a Yamamoto con una sonrisa amable. –Buenas noches, Yamamoto.-Y luego dirigió su mirada a Tsuna, sonriéndole de igual manera. Al castaño le quedaba claro, aquella muchacha era hermosa. –Buenas noches. ¿Eres un amigo de mi hermano?.-No pudo evitar ponerse algo nervioso al saber que le hablaban, mientras sus mejillas se adornaran con un leve tono de rojo.
-A-Algo así. Soy…Soy Tsunayoshi Sawada, un gusto conocerla,señorita.- Y sonrió, aun nervioso. No quería que notaran que la presencia de la muchacha les había afectado, pero podía sentir la mirada divertida de Yamamoto en su nuca. No, burlona no, divertida. Sabía que Yamamoto nunca se burlaría, era bastante…noble (?). Ryohei no parecía percatarse de mucho (?).
-El gusto es mío, Tsunayoshi. Yo soy Sasagawa Kyoko, la hermana de Ryohei. Aunque supongo que eso ya lo debe saber.- Y soltó una risita, divertida. –Supongo que los invitaste a cenar, o no, ¿Hermano?.- Pregunto, dirigiendo su mirada a su familiar.
-¡Se me había olvidado al extremo!. Chicos, ¿Se quedan a cenar?.- Se veía aún más animado con la llegada de su hermanita. Cualquiera se podría dar cuenta, con solo mirarle, que, probablemente, su persona más querida fuera su hermana menor.
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Todas las chicas estaban paredes en frente de un barco. Era grande, pero se encontraba en un muy, muy mal estado. Y aunque esto parecía molestar a algunas, Chiara no podía estar más que feliz. ¡Por fin podía tener su propio barco!. Su padre tenía uno, pero hace mucho tiempo que seguía anclado al muelle, y la sola idea de poder, de alguna manera, dirijir el barco, le emocionaba.
Los ex-tripulantes se apresuraban a sacar sus pertenencias del barco, excepto el antiguo capitán, que, cuando fue a sacar los mapas y las brújulas, fue detenido por el filo de la espada, que sostenía una Chiara sonriente. Aquellos objetos les serían muy útiles.
-¡Bueno!, el barco está un poco deteriorado, pero no es nada que no se pueda arreglar. Con un poco de trabajo duro, estará como nuevo.- Dijo animada la castaña, una vez todas estuvieron en la proa del barco.
-Pero este lugar se está cayendo a pedazos.- Dijo a Rosalie, mientras tomaba un pedazo de madera del pico de Sirin, que la había obtenido picando una parte del piso.
-No seas pesimista, Rose. Aún hay partes rescatables, el resto podremos conseguirlo por ahí.- Respondió Luna, con una sonrisa, poniéndose de parte de Chiara.
-No es por ser pesimista ni nada, pero Rosalie tiene razón. Este lugar está bastante…deteriorado.- Esa fue Elisa, a la par que examinaba el lugar con la mirada.
-Apoyo a Rose y a Elisa. ¡Deberíamos conseguir otro barco!, estoy segura que acá no se puede guardar alcohol.- Ahora la que hablo fue Andy, haciendo un pequeño puchero.
-¿Y de dónde vamos a sacar otro barco?, este está perfectamente.- Rebatió Alyssia, sin dejar de lado su constante sonrisa.
-Es cierto, sería muy difícil conseguir un barco. Con tal de que podamos navegar en este, está completamente bien.- Y ahora se unió Kai, cruzada de brazos.
Pronto, todas las chicas empezaron a discutir. Todas, excepto Alejandra, que se mantenía al borde de la situación mientras se dedicaba a examinar con más detenimiento el barco, junto a su pollito. Ciertamente, estaba bastante deteriorado. Pero lo que necesitaba arreglo no era tan costoso, y sería fácil de reparar. Una vez llego a la conclusión de que podía ser reparado fácilmente, la germana se acercó al grupo de chicas, que aun discutía, con su fiel acompañante en su cabeza.
-Chicas.- Llamo, pero ninguna pareció oírle. –Chicas.- Volvió a llamarlas, pero justo como la vez anterior, ninguna le oyó. Volvió a intentar, y siguieron sin oírle. Otra vez y nada. Esta vez probó alzando la voz. -¡Chicas!.- Sin darse cuenta, su usual expresión tranquila y dulce se había endurecido. Aunque no estuviera realmente enojada. Todas voltearon a mirarla, especialmente sorprendidas Chiara, Rosalie y Andy. Ella no solía alzar la voz, y cuando lo hacía, significaba algo malo. Tal vez eran un poco paranoicas, solo un poco.
-Es cierto que el barco está bastante deteriorado, pero solo necesita unos cuantos arreglos y no son tan costosos. Eso sí, nos tomara varios días. Además, no podemos sacar un barco de alguna parte, así como así. A menos que alguien tenga un barco debajo del brazo, lo cual dudo mucho.- Ciertamente, una actitud bastante inesperada en Alejandra. Hasta su fiel acompañante parecía afectado (?). –Así que, ya que Chiara se tomó tantas molestias por conseguir un barco, y que sería difícil encontrar otro, nos quedaremos en este.- Nadie parecía, ni quería, objetarle a la peli plata. –Bien, ya que todas parecen de acuerdo, lo mejor será ir por nuestras cosas al hospedaje y que una o dos se queden a vigilar aquí.- Sin poner objeción alguna, todas se fueron a recoger sus cosas, mientras Alyssia y Luna se quedaban en el lugar.
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¿Recuerdan a Roberto?, ¿Al que Chiara venció al principio del capítulo?. Porque nosotras no nos hemos olvidado de el, oh, no todavía.
El hombre, junto a su tripulación, se encontraba en el mismo bar de antes, casi atragantándose con la cerveza y riendo a carcajadas.
-Fue una buena idea, después de todo, robarle los anillos a los Vongola.- Dijo el hombre, entre sorbos de cerveza. –Aquellas mocosas pagaran por quitarme mi barco.- Seguido de esto, varias carcajadas pudieron oírse en aquella mesa.
-Ciertamente, ellos terminarían encontrando que fuimos nosotros los que encontramos los anillos. Pero ya que esa chiquilla hizo que dejáramos algunas de nuestras cosas en el barco. Que estúpidas.- Le siguió un hombre aún más rechoncho que el capitán, solo que este bastante bajo. A continuación, aún más carcajadas que antes.
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El capitán Cavallone se encontraba, en este preciso momento, llegando a Londres. No le apetecía dejar su barco y su tripulación así como así, y a pesar de que tenía la compañía de Enzo y Romario, no podía sentirse seguro en aquella ciudad.
Tenía asuntos que tratar, directamente, con una importante sección de los marines. Reconocida por sus habilidades, aquella tripulación era la mejor de todas. Y, a veces, los 7 de sus miembros principales se dividían para cada uno dirigir su propio barco. El actual capitán de la sección era Reborn, un adulto, de cabello color azabache y curiosas patillas. Aunque era solo temporal, mientras Uni, la que se suponía seria la sucesora del puesto, se preparaba completamente para la posición. Aunque en circunstancias normales, Dino no habría accedido a aquella petición, se trataba de temas importantes. Aunque sabía que existía el riesgo de que fuera una emboscada por parte de los marines, lo dudaba.
Y precisamente con él debía hablar, con su viejo maestro. Lo conocía perfectamente, y sabía que casi nada bueno venía con Reborn de la mano. Solo esperaba que no fuera lo que imaginaba.
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Varia, en este momento, se encontraba en una encarnizada batalla contra un barco enemigo. Les daba una buena pelea, y, mucho más que aterrorizarlos, todos los miembros de la tripulación estaban emocionados con la idea de una buena pelea.
-Uishishishi.- La peculiar risa de Belphegor fue lo único que oyó un tripulante enemigo, mientras era apuñalado por la espalda repetidas veces.
No solo Belphegor había logrado llegar al barco enemigo, si no también Lussurria, Fran, Levi y Squalo. Todos se encontraban peleando, excepto Fran, que se dedicaba a mirar todo con las piernas cruzadas muy masculinamente(?), dejando su codo descansar en su rodilla y su barbilla en la mano. Lo veía todo con una expresión indiferente.
-¡VOOOOI!, Mocoso, haz algo.- Grito Squalo, mientras blandia su espada y creaba una escena poco apta para mentes joventes. Aquel grito iba dirigido para el muchacho de cabello color aguamarina, pero este no parecio inmutarse.
-Yo que tu haría silencio, Squalo. El jefe acaba de despertarse.- Respondio Fran, con la misma expresión indiferente mientras Xanxus, un pelinegro alto, y que se veía de un muy mal humor, llego al barco enemigo. Aca tenemos, señoras y señores, al capitán de Varia, extremadamente molesto por que le han despertado de su siesta.
-Basuras, como se atreven a despertarme.- Mascullo el capitán, con un humor de perros mientras se acercaba a descargar su ira con uno de los tripulantes enemigos. Fran no se movio de su lugar, mientras miraba todo, ahora que estaba su capitán todo sería interesante. Por otra parte, sus compañeros se apartaban un poco del pelinegro, solo precaución, nadie quería salir herido.
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Muy a pesar de que Giotto fuera el capitán del barco, G, Alaude y Daemon querían lanzarlo por la borda. Asari y Knuckles preferían castigos menos mortales, pero, como los demás, sostenían que debía ser castigado. A Lampo le daba igual.
Ayer por la noche habían salido de Liverpool y, cuando Giotto fue en busca de sus anillos, no encontró nada más que mapas revueltos y brújulas. Aquellos anillos eran extremadamente importantes, y bastante valiosos. Aunque todos sabían que era un robo, le echaban la culpa a Giotto por no guardarlos en un lugar seguro.
¿Giotto?, Giotto intentaba evitar ser echado por la borda. Al final no les quedo otra opción que volver a Liverpool. Las posibilidades de que el ladrón de los anillos siguiera en la ciudad eran mínimas, pero no podían simplemente dejar que se perdieran.
Y ciertas chicas, en Liverpool, no tenían ni idea en el lio en el que se habían metido sin quererlo.
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¡Hasta aca el capitulo!. Esto, definitivamente, ha sido lo más largo que he escrito en mucho tiempo!.
Espero haber podido manejar bien a sus personajes, y que les entretuviera el capitulo C:
Dejen reviews, por favor. Su opinión es muy importante
¡Gracias por tomarse la molestia de leer hasta aca!.
Sin más que decir, Buenas noches/tardes/días.
